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miércoles, 29 de junio de 2022

LA SANCIONADA


   LA SANCIONADA



Me dejé llevar por las orientaciones del Capitán Calero, me vestí con el uniforme de gala de la marina mercante angolana. Un bello traje confeccionado en una sastrería de Ámsterdam, claro, pagado por la compañía naviera de ese país. Junto a mí, un grupo de amigos con los cuales había estado festejando durante toda la noche mi salida de vacaciones para Cuba. 


En esos momentos estaban pasando lista en la entrada de la parte militar del aeropuerto de Luanda, en ese vuelo solo iríamos diez civiles. Mi gente no cesaba de bromear y por tal razón les pidieron en varias oportunidades que guardaran silencio. Lo hacían solo por espacios breves de un minuto, el que aprovechaban para irse pasando el cañón de whisky. Era un enorme botellón de casi cinco litros, después continuaban jodiendo. Yo me encontraba muy nervioso y deseaba que aquel pase de lista terminara pronto, hacía un año que no visitaba a mi familia y mi hija andaba por los siete meses de nacida.


Media hora antes de llegar al pase de lista y siendo aún un poco oscuro porque el vuelo salía a las seis de la mañana, se me aproximó un individuo que dijo ser delegado del Ministerio de Educación. En términos generales yo no mantenía muchas relaciones con los civiles que trabajaban en Angola, algunos de ellos eran arrogantes, gente que en muchos casos por el solo hecho de tener un auto se creían superior a los demás, algo que tal vez no poseían en Cuba. Casi siempre te miraban por encima del hombro, eran parte de la misma porquería con la que tenía que compartir la vida en la isla. Una especie conocida como “dirigentes”, pero los de la clase más baja, los peores y más dañinos por ser los que se encuentran en contacto directo con la población. Los soldados que se encontraban cumpliendo misión eran gente de pueblo, humildes, quienes tal vez aceptaron aquello como una simple aventura por conocer otras tierras. A muchos de ellos ese turismo les salió muy caro, por estas personas yo sentía compasión.


Aquel tipo me pidió de favor que me preocupara por la suerte de una muchachita que viajaría sola, era una de esas maestras del contingente Che Guevara que hacía muy poco tiempo habían arribado a Angola, cuya presencia se sintió a las pocas semanas de haber tocado tierra. Muy jóvenes la mayoría de ellas, pronto conocieron el asedio de miles de machos en un exacerbado estado de celo. Le hizo una seña a la muchacha y me la presentó, tenía los ojos inflamados de tanto llorar y unas ojeras que le llegaban al tobillo. Le di mi nombre y le dije que podía contar conmigo ante cualquier necesidad. Observé su vientre inflamado y supuse que debía encontrarse con unos cuatro meses de embarazo. 
Una de aquellas muchachitas involucradas en la loca aventura de Angola, había muerto unos días atrás del disparo que le hizo su novio al saberse engañado. Ella engrosó la larga lista de mártires producidos en aquel país y sus familiares tuvieron que esperar por la voluntad del amo de la isla para darle cristiana sepultura en la tierra de la que nunca tuvo que ser separada.


Me despedí de todos los que formaron una sonora algarabía al pronunciarse mi nombre, y muy nervioso, me dirigí hacia la escalerilla del avión que no se encontraba muy lejos de aquella entrada. Cuando me disponía a pasar al interior de aquel IL-62, la aeromoza cubana me indicó dirigirme al área de primera clase y no me puse bravo. Parece que se impresionó con mi uniforme de gala y la insignia de la marina angolana en la gorra, poco tiempo después del despegue me quedé profundamente dormido. Después del desayuno empaté el sueño en espera de la escala que debíamos hacer en la Isla Sal, una de las que forman el archipiélago de Cabo Verde. Es una isla muy pequeña y totalmente desértica, solo existe en ella ese aeropuerto construido con parte del financiamiento cubano, es de suponer que había plata y no existía el molesto "bloqueo" que tantos lamentos produce hoy.


Durante el vuelo no nos encontramos, sin embargo, cuando bajamos del avión, ella se me acercó como buscando protección. Esa hora la gastamos hablando de su caso  y a cada momento interrumpió la conversación las gruesas lágrimas que no podía evitar. Me contó que antes de partir para Angola ella se encontraba embarazada y lo ocultó para mantenerse al lado de su novio, por tal motivo, regresaba ahora sancionada a la isla y con la probabilidad de causar baja del sector. Era un caso que le partía el alma a cualquiera, la chica era camagüeyana, recuerdo que en el bolso de mano yo poseía unos biberones que llevaba para mi hija y le regalé dos.

-¿Tu novio está de acuerdo con reconocer a la criatura o te dio la espalda? Le pregunté.

-Él está de acuerdo en reconocerla y formar una familia. Contestó

-Entonces, ¿de qué te lamentas?

-Tú debes saber lo que significa una sanción estando en Misión Internacionalista.

-No lo tomes tan a pecho muchacha, eres aún muy joven y tienes toda una vida por delante. A ver, ¿qué importa lo que diga un papelito del partido?, lo importante ahora es cuidarte para que el bebé nazca saludable. Tiene a su padre que lo quiere, una madre que lo desea y estoy seguro de que los abuelos lo apoyarán. Te imaginas que por cosas del destino ese niño hubiera nacido en este país, ¿sabes a cuántas enfermedades se encontraría expuesto? Nosotros no tenemos los anticuerpos para combatirlos, diariamente mueren cubanos víctimas de enfermedades en Angola. ¡Alégrate muchacha!

-Creo que tienes razón, ¿qué tiempo llevas allá?

-Ya cumplí el año y ahora voy de vacaciones, conoceré a mi hija pero debo regresar. Llamaron a los pasajeros de nuestro vuelo y nos volvimos a separar.


Cuando volábamos sobre Dominicana y Haití tuve la impresión de encontrarme sobre una inmensa carta náutica a todo color, entrando a Maisí avisaron de ponernos el cinturón de seguridad. Cuando el avión tocó pista cubana se dirigió a la parte militar de Boyeros, mi familia no sabía que yo estaba en Cuba. El equipaje lo colocaron en el suelo al lado del avión y cada cual tomó el suyo. Yo venía muy cargado, traía mucha correspondencia y algunas boberías que enviaron algunos soldados del campamento de Granfanil. Pocos minutos después llegó una “Aspirina” y el chofer traía una lista con los pasajeros que debían abordar aquella guagua, la chica no se encontraba registrada en aquella listica de solo nueve nombres. Hablé con el chofer y la llevamos con nosotros, la muchacha no tenía parientes ni dolientes en La Habana, tampoco dinero para sacar un pasaje y dirigirse a su ciudad.


Nos condujeron hasta la Clínica de Enfermedades Tropicales ubicada en la calle 200 entre 15 y 17 en Siboney, me trajo recuerdos de mi vida de becado a solo una cuadra de allí. Nos tomaron muestras de sangre y luego nos vacunaron. Hasta esos momentos no se sabía donde permanecería la chica, así que, aprovechando la bella confección de mi uniforme y el efecto impactante que causaba en las personas que no se cansaban de mirarlo, solicité hablar con el Director del Centro, quien con toda amabilidad me recibió en su despacho. Le expliqué la situación de la muchacha y aceptó dejarla allí hasta que se resolviera su traslado a Camagüey.


Me despedí de aquella chica muy agradecida, de la mujercita sancionada por su embarazo y abordé nuevamente la aspirina que me condujo hasta la puerta de la casa. Estoy convencido de que en aquel vuelo de Cubana había arribado una futura gusana.






               Esteban Casañas Lostal.
               Montreal.. Canadá
               2001-04-06



Post Data.-

La noche que celebrábamos en casa de mi suegra aquella llegada a Cuba, llegó una cuñada mía muy “comunista” ella y secretaria del “gallego” Fernández, Ministro de Educación. Recuerdo que tuvimos una acalorada discusión.

-¿Sabes que en el avión arribó una muchachita del contingente Che Guevara de Luanda?

-¡Sí, es una sancionada! Sentí su desprecio cuando pronunció aquellas palabras.

-¿Sabes cual es el motivo de su sanción?

-Por puterías.

-¿Por puterías? Es una muchachita que está embarazada de su novio, eso no es putería ni delito en ningún país.

-¿Y?

-Que no fueron a recibirla al aeropuerto como ocurrió con todos los civiles que veníamos en ese vuelo. Ella es de Camagüey y no tiene dinero para ir a su ciudad, tampoco tiene parientes o dolientes en La Habana.

-¿Y dónde está?

-Eso debías saberlo tú y los encargados de atender estos casos. Para no malograr este ambiente y terminar este diálogo, ella se encuentra en la Clínica de Enfermedades Tropicales de Siboney.

-¡Ah! Mañana voy a informar. No podía ocultar su indiferencia, tenía razón, hablábamos de una sancionada que merecía ser castigada por la sociedad.

Si la criatura nació, hoy debe tener unos treinta y cuatro años. Sabe Dios qué suerte le deparó el destino, tal vez se encuentre aún en la isla y milite en el mismo partido al que pertenece mi cuñada. Quizás haya emigrado a Estados Unidos como miles de cubanos. Puede que nunca haya nacido, quién pudiera saberlo.






Esteban Casañas Lostal
Montreal.. 
Canadá
2012-01-06


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viernes, 7 de enero de 2022

NAVEGANDO A VELA CON YAREL DOMENECH.




NAVEGANDO A VELA CON YAREL DOMENECH.

 

Ayer fue uno de esos grandes días de la vida, donde la alegría y la satisfacción se dan cita para converger a unas cinco millas de la costa de Miami.


Navegar a vela fue una grata experiencia que no había vivido, andar devorando ambas orillas del rio de Miami desde el puente de la 27 avenida hasta la salida, eso no se paga con MasterCard. Sin embargo, creo que esa emoción no guarda el significado tan inmenso de haber compartido todo un día con ese gran marino llamado Yarel Domenech y su venerable maestro masón Willy. Fue un honor y placer haberlo conocido, además de disfrutar su compañía por más de medio día.

 

Cuando piensas que ya todo había pasado entre tantas narraciones, empujadas lentamente por una leve brisa, y tal vez, con un poquito de la alegre contracorriente del Golfo, Willy llama a un amigo masón que vive en La Habana y le pregunta si conocía a Esteban Casañas. ¡Claro que lo conozco! Navegamos juntos en el buque escuela “Viet Nam Heroico” cuando yo era profesor. ¡Dile que yo era el amigo inseparable de Vivanco! No fue necesario agregar otras palabras y Willy me pasó su celular para que hablara con Fabian.


Llevo 30 años en el exilio y otro poquito más sin haber hablado con ese buen amigo de la juventud. Me dijo que su casi hermano Vivanco había fallecido de un infarto y le respondí que ya lo sabía, la noticia me había llegado a través de Guillermo Ferrer, otro buen hombre que formó parte de ese trio maravilloso, con quien conversara muchas veces mientras vivía en Argentina y que luego perdiera su contacto. ¡Esteban, Ferrer falleció hace unos años! Me partió el alma escuchar aquella noticia y hoy me he propuesto recuperar aquellos bellos trabajos escritos con su aguda pluma. ¡Coño, Fabian, que tristeza, ya Ferrer estaba hecho un viejo peleón! -¿Te acuerdas del negro Ceballos? -¡Claro, el que daba clases de Meteorologia! -Falleció hace unos años también. Los minutos se diluían entre la estela del velero y luego de darle vida a varios muertos, tuvimos que despedirnos con la promesa de otro encuentro. -¿Te  acuerdas de cuando llenaron el barco de putas en Paramaribo? -¡Claro, por eso le cortaron los huevos a Medina, el militar que viajaba de Capitán! ¿Te acuerdas como jodíamos en El Floridita, El Patio, Las Cañitas del Habana Libre, EL Conejito, etc., etc.? Aquella pregunta aun rebota en todas las paredes de mi oído derecho, el izquierdo no me sirve de mucho.


Cuando regresamos ya había oscurecido y debimos mantenernos al pairo muy cerca de cada puente demorado en izarse. Nosotros regresábamos, mientras otros yates, llenos de muchachas en bikini y la música al volumen que le gusta a los cubanos, iniciaban su derrota hacia una gran parranda u orgia, vaya a saber.

 

Willy fue quien me trajo de regreso a Miami Lake y consumimos todo el recorrido hablando como esos grandes amigos que solo habían dejado de verse por un tiempo como Fabian. Creo que sí, ya nosotros éramos amigos, solo que no nos conocíamos. Gracias a Yarel y Willy por haberme regalado este día tan maravilloso y cargado de emociones.

 

Un abrazo para ambos.

 

Esteban Casañas Lostal

Miami..Florida.

2022-01-07

 

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lunes, 8 de noviembre de 2021

ANGEL CERULIA IN MEMORIAM


ANGEL CERULIA IN MEMORIAM


Motonave "Pepito Tey", escenario de esta historia

 

¿Cómo pudiera devolvérselos sin desfigurarlo y que puedan reconocerlo? No me pidan mucho, no les exijan demasiado a mis agotadas neuronas, ellas se van prestando las muletas mientras rotan sus horas de servicio sin cobrar nada adicional. Les comento y tratarán de complacerme con una sola condición, no debo someterlas a sacrificios extremos.

 

La penúltima vez que me encontré con él, renqueaba un poco. Me contó que lo había golpeado un auto y mientras me narraba su desgracia renuncié a prender un cigarro cerca de él, su aliento destilaba alcohol puro y temí perder la vida por una explosión. Sentí mucha pena, dolor luego ausente entre nosotros, aquella vieja familia de marinos que se iba extinguiendo.

 

Cerulia era un tipo simpático, no solo en sus relaciones con cualquiera que se le acercara a pedirle un favor, ayuda algo barata, como solicitarle que te friera un par de huevos cuando la comida no era de tu agrado. ¡Oh! Que difícil fue para otros poder complacerte en tiempos posteriores, no por la ausencia del huevo, digamos que por la falta de voluntad o solidaridad humana. Él fue simpático en aquellos memorables tiempos donde el hijoputa luchaba por imponerse y luego venció. Era simpático físicamente también, no era feo como su socio de labores y aventuras, ya le dediqué unas páginas a Chartrand, su pala inseparable. Era algo bajo de estatura, mulato de pasa suave, oriental de origen, pero nada que ver con esos palestinos que visten uniformes de policías en La Habana. Puede afirmarse que era bien parecido, observación realizada sin pajarerías, solo un reconocimiento muy varonil. No era de afeitarse diariamente y lo delataban sus eternos cañones. A veces, solo cuando andaba empinado, olvidaba darse una ducha y lo notabas a la mañana siguiente. No poseía mucha ropa para presumir, alardear, especular como hacían muchos marinos, gran parte de su pacotilla la cargaba en su barriga. Así era feliz, ¿por qué envidiarlo o condenarlo? No recuerdo si tenía hijos que lo condenaran -como a muchos- cargando una insaciable listica de necesidades.

 

Algo distinguía a Cerulia de la media humana y lo era su olfato, detectaba la existencia del alcohol a tres cubiertas de la suya. Era capaz de distinguirlo entre los olores a sofritos que dominaban el espacio caliente de la cocina, y cuando menos lo esperabas, ahí estaba el muy cabrón tocándote la puerta con un plato de saladitos sin ser solicitado. ¡Ojo! Que tampoco era una virtud, Ceru no distinguía entre buenos o hijoputas a la hora de luchar un trago. Creo mas bien fuera el defecto padecido por millones de seres alcohólicos, individuos a quienes el vicio o la enfermedad les consumía la vergüenza en esos instantes de desesperación por sonarse un trago. Menciono esto con conocimiento de causa, estando Wilfredo Tamayo de Primer Oficial en el buque Pepito Tey, individuo detestado por toda la tripulación por su trato déspota y extremista, el Ceru viajaba con frecuencia a prestarle el servicio mencionado.

 

Ese mismo viaje este tipo, me refiero a Tamayo, desfiguró a Merceditas la camarera en un acto de violencia pasional, ahora le llaman así en los noticieros, yo continúo identificándolo como en mis viejos tiempos, una verdadera hijaputada, porque otro nombre no merece golpear a una mujer. Pues cuando sancionan a este cabrón encontrándonos atracados en el astillero de Barcelona, donde permanecimos reparando durante tres meses y medio después de una explosión en máquinas, el Capitán Cordoví me asciende a Primer Oficial, convirtiéndome de esa manera en el privilegiado de turno. Por mucho que le pedí a Cerulia que no era necesario llegar a mi camarote con aquellas fuentes de saladitos, poco entendió. Llegaba, la colocaba sobre la mesita de la salita, se sentaba y se servía un trago sin necesidad de autorización. Es que en aquellos tiempos yo les ofrecí a mis subordinados el permiso de hacerlo sin protocolos, quienes me conocen saben que me gustaba compartir con mis soldados cuando las condiciones del viaje lo permitían. Se sentaba, se servía y bebía con tranquilidad mientras yo, quizás, continuaba mis labores. Así fue el Cerulia que yo conocí.

 

Ya en otro trabajo mencioné que Cerulia y Chartrand se bebían todo el Vino Seco que recibían para cocinar. Bueno, antes de, se llamaba Vino Seco El Mundo. Después de, lo bautizaron con el nombrecito de Vino Seco Edmundo, ya saben de ese vicio -no alcohólico- por borrar vínculos con el pasado. No poseía muchos grados de alcohol, pero al menos te regalaba la ilusión de estar chocando quizás con un Mojito. En mis tiempos de desgracias lo bebi también y fue la bebida disponible para inaugurar mi apartamento en Alamar, no tenia plata para comprar una botella de ron y aquel vino seco me regaló ese sueño. Lo cierto de esta historia que pueden corroborar o afirmar, quienes participaron en los viajes compartidos con estos simpáticos personajes, lo fue el hecho de que casi siempre ambos trabajaron con los ojos inflamados, las lenguas enredadas y uno que otro bandazo producido con mar en calma. Así, medio en notas, resultaban más simpáticos aun y nos regalaban parte de su etílica felicidad. Increíblemente, era cuando más rico cocinaban este par de cabrones.

 

La penúltima vez que me encontré con él, renqueaba un poco. Salía yo de la Empresa de Navegacion Mambisa y me abordó en la esquina de Obispo con San Ignacio. Me pidió, casi me imploró que le pagara un trago “para matar el ratón”, yo sabia que el animal cargado en su cuerpo era mayor y mas agresivo que un león. Me partió el alma verlo en aquel lastimoso estado y estuve a punto de negarle el favor que me pedía, muy bien pensé que contribuiría a dañarlo todavía más, pero me venció su imagen mendigando por algo que aliviaría su pena por unas horas nada más. Lo acompañé hasta la cafetería La Luz, esa que se encontraba frente a la entrada al Ministerio de Educación y pedí dos tragos dobles de ron. La buya y peste del local eran infernales, el ambiente era dominado por ese vaho parecido al de las viejas destiladoras usadas cuando la Ley Seca. Lo vi sostener su vaso con movimientos telúricos que unos segundos mas tarde experimentaron algo de calma, yo sabia lo que sucedía, fui alcohólico también, pero no dependiente como él. Mientras se calmaba sentí alivio y arrepentimiento, lo había calmado, pero esa calma era volátil y daría origen a otra galerna insaciable. Bebía y lo escuchaba narrarme una historia sin importancia que me heria, me dolía verlo en aquella penosa situación siendo un hombre joven y abandonado a su suerte. ¡Sí! Después pudieron aparecer centros donde trataran esto que ya era una enfermedad. Así nos hicieron creer cuando el caso del famoso “Pánfilo” y su reclamo por “Jama”, pudo ser. Solo que en los tiempos de Cerulia donde la gente simpática luchaba en una batalla desigual contra los hijoputas, hasta que ellos vencieron, no existían esos centros de tratamientos y ellos eran lanzados al tanque de la basura. ¡Sí! Hubo centros para tratar al drogadicto y pedófilo de Maradona por ser hueleculo de Castro, mientras muchos Cerulias se perdieron para siempre. ¡No jodan! Ese penúltimo día le deje algo de dinero y lo abandoné después del segundo trago, yo sabía que lo había ayudado, yo sabía que lo había perjudicado.

 

La ultima vez que lo vi, estaba sentado en el quicio de una puerta tan destruida como él en La Habana Vieja, no recuerdo si fue en San Ignacio u otra paralela. Esta vez no tuvo fuerzas para levantarse y estuve conversando con él un minuto, yo andaba apurado y creo que le dejé algo de dinero. Esta última vez me partió no solo el alma, estuve marcado durante mucho tiempo por aquella triste imagen. Ya no era Cerulia lo que quedaba de él, era su triste fantasma con dificultad para hablar y explicarme algo del dolor que lo iba sepultando con los ojos abiertos, respirando. ¿Dónde cojones andaban la solidaridad humana de nosotros, los humanos, los cubanos, los marinos? ¡Vayan al carajo con tanta muela bizca!

 

La última vez que lo vi ha sido hoy y trato de rescatarlo, como a tantos otros. ¿Qué historiador de mierda se encargará de dedicarle unas líneas a un cocinerito borracho? Solo nosotros los marinos, aquellos a quienes con tanto cariño nos complacían friéndonos dos huevos cuando la comida no nos gustaba. Algo tarde me enteré de que había muerto atropellado por un auto, hubiera preferido un naufragio como escenario o arropado por enormes olas, aunque fueran de ron.

 

La última vez que lo vi ha sido hoy y trato de rescatarlo. Lo veo junto a Chartrand cocinando en un bidón de 55 galones relleno de leña, llevamos doce días sin probar un bocado caliente y fueron tan buenos cocineros estos cabrones, que gracias a esa magia de ellos pudimos zamparnos unos pollos medio podridos, y lo jodido, nos supo a gloria, pero olían algo feo.


 

¡Una pitada larga!

¡Una jarra de cerveza!

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2021-11-08

 

 

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viernes, 8 de octubre de 2021

PORTAFACHOS SAMSONITE


PORTAFACHOS SAMSONITE


 

El norteamericano Jesse Shwayder -fundador de Samsonite en 1910- nunca imaginaria que en una isla distante de Denver-Colorado, y gobernada teóricamente por comunistas, sus portafolios fueran tan aceptados y exitosos. Creo que sus descendientes deban estar aun buscando una explicación y con mucho gusto se las daré.

El “Portafachos” creado por este abuelito, llega a manos tropicales mas de medio siglo después y lo hace andando por una alfombra roja. Inspirado su nombre en el personaje bíblico de Sansón (Samson en inglés), fue en aquella pequeña isla donde ciertamente fueran sometidos estos pequeños maletines a esfuerzos titánicos, demostrando después de continuas pruebas su resistencia y durabilidad.

Diseñados originalmente para trasladar documentos o artículos ligeros para el uso diario, la facultad o la oficina. En Cuba, especialmente en la Marina Mercante Cubana, y luego por vicio propio de la mercancía, se contagiaran a la Flota Cubana de Pesca y en menor cuantía a la Empresa Nacional de Cabotaje. Se les dio un uso muy diferente a los propósitos de sus creadores, donde el peso de sus contenidos se multiplicaran por diez, cifra muy conservadora, demostrando la resistencia y calidad de estos productos.

Pronto se convirtieron en artículos de gran demanda entre los Capitanes, Jefes de Maquinas, Sobrecargos y uno que otro Primer Oficial. Yo mismo tuve uno que solo utilicé para cargar mis libros en períodos de estudios en la Academia Naval de Baracoa. Como no poseía “Inmunidad Aduanal”, mis usos de este pequeño maletín fueron muy limitados.

En nuestras flotas existieron de varios colores, tamaños y materiales de fabricación. ¡Eso, sí!, debían ser de la marca Samsonite para que fueras considerado una persona importante. Poseer uno de marca diferente no constituía una atracción, eras uno mas de la tonga. ¡Ojo! El tamaño de ellos debía servir para identificar al hombre o profesional muy ocupado en su trabajo y con la imperiosa necesidad de llevar algunas tareas a su casa para concluirlos. Sin embargo, esa suposición o teoría no se cumplía en nuestras flotas.

No puede negarse que las Samsonites dotaban al portador de una personalidad a veces inmerecidas, eran muy elegantes y cuando los inocentes habitantes de la isla veían a uno de sus hombres andando sus calles con uno de esos “Portafachos” en las manos, muchas debieron ser las expresiones de admiración escapadas involuntariamente. Quizás algunas personas no comprendan o se hagan las desentendidas. Se trataba de algo así como comprar un producto seducidos por la calidad en la presentación del envase y luego descubrir que el contenido era una mierda, “osease”, una perfecta estafa.

Las reacciones de nuestros Capitanes, Jefes de Maquinas y Sobrecargos no se hizo esperar. Casi todos los que poseyeron estas Samsonites se las solicitaron a los proveedores de buques, agentes, dirigentes al frente de reparaciones en diques extranjeros, etc. Lo hicieron al costo que fuera necesario pagar, firmas de facturas alteradas, robos, sacrificios de comisiones por recibir, etc. ¡Y de pronto! Nuestras flotas se inundaron de “Portafachos” y era extraño no ver entrar en Navegacion Mambisa a uno de nuestros Capitanes sin portar uno de ellos. (¡Ojo! Siempre hay excepciones a la regla y aunque no lo crean, existieron algunas personas honradas)

Ya les dije que Samsonite creó estos “Portafachos” de diferentes tamaños, calidades de los materiales y resistencias y colores, todos sin alejarse un milímetro de la elegancia de su diseño, trasladada inmediatamente a su portador. Los había pequeños, medianos y grandecitos, ¿si o no? Muy bien, ninguna de nuestra gente los portó pequeños. Las preferencias se dividieron fifty-fifty entre medianos y grandes. Ahora pregunto, ¿Cuántos documentos tenía que trasladar el Capitán, Jefe de Máquinas y Sobrecargo a la Empresa? ¡Curioso na'ma! ¿Era diario ese traslado de documentos a la Empresa, incluyendo sábados y domingos?

¡Vamos, queridos amiguitos! Bandoleros con charreteras y militantes del partido que piden me acoja a la “ética profesional”. ¡Vamos, cabrones! Nunca les habían escrito estas cosas y hoy descansan muy tranquilitos en Miami u otros países recibiendo una pensión pagada por los contribuyentes sin que ustedes aportaran nada.

En esos “Portafachos” cabía de todo, dentro de los medianos vi cargar hasta cinco botellas de ron, las mismas que les daban a estos representantes de la moralidad como gasto de representación. Vi cargar ruedas de cigarros, jamones picados en trozos, carne de res y cuanto fuera humanamente posible robar. Todo eso era posible por la “Inmunidad Aduanal” que poseían los Capitanes, desconozco si era extensiva a los Jefes de Maquinas. Los Sobrecargos no la poseían, pero disponían del material necesario para sobornar a los aduaneros, individuos corrompidos por las mismas necesidades sufridas por el pueblo. En los “Portafachos” grandecitos casi se duplicaban las cantidades transportadas en los medianos. Era muy fácil distinguir cuando iban cargados de fachos, las tensiones de los músculos y tendones de los brazos los delataban.

Mister Jesse Shwayder -fundador de Samsonite en 1910- nunca imaginaria que en una isla distante de Denver-Colorado, y gobernada teóricamente por comunistas, sus portafolios fueran tan aceptados y exitosos.

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2021-10-08

 

 

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viernes, 20 de agosto de 2021

¿QUE ES UN FARO?


¿QUE ES UN FARO?


La Torre de Hércules.

El faro en funcionamiento más antiguo del mundo

Situado entre la ensenada de Orzán y el Golfo de Ártabro, sobre una loma rocosa llamada Punta Eiras. Custodiando la entrada a la Ría de A Coruña, se eleva el faro más antiguo del mundo, aún en funcionamiento.

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Un faro es mucho más que una simple atracción turística y es considerado por los navegantes como “un auxilio” a la navegación. Surgen por la necesidad del hombre en orientarse durante sus desplazamientos navales y su existencia se remonta a varios siglos pasados. Aunque los avances de la ciencia y la técnica han logrado eliminar a hombres y viejos equipos en nuestro campo, no ha podido sustituir sin embargo al “Compás Magnético” (Brújula) de las naves por muy modernas que estas sean. Una situación similar podrá experimentarse en los faros, hay muchos que funcionan sin hombres desde hace largo tiempo, sin embargo, su existencia en tierra no podrá eliminarse por muchas y variadas razones.

Existen faros con vigilancia o sin ella, todo depende del tráfico marítimo de la zona en cuestión. Sus construcciones son muy variadas y esa información junto a todos los detalles que sirven para identificarlos, se encuentran registrados en los “Libros de Faros” que lleva cada nave consigo, divididos en volúmenes que se corresponde con diferentes áreas geográficas, también se encuentran reflejados en las cartas náuticas.

Se diferencian entre ellos por el tipo de construcción, pueden ser cilíndricos, cónicos, torres cuadradas, esqueletos metálicos, hormigón, ladrillos y hasta “buques faros”, conocidos en nuestro mundo como “Chatas”.


Buque Faro conocido comúnmente como "Chata".

Además de su construcción, todo faro debe ser identificado por su color, casi siempre los que se encuentran cercanos son pintados diferentes para evitar confusión. Otras de las características distintivas y bien reflejadas en cartas náuticas y libros es su altura, este dato es importantísimo por algo que les explicaré más adelante. Su posición geográfica debe ser exacta y aparecerá entre esos datos obtenidos en libros y cartas. La frecuencia, características, alcance y color de sus luces son detalles esenciales para poder identificarlos de noche. El alcance de visibilidad de esas luces viene muy bien informado, pero es deber del navegante conocer si se encuentra ante un “alcance lumínico” o “alcance máximo” (alcance geográfico). El lumínico está determinado por la potencia en bujías de su luz, mientras el alcance máximo lo determina su altura. O sea, un faro de pobre potencia no podrá ser observado más allá del alcance de su luz, aunque posea buena altura que le permita un horizonte de visibilidad más amplio.

Las luces tienen también su identificación especial, pueden producirse por destellos u ocultaciones. Cada una de ellas son emitidas en un rango de tiempo invariable que permite al navegante identificarlas con el uso de un cronómetro, siempre serán diferentes las de los faros cercanos entre sí. Su color puede ser variado también, blanco, verde y rojo son los más comunes. Aunque un mismo faro puede ofrecer colores diferentes para áreas específicas, lo más común es encontrar faros que en ciertas zonas emitan destellos rojos que indican la proximidad de un peligro y el verde para señalar la zona navegable.

Hay faros que emiten señales radio goniométricas para ser captadas por esos equipos. Generalmente son de gran alcance y se usan aun encontrándonos en navegación de altura. Navegando por canales, esos faros pueden enviar también las señales de RACON que penetran en las pantallas de nuestros radares, muchas de esas señales suelen venir como letras del código Morse para facilitar su identificación. Este método era muy común en el Canal Inglés, Báltico y otras áreas del planeta. Muchos de esos faros y de acuerdo con el ángulo del barrido de sus luces, podían servir también a la navegación aérea, aunque existen faros y radiofaros aéreos localizados tierra adentro que no pueden ser usados por los barcos.

Antes de la existencia de la navegación satelital y otros métodos que la antecedieron, los faros eran de suma importancia a la navegación, lo es aún y por eso mantengo que su vida activa continuará por largo tiempo. El navegante toma con su alidada una observación a uno de esos faros y puede considerar encontrarse en cualquiera de los puntos de la mencionada línea, pero una sola no determina su posición verdadera. Si en pocos segundos de diferencia toma otra “marcación” a un faro diferente, también se encontrará en la línea determinada por ese faro. Allí donde se crucen ambas líneas estará su nave, pero cuando se observan dos solamente, no puede ser considerada como una posición “fija” y segura, pueden cometerse errores que no se definirán nunca. Se necesita la existencia de otro faro para tomar tres marcaciones simultáneas que ofrezcan esa posición deseada.

Cuando se carece de radar por fallas técnicas que pueden ocurrir en cualquier aventura marítima, los verdaderos navegantes pueden determinar su distancia a tierra por medio de un faro cercano y con la ayuda de su sextante. Conocida la altura del faro, se mide con el sextante el ángulo que existe entre su tope y base. Tenemos entonces la existencia del cateto opuesto y necesitamos saber el valor del adyacente (que es nuestra separación hasta el faro). Por simples operaciones matemáticas tabuladas y al alcance del piloto, podemos averiguarla.

Otro de los métodos para conocer esa distancia con la ayuda del sextante y dos faros, es conocida como “ángulo horizontal”, si existen tres faros al alcance de visibilidad es mucho mejor.

En fin, estos métodos y usos van siendo despreciados por los nuevos marinos que se adaptan a las ventajas de los equipos modernos que ponen en sus manos, pero no fueron pocas las oportunidades en las que se produjeron contratiempos con esos aparatos y debimos regresar a métodos primitivos de navegación para determinar nuestras posiciones. En esos casos, muchos de esos muchachos se enfrentaron a graves dificultades.

Como quiera que sea, solo deseaba demostrarles que los faros no son solamente una atracción turística, su existencia y servicios ha sido muy importante para la humanidad.

Para la confección de este trabajo no se consultó bibliografía alguna, solo se apeló a la memoria.

 

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2010-06-04

 

 

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sábado, 7 de agosto de 2021

EL CASO DE LOS SUBMARINOS ALEMANES Y CUBA.


EL CASO DE LOS SUBMARINOS ALEMANES Y CUBA.




Hoy quiero presentarles un caso que, justifica muy bien, esa insistencia mía invitando a los protagonistas de muchas historias ocurridas a lo largo de estos sesenta y dos años para que las cuenten. Cuando usted decide mantener silencio por miedo o, evitando le nieguen la entrada a Cuba para ir a ver a su abuelita, especular un poco ante los que carecen de todo o simplemente disfrutar de una joven jinetera, ocurre esto que les muestro a continuación.


Como podrán observar en este video de un programa dirigido por el repulsivo Taladrid, ha invitado a un objeto cilíndrico con rostro humano dibujado, para que, ante cámaras, les haga el cuento de la buena pipa. Este objeto cilíndrico que habla responde al nombre de Lic. Asley Gerónimo Viera y se desempeña como Investigador de la Unión de “Historiadores” de Cuba. “Osease”, estamos en presencia de uno de los tantos autores de las manipulaciones y omisiones realizadas en nuestra historia a lo largo de estos años.


No quiero extenderme mucho y voy a sacar de contexto una parte de esa interesantísima entrevista, donde el objeto cilíndrico manifiesta con descaro todo lo que el va a revelar a lo largo del programa, contenido de un libro próximo a publicar y, que servirá de consulta a los estudiantes cubanos de distintos niveles. Pero bueno, el daño que producirá con esa desinformación ha tenido ahora más difusión o relevancia, lo han difundido a millones de seres humanos por la televisión.


En una parte de esta ridícula historieta nos habla de unos imbéciles submarinistas alemanes, quienes desembarcan con unas jabitas y le piden a un pescador que les compre comida con moneda alemana. Para reírse si no se tratara de algo tan serio, pero esa no es la parte mas interesante, me detengo ante los submarinos que arriban al pozo de petróleo existente en Motembo (Matanzas) y donde sus tripulantes bajan armados de cubos, orinales y palanganas para abastecer de combustible al submarino, petróleo que era vendido por la izquierda por el presidente Batista. Aquí si vale la pena detenerse y lo hago porque esos millones de seres sentados frente al televisor desconocen lo que dominamos muchos marinos.


Vale realizar una pregunta al parecer inocente; ¿Cómo transportaban el petróleo hasta el submarino? Porque entre otras cosas, donde existía el mencionado pozo no había facilidades de atraque. Pero bueno, no se detengan en esta simpleza contada por ese objeto cilíndrico. ¿Sabían ustedes que tipo de combustible usaban los submarinos de esos tiempos? ¡Ni remota idea de lo que les hablo! Amigos, suponiendo que de verdad fueran hasta el pozo con sus cubos, orinales y palanganas, esas naves no podían consumir el petróleo que se extraía en ese ni en ningún pozo. Muy simple, los motores de los submarinos funcionaban con “diesel oil”, o sea, el mismo que consumen los motores de los camiones, guaguas, etc. ¿Cómo puede pasarles por la mente que esas naves consuman “fuel oil”, un combustible pesado y de una densidad casi similar al asfalto? Los buques mercantes con motores más potentes lo usamos y una hora antes de arribar a puerto debía cambiarse a diesel oil para poder maniobrar. Bueno, no es solo una falta de respeto a la inteligencia humana, mucho mas grave, es una falta de respeto a ese pueblo sin otra opción que la de consumir esos canales de televisión. En fin, el estúpido vestido de historiador hizo un leve pase por la situación económica existente en aquellos años y mencionó algo de racionalización. Omite que el crecimiento económico de la isla tuvo su mayor despunte precisamente durante el mandato de Batista, pero no deseo alargar más esta presentación.


Ahora, continúen calladitos, vayan a ver a sus abuelitas, sobrinitas y jineteras. Luego, cuando pasen los años y si aquello no ha cambiado, les traerán a otro Taladrid acompañado de un nuevo objeto inhumano para que les cuente la historia a su manera, como les dé la gana, como han hecho hasta ahora.

 




Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2021-08-07


 

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martes, 18 de mayo de 2021

MARINA MERCANTE CUBANA, PENÚLTIMOS DÍAS


MARINA MERCANTE CUBANA,

PENÚLTIMOS DÍAS


 

El naufragio de nuestras flotas, creo sin temor a equivocarme, las mas grandes, mejor dotadas técnicamente y operadas por hombres bien capacitados (salvo contadas excepciones), vanguardias de este continente y otros subdesarrollados. Ese naufragio estaba ante nuestros ojos y solo los estúpidos fanáticos que se alimentaban con discursos, los ciegos y sordos ante una realidad que dejaba de ser una amenaza para convertirse en la peor de las galernas, se negaba a aceptarlo.

Cada día era mas frecuente escuchar que algunos de nuestros buques se encontraban detenido en un puerto cualquiera, detenciones que llegaron a extenderse por un año como el del buque “Bahía de La Habana” en Montreal en 1991, por solo citar uno de tantos ejemplos. ¿Quién de nosotros no estuvo preso alguna vez?

¿Cuántos barcos no fueron obligados a darle la vuelta al mundo por Sudáfrica, cuando la vía del Canal de Suez era más corta y económica? Nos transformaron en tripulaciones de fugitivos que huíamos constantemente a las demandas realizadas por cientos de acreedores, gente que debíamos pagar los errores cometidos por otros, y ustedes saben perfectamente quienes eran o son.

La vida se nos hacía cada día más difícil a bordo de nuestras naves, la fueron convirtiendo en un verdadero infierno. Ya no era donde se trabajaba por el placer o amor a una profesión, simplemente se sufría y ese sufrimiento se multiplica cuando solo tienes ante la vista cielo y agua. Una vez en ese inmenso mar, no hay sitio a donde acudir para solucionar nuestros problemas y la orden de “continuar”, al precio que fuera, siempre estuvo presente.

No es fácil salir a navegar con un barco mal abastecido de todo lo imprescindible para garantizar la vida en esas circunstancias. Mucho más difícil es arribar a un puerto cualquiera y no encontrar dinero para abastecer la gambuza de los productos necesarios para continuar el viaje. La agencia te comunicaba que solo había dinero para abastecer al buque de combustible y agua. No tenían dinero para avituallar al barco de comida y tampoco para pagarle a la tripulación sus miseros salarios, como si $2.00 dólares diarios fuera demasiado dinero. ¿Qué hicimos? Mejor no respondo esta pregunta. ¿Han visto alguna vez a un Capitán de una flota cualquiera mendigando un poquito de dinero para resolver comida? ¡Claro que lo vimos y nos callamos!

I'm sorry, Cuba don't pay! Ese era el mensajito que nos daban las compañías telefónicas cuando deseábamos realizar alguna llamada oficial. ¿Se imaginan por un instante ese estado de incomunicación o abandono encontrándonos en Singapur o Malasia? ¿Cómo puede operar una flota en esas condiciones? ¡Es imposible!

Imagina por solo unos segundos que arribas a Bangladesh, dicen que es uno de los países mas pobres del mundo, eso lo han repetido en innumerables oportunidades en los noticieros de Cuba, ¿me equivoco? Imagina que arribes con la gambuza en cero, o sea, totalmente vacía y te faltan mas de dos meses de viaje. Se pegan al buque varias pequeñas embarcaciones cargadas con alimentos frescos y animales vivos, ellos solo piden cambiar toda aquella comida por cables y cabos viejos. ¿Saben cuáles fueron las respuestas del Capitán y el Secretario del Partido? Que nosotros debíamos vender esos cables y cabos viejos, pero el dinero debía guardarse para ser entregado en La Habana. No había escuchado nada tan absurdo o irracional, tan sumamente ridículo o cobarde, ya les dije el tiempo que nos faltaba para llegar a casa.

Imaginen por un instante que navegan en un buque con mas de treinta tripulantes, treinta estómagos de seres que esperan le arrojen una migaja a la hora del desayuno, almuerzo y comida, treinta estómagos que cuando se unen dan origen a una bolsa algo amplia. Imaginen que están en un puerto cualquiera esperando un poquito de plata para aliviar en lo posible las necesidades de tres departamentos. Imaginen que esa plata llega y solo sean $500.00 dólares, es de infarto, ¿no? ¿Cómo puedes dividir ese ridículo dinero entre tantas necesidades?

Por máquinas te piden materiales para garantizar el trabajo de los generadores, un balón de acetileno y oxígeno, juntas, etc. Por cubierta se solicita espejuelos anti-impactos, guantes, brochas, cepillos metálicos, papel para el radio facsímil, papel para el barógrafo, papel para el termógrafo, etc., etc., etc. ¡Pero nos falta la solicitud de cámara! Ellos piden café, ensaladas, pasta de dientes, harina para hacer pan, huevos, vegetales, papel de baño, etc., etc., etc. Entonces se produce una reunión entre los jefes de departamentos donde cada uno de ellos sale disgustado. Si compras los balones de acetileno y oxigeno no alcanza la plata para el papel del radio facsímil. Si compras el papel para el termógrafo y barógrafo no alcanza el dinero para los vegetales. Si compras espejuelos anti-impactos no alcanza el dinero para limpiarte el culo. Una gran discusión toma horas en aquella pequeña reunión y cada jefe expone la importancia o urgencia de sus pedidos. Finalmente gana el culo, poco importa si se rompe una tubería en medio de una galerna y no se pueda hacer nada por falta de acetileno. ¡Que Dios se apiade de nosotros! Podemos navegar con buena suerte sin esos balones, pero no podemos hacerlo con el estómago vacío y el culo sucio. ¿Parece un chiste, verdad? No lo es, estas situaciones dramáticas se vivieron en los penúltimos días, un poco antes de que todas las flotas naufragaran.

¡Ya! Los escucho desde sus lejanías, el “bloqueo”, los putos norteamericanos y todas esas boberías. Otros prefieren guardar silencio, siempre han sido muy calladitos. Veo en la lejanía a muchos de aquellos fanáticos, ciegos y sordos, no han cambiado. Continúan siendo los miserables de aquellos penúltimos días, penúltimos barcos, penúltimos hombres, penúltima vida.

Todo era mentira y se supo la verdad después que se derribó aquel muro, éramos solo apariencias, un país convertido en proxeneta e incapaz de satisfacer sus necesidades, un hijo bobo de los rusos estudiando en una universidad. Pasado el penúltimo día todo se fue a la mierda.

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2021-05-18

 

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jueves, 15 de abril de 2021

UNA PITADA LARGA


UNA PITADA LARGA


 

Para ustedes no significaba mucho, solo eso, un sonido de barítono o bajo estremecedor que hacia temblar los cimientos de una ciudad que moría poco a poco. Tuvo que haber molestado a muchos en horas de la madrugada, al que descansaba después de una jornada de trabajo o colas agotadora y luchaba por lograr ese sueño tan necesario en una batalla interminable contra el calor y los mosquitos.

Para nosotros aquella pitada siempre tuvo sentido, era una señal comprendida en nuestro código de comunicación sonora. Una pitada larga significaba; “No me corte usted la proa”. Una pitada corta; “Estoy cayendo a estribor”. Dos pitadas cortas; “Estoy cayendo a babor”. Tres pitadas cortas; “Mis máquinas están dando atrás” y por último, cuatro o más pitadas cortas; “No comprendo su maniobra”. Para nosotros tenían una significación especial de acuerdo con el momento de su uso.

Si arribábamos del exterior, aquella pitada era la culminación de un viaje, largo o corto, preñado casi siempre, luego siempre, de innumerables sacrificios, peligros, penas, hambre, insomnio, sustos, contrabando, y por qué, ¿no?, placeres entre los pocos que sabíamos o teníamos la capacidad de transformar el dolor en algo dulce de roer.

Aquella pitada de llegada se extendía más allá del tiempo para el que fuera humanamente concebido, solo segundos. La primera se producía cuando franqueábamos la línea que une al Castillo de San Salvador de la Punta con el Morro de La Habana. Llegábamos a casa y la saludábamos, la teníamos al alcance de nuestras manos. Vencíamos de esa manera todo el tiempo esperando al Práctico a dos o tres millas del faro, esperando, siempre esperando, amaestrados para esperar, acostumbrados a esa espera por lo que muchas veces no llega. Enfilados con la fosforera eterna de la refinería en el centro del canal, aquella estremecedora pitada alborotaba a los niños que nos esperaban acompañados por sus madres, las novias que tal vez llegaron de otras provincias, las madres, hermanos y algunos amigos. Autos y guaguas se detenían a nuestro paso, vehículos que iban disminuyendo en la medida que avanzaba el tiempo o el cansancio. La alegría era compartida, los niños corrían a la par del barco y gritaban el nombre de sus padres, algunas mujeres también lo hacían. Viajaban nombres en esa franja de agua que los separaban y se apagaba en la medida que el barco los vencía en aquella corta carrera.

-¡Vamos a fondear! ¡Vamos para el muelle Margarito Iglesias! ¡Vamos para el Sierra Maestra número 3 Sur! Se gritaba desde el buque o simplemente les informaban desde el puente con el uso de un megáfono. Detenían la carrera y comenzaban a caminar lentamente. Se preparaban para esperar, hacerlo bajo un implacable sol o lluvia, con frio o calor, con hambre donde no aliviarla, sin un banco donde sentarse. Aquella eterna espera podía extenderse por tres, cuatro, cinco horas y hasta más. Todo dependía de las entradas producidas antes de nuestra arribada y se complicaba si el barco anterior había tenido problemas durante el sondeo.

La segunda pitada larga se escuchaba unos cien metros antes de arribar al Castillo de la Real Fuerza de La Habana, allí se concentraba otro grupo numeroso de familiares que se separaban de los pasajeros o curiosos siempre presentes en el muelle de Caballería. Se repetía la escena anterior, gritos de nombres, apodos, motes, palabras de cariño y una muy corta carrera. Se repetía la misma información sobre el destino de la nave. Solo una vez, uno de aquellos gritos casi desesperado se respondió con un silencio total de ambas partes, como si todos lo supieran, como si fueran cómplices.

-¡Blanquitaaaaaaaaaaaaa! ¡Blanquitaaaaaaaaaa! ¡Blanquitaaaaaaaaaa! Nadie respondió y creo que ella se escondió dentro de la superestructura. Miedo, intriga, conspiración, traición, secretos guardados a voces, silencio total. Quien gritaba era el esposo de Blanquita, un tonto fosforescente que permitió a su mujer salir a navegar dentro de una jaula repleta de leones. Ella estaba quimbando con Blanquito y ese día no bajaron a tierra, ya lo he contado en otro escrito.

Después de ese punto, donde la fantasía y los sueños por llegar a tu tierra chocaban de frente con la realidad, solo quedaba tener mucha paciencia y esperar. Nuestros pulmones comenzaban a experimentar ese choque violento entre el aire puro del mar y la fetidez de una bahía muerta. lanzábamos el ancla o los cabos sorteando todos los obstáculos que representaban aquellas naves abarrotadas dentro de una pequeña bolsa de agua contaminada, donde hacia tiempo no saltaban los sábalos detrás de las sardinas o amarizaban algo cansadas las gaviotas. Una que otra lancha disputaba los espacios disponibles para maniobrar hacia sus destinos y nosotros, como termómetros humanos, nos disponíamos a salir cuando otro quisiera para medir la temperatura de la destrucción experimentada durante nuestras ausencias.

Si el Práctico embarcaba acompañado de otro individuo de rostro seco y misterioso, sabíamos que esa espera consumiría largas horas durante un angustioso sondeo donde siempre buscaban algo. Solo quedaban unos minutos para esconder los pequeños tesoros ilegales olvidados por su dimensión, luego llegaría un pelotón de hombres metálicos y fríos como los perros que los acompañaban. Aquella tierra tenia la facilidad de transformar la felicidad y alegría en angustia en pocas horas, Nada cambiaba y si lo hacía, era para empeorar nuestras existencias. De madrugada nuestras arribadas eran mas silenciosas y las pitadas mucho mas cortas, pocos eran los gritos que cruzaban el canal y la gente que corría, la espera era también más silenciosa.

 

-¡Vamos a soplar máquina, pon también aire para el Pito! Realmente le llamábamos “Tifón” y en los buques antiguos se accionaban con aire o vapor. Los barcos modernos disponían de un pequeño compresor de aire que se accionaba desde el puente. Cuando esas palabras se cruzaban entre el puente y el departamento de máquinas, nos encontrábamos en la antesala de una partida inminente. Todos los lazos que te unían a tierra se rompian cuando desde la popa te decían; ¡Libre la propela!

Los estados de ánimo eran totalmente diferentes, caras nuevas se incluyeron en la lista de enrolos y estabas obligado a hablar poco, conocerlos. La plata pudo haberse agotado de la misma manera que lo hizo la paciencia y ese deseo por abandonar la tierra a la que llegaste preñado de felicidad, podía estar al borde de la desesperación. Nunca soporté o toleré estar en la isla mas de un mes. El mismo discurso aburre, los ojos que te vigilan con esa curiosidad revolucionaria, cansa. La envidia del que vive peor y no sueña vivir un día como tú, solo desea verte tan jodido como él, como si sus miserias fueran un privilegio, mérito revolucionario. La gente era cada día mas estúpida, corrupta, ciega, sorda, miserable y creyente hasta la estupidez de esa palabrita mágica, futuro.

Una pitada larga de despedida con menos longitud y diferente sentido. Una sola cuando se viajaba por el centro del canal entre ambos puntos mencionados. Nadie corría paralelo al barco, nadie gritaba, poco importaba la hora, tampoco lo que significaba esa partida, tal vez la última. Nos despedíamos de una tierra viciada, sucia, nauseabunda, hipócrita, puta y chivata, que movía el culo al compás de los discursos o consignas. Sin embargo, solo un tiempo atrás fue algo diferente. Jóvenes alegres y entusiastas tripularon una vez nuestras naves, soñadores de corta edad que hoy han muerto sin ver el final de aquel sueño. Los que no murieron agonizan desde hace años dentro de ese mar de estiércol donde viven o, muriendo de a poco, agobiados por sus recuerdos, como yo, a cientos o miles de millas del Morro.

La juventud es así, noble, ingenua, alegre, soñadora, incansable, fácil de manipular, ciega a veces, incapaz de identificar donde se esconde un peligro o emboscada. Éramos una juventud muy laboriosa antes de contagiarnos o envenenarnos contra nuestros amigos, vecinos, familiares. La pitada era muy corta de madrugada cuando partíamos, pero nunca despreciamos los últimos segundos de aquel humano contacto con aquella tierra enferma para reírnos. Nos preparábamos con tiempo antes de llegar a la fortaleza de la Punta, cargábamos linternas y los oficiales más jodedores, desde el puente, tenían lista una potente lampara Aldis. Sabíamos que los sorprenderíamos, eso nunca fallaba.

-¡Dale a templar a una posada, hijo de puta! ¡Sácasela, maricón! ¡Ese no es un sitio para estar templando! Aquellos gritos llegaban a la misma velocidad de la luz que los delataban y las respuestas no se hacían esperar. Algunos de ellos se subían al muro y mostraban su pito parado.

-¡Marineros, tarrúos! ¡Ahora voy a templarme a tu mujer!

-¡No puedes hacerlo hijo de puta, ella es tu madre!

-¡Marineros, maricones, agarren! Una que otra muchacha se subía al muro y se levantaba la saya.

-¡Putaaaaaa!

-¡Maricones! Todos reíamos, nosotros y ellos, no había tiempo para más. Nos desquitábamos un poco de las calamidades vividas en nuestra estadía, pero un poco mas tarde todo eso desapareció y nos fuimos convirtiendo en enemigos, desapareció aquella juvenil alegría.

-¡Todo a estribor! Ordenaba el Capitán una vez vencido el Morro. ¡Contramaestre, ponga el buque a son de mar.

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2021-04-15

 

 

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