jueves, 26 de marzo de 2020

CARMEN ROSA. ATENCIÓN A TRIPULANTES DE SANTIAGO DE CUBA.


CARMEN ROSA.

ATENCIÓN A TRIPULANTES DE SANTIAGO DE CUBA.





¡No hay mal que por bien no venga! Reza un viejo refrán de origen anónimo, como la mayoría de ellos, siempre guardando parte de la sabiduría, experiencias, usos y costumbres de cada pueblo en la generación que nacieron. ¡Cuánta razón nos han trasmitido!


Ayer tuve un encontronazo con un miserable parásito que trabajó en el Departamento de Atención a Tripulantes en la Empresa de Navegacion Mambisa y luego de una extensa y bien merecida respuesta, me trajo a la memoria a una hermosa negra que realizaba la misma labor en el puerto de Santiago de Cuba.


Hermosa era y no me refiero a sus atributos físico, creo que carecía de ellos. Hablo de una vieja negra cuya belleza trascendía más allá de su envoltura. Para más desgracia suya, Carmen Rosa había sufrido una radical de mamas que no logró doblegarla, nunca cambió en sus relaciones con cuanto marino arribábamos a ese puerto.


¿Qué marino de mis tiempos no la recuerda con cariño? Siempre nos visitaba y gastaba parte de su tiempo con nosotros, lo hacia como una madre mas o nuestra abuela. No pedía nada a cambio, nunca insinuó necesitar nada, ella era por naturaleza insobornable y todo lo que ofrecía lo hacia con su corazón, órgano que con el tiempo fue mutilado de nuestros cuerpos.


Nos reíamos ante sus ocurrencias, porque si algo brillaba en su personalidad, era aquel carácter campechano, ocurrente y sincero. Carmen Rosa no solo atendía a los marinos que estábamos en transito por Santiago de Cuba y eso lo sabe la gente de mis tiempos. NO abandonaba a nadie a su suerte y ayudaba a nuestra gente con problemas familiares, viviendas, laborales, etc. Razones sobraban para querer a esa dulce mujer que siempre se identificó con nuestras penas.


Ella resolvía todo lo que estuviera a su alcance y movilizaba a cualquiera en sus propósitos, era muy respetada por el círculo de personas que colaboraban en cada una de sus metas o tareas. Si le pedíamos una guagua para ir a la playa, la enviaba con cantantes incluidos, ya mencioné una de esas aventuras en mi escrito “Fantasmas del Hotel Casa Granda”.


Una vez arribé con el buque angolano “N'Gola” a esa ciudad y le comenté nuestras sospechas sobre el estado de salud de la tripulación, además del temor a que fueran a contagiar a nuestra población. No se hizo esperar y menos de rogar. A la mañana siguiente estacionó una guagüita Girón junto a la escala del buque y se llevó a todos los marinos angolanos para el hospital. Allá detectaron que varios de ellos estaban infectados de paludismo y se les prohibió bajar a tierra. El daño ya estaba hecho, nosotros habíamos tenido una escala en La Habana y ellos estuvieron expuestos a las picaduras de mosquitos, su vector de contaminación.


Carmen Rosa estuvo vinculada a la construcción del bello motelito de la marina mercante construida al borde de la bahía santiaguera, obra desarrollada con mano de obra constituida por marinos. Un complejo de cabañitas con bar restaurante incluido que, cuando no existía demandas por parte de nuestra gente, se alquilaba a la población de Santiago. Se les aclaraba muy bien de que, si llegaba algún marino, debían abandonar inmediatamente la cabaña. Cuando hacías una reservación tenias derecho a una caja de cerveza, yo llegué a disfrutarlo. Se trataba de un paraíso puesto a nuestro alcance en una ciudad donde solo existían dos posadas y resultaba casi imposible lograr una habitación en cualquiera de sus hoteles.


No era ella sola quien trabajaba en ese departamento en Santiago de Cuba, todos saben que allí laboraba también Gladys Venegas, pero nada que ver o comparar con nuestra negra de oro. Ella vivía, como muchos, explotando su condición de vieja guerrillera si mal no recuerdo. Tampoco era de mantener esas relaciones tan familiares con nosotros.


Cada uno de los que pasaron por Santiago de Cuba en la época que les narro, debe tener alguna anécdota sobre esta maravillosa mujer quien, quizás hoy permanezca sepultada por el olvido inmerecidamente. Le decía yo en mi respuesta a este miserable de apellido Vallín, que todos los que trabajaron en ese departamento en Navegacion Mambisa eran unos parásitos mantenidos por nosotros los marinos. Razones no me faltaron para expresarme de esa manera, todo su contenido de trabajo se consistía en viajes al interior del país a bordo de los autos Volga que poseía la marina, cobros de hospedajes, dietas, etc., solo para dedicarse a sus infinitas pachangas, borracheras y templetas. Era un verdadero eufemismo llamar Atención a Tripulantes a ese departamento.


-¡Muchachitas, no se fajen, hay maridos para todas! Gritaba la pobre negra en medio del pasillo de aquella estrecha guagua tratando de separar a dos santiagueras. Recuerdo aquella escena y me río, ella era única, ella era Carmen Rosa.


Sirvan estas líneas como un merecido homenaje a una de las negras mas bellas de Cuba, esa humilde mujer que nos atendió con mucho cariño cuando arribábamos a Santiago de Cuba.


Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá
2020-03-26


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miércoles, 4 de marzo de 2020

EL CAPITÁN “FANTOMAS”




EL CAPITÁN “FANTOMAS”



En la historia de la marina mercante cubana existieron personajes muy famosos, unos a nivel de barcos y otros que superaban esa frontera alcanzando renombre a nivel de flota. Muchos de ellos eran sumamente simpáticos, también corrían tiempos donde cada tripulación era una extensión de la familia y la gente gozaba de ese buen humor tan natural entre los nuestros. Un tiempo mas tarde el ambiente se fue deteriorando al extremo de que al finalizar los viajes lo hacíamos en silencio, recogidos en los camarotes y en peor de los casos, convertidos en verdaderos enemigos. Fueron desapareciendo aquellas travesías muchas veces divertidas que nos extraían de las calamidades que se vivían.


Cada una de esa gente que supo alegrarnos las vidas a bordo de nuestras naves, bien merecen ser recordadas y ofrecerles el homenaje en deuda. Muchos han partido en su última singladura y sus recuerdos han sido sepultados con ellos injustamente. Lo cierto es que no todos ganaron fama por esas sanas razones, algunos llegaron a alcanzar una insana celebridad por todo lo contrario, por jodernos las vidas y hacer de aquellas agobiantes navegaciones en momentos bien amargos. Digamos que este, al principio reducido grupo, fue creciendo hasta convertirse en un gran equipo de “hijoputas”, unos con fama en sus buques y otros a nivel de empresa.


-¡Fantomas, hijoputa! Le gritaron a un calvo con charreteras de Capitán que caminaba por la Alameda desde una ruta 16 que venía del puerto pesquero. Esa vez me sorprendieron y no participé de la jodedera. El resto de los pasajeros y el mismo chofer explotaron en risotadas sin saber a ciencia cierta de que se trataba. Lo urgente era divertirse y tratar de alegrar aquella calurosa mañana.


-¡Fantomas, hijoputa! Le gritaron otra vez por la Casilla de Pasajeros desde una ruta 24 que viajaba en dirección al Muelle de Luz. Esa vez yo iba caminando a unos quince metros detrás de él.


-¡Caballeros, Fantomas está en el puente del Clodomira! ¡Vamos a gritarle hijoputa cuando nuestra proa se encuentre paralela a él!  El “Sapo” fue el de la idea, un gran jodedor de nuestro buque “Habana”.


Estábamos desatracando del espigón “Margarito Iglesias”, partíamos rumbo a Europa. Luego de largar todos los cabos, fuimos tirados por un remolcador en la popa que nos sacaba de marcha atrás. Nos agachamos detrás de la brazola, solo uno de los nuestros permanecía atento para dar la orden cuando nos encontráramos a la menor distancia. Pancho, “El Bicho”, se mantenía detrás del molinete con su mocho de tabaco y soltando sus escupitajos color ámbar cerca de su posición. Él no participaba en ninguna jodedera, mas bien era de carácter amargado y centro de algunas bromas nuestras. Lentamente nos fuimos desplazando en medio de un silencio sepulcral, solo roto por el intercambio de pitadas entre el remolcador y nuestro barco. En la cubierta y alerones del “Clodomira” permanecían algunos tripulantes observando nuestra maniobra. Para ellos solo había dos hombres en nuestra proa, “El Bicho” y “El Sapo”.


-¡Ahora, coño! Nos ordenó aquel cabrón y todos reaccionamos como si se tratara de resortes.


-¡Fantomas, hijoputa! Se escuchó a una sola voz como si se hubiera ensayado el coro, las risotadas explotaron en el Clodomira y entre los estibadores de ambos espigones.


-¡El coño de tu madre! Fue la respuesta del viejo y por poco nos orinamos de la risa. Hasta “El Bicho” se rio por nuestra cabronada y soltó de paso su acostumbrado escupitajo color ámbar.


Han pasado cincuenta años de aquellas jodederas y nunca supe el nombre de este Capitán tan famoso, ni las razones por las que le gritaran aquello. ¿Alguien sabe su nombre?



Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2020-03-04


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sábado, 29 de febrero de 2020

PÁJAROS A BORDO



PÁJAROS A BORDO


Motonave "Renato Guitart"


La Mayoría de las personas pueden detectar cualquier fallo en su auto con relativa facilidad, esa relación constante con su vehículo le brinda esa posibilidad. Siente cambios en las presiones de los pedales, timón y ruidos anormales del motor sin ser necesariamente mecánico. Con los marinos sucede algo muy parecido, sus sentidos se agudizan mucho en otros campos diferentes a los de un auto, son reacciones que responden por necesidad o instintos de conservación.


En uno de mis trabajos mencioné aquella oportunidad donde siendo de noche, pude observar un cambio de coloración en el agua de mar que, me hizo reaccionar rápidamente maniobrando ante lo que pudo ser una posible varadura. Nos encontrábamos frente a las costas de Sierra Leona y navegábamos con unas cartas náuticas publicadas en 1959 sin haber sido corregidas. No se trataba de una negligencia, nos dirigíamos a Islas Canarias después de descargar armas y militares en Angola, país al que logramos recalar con fotocopias de cartas náuticas y otras antiquísimas, todas en las mismas condiciones.


La vista del marino se agudiza en esas circunstancias, me refiero a los que generalmente laboran en el puente. Les recuerdo que de noche en el puente se trabaja con absoluta oscuridad y con madrugadas totalmente oscuras se puede distinguir el horizonte una vez adaptado a esas rutinas. Con el oído sucede algo similar al del chofer de un auto, estás adaptado a los sonidos de la máquina principal, equipos auxiliares, radar y otros aparatos del puente y cuando ocurre un sonido adicional se te disparan todas las alarmas. Siempre que se entra al puente, la persona debe permanecer unos minutos con la vista dirigida hacia el horizonte u oscuridad para que sus pupilas se dilaten y adapten al nivel de luz existente. Este ejercicio de dilatación y contracción de las pupilas exigidas por este trabajo durante años, supongo que deba afectar en algo la visión.


Esa noche navegábamos con niebla por el mar de Mármara en demanda del Estrecho de Estambul, este viaje me parece que el timonel de guardia era Douglas Maceda, y si no fue él, sería entonces Francisquito, popular personaje al que he mencionado en varios trabajos a bordo del buque “Renato Guitart”.


Aves encontramos en muchos mares del mundo, poco importa las latitudes o climas, ahí estarán siempre. Aves marinas que pasan la mayor parte de su vida en el agua y solo van a tierra para reproducirse. Las pude observar a distancias de unos cuatro días de la tierra más próxima. Dato que traducido a millas náuticas, si se tiene en cuenta que una nave con una velocidad de 15 nudos recorre diariamente unas 360 millas y son multiplicadas por esos 4 días,  nos darán como resultado una distancia de 1440 millas. No quiere decir que esa sea la distancia exacta en las que ellas habitan, pueden ser superiores.


En uno de mis trabajos hablé de una especie de gaviotas que, nos siguieron durante este tiempo después de haber pasado las islas Hawaii rumbo a Japón. Por el día volaban paralelas a la proa del barco y se lanzaban en picada para atrapar a los peces voladores que se espantaban con la presencia de la nave. Dormían en la proa y cada amanecer repetían esas operaciones de cazar y engullir en el aire aquellos peces. Cuando transcurrieron unos cuatro días, aquel grupo de aves nos abandonó y voló en dirección a un barco que navegaba en sentido contrario. Todo parecía indicar que tenían un limite y demostraban tener un excelente sentido de orientación.


En otro trabajo titulado “La vuelta al mundo en una cafetera”, mencioné al ave marina con peor suerte del mundo. Aquel enorme pajarraco vio en el horizonte a nuestro buque y al parecer voló desesperadamente hacia nosotros. Para mayor suerte suya, debió haber pensado, las portillas de todos los camarotes estaban abiertas. Aquel viejo barco no poseía aire acondicionado y navegábamos por el trópico en demanda de Filipinas. La pobre, eligió la peor de todas las portillas y penetró en mi camarote. Cuando salí de la guardia la encontré acorralada en una esquina por los tres gatos que viajaban conmigo y no fue una tarea fácil salvarla. Además de disputarle la comida fresca a esos cabrones gatos, aquel pajarraco tenia tremendo pico y soltaba picotazos en todas direcciones, pude salvarla ante la protesta de aquellas fieras.


Las aves terrestres se encuentran casi siempre en mares cercanos a tierra y que se cruzan en sus rutas de grandes migraciones estivales generalmente. Aunque existen excepciones a esta regla, me refiero a las palomas mensajeras que se extraviaban cuando eran sorprendidas por una galerna o niebla. Con mucha frecuencia caían desfallecidas en nuestros buques navegando por el Golfo de Vizcaya. Casi siempre les poníamos comida y agua que aceptaban sin muchas exigencias. Luego de despejado o calmado el tiempo, emprendían su vuelo nuevamente y desaparecían de nuestras vidas. Bueno, algunas de ellas fueron secuestradas por tripulantes y llevadas a la isla sin respetar el anillo de identificación que casi siempre llevaban en una de sus patas.


Motonave "Bahía de Cienfuegos"


Una de aquellas palomas dio origen a mi trabajo titulado “El ultimo vuelo”, se trató de una paloma que viajó con nosotros a bordo del buque “Bahía de Cienfuegos” hasta La Habana. Después continuó viaje a Cienfuegos y todo parece indicar que no le agradó mucho el panorama. Al siguiente viaje partimos para Europa y a varias millas del Cabo Finisterre, aquella palomita estuvo volando en circulo sobre el buque mientras ganaba altura. Se orientó y partió rumbo a su casa después de haber permanecido con nosotros más de dos meses, fue un caso sumamente asombroso.


Existió otra de aquellas palomas que un día entró por una de las puertas exteriores en mi cubierta, penetró en mi camarote y no quería salir de él. Yo le ponía comida y agua diariamente, ella eligió de sitio para dormir una maleta que yo tenia colocada debajo de un armario, pero un día me cansó, cagaba demasiado. La saqué al exterior en varias oportunidades y cada vez que abrían la puerta, aquella palomita se dirigía directamente a mi camarote. Aquella película se repitió hasta nuestra llegada a Barcelona, por mucho que insistí en dejarla fuera del camarote ella no entendía, tuve que agarrarla y llevarla a la ciudad. No recuerdo si fue exactamente donde comienza Las Ramblas o en la estatua de Colón donde encontré buena concentración de ellas y allí la dejé entretenida hablando con sus nuevas amigas.


Corrían aquellos tiempos de las grandes navegaciones y poca ayuda a los navegantes. En esas condiciones nos desplazábamos hasta los confines del Mar Báltico o Mar Negro sin otro auxilio que nuestros conocimientos. La navegación satelital era solo un sueño y aquellos viejos buques poseían radares que ofrecían escasamente dos líneas isométricas para determinar la posición, los navegantes saben del tema y no deseo extenderme en cuestiones técnicas. En los buques cubanos se reforzaban las guardias y eran compartidas por dos hombres. El Capitán y el Tercer Oficial cubrían un turno de cuatro horas y el siguiente era realizado por el Primer Oficial acompañado por el Segundo Oficial. Las cartas náuticas tampoco se encontraban debidamente actualizadas, lo que aumentaba los riesgos de aquellas navegaciones. En el buque N'Gola hacíamos esas guardias los oficiales solos y llamábamos al Capitán unas cuantas millas antes de que nos abordara el Práctico. Podíamos correr esos riesgos porque las cartas se actualizaban cada viaje en Rotterdam y el buque poseía un sistema DECCA de navegación, una maravilla para esos tiempos que no tuvo ningún buque cubano. Años mas tarde la flota mercante cubana se fue modernizando e increíblemente se tomaba Práctico desde Francia hasta Finlandia o cualquier puerto del Mar del Norte o Báltico. También comenzó a tomarse Práctico para cruzar el Estrecho de los Dardanelos y créanme, sentí mucha vergüenza cada vez que recibíamos a esos Prácticos a bordo. Me sentía como un indio cualquiera sin valor y no un profesional que había navegado por esas aguas sin asistencia. ¿Qué pasó? Vaya usted a saber los millones gastados innecesariamente y quienes fueron los beneficiados por las naturales “comisiones o toques” recibidos.


Aquella noche comenzamos a escuchar un ruido anormal y fui recorriendo cada aparato del puente. Era un sonido intermitente sin un ciclo de tiempo determinado, simplemente aparecía y desaparecía. El timonel me acompañaba en la infructuosa búsqueda hasta que descubrimos nos llegaba desde el exterior.


-Asere, yo no creo que el radar vaya a darnos bateos ahora con esta niebla de mierda. Le dije al timonel mientras me dirijo hasta la lampara Aldis que tenia en el piso al lado de la puerta de babor.


-Esa es fea si se nos jode ese tareco.


-Mantente al lado del radar por si notas algo anormal, voy a revisar eso allá afuera. Le ordené, ellos sabían que los punticos blancos eran barcos y aunque teníamos muchos en la pantalla del radar, ninguno se encontraba a menos de siete millas.


-Ten cuidado no vayas a resbalar con la humedad y darte un trastazo.


-No te preocupes, vigila bien la proa.


Fui iluminando todo el alerón del puente y luego subí hasta la cubierta magistral, la que sirve de techo al puente, omito detalles técnicos. Iluminé su piso, barandillas y esa parte de la chimenea cercana a mi posición sin notar nada extraño. En esos instantes comienza a reproducirse el ruido escuchado en el puente, llegaba cercano a la antena del radar y hacia ese sitio dirigí el haz de luz. La antena se encontraba funcionando perfectamente, aparté la luz unos diez metros a proa de ella y descubro una enorme bandada de aves volando cercanas a la luz de navegación, bajé inmediatamente al puente, la niebla no me permitía permanecer mas tiempo alejado del radar.


-¿Qué, descubriste algo? Preguntó el timonel mientras acomodaba la lámpara en su caja.


-¡Compadre, no lo vas a creer! Cerca de la antena del radar hay volando tremenda banda de pájaros, ese era el ruido que escuchábamos. Parece que los infelices fueron sorprendidos por este banco de niebla y no se apartan de la luz de navegación, sabrá Dios cuántas horas llevan volando sin parar.


Cuando amaneció y aun cubiertos por la niebla, los marinos fueron recogiendo una a una todas aquellas aves y las guardaban en un pañol. Les pusieron unas lámparas para darles algo de calor, comida y agua. Eran de diferentes especies, muchas de ellas desconocidas para nosotros.


A una milla de Varna se les abrió la puerta del pañol y todas partieron en dirección a tierra. Varias nos regalaron algún canto de agradecimiento, iban en busca de alimentos y un sitio seguro donde construir sus nidos. Nosotros llegábamos a un puerto conocido donde esperábamos aparearnos también.



Esteban Casañas Lostal
Montreal..Canadá.
2020-02-29


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domingo, 23 de febrero de 2020

LA BEBIDA DEL COMANDANTE



LA BEBIDA DEL COMANDANTE
Por Eduardo Ríos Pérez.

Motonave "30 de Noviembre" (I), escenario de esta historia.


En el año 1970 y cuando arribó la M/N “30 de Noviembre” al puerto de la Habana en su primer viaje, me enrolaron como marinero de cubierta. Era un buque muy viejo con el casco remachado, creo que cada 3 pulgadas había uno de aquellos remaches, se encontraba total falta de mantenimiento. Tenía la ciudadela ubicada en el combés y para cruzar de una banda a la otra había que pasar por el interior del departamento de máquina, podía observarse perfectamente el motor principal en pleno funcionamiento. Las tapas de las bodegas eran de cuarteles y durante las operaciones de carga o descarga disponíamos de un Capú para protegerlas de la lluvia o nevadas. Era una especie de carpa la cual hacíamos firme a un gancho e izábamos con una de las plumas para tapar las bodegas provisionalmente.


A medida que se terminaba con una bodega, colocábamos los beams de acero transversales y por último los cuarteles que eran unos tablones de madera uno al lado del otro. Para hacer estanco ese espacio y no filtrara agua a las bodegas, cubríamos toda la escotilla con unas tres lonas enceradas. El sistema de fijación consistía en varios sunchos de hierros (flejes) que corrían de banda a banda y por último, unas láminas de acero por los costados en dirección longitudinal a la cubierta y al final unas cuñas que se aseguraban a mandarriazos con la parte ancha de la cuña siempre hacia la proa para que no se aflojaran con los golpes de mar.


La tarea del arranche de esos buques para ponerlos a son de mar eran agotadoras y exigía mucha concentración en lo que se estaba haciendo, cualquier deficiencia podía poner en peligro no solo a la carga, también al buque si embarcaba agua en sus bodegas. Aquellas lonas requerían de periódico mantenimiento,  que coserlas a cada rato y pintarlas con una especie de preservo para hacerlas impermeables, operación que se realizaba también con el Capu utilizado en las operaciones dentro de los puertos.


Mucha fue la mandarria que se dio en aquella cubierta para darle mantenimiento, donde se levantaban inicialmente los cascarones de óxido. Trabajo que seguía con el uso de piquetas eléctricas y de mano, cepillo eléctrico. Se dejaba el área brillante y limpio de oxido antes de aplicarle dos manos de minio (anticorrosivo), dos manos de mierda de mono (esta era una pintura elaborada por el pañolero del barco con todos los residuos que quedaban en diferentes latas), se usaban para para hacerle capa y por último se aplicaba el rojo de la cubierta anti resbalante. Muy fácil decirlo con cuatro párrafos, pero era un trabajo sumamente agotador en aquellos viejos buques comidos por el óxido.




El buque se había adquirido a una naviera griega, decían que era de Onasis y se llamaba Felicie. Lo importante es que estaba muy feliz, lo veía grande, yo venía de la M/N “Matanzas” mucho más pequeño.  Mucho más feliz aún, porque parecía ser un viaje bueno el que tenía programado, para nosotros un viaje bueno era cuando el destino era un país capitalista. Estábamos cargando azúcar refino con destino a Barcelona y después repararíamos allí y así fue.


Nada más que salimos me percaté que era de esos buques que no meten la proa a la mar. Era de esos de balance, como era tan viejo, cada vez que la escotilla del sollado donde vivía hacia contacto con el mar era mucha el agua que entraba, por mucho que la atrincara no tenía solución. Nos acostumbramos a vivir con el camarote lleno de agua, pero no importaba, como íbamos a reparar, pensamos que todo eso se tendría en cuenta.


Llegamos al puerto de Barcelona, más exacto, casi en Barceloneta, nada más y nada menos en el muelle de pasajes. Allí en un ladito descargábamos nuestra azúcar, por cierto, delante atracó un buque de guerra llamado La Argentina y no podíamos visitarlo, aunque estaba abierto al público.


Concluida la descarga fuimos a dique para comenzar la reparación. Los españoles no concebían como podíamos permanecer a bordo trabajando, cuando ellos hacían cambios de remache el ruido era enloquecedor, era como estar al lado de una calibre 50 mientras está disparando. Era mi primera reparación y yo no sabía nada, todo era nuevo para mí. Subir a dique seco ver el casco por debajo, su limpieza era toda una novedad. Lo más importante de aquella estancia en ese barco fue que, allí se encontraba enrolado mi amigo Rafael Gómez Amaya.  Éramos inseparable por aquellos tiempos, él viajaba como camarero de los tripulantes. Ya nos conocíamos media Barcelona, Rambla arriba y Rambla abajo, siempre caminando hasta la plaza Cataluña y de ahí hasta el palacio del Conde de Montjuic, festival de la canción de verano, Nino Bravo estrenando Noelia, etc. Por cierto, así también se llamaba la españolita amiga de Amaya.


Concluye la reparación general, la cuatrienal, casco, cubierta y cámara. Salimos hacer prueba de mar y se produce una explosión en un pistón. De nuevo a continuar reparación y otra vez La Rambla de las Flores arriba y abajo, nuestras amiguitas también felices. Par de meses más allí, todo lo que se llama un viaje bueno.




Al fin resuelto el incidente, las máquinas listas y a continuar viaje. De inmediato se regó la noticia que íbamos para Bulgaria, y pusimos proa rumbo al puerto de Varna para cargar a full. Bueno, no se podía pedir más, está bien el viaje, no se fue perfecto, pero ya estábamos en los finales. En cuanto salimos y el buque comenzó con su balance, ahí empezó nuevamente a entrar agua por las portillas. No tenía solución y había que adaptarse, ese detalle no entró en la reparación y para decir la verdad, yo seguía mirando el barco como estaba falta de mantenimiento y después de varios meses de reparación lo veía igual.


Llegamos a Varna, cargamos y al fin se inicia el viaje Sur, como anotan los navegantes, porque para ellos era viaje Norte y viaje Sur, cosa que aprendí cuando me hice oficial, para nosotros los tripulantes ya lo dije, viaje bueno o viaje malo. Mar Negro, Estrecho de Estambul, Mar de Mármara, Mar Egeo y Mediterráneo. Todos contentos, par de semanas después estaríamos en Cuba enterrando el muñeco, pero vuelven a bajar noticias del puente a la cubierta. ¡Preparen las plumas de la bodega Nr.4! Vamos a entrar al puerto de Marsella en Francia para recoger una carga.


Entramos a Marsella y atracamos. En el muelle veo a cinco señores muy bien vestidos y abrigados que nos estaban esperando. Nada más que arriamos la escala principal, subieron a bordo con la dificultad que lo hacen los que no son marinos. El Capitán Eduardo Arencibia se para en el plato para recibirlos, algo no acostumbrado en él y a medida que le iba dando la mano pasaban a cubierta y continuaron hacia su camarote.


Quitamos las cuñas, los sunchos, las lonas, cuarteles e izamos el Capu. La bodega Nr.4  estaba lista para recibir la carga, le comunicó el contramaestre de nombre César al Primer Oficial Gustavo (ya fallecido).


No sería así de rápido como pensamos, aquellos señores se alojaron en dos camarotes de pasaje que tenía el buque por lo que se veía que vendrían con nosotros. Pasaban los días y la misteriosa carga no llegaba y el frío que pelaba, ya habíamos olvidado los vacilones de Barcelona. El viaje ya se había puesto malo


Con los días comenzó el inevitable rum rum, que si estábamos esperando una carga especial que esos señores escoltarían hasta Cuba, etc. Que si la carga era para el comandante en jefe, que esos señores eran de la seguridad personal. Y al fin se apareció la carga , el corretaje del Capitán y el Primer Oficial en la cubierta, los cinco segurosos mirando para todos lados. Las plumas las operaba exclusivamente el contramaestre con extremo cuidado y despejando toda la cubierta de cualquier marino intruso. Se subieron aquellos dos pallets del camión hasta el interior de la bodega.




Una vez en la bodega, se pasó para unos compartimientos con puertas que en una ocasión muy remota fueron neveras refrigeradas. Para esta tarea revolucionaria, se eligió un selecto grupo de la tripulación muy reducido, cuatro o cinco para que, bajo la mirada atenta de los seguros, se colocara en el interior de dicho espacio y una vez concluido, se cerró con un candado grande marca Glove. Finalizada con éxito aquella misión revolucionaria, supongo que hayan informado de inmediato a las máximas instancias en Cuba. Nosotros entonces procedimos a cerrar la bodega, los tablones o cuarteles, lonas, sunchos, la madre de los tomates y las plumas a son de mar.


Una cosa nos llamaba la atención y lo era el exceso de vigilancia de los segurosos, no se apartaban de la bodega. Por supuesto, hasta el último tripulante ya sabía que eran cajas de vino para uso exclusivo y del gusto de Fidel Castro.
Al fin decidieron retirarse y dejaron a uno de guardia en la bodega. Llegó el Práctico, soltamos los cabos y con aquel frío irresistible salimos rumbo a Cuba. Cuando bajo del castillo de proa y voy rumbo a mi camarote, observo a uno de ellos sentado en la bodega, pensé, ¿y éste, no va a entrar con el viento y el frío que hacía? Así fue todo el viaje y nosotros muy felices como las lombrices, estábamos mas cerca de enterrar al muñeco.


Como yo estaba haciendo las horas que me faltaban para hacerme timonel, cuando subía por las noches al puente, lo que se hablaba era que ellos pretendían hacer la guardia dentro de la bodega. Una verdadera locura en esa oscuridad y con esos gases que siempre emanan. Al convencerlos que era imposible, pues no dejaron ni un momento su guardia, ahí venían muy sentados esos tarugos cuidando la bebida del comandante. Velaban porque nadie bajara a la bodega y abriera el enorme candado marca Glove, rompieran parte de aquellas lindas cajas de madera y sacara una de las botellas para envenenarla. Eso no podía suceder, esa era su misteriosa misión, ellos fueron enviados a Francia y estuvieron semanas esperándonos para garantizar una entrega segura a la despensa del comandante La Piedra.


¡Coño! Con frío, tempestad, mal tiempo, nos acercamos al trópico y aquellos señores al comprender sus estupideces, los vi entrar rapidito a la ciudadela de vez en cuando a tomar un poco de calor. Se tomaban un cafecito y salían nuevamente a cumplir su riesgosa misión, siempre con el temor latente de que pudiera aparecer el enemigo. Poco importaba si nos encontrábamos en medio del océano, ellos no estaban diseñados para pensar, solo para cumplir órdenes.


No sé si se vomitaron o si se cagaron en la travesía. Lo que sí sé es que, bajo esa estricta vigilancia de guardia de bodega arribamos puerto de la Habana. Allí nos abarloaron una patana en cuanto fondeamos, nuevamente preparamos las plumas, abrimos la bodega, siempre bajo la vista de los 5 segurosos, más otro séquito de tarugos misteriosos que subieron a nuestro arribo, bajaron con extremo cuidado aquella mercancía, con mucha más delicadeza que si se tratara de sus mujeres. Se fueron todos a la mierda con la bebida del comandante y regresamos finalmente a la normalidad. Volvimos a poner los cuarteles, sunchos y el carajo la vela. Al rato le hacíamos señales a cuanta lancha pasaba cerca del barco para acabar de bajar a tierra y poder ir a casa.


El comandante ya tenía su exquisito vino, su marca preferida, añejado de tantos años Ya podía de nuevo arengar a ese pueblo a que se sacrificara y luchara por un futuro mejor para nuestros hijos y para los hijos de nuestros hijos. Lo jodido es que nadie sabe donde vive ese puto futuro y yo nunca pensé hacer este cuento desde Miami.



Mas datos sobre el buque “30 de Noviembre” (I)

https://estebancl1949.blogspot.com/2019/07/barcos-que-pertenecieron-la-empresa-de_3.html




Eduardo Ríos Pérez
Miami-Florida.
Febrero 23 de 2020


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miércoles, 19 de febrero de 2020

BUQUE DE PASAJE ÁFRICA-CUBA, DEBUT Y DESPEDIDA.


BUQUE DE PASAJE ÁFRICA-CUBA, DEBUT Y DESPEDIDA.

Por Eduardo Ríos Pérez.




Como la mayoría de los marinos nacieron después del triunfo de la revolución y por tanto desconocen acontecimientos muy importantes ocurridos entre las décadas de l960 y el 70, creo muy necesario contar a modo que se pueda comprender el por qué de muchas cosas.


La razón de la guerra entre hermanos cubanos dentro de una isla fue con la idea de sacar del poder al General Fulgencio Batista y Zaldívar por violar la constitución al dar un golpe de estado el 10 de Marzo de 1952. Repito, la idea era sacarlo del poder y una vez logrado, convocar a elecciones libres para darle continuidad a la democracia.


¿Qué sucedió? Fidel Castro traicionó esas ideas y quiso perpetuarse en el poder. Para lograrlo arrasó con todo lo que se le oponía, desacreditando a otros grupos armados como el Directorio Revolucionario 13 de Marzo , el 2do. Frente Nacional del Escambray, etc. Ninguno de ellos eran comunistas a pesar de que ese partido existía desde 1925.

Ya en el 1959, envuelto en su ego de convertirse en líder mundial, mandó a realizar intervenciones tanto en Panamá como en República Dominicana ambas fallidas, así como en 1963 en Venezuela. Pero ya una invasión como tal de las F.A.R. cubanas, no fue hasta 1963 en Argelia para consolidar en el poder al gobierno de Ahmed Ben Bella. Por supuesto, de corte socialista comandada por el entonces comandante Efigenio Amejeira, cuya tropa después se vanagloriaba de como aprovechaban el momento de sus rezos para exterminarlos.


A grandes rasgos le siguieron los de 1964 en la República Democrática del Congo a través de Tanzania, que se convirtió de paso en el principio del fin de Ernesto Guevara. Más tarde en 1973 en la Guerra de Yam Kipur en Siria, donde Cuba envió una brigada de tanques y dicho sea de paso, Israel le dio de nuevo por el culo a todos ellos como ya lo había hecho cuando la Guerra de los Seis Días. Siguió la de 1975 en Angola, que se convirtió en un enorme cementerio para los cubanos , 1977 Etiopia , 1979 La revolución sandinista, sin mencionar entregas de armas apoyos logísticos como en Mozambique, también a  Zamora Machel, etc., etc.,  y etc.


Ya para la fecha y siendo Cuba el brazo armado de la pretendida expansión soviética en África y América Latina , habían construido en Isla de Pinos, bautizada para la ocasión en “Isla de la Juventud” unas decenas de escuelas las cuales llevaban el nombre de cada uno de esos países.


Ya lo tenían todo, el mundo rendido a sus pies y el reguero de espías por todo el mundo. Los todo poderosos y Cuba, aunque con una economía que no producía, pero subsidiada por la U.R.S.S., solo tenía que hacer el trabajo sucio matar y poner los muertos, además de adoctrinar en esas escuelas en nombre del internacionalismo proletario.


Pero faltaba una cosa, una “Flota de Pasajeros” para traer y llevar a los estudiantes. Pienso que salió el primer iluminado y que, para hacerle la pelota, como dicen los españoles, al Comandante en Jefe, inmediatamente se dio a la tarea de formar un grupo de hombres, los más eruditos y sabios capitanes y Jefes de Maquinas de la Empresa de Navegación Mambisas para materializar el nuevo proyecto


Así llegó esa pequeña vanguardia al puerto de El Pireo en Grecia, no sé cómo fueron a parar allá y muchos menos dar con un cementerio de barcos viejos, obsoletos. Todos en franco desuso por muchos años y en tremendo mal estado, muy propio del abandono en que se encontraban.


Faltaba la tripulación y como yo tenía barco, un buen día fui por la empresa. Un compañero de estudio que estaba trabajando en enrolo al verme me dijo que, estaba formando una tripulación y que me iba a incluir en ella. Días después acudí a una reunión en la que después de muchos halagos, recuerdo que nos dijeron; íbamos “con orgullo” a formar parte del libro de oro, por cumplir con esta nueva tarea de la revolución. La verdad que no entendía ni un carajo. Por cierto, el único oficial de cubierta era yo, todos los demás eran maquinistas sobrecargo y muchos marineros de cubierta. Salí de allí conforme entré, todo era un misterio, no hablaron claro, ahí comenzó el secretismo.




Semanas después nos embarcaron en un buque de pasaje soviético llamado Rossia, apenas veía al resto de mis compañeros. Pensé que mi destino era directo a buscar el nuevo barco adquirido, cuando vi llegar a cientos de hombres, bien vestidos con trajes, aunque todos del mismo color, como si se tratara de una orquesta y una maleta a usanza de la época. Días después, uno de ellos me reconoció y me contó que iban en una misión militar para Angola. Ya le habían recogido el traje y la maleta, el único entretenimiento consistía en desayunar almorzar y comer comida al gusto ruso, fatal para nosotros. Los miércoles asistíamos a una especie de encuentro con algunos tripulantes, los cuales bailaban al ritmo de tango. No entendía porque solo bailaban esa música tan lejana a su cultura.


Continuaba el hermetismo, me fui dando cuenta que esa fue la orientación dada. Mi camarote lo compartía con el Dr. Héctor Labrada, enviado por Salud Publica para la acometida empresa.
Mi compañero y yo pensábamos que una vez que llegáramos a Angola, continuaríamos viaje a nuestro destino y que la razón de ir en el buque era para hacer más económico el viaje. Pero para sorpresa nuestra, después de permanecer varios días en Luanda, la joven que atendía mi camarote con la cual ya habíamos hecho amistad, me comunica que regresaríamos para Cuba. No podía creerlo, ¿qué pintábamos allí?, ¿qué cosa era eso? Bueno, así fue, cada uno para su casa y el Rossia regresó nuevamente cargado de obreros en misión militar, excelente carne de cañón. Mientras tanto, los eruditos y sabios escogidos continuaban en Grecia, sacrificándose en aquel frío, entre templos en ruinas y dioses helénicos para que visitaran y se hicieran más cultos.


Semanas después salimos rumbo a España en un avión de Cubana de aviación, el jefe a cargo del grupo era el capitán Antonio García Urquiola. Para la fecha estaba sancionado por varar el buque Pino del Agua, pero iba ahí con nosotros. En aeropuerto de La Habana tuvimos el derecho de comprar una botella de Habana Club carta blanca. Cuando el avión había tomado su curso de travesía, Labrada y yo abrimos la botella que habíamos comprado y así se pasó de asiento en asiento, no así los demás, ya que para muchos, esa botella consistía en la primera pacotilla adquirida.


Del aeropuerto de Barajas nos llevaron a un motelito de nombre Ozuna, después de mostrarnos nuestra habitación compartida y bañarnos, nos llamaron para que fuéramos a comer, no había opción, el mismo menú para todos. De camino por el pasillo rumbo al comedor, uno de los marineros que se destacaba por su baja estatura unos 5 pies, muy delgado y de una cabeza desproporcionada para su cuerpo, me llamó de forma misteriosa y me sugirió que habláramos aparte. De verdad que me intrigó, me dijo el tipo; -Mira, te voy hacer un señalamiento para que no se repita, cuando veníamos en el avión te oí decirle a un hombre que venía como pasajero que éramos marinos y tú no sabes quién es ese individuo, puede ser un enemigo. De inmediato yo pensé, que clase de tronco de hijo de puta el enano este con complejo de seguroso. Más tarde supe que era el pañolero, jamás me trató, siempre me miraba como vigilándome, nada complejo de policía frustrado.


Al día siguientes llegamos a Grecia y allí, saliendo del aeropuerto, veo por primera vez al grupo de sabios y eruditos. Todos vestían de traje muy elegante al que agregaban un sobretodo y guantes por el frío.


De pronto, la voz de alguien que supuse fuera el capitán, preguntando, ¿quién era el segundo oficial? Y como mi madre me dio educación, levantando un poquito la mano respondí que yo y con la misma se la extendí para saludarlo. Su reacción fue airada, volteándose ligeramente a un lado dijo, ¿pero por qué?, ¿qué pasó? Yo pedí que me mandaran a Wenceslao (Wenceslao Bonet) Yo lo conocía, compañero de curso que había navegado poco y trabajaba en la empresa y pensé, segundo tropiezo en 24 horas. No fue un recibimiento cálido, incluso de aquel grupo del cual no conocía nadie, no los volví a ver, desaparecieron. Eran de otro nivel, muchos más sabios.





Nos trasladamos al puerto El Pireo, más bien a la zona del cementerio de buques fantasmas. Allí había de todo, era como un second hand de barcos. Sucios, destartalados, abandonados al tiempo, muy viejos. De vez en cuando veíamos salir de su interior a alguien con aspecto de homeless, estaban oscuros, y con tremendo olor a humedad. Había que hacer presencia allí diariamente y contemplarlo desde afuera. Alguien habilitó en un tráiler una venta de perros caliente, papitas y soda, ese era el único menú en aquel lugar de tan mal aspecto y mal oliente, gracias a eso comíamos algo.


Ubicados en un hotelito en ese barrio, una de aquellas aburridas tardes, Labrada y yo decidimos salir y conocer los alrededores. Era su primer viaje y me pidió que lo acompañara y yo, como marino, lo invité a pasar al primer bar que nos encontramos donde trabajaban esas mujeres alegres. Allí nos tomamos unos tragos, pasamos un buen rato en su compañía y nos fuimos. El frio estaba insoportable y nos metimos en un cine, todo quedaba cerca. Ya de regreso y siempre por la misma calle para no perdernos, al cruzar frente al bar antes mencionado, se nos encima unos hombres que se encontraban en la acera. Cuando comienzo a defenderme veo como Labrada logra separarse y echa a correr. Al rato llega la policía y como estábamos a una cuadra del motelito también se aparecieron algunos marinos y después el capitán. Como pude traté de explicar lo ocurrido a la policía y esta decidió que cada cual se fuera y todo terminó.


A la mañana siguiente toca a nuestra puerta el que iba a ser el bombero del barco, este señor nos comunica que por orden del capitán lo habían designado oficial investigador y que nos iban hacer un juicio por lo ocurrido. Para ser breve, se hace el juicio y al Dr. Labrada y a mí nos piden la separación de la empresa por conducta inapropiada en la calle, no acorde al principio de los oficiales de la marina mercante etc., etc.


Seguimos trabajando y el capitán me exigía que, en aquel puñado de cartas polvorientas, viejas y sin actualizar, además de estar el local medio oscuro preparara una derrota. Lo logré, si se quiere decir, preparar con esas cartas una derrota hasta el puerto de Ámsterdam donde íbamos a reparar.


Con salideros por las tuberías, sin equipos de navegación que  pareciesen a algo útil, con uso al azar de los tanques de consumos que producían escorados rapidísima a cualquier banda, llegamos al canal de la mancha y allí tomamos Práctico.
A su llegada nos instalaron unos artefactos que llamamos cañones y echaban un aire caliente por los pasillos donde estaban nuestros camarotes provisionales. El frío era insoportable y la fetidez a viejo terrible.



SEGUÍA EL HERMETISMO


Como oficial de cubierta nunca sabía nada, todo era confidencial, solo dominio del Capitán, Urquiola y de los sobrecargos, el buque seguía inhabitable.


Un buen día arribó el buque XX Aniversario con el resto de la tripulación, más de 80 mujeres y frente a ellos Víctor García un Segundo Oficial. Como lo conocía fui a visitarlo, después de los saludos correspondiente empezó a presentarme algunas de sus amigas. Pasamos a un área que habían acondicionado con luz tenue, música y bebida, solo una hora después ya saben el final.


Todas estaban como locas para incorporarse al que sería su buque y ya tenía nombre, se llamaba ÁFRICA-CUBA. Su bautizo fue sin fiesta, algo así como el nacimiento de una criatura que nació enfermo e iba a morir.


A su llegada días después, buscaron más cañones el frío era insoportable y las nevadas tremendas. ¡Que carajo! Éramos felices, había mujeres, bebida y cigarro, el sueño cubano realzado.


Eso sí, todo muy organizado, como hacen en Cuba, unos en el Partido, otros en la UJC y hasta FMC, al final estábamos nosotros, los simples. No faltaban las reuniones masivas donde el capitán siempre repetía varias veces que, no permitiría que el buque se convirtiera “EN EL PALACIO DE LA LECHE”. Que falta de todo, que manera de tratar a las mujeres cubanas que poca hombría.





EL HERMETISMO SE VOLVIÓ UN ESTILO, UNA COSTUMBRE.


Por mis relaciones supe que algunas de ellas fueron sorprendidas practicando la prostitución, cobraron al tener sexo con unos argelinos. Hay otras cosas que no debo mencionar, los escándalos eran a diario y por más que la orden dada a los cooperantes de segurosos era que se controlara en secreto, por la idiosincrasia cubana no podían lograr “TOTAL HERMETISMO”. Siempre corrían la bola por los pasillos, nada SONÓ tanto como la galleta que le dio una antigua oficinista de la empresa que viajaba como camarotera en plena cara a Antonio García Urquiola. Lo hizo delante de unos 15 tripulantes, también lo que le gritó después. Se quedó quieto, no abrió la boca, aquello corrió como pólvora, no había vergüenza.


En ese caso no se nombró investigador, ni hubo juicio, ni tampoco se pidió expulsión de la empresa. Y ahí sí que había sobrada razones, recuerden que nuestra política era homofóbica.


10 años después y estando en un buque petrolero, lo vi por la TV estando en el puerto de Nuevitas hablando de sus heroicidades como doble agente. Las calamidades seguían al ritmo de aquella reparación cosmética.


Al puente le instalaron un radar pequeño, compraron sextante, un cronómetro marca  Patek Philippe, ¿qué no habrá costado aquello? También subieron varias cajas de equipos musicales de doble caseteras para regalos a algunos sacrificados, jefes de la empresa, etc. Lo último de la moda en Cuba por aquellos momentos, todo un lujo, lo sé porque siempre mantenía mis amistades femeninas y como mujeres no se podían callar la boca en los momentos más íntimos. De igual forma se fue llenando de plantas artificiales el camarote del capitán y que a la llegada a Cuba desaparecieron. No quiero dejar en el olvido un carro rentado permanentemente para su uso exclusivo entre muchos más derroches.


Un buen día, los obreros del dique comienzan a recoger sus herramientas y algunos con quien había hecho amistad llegaron a despedirse de mí. Me sorprendí y les pregunté qué había pasado. Su respuesta fue que el buque paró la reparación porque tenían que zarpar. Supongo que se habría hecho un contrato y suspenderlo lleva penalidad, recordemos que el ministro en aquel entonces era otro de los eruditos, el comandante Guillermo García Frías. Lo primero, la prioridad, es el cumplimiento de las tareas revolucionarias y de repente, pusimos proa con destino al puerto de Assad en Etiopía, para que relatar la travesía, habría que escribir un libro.


Comenzaron a visitar el barco soldados cubanos acampados en la zona de desierto y empezó la competencia. En honor a la verdad, ya no llamaban la atención, tal vez por el constante racionamiento del agua, etc. La cuestión fue que iban desapareciendo las parejas contraídas con los marinos y surgieron nuevas entre los militares. Venían a recogerlas en sus Jeep militares, siempre se aparecían con cajas de Ron y algunas de esas botellas llegaban a mis manos. La temperatura superaba los 40 grados y la estancia se prolongaba. La guerra estaba en su apogeo y desde el barco por la noche se veían las luces de las trazadores que disparaban desde territorio de Eritrea muy cerca de nosotros. Peleaban por su independencia y por otra parte, Etiopía estaba en guerra también contra Somalia para ocupar su territorio.


Un día en el muelle aparecieron 7 cadáveres de somalíes, los reconocieron según ellos por el olor y allí los asesinaron, no se enterraban porque eso era un lujo. Como era desierto tenía que cubrirse con piedra porque si no el viento y los buitres lo desenterraban y ellos no valían la pena. Allí fuimos viendo como sus cuerpos se cubrían de gusanos de color ámbar.


Un buen día llegó la primera parte de los niños que iban a embarcar después de un viaje muy largo y agotador. Sucios, hambrientos y llenos de parásitos. Lo primero que aprendieron a decir fue AGUA y no había agua para darle. Se extremó aún más el racionamiento de agua y comida. Cada hora que pasaba se hacía más insostenible la situación, el calor inmenso, no había lugar donde ponerse. La peste por todos lados, no sé podía dormir y seguían llegando aquellos niños acompañados de mayores que se decía eran sus maestros.


En una ocasión que yo cruzaba uno de los salones de aquel paupérrimo e inhabitable buque, me percato como a una de las de ambulantes niñas sus ojos se fueron virando en blanco y su cuerpo cayendo, corriendo rápidamente la recogí antes de llegar al suelo. La cargué al hombro para llevarla a la enfermería y al rato siento en mi espalda algo caliente y que se movía. Las tripulantes me miraban con horror, noto que yo llamo más la atención que la joven desmayada que llevaba. Al dejarla en la enfermería veo que mi espalda estaba llena de lombrices y que yo irradiaba una peste enorme. Sali corriendo como un loco a la cubierta, me quité los zapatos y me lanzó al agua, haciendo un esfuerzo me quité la camisa, la novia por el agua para quitarle los parásitos. Después me quité el pantalón e hice lo mismo, me agoté mucho, me desesperaba al ver que por más que les gritaba que me tiraran una escala de gato, ellas no sabían que decía. No eran marineras, al fin alguien avisó y tiraron una pero no llegaba al agua. Comencé a sentir pánico, las fuerzas me faltaban, el miedo no podía evitarlo, quería controlarme. Por fin llegó la escala, me abracé a ella, ya no podía más, después de largo rato sujetado logré a duras penas vestirme y subir lentamente. Ya en cubierta sentí morirme, el calor lo sentía de 50 grados con esa agua salada pegada a la ropa y al cuerpo. Las próximas semanas fueron terribles, el reconocimiento fue un regaño por el espectáculo que formé.


Al fin llegaron los últimos pasajeros y cuando fuimos a partir la máquina no embriagaba avante. Ya era demasiado, ¿hasta cuándo?, otra larga espera más. Al fin llegó la pieza desde Suiza vía Moscú después de 15 días, salimos rumbo a Yemen, hicimos agua y un poco de víveres.






TODO SEGUÍA HERMÉTICO


Pero de pronto un nuevo run run, por más hermetismo que se propuso la seguridad era inevitable, éramos cubanos. La bola corrió como pólvora, a la llegada a Las Palmas de Gran Canarias, donde íbamos hacer agua y combustible, se realizaría una BODA ¿Como que una boda? Las parejas habían desaparecidos, las más fogosas fueron a dar al desierto con los militares, pero hubo boda. Mis amigas contaron que le habían comprado trajes al novio, vestidos a las novias, brindis, una noche en un hotel y que el Capitán las había casado. El run run decía que todo era parte del espectáculo, ¿porque no esperaban llegar a Cuba y hacerlos como manda nuestra tradición? De todas formas, tenían que hacerlo para legalizarla y otros decían que era para hacer los últimos gastos o derroches.


Continuamos al fin nuestro viaje a Cuba, Víctor montaba la guardia de 2do Oficial y yo la de 1er Oficial. A unos días de arribar Víctor me invita a su camarote a compartir una botella, él se fue a su guardia y yo me acosté. Cuando me levanté para el relevo me sentía muy mal, me sentía mareado, borracho, aun así, subí. Me sentía cada vez peor y se lo expliqué al timonel de apellido Blanco, militante del partido y uno de los que se casó. Integrante del grupo de segurosos que presumía ser miembro del ejército rebelde siendo casi un niño. Le dije que iba a bajar al camarote a echarme agua, me dio por vomitar y me demoré. Cuando al fin subo, me encuentro a Urquiola en el puente, Blanco lo había llamado. Muy amable me dijo que fuera para mi camarote a descansar que él continuaba mi guardia. Llegó el próximo turno, Víctor hizo su guardia y me llamó para decirme que el capitán había ordenado que yo no montara más guardia.


Antes de entrar a puerto llega Víctor con uno de los segurosos y este nos comunica que ambos no podíamos salir de ese lugar, que íbamos a permanecer bajo su custodia porque se esperaba la visita del comandante en jefe y nosotros representamos un peligro a su integridad. No lo entendía, ¿qué hacía Víctor ahí conmigo?, él era también militante del partido, yo era simple y me habían suspendido la guardia, ¿tendría yo dos custodios? A esa conclusión llegué mucho tiempo después.


Yo caí en el congelador, seguí navegando en Caribe, no había pacotilla pero habían marinos, muchas maniobras, expertos en eso. Salíamos a las barras, muy buenos marinos, repito, hombres de aventura y jodedores.


El África-Cuba al fin había atracado a puerto cubano, los pasajeros fueron llevados con todas sus enfermedades a Isla de Pinos. Solo dio ese VIAJE SUR, todos aquellos hombres muy bien vestidos de traje, sobretodos y guantes, habían cumplido su misión, sus tareas revolucionarias, los regalos serían entregados. Nadie supo a cuantos millones de dólares ascendió el gasto o mejor dicho la pérdida, no hubo castigo, no hubo presos.


No sé hablo más de ese buque, hoy yo lo recuerdo 42 años después, junto al AFRICA-CUBA también se perdió la ambición expansionista de la Unión Soviética


Ben Bella fue derrotado en 1965, Samora Machel murió en un accidente aéreo y con él su socialismo, su tercera esposa pasó a ser la segunda esposa de Nelson Mandela como para que todo quedara como en las mejores familias. El Congo solo produjo muertes cubanas y como ya dije el principio del fin de Ernesto Guevara. Angola fue un cementerio gigante para los cubanos y las escuelas de Isla de Pinos están en ruinas haciéndole merecido honor a aquel buque que pensaba que le iba a llenar sus aulas, convertidas hoy en enormes solares habitadas por familias homeless.


Los famosos 7 hombres de oro, los sabios y eruditos capitanes de la Empresa de Navegacion Mambisas, los que no han muerto en la pobreza, se encuentran viviendo en Miami y recibiendo la ayuda de este país para sobrevivir.


Cerrando otro repugnante capítulo, lo que fue la Empresa de los que algunos aún viven orgullos, sin acabar de comprender que solo fue hecha para utilizar nuestra vocación en los intereses de esa absurda ideología.


Eduardo Ríos Pérez.
Miami-Florida
2020-02-19


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