jueves, 6 de mayo de 2021

El RECLUTA 51


El RECLUTA 51




“El Recluta 51” es un libro testimonio concebido por el pintor cubano Luis Vega, quien, empujado por una necesidad imperiosa, trata de deslastrar un viejo e insoportable peso cargado sobre su conciencia durante medio siglo. Deja a un lado sus pinceles y paleta en esa pausa necesaria y, sin percatarse apenas, comienza a pintar también en la pantalla de su ordenador todo aquel horrible paisaje vivido y conservado en su memoria. Porque eso es verdaderamente lo que hace Luis en este libro, pintarnos una vida saturada de angustias, privaciones y penas, con sus mejores colores. Alejado de toda influencia maligna en su pasado y corrientes actuales, no existe una sola línea de esta obra, donde el odio logre vencer la nobleza de aquel espigado joven arrebatado de su seno familiar el 17 de Abril de 1964.

Con un estilo muy particular, trata de darle vida, quizás a fantasmas, porque varios de sus compañeros de infortunio se han marchado para siempre, y lo logra. A través de pequeñas viñetas, enviadas como tarjetas postales, atrapa a cada uno de aquellos muchachos con los que compartiera durante esos infinitos tres años de cautiverio. Lo hace mostrando los mejores colores que nos brinda el amor, y al implacable verdugo de nuestros desvelos, le brinda el espacio que merecieron dentro de su memoria, sin odios, deseos de venganzas o cualquiera de aquellos castigos que le aplicaron siendo un muchacho.

Por una u otra razón de la que no se le puede pedir explicación, porque es un derecho de cada autor a expresarse libremente, Luis elige utilizar seudónimos o nombres falsos en sus personajes, lo comprendo, corren tiempos de sorpresas. Sin embargo, hubiera sido un bello homenaje a todos aquellos jóvenes que, sufrieron esos tres años de abusos, vejaciones y humillaciones en su compañía y hoy no están con nosotros. Son pocos los testimonios publicados por las víctimas de aquel temprano y horrible abuso cometido en 1964 contra la juventud cubana, el Primer llamado al SMO (Servicio Militar Obligatorio) El suyo, además de ser un valioso testimonio, no deja de ser un hermoso homenaje a todos aquellos muchachos, solo que sin un destinatario definido.

En algunos pasajes de su obra, Luis es capaz de arrancarte una sonrisa donde solo existió dolor y puede interpretarse como una parodia cuando no lo es. Todos conocemos la capacidad suigéneris del cubano a la hora de burlarse de sus propios sufrimientos. Pueden aparecer escenas surrealistas, absurdas, imposibles de considerarlas ciertas, pero así mismo, con esa aberrante fantasía, ha transcurrido la vida en Cuba durante estos sesenta y dos años.

Muchas cosas se le escaparon con la premura por darle nacimiento a esta criatura y daría motivos para publicar un segundo tomo, incluso mas amplio que el presente. Temas que traten con profundidad el castigo inmerecido que recibimos por el único delito de ser jóvenes y haber nacido antes del 1959. Cuando se llega al final de su lectura, simplemente nos quedamos con esa hambre insatisfecha por saber más. Bueno, para el que no estuvo a su lado o desconoce cuál fue la suerte corrida por esos muchachos condenados a ganar $7.00 pesos mensuales. Si crueles fueron el único teniente llamado Daniel y el único sargento de apellido Soto en aquella Unidad de solo sesenta reclutas, mucho mas malvados y despreciables fueron algunos de los reclutas que realizaron funciones de jefes de pelotón, oficiales de guardia, político, etc. Se requiere haberlo vivido para hacer mención de las miserias humanas que brotan cuando se otorga una onza de poder al hombre. Ya lo dije con anterioridad, el libro de Luis va de amor y las veces que se independiza de su yo en todas las narraciones, lo hace generalmente para dedicarle algunas líneas a quienes sufrieron junto a el y no a quienes le provocaron dolor.

Convencido estoy de que, si aquella ley se impuso para educarnos “revolucionariamente” y convertirnos en la primera generación del “hombre nuevo”, la cosecha obtenida tuvo resultados negativos. Nosotros fuimos los primeros en saborear la crueldad de aquellos verdugos y fieles testigos del crimen silencioso que se estaba cometiendo con la complacencia, complicidad y silencio de todo un pueblo.

Luis pudo escapar a las tareas de esclavos que realizamos en esos tres años y lo logró gracias al gran talento que mostró desde esa temprana edad por la pintura, yo soy uno de los testigos que puede reafirmar lo que escribió en esos pasajes. En nuestra Unidad pintó una hermosa valla, lo hizo también en el Circulo Social de la Granja Menelao Mora y otro mural a la entrada de la base aérea de Baracoa. Sus cuadros también fueron hermosos y aquellos pinceles lo convirtió en una moneda de cambio por otros servicios.

Por azares de la vida o caprichos de la mente humana, hace solo unos días escribí su nombre en el buscador de Google. Aparecieron varios Luis Vega, pero no todos eran pintores como él. encontré que había escrito este libro y lo encargué inmediatamente por Amazon, yo sabia que me iba a identificar con él, pero nunca imaginé que me dedicara dos de sus viñetas con el seudónimo de “Cabañita”, ya pueden imaginar la alegría experimentada. Continué mi búsqueda y encuentro su galería con un número de celular disponible. Llamé y no obtuve respuesta, le dejé un mensaje y unas horas más tarde estábamos enredados en una larga conversación, la normal para tratar de recuperar cincuenta y cuatro años de ausencia.

 

…Cabañita, en las noches de guardia se perdía montado a caballo, con solo un saco de yute por montura y una soga por freno. Yo lo cuidaba como un padre, y disfrutaba verlo galopar con aquel aire de libertad que se reflejaba en su rostro…

(Viñeta titulada “La Guardia a Caballo)

 

¡Muchas gracias, Luis! Es grato leer que te dediquen palabras de afecto o cariño como estas, aunque haya transcurrido medio siglo de aquellas cabalgatas nocturnas.

Amigos, solo me queda invitarlos a disfrutar de esta acuarela llevada a un libro con el testimonio de lo que un día fuimos y nunca dejamos de ser, aquellos jóvenes. Pueden encontrarlo en Amazon.

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2021-05-06




 

xxxxxxxxxx

lunes, 3 de mayo de 2021

LAS PURGAS EN LAS FLOTAS MERCANTES CUBANAS.


LAS PURGAS EN LAS FLOTAS MERCANTES

 CUBANAS.


 Buque Escuela "José Martí" mientras era hundido en el Océano Atlántico.



Las “Purgas”, ese proceso de eliminación, depuración y expulsión definitiva de las flotas, tuvieron como objetivo, la selección de hombres que se acomodaran a los propósitos o intereses del régimen cubano para lograr tener entre las filas de tripulantes a hombres de su entera confianza. No puedo señalar con exactitud sus primeras fechas de aplicación, pero imagino hayan existido desde el primer minuto en que los pocos buques mercantes de la época anterior al 59 pasaran a manos del gobierno. Se realizaron purgas individuales y colectivas que tomaban como termómetro evaluativo la identificación política del individuo, sus inclinaciones sexuales y afiliación religiosa. Existió una purga muy silenciosa y tal vez la más severa o difícil de vencer, me refiero a la realizada por la Seguridad del Estado, enmascarada con el nombrecito de “Carnet de Mar”. Documento que nunca existió entre todos los que debíamos portar y que tampoco nos entregaran, esa investigación era mucho mas severa con los hombres que no militaban en nada y podía tomar meses tener una respuesta de aceptación o rechazo a las pretensiones de ingresar en la flota. La suerte de los hombres dependía mucho de las informaciones que ofrecieran los CDR, y si por casualidades de la vida, no les resultabas agradable, aunque fueras un joven laborioso, una acusación de ellos era suficiente razón para quedar fuera de juego.

Yo conocí de cerca las primeras purgas realizadas una vez ingresado en la Empresa de Navegacion Mambisa, fueron muy severas y practicadas por jóvenes verdaderamente extremistas durante el periodo de tiempo que nos mantuvieron en la agricultura. Regreso hasta el año 1967 y me uno al grupo conocido como “Los Marinos Embajadores”, casi todos desmovilizados del primer llamado del SMO (Servicio Militar Obligatorio). Este grupo que inicialmente contaba con algo mas de doscientos aspirantes a marinos, fue la primera y mayor incorporación masiva de jóvenes a Navegacion Mambisa. ¡Por supuesto! Con ellos se integraron la mayor cantidad de chivatos a la flota en esas fechas. Esa experiencia fue repetida a principios de los años setenta con la incorporación de aquellos muchachos de origen campesino conocidos como “Los Plataneros”.

En el grupo de los “Marinos Embajadores” no era tan numeroso el grupo de chivatos, debe tenerse en cuenta que el partido comunista fue fundado en 1965 y la UJC un poco antes, sus exigencias para integrarse a sus filas eran extremadamente rigurosas. Sin embargo, de aquellos pocos, existió un equipo verdaderamente letal que, arrancó tantas cabezas en el camino, logrando diezmar al grupo hasta reducirlo a menos de cien un año después de nuestro ingreso. El equipo final de estos extremistas estuvo encabezado por un flaco horroroso de apellido Taquechel y secundado por otros personajes como Navarrete, Luaces y otros que no recuerdo, solo me llegan a la memoria los mas famosos. Uno que otro pudo ser neutralizado una vez a bordo por la pacotilla o el régimen de vida en los barcos, no lo puedo asegurar, pero hicieron muchísimo daño y destruyeron los sueños de buenos jóvenes. Recuerdo a muchachos que fueron expulsados por simplezas que ellos consideraron “desviaciones ideológicas”. Durante ese periplo agrícola que duró un año, estuvimos desarrollando tareas de guajiros en el pueblo de Palos, las Chiverías (cuidando cabras que el comandante había comprado en Canadá), la finca La Rosita, situada en los alrededores de Güines y por último en Santiago de las Vegas separados en dos albergues. El nuestro fue “El Montecito”, allí permanecimos durante todo el “Cordón de La Habana”. Las purgas fueron una constante y donde único existió reposo fue en la chivería. En La Rosita fue expulsado un muchacho porque le gustaba estar peinado y gastaba mucho tiempo frente al espejo, su delito fue considerado “desviación ideológica”. Fueron cayendo por razones tan absurdas como ser presumido y gustar vestir bien, hablar mucho de música extranjera, etc. El peor de todos los delitos era proyectarse como “indiferente”, no manifestarse a favor de la revolución, no asistir a las concentraciones, no participar con entusiasmo en la emulación, círculos de estudios, etc. Mucho daño que hicieron esos hijos de putas a decenas de jóvenes cargados de sueños, y al final, Taquechel fue expulsado de la marina por cleptómano.

La mayor purga colectiva que me viene a la memoria se produjo en contra de numerosos viejos marinos, aquellos verdaderos lobos de mar fueron quienes nos enseñaron y adiestraron como nadie en esta peligrosa profesión de marinos. Chocar de frente contra toda la jarcia, cuarteles para cerrar entrepuentes y bodegas, colgarse en una guindola por las amuras de esos viejos buques de vapor o subir hasta la cruceta de sus mástiles, no hubiera sido posible sin las enseñanzas y consejos de esos viejos marinos. Los expulsaron a casi todos por cometer un solo delito, haber pertenecido a la marina mercante antes de 1959 y disfrutar de privilegios que lograron con sus justas demandas, como lo fueron las horas extras pesadas, dietas, buena alimentación, antigüedad, etc. Una vez ellos afuera, todos aquellos logros alcanzados por esa vieja generación fueron lanzada al inodoro. Lo peor de todo, nuestra presencia a bordo de los buques fue usada para justificar esas injusticias. Lo cierto es que, una vez convertido en Primer Oficial, me hubiera gustado tener entre mis subordinados a esos verdaderos marinos, gente que amaba al mar y a sus barcos. Solo sobrevivieron unos pocos, poquísimos.

Después de esa purga colectiva, la limpieza no dejó de funcionar un solo segundo de nuestras existencias. A la calle irían homosexuales, no era necesario que fueran sorprendidos en pleno acto con sus parejas, la sola sospecha de que lo fueran por sus gestos, hablado, andar, gustos, etc., fue suficiente razón para que fueran separados de la flota. Vivíamos dentro de una revolución machista que le exigía a sus miembros o propiedades que fueran machos alfa. Paralela a esa cacería por inclinaciones sexuales, cayeron durante la marcha algunos por sus prácticas religiosas. No me acuerdo ahora del nombre de aquel negro oficial de cubierta que fuera condenado al encontrársele un resguardo de santería. No pueden imaginar el pánico sentido por el negro enfermero de la motonave “Otto Parellada”, cuando una camarotera le escondió su resguardo mientras limpiaba su camarote. El hombre acudió en mi ayuda muy asustado y por fortuna, aquella mujer me lo había entregado, no lo hizo para perjudicarlo, solo para joderlo un poco. Por el camino fueron quedando muchos por diferentes razones, solo bastaba una simple denuncia o chivatazo, no era necesario demostrar si era cierta o falsa la acusación que se te hacía. Siempre eras culpable hasta que no se demostrara lo contrario y demostrarlo resultaba imposible en un terreno dominado por el secretismo y sus procesos inquisitorios.

Estas purgas dominaron con todo su rigor el ambiente de la Empresa de Navegacion Mambisa y luego se extendió a la Empresa de Navegacion Caribe. Imagino haya pasado a la flota de cabotaje, cuando contaron con naves que realizaban viajes cortos a países cercanos. Una práctica muy usual de tiempos anteriores era transferir a marinos de Mambisa a Caribe en calidad de castigados, pero nunca se lo decían al perjudicado. Esa práctica de omitir o esconder a los autores de las acusaciones al mejor estilo de la Santa Inquisición, se mantuvo hasta el final de mis días en la isla. Muy simple, te jodían la vida y nunca sabias quien o quienes habían sido. Tal vez fue uno de los que en apariencias mantenía buenas relaciones contigo y levantaba la mano para condenarte en una de las reuniones del Partido. Esa gracia de condenar a la gente de esa manera, sin dar la cara como hacen los verdaderos hombres, le costó la vida al secretario del partido del buque “N'Gola” en Luanda. Carlos Collazo fue ejecutado de dos balazos por el maquinista Freixas, luego de agotar todos los recursos para que se reunieran con él. Nada cambió durante todos esos años, lo veremos al final de este trabajo contado por una de sus víctimas.


En el día de ayer 2 de Mayo del 2021, recibí en el grupo de marinos que administro en Facebook llamado “Graduados de las Academias Navales de Cuba, Marinos todos y Amigos del Mar”, una acusación sobre una purga llevada a cabo en el año 1979. Esa operación de limpieza se extendió también a la Empresa de Navegacion Caribe y no puedo asegurar o manifestar que sucediera lo mismo en la Flota Cubana de Pesca. En este último caso, no podían ser tan exigentes por una razón muy importante, no todo el mundo estaba tan loco para lanzarse a la aventura de aquellas extensas campañas de pesca que, se extendían a un mínimo de seis meses en condiciones de vida precarias o difíciles de soportar. En esta denuncia realizada por la señora María Teresa Montiel-Hurtado, esposa del Primer Oficial Ángel Hurtado, quien en esos instantes se encontraba pasando el Curso para Capitán en la Academia Naval del Mariel, ella menciona algunos nombres que me son familiares. Un poco más debajo de su denuncia, nos deja una nota una de las victimas de aquel acto de limpieza, me refiero a Héctor Oviedo, hombre que ingresó conmigo en Navegacion Mambisa en el año 1967 a través del grupo “Marinos Embajadores”. Una vez leída su nota no dude en llamarlo para preguntarle como habían sucedido esos desagradables hechos. Sin más, los dejo primero con la denuncia realizada por la señora María Teresa Montiel-Hurtado y continuaré con la conversación mantenida con Oviedo.

 

…María Teresa Montiel-Hurtado

Capitán Esteban Casañas, aquí va lo prometido:

Los hechos acaecidos en 1979 fue algo bochornoso en nuestra marina mercante cubana.

Fue el 28 0 29 de diciembre, no recuerdo con exactitud, cuando a un grupo de capitanes, oficiales y jefes de máquina de diferentes rangos, fueron citados a una reunión urgente en la Empresa para la mañana siguiente.

Dicha reunión estaba presidida por los organismos políticos, sindicato y administración, así como el aparato de la Seguridad del Estado de ambas empresas. Se les comunicó que iban a ser separados de la marina mercante por la resolución 394 del Ministro de Transporte Guillermo García. Allí se les dice que no eran confiables al sistema político, por no ser militantes del P.C.C ni U.J.C. Además, Inmigración les anulaba su pasaporte de marino, así de simple fueron echados a la calle sin derecho a nada, algo muy característico de los sistemas socialistas y comunistas.

Mi esposo era en esos momentos Primer Oficial y estaba terminando su curso de Capitán en la Academia Naval del Mariel. Había terminado sus dos últimas asignaturas del curso (Inglés y Derecho Internacional Marítimo). Nos encontrábamos de vacaciones cuando fue citado a dicha reunión.

Nadie pensó, por supuesto, en la suerte de las familias de esos hombres que fueron echados a la calle sin ningún tipo de remordimiento. Expulsión realizada sin pagarles sus salarios, sus días francos, sus vacaciones atrasadas. En fin, botados como si fueran perros.

 

A continuación, te nombro un grupo de aquellos compañeros:

Capitanes

José Aguado Morejón.

Frei L. Guerras Drigg.

Esteban Macias.

Balbino Ballester.

Rafael R. Montenegro.

Miguel A Diaz Blanco

Oscar Pérez Cruz

Ángel Hurtado. (mi esposo)

 

JEFES DE MÁQUINAS

Orlando Jiménez.

Flabio Cantero.

Faustino Peña.

Pelayo.

Tony Jiménez Aranguren.

 

OFICIALES

Ulises Alcover.

José Antonio García

Peña.

 

SOBRECARGOS

Manuel Pereira.

Héctor Oviedo.

 

MECÁNICO

Aníbal Sosa

 

Y otros muchos más que mi esposo no recuerda porque hace 41 años y nadie ha hablado. Creo que vale la pena sacarlo a la luz para que aquella generación de los 90 conozca todo lo acaecido en esa fecha. Entre Mambisa, Caribe y la Pesca, fueron botados cientos de compañeros.

Hoy, la Marina Mercante Cubana a desaparecido, fue grande pero el mismo sistema la destruyó, ya de ella no queda nada. Mas adelante te contaré más de estos hechos. Dándole las gracias por escucharme y sabiendo de su publicación, siento saldada la deuda con mi esposo y sus compañeros. Mucho más por aquellos que, lastimosamente se fueron sin ver salir a la luz la injusticia cometida en contra de ellos. Gracias una vez más…

 

-Imagino seas el mismo Héctor Oviedo que pasó por Palos, La Chivería, La Rosita y por último en El Montecito cuando nos pasamos un año en la agricultura. Fueron las palabras de introducción para confirmar que se trataba de la misma persona.

-¡Claro, compadre! El mismo que compartió contigo aquella terrible aventura.

-Oviedo, muchas veces prefiero no acordarme de esos tiempos. Mira que destruyeron sueños aquella pandilla de hijos de putas dirigidos por Taquechel, secundado por Navarrete, Luaces y otros cabrones que ahora no recuerdo.

-Mi hermano, es imposible olvidar todos aquellos atropellos, abusos y hasta humillaciones soportadas para poder lograr nuestros sueños.


Debo hacer una pausa antes de continuar, serán muchos los que no conocieron a Héctor Oviedo, permítanme presentárselos. Es un negro suigéneris, muy especial, diría yo. Es un hombre desmarcado totalmente de la media barriobajera de nuestra Habana, muy educado al hablar en aquellos tiempos juveniles, pausado al hacerlo y en un tono o volumen incapaz de herir nuestros sentidos. No recuerdo exactamente si en aquellas fechas pertenecía a la UJC, y si lo fue, era de esa ala soñadora de nuestra juventud, la que cayó fulminada ante los cantos de sirena y se entregó en cuerpo y alma a la construcción de una sociedad o país mejor, no la mierda que existe actualmente. Muy trabajador y un hombre demasiado reservado para esos tiempos de congas y pachangas revolucionarias. En este aspecto, Héctor se distinguía de la mayoría de los jóvenes de nuestra época. Es muy probable que hoy se nieguen o renuncien a reconocerlo, pero la realidad es que nos envolvieron y se trate en términos generales de la generación mas traicionada nacida en nuestra tierra. Siempre lo miré con simpatías por su respeto y trato con los demás, era simplemente un negro de “salir”, como tantos otros que formaron parte de nuestra flota y he mencionado en otros trabajos. Creo que comenzó a navegar como engrasador, si la memoria no me traiciona. Luego perdimos contactos por muchos años, que pueden estar por los cuarenta de ellos y hoy lo encuentro entre las víctimas de aquel injusto atropello.

 

-Hoy dejaron en el grupo un comentario referente al caso de ustedes y me gustaría hacerte algunas preguntas sobre ese tema que no domino y del que, hasta hoy, tenía gran desconocimiento.

-Yo pasé por el grupo y dejé un pequeño comentario, nunca se había mencionado nada sobre esto y no creo que nos ofrezcan la disculpa que merecemos. Me parece que de muy poco pueda servir a estas alturas, porque muchos de aquellos hombres han muerto, pero es muy justo y oportuno que salga a la luz.

-Oviedo, ¿por cuál razón fue que te separaron realmente de la flota?

-Yo no lo sé, nadie lo sabe a ciencia cierta, nunca nos dieron una explicación.

-Terrible, esos siempre han sido los métodos que ellos han utilizado, te sancionan y luego no te dan la cara. ¿Realizaron alguna apelación?

-¡Mira! El Capitán Esteban Macias, su Primer Oficial a quien todos conocían por Pepe, de quien ahora no recuerdo su nombre y yo, decidimos apelar a todas las instancias existentes y comenzamos por el Partido de la Empresa. Allí no nos dieron explicación alguna y nos remitieron al municipio, donde por toda explicación nos informaron que ellos no tenían nada sobre nuestro caso. Decidimos continuar esta cruzada y fuimos hasta el provincial del Partido con resultados similares, la respuesta fue la misma. Solo nos quedaba el Comité Central y hacia ellos enfilamos nuestros pasos, tampoco tenían respuesta para nuestro caso y nos remitieron para la Comisión de Control y Revisión del Comité Central, presidida en aquellas fechas por el Comandante Juan Almeida. Allí nos dieron una cita para regresar en una fecha determinada y cuando lo hicimos, no puedes imaginar cual sería la respuesta. Nos las entregaron por escrito y en la misma decía que nuestro caso no seria revisado porque se trataba de un “problema de Estado”. O sea. No teníamos escapatoria, ni otro lugar al que apelar. Nos largaron con una patada en el fondillo a la calle y nadie nos explicó las razones de esa horrible medida contra nosotros, después de gastar parte de nuestras vidas al servicio de la flota y el país.

-Imagino como deban haberse sentido cada uno de ustedes ante esa injusticia. ¿Qué paso después?

-Teníamos que vivir y familias por mantener. Nos dedicamos a vender cerveza en la playa de Guanabo hasta un día.

-¿Les prohibieron eso también?

-¡No! El asunto fue que el Capitán Macias, el Primer Oficial Pepe y creo que un enfermero amigo de ellos, se largaron un día en una balsa para los Estados Unidos y llegaron. Yo no quise arriesgarme en esa aventura y después de aquello me dediqué a trabajar en gastronomía. Luego conseguí otro empleo en la construcción donde ganaría mejor salario y creo que aquel cambio llegó acompañado de otra desgracia. Uno de esos días soy citado por la Seguridad del Estado y me detienen en una de sus dependencias. Dicen que habían realizado un sabotaje en el edificio donde estaba trabajando y sin prueba alguna me llevaron a prisión donde cumplí tres años.

Yo lo escuchaba y no podía creer todo lo que me decía, me resultaba imposible pensar el final que tuvo aquel joven negro ejemplar con el que compartiera un año en la agricultura en 1967. Posiblemente el pensará lo mismo de mí, ambos fuimos parte de una generación soñadora a la que mintieron y traicionaron. Nunca imaginaríamos en aquellas fechas que, el final de nuestras vidas las pasaríamos desterrados en diferentes países.

De poco puede servir hoy cualquier disculpa que les ofrezcan a esos hombres, muchos de ellos han muerto sin ver el triste final de toda esta comedia aun inconclusa. Sin embargo, de mucho servirá para los que están vivos y los familiares de los fallecidos, el sincero y merecido homenaje que podamos darles a esos hombres que compartieron con nosotros la dura desventura sufrida por los marinos cubanos. Solo nos queda decirles; ¡Hermanos, ustedes nunca dejaron de ser marinos! Hoy y siempre estarán enrolados en nuestras naves hasta que nos volvamos a encontrar en el Reino de Neptuno. Una pitada larga y el pabellón a media asta por nuestros muertos.

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2021-05-03

 

xxxxxxxxxxx


TESTIMONIO DEL CAPITAN FREIS GUERRA DRIGGS.


Este comentario fue dejado por mi amigo el Capitán Freis Guerra (Una de las victimas que aparece en la lista) en la pagina "Faro de Recalada" y lo comparto sin su permiso debido a la importancia de su testimonio, que también agregare al contenido del articulo en cuestión........ 


Muchas gracias a la estimada esposa de mi amigo y co de profesión Ángel Hurtado por romper el silencio después de 41 años de aquella injusticia por la cual fuimos arrojados a la calle sin ningún tipo de consideración hacia nuestras familias pues el que les habla tenía dos pequeñas hijas que mantener y a mi querida esposa yo y mi querido y estimado vecino y jefe de Máquinas Tony Jiménez Aranguren (QEPD) nos movimos y acudimos a todas las instancias gubernamentales habidos por haber y todos nos daban las espaldas incluso fui haber al Director de Navegación Caribe El Capitan Arnoldo Menéndez Tomasevich(QEPD) y el cual se lavo las manos como Poncio Pilatos y me abandono a mi suerte dándome excusas y diciéndome que no podía hacer nada por mi , incluso fui hasta la Seguridad del Estado en la Villa Marista y el oficial que me atendió me dijo que yo no tenía nada en mi contra en mi expediente y me remitió a mi Empresa en fin nadie me aclaraba mi situación y como último recurso fui a ver al comandante llamado “ El Gallego Fernández” pues mi querido Abuelo Fernando Driggs Acosta fue muchos años Coronel de las Fuerzas Armadas y un gran matematico y profesor de Artillería en la Escuela de cadetes de Managua y la Academia Naval del Mariel y fue profesor de Artillería del comandante Gallego Fernandez le planteé mi situación y me dijo que esperara su respuesta el día siguiente , pue recibí la llamada y uno de sus ayudantes me dijo que no podían hacer nada por mi y ahí me di cuenta que tenía que abandonar el pais de una manera o otra y pensar como podía mantener a mi flia y gracias a dios me encontré con una excelente persona que yo conocía pues en aquellos tiempos estaba al mando de la sección de seguros y reclamaciones marítimas en mi Enpresa y tenía contacto con el Director del Lloyd de Londres en Cuba el señor Simón y el arriesgándoselo me daba trabajos en barcos extranjeros en el interior de la Republica en ese tiempo uno de sus surveyors era mi primo Jefe de Máquinas y graduado de la academia Naval del Mariel Rodolfo Vélez Driggs y los dos juntos hacíamos trabajos para el Lloyd de Londres yo no podía presentarme en nuestros barcos pues había una lista con mi nombre y de otros de mis co . Marinos en los portalones prohibiendo nuestra presencia . 

Gracias a Dios pude mantener a mi flia hasta que se presentó la oportunidad de buscar la libertad para mi y mi flia en el exilio honroso cuando se presentó lo de la embajada del peru y el puente del Mariel me puse en contacto con mi querida hermana en el exilio le expliqué mi situación y ella sin pensarlo dos veces me mando a buscar con un camaronero y de esa forma pude escapar de la tiranía Castro comunista y buscar la libertad que me fue denegada en el país que me vio nacer. Estoy y estaré eternamente agradecido a los Estados Unidos de America de haberme acogido como un hijo mas y darme la oportunidad a mi y mi familia de empezar una nueva vida con el trabajo y sudor de nuestras frentes de una manera honrada y lo más importante con “ LIBERTAD” y “ DEMOCRACIA”. 

Freis Guerra Driggs. Capitán. Marina Mercante. 🙏⚓️🇨🇺🇺🇸⚓️🧑‍✈️🙏


xxxxxxxxxxxx


domingo, 18 de abril de 2021

TODOS A BORDO, EL BUQUE SE HACE A LA MAR.


TODOS A BORDO, EL BUQUE SE HACE A LA MAR.


Letra P del código internacional de señales marítimas 

Fonía: PAPA (papá)  Morse: . _ _ . 

Significado: Letra: P

Fonética: PAPA (papá) 

Morse: · _ _ ·

Significado: En puerto. Todo el personal debe regresar a bordo por tener el buque que hacerse a la mar. En la  mar para pesqueros: Mis redes se han enganchado.

 

 

Corrían tiempos de profundo romanticismos en nuestra profesión, el sol continuaba saliendo cada mañana, mientras que las estrellas y planetas se mostraban en el cielo cuando las aves se posaban a dormir. La luna era atractiva para unos pocos de los nuestros, preferían dejarla al poeta trasnochado o al inquieto enamorado, pero se mantenía allí para resolver nuestras urgencias a pesar de su retardo. Luego nos quedamos sin ellos, fueron sacrificados por los satélites.

Las comunicaciones entre nosotros eran más humanas y nos exigían un poco de destreza. Nuestros buques no poseían equipos de VHF, no lo tenía el mismísimo puesto de mando de Navegacion Mambisa y sus comunicaciones con los barcos era mediante mensajeros. ¿Qué contarle de las odiseas a bordo de nuestros barcos? Hoy serán motivos de carcajadas todos aquellos gritos que se atropellaban entre la proa y el puente cuando se cruzaban en el camino. Gritaba el Capitán usando un megáfono; ¡Fondo el ancla de estribor! Y el oficial de la maniobra no lo comprendía porque la orden llegaba borrosa por culpa del viento o el motor de algún remolcador. Y se repetía la pregunta una y otra vez hasta que el polvo rojo del molinete era el mejor testigo de que se había cumplido la orden. Lo mismo sucedía cuando el Capitán se viraba a la popa, creo que era algo peor. Estaban los ruidos de la maquina principal, los generadores, las gaviotas, el remolcador y los extractores de la cocina. Y las maniobras salían bien a pesar de tantos contratiempos y aquellas estachas de henequén que pesaban toneladas cuando se mojaban o congelaban.

Después aparecieron los barcos a los que se les instalaba una bocinita en proa y popa. ¡Que adelanto! Nos estábamos modernizando, y el Capitán con un micrófono en la mano dando órdenes, y el cable regado por todo el puente, cruzando de babor a estribor o viceversa. ¡Que adelanto! ¡Viva la modernidad! Y los oficiales respondiendo cada orden por la misma bocinita sin poder alejarse mucho de ella o apelando a los gritos o potencia de su voz. ¡Que adelanto!

Fueron apareciendo los equipos de VHF y nos poníamos en sintonía con el mundo. No porque así lo quisiéramos, nos obligaron en muchos puertos. Recuerdo que al buque “Jiguaní” se lo instalaron en Montreal para poder entrar a los Grandes Lagos, ya andábamos por el año 1970. Olvídense de los Walky-Talky, si existían en esas fechas no nos habíamos enterados, nos sentíamos más cómodos con la bocinita, era mucho más barato y no nos veíamos en la tragedia de casi suplicar que les compraran baterías, la modernidad trae también sus calamidades.

En fin y a lo que iba, aquellos magníficos oficiales de esa época tan romántica y de corta duración en nuestra flota, recibían en sus estudios una asignatura llamada “Comunicaciones”. Dentro de su contenido se contemplaban las banderas del CIS (Código Internacional de Señales), les enseñaban el código Morse, señales lumínicas, señales a brazos con banderas, el lenguaje internacional para ser usado por radiofonía, etc. Entonces, ¿Cómo avisarle a su gente sobre la partida del barco u otra contingencia? Muy sencillo, se valían de las señales visuales y sonoras. ¡Es que sabían hacerlo!

Yo recuerdo que nos manteníamos en la Alameda de Paula con nuestras familias hasta que veíamos izar la “P”, había llegado el momento del último beso o abrazo. Si ya había oscurecido, nos hacíamos los tontos o el buque estaba atracado en un muelle donde no era visto desde la calle, además de la bandera se emitía un aviso sonoro al que ya estábamos acostumbrados. Con el Tifón del buque y usando el código Morse, el oficial de guardia lo activaba emitiendo cuatro pitadas consistentes en puntos y rayas. En ese caso era la “P” . _ _ . y pudieran decir que reaccionábamos por un reflejo condicionado cuando no es así. Durante el curso de timonel que recibí en el año 1968 en la Empresa de Navegacion Mambisa, además de todos los nudos y costuras comprendidos en los Trabajos de Recorrida, nos impartieron clases sobre esas banderas y señales usadas por los barcos. Si no hubiera sido así, los más viejos, aquellos piratas que nos antecedieron en esta penosa carrera se encargaron de enseñarnos.

Esa disciplina, profesionalidad y romanticismo de nuestra gente en esta adorable profesión, se fue yendo poco a poco a las sentinas de cada nave, por no decir que a la mierda. Se fueron borrando usos y costumbres, tradiciones muy marineras y hasta aquellas numerosas despedidas que se producían antes de cada partida. Ya no se izaba la “P” ni se escuchaban las cuatro pitadas para llamarnos a bordo, todo era borrado con el uso de medidas arbitrarias y abuso de poder. La salida del buque se anunciaba con muchas horas de antelación en la pizarrita existente en el portalón, se hacia con tanto tiempo e inseguridad que, mantener a la familia esperando por aquella salida resultaba un sacrificio insoportable. Recuerdo que en mi última salida de la isla el Capitán Humberto Vázquez puso la salida de la nave para el mediodía y salimos en la madrugada del siguiente día, nadie protestaba ante esos atropellos, menos aún quien no fuera militante.

El malecón se fue vaciando poco a poco de nuestra familia y aquella pitada larga de despedida perdió su fragancia, el enojo se imponía ante la alegría del nuevo desafío o aventura. Una pitada que retumbaba en las fachadas de una ciudad carcomida y apestosa, indiferente para el infeliz pescador, cuyas esperanzas viajaban desde sus dedos hasta el fondo de un canal contaminado como sus propias vidas.







Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2021-04 18

 

xxxxxxxxxx

 

jueves, 15 de abril de 2021

UNA PITADA LARGA


UNA PITADA LARGA


 

Para ustedes no significaba mucho, solo eso, un sonido de barítono o bajo estremecedor que hacia temblar los cimientos de una ciudad que moría poco a poco. Tuvo que haber molestado a muchos en horas de la madrugada, al que descansaba después de una jornada de trabajo o colas agotadora y luchaba por lograr ese sueño tan necesario en una batalla interminable contra el calor y los mosquitos.

Para nosotros aquella pitada siempre tuvo sentido, era una señal comprendida en nuestro código de comunicación sonora. Una pitada larga significaba; “No me corte usted la proa”. Una pitada corta; “Estoy cayendo a estribor”. Dos pitadas cortas; “Estoy cayendo a babor”. Tres pitadas cortas; “Mis máquinas están dando atrás” y por último, cuatro o más pitadas cortas; “No comprendo su maniobra”. Para nosotros tenían una significación especial de acuerdo con el momento de su uso.

Si arribábamos del exterior, aquella pitada era la culminación de un viaje, largo o corto, preñado casi siempre, luego siempre, de innumerables sacrificios, peligros, penas, hambre, insomnio, sustos, contrabando, y por qué, ¿no?, placeres entre los pocos que sabíamos o teníamos la capacidad de transformar el dolor en algo dulce de roer.

Aquella pitada de llegada se extendía más allá del tiempo para el que fuera humanamente concebido, solo segundos. La primera se producía cuando franqueábamos la línea que une al Castillo de San Salvador de la Punta con el Morro de La Habana. Llegábamos a casa y la saludábamos, la teníamos al alcance de nuestras manos. Vencíamos de esa manera todo el tiempo esperando al Práctico a dos o tres millas del faro, esperando, siempre esperando, amaestrados para esperar, acostumbrados a esa espera por lo que muchas veces no llega. Enfilados con la fosforera eterna de la refinería en el centro del canal, aquella estremecedora pitada alborotaba a los niños que nos esperaban acompañados por sus madres, las novias que tal vez llegaron de otras provincias, las madres, hermanos y algunos amigos. Autos y guaguas se detenían a nuestro paso, vehículos que iban disminuyendo en la medida que avanzaba el tiempo o el cansancio. La alegría era compartida, los niños corrían a la par del barco y gritaban el nombre de sus padres, algunas mujeres también lo hacían. Viajaban nombres en esa franja de agua que los separaban y se apagaba en la medida que el barco los vencía en aquella corta carrera.

-¡Vamos a fondear! ¡Vamos para el muelle Margarito Iglesias! ¡Vamos para el Sierra Maestra número 3 Sur! Se gritaba desde el buque o simplemente les informaban desde el puente con el uso de un megáfono. Detenían la carrera y comenzaban a caminar lentamente. Se preparaban para esperar, hacerlo bajo un implacable sol o lluvia, con frio o calor, con hambre donde no aliviarla, sin un banco donde sentarse. Aquella eterna espera podía extenderse por tres, cuatro, cinco horas y hasta más. Todo dependía de las entradas producidas antes de nuestra arribada y se complicaba si el barco anterior había tenido problemas durante el sondeo.

La segunda pitada larga se escuchaba unos cien metros antes de arribar al Castillo de la Real Fuerza de La Habana, allí se concentraba otro grupo numeroso de familiares que se separaban de los pasajeros o curiosos siempre presentes en el muelle de Caballería. Se repetía la escena anterior, gritos de nombres, apodos, motes, palabras de cariño y una muy corta carrera. Se repetía la misma información sobre el destino de la nave. Solo una vez, uno de aquellos gritos casi desesperado se respondió con un silencio total de ambas partes, como si todos lo supieran, como si fueran cómplices.

-¡Blanquitaaaaaaaaaaaaa! ¡Blanquitaaaaaaaaaa! ¡Blanquitaaaaaaaaaa! Nadie respondió y creo que ella se escondió dentro de la superestructura. Miedo, intriga, conspiración, traición, secretos guardados a voces, silencio total. Quien gritaba era el esposo de Blanquita, un tonto fosforescente que permitió a su mujer salir a navegar dentro de una jaula repleta de leones. Ella estaba quimbando con Blanquito y ese día no bajaron a tierra, ya lo he contado en otro escrito.

Después de ese punto, donde la fantasía y los sueños por llegar a tu tierra chocaban de frente con la realidad, solo quedaba tener mucha paciencia y esperar. Nuestros pulmones comenzaban a experimentar ese choque violento entre el aire puro del mar y la fetidez de una bahía muerta. lanzábamos el ancla o los cabos sorteando todos los obstáculos que representaban aquellas naves abarrotadas dentro de una pequeña bolsa de agua contaminada, donde hacia tiempo no saltaban los sábalos detrás de las sardinas o amarizaban algo cansadas las gaviotas. Una que otra lancha disputaba los espacios disponibles para maniobrar hacia sus destinos y nosotros, como termómetros humanos, nos disponíamos a salir cuando otro quisiera para medir la temperatura de la destrucción experimentada durante nuestras ausencias.

Si el Práctico embarcaba acompañado de otro individuo de rostro seco y misterioso, sabíamos que esa espera consumiría largas horas durante un angustioso sondeo donde siempre buscaban algo. Solo quedaban unos minutos para esconder los pequeños tesoros ilegales olvidados por su dimensión, luego llegaría un pelotón de hombres metálicos y fríos como los perros que los acompañaban. Aquella tierra tenia la facilidad de transformar la felicidad y alegría en angustia en pocas horas, Nada cambiaba y si lo hacía, era para empeorar nuestras existencias. De madrugada nuestras arribadas eran mas silenciosas y las pitadas mucho mas cortas, pocos eran los gritos que cruzaban el canal y la gente que corría, la espera era también más silenciosa.

 

-¡Vamos a soplar máquina, pon también aire para el Pito! Realmente le llamábamos “Tifón” y en los buques antiguos se accionaban con aire o vapor. Los barcos modernos disponían de un pequeño compresor de aire que se accionaba desde el puente. Cuando esas palabras se cruzaban entre el puente y el departamento de máquinas, nos encontrábamos en la antesala de una partida inminente. Todos los lazos que te unían a tierra se rompian cuando desde la popa te decían; ¡Libre la propela!

Los estados de ánimo eran totalmente diferentes, caras nuevas se incluyeron en la lista de enrolos y estabas obligado a hablar poco, conocerlos. La plata pudo haberse agotado de la misma manera que lo hizo la paciencia y ese deseo por abandonar la tierra a la que llegaste preñado de felicidad, podía estar al borde de la desesperación. Nunca soporté o toleré estar en la isla mas de un mes. El mismo discurso aburre, los ojos que te vigilan con esa curiosidad revolucionaria, cansa. La envidia del que vive peor y no sueña vivir un día como tú, solo desea verte tan jodido como él, como si sus miserias fueran un privilegio, mérito revolucionario. La gente era cada día mas estúpida, corrupta, ciega, sorda, miserable y creyente hasta la estupidez de esa palabrita mágica, futuro.

Una pitada larga de despedida con menos longitud y diferente sentido. Una sola cuando se viajaba por el centro del canal entre ambos puntos mencionados. Nadie corría paralelo al barco, nadie gritaba, poco importaba la hora, tampoco lo que significaba esa partida, tal vez la última. Nos despedíamos de una tierra viciada, sucia, nauseabunda, hipócrita, puta y chivata, que movía el culo al compás de los discursos o consignas. Sin embargo, solo un tiempo atrás fue algo diferente. Jóvenes alegres y entusiastas tripularon una vez nuestras naves, soñadores de corta edad que hoy han muerto sin ver el final de aquel sueño. Los que no murieron agonizan desde hace años dentro de ese mar de estiércol donde viven o, muriendo de a poco, agobiados por sus recuerdos, como yo, a cientos o miles de millas del Morro.

La juventud es así, noble, ingenua, alegre, soñadora, incansable, fácil de manipular, ciega a veces, incapaz de identificar donde se esconde un peligro o emboscada. Éramos una juventud muy laboriosa antes de contagiarnos o envenenarnos contra nuestros amigos, vecinos, familiares. La pitada era muy corta de madrugada cuando partíamos, pero nunca despreciamos los últimos segundos de aquel humano contacto con aquella tierra enferma para reírnos. Nos preparábamos con tiempo antes de llegar a la fortaleza de la Punta, cargábamos linternas y los oficiales más jodedores, desde el puente, tenían lista una potente lampara Aldis. Sabíamos que los sorprenderíamos, eso nunca fallaba.

-¡Dale a templar a una posada, hijo de puta! ¡Sácasela, maricón! ¡Ese no es un sitio para estar templando! Aquellos gritos llegaban a la misma velocidad de la luz que los delataban y las respuestas no se hacían esperar. Algunos de ellos se subían al muro y mostraban su pito parado.

-¡Marineros, tarrúos! ¡Ahora voy a templarme a tu mujer!

-¡No puedes hacerlo hijo de puta, ella es tu madre!

-¡Marineros, maricones, agarren! Una que otra muchacha se subía al muro y se levantaba la saya.

-¡Putaaaaaa!

-¡Maricones! Todos reíamos, nosotros y ellos, no había tiempo para más. Nos desquitábamos un poco de las calamidades vividas en nuestra estadía, pero un poco mas tarde todo eso desapareció y nos fuimos convirtiendo en enemigos, desapareció aquella juvenil alegría.

-¡Todo a estribor! Ordenaba el Capitán una vez vencido el Morro. ¡Contramaestre, ponga el buque a son de mar.

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2021-04-15

 

 

xxxxxxxxx

 

miércoles, 24 de marzo de 2021

MOTONAVE “BAHÍA DE CIENFUEGOS”, UN PEDAZO DE SU HISTORIA EN FOTOS.

MOTONAVE “BAHÍA DE CIENFUEGOS”, UN PEDAZO DE SU HISTORIA EN FOTOS.

 


Fue el “Bahía de Cienfuegos” uno de los barcos mas modernos en los que trabajé durante mi vida de marino. En él pasé muchas de las situaciones, unas veces agradables y otras no tanto, que se aferran con fuerza en tu memoria y resulta imposible olvidarlo.

x

Trabajé subordinado a diferentes capitanes como Primer Oficial; Miguel Haidar, Arquímedes Montalván y Miguel Almaral. Di dos viajes de circunnavegación por Sudáfrica y uno de los viajes mas extensos (9 meses), realizados en barcos de la marina mercante cubana. Pude cargarlo con carga general, contenedores y granos con eficiencia. En esos tiempos nos vimos obligados a enfrentarnos con galernas, huracanes y olas monstruosas. Nos asaltaron piratas en dos oportunidades, una en Rangoon-Birmania y la otra en Abidjan-Costa de Marfil.

x

Tuve como subordinados a excelentes oficiales, marinos y hombres, también a algunos de los peores que desfilaron por nuestra flota. En esa nave realicé el viaje mas divertido de toda mi vida en la flota y también el peor de todos, donde pidieron mi expulsión.

x

Como quiera que sea, aquí les dejo esta colección de fotografías que hablan de su belleza y conservo con mucho cariño.

 

x



































































Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá

2021-03-24


xxxxxxxxxxx