CAPITÀN RAIMUNDO RENÉ CALERO TORRIENTES
IN MEMORIAM.
"Motonave N’Gola”
El portalón se encontraba muy concurrido, el buque estaba cercano a su partida, pudo ocurrir al día siguiente, todo dependió del ordeño de combustible que se les realizaba a los buques surtos en el puerto habanero. Un poquito por aquí, otro poquito por allá, así nos mantenía informado el Jefe del Grupo de buques refrigerados. Yo se los había informado antes de comenzar la carga, los cálculos de estabilidad no mentían, exigían un poco más de peso en el fondo para no caer en equilibrio indiferente a solo tres días de navegación…
-¡Carga a full, ya te serviremos el combustible al final! Fue la respuesta del Jefe de Grupo ese día…
-¡Mira! Van a salir en esas condiciones y se le suministrará todo el combustible a su llegada a Canada. Me dijo el Jefe de Grupo una semana más tarde.
-¿Sabes una cosa? Tengo toda mi ropa en la maleta, este buque no se puede mover con un GM tan pequeño. Vayan buscando mi relevo urgentemente, yo no quiero ser cómplice de un crimen y menos aún deseo suicidarme. Fue toda mi respuesta.
-¡Primero, no se mueva! Vamos a mandar a un Capitán Inspector para comprobar la situación… Todo esto anda regado entre mis garabatos. Al final se rindieron cuando comprobaron que no mentía, tres días se pasaron ordeñando, como si la bahía fuera una vaquería.
…Yo me encontraba recostado a la regala de estribor cercana a la bodega Nr.3, mataba el tiempo hasta las 4 de la tarde en que llegaría el Tercer Oficial a relevarme. No había nada que hacer y todos hacían lo mismo. En el portalón se encontraba el Capitán acompañado de algunos de sus fieles sirvientes, era un tipo despreciable importado de la Flota Cubana de Pesca, nuestras relaciones se limitaban a temas laborales exclusivamente. Se acercó un Lada y estacionó muy cerca de donde me encontraba, descendió Calero y supongo que el pequeño auto se sintiera aliviado al descargar su peso. Alzó un brazo para saludar a los presentes y su mirada se detuvo en mí, me hizo una seña apenas perceptible para que bajara, los presentes no lo comprendieron. Nos saludamos con aquel familiar apretón de manos ausente desde 1977, luego y como siempre hiciera en aquel año, me puso la mano sobre el hombro y casi me obligó a girar en sentido contrario a las miradas que nos observaban, como queriendo ocultar el movimiento de nuestros labios. Comprendí enseguida que deseaba decirme algo importante y que el mensaje sería breve para evitar sospechas.
-Si me dices que sí, mañana mismo te saco pasaje para Angola, yo te lo recomiendo. Vas a estar un tiempo perdido por allá y tendrás un salario de $800 a $850 dólares mensuales. Estarás el tiempo suficiente para que se olviden de ti. ¿Qué me dices?
-¡Coño, Calero! A esta hora y con ese recado, ya han pasado más de 10 años de aquella aventura en el “N’Gola” y me siento algo viejo para repetirla. No le pregunté las razones de aquella extraña e inesperada oferta, yo la conocía. Él no quiso perder su tiempo en algo que sabía perfectamente era de mi dominio.
-Te lo repito, yo te recomiendo que te vayas, piénsalo bien esta noche y si te decides, ve mañana por mi oficina. Regresamos nuestros rostros hacia el casco del barco mientras pronunciamos palabras huecas para disimular. Otro fuerte apretón de manos y nos despedimos para siempre, ambos lo sabíamos… Calero no subió al barco, desapareció con el Lada detrás de los almacenes del puerto pesquero.
-No imaginaba que conocieras al director de la Empresa, me dijo el repugnante Capitán del buque refrigerado “Viñales” llamado Humberto Vázquez cuando subí al plato de la escala real.
-Parece que sí. Fue toda mi respuesta y lo dejé con deseos de hilvanar una conversación, desaparecí por la puerta de acceso a la superestructura.
Una vez en el camarote, mi mente comenzó a trabajar a toda velocidad, escuché con calma cada palabra pronunciada por Calero y comprendí que mi situación era bastante delicada, se confirmaba lo que me habían dicho varios tripulantes. Desde la arribada del buque se estaban realizando interrogatorios a miembros de la tripulación en la Empresa de Navegación Mambisa, no se distinguían cargos. Una pregunta fue repetida constantemente a diferentes interrogados; “¿Qué puedes informarnos del Primer Oficial?”. Yo sé que la mayoría habló, unos más que otros, convencido estoy de que nadie permaneció callado, así funcionan las cosas por allá. Mucho peor si vieron la película “El hombre de Maisinicú” y aquella frase que se hizo famosa; ¡Pínchalo, coño, pínchalo! La generación posterior ya había sido pinchada mientras dormían plácidamente dentro de su tibia placenta y las presentes nacen hechos coladores, bueno, siempre hay excepciones.
Calero había sido invitado a estar presente en algunos de aquellos interrogatorios que ocurrieron al regreso del viaje donde desertara el Capitán López Sanchez con su esposa en el puerto de Castellón de la Plana y que luego recibiera a su hija y nieta en el aeropuerto de Barajas. Toda una fuga fantástica planificada magistralmente por este viejo Lobo de Mar, quien subía diariamente al puente durante mis guardias a escuchar Radio Martí y gusanear un poco. Todo esto en las narices del secretario del partido a bordo de apellido Collejo, quien supongo fuera el autor de las delaciones. Esta fue la última vez que conversé con ese gran hombre que acaba de fallecer, Raimundo René Calero Torriente.
Me limitaré exclusivamente al tiempo que compartimos juntos a bordo de aquel magnífico buque de nombre “N’Gola”, una vez de regreso a la isla y varios años más tarde, Calero es nombrado director (Armador) de nuestra flota de travesía. Lo imagino, como es normal en ese pais, verlo rodeado de adulones, hipócritas, chivatos, extremistas, dirigenticos de mierda sin luz, capitancitos ascendidos por confiabilidad y servilismo al régimen, etc. Aunque se sintiera asqueado de compartir con todo ese lastre de cualquier sociedad, imagino su incomodidad por no poderse sacudir de ese molesto y maloliente microbio que no resisten hombres de su talla. Algunas de esas porquerías se encuentran por Miami y otras latitudes.
¿Quién fue Calero? He hablado de muchos capitanes, tanto de los buenos y mucho de los verdaderamente malos. Estoy muy seguro haberlo considerado siempre entre los mejores con los que compartí singladuras. Era una persona técnicamente muy bien preparada, excelente maniobrista, tanto, que muchas veces se desempeñó como Práctico en los puertos de Luanda y Lobito. Como Capitán fue además un líder espontáneo indiscutible y muy capaz de arrastrar masas sin necesidad de apelar a técnicas populista o a chantajes políticos o laborales, como hicieron muchos HDLGP en Cuba, algunos de los cuales se encuentran por acá. Muy bien podía ser amado, obedecido y respetado por sus principales virtudes, la modestia y humildad. Se le respetaba, no se le temía, los negros angolanos lo adoraban.
Calero fue el interventor de la compañía naviera portuguesa-angolana, no recuerdo exactamente el nombre de la misma, luego se convirtió en fundador de Angonave y un reducido grupo de oficiales cubanos tripulamos al buque “N’Gola”, única nave que realizaba viajes a Europa. Razones que justifican sus vínculos con la alta jerarquía del gobierno entre ellos con Lucio Lara y el mismísimo Agostinho Neto. Su esposa “Reina” (Creo que abogada de profesión) se desempeñaba como asesora en el Ministerio de Transporte de Angola. Vale destacar que contrario a la usanza de capitanes oportunistas, Calero optó (cuando no dudo haya sido una propuesta suya) mantener el pago a la oficialidad dispuesto por la naciente compañía naviera. La marinería recibiría unos $11.00 dólares USA diarios a partir del último puerto angolano y toda la oficialidad recibiría $15.00 dólares. La alegría nos duró hasta una hora antes de largar los cabos con destino a Argelia, embarcó un testaferro de Lusson llamado Amador del Valle para recordarnos que estábamos en “Misión Internacionalista” y que cobraríamos $1.00 dólar diario a partir de la salida de puertos angolanos hacia el extranjero. Ya deben imaginar nuestra reacción y por mucho que reclamamos ese tipo estaba sordo. Partimos en esa condición, los marineros y maestranza angolana cobrarían $11.00 dólares, los oficiales subalternos angolanos cobrarían $15.00 dólares y la oficialidad cubana $1.00 dólar. Cuando regresé de vacaciones a Cuba al año de permanecer trabajando en Angola, me hicieron firmar un contrato en Cubatécnica (radicado en el hotel Sierra Maestra) donde a partir de esa fecha el gobierno cubano cobraría $1200.00 dólares y en la práctica yo continuaría cobrando lo mismo.
Calero mantuvo algo que el HDLGP de Amador ignoraba, el botiquín que nos entregaban mensualmente, la dieta de vino diaria en las comidas y una cuota de bebidas alcohólicas más refrescos semanales. El Botiquín constaba de; jabones de baño, shampoo, máquina de afeitar y crema, cuchillas y loción para después de afeitarse, pasta dental y cepillo, desodorante, talco, perfume, pulimentos para los muebles, papel sanitario, ambientador para el camarote y jabón de lavar. Diariamente teníamos derecho a medio litro de vino en el almuerzo y otro medio litro en la comida. Mensualmente nos entregaban dos cartones de cigarros, una caja de 24 cervezas, un litro de whisky y una caja de refresco.
Otra condición que mantuvo inalterable y debemos a su alta calificación como “Gran Sibarita” lo fue; Almorzar y comer a la carta. En la mañana el camarero nos entregaba en menú y si no nos gustaba la oferta de comidas, le mandábamos una nota al cocinero con nuestras solicitudes. Además, ambos pantries (tripulantes y oficiales) se mantenían abastecidos con todo lo que pudiera saciar el hambre a cualquier hora y si las ofertas no te satisfacían, la cocina y la gambuza permanecían abiertas las 24 horas. Hasta el final de mis días en la flota cubana, nunca escuché algo similar. O sea, disfrutamos de los mismos placeres del Capitán y esas condiciones se mantuvieron durante el año y medio de permanencia en esa nave. ¿Por qué debía suprimirnos de ellas? Eso no se pagaba con su dinero y él lo sabía perfectamente, además de reconocer el abuso al que nos sometieron. ¡Ohhhhhhh! Pero luego llegó un Capitán muy patriota cuando se compró al buque SD-14 o SD-15 de nombre Hoji Ya Henda, yo estuve en la fiesta del cambio de bandera en Holanda. Pues el señor Herviti privó a su tripulación de aquellos privilegios y procedió, como muchos de los miserables que capitanearon buques cubanos y sometían a sus tripulaciones a severos castigos de austeridad o miserias, mientras llenaban sus refrigeradores de comidas y bebidas para ellos, sus queridas y hasta sus mascotas ante el silencio cobarde de quienes se llamaban militantes y hombres. Podemos asegurar entonces que Calero era un ser especial donde brillaba por su hombría y capacidad para comandar a un equipo de hombres. Claro que los conocí de su categoría, pero fueron muy pocos y a cada uno de ellos les he dedicado sus merecidas páginas.
¿Por qué Calero tuvo la intensión de salvarme? Algo, muy sintetizado, dejé caer una vez, fui muy parco, no quería perjudicarlo, ya saben cómo funciona ese régimen. La respuesta es muy simple, solo en apariencias. ¡Yo lo salvé una vez! ¡La historia es algo larga y no deseo repetirla aquí, pueden encontrarla en mi trabajo titulado “PERDIDOS EN EL MAR! Que se encuentra en el Blog “Diario de Bitácora”. Después de concluir una reparación a un costo millonario por una avería producida a la maquina principal por el comunista extremista de nombre Plácido Bosh, enrolado como Jefe de Máquinas, zarpamos cargados de regreso a Angola y a la salida de Rotterdam, un oficial inexperto, quien se encontraba de Agregado en el buque “Playa Larga” y Calero se lo solicitó al Capitán Lapido para cubrir la vacante dejada por el Oficial Portugués de nombre Amilcar, quien desertó en Ámsterdam. Pues este agregado a la salida del puerto de Rotterdam, tomó equivocadamente el segundo mapa (Carta Náutica) que continuaba a la salida y ese mapa contenía un cambio de rumbo. Como yo había preparado esa derrota y no debía observar tierra en el radar durante mi guardia, me alarmé y puse a trabajar inmediatamente el ecosonda. Llamé a Calero para decirle que estábamos perdidos y cuando me acerqué al ecosonda y observé que estaba marcando 7 brazas por debajo del casco. Él ordenó parar máquinas y que Miyares se dirigiera a la proa para fondear hasta que se determinara la posición del buque, ordenó que me dejaran solo en el puente.
Explicarles todo ese proceso que me consumió más de tres horas para saber dónde estábamos, alargaría innecesariamente este trabajo. Al final le construí una derrota cercana a la costa por donde nadie navegaría con un barco de ese porte y calado, lo hicimos con muy poca máquina avante y una profundidad máxima entre 7 y 10 brazas por debajo del casco. Me pidió que continuara en el puente con él y pude retirarme cuando finalmente nos desplazábamos por el canal de recalada al puerto de Amberes, ya eran más de las ocho de la noche y yo había entrado de guardia a las 12:00 del mediodía.
Esto bien no pudiera significar nada para quien no se ha visto en una situación similar, solo detengámonos unos minutos. Cuando comenzamos a izar el ancla para continuar viaje, venía un cable telefónico prendido en sus pezuñas, por fortuna se soltó cuando se volvió a fondear, partirlo hubiera costado millones de dólares. Eso no sucedió, como tampoco que el buque quedara varado en esas aguas tan poco profundas. ¿Se imaginan una varadura después de gastar más de un millón en una reparación por negligencia humana y de paso que se produjera contaminación de esas aguas? Calero no hubiera continuado de Capitán ni yo hubiera continuado de oficial. En esas condiciones menos que menos se convertiría en Director de la flota y eso nunca se le olvidó. O sea, su honradez era algo anormal para nuestros tiempos y geografía. Yo estoy convencido de que, al participar en aquellos interrogatorios, él sabía perfectamente que se me estaba preparando algo bien grave que me conduciría a prisión. Hubiera querido abrazarlo aquella tarde que llegó hasta el barco y darle las gracias, pero el momento no se prestaba para ello, eran muchos los ojos que nos observaban.
Calero era un ser humano y como tal podía cometer errores, que los hubo en aquel año y medio que compartimos. Sin embargo, existieron gestos muy humanos imposibles de pasarlos sin mencionar. Cuando Gabriel Rodríguez Bas Freixas mató al telegrafista Carlos Collazo en el predio de Transporte en Luanda y una vez conducido a prisión, Calero nos pidió a Lazarito el Sobrecargo y a mí que fuéramos hasta la prisión para llevarle cigarros, algo para leer y alguna merienda a Freixas.
Hubo errores que provocaron instantes indeseables y estoy convencido de que incurrió en ellos por hacerle favores a esas personas. Fue un tremendísimo error llevar a Collazo para el “N’Gola”, al final de muy poco le sirvió como telegrafista, nunca se comunicó con la CLA de La Habana y nos mantuvo seis meses sin saber de nuestras familias. Fue elegido secretario del partido a bordo y aplicó las mismas reglas extremistas usadas en Cuba. Muy bien pudo haber pedido un telegrafista a Cuba, como hizo con otros cargos. Tampoco debió enrolar a Fernando Miyares Gutiérrez, quien fuera cedido por el Capitán Blanco el Negro para quitárselo de encima, era técnicamente incompetente y los tripulantes angolanos lo odiaban.
Calero se dejó arrastrar por las huellas del sistema que funcionaba en nuestras flotas y cometió un gravísimo error, vendió las barreduras de café en Holanda y empleó ese dinero para comprar televisores y videocaseteras para el buque. Eso trajo como consecuencias un “Motín a bordo” que estuvo a punto de convertirse en un acto de violencia que pudo atentar contra nuestras vidas, nuestro grupo era muy pequeño, incapaz de neutralizar la ira de la tripulación. Esa historia se encuentra narrada ampliamente en el trabajo que lleva por título “MOTĺN A BORDO”. Lo verdaderamente cierto es que la tripulación tenía la razón, cuando se encontraban subordinados a “capitalistas”, crueles explotadores, ellos les cedían las ganancias obtenidas en las ventas de las barreduras y el monto total era repartido a partes iguales por el sindicato a bordo. Llegamos los defensores de la “igualdad social” y comenzamos a perjudicarlos.
Cuando digo que era un hombre en todo el sentido de la palabra, razones me sobraban para dedicarle esa consideración. No creo que un hombre de su talla se sintiera feliz estando rodeado de chivatos, adulones o extremistas comunistas. Sabía perfectamente que nos movíamos con algo de contrabando para poder soportar el golpe que nos diera el tal Amador del Valle con el salario, sin embargo, no nos combatía cuando nos sorprendía en movimientos falsos, todo lo contrario, nos alentaba y daba consejos para que las cosas nos salieran bien. Él sabía perfectamente que la alta jerarquía militar en Luanda se movía con mercancías de mucho valor, hablemos de diamantes entre ellos. Una vez lo acompañé a realizar una compra que le encargaron ese viaje, claro, me pidió total discreción. Fuimos en el auto que mantenía rentado junto a la escala del buque y vaya sorpresa, nadie compra cuatro o cinco Rolex GMT de un solo golpe. Nuestros contrabandos con arte africana, café, periquitos y loros, etc., eran un juego infantil comparado con aquellas mercancías de los militares. Recuerdo que en Polonia llegó a mi camarote y por poco muere de la risa al encontrar a un aduanero en calzoncillos probándose Jeans marca “Lois” para comprarlos.
Nunca lo vi enojado, no estaba acostumbrado a compartir con hombres que no perdieran la ecuanimidad en momentos de tensión o peligro, así era él. Sus decisiones y órdenes eran certeras y oportunas, razón suficiente para respetarlo y cumplir cada una de sus orientaciones. El grupo con el que partí hacia Angola, se inventó un compromiso de seis meses y cuando vieron que aquella aventura solo reportaba pérdidas, no dudaron en solicitar sus relevos. Calero habló conmigo y Lazarito para que continuáramos un año más en el barco, nos dijo; “La compañía ANGONAVE ha recibido muy buena información sobre ustedes de parte de la tripulación y el sindicato, por tal razón les propone venir a vivir un tiempo con sus familias para Angola, ellos les proveerán vivienda”.
-¡Calero, jueguen con la cadena y dejen al mono tranquilo! Con la inestabilidad que existe en este país, las enfermedades y el creciente odio hacia los cubanos, yo prefiero a mi familia bien lejos de este escenario. Cuando la retirada de las tropas cubanas de Angola yo participé con el buque “Bahía de Cienfuegos” en la transportación de armamentos para la isla. Pude visitar a un barco angolano tripulado por marinería angolana y oficialidad cubana y no me agradó absolutamente nada de lo que vi. Al parecer, ya habían desfilado en esos años decenas de capitanes y oficiales “Hervitinianos” por aquellas naves y las condiciones de vida eran deplorables, mucho peor de las experimentadas en nuestras flotas.
Calero, aquel gran Capitán que brilló por su hombría, pudo haber sido embaucado por El Conejo u otro conocido para que ocupara el cargo de “DIRECTOR” en la Empresa de Navegación Mambisa, luego unida a la Empresa de Navegación Caribe. Asumió cuando eran cadáveres insepultos, cuyas pestes se extendieron a las aguas que surcaron. Es lógico que parte o la totalidad de aquella ruina, le fuera sumada a una excelente historia, yo no lo creo.
Me toca una vez más despedir de alguna manera a un gran hombre, visto con un prisma muy diferente al oficial o al aceptado con ese silencio cobarde impuesto entre quienes fueron obligados a pinchar a la víctima y aquellos que nos resistimos.
¡HA MUERTO UN GRAN HOMBRE!
Mis condolencias a toda su familia y una larga pitada para que nadie le corte la proa en su viaje a la eternidad, porque estoy convencido, su recuerdo vivirá por siempre entre quienes lo respetamos y quisimos.
Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá
2026-08-07
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