Mostrando entradas con la etiqueta La Habana.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta La Habana.. Mostrar todas las entradas

domingo, 2 de noviembre de 2025

“AÑOS DUROS” CAPITULO NR.2 GUANABACOA

“AÑOS DUROS”

CAPITULO NR.2 GUANABACOA


Parroquia de Guanabacoa donde fui bautizado.

 

El camioncito subía agotado por el terraplén sin nombre que hoy se llama calle Lucero y frente al parabrisas, aparecía pintado ante mis ojos un cuadro paisajista imborrable por muchos años, el principio de aquel casi intransitable sendero con un fondo más moderno, el cine Chic de Mantilla. Rugía con rabia buscando la única vía que le daba acceso a Giralt. Dobló a la derecha en Santa Flora, otra de las pocas callecitas asfaltadas de ese barrio, quizás solo esa cuadra, pudo ser la siguiente también, solo que no lo recuerdo. Cuando dobló a la izquierda en Giralt en demanda de la Calzada de Managua, vi con tristeza la pequeña iglesia de madera donde nos reuníamos cada tarde con el seminarista o con su sacerdote. Tampoco comprendí mucho ese sentimiento repentino de tristeza, no debe ser muy normal sentirla cuando abandonas un escenario tan deprimente, doloroso. La iglesia quedaba a pocos metros de Santa Flora, años más tarde desaparecía devorada por un incendio. En la esquina con Santa Hortensia estaba otra casita que visité con frecuencia, la salita era la metáfora de lo que podía llamarse una escuelita. A ella asistí de Pascuas a San Juan por el módico precio de 0.25 centavos a la semana que, no siempre estuvieron disponible y provocaron continuas ausencias. La salita era pequeña y la señora que impartía las clases lograba -si acaso- reunir a unos 10 estudiantes, lo que significaba una ganancia semanal de $2.50 pesos, pero como les dije, esa cifra nunca logró reunirla en un barrio tan pobre, o sea, podía considerarse un milagro lograr ganar $10. 00 pesos al mes.

 

Una vez en la Calzada de Managua se detuvo varios minutos y contrario a lo que yo esperaba, el camioncito giró a la izquierda. Yo sabía que doblando a la derecha quedaba la casa de mi madrina Haydee próxima a la Casa de Socorros y más adelante La Habana, ciudad que visité muchas veces cuando Luisito estuvo ingresado en el hospital infantil. Por cierto, y espero que mis primos maternos no me lo discutan, al único primo materno que conocía era Enriquito, hijo de mi tía y mi padrino Chicho (Enrique Mitjans).

 

Pasamos frente al cine Chic y luego doblamos a la izquierda en la Carretera de Lucero. La conocía perfectamente porque nuestra madre en aquellos arranques depresivos o de hambre, nos llevó en un macabro paseo hasta “La Virgen del Camino” caminando. No sé si tuvo en mente solicitarle a la Virgen algunas monedas de su fuente para alimentarnos o no. Lo cierto fue que el regreso resultó muy agotador y llegamos a Mantilla muy entrada la noche. Por Lucero se detuvo una guagua y nos pidió que subiéramos, aquel generoso chofer le preguntó a mi madre si estaba loca. Durante aquella disparatada aventura nos acompañaba una hija de Chepa, no recuerdo si Isabel o Yolandita.

 

Lechería “Lucero”, “Ali” Bar y Campo Armada. Luego de cruzar suavemente la línea del tren que atraviesa a la calle Dolores después de pasado Campo Armada, aquel destartalado camioncito dobló a la izquierda en lo que era el hermoso Bar-Restaurante Cuatro Ruedas. Nunca imaginé que una década más tarde, yo entraría diariamente como aprendiz de carrocería en lo que sería después del 59 en el Taller Nro.1 “Camilo Cienfuegos” de la Empresa de Transporte por Carretera, contaría yo con unos 13 años de edad y exigían 16 años para matricular como aprendiz con un pago mensual de $30.00 pesos. Pude entrar mintiendo, gracias a que entonces no existía un carnet de identidad nacional. Esa callecita es de una longitud aproximada a las dos cuadras y muere en la Carretera Central, el camioncito dobló a la izquierda en demanda de la misma Virgen del Camino que habíamos conocido por medio de nuestra madre. Luego el hombre dobló a la derecha y nos transportó con nuestra carga de tristeza, hambre y miserias hacia un mundo totalmente desconocido.

 

Devoraba cada tramo de nuestro recorrido al que finalmente pude identificar varios años más tarde. Ya el sol había vencido la meridiana y el clima era bastante caliente, una vez el camioncito estacionado frente a la puerta de una casita, se apareció un señor algo obeso y le entregó las llaves del candado de la puerta a mi madre. No cruzaron palabras innecesarias, él la llamó por su nombre y fue suficiente un “sí” para identificarla. No era mucho lo que debíamos descargar y en esa operación participamos Ernesto y yo. No podíamos ocultar nuestra alegría, la casita era nueva y al abrir la puerta trasera descubrimos un patio bastante amplio. A unos 10 metros de distancia de la casita, se encontraba una caseta que al abrirla descubrimos era nuestra letrina. Una vez solos, nuestra madre se dispuso a prepararnos algo para aliviar nuestras tripas, lo hizo usando el legendario y anciano reverbero, fiel compañero de toda nuestra infancia. La noche nos sorprendió ayudando a nuestra madre en la organización de los pocos tarecos disponibles, sabrá Dios a qué hora caímos rendidos de cansancio.

 

El amanecer nos sorprendió con el cantío de los gallos, así sucedía en todos los barrios periféricos de La Habana como pude comprobar años más tarde. Así sucedió también en Hialeah, como pude sentirlo cinco décadas más tarde, es parte de lo poco que extraño de ese clima. Es muy difícil, por no decir imposible, ver a un gallo levantarse temprano en esta ciudad de Canadá para despertarnos y si es en invierno, ya saben. Nuestra madre siempre fue algo entretenida, ya de adolescente me enteré con alguna tía que ella había sufrido el “tifus” cuando joven o niña. Aquella enfermedad se llevó a dos hermanos suyos que eran gemelos y ella sobrevivió milagrosamente, solo que no quedó muy bien que digamos. Pues en medio de esa distracción crónica, ella nos dio permiso para que realizáramos una breve exploración por las cercanías. Algo que nos encantó fue la presencia de un arroyuelo, un río para nosotros que estábamos acostumbrados a la zanja que pasaba por detrás de la casa de Caridad en Mantilla, hablo de la hermana de mi abuela paterna y abuela de todos mis primos en ese barrio. Por ser nuevos en aquellos contornos no nos alejamos mucho hasta tener dominio del terreno y el ambiente allí reinante. Sabíamos que teníamos algunos sitios de aquel río donde pescar guajacones, cazar cocuyos en la noche y soltar a navegar algunos de los barquitos construidos por nuestra madre, quien nos brindaba un medio de entretenimiento gratuito.

 

Mientras pasaban los días ganábamos en confianza y nos sentíamos más seguros, comenzamos a conocer a los chamas del barrio y ellos se encargarían de orientarnos. Ya teníamos donde conseguir mangos sin pagar por ellos, recuerdo algunos árboles que pertenecían a una finca localizada al lado de una línea de tren que pasaba por una parte de Guanabacoa llamada “El Roble”. Nosotros vivimos exactamente en una parte conocida como Reparto “Mambí”, hermano gemelo de aquella parte humilde de Mantilla. Pues en uno de aquellos viajes buscando mangos nos encontramos con una hija o nuera de Rosa la jamaicana quien, conociendo la rica historia de nuestras calamidades, enseguida nos regaló pan y otras golosinas. No quiso aceptar algunos mangos que le ofrecíamos como reciprocidad por su noble gesto y nos pidió que cada vez que estuviéramos cerca nos llegáramos a su casa por otras cositas, no tuvo que insistir. Recuerdo que su casita quedaba próxima al antiguo paradero de la ruta cinco, situado entonces muy cerca de una fábrica de cintas que existía en la misma calle. Vale destacar que las casitas de “El Roble” eran nuevas en su mayoria y que en el barrio “Mambí” no se respiraba la pobreza extrema de “El Moro” en Mantilla. Cercana al paradero existió una escuelita pública a la que asistí con el uniforme exigido, claro, el shorcito estaba teñido con una pastilla de añil, no había para más.

 

Muy pronto comenzamos a conocer a miembros de nuestra familia materna, muy cerca de nosotros vivía mi tía Bertha y su esposo Fausto. Radicaban exactamente al lado de la casa de una señora llamada Violeta, quien tenía un hijo con su esposo, no recuerdo su nombre, pero sí qué años después, su esposo moriría cuando la explosión del buque “La Coubre”. El hombre era estibador en esa parte del puerto habanero. La casa de Violeta lindaba con una bodega que hacía esquina entre las calles Santa María y Lebredo. Aquella prole creada por mis tíos fueron unos primos excelentes, el primogénito se llama Fausto igual que el padre, le seguían Octavito, Zaida, Jorge y Edda. De ellos han fallecido Octavito en Cuba y Jorge en Chile, bueno, nuestro abuelo materno se encargó de ponerles un apodo a cada uno de sus nietos. Recuerdo que a Faustico le puso “El Curita”, Octavito fue bautizado como “Mi retrato”, no recuerdo bien si a Zaida le llamo “La Monga” y a Jorge “El Bombero” porque se orinaba mucho en la cama y eso no me lo dijo mi abuelo. Fueron muchas las veces que me orinó mientras dormíamos en la misma cama poco tiempo más tarde, cuando mi tía me sacaba de pase en la Beneficencia, no recuerdo el apodo de Edda, el mío fue “Monosabio”. Jorgito y yo por poco nacemos en la misma fecha, él vio la luz el 2 de septiembre de 1949 y yo cuatro días más tarde. Me dolió muchísimo cuando dejó de tratarme por problemas políticos, he escrito mucho desde que aprendí a mover los teclados de una computadora con dos dedos y gran parte de mi tiempo lo he dedicado a publicar todas mis experiencias bajo ese régimen. Desafortunadamente él pensaba y admiraba el lado opuesto con vehemencia, con irracionalidad. Estaba viviendo en Chile y desde allá se mostró más agresivo e intransigente. De muy poco valió haber compartido juntos parte de muestra infancia, mandó políticamente todo a la mierda y se sumó a la misma posición o acción absurda de muchos amigos y conocidos que me traicionaron cuando deserté.


 Mi tía Bertha.


Nunca le manifesté a él o a cualquiera de sus hermanos algo que he guardado con celo durante tantos años, hoy pienso que vale la pena. Nunca les he solicitado amistad o conexión en cualquiera de las redes sociales a las que tienen acceso por una sola razón, siempre he tratado de proteger a los que viven dentro de la isla, pero eso no quiere decir que los haya olvidado o dejado de querer. Hace unos días recibí una foto en la que aparecen Faustico y Zaida, créanme que me dio mucho sentimiento ver las condiciones en las que se encuentran actualmente.

 

Quiero que sepan que antes de abandonar la isla y estando el buque en el puerto pesquero, yo decidí llegarme una mañana hasta el puente del ahorcado donde vivía su mamá, mi tía Bertha. Créanme, me partió el alma encontrarla viviendo en un nivel de miseria que ella nunca había experimentado. Regresé hasta un lejano pasado, ese que hoy trato de rescatar en estas líneas y me encuentro en una casa humilde de Guanabacoa que contaba en esos años con televisor, refrigerador, cocina de gas y un auto del año 48 0 49, o sea, contaba con menos de 10 años de uso y servía para trasladar a toda la familia semanalmente a diferentes excursiones. Aquellos viajes para pescar en Arroyo Bermejo fueron los que más disfruté, ni se lo imaginan. Tres de sus hijos estudiaban en los Escolapios de Guanabacoa y cuando no había excursiones programadas, nos íbamos en las guaguas de los Escolapios a “La finca de los curas”, un área de esparcimiento que poseían en el terreno existente entre La Villa Panamericana y el Estadio Panamericano situados en La Habana del Este. Yo viajaba con ellos pagando el módico precio de 20 centavos que me daba mi tía y allí pasábamos medio día de aventuras. No quisiera mencionarles cómo se comía en esa casa, ni como vestían sus cinco hijos. Es cierto que trabajaban muy duro, durísimo, pero veían en su hogar el fruto de sus trabajos. ¿Desde dónde les llegó esas enfermizas ideas revolucionarias? ¡Vayan a saber! Porque no podrán negar que las adoptaron con exceso de fervor y allí me encontraba yo, visitando a mi tía para despedirme de ella, solo que no podía decírselo por una sola razón, no confiaba en ella. La alegría y tristeza fue mutua en aquel encuentro, estuvimos conversando más de una hora y yo solo esperaba una respuesta a ese inmerecido estado de pobreza, la que no vivió antes de la llegada de Castro al poder.

 

-Mi tía, solo vine a despedirme de ti, mañana salgo de viaje para Canada. Le dije y creo que ella leyó mis pensamientos, yo nunca la había visitado para despedirme en veinticuatro años navegados.

 

-Mi sobrino, te deseo lo mejor del mundo, cuídate mucho y si logras salir este viaje, trata de no regresar. Este país es una mierda y no hay futuro para nadie. Escuchar decir aquellas palabras de alguien que confiado se haya entregado en cuerpo y alma por una causa que consideró justa, me partió el alma. Cuando logramos separarnos pasé por el primer apartamento de aquella cuartería donde vivía su hija Edda, ella me presentó a su hijito y continué mi viaje hacia la nada. Jorge murió en Chile lejos de su familia y su hermano Octavito en Cuba, después murieron hermanos, tíos, madre y otros primos con los cuales perdí todo lazo familiar por las mismas razones. No pude ir a despedir a ninguno de ellos y las causas deben imaginarlas.

 

Siempre tuve una opinión equivocada de mi abuelo materno, quizás se debió a las pocas muestras de cariño con las que premiara a cualquiera de sus nietos. Sin embargo, ahora que me encuentro quizás con más edad de la que él poseía en aquellos tiempos, comprendo que fui injusto y estaba totalmente equivocado. ¿Quién pagó el alquiler del camioncito y la casita donde vivimos? ¿Quién nos sacó de aquel infierno donde nos abandonara nuestro padre? Claro que cuando lo comparabas con aquel ángel bondadoso y tierno que fue nuestra abuela, la primera reacción sería la de condenarlo.


Mi tía y madrina Haydee, mi tío Macho al Fondo, mi tía Lidia con chaqueta color beige y Roberto, el esposo de mi madrina.


Después de los hijos de Bertha y Fausto conocimos a dos primas hijas de mi tía Lidia, ambas concebidas con padres diferentes. Yo conocí al padre de la mayor, Teresita. Creo haber sido un privilegiado, no todos sus primos tuvieron esa oportunidad. Lilita era la menor de ellas y vivía junto a su progenitor, Miguel, un hombre amante de la composición musical, solo que su mejor bolero fue la pobreza en que vivían en es parte tristemente pobre de Guanabacoa conocida como “La Jata”. Nos llevamos muy bien desde que nos conocimos, pero ese cariño crecería unos años más tarde, aun éramos muy pequeños para compartir aventuras con ellos.

 

 

Los últimos en conocer vivían en el poblado de Regla, me refiero a los hijos de mi tía Martha, uno de ellos, el mayor, concebido con otro hombre al que no conocimos, creo que Pedrito tampoco conoció a su padre. Le seguían Marcelito, Ileana y Mercedita. Éramos más o menos contemporáneos y las temporadas vividas con ellos fueron espectaculares. El padre de esos tres primos se llamó Marcelo, gran hombre, padre y trabajador. Eran humilde, vivían en una vieja casa de madera en La Loma de Regla, la que se encuentra frente al antiguo matadero. Pobreza de una generosidad impecable a quienes les debo mucho de la felicidad que correspondió a una infancia prácticamente destrozada y sin techo, apartado de mis hermanos. Marcelo trabajada en un Van dedicado a la distribución de las galletas “Gilda”, muy conocidas en La Habana y que luego de tantos años de ausencia encontrara nuevamente en Miami. Además de ese trabajo fijo, Marcelo poseía un puesto de fritas en el Emboque de Regla, justo en la acera del frente, al costado de la lomita de la iglesia. Allí existían más de cinco puestos como el de él que competían en franca armonía. Vivían porque nunca carecían de clientes, cada lancha descargaba grupos de viajeros, muchas veces agotados y hambrientos que carecían de fuerzas para continuar sus viajes con el estómago vacío. Yo disfrutaba muchísimo mis vacaciones en casa de tía Martha, por el día los varones nos encargábamos de atender el negocio y de paso comíamos cualquiera de sus ofertas, que resultaban muy variadas, tanto, que muchos puestos de fritas tenían a veces un menú más amplio y variado que muchos restaurantes post 59. En la noche el servicio continuaba a manos de Marcelo, quien se encargaba de cerrarlo. Nunca escuché a propietario alguno quejarse de robo, la gente era pobre, no de la pobreza y hambruna actual, pero sí más honesta. Mi tía también era una luchadora espectacular y siempre estaba inventando algo, la recuerdo armando ramitas de Paraíso que cortaba del árbol existente en su patio. Luego nos enviaba a cada uno con una cajita o jabita para vender aquellas ramitas a dos centavos durante el Cabildo de Regla que finalizaba con un despojo frente al cementerio. El único trabajo que no nos gustaba realizar, era el de lavar los panteones de sus hermanos gemelos en el cementerio. Era una verdadera delicia los días que yo pasaba entre ellos, no recuerdo como estaban distribuidas las camas ni con quien yo dormía. Las comidas eran espectaculares, ambos cocinaban muy rico y servían en grandes cantidades.


Mis tíos Martha y Marcelo.

La felicidad dura muy poco en la casa del pobre, así nos pasó con aquella casita que aun despedía el aroma de las maderas usadas en su construcción. Mi mamá no podía pagar su alquiler, nuestra comida y a una mujer para que nos cuidara mientras ella trabajaba. No vivimos mucho tiempo en aquel humilde palacio, creo que fue el mismo tiempo necesario para una cosecha de los tomaticos de cocina. Nuestros vecinos más cercanos era un matrimonio de personas bien mayores que poseían huertos en su patio y aquel señor me enseñó a cultivar y preparar mi pequeño huertico. El me dio las semillas o hijitos de plantas que yo cuidaba con mucho esmero, contaba con tomates, ajíes, lechugas y dos o tres plantas de maíz. Solo me viene a la memoria el recuerdo de haber disfrutado el sabor de aquellos tomaticos una sola vez, no haber regresado a la escuela que se encontraba cerca del paradero de la ruta 5 y tampoco haber cargado con los pocos tarecos que eran de nuestra propiedad. Solo recuerdo que, a partir de una noche, amanecimos los siguientes días, que tampoco fueron muchos, dentro de una casa bastante grande que mi abuelo había alquilado en la calle Lebredo. Me llega muy lejana su imagen en una esquina a dos o tres cuadras de la calle Santa Maria, poseía un patio inmenso protegido por una cerca de ladrillos superior a los dos metros y rematada con trozos de vidrio en su borde superior. Al lado derecho de su puerta de entrada poseía un pequeño árbol de Ceiba.

 

Vivimos muy poco tiempo con mis abuelos, mi tío Octavio (Macho), mi mamá, Ernesto y yo. La única nota agradable de aquella casona fueron las doce campanadas escuchadas por la radio a las doce de una noche esperando el año que se nos venía encima y que ahora no recuerdo, apuradas uvas que por poco me atragantan. Antes de la Navidad mi hermano Ernesto y yo acompañamos a nuestra madre hasta la estación de policía que existía en las calles Santo Domingo y Lebredo. Luego de varias vueltas a las manzanas cercanas y deslastrar un poco el miedo que transpiraba por cada poro, ella nos tomó fuerte de las manos y con paso temerario se aproximó al hombre que estaba de posta y le preguntó si era cierto que estaban entregando Canasta de Navidad a los pobres. Recuerdo también que Macho había sacrificado un chivito de un batazo en la cabeza, no me pregunten por juguetes que nunca llegaron o dejaron en la puerta equivocada. Si grande era aquella casa antigua, así era también el infierno en que se convirtió con el ácido carácter de mi abuelo.

 

Poco tiempo más tarde, serían algunas semanas, me veía viajando en una guagua por la carretera vieja de Guanabacoa hacia el sitio del que guardo mis peores recuerdos de la infancia, “La Creche de Chaple”. Deben existir, solo que no los he conocido personalmente, sitios mas horrendos e infernales a los que pueda ser condenado un niño, yo estuve en uno de ellos con ese nombre. Chaple era un policía de Batista, obeso como la mayoria de los que aparecen en viejas fotos o revistas de aquellos tiempos que, dudo hayan sobrevivido a la escases de papel sanitario tan crónico en la isla durante estos mas de sesenta años de dictadura. No puedo describirlo, no sé si fue bueno o malo, no recuerdo su rostro, solo su rancia obesidad. Si puedo hablar mucho tiempo de su mujer, tan gorda como él, la representación femenina del mismo demonio en la tierra. Nunca he conocido a una mujer tan malvada, degenerada y abusadora con los niños, no creo que aquel ser tan inhumano haya sido concebida por otra mujer.

 

La Creche carecía de todo lo indispensable para hacer pasar a cualquier infante de momentos felices propios para su edad. La mayoria de los niños allí mantenidos en calidad de rehenes poseían una edad promedio entre los cuatro a seis años. Solo una muchachita de aproximadamente once o doce años, se encontraba en esa especie de prisión desempeñando el trabajo de cocinera. No era una labor muy complicada que exigiera demasiados conocimientos culinarios, el menú no era muy variado, mas bien era pobre. El desayuno era un jarrito de leche blanca con un pedazo de pan viejo y para los almuerzos o comidas el plato dominante sería la harina de maíz, acompañado de  boniato, frijoles y escasamente alguna proteína una vez a la semana, comíamos con el plato en la mano o sobre el suelo del dormitorio sentados en el piso. Dormíamos sobre unos catres podridos por el orine con su insoportable mal olor y para colmo, sus telas se encontraban en muchos de ellos rajados. Aquel dormitorio contaba solamente con un bombillo incandescente, sus ventanas rotas por donde penetraba el viento, la lluvia y los mosquitos. Nuestras necesidades debíamos hacerlas en lo que simulaba ser un bañito dentro del mismo dormitorio. Un lugar oscuro y sucio que bien pudo ser un taller y mantuvo sus paredes con el color original de viejos tiempos, allí coincidían a la vez hembras y varones apurados por evacuar.

 

La sola presencia de aquel animal salvaje vestida de mujer nos hacía temblar de miedo, ¿Qué niño o niña de cuatro o seis años tendría el valor de protestar ante aquella fiera capaz de golpearte con una fina vara a criaturas indefensas? Nadie se atrevía, vivíamos con un miedo permanente que no se apartaba de nosotros ni en presencia de nuestras madres o padres. Los días que teníamos visitas, aquel monstruo trataba de mantenerse bien cerca de nosotros muy atenta a las preguntas que nos hacia nuestras madres, las que ella se encargaba de responder con premura, siempre mintiendo o fingiendo sentimientos de cariño hacia nosotros falsos. Igual comportamiento mantenía en presencia de inspectores, ese día nos pasaban a un salón de su casa y nos sentaban en una mesa larga donde muy bien cabían unos doce comensales. Ella colocaba una pizarrita sobre un trípode especial para soportarla y fingía darnos clases. Nosotros debíamos fingir estar atendiendo a las falsas clases y mantenernos con unas libretas abiertas que ya tenían anotaciones con letras propias de principiantes, era toda una macabra tramposa.

 

De aquella jaula insalubre y asquerosa nos sacaban a tomar sol igual que hacen con los presos en horas de la mañana. Increíblemente podíamos andar sin vigilancia en la callecita de tierra donde tenían su casa, recuerdo que yo siempre caminaba al lado de una niña muy linda que me enseñó a pelar y comer las semillas de calabaza que encontrábamos en esos cortos recorridos. Nunca pude contarle a mi madre nada de nuestros sufrimientos en aquella especie de purgatorio, donde cumplíamos penas unos veinte niños inocentes de ambos sexos.

 

Aquel día llegó, mi madre me trajo una muda de ropa limpia que no me pertenecía, muy bien pudo ser de algunos de mis primos o de los niños de las casas donde ella trabajaba como sirvienta. Me vistió sin que cruzáramos palabras y se despidió de ella. Mi madre nunca fue muy buena explicando algo y te obligaba a completar frase o adivinar lo que decía entre varios significados diferentes. Ese día me dijo que iba para otra escuela mejor y me alegré en el alma. Me dijo; “Tu lugar en “La Creche de Chaple” va a ser ocupada por tu hermano Ernesto y tú vas a ocupar el lugar de tu hermano Luís en la escuela donde te quedaras hoy”. Sentí una pena muy grande al escuchar cada una de sus palabras y adopté una posición egoísta y miserable. No le mencioné nada de los sufrimientos por los que pasé y sometería a mi hermano, sentí mucho miedo en que me regresara nuevamente para aquel infierno.

 

A los pocos días de entrar en la Casa de Beneficencia y Maternidad de La Habana solicitaron la presencia de mi madre, me encontró ojeroso y con señales de haber llorado mucho. Ella le suplicó a la monjita que me atendía le diera diez minutos para hablar conmigo a solas y el permiso fue concedido.

 

-Ya te expliqué que estas aquí para sustituir a Luís, tu hermanito se quedó sordo con todos los medicamentos que le pusieron para salvarlo cuando estuvo enfermito. Como no tengo casa donde tenerlos he suplicado y llorado lo que no imaginas para que aceptaran el cambio. ¿Es que te maltratan? ¿No te gusta la escuela? ¿Comes mal?... Fue entonces cuando rompí a llorar desconsoladamente y al escuchar mi llanto se acercó la monjita que me cuidaba.

 

-¿Le ha sucedido algo al niño? Le preguntó a mi madre y ella le respondió en silencio muy sorprendida.

 

-Mima, saca rápido a Ernesto de aquella Creche, lo deben estar maltratando mucho y se pasa mucha hambre.

 

-¿Por qué no me lo dijiste el día que te traje?

 

-Porque tenía miedo de que me regresaras nuevamente para ese infierno. Yo me siento muy bien en esta escuela y las monjitas nos tratan con mucho cariño.

 

-Hija, solo ha sido el cargo de conciencia por su silencio el que ha provocado esta situación. Ya descargó todo el dolor que lo abrumaba y se calmará. ¡Vete tranquila a rescatar a su hermanito!

 

 

Continuará……….




 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2025-11-01

 

 

xxxxxxxxxxx


domingo, 7 de agosto de 2022

…CUBA SEMBRÓ AYUDA Y AHORA LA NECESITA…UNA RESPUESTA NECESARIA.



 

…CUBA SEMBRÓ AYUDA Y AHORA LA NECESITA…


UNA RESPUESTA NECESARIA







CUBA SEMBRÓ AYUDA Y AHORA LA NECESITA
Como ya dije en mis escritos anteriores. Muchos países del mundo no tienen los recursos suficientes para enfrentar esto.
Cuba tiene bomberos con preparación y conocimiento para hacerlo. De hecho en el año 1983, en Nicaragua se incendió la base de combustible del puerto de Corintios y ellos pidieron ayuda internacional.
Cuba fue en ayuda, y los bomberos cubanos apagaron el incendio en seis horas. Les anexo una carta del gobierno nicaragüense de la época felicitando a los ocho bomberos cubanos y una foto del incendio.
Cuba necesita ayuda ahora.
Necesita:
- Casi 6000 litros de creador de espuma para garantizar tres ataques de espuma de 10min cada uno a cada tanque. Lo que para 3 tanques serían 18000 litros, que son 270 tanques de espuma. Previendo el doble para contingencias serían 540 tanques de espuma como máximo.
- Necesita pitones monitores potentes de más de 75 l/s para enfriar los tanques y además aplicar espuma de baja multiplicidad a distancia y NO arriesgar la vida de los Bomberos.
- Necesita auto bombas con más de 100 l/s de bombeo nominal, para garantizar el funcionamiento de estos pitones.
- Necesita recursos para aplicar espuma desde largas distancias. Pitones generadores con larga longitud de vuelo.
Por favor, no soy dirigente, ni tengo nada que ver con las decisiones de este incendio. Sólo expreso mis criterios personales.
Pero más que nada, ante tanta calamidad y dolor por mis hermanos desaparecido, Cuba necesita ayuda de Dios. Estos son momentos difíciles, este es el incendio más grande en la historia del país. Así que mis palabras son:
DIOS AYUDA A MI PAÍS !!!!


xxxxxx


UNA RESPUESTA NECESARIA

…CUBA SEMBRÓ AYUDA Y AHORA LA NECESITA…



Señor Rolando Isaac Nogueira Castro.-

No sé si cometo un error llamándolo “Señor”, tampoco lo llamaré “compañero”, porque no lo fuimos y detesto el uso aberrante que se le ha dado a esa palabra en la isla. Lo cierto es que me ha llamado poderosamente la atención unas notas escritas por Ud. con referencia a la tragedia ocurrida en Matanzas y extraigo de contexto algunas líneas:


…CUBA SEMBRÓ AYUDA Y AHORA LA NECESITA


Como ya dije en mis escritos anteriores. Muchos países del mundo no tienen los recursos suficientes para enfrentar esto.

Cuba tiene bomberos con preparación y conocimiento para hacerlo. De hecho en el año 1983, en Nicaragua se incendió la base de combustible del puerto de Corintios y ellos pidieron ayuda internacional.

Cuba fue en ayuda, y los bomberos cubanos apagaron el incendio en seis horas. Les anexo una carta del gobierno nicaragüense de la época felicitando a los ocho bomberos cubanos y una foto del incendio.

Cuba necesita ayuda ahora…


x


Lo busco en Facebook y encuentro un rostro al que muy bien yo pudiera duplicar la edad, veo entonces la imperiosa necesidad de hacerle algunas aclaraciones. Partamos de la premisa de que cuando usted era un niño, yo me encontraba involucrado en esa “ayuda” sembrada en su escrito. O sea, el autor de estas notas ha sido un fiel testigo de todo lo que ha salido y entrado a Cuba en grandes cantidades. Volúmenes imposibles de transportar en aviones, mucho más, cuando la isla contaba con una pobre flota de aviones.


Bueno, partiría desde el título de ese escrito suyo. ¡Señor, no ha sido Cuba la que como usted afirma, ha sembrado ayuda! Esa supuesta ayuda, yo le agregaría “humanitaria”, ha sido obra del régimen dirigido por Castro y muy bien condicionada. ¡Nunca! Creo que una sola vez, se acudió a la voluntad del pueblo, eso sucedió a raíz de un terremoto ocurrido en Chile y, donde se le pidió, mediante levantamiento de las manos para su aprobación en la plaza “cívica" a la donación de seis libras de azúcar para los chilenos. Yo transporté parte de esa carga y como era de esperar, no se le devolvió esa cuota de azúcar a la libreta de racionamiento de nuestro pueblo. Después de este acontecimiento, el dueño de esa finca regaló todo lo que supuestamente le pertenecía al pueblo a su antojo. ¡Nadie, absolutamente nadie de los que hoy forman parte de esa tiranía, alzó su voz para desaprobar ese comportamiento y arbitrariedades!


Menciona usted la asistencia de ocho bomberos a un incendio ocurrido en el puerto de Corinto, parece que ese es solo el dato que puede recordar y permítame asistirlo. En el año 1989 y próximos los nicas a las elecciones ganada por la Chamorro, yo arribé a ese puerto con unas 200 Tm de un cargamento supuestamente donado por Cuba. Se trataba de un golpe de efecto en período electoral. ¿Sabe usted en qué consistía ese cargamento? Se lo voy a decir, ropa hospitalaria, medicamentos, televisores, alimentos, etc. Todos esos artículos eran de primera necesidad para el pueblo cubano, muy próximos ya al “Periodo Especial”. Tampoco crea que fue lo único regalado por ese déspota que descansa en un cenicero dentro de una piedra en Santiago de Cuba. Ya con anterioridad le había regalado al “régimen” de Ortega uno o dos centrales azucareros, un barco, escuelas, hospitales y “vidas cubanas” para mantenerlo en el poder. ¡No he terminado, señor! Mientras su mamá o abuela se pasaban una semana haciendo cola por el pollo que les tocaba por la libreta, los barcos que los transportaban desde Brasil hacia Cuba eran desviados hacia Nicaragua. Mientras su mamá o abuela lo abanicaban de noche en medio de apagones que podían durar 24 horas, el dueño de esa isla les regalaba la cantidad de 90 000 barriles de petróleo diariamente del que recibía desde la URSS a precios especiales. ¿Qué significa el envío de solo 8 hombres para apagar un fuego? Absolutamente nada y no quiero extenderme en esa “supuesta ayuda” cubana para exportar terror, muerte, guerra y hambre por cada uno de los países donde incursionaron, eso se lo dejo de tarea. ¡Oh! Se me olvidaba un detalle muy importante. Como Daniel Ortega perdió esas elecciones, toda aquella ayuda a “Nicaragua” fue suspendida inmediatamente. Si usted no lo entiende, lo lamento, hay que ser muy torpe para no comprender que “NO” se estaba ayudando al pueblo nicaragüense, se estaba sacrificando al pueblo cubano para mantener en el poder a un hijo de la gran puta que dejó el mandato con un país en total ruina y se robaron todas las propiedades del estado. ¡Por favor! Usted que es religioso, trate de informarse sobre los últimos acontecimientos en Nicaragua en contra de la iglesia.


Veo que usted estudio en la “Escuela Nacional de Bomberos de Cuba” y, haciendo un pequeño alarde de sus conocimientos, les regala a los lectores algunas notas técnicas que no dicen mucho, yo diría que nada. Pues bien, todos los Oficiales de Cubierta y Máquinas, Capitanes y Jefes de Máquinas de la extintas flotas cubanas, estuvimos obligados a cursar estudios sobre “Lucha Contra Incendios” exigidos por la OMI (Organización Marítima Intergubernamental) Sin la aprobación de esa asignatura que luego aplicábamos en los barcos mediante constantes entrenamientos a nuestros subalternos, no se nos extendía el Certificado exigido “Internacionalmente”. Como debe imaginar, no éramos “bomberos”, pero debíamos enfrentar un incendio a bordo, y créame, porque lo sufrí en un barco, yo sé de lo que hablo. Entonces, debo agregar algunos detalles observados en esta desgracia de las que no se hacen mención, menos usted en calidad de persona calificada:


1.- Tratándose de un área estratégica y de alto contenido de peligrosidad, no contaban con cámaras de seguridad. Razón por la cual puede quedar en “evidencia” la existencia del impacto de un rayo como sucedió en una termoeléctrica.

2.- Esos tanques no contaban con medios de seguridad o prevención para enfrentar un incendio. No menciono solamente al deficiente “pararrayos”, hablemos de un sistema de espuma química para combatir el fuego tratándose de combustible o CO2 para reducir la temperatura de ignición en cada tanque.


3.- En ninguna de las muestras encontradas en las redes sociales se observa a los bomberos vistiendo los trajes adecuados de amianto u otro material resistente al fuego o altas temperaturas.

 

4.- El incendio producido por el petróleo o cualquiera de sus derivados no se puede apagar con agua. Solo serviría para reducir las temperaturas de los tanques aledaños y no incursiono en las distancias de seguridad entre los tanques porque son de mi total desconocimiento.

 

HABLEMOS AHORA COMO BOMBEROS.


El fuego está constituido por un triángulo el cual se puede extinguir eliminando cualquiera de sus lados. Esos lados son el “Combustible”, “Temperatura de Ignición” y el “Oxigeno”. En esos tanques es imposible eliminar el combustible, la “Temperatura de Ignición” es posible mantenerla a niveles de tolerancia mientras se mantengan tapados mediante la inyección de CO2, gas que además elimina el oxígeno. Pero la situación se complica con una explosión donde el tanque pierde su techo, solo una gran cantidad de espuma química puede eliminar el fuego al privarlo de oxígeno. O sea, como se ha podido comprobar en toda la información que aparece en las redes sociales, esos tanques no contaban con esos medios de seguridad. Debemos agregar a toda esta tragedia, la ausencia total de personal especializado en este tipo de incendios. Han utilizado a muchachitos inexpertos y mal equipados para enfrentar una muerte segura.


Desafortunadamente, usted -en su calidad de conocedor de la materia- no ha mencionado ninguno de los puntos que le he señalado. Hay oportunidades en las que es preferible guardar silencio. ¡Y, sí! Ore mucho y pídale a Dios por las almas de los desaparecidos en su calidad de Metodista. ¡Ojalá que Dios lo escuche! Pero yo creo que la culpa de todas esas desgracias se encuentra en las manos de los hombres aquí en la tierra.

 

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2022-08-07


xxxxxxxxx


lunes, 13 de junio de 2022

PROA A LOS GRANDES LAGOS


 

PROA A LOS GRANDES LAGOS


Motonave "Jiguaní", escenario de esta historia.
 

Correría el año 1971 cundo arribamos a Montreal con un cargamento de azúcar a granel a bordo del buque “Jiguaní”, yo me encontraba de timonel. Ya había visitado este puerto a bordo del buque “Habana” y debo confesar que, desde mi primer contacto con esta ciudad, caí fulminado por sus encantos. Luego de finalizada la descarga y mientras limpiábamos bodegas, la nave fue fondeada en espera de nuevas órdenes. Uno o dos días después y estando listos para proceder a la carga, nos informaron que el buque sería preparado para navegar por el Sea Way en demanda del lago Ontario. Nuestro próximo puerto de carga era Toronto, allí cargaríamos trigo a granel y completaríamos nuestra carga en Montreal con destino a Cuba.

 

Hasta esta fecha no se tenia conocimiento de paso alguno de buques cubanos por el Sea Way, el “Jiguaní” se convertiría de esa manera en el primero de toda la flota en realizar esta travesía. Las regulaciones canadienses para esa navegación eran muy estrictas en aquellos tiempos y exigían ciertas condiciones que no cumplían ninguna de nuestras naves. Se procedió entonces a vencer cada una de ellas, lo que requirió de una fuerte inversión económica que nos consumió varios días fondeados.

 

Era obligatorio que el buque poseyera dos radares, la nave contaba con un moderno radar ARPA, muy avanzado para sus tiempos, pero no lo eximió de cumplir con los requerimientos existentes y se le tuvo que instalar un radar adicional. Por aquellos tiempos eran escasos los buques cubanos que poseían equipo de radio para corto alcance VHF y no recuerdo exactamente si también se le instalaron dos equipos en el puente. Toda una novedad con la que no contaban en la isla, donde las comunicaciones con los Prácticos y autoridades se realizaban con el uso de la radiofonía por medio de la estación CLT-Habana y otras pocas existentes en varios puntos importantes del país. Accidentalmente el buque se puso a tono con algunos de los avances experimentados en su época a nivel mundial.


Arriando un hombre a tierra con el buque en movimiento.

Por cubierta se realizaron algunas adaptaciones que debieron consumir otra gran cantidad de plata, sin ellas nos resultaría imposible maniobrar para entrar a las esclusas que nos elevarían al nivel del lago Ontario, el primero que da acceso a los demás. Se instaló una especie de puntalito giratorio en el castillo de proa, este serviría para lanzar desde la tapa de la bodega Nr.1 hacia el muelle a un hombre que haría las funciones de cabero. Ese lanzamiento se realizaría con el buque en movimiento, el tripulante iría sentado en una especie de sillita que era arriado poco a poco hasta pisar el suelo. Como yo era el más liviano, joven y ágil, unas 130 libras de peso, fui el destinado a esta labor. Mi trabajo consistía en tomar dos cabos en proa, el spring y un largo, hacerlos firmes en una bita o noray dispuesta en el muelle. Después debía correr hacia la popa y tomar igual cantidad de cabos. Esta maniobra se hacía en los muelles de espera para entrar a las esclusas. La parte más peligrosa se presentaba a la hora de la entrada a la esclusa, esta maniobra consistía en largar los cabos, creo que los de popa eran los primeros y luego correr hacia la proa para soltarla también. Una vez con el buque en movimiento y aun pegado al muelle debía correr hasta la mitad de la eslora para embarcar por la escala del Práctico. Después de la primera maniobra se asignó otro hombre que iría para la proa o popa, era un trabajo muy riesgoso para un solo hombre.

 

Se instalaron también dos rolleteras a ambas bandas de la bodega Nr.5, como la popa quedaba a un nivel muy bajo de esa cubierta y su espacio demasiado reducido, las maniobras se realizarían con el uso de las maquinillas de carga de la bodega a la que les instalaron cables más gruesos y resistentes. Una vez dentro de las esclusas, había caberos a los que se les entregaban los cables de maniobras que debían operarse desde el buque por sus tripulantes. Las esclusas del Sea Way tenían mas altura que las de Panamá y carecían de los equipos auxiliares para ayudar al buque tales como las “mulas” y remolcadores. Debo señalar que esas maniobras en la popa eran extremadamente peligrosas y despertaba mucho temor entre quienes operaban las maquinillas de la bodega. Los cables se pasaban por unas patecas giratorias que se podían abrir para sacarlos de ellas una vez terminada la maniobra, pero el principal miedo radicaba en que esos cables usaban las patecas del tintero del puntal, muy cercanas al operador de los winches y en caso de cualquier fallo podían arrancarles la cabeza. Resultaba preferible lanzarme por la sillita al muelle.

 

Arriando un hombre a tierra con el buque en movimiento


En la popa se instaló un enorme tanque, donde debía depositarse los excrementos de cada tripulante una vez terminado de hacer sus necesidades. Para esos fines se compraron varias tasas sanitarias portátiles de plásticos a las que se les añadía agua y un neutralizante contra el mal olor. Deben imaginar las bromas cruzadas cuando te veían con la tasa y subiendo una escalerita para verter las porquerías en aquel enorme tanque. Los buques de aquellos años carecían de tanque para procesar las aguas sucias del buque y las leyes canadienses prohibían descargarlas a los lagos para evitar su contaminación. Una vez que salíamos de las aguas territoriales de Canada y se abría la válvula de escape de aquel tanque, es de imaginar la larga estela de mojones arrojados al mar.

 

Dentro del lago Ontario visitamos otros puertos en los viajes siguientes para descargar azúcar cruda en sacos y a granel. En Port Weller existía un muelle de espera sin almacén donde atracamos para descargar un entrepuente con sacos de azúcar cruda. Como allí no se realizaban operaciones portuarias de ningún tipo, era de suponer que carecieran de estibadores. Aquellos sacos eran enormes y bien pesados, contenían unos 100 kilos de azúcar. El asunto fue que contrataron a un grupo de trabajadores eventuales, la mayoría de ellos eran jóvenes estudiantes sin práctica o habilidad en el manejo de aquellos sacos. Además de carecer de fuerzas para operar este tipo de cargamento, los vimos cargando uno de aquellos sacos entre cuatro de esos muchachos. Las operaciones se convirtieron en extremadamente lentas y el receptor de la carga propuso al Capitán contratar a la tripulación por el pago de unos $10.00 dólares la hora. Toda una fortuna en aquellos tiempos y no fue nada difícil convencer a una tripulación que solo ganaba $0.75 centavos de dólar diario, pero. Siempre hay y habrá millones de “peros” cuando se vive en un régimen explotador como el cubano. Los cabrones de las organizaciones políticas nos hablaron para trabajar, “pero” con la condición de entregar el dinero al estado cubano. Indudablemente aquella propuesta fue rechazada por la tripulación y allí permanecimos atracados mas de dos semanas para descargar un solo entrepuente.

 

Ese viaje descargamos otro poco de azúcar en Hamilton y el resto en Toronto. Luego de la limpieza de las bodegas cargamos trigo para Cuba y completamos nuestra carga en Montreal. Esas fueron nuestras derrotas y puertos en los siguientes cuatro viajes, realizadas en términos generales en un mes y medio, que, traducido a nuestros bolsillos, representaban unos $30.00 ó $35.00 dólares por viaje. Debo manifestar que las navegaciones por el Sea Way son muy cautivadores y ofrecen al navegante unos paisajes encantadores. ¡Claro! Nada de eso se ajusta a nuestros gustos cuando esos viajes se realizan una vez abierta esa vía de navegación concluido el invierno. Te enfrentas a los deshielos que arrancaban muchas boyas y señalizaciones, obligando a detener la navegación nocturna y mantenerse atracado por esa razón en cualquier muelle de espera. Por la proximidad que existe entre algunas de esas esclusas, el personal de cubierta dormíamos en el piso del salón de tripulantes con la ropa de faenas puesta, puede resumirse que esa travesía resultaba en extremo agotadora para la marinería. Si la memoria no me traiciona, existían siete esclusas desde Montreal hasta el lago Ontario, dos de ellas eran norteamericanas. Como era de suponer y por ser parte de sus enemigos, antes de entrar a esas esclusas nos sometían a un fuerte sondeo y durante la trayectoria por su territorio éramos escoltados por marines a bordo del buque y una lancha del Coast Guard paralela a nosotros.

 

Barco pasando una de las esclusas del Sea Way.


Creo haber realizado todos esos viajes con el Capitán Raúl Hernández Zayas, uno de los mejores en toda la flota durante mi vida como marino. Navegaron como Primer Oficial Luís Céspedes Somoza y Marcio Valdés, no recuerdo si Felipito Montano dio algún viaje en esa plaza o solo era Segundo Oficial. El cuadro era completado por Guillermo Sánchez Oro y Luis R. del Valle como Terceros Oficiales. En la cubierta teníamos un equipo de fenomenal, Néstor era el Contramaestre, Pedro el Pañolero, Roberto Barreras, Febles y yo de Timoneles, otros viajes los dio el timonel Alarcón (El Ñato), siempre hubo un timonel de vacaciones. Esmirdo Rodríguez, Angelito, Venancio Galarraga y Luis Castell de marineros, toda una familia. Uno de esos viajes relevé a Pedro como pañolero y viajaba como Contramaestre uno de los peores conocidos en mi vida de marino, me refiero a Luís Molina. Se sumaron a la tripulación otros buenos hombres de los que he olvidado sus nombres, no así el de Jorge Luís Vasallo, quien vive hace unos años en Islas Canarias y comparte en un grupo de marinos que administro. Han partido al reino de Neptuno otros de los que participaron en estas aventuras y a los que pretendo dar un pequeño homenaje con este trabajo.

 

La motonave “Jiguaní” fue la primera de nuestra flota en surcar las aguas del lago Ontario, fue la primera también en navegar por el Estrecho de Magallanes desde Chile hasta la Argentina, estaba comandada por el Mono Torreabás. Fue también la primera en visitar a Venezuela varios años después de los acontecimientos del pesquero “Alecrín”. Viajaba de Capitán Héctor Fernández, excelente persona, Luis R. del Valle como Primer Oficial, Carlos Palacios (El Caguamo) de Segundo Oficial y este servidor de Tercer Oficial.

 

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2022-06-13

 

 

xxxxxxxxx

martes, 15 de marzo de 2022

DESAFIANDO A LA MUERTE. LA DESERCIÓN DE YAREL DOMENECH


 

DESAFIANDO A LA MUERTE

LA DESERCIÓN DE YAREL DOMENECH


Yarel Domenech con 24 años a bordo del buque gasero español  "Góngora"

 

Las deserciones o abandonos de sus naves pueden contarse por decenas en la historia de la marina mercante cubana, se confunden cargos y edades, ha sido un fenómeno experimentado por varias generaciones y que mantiene actualidad. Los puntos elegidos para escapar han sido muy variados en la geografía mundial y como es de suponer, todas se han producido en países capitalistas, no conozco una excepción que me diga lo contrario. Con la experiencia vivida bajo un sistema -dícese o proclamado- “socialista”, nadie sería tan estúpido de hacerlo en cualquiera de aquellos supuestos paraísos. Otra razón muy importante a tener en cuenta sería que, una vez abandonada la nave, el tripulante iría directo a prisión y deportado, cuando realmente merecía ingresarlo en un hospital psiquiátrico. Las razones pudieran ser muchas, pero sobresalen por encima de todas, esas ansias de vivir en libertad. Jóvenes recién graduados en las academias navales, decidieron un día buscar otros horizontes ante la imposibilidad de poder aplicar todo lo aprendido en la vida real. Otros bichos, una minoría, abandonaron la isla para vivir en la tierra de sus enemigos y, desde acá, continúan destilando su odio, defendiendo al régimen al que sirvieron como perros rabiosos. Como quiera que sea, he tenido contacto con esas deserciones desde mis primeros viajes a finales de los años sesenta hasta que yo también lo hice en el año 1991.

 

Diferentes han sido las vías utilizadas para desertar, la más común de todas fue no reportarse a bordo en el momento de la partida. Se cuentan por decenas los marinos que escaparon de esa manera, entre los que me encuentro yo. Otra vía peligrosa que tuvo su mayor manifestación en el año 1994, ocurrió durante la gran avalancha de cubanos en ese famoso éxodo, fue escapar en balsa. Varios marinos cubanos coincidieron en la Base Naval de Guantánamo, donde fueron concentrados antes de ser aceptados por los Estados Unidos. No tuvo relevancia porque ya ese método era muy común entre los habitantes de la isla y se mantiene vigente hasta el presente. Sin embargo, es alarmante para todos los marinos por sus conocimientos del peligro que implica ese enfrentamiento con el mar, al que conocen y dominan muy bien. Antes de ese éxodo ya había escapado el Capitán Esteban Macias y otros amigos a bordo de una balsa o pequeña embarcación. Otras vías para escapar del paraíso del proletariado lo constituyen las cartas de invitación de algún pariente o amigo, la reunificación familiar y uno que otro contrato de trabajo en el exterior. Estas vías la usaron algunos infiltraditos que hoy viven en Miami y otras tierras, varios de ellos enmascarados como “refugiados políticos” cuando en realidad nunca lo fueron.

 

Las maneras de escapar mencionadas anteriormente son muy comunes a las usadas por gran parte de la comunidad cubana en el exterior y no se consideran de interés, la gente está acostumbrada a escuchar sobre ellas y las aceptan como normales. Sin embargo, dentro de esa numerosa comunidad de marinos que hoy residen en el exterior, se destacan algunos por la inteligencia mostrada, su valor y enfrentamiento a una posible muerte debido al alto grado de peligrosidad que enfrentaron y, por último, la manera en que burlaron a los órganos de seguridad cubanos y sus rígidos sondeos antes de partir el buque. Por su relevancia e interés, aunque ellos no se los propusieran, escribieron unas páginas dignas de conservar dentro de la historia de las flotas cubanas.

 

A la hora de referirnos al trabajo inteligente desplegado por un marino para desertar -no solo él- puesto que logró llevarse consigo a su esposa, hija y nieta de un solo golpe, vale la pena recordar y leer mi trabajo titulado “La fuga perfecta del Capitán López Sánchez” Disponible en este link;

https://estebancl1949.blogspot.com/2018/10/la-fuga-perfecta-del-capitan-lopez.html

Toda una obra maestra en la planificación de una fuga que estuvo a punto de frustrarse. Si habláramos del valor mostrado para burlar todos los cercos que se tienden en la isla para evitar deserciones a bordo de nuestras naves, yo les prometo traerles el caso del maquinista Boris Menduiña, quien con la colaboración de un amigo suyo, logró sacar en el falso techo de su camarote a su tío y a un hermano suyo. Esta es una historia interesantísima que vale la pena leer y conservar. Con el valor mostrado por todos los involucrados en esta fantástica fuga, pusieron en riesgo sus libertades ficticias con la finalidad de lograr una libertad real, todos pudieron llegar a Montreal- Canada.

 

Hoy me place traerles una historia muy particular, donde un joven Maquinista Naval, puso en riesgo su propia vida para ganar esa libertad ansiada por muchos y se lanzó al mar a dos millas de distancia de la costa. No lo pensó demasiado para desafiar el posible ataque de tiburones, la hipotermia o el agotamiento físico. Por su interés y luego de manifestárselo personalmente en Miami, he llamado por teléfono a Yarel Domenech para que comparta con nosotros esa dura y peligrosa experiencia vivida.

 

-Hola Yarel, ya tengo escrita la introducción a la historia de tu deserción. ¿Por dónde andas ahora?

 

-Capi, ando por Boston a donde me dirijo conduciendo bajo una fuerte nevada.

 

-¿Crees que podamos ir hablando del tema mientras conduces? ¿Tienes manos libres contigo?

 

-Si, tengo manos libres y podemos ir hablando, aunque debo estar alerta con el timón porque la carretera está un poco peligrosa. ¡Coño, que patinazo he dado!

-Yarel, me parece mejor dejarlo para mañana, yo sé lo que es conducir en esas condiciones y para ti será mucho más peligroso conduciendo un trailer.

 

-¡Okey, Capi! Es la mejor idea, esto está muy malo por acá, mañana te llamo sin falta. Colgamos.

 

-Yarel vamos a retomar la conversación que dejamos inconclusa, yo no escribí nada de lo que me contaste ayer, así que comenzaré nuevamente con el pequeño cuestionario de preguntas del que te había hablado.

 

-¡Okey, dispara!

 

1.- ¿Cuándo te nace la idea de desertar, razones, año?

Yarel.- Nunca tuve intensiones de desertar, vivía conforme con el salario que devengaba, algo superior al de los cubanos medios y cuando vives así, como les ha sucedido a muchos de los nuestros, incluyendo a los de tu generación, pues te resulta indiferente la situación de los demás y el país. La mayor parte de los marinos vivíamos atados a las cuatro porquerías que habíamos comprado en el extranjero, muchas de ellas de uso. Viví así mientras trabajaba en la Flota Cubana de Pesca, pero llegó el momento en que esta desapareció y nos dejó desamparados a miles de marinos y trabajadores del sector. Acudí a la empresa SELECMAR aspirando a enrolarme en cualquier nave extranjera donde nos contrataban como esclavos, pero no imaginas la larga lista de espera de gente sin empleos o asistencia social como yo. No olvides que por esas fechas iba desapareciendo también la flota mercante y dejó en igualdad de condiciones a los hombres y mujeres que les dedicaron una parte importante de sus vidas. En SELECMAR trabajábamos sin recibir salario alguno y en mi caso particular, me desempeñé como chofer para la transportación de sus empleados.

 

Allí me entregaron una tarjeta para comprar el combustible necesario para el vehículo y un día me sorprendieron con una acusación de la que no tenía la más remota idea. Me acusaron de haber utilizado esa carta para comprar una botella de whisky y te confieso, no comprendía absolutamente nada de lo que me estaban diciendo, yo no sabía que a esa carta se le podían dar otros usos. Mientras tanto, yo había aplicado para enrolarme en un buque tanque italiano que se encontraba atracado en Santiago de Cuba y el mando de esa nave me había aceptado.

 

Un grandísimo hijo de la gran puta de nombre Timochenko, con el participaría también un tal Omar del que lamento haber olvidado su nombre. Este tipo era uno de los que dirigía esa agencia en aquellos tiempos, no creo sin embargo se haya olvidado de mí, porque ante la injusta acusación que me hicieron, yo le exploté la cara a este otro hijo de puta con un gaznatón. Me dijeron un día que no me preocupara, sabían que yo era inocente y que mi pasaje para enrolarme en el barco italiano ya estaba comprado. No fue así, sin que mediara investigación o juicio alguno, me expulsaron de SELECMAR y el mundo se hundió a mis pies. De nada sirvió que yo trabajara sin recibir sueldo alguno, volví a sumarme al ejército de desempleados desamparados. Luego me enteré de que mi plaza en el buque tanque italiano había sido vendida por más de $600 dólares americanos. Ya para esas fechas la corrupción galopante que imperaba en todo el país se había ido de control y para enrolarse por medio de SELECMAR solo era posible mediante el soborno. Ya habrás leído todas las acusaciones que existen contra esa agencia en Internet, destacándose entre ellas las referentes a Rafael Guzmán, quien mas tarde decidió desertar en el exterior y lo acusan de haber robado dinero, este tipo fue muy conocido y famoso por su chivatería.

 

Un tiempo más tarde me uní a la agencia empleadora AGEPESCA con la misma esperanza de embarcarme, esta agencia realizaba en esos tiempos la misma labor de SELECMAR, o sea, contrataba esclavos cubanos en buques extranjeros. Por esas fechas se había desarrollado en mí todo género de rebeldía y rechazo al sistema donde estaba viviendo. No me media para expresarme en contra del régimen y un día, un amigo mío me alertó. Me dijo que un amigo suyo miembro del G2 le dijo que me avisara de todo lo que se manejaba relacionado con mi persona y que si lograba salir del país, no regresara nunca más… (Al escuchar a Yarel vi la coincidencia con mi caso con más de una década de anterioridad, igual aviso me llegó a través de un amigo del contramaestre y eso apuró mi decisión de desertar).  -En AGEPESCA recibí la ayuda de una muchacha a la que por razones obvias no menciono su nombre, ella me consiguió un enrolo como camarero en el buque tanque de bandera española de nombre “Góngora”. Partí hacia España con la promesa de que sería ascendido a maquinista en el tiempo que permaneciera enrolado en esa nave… (Esa aceptación de una plaza inferior fue una situación que venía ocurriendo desde finales de los años setenta, las promociones de oficiales fueron kilométricas y muchos de aquellos muchachos no lograron una plaza correspondiente a su especialidad y estudios después de saturado el mercado de ofertas de empleos en las flotas. Cuando deserté en el año 1991, aún quedaban muchachos de las promociones XVII, XIX y XX ocupando las plazas de marineros de cubierta, timoneles y camareros, etc.)  -Ante la frustración experimentada durante esos años, fue que nació esa idea de abandonarlo todo. Sin embargo, yo considero que el detonante principal para que esa idea martillara mi mente, lo fue aquella hijaputada que me hizo Timochenko en SELECMAR. No teníamos la más remota posibilidad de defendernos, si lo hacíamos, muy bien podían acusarnos de contrarrevolucionarios, ya debes imaginar cómo me sentía.


Buque gasero "Góngora"

2.-¿En qué año desertas, cuál era el barco donde estabas enrolado, salario, cargo?

Yarel.- A finales del año 2004, correría el mes de Diciembre, fui enrolado en el buque gasero español de nombre “Góngora”, su Capitán era un español de nombre Ramon Meriño, déspota e implacable con los cubanos. Estuve navegando de cabotaje por varios puertos españoles y a finales de Diciembre me comunican que sería desenrolado y destinado a otra nave que se encontraba atracado en un puerto por holandés, igualmente iría en calidad de camarero. Arribé al buque gasero Tilda Kosan el día 5 de febrero del año 2005.


Desde mi enrolo comencé a tener problemas con el Primer Oficial del barco de origen español por sus constantes maltratos, es una pena que no recuerde su nombre.  El Capitán era de origen español también y recién estrenado en ese cargo, su nombre es José Dimas Alonso Aladro. Este tipo viajaba a Cuba con relativa frecuencia a realizar captaciones de tripulantes e impartir cursillos sobre buques gaseros. Era un cómplice directo en la trata de esclavos realizada entre SELECMAR, AGEPESCA, el gobierno cubano y armadores españoles sin escrúpulos alguno. José Dimas no podía ocultar el desprecio sentido contra los cubanos bajo su mando.

 

Como camarero yo recibía de salario $340 dólares mensuales, eso representaba el 20% del salario pactado en el contrato de trabajo que me hicieron firmar. Por una simple ecuación matemática arribarás a la cantidad de $1700 dólares y como puedes ver, el gobierno cubano se quedaba con $1360 dólares del salario ganado por nosotros. Ojo, indudablemente esa cifra aumenta de acuerdo con las plazas ocupadas por oficiales, maquinistas, etc. Tampoco aparecen reflejados algunos gastos que la compañía pagaba por conceptos de dietas y pasajes, parte de los cuales también eran chupados por el gobierno. ¿Por qué aceptábamos esa despiadada explotación? La respuesta debería ser individual, pero me atrevería hablar por muchos que tienen miedo, “la situación en Cuba era horrible” y al menos teníamos la posibilidad de sobrevivirla. ¡Mucho miedo también a reclamar cualquier derecho! No se puede tapar el sol con un dedo.

 

3.-¿Por qué te lanzas al agua si el barco estuvo atracado?

Yarel.- En Houston no nos dejaron bajar a tierra, pusieron un servicio de whatchmen las 24 horas. Esa compañía de vigilantes era propiedad de un cubano marielito y el hombre nos dijo que el que quisiera desertar podía hacerlo, porque su gente no haría nada para impedirlo. Esa oportunidad fue bien aprovechada por el Tercer Oficial, bajó muy calmado por la escala real y se desprendió a correr, no recuerdo su nombre. Yo no lo hice por temor y nerviosismo, imagínate tú, era muy joven y sin mucha experiencia, pienso ahora, unas horas más tarde lo lamenté muchísimo. Le retiraron el contrato al cubano y fueron sustituidos por unos yanquis armados que eran implacables, no nos permitían aproximarnos al portalón. Yo veía como se esfumaba la posibilidad de quedarme, solo que estaba decidido a hacerlo al precio que fuera necesario.

 

Buque gasero "Tilda Kosan"

4.-¿Por cuál parte del barco te lanzaste al mar y cuál era distancia a tierra?

Yarel.- Me lancé al mar por la aleta de babor, lo hice vestido como recomiendan para casos de abandono de buque con el fin de aliviar los efectos de la hipotermia, la insolación y porque la ropa mantiene burbujas de aire que te ayudan a flotar. Guardé en pequeñas bolsas de plástico mis documentos, mi título y una biblia que navegaba conmigo, es la que viaja siempre en este camión. Todos ellos los metí en una bolsa de las usadas para la basura y me la amarré a la cintura. Sabía que me podía servir de flotador, pero calculé mal. Cuando me lancé al mar ella explotó y no me sirvió de flotador. Sobre mi intención de lanzarme al mar se lo conté a mi mejor amigo, cada vez que hablamos me menciona como me vio caer al agua. El barco se encontraba navegando a unas dos millas de la costa.

 

5.-¿No sentiste miedo de ser atacado por los tiburones?

Yarel.- Si lo pensé, pero cualquier temor fue superado por el pensamiento de no poder alcanzar la orilla. Miedo sentí de ser succionado por la propela del barco, no puedo negarlo. Fueron cuatro horas de agotador nadar en todos sus estilos, aboyarme y continuar. Sentí una inmensa felicidad cuando mis pies tocaron fondo, ante mí se presentaba un mundo y vida por descubrir. Anduve los metros que separan la orilla de la costa a la carretera cercana y al poco tiempo pasaba un carro patrullero al que detuve, me entregué y le expliqué mi origen. El policía me dio la bienvenida a Estados Unidos y me condujo a la estación donde me dieron ropa seca, me atendieron muy bien. Al día siguiente me entregaron a las autoridades de Inmigración (ICE) y ellos me condujeron a una prisión de inmigrantes ilegales donde permanecí unos seis meses.

 

6.-¿Cuáles fueron tus primeros pasos una vez libre, empleo, ayuda, etc.?

Yarel.- No recibí ayuda económica alguna del gobierno, tampoco de un pariente que me dio la espalda en esa situación, yo no apelé a recibir ningún tipo de ayuda. Trabajé durísimo desde que llegué a este país y me propuse lograr lo que yo había soñado y me fuera negado en nuestra tierra.

 

7.- ¿Has regresado alguna vez a la isla?

Yarel.- No lo he hecho y tampoco lo haré mientras gobierne esa despiadada tiranía. No me interesa ser cómplice de ellos, renunciar a mi voz, lucrar con el dolor de mi pueblo como hacen muchos o, aprovecharse de las hijas de su pueblo explotando sus miserias. No critico al que vaya a visitar a su familia, pero sí condeno y me causan repugnancia todos aquellos que de una u otra manera colaboran con el régimen.

 



8.- ¿Crees en el sueño americano?

Yarel.- Si creo en ese sueño que nos negaran en nuestra tierra, he logrado lo que nunca sería posible alcanzar allá y tú eres testigo de mis palabras. Trabajé muy duro y ya he obtenido los resultados de tal sacrificio. Tengo mi propia compañía, he sido propietario de seis rastras, yates, lanchas, autos del año, etc. No cuento esto por vanidad, solo para mostrar que el sueño americano existe en esta tierra que te brinda las posibilidades de soñar.

 

9.- ¿Desearías enviar algún mensaje a la juventud?

Yarel.- ¡Por supuesto! Los invitaría a soñar y que luchen por lograr esos sueños donde quiera que se encuentren. A los que viven en la isla les digo poco, si transcurrido un tiempo si ven que les resulta imposible lograr ese propósito, recuerden que la vida es una sola y se acaba cuando menos lo imaginamos. Si ese sueño no llega; ¡Lárguense al carajo! Y busquen otra tierra donde puedan regalarles esa posibilidad a sus hijos. No traten de imitarme, nunca se les ocurra lanzarse al mar desde un barco, los riesgos son muy grandes y no todos sobrevivirán. Tampoco regalen sus vidas escapando en frágiles balsas, por cada uno de los que logra arribar a su meta, decenas desaparecen en aguas del Estrecho de La Florida. En ese caso es preferible una muerte más digna.

 

Yarel Domenech

Miami..Florida.

2022-03-15

 

 

xxxxxxxxx