viernes, 19 de enero de 2018

WILFREDO TAMAYO, ENTRE LOS PEORES DE SU ESPECIE "F1"



WILFREDO TAMAYO, 
ENTRE LOS PEORES DE SU ESPECIE "F1"


Motonave "Pepito Tey", escenario de esta historia.


En la marina mercante cubana existieron hijos de puta que hicieron historia y merecen no ser olvidados. El daño que produjeron durante sus pasos por nuestras naves no solo tiene que ser recordados, deben ser dominio de sus hijos y nietos también. Los hijos de sus víctimas merecen una explicación al no escucharse por ningún lado una palabra de arrepentimiento o perdón por los sufrimientos producidos a sus padres. Yo no creo en ese falso concepto creado alrededor de la “ética profesional” por la que muchos abogan hoy y que solo busca silenciar abusos practicados por individuos con mandos a bordo de nuestros barcos. Tampoco estoy capacitado para perdonarlos, razones por las cuales no me callo ante esas constantes demandas de silencio que en “apariencias” clama por reconciliación entre cubanos. Lo lamento por todos esos que acostumbran a poner nuevamente su mejilla ante estos canallas, yo no.


Tamayo llegó enrolado al buque “Pepito Tey” encontrándonos fondeados en la bahía de Cienfuegos y listos a tomar carga con destino a Japón. Llegó acompañado de dos camareras, Chacha y Mercedita, ambas resultaron ser excelentes trabajadoras y serian muy queridas por la tripulación. No solo se enroló acompañado de esas mujeres que luego ocuparían las plazas de “Primera y Segunda Dama”, trajo también a un agregado de cubierta que no recuerdo si era de la Promoción XVII o de la XIX. No puedo precisar exactamente si el enrolo de ese individuo se produjo en este puerto, creo que sí. Casualmente Agustín era yerno de Mercedita, lo que me hace suponer que así fuera. La tripulación se encontraba completa y solo era esperado el relevo del Primer Oficial, otro hijo de puta detestado por la tripulación del que no recuerdo su nombre. Sin que mediara explicación alguna se procedió al desenrolo de los dos camareros que serian sustituidos por las mencionadas mujeres. Es de suponer el revuelo e indignación que aquel atropello produjo, los salientes no tenían vacaciones acumuladas y el viaje pertenecía a los que normalmente codiciaban los marinos cubanos, Japón.

Dudo que Tamayo tuviera suficiente poder de influencia en la Empresa para que le permitieran actuar con esa libertad, pudo deberse también a un fuerte soborno, práctica muy común en aquellos tiempos o, que todo haya sido debidamente amarrado por el Capitán Cordoví cuando fue destinado a este barco. Lo cierto es que los camareros fueron desenrolados sin explicación alguna, poco importó las protestas y reclamos de los perjudicados ante el sindicato o partido. Todo estaba cuadrado, Cordoví y Tamayo eran militantes, “el partido es inmortal”, yo siempre dije que “inmoral”. Ambos tendrían mujeres que los atenderían y de paso un camarero particular, porque ese fue el verdadero rol del tal Agustín, apodado por toda la tripulación como “El Perro” y con mucha razón. He visto su foto por Facebook, no sé si vive en Cuba o el extranjero, tampoco me importa, vayan dirigidas estas líneas al papel miserable que desempeño a bordo de aquel buque, si se superó, felicidades. 


A Cordoví lo conocía desde que era Tercer Oficial y no tengo mala opinión en su contra, una persona muy noble, nada extremista y dominante de su profesión. Me inclino a pensar que fuera manipulado hábilmente por Tamayo y la posibilidad de contar en su cama con una mulata hermosa, todo puede ser posible. Lo malo de toda esta situación es que el papel desarrollado por el Capitán fue casi anulado por un inteligente oportunista y manipulador. Tamayo asumió un rol que no le pertenecía y entre otras cosas, se destacó por el uso y abuso de los bienes de consumo pertenecientes a la tripulación ante la mirada pasiva y cómplice del partido a bordo. No hubo noche en la que no se dejara de festejar algo en su camarote y como era de suponer, miembros del secretariado del partido participaban de esas interminables fiestas. Mientras todo eso sucedía, la tripulación sufría todas las privaciones y limitaciones que imponían los tiempos, pero tampoco se mantuvo pasiva ante el abuso manifiesto, se desquitaba robando en la gambuza o los mismos instantes que arribaban víveres a bordo.


Tamayo y yo habíamos estudiado en el mismo curso de oficiales, no perteneció a mi grupo y como estudiante no dejó de ser uno más que pasara inadvertido. Nunca tuvimos relaciones amistosas y tampoco fuimos enemigos, sencillamente existimos ignorando nuestras presencias. Desde el instante de su enrolo, su comportamiento mostraba cierto malestar por mi presencia. Nunca vi con buenos ojos el despotismo en su trato con la tripulación y cuando quiso ensayarlo conmigo lo paré en seco. Un día tocó de manera violenta la puerta de mi camarote y la abrí con un trozo de hierro en la mano.


-¿Qué cojones te pasa? Lo sorprendí.

-Que llevo media hora tocando y no abres. Respondió muy calmadito.

-Como si te metes tres horas, tu no eres nadie para tumbarme la puerta. ¡No te vayas a equivocar conmigo! A partir de ese día enviaba a su perro.


Tamayo nunca compartió con sus subordinados ningún producto que recibiera como regalo por parte de agentes o proveedores. Fueron muchas y variadas las cajas de bebidas recibidas como comisión en los dos viajes que realizó a bordo del “Pepito Tey”, botellas que siempre descorchó en su reducido grupo de aduladores. No es que dejara de compartir aquello que siempre estuvo prohibido aceptar, él nunca se relacionó con sus subordinados, tampoco creo que le aceptaran una invitación, la gente lo detestaba y nunca fue visto con simpatías.


-A partir de hoy vas a ocupar la plaza de Primer Oficial. Me dijo una mañana en el alerón del puente el Capitán Cordoví, yo tenia la costumbre de subir a esa hora diariamente para darle cuerda a los cronómetros. Simplemente me sorprendió. 

-¿Qué ha sucedido? Le pregunté sin comprender mucho lo que acababa de escuchar, llevábamos tres meses atracados en el astillero de Barcelona reparando la maquina principal del barco. La monotonía se había adueñado de nuestra existencia, apenas teníamos contenido de trabajo y las guardias se limitaban a las anotaciones en el Diario de Bitácora, bajar la bandera cada tarde, encender las luces exteriores en el ocaso para volver a apagarlas en el orto.

-He tenido que sancionar a Tamayo, anoche le cayó a trompones a Mercedita y le desfiguró todo el rostro. Escuché aquellas palabras mezcladas con una nota de dolor, como si las sintiera de corazón y estuviera arrepentido de la medida administrativa tomada contra su sicario. Yo las recibí con toda la alegría del mundo, era hora que la justicia divina le pasara factura al degenerado, pensaba.


-Verdaderamente no me importa su plaza, hay otro barco cubano atracado cerca de nosotros, ¿Por qué no solicitas un cambio de oficiales con ellos?

-Es algo muy complejo y nadie querrá abandonar su nave para venir a este cacharro, es mejor resolver las cosas entre nosotros.

-¿Y por qué la golpeo? Si se puede saber.

-Dice que por problemas de celos, ahora anda llorando por la falta cometida.

-Si fuera solo esa falta, la tripulación hará una fiesta cuando se entere del acontecimiento, lo odian.

-Para que el impacto y sufrimiento sea menor, solo te pido de favor que lo dejes continuar en su camarote. Me sorprendió aquella proposición suya, ¿estábamos realmente tratando de un “sancionado”?

-¡Mira! Ya te dije que no me importa asumir su cargo, pero eso que propones de un ascenso a medias no será bien visto por la tripulación. Nos separamos e inmediatamente, pasé por el camarote de Merceditas para verificar los daños de los que había sido víctima. Ten
ía todo el rostro inflamado, amoratado y desfigurado, sentí mucha pena por ella y se lo hice saber.

-¡Sangre! ¡Sangre con ese hijoputa! Manifestaba cuanto tripulante me crucé esa mañana en la cubierta principal, el ambiente estaba muy caldeado y al parecer, la información se había filtrado a los trabajadores españoles del astillero que nos conocían y mantenían con nosotros una relación muy familiar.

-¡Amirante, sin compasión con ese degenerado que ha golpeado a la Mercedita! Manifestó uno que otro trabajador, yo era bien conocido entre ellos y me llamaban “Almirante” desde una de mis grandes borracheras.


Wilfredo Tamayo, segundo de derecha a izquierda.

-¡Que te entregue todo lo que corresponde al cargo! Tiene que mudarse a tu camarote, entregarte la jeva y al “perro”. Dijeron varios de ellos en una especie de mitin matutino espontaneo y de algo estaba muy claro, lo odiaban como a nadie y ahora acudían al desquite para lavar todos los abusos cometidos durante su año en el cargo. -Si no te entrega todo, puedes estar convencido de que no te respetaremos. Subí inmediatamente al camarote del Capitán.

-¡Fíjate que no procede la proposición que me hiciste! Te recomiendo que gestiones un Primer Oficial. No acepto la plaza a medias.

-¿Qué sucedió para ese cambio repentino?

-Mucho y poco, la gente no me aceptará en el cargo sin asumir y disfrutar todo lo concerniente a esa plaza, me lo han dicho claramente. Los tripulantes lo odian y están pidiendo “sangre”, quieren ver una sanción real y no teórica como la que pretendes aplicarle. 

-¡Coño, eso será destruirlo totalmente!

-No es mi problema, yo no fui el que desfiguró a Mercedita, no soy el sancionado y menos aun el que se ganó el desprecio de la tripulación con su trato despótico. Así que búscate otro Primer Oficial que acepte esas condiciones, yo no soy el más indicado.

-No, yo creo que la tripulación y tú tienen razón, dile que proceda a mudarse de camarote y te haga entrega formal del cargo.

-Otra cosa y esta es una solicitud mía.

-Tú dirás.

-Como está sancionado no lo quiero en el puente, debe ser excluido de todas las guardias y ser desenrolado inmediatamente cuando arribemos a La Habana.

-Okey, que no lo incluyan en ninguna guardia y comunícaselo. No demoré un solo minuto más, bajé al camarote de Tamayo y con toda la satisfacción del mundo le comuniqué la decisión tomada.

-Yo no sé hasta dónde me quieren llevar. Manifestó con voz que enviaba un amargo lamento.

-Nadie quiere llevarte a ningún lado, tú eres el sancionado y debes abandonar este camarote. Te informo de paso que estás excluido de las guardias de navegación y puerto. Tienes lo que te mereces y supiste ganar, llama a tu perro para que te ayude en la mudanza, tienes media hora para abandonar este camarote.


Para asombro de todos los tripulantes, Mercedita fue enviada para La Habana en uno de los barcos surtos en ese momento en Barcelona. Recuerdo que era un modelo Dnieper y que en él se encontraba enrolado como Primer Oficial Amado Carbó, antiguo compañero de estudios. Definitivamente se había procedido como si ella fuera la sancionada y no la victima de este atropello.

-Me enteré de que te han regalado varias cajas de bebidas y que la has compartido con la tripulación, sin embargo, no he recibido ninguna botella. Quedé mudo al escuchar esas palabras, nunca pensé que Tamayo fuera tan descarado y se atreviera a tal reclamación.

-¡Mira! Antes de entrar a mi camarote debes tocar la puerta y si me da la gana yo te autorizo a entrar. ¿Así que reclamas por una botellita? ¿Cuántas compartiste con la tripulación durante este año? De verdad que eres un descarado e inmoral, no se te ocurra venir nuevamente a mi camarote, no eres bienvenido. ¡Fíjate! Si algún día me encontrara ausente y te atreves a entrar, no vayas a beber de ninguna botella que observes abierta, voy a agregarle cianuro para que te envenenes, hijo de puta. ¡Y ahora lárgate de mi vista!


Una vez despachado el barco y autorizada la tripulación a bajar a tierra, se le entregó la hoja de desenrolo a Tamayo y se le ordenó que sacara todas sus pertenencias, esa fue la ultima vez que lo vi. Nunca supe y tampoco me interesó si llegó a cumplir toda su sanción. Si me queda la satisfacción de haberle hecho cumplir la parte que le correspondió mientras estuvo a bordo, ya saben como funcionan las cosas en la isla y todo lo que son capaces de hacer para salvar el “alma” de un militante que ha cometido un error. Por una falta como esa cualquier joven “simple” hubiera sido sometido a juicio y encarcelado.


Claro que han pasado muchos años, treinta y cinco exactamente desde que se cometiera ese atropello contra una camarera nuestra. Claro que vale la pena traer esos momentos amargos y desagradables vividos en nuestras naves, no se pueden olvidar y tampoco los perdono. Por delitos menores fueron expulsados muchos jóvenes de la marina mercante cubana y, no tuvieron compasión ninguno de los que levantaron sus índices acusatorios en aquellas asambleas donde participaban los “Tamayos” en su condición de militantes. ¿Por qué razón debo olvidarlos y perdonarlos?




Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2018-01-19


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lunes, 15 de enero de 2018

AMILCAR


AMILCAR




Luego de la intervención del buque N'Gola realizada por el Capitán Raimundo René Calero Torriente y una vez en manos del estado de la Republica Popular de Angola, se le propuso a la tripulación portuguesa continuar explotando la nave como venían haciendo. Solo uno de aquellos oficiales aceptó trabajar para la nueva administración, un joven llamado Amílcar.


Lo conocí a la mañana siguiente de nuestra arribada, yo formaba parte de una pequeña tropa traída desde La Habana con el propósito de echar a andar a esa hermosa nave. Ya Calero tenía reclutado a varios tripulantes que extrajo de diferentes barcos cubanos surtos en puertos angolanos, algunas caras conocidas con las que simpatizaba o no. Dos de aquellos rostros no fueron de mi agrado, el telegrafista Carlos Collazo era uno de ellos. Lo conocía de la motonave Habana, pertenecía al ala mas radical y extremista del partido comunista de la marina mercante. Al siguiente viaje murió por dos balazos recibidos de manos del Segundo Maquinista Freixas, todo motivado por una mala evaluación que realizaron en su contra. Ya escribí sobre ese acontecimiento en un trabajo titulado “La muerte del secretario del partido”. La otra desagradable cara correspondía a Fernando Miyares, habíamos navegado juntos a bordo del buque “Jiguani” donde tuvimos varios encontronazos. Como ambos teníamos la misma graduación de Segundo Oficial, esa mañana le pedí a Calero que me enviara de regreso para La Habana por tener esa plaza ocupada. El negro me dijo que no me apurara, la estructura de la oficialidad en aquel buque era diferente a la cubana y estaba compuesta de la siguiente manera; Capitán, Inmediato, Primer Piloto, Segundo Piloto y Tercer Piloto. El Inmediato era una especie de agregado de Capitán, aunque iría realizando los cálculos de estiba y estabilidad de la nave, estaba excluido de las guardias de navegación. Para aceptarlo le dije a Calero que no quería ver a Miyares interfiriendo en mis labores como Segundo Oficial y él lo aceptó. O sea, Miyares iría cubriendo la guardia del Primer Oficial sin otro contenido de trabajo.


A la hora del desayuno coincidimos en el comedor, Amílcar se presentó con su esposa y un niño de pocos meses que viajarían con nosotros. Vasquiño se transformaría poco después en la mascota de la oficialidad, un niño muy tranquilo y noble que a las horas de las comidas pasaba de asiento en asiento, se daba a querer por todos. Los días restantes en Luanda fueron de mucho movimiento, los maquinistas trataban de descifrar el funcionamiento de una maquina con once mil caballos de fuerza y hubo que pedir a La Habana la asistencia de un supervisor con experiencia. Por mi parte tuve que tirar abajo todo el material de trabajo disponible en el puente y hacer un inventario para saber a ciencia cierta lo que tenía a mano para poder trabajar. Luego de una fiesta de inauguración presidida por Lucio Lara y con los maquinistas listos para explotar la maquina principal, partimos rumbo a Argelia cargados de café. Una parte del cargamento estaba destinado a Bélgica y Holanda.



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Motonave "N´Gola"


Durante las navegaciones de altura y como era norma en esos tiempos, dependíamos de las observaciones astronómicas para determinar la posición del barco. Amílcar mostró en todo momento un dominio perfecto de la Astronomía Náutica y concluidas sus guardias permanecía un rato más en el puente, tiempo que disfrutaba gastar midiendo conocimientos. Hacía solo unas semanas yo había concluido mi rol como profesor de Navegación en la Academia Naval del Mariel, es de suponer entonces que mantenía muy fresca la teoría impartida. Me gustaban aquellos intercambios, donde de paso, no solo media sus conocimientos. Llegué a la conclusión de que la preparación impartida a sus pilotos en la Academia Naval de Portugal era excelente, razones históricas sobraban para pensar así, cuando ellos eran grandes navegantes, nosotros vestíamos taparrabos. No fue necesario decirle nada, Amílcar no tuvo dificultades para identificar a Miyares, supo enseguida que era un topo como navegante, creo que de eso se hubiera dado cuentas el propio Vasquiño sin haber estudiado.


En la medida que pasaba el tiempo los lazos de amistad entre Amílcar, Lazarito y yo se fortalecieron, era lógico que sucediera, formábamos el trío mas joven dentro de la oficialidad. Una vez en puertos europeos y cuando el tiempo no les permitía salir con el niño a la calle, yo me quedaba con el bebé hasta su regreso. Tiempo en el que debía alimentarlo, cambiarle el pamper cuando se hacia caca, dormirlo, etc. Vasquiño era una maravilla y no daba guerra.


Al regreso de aquel viaje su esposa y el niño abandonaron el barco, ya había cumplido el año y caminaba suelto por nuestro salón, recuerdo haberlos visitado en su apartamento uno de aquellos días y nunca me manifestaron que madre e hijo partirían rumbo a Portugal. 


-Mira lo que dejó escrito es comemierda en la libreta de órdenes del puente. Me dijo Amílcar cuando lo relevé. –¿Vas a llamarlo?


-Es muy comepinga él para yo tener que llamarlo, ¿Quién cojones se cree que es?


-Si tú quieres me quedo contigo para la recalada y antes de la maniobra voy para la proa con el contramaestre para fondear el ancla. Estábamos recalando a la isla de Sao Tomé y el mar era un plato, no corría una gota de brisa y la visibilidad era perfecta, teníamos luna llena. Una hora antes de arribar al fondeadero llamé a máquinas para que cambiaran de combustible y fueran reduciendo las revoluciones hasta régimen de maniobras. En términos generales, el Capitán del barco solo nos pedía que le avisáramos unos quince minutos antes de cualquier recalada. Poco importaba si se trataba de la entrada a Rotterdam, Amberes, Polonia, Alemania, etc., todo lo hacia el oficial que se encontraba en el puente si no existía dificultades de niebla o mal tiempo. Esa confianza nos ayudaba a ganar seguridad en lo que hacíamos y nunca hubo problemas. ¿Quién carajo pensó que era ese imbécil de mierda? Pensé. Ya Amílcar se encontraba en la proa cuando desperté a Calero y comenzaba a reducir maquinas. La maniobra se produjo sin contratiempos, solo esperaba que el imbécil me reclamara algo por no despertarlo, pero eso no sucedió.


Ese viaje se programó reparación en Ámsterdam y parte de la tripulación fue liberada. Amílcar salió con destino a Lisboa y nunca más regresó. Durante unos largos días se produjo un enorme vacío y se nos recargó las guardias, había perdido a un amigo y el barco a un oficial muy competente. Fueron aquellas las primeras deserciones producidas en la marina mercante angolana y yo no los critiqué, creo haberlo celebrado como nadie y me alegraba por la temprana visión que habían tenido sobre su futuro. Su plaza fue ocupada por un idiota de la especie de Miyares y una negligencia suya provocó que nos perdiéramos una vez que salimos de Rotterdam, ya escribí sobre ese acontecimiento.


No se produjo aquellas manifestaciones tan comunes de la isla donde se acusaban a los desertores como “traidores a la patria”, todo transcurrió con tranquilidad, serian cinco o siete los desertores, no recuerdo exactamente. Yo encontraba muy lógico que Amílcar decidiera marcharse de Angola, nada bueno le esperaría en un país, donde una parte de sus habitantes no era capaz de reconocer su trabajo. Nunca recibió por parte de la tripulación un trato parecido al que nos profesaban, solo veían en él a un representante de los antiguos colonialistas. No fueron capaces de valorar ese gesto suyo en colaborar durante la construcción de un país nuevo, destrucción, diría yo, porque eso fue lo que verdaderamente ocurrió. Una parte de esas reacciones negativas en contra de su persona, aunque bastante moderada, pudo deberse al grado de ignorancia reinante entre sus tripulantes, puedo asegurar que alrededor de un 80% de sus miembros eran analfabetos. Muy buenos trabajadores, pero una materia prima susceptible de ser manipulada por cualquier pícaro. A nuestra llegada a Luanda me enteré de que la esposa e hijo de Amílcar habían partido para Portugal y me alegré mucho. Fue la mejor decisión que ellos habían tomado, la película recién comenzaba y Saturno siempre devora a sus hijos.


Motonave "N´Gola"

Treinta y nueve años después de aquella repentina e inesperada separación, sin otro contacto que no fueran los recuerdos de todos aquellos agradables momentos compartidos a bordo del buque N'Gola, mi amigo me localizó por Facebook. Él no puede tener una idea aproximada de la alegría que me produjo, inmensa. De vez en cuando cruzamos algunas letras, el me escribe en portugués y yo le respondo en español, ya no puedo hacerlo en “portuñol” como en los viejos tiempos, pero nos entendemos. Me envió una foto de Vasquiño, fiel testimonio de que el tiempo ha transcurrido, ya es todo un hombre. No se si sus padres le contaran que su primer añito lo pasó navegando de grumete entre nosotros, puede que sí, si algo pesa como una dulce condena, es el recuerdo de un marino por aquellas naves donde navegara y los amores regados en los puertos que visitara.


Amílcar fue otro de los fundadores de la compañía naviera “ANGONAVE”, un portugués que ofreció sus manos para construir supuestamente una nueva sociedad y no lo comprendieron. Un excelente marino y gran profesional, otro que se apartó de su profesión y no pudo lavar la sal que le corre entre la sangre.


Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá
2018-01-15


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sábado, 6 de enero de 2018

NAVEGANDO POR AGUAS CONGELADAS


NAVEGANDO POR AGUAS CONGELADAS


Motonave "Jiguani"


-¡Para máquina! Fue la voz del Capitán Raúl Hernández Zayas, dio la orden sin separar el rostro del radar. Reinaba un silencio total y los presentes mantenían la mirada concentrada en la proa del buque.

-¡Para máquina! Repitió el Primer Oficial mientras movía el telégrafo y se producía el sonido similar al de cientos de grillos alborotados o en celo. 

El buque continuó desplazándose lentamente, lo haría por otras dos millas más, nadie puede detener el avance de unas veinte mil toneladas de desplazamiento total como si se tratara de un auto. En las bodegas del buque “Jiguani” reposaban tranquilamente unas doce mil toneladas de azúcar a granel con destino a Toronto y unas doscientas toneladas en sacos que serian descargadas en Hamilton, una ciudad que se encuentra entre Toronto y Niagara Falls.

El espectáculo era maravilloso y yo lo disfrutaba con la candidez de un niño o la alegría de un primer beso adolescente. Todo era blanco al alcance de nuestra vista, el horizonte se había perdido de pronto y se acercaba a solo unas dos millas de nuestra proa. Una franja verde oscura se iba consumiendo ante el blanco puro e inmaculado de aquella inmensa capa de hielos. Unas seis naves se encontraban detenidas también, solo una era de un porte aproximado al nuestro. El Capitán se separó del radar y estuvo hablando por el equipo de VHF en inglés. La conversación era fluida y nunca se vio interrumpida por un “Can you repeat? Please”, imagino que solicitara instrucciones. Como estaba oscureciendo, me ordenaron subir a la cubierta magistral y retirar la lona que protegía un inmenso reflector. El aparato podía moverse desde el interior del puente, no recuerdo haber navegado en otro barco que poseyera algo parecido. El oficial de guardia sacó la lampara Aldis y la conectó a una de las tomas disponibles, la dejó descansar en la esquina de babor del puente. Los dos oficiales que estaban de descanso se presentaron en el puente sin ser llamados y el Capitán les ordenó encender el radiogoniómetro y sintonizar la estación más cercana a nuestra posición. Él mismo encendió el ecosonda y llamó al Jefe de Máquinas.

-¡Jefe, que un maquinista se mantenga junto al telégrafo! Estamos navegando en “condiciones especiales” y vamos a romper hielo. Si sienten que se estremece el barco o grandes sonidos contra el casco, no se asusten. Colgó inmediatamente. -¡Tercero, llama a la cocina y diles que aseguren las ollas! ¡Toda avante! ¡Timonel, timón a la vía! 

-¡Toda avante! Repitió el Tercer Oficial mientras accionaba el telégrafo y se repetía el concierto de grillos.

-¡Timón a la vía! Repetí entusiasmado por emprender una nueva aventura.

El barco se estremeció y dejó escapar una densa nube negra por la chimenea que fue arrastrada por el viento hasta el alerón de estribor. Una vez rota la inercia comenzamos a desplazarnos con lentitud primero, luego fuimos ganando en velocidad. El Capitán eligió un rumbo totalmente perpendicular a la capa de hielo para romperlo y solicitó que nos aguantáramos para soportar los efectos del primer impacto. El choque fue violento, imaginé que algo así ocurriría en una colisión, el impacto casi detuvo a la nave. Las planchas de hielo al alcance de la vista muy bien podían tener hasta cincuenta metros de diámetros, tenían un grueso aproximado de medio metro. No se detuvo, aunque la impresión fuera esa, no podía calcular su marcha sin un punto de referencia. Las planchas partidas por la proa eran enormes, los trozos tenían una dimensión de diez o quince metros, se inclinaban primero y luego chocaban contra el casco. Recorrían casi toda la eslora arañándola hasta el mismo codaste, por suerte la propela iba bien profunda y no corría peligro de romper alguna de sus aspas, crujían protestando cada una de las cuadernas. Luego me puse a pensar y nunca llegué a comprender el verdadero uso que tenía la propela de repuesto existente en la popa de la nave. Era de acero y siempre escuché que estaba destinada a navegaciones con hielo, sin embargo, no se había cambiado la de bronce en uso. Realmente esto lo pensé mucho después.

-¡Primero, enciende el reflector y oriéntalo hacia la proa! Hay que estar atentos a la posible presencia de pequeños icebergs. Solo a ellos debemos evitar durante la marcha, las planchas no ofrecen peligro para el buque. Comentó el Capitán mientras tomaba su binocular, digo suyo porque en aquellas fechas existía un sextante, una silla y un binocular para uso exclusivo del Capitán en el puente.

-Ya se formó un convoy detrás de nosotros, todos estaban esperando por uno que se decidiera a abrir el camino. Dijo el Segundo Oficial desde el cuarto de derrota.

Se hizo totalmente de noche y la navegación continuó entre estremecimientos y el ruido del choque de los hielos contra el casco. Daba la impresión desplazarnos sobre tierra y solo nos vimos obligados a maniobrarle a varios icebergs de pequeño tamaño. Aquellas condiciones se mantuvieron durante todo el tramo de navegación por el Golfo de San Lorenzo y esporádicamente a lo largo del inmenso río con el mismo nombre. Aquella noche no pude dormir, mi camarote se encontraba en la cubierta principal y muchas de aquellas planchas chocaron contra nuestras portillas por su proximidad al mar.

El invierno había acabado y seríamos de los primeros barcos en navegar por el Seaway desde Montreal a Hamilton. Ya habíamos realizado esas travesías, realmente el “Jiguaní” era el único adaptado para hacerlas y cumplir con las exigencias de las autoridades canadienses y americanas. Normalmente nos tomaban 18 horas de navegación entre Montreal y Toronto, pero esta última travesía nos tomó dos días por existir condiciones anormales. Los deshielos arrastraban consigo a muchas bollas y señales de ayuda a la navegación, razón por la cual nos atracaban el cualquier muelle de espera durante las noches. Si bien no fue nada fácil el trabajo en esas condiciones, me sirvió de experiencia para años posteriores. Siempre fui ojos y oídos, atendía muy bien a las órdenes y decisiones tomadas por capitanes y oficiales. Muchas de aquellas experiencias me ahorraron la necesidad de acudir a un libro para tomar una decisión, por muy sencilla que fuera, como la de drenar las tuberías de las líneas contraincendios y dejar abiertas las llaves. El barco perdió toda la pintura en el área de contacto con los hielos. 

-¿Qué cojones haces durmiendo, pedazo de maricón? Lo encontré muy tapadito en su cama, estaba tirado con la ropa y las botas puestas. Aun no me explico como aquel animal no saltó de su cama y me asestó un trompón. Era algo mayor que yo en edad, pero media unos seis pies de estatura. ¡Claro! Toda aquella estructura humana solo servía para almacenar sus pendejadas. Fue uno de los Contramaestres mas malo con los que me tocara navegar y debía cuidarme, se trataba de mi primer viaje como Primer Oficial. Recuerdo que aquel año Europa estaba sufriendo los embates de una ola de frio terrible, todo el norte de ese continente se encontraba sometido a sus dramáticos efectos.

-¡Mire, Primero!...

-¡Mire Primero, nada! ¡Salga a cumplir la orden que le di! No lo dejé hablar y que me diera una estúpida justificación. Aquel idiota estuvo trabajando en las oficinas de “Personal” donde enrolaban a la marinería y oficiales subalternos. No sé todavía cómo carajo llegó a Contramaestre, no servía para nada y toda vez que yo le daba una orden, debía pasar un rato mas tarde a verificar si la estaba cumpliendo. Ese día le había ordenado conectar la manguera para abastecernos de agua potable desde el muelle, le expliqué muy bien la sonda donde debía cerrar la toma de agua. Le recalqué que en ningún momento podía llenarse totalmente el tanque, si eso sucedía, cuando se congelara el agua podía reventar dicho tanque. ¿Tenia que explicarle algo más? De algo siempre estuve muy claro, nunca debía confiar en ningún subordinado, esa desconfianza me salvó de prisiones.


Motonave "Aracelio Iglesias"

El Mar Báltico es de menor salinidad que el océano u otros mares tropicales, característica que facilita su congelación al descender un poco las temperaturas. Llevábamos varios días descargando unas 12 000Tm. de azúcar en Porkala, Finlandia y todo el mar a nuestro alrededor se congeló. Se necesitó los servicios de un pequeño rompehielos para poder desatracar. ¡Ufff, que alivio! Pensé imaginando que saliendo de aquella nevera gigante se resolverían nuestros problemas, no fue así.

-¡Atención a toda la tripulación, ocupando puestos de maniobra! Capitán, llamar al puente. Por los ventanales del puente vi a la gente de proa dirigirse a su puesto, la gente de popa estaba ocupada en subir y arranchar la escala real. Ambos oficiales comunicaron estar listos para la maniobra de acuerdo al protocolo establecido.

-Proa y Popa, vamos a ir aligerando los cabos hasta dejar un largo y spring. 

-Dejando largo y spring en proa.

-Dejando largo y spring en Popa.

-Capitán, llamar al puente. Dije por el intercomunicador del barco.

-Where is the Captain? Preguntó el Práctico.

-He is coming soon. Le respondí por inercia, ni yo mismo sabía donde putas se había metido aquel enano cabrón.

-Su atención, Capitán, llamar al puente. Repetí por el intercomunicador sin obtener respuesta alguna.

-Largo y spring a proa.

-Recibido, proa.

-Largo y spring a popa.

-Recibido, popa. Prepara tu mejor cabo para darlo al remolcador.

-Preparando cabo para el remolcador.

-Su atención, Capitán, llamar al puente. ¡Cojones, ya estamos listos y este enano cabrón no aparece! ¿Se habrá exiliado el hijoputa? ¡Qué clase de número! Y hay un frio que le roncan los cojones. Cuando me separo del intercomunicador choco con el asiento del Capitán y noto que hay un bulto sobre él cubierto con una frazada. Lo destapo poco a poco y no puedo lograrlo totalmente, algo mantenía atrapada aquella frazada. No tenia la mas mínima idea de lo que fuera, la oscuridad era total y el frio insoportable con las dos puertas de los alerones abiertas de par en par. -¿Qué cojones es esto?

-¡Sigue la maniobra, maricón! Hay un frio de pinga y no voy a salir de aquí, te voy a evaluar.

-¡Coño, Marrero, estas de pinga! Los que estaban en el puente rompieron a reír, nunca esperé algo así del Capitán.

-Mister Pilot, we are ready to continue the maneuver. Parece que el danés se llevó el pase de jodedera del guajiro y no le dio mucho swing al asunto.

-Lets go everything and make fast the tug. Nos fuimos alejando del muelle con la misma carga de hielos y nieve tomadas en Finlandia. Aalborg estaba sufriendo la misma congelación y se nos anuncio un cerrado bloque de hielos a la salida del puerto. Una caravana de buques nos siguió, todos eran mas pequeños que nosotros y no vi desde donde se sumaron a lo que ya formaba un convoy. El Práctico nos dio instrucciones y desembarcó con una botella de ron cubano en la mano.

-¡Toda avante! Ordeno el Capitán después de haber salido de su escondite.

-¡Toda avante! Repetí parado frente al bridge control y lo fui accionando despacio. Al fin arrancamos de este frio de mierda, pensé vanamente, solo íbamos a cruzar la acera para entrar a Suecia, otro refrigerador gigante.

-¡Oye! Avísale al Capitán que debo parar máquinas. Reconocí la voz de Pascualito, era el Jefe de Máquinas.

-¿Algún problema grave?

-Si, dile que tengo obstruidas las tomas de fondo con hielo.

-Okey, se lo informo ahora mismo.

-Capitán, la máquina parada por obstrucción de las tomas de fondo con hielo. Debe informar a la caravana que viene detrás de nosotros, definitivamente tampoco estábamos avanzando, nos quedamos atrapados por el hielo. ¡A cagar, Liberales del Perico! Pensé inmediatamente. -Capitán, debe comunicarle a los Prácticos que estamos siendo arrastrados por la masa de hielo y necesitamos un rompehielos con urgencia.

-Averigua como van las cosas por máquinas. Llamé inmediatamente. -Master, dice Pascualito que en unos minutos tienen resuelto el problema, le están metiendo soplete a la toma de fondo. 

Unos minutos mas tarde arribó un rompehielos y comenzó a romper muy cerca de nuestra proa. Imagino la experiencia del Capitán de aquella nave que se aproximo a escasos metros de nosotros, resuelta la situación continuamos la marcha hasta la próxima nevera. Dos días habremos estado en Uddevalla, Suecia, tiempo suficiente para desear salir de aquel infierno blanco. Partimos hacia nuestro destino final de carga, Amberes, Bélgica.

Solo cuando llegamos a las aguas del Golfo de Vizcaya, comenzó a derretirse todo el hielo y nieve cargado en Finlandia. Fue uno de los viajes mas duros realizado en mi vida de marino, gracias a Dios bajo el mando de un buen Capitán. Individuo al que nunca vi temblar en situaciones de peligro y con un carácter especial que nunca lo abandonó, un día le dedicaré unas líneas al “Guajiro Marrero”, porque así era conocido en toda la flota. A Raúl Hernández Zayas ya le dediqué un merecido homenaje, un “Capitanazo”.

Navegar por hielos puede ser un privilegio o dura experiencia para muchos, no todos las han vivido. Hoy mi ventana se encuentra congelada, vivimos un invierno que nos ha reservado toda la crueldad del clima, estamos a 22 grados Celsius bajo cero y se espera en la noche que baje a 26. Hoy es el día de los Reyes Magos en muchos países, 6 de Enero del 2018. Los Reyes solo me regalaron frio, yo les regalo estos recuerdos.


Esteban Casañas Lostal
Montreal..Canadá
2018-01-06


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martes, 2 de enero de 2018

HORAS EXTRAS, DIETAS Y ANTIGÜEDAD


HORAS EXTRAS, DIETAS Y ANTIGÜEDAD


Motonave "Jiguaní"


Solo encontré dos tripulaciones que defendieron a capa y espada sus derechos en toda mi vida de marino. Luego nos convertimos en mansas manadas que levantábamos los brazos por reflejo condicionado y lo aprobábamos todo, todito, hasta el grueso de la soga del que penderían nuestros timoratos cuerpos.


Una de aquellas tripulaciones perteneció al buque “Renato Guitart” y su batalla en una asamblea fue reclamándole al Capitán sobre la compra de víveres en Islas Canarias. Ya lo escribí en alguna parte, navegábamos en línea fija a los países del CAME en el Mar Negro, ya saben, Bulgaria, Rumania y la antigua Unión Soviética fueron nuestros destinos en estas latitudes. En este caso muy especial y en el que se encontraban muy pocos barcos involucrados, se le asignaba a cada nave una cantidad de divisas para sus gastos. Una parte de aquella plata era pagada en moneda fuerte de países capitalistas y la otra en dinero del CAME. Solo que las ofertas y calidades de los productos que se podían adquirir en ambas orillas no podían compararse entre sí. 


Muchos capitanes, no todos, trataban de ahorrar plata de esas asignaciones al costo del sacrificio de sus tripulaciones. Lo hacían para ganar méritos personales y lo reflejaban en sus rimbombantes informes de viaje. Casi todos querían que les asignaran un Lada, no tenía otra justificación esa actitud miserable. Pues el viaje anterior al de aquel conato colectivo, nuestro Capitán, y valga la pena mencionarlo para molestia de unos que hoy piden silencio, era Pedro J. Ferreiro Casas. Para muchos, muy buena gente, para otros, uno mas de la tonga. ¿Qué les cuento? Se le ocurrió la brillante idea de no abastecer a la nave en Cádiz alegando cualquier barbaridad y el resto del viaje lo dimos comiendo judías diariamente. Es que ninguna de esa gente consume otro tipo de frijol, no quieran imaginar el mal ambiente creado en una tripulación a la que considero una de las mejores en mi vida de marino.


Escándalo, abucheo general y la intervención del secretario del partido para calmar los ánimos. Por suerte para todos nosotros, aun existía eso que se perdió mas adelante y que se llama “hombría”. Aquella batalla tuvo carácter local y no trascendió mas allá de la borda de nuestro buque. Esa vez no nos pudo joder y se vio obligado a avituallar al buque como era debido.

La otra tripulación que defendió como nadie sus derechos, esta vez en el teatro de la Empresa de Navegación Mambisa, fue la del buque “Jiguaní”. Ese evento sucedió unos cuatro años antes al del Renato y su guerra contra los frijoles blancos. El tema era mucho más serio y afectaría los bolsillos de cada marino. Se nos pedía la renuncia al cobro de las horas extras y las dietas. En este punto debo detenerme y explicarles a las nuevas generaciones de marino cual era el escenario de aquellos años. Esa asamblea o emboscada ocurriría en el año 1970 y fueron convocadas las tripulaciones de los barcos surtos en el puerto de La Habana. Los que se encontraban navegando no se enteró de lo ocurrido, no se les consultó. 


A principios de comenzar a navegar (pude disfrutarlo un poco más allá del año solamente), se pagaban en nuestras naves dos tipos de “horas extras”. Una parte de ellas eran consideradas normales, comprendía generalmente las dedicadas a los arranches y maniobras que se producían fuera del horario normal de trabajo o las 44 horas semanales que debían laborarse de acuerdo con la ley vigente. Estaban también las “horas extras pesadas”, muy diferentes a las anteriores y que aportaban una suma superior al bolsillo de cada marinero de cubierta, timoneles, pañolero y contramaestre. Estas se referían a las horas trabajadas en las limpiezas de bodegas, labor que en aquellos tiempos no era contemplada como obligación de la marinería. En todos los puertos cubanos y en casi todos los del mundo, existían brigadas dedicadas a esas labores y en la medida que el buque iba descargando, ellos se encargaban de la limpieza de las bodegas. Trabajo que realizaban con eficiencia y finalizaba unas dos horas después de concluida la descarga del buque. 


Motonave "Renato Guitart"

En aquella escandalosa asamblea realizada en el teatro de Navegación Mambisa, se nos solicitaba que renunciáramos “revolucionariamente” a las dietas que cobrábamos en los barcos. Las nuevas generaciones no conocieron que en la hoja de enrolo se hacía mención a esa dieta, se especificaba claramente que el tripulante tenia derecho a recibir diariamente un desayuno, almuerzo y comida. ¿Cuál es el origen del pago por concepto de dieta? Muy simple, como el buque estaba obligado a prestarte esos servicios diariamente, cuando no los consumías por estar disfrutando de los francos ganados después de cada guardia, que en aquellos tiempos eran de 24 horas por 48 de descanso, pues esos dos días libres debían ser compensados económicamente. No estamos hablando de sumas exageradas, pero la plata recibida por esas compensaciones, pero alcanzaban cómodamente para pagar el consumo de cigarros y los radiogramas recibidos a bordo.


En aquella “combativa” asamblea realizada con la tripulación del “Jiguaní”, que comenzara a las cinco de la tarde y se extendiera hasta la medianoche. Los representantes del sindicato y partido de la flota que la presidieron tomaron como argumento la existencia de la Ley 270, aquella alocada ley promulgada por esos años y que comprendía el pago del 100% del salario a los trabajadores que se enfermaran. Solo exigía como condición que los trabajadores fueran vanguardias y ya saben lo pícaros que somos los cubanos. Pues nada, comenzamos a vivir en un país poblado de vanguardias y muy jodidos de salud. La mencionada ley explotó y de acuerdo con las exposiciones de aquellos dirigentes, no era económicamente sostenible. ¡Coño! ¿Qué relación tenía la puta ley con nuestras horas extras y dietas? Ninguna y a falta de argumentos para justificar su pedido, la tripulación explotó y no se llegó a ningún acuerdo. Sin someterla a votación, se pasó al punto de asuntos generales y recuerdo que, sin ser invierno, un timonel de apellido Febles llevó al teatro uno de aquellos abriguitos pendejos comprados en Japón y el Capitán del buque, Carlos García, trató de justificar la calidad y compra de aquella mierda por el que seguro recibía alguna comisión. El foco de la asamblea se desvió, quizás intencionalmente, hacia el tema casi banal del abrigo y se dio por concluida la razón que nos llevó ese día al teatro. Nadie renunció al cobro de las horas extras y dietas, sin embargo, desapareció a cojones de las nominas de nuestros pagos. 


Se continuó trabajando como esclavos con la colaboración y complicidad de muchos capitanes, casi todos. Quienes a partir de esas fechas no solicitarían la limpieza de las bodegas en el exterior y poco después desapareció también en la isla. El pago de las “horas extras” reapareció a mediados de los ochenta y con una cantidad limitada de ellas. Las dietas no aparecieron nunca más o sí, aparecieron de otra manera y lo hicieron para evitar la obesidad en nuestra flota, quizás. Ya en mis últimos viajes no aparecía la plata para comprar víveres o pagarles a los tripulantes.






Post Data.-


Aprovechando la fecha del 1ro. de Mayo y todas las manifestaciones de los comunistas cubanos para celebrar alguna cosa relacionada con la clase obrera -yo les recordaría que solo hay espacio para festejar la traición de Lázaro Peña-   tuve intensiones de escribir unas notas sobre aquella extraña Ley 270. Luego recordé que ya le había dedicado unas notas en algún tema relacionado con el fatal desempeño de los sindicatos cubanos y exactamente en nuestra flota.

 

Si dedicaran unos minutos en la búsqueda de la promulgación o derogación del Decreto Ley 270 para los años 1970-1971, les anticipo que no encontraran nada. Pues en este trabajo dedicado a las “horas extras y dietas” que fueron anuladas en nuestra flota, solo me detengo en esos puntos y creo que están bien explicados. Sin embargo, dejo al garete algunos beneficios obtenidos por la clase obrera que nos antecedió y fueron eliminados de un solo zarpazo. Vale la pena mencionar el escalafón de “antigüedad” existente en todos los centros de trabajo. Esta mencionada antigüedad fue sustituida por la “idoneidad”, virtud o mérito fundamentado en la subordinación política irreflexiva e incondicional a la “revolución”. O sea, se crearon las condiciones para que un joven -militante del PCC o UJC- sin antigüedad o experiencia laboral, destruyera las aspiraciones o derecho de cualquier viejo trabajador con experiencia para un ascenso.

 

El vehículo utilizado para neutralizar esos derechos disfrutados por los trabajadores fue precisamente la derogación del “Decreto Ley 270” y tuvo que ocurrir por el año 1970. Se alegó la imposibilidad de sostenerla económicamente, debe recordarse que esa Ley ofrecía al trabajador el privilegio de cobrar su salario íntegro si el trabajador era de “Avanzada”. ¡Por supuesto, todos éramos de Avanzada! Algo raro ocurrió en aquella asamblea, se nos solicitó renunciar a las horas extras, horas extras pesadas y a las dietas, privilegios o derechos existentes antes de la entrada en vigor de aquella extraña Ley de muy corta duración.

 

Hoy, desde la frialdad que ofrece la lejanía geográfica y del tiempo, regreso hasta aquellos momentos, me siento en el teatro de la Empresa y participo de un enardecido debate donde defendíamos aquellos derechos. De pronto y sin llegar a un acuerdo final, aparece el timonel Febles y muestra un abriguito vendido por Nakada en Tokio. El abrigo no formaba parte de los puntos a discutir en la asamblea y desvió totalmente la atención de nuestra resistencia. Hoy puedo pensar con mas calma y analizar con sangre fría esos instantes. Febles era militante del partido, no era mala persona, pero sí fue un individuo muy introvertido a lo largo del tiempo que compartió en aquel buque. Razones sobran para poner en dudas sus supuestas buenas intenciones y la balanza puede inclinarse hacia la duda. Febles pudo estar cumpliendo órdenes del partido y aquello fue una trampa. No hubo oportunidad para realizar una demanda o apelación, todos aquellos derechos por los que lucharon los trabajadores antes del 1959, fueron eliminados con la complicidad de la CTC. La clase trabajadora quedaría totalmente desamparada e indefensa a partir de esos instantes y se transformó en un órgano represivo. No veo razones para festejar absolutamente nada.


2023-05-02

 







Esteban Casañas Lostal
Montreal..Canadá
2018-01-02






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sábado, 30 de diciembre de 2017

"FELIZ AÑO 2018"







Hola amigos.-

Quisiera desearles a todos un "Feliz Año 2018" y no quiero perder la oportunidad de agradecerles las visitas realizadas a este blog. Un saludo muy especial a esos hombres de mar que me leen desde sus camarotes en plena navegación, para ellos, buenas singladuras y recaladas. A cada uno de ustedes que llegan a esta humilde pagina desde diferentes países y continentes, mi compromiso a continuar rescatando paginas olvidadas de nuestros Diarios de Bitácora.


                         Esyteban Casañas Lostal.
                         Montreal..Canada
                         Diciembre 30 del 2017




jueves, 28 de diciembre de 2017

LAS PIÑAS A BORDO


LAS PIÑAS A BORDO


Motonave "Abel Santamaria".


Proliferaron en la década del 70 y su presencia se hizo sentir en muchos barcos de la flota. Estos clanes o pandillas silenciosas respondían a una diversidad de intereses y como si se trataran de astros, siempre giraban en torno a un cabecilla. Existieron en muchos barcos de nuestra flota con o sin importancia, si estoy convencido de que en todos los casos fueron muy dañinas. Las piñas mas importantes y con mayor número de miembros giraba alrededor del Capitán. Otras con menor n
úmero de miembros lo hacia alrededor de las figuras del Jefe de Máquinas, Sobrecargo y Secretario del Partido. Las menos importantes o reducidas en cantidad, eran piñitas subordinadas a un líder espontaneo que podía ser cualquier miembro de la tripulación.

¿Cómo se formaba una piña antes de salir de viaje? Esa posibilidad la poseía solamente el Capitán, figura con el privilegio de elegir a parte de su tripulación, sin que esa libertad constara en ninguno de los estatutos o reglamento de la flota. Generalmente se le ofrecía la posibilidad de elegir a su Primer Oficial, Sobrecargo, etc. Debo manifestar que no todos hicieron uso de esa potestad y se conformaban con la tripulación heredada. Al elegir al Sobrecargo, pieza interesantísima en ese tablero de ajedrez y que cubriría su espalda de delitos menores que siempre cometían, le permitía a este otro individuo la importación de personal subordinado a su departamento que, respondiera enteramente a su confianza. ¿Quiénes mejores para ocultar los faltantes de alimentos que no fueran los cocineros? Faltantes que se producían antes de la salida del buque de cualquier puerto cubano. Los cocineros eran en términos generales unos fieles cómplices del Sobrecargo y se sumaban automáticamente a la del Capitán. De igual forma podía suceder con el personal de cubierta y su vinculación o subordinación fiel al Primer Oficial y Contramaestre. Pudiera resultar alucinante esto que manifiesto, pero solo se ajusta a las realidades de aquellos tiempos.

Los jefes de máquina trataban por sus medios de sumar a gente de toda su confianza en el departamento, solo que en este caso no se encubrían delitos, buscaban mas bien tranquilidad. Tampoco puede omitirse que, en muchos casos, estos jefes trataban de imponer cierta “independencia”, solo que esta manera de proceder fue muy escasa, pero existieron. 

Alrededor del Secretario del Partido se agrupaban una inmensa mayoría de militantes y chivatos. En este caso solo buscaban hacer una demostración de poder y no fueron pocas las oportunidades donde se impusieron por encima del mando de un Capitán sin pantalones. Aunque para esa década el nivel de corrupción había tocado las puertas de casi todos los camarotes a bordo, no era precisamente un interés económico el que lograba agrupar a estos individuos, aunque al final resultaran tan contrabandistas y ladrones como el que más. Esta categoría de “piña” era la más temida de todas, aunque fueran inmorales, ellos tenían la posibilidad de embarrar a cualquier figura del barco y de ese poder casi absoluto no escapaba el Capitán del buque. Solo pocos conocidos asumieron el rol para el que estaban encomendados y lograron mantener a raya a esos individuos. Si no imaginan a un secretario del partido cuya plaza en la nave era de engrasador con mas poder que el Capitán, yo puedo asegurarles que esa experiencia la viví a bordo del buque “Casablanca” estando Francisco Di Mares al mando de ella. Existen muchos ejemplos similares que prolongarían el presente trabajo. Luego, la figura del secretario del partido pasó a un segundo plano con la introducción en el escenario del “Comisario Político”, otro planeta alrededor del cual giraron muchos satélites.


Motonave "Aracelio Iglesias".

Hubo piñas formadas por profundas manifestaciones “raciales”, como ocurrió en el buque “Otto Parellada” bajo el mando del Capitán Remigio Aras Jinalte. Negro complejista y racista, logró sumar a su alrededor casi el 90% de una tripulación de su raza. Es de imaginar el calvario sufrido por el que fuera de color diferente a la de este clan. Ya en otras oportunidades le he dedicado líneas a este degenerado y hoy no quiero extenderme en repetir lo mismo. Otro piquete con sabor a regionalismo fue el que encontré a bordo de la motonave “Moncada”, se encontraba al mando de la misma el Capitán Juan Carlos Martínez Llamo. El 90% de la tripulación estaba compuesta por personas de origen santiaguero o de las provincias orientales. Como Primer Oficial yo resultaba una imagen decorativa ante esta impenetrable piña y abandoné el barco unos días después de mi enrolo y estando de salida, pude sobrevivir afortunadamente a una sanción.

Existieron barcos con estas “piñas” que resultaron casi impenetrables, no era fácil enrolarse en esos buques sin la aprobación del clan. Inmediatamente de enrolado cualquier marino y reconocido por algún miembro, si poseía antecedentes que justificara la no aceptación a bordo, se le comunicaba al Capitán o en su defecto al Primer Oficial para rechazarlo. O sea, la comisión evaluadora en esos casos era la voz de esta pandilla. En esto que les menciono se destacaban los buques que pertenecieron al grupo de portacontenedores, cuyas ramificaciones se extendían hasta las mismas oficinas de la Empresa de Navegación Mambisa. Como unos cómplices más, los funcionarios y supervisores de esos buques respondían a los intereses de esas pequeñas mafias, porque en esto se transformaron. Ellos complacían gustosamente todas las demandas o sugerencias en cuanto a enrolos se refiere y no lo hacían por un simple gesto de solidaridad, el poder de estos clanes logró penetrar casi todos los recintos de la empresa mediante sobornos. Han pasado muchos años y algunos protagonistas de estas infamias tratarán de desmentirlas, pero ellos saben perfectamente que funcionaba de esa manera.

De todas las piñas que existieron en la flota mercante cubana, se lleva la medalla de oro por su poder e impenetrabilidad, aquella que giraba en torno a la figura del Capitán Carlos Yero. Debo manifestar que no guardo nada en su contra, lo conocí y compartí en varias oportunidades con él y mi amigo Manuel Balsa. Era buen Capitán y excelente hombre que no andaba en mariconerías, los miembros de su pandilla se destacaban por esa virtud, no había espacio para los chivatos. Su campo de actividad era el contrabando de todo género de artículos demandados por la población y fueron protagonistas de un caso único en la historia de la marina mercante. Su tripulación en pleno cayó arrestada con su Capitán incluido, creo haya sido el caso más famoso, aunque después esa historia se repetiría con otra tripulación. Todos los que mantuvieron una actitud viril escaparon de condenas y solo los timoratos que aceptaron culpabilidad terminaron tras las rejas.


Motonave "Moncada".

El poder de Yero trascendía mas allá de la escala del barco, pudo ayudarlo el haber sido cuñado del General Rogelio Acevedo, pero esto es solo una suposición. Lo cierto es que en su barco no podía enrolarse un Juan de los Palotes sin que fuera aceptado por su fiel piquete. Quedando el buque “Abel Santamaria” fuera de servicio definitivamente, Yero se enroló inmediatamente en el buque “Frank País” y llevó consigo a mas del 70% de su tripulación. Sin yo solicitar vacaciones fui relevado por Arturo Escobar y me retiré del barco sin entregarle el cargo, ya he escrito sobre esto. Uno o dos viajes posteriores, Escobar lo dejó embarcado y Yero me solicitó salir de Primer Oficial con él. Conociendo sus antecedentes y por no simpatizar yo con ninguna de las piñas, rechacé su oferta. Razones me sobraban, cuando fui por mi ropa al “Frank País”, algunos tripulantes me reclamaron por la exclusión de varios “personajes” de las brigadas de guardia. Al revisarla, observé que se habían sacado de esas guardias al sobrino de Yero, quien viajaba como marinero de cubierta y era hijo de Rogelio Acevedo. La gente que me conoce sabe que siempre me opuse a esa práctica de conceder privilegios a quienes no les pertenece y que por donde quiera que pasaba, incluía a todo el mundo en esas guardias sin contemplación alguna. No pocos fueron los capitanes que apelaron por ciertos privilegios y chocaron con mi negativa. Mi justificación era simple, si yo, siendo Primer Oficial hacia mis guardias, por debajo de mi la debían hacer todos los de menor rango.

Otro de aquellos clanes con los que tuve la desgracia de navegar y buscarme muchos dolores de cabeza, fue a bordo del buque “Aracelio Iglesias” bajo el mando del Capitán Miguel Haidar. Las razones de su existencia eran muy distintas a las mencionadas con anterioridad, no había interés económico o político, aunque la mayoría eran militantes del partido. Este era un clan compuesto por chivatos y adulones del Capitán, quien entre otras cosas, los usaba para declarar parte de sus abultadas pacotillas. Haidar era un personaje que disfrutaba la adoración de estos chicharrones incondicionales, quienes de una u otra manera alimentaban su personalidad narcisista. No fueron pocos los encontronazos experimentados ante mi negativa a conceder privilegios.

La historia de este flagelo que azotó a casi toda la flota mercante cubana hasta el mismo instante de mi deserción es algo que no debe ser olvidado y debe ser mucho mas amplia que lo expuesto en este tema. No fueron pocas las personas perjudicadas y sueños destruidos por culpa de los cabrones que lo permitieron y su tropa de adulones.


Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá
2017-12-28 


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