Espacio dedicado a temas correspondientes a las flotas cubanas de Navegación Mambisa, Navegación Caribe y Flota Cubana de Pesca.
jueves, 14 de junio de 2018
FELIZ DÍA DE LOS PADRES
Hoy quisiera felicitar a titulo personal a todos los padres que celebran su día el próximo domingo, poco importa la latitud donde se encuentren. Quisiera que esta felicitación tuviera un sentido especial para quienes como yo, compartieron parte de su vida en el mar.
Entregados por entero a una profesión hermosa y que exigía mucha entrega y amor personal, estuvimos ausentes durante el nacimiento de nuestros hijos. El tiempo restante de aquella travesía fue premiada por el desvelo, compartido con sueños despiertos, imaginando de alguna manera como seria esa criatura tan esperada. Quienes lo vivieron saben a que me refiero.
Para todos ustedes, sin distinguir banderas o puertos de matricula, mis sinceras felicitaciones y este poema donde trato de explicar quienes fuimos.
Un fuerte abrazo.
SER MARINO
Ser Marino es, llevar la sal entre las venas,
con salitre que brota por los poros de la piel,
casi siempre dorada o morena,
es lago, río, mar, costa acantilada y arena,
es sol, nubes, luna, estrellas y planetas,
es bruma, vientos, nieblas, huracanes y galernas.
Ser Marino es valor, es tener miedo, sentir pena,
es gaviota que nada y un delfín que vuela,
es paz y también guerra, amor y odio conjugados,
la felicidad y la tristeza.
Ser Marino es llegar tarde a un parto, tan tarde,
que al partir solo dejas un vientre inflamado,
cuando regresas, camina, te mira y ríe,
nunca te das cuenta que tarde llegas.
Ser Marino es medir el tiempo por viajes,
olvidando los días que tiene el almanaque,
almanaque que se detiene al salir,
porque desde ese momento se deja de vivir.
El Marino es alcohol, mujeres y fiesta,
nunca llega a un entierro, vive solo,
le sobran los amigos cuando tiene dinero,
y cuando no lo tiene, lo vende todo.
Es contrabando, es negocio, es perdedor,
ser Marino es amar su nave, llamarle ella,
buscar su posición después de varios días entre la niebla,
mordiendo al sol en el horizonte,
escarbando también entre la luna y las estrellas,
dominar el cielo, el viento, las corrientes,
saber moverse con los cambios de marea.
Ser Marino es vino, tinto, blanco, verde o rosado,
pelo lacio y negro, muy negra la pelvis que se besa,
es whisky y cerveza, ojos azules como el cielo,
aureola de los senos rosados y tiernos
es sake y arroz, ojos rasgados casi cerrados,
piel limpia, tersa y perfumada,
es ron de caña o de palma, negra o mulata,
fuego que te quema, clave y tumbadora,
culos duros y maracas, sexo y amor.
Ser Marino, señor,
es mucho para decirlo con dos palabras,
es Dios y pecado, olas como montañas,
crestas de espuma que embarcan por la proa,
que estremecen el barco y tiemblas,
que provocan bandazos y rezas,
y cuando todo está calmado eres macho,
tienes sueño y no duermes, necesitas de una hembra,
así pasas días desvelado, meses, años.
Un día, prometes que no serás Marino,
solo unos días cumples tu promesa,
porque una fuerza extraña te arrastra,
te lleva de nuevo al mar como un maligno embrujo,
del que pocos pueden escapar,
otra vez endrogado caes en sus redes,
lo detestas y lo quieres, él lo sabe,
el mar te tiene amarrado.
Hoy…
Conecto el piloto automático con su alarma,
no tengo timonel, estoy solo,
el radar lo pongo en la escala que quiera,
para que me avise cuando se acerca un barco,
el satélite expulsó al telegrafista de la marina,
tengo a un compañero menos,
no necesito observar las estrellas, ni los planetas,
el sol calienta y brilla mucho,
el satélite me lo dice todo,
¿para qué dejar el aire acondicionado?
Ser Marino hoy, no tiene poesía,
la navegación perdió su arte,
la gente se olvida de la astronomía,
es tener a un tipo en el puente, pa’que mire palante,
los bombillitos opacan a las estrellas,
y encerrado en ese cajón,
el ruido de los equipos no deja oir,
los gritos de las gaviotas, la brisa del mar,
ni a los marineros bromeando sobre cubierta.
¡Que mierda!
Esteban Casañas Lostal.
Montreal.. Canada
17-08-1999
miércoles, 6 de junio de 2018
ECHAZÓN EN TUNEZ
ECHAZÓN EN TUNEZ
Motonave "Bahía de Cienfuegos", escenario de esta historia.
…Según el Diccionario de la RAE, la segunda acepción de echazón es la acción y efecto de arrojar al agua la carga, parte de ella o ciertos objetos pesados de un buque, cuando es necesario aligerarlo. El origen de esta norma es muy antiguo ya que se remonta, aproximadamente, al siglo VII a.C., cuando los marineros de la isla griega de Rodas –en el extremo oriental del Mar Mediterráneo, cerca de la actual costa turca– afianzaron una costumbre que, con el tiempo, se convirtió en ley: el Código rodio (Lex Rodhia)…
Ninguna de las acepciones que define esta acción deliberada y antigua en la transportación marítima, se ajustaba a nuestro caso en aquel desafortunado viaje a bordo del buque “Bahía de Cienfuegos”. Habíamos cargado unas 12 600 Tm. de azúcar a granel en el puerto de Guayabal con destino al puerto de Bizerta en Túnez.
La exactitud del total de carga a granel embarcada en cualquier nave, depende totalmente del buen funcionamiento de las pesas en el punto de embarque. Si ellas no funcionan correctamente, puede suceder que se reciban mas o menos de las toneladas pactadas y a bordo es muy difícil determinarlas. Solo se posee una idea aproximada de esa cantidad y el margen de error puede superar las cien toneladas. El oficial encargado de los cálculos de estabilidad y distribución del cargamento tiene a su disposición unos planos que, le indican con exactitud las toneladas necesarias para hundir al buque una pulgada o centímetro. Estos datos son conocidos como “TPI” (Toneladas por Pulgadas de Inmersión) y en los barcos más modernos diseñados con el sistema métrico decimal aparece como “TCI” (Toneladas por Centímetros de Inmersión). La figura del casco no es homogénea desde la quilla hasta su borda, razón por la cual ese dato es variable para los diferentes calados. Un oficial puede determinar con aproximación la cantidad embarcada y la que falta por recibir, solo que esas cantidades nunca serán exactas porque a la hora de leer los calados, siempre habrá movimientos del mar que no permitirán una lectura clara y se opta por valores promedios entre las crestas y senos de las pequeñas olas en el puerto. Para un buque con un “TPI” de 120 Tm. en un calado determinado, resulta casi imposible apreciar las variaciones que se producen en una pulgada cuando el mar se esta moviendo. O sea, en esas circunstancias el error puede ser superior o inferior y se depende siempre de la exactitud de la pesa en el punto de embarque como cantidad confiable.
Motonave "Bahia de Cienfuegos.
Una vez atracados en el puerto de Bizerta comienzan a embarcar los estibadores y nos asombró la cantidad de ellos para este tipo de descarga. Generalmente el azúcar a granel se desembarca por medio de “jaibas” operadas con grúas de tierra o por los medios del buque. Ese tonelaje se descarga en un puerto desarrollado en un tiempo que fluctúa entre la semana o diez días, algunas veces en menos, como ocurría en Japón. Para despejar nuestra curiosidad o sorpresa, los estibadores embarcaron lingadas de sacos de yute y palas. No había espacio a las dudas, descargarían esa azúcar llenando sacos en las bodegas y para los que conocíamos las dimensiones de esos espacios de carga, fuimos presa de la desesperación por varias razones, estábamos en un país árabe y aunque moderado, toda actividad normal en la vida de cualquier marino era extremadamente limitada. No hablemos de bares o burdeles, se suponía que el costo y variedad de la “pacotilla”, principal razón de ser de las ultimas generaciones de marinos, carecía de atractivos. En Cuba estuve en buques que fueron cargados rompiendo sacos, o sea, lo contrario a esta operación. Solo que nuestros estibadores poseían suficiente experiencia en estas operaciones y aunque fueran lentas, nunca llegaron a los extremos vividos en Túnez.
Aunque fue un viaje agobiante, premiado por todo el aburrimiento que existe en el planeta, contábamos con una buena tripulación y aquella situación fue superada por el sentido del humor de varios hombres. Ya he escrito algunas páginas muy simpáticas sobre ese viaje, donde se destacan las maldades que se le hicieron a “Santa Ofelia del Vedado”, al “Segundo Oficial” y al “Musiquito”. Gracias a las travesuras de algunos tripulantes se mantuvo en alto la moral de la tripulación y se lograba mermar en algo la situación caótica experimentada con la alimentación, responsabilidad absoluta del Sobrecargo y el Capitán del buque. Ya comenté en otros trabajos la negativa de estos individuos a avituallar la nave en ese puerto y la principal razón, el dinero que recibirían por “comisión”, además de ser muy poco, era en la moneda nacional de aquel país.
Desesperante era amanecer diariamente sin ver descender los niveles de azúcar en el pozo de las bodegas o disminuir el calado del buque. Así consumimos mas de un mes atracados en aquel puerto y cuando nos aproximábamos al final de las operaciones, observé con preocupación que la bodega inundable. Por mucho que insistía ante el jefe de barco en que priorizaran esa bodega, llegamos al final de la descarga y nos dejaron en el plan de la bodega unas 60 Tm. de azúcar, pudo ser un poco más. Para darle un carácter mas grave a esa situación, era viernes y deberíamos esperar hasta el lunes para gestionar su desembarque. No podíamos salir a navegar desde Túnez hasta Wismark en Alemania del Este sin lastrar con agua de mar ese espacio.
Motonave "Bahía de Cienfuegos"
“Cuando se nace para yunque del cielo te cae el martillazo”, eso sucede en países del tercer mundo. Si ese excedente de carga se hubiera descubierto en un país desarrollado, había dos opciones, la descargaban sin declararla para beneficio del receptor o, suponiendo que se trataran de mercaderes honestos la recibían y pagaban la diferencia. En Túnez no sucedió eso, detuvieron las operaciones cuando consideraron haber descargado lo pactado y no les importó apropiarse del excedente. ¿Estupidez? Puede que sí.
Esa situación produjo un pequeño debate entre el Capitán y yo que, luego él se encargaría de llevar al seno de su partido. Mis exposiciones fueron muy sencillas; ¿Cuánto era el costo armador de ese buque? ¿Cuánto era el monto de la penalidad por incumplimiento de contrato al no estar disponible el buque a la carga en el tiempo pactado? ¿Cuál era el precio de las 60 Tm. de azúcar en el mercado? ¿Valía la pena permanecer hasta el lunes para iniciar negociaciones? Todos esos argumentos se los expuse con números a la mano y se demostraba claramente las pérdidas en las que incurriríamos de elegir esperar.
-¿Qué propones? Preguntó luego de escuchar mis argumentos.
-Muy sencillo, organicemos tres brigadas de trabajo voluntario para palear esa azúcar y depositarla en la cubierta principal. Limpiemos la bodega para inundarla y larguémonos de este país al carajo. Yo estoy convencido de que por encima de salvar los daños económicos que se producirían por la demora, se imponía el deseo de toda la tripulación por abandonar aquel puerto.
Así se hizo, estuvimos trabajando toda la noche, la tripulación fue dividida en tres brigadas que trabajaron con gusto para salir de aquella trampa. Una vez repleta la cubierta principal por la banda que daba al mar, el azúcar comenzó a caer lentamente al agua. Al mediodía siguiente estábamos largando los cabos de aquel puerto que nos mantuvo atados mas de un mes, por el camino íbamos dejando una estela dulce, nadie sabe cuántos cortadores de caña tuvieron que machetear debajo de un sol abrazador para producir esa cantidad de azúcar.
Motonave "Bahía de Cienfuegos"
Nuestra acción voluntaria de arrojar al mar una cantidad de nuestra carga, no clasificaba de “Echazón” como establecen las leyes que regulan la transportación marítima. ¡Coño! Pero tuvimos que dar tremenda pala durante la madrugada, todo por culpa de vivir en un país del tercer mundo y descargar en otro de un mundo peor. ¡Por supuesto! Redacté el acta correspondiente para escapar de una posible acusación, ya saben, cosas como estas pueden convertirte en agente de la C.I.A.
Esteban Casañas Lostal
Montreal..Canadá.
2018-06-06
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martes, 5 de junio de 2018
LA DOCTORA DORA Y AIDEL
LA DOCTORA DORA Y AIDEL
Motonave "Aracelio Iglesias", escenario de esta historia.
Hay gente buena que me obliga a mover el teclado y lo hago con placer, creo que cumplo el deber de no dejarlos morir para siempre. Tal es el caso de la Doctora Dora y su esposo Aidel, compañero mío de estudios, aunque el perteneció a la especialidad de máquinas. Me contó mi amigo Arabí mientras vivía en la isla, este magnífico hombre se encontraba sufriendo una terrible enfermedad y mi temor es que estas líneas no lleguen a tiempo.
Navegamos juntos a bordo del buque “Aracelio Iglesias”, Dora como Doctora y Aidel como Segundo Maquinista. Mis relaciones con ambos puedo calificarlas de excelentes, eran una pareja perfecta que cumplía a cabalidad con sus deberes. Podía adivinarse a simple vista que aquella unión no se encontraba sellada por la atracción o deseo por la carne, como sucedía con otras parejas en apariencias formales de sus tiempos. Eran dos seres que se amaban y luego el tiempo se ha encargado de reafirmar lo que en su tiempo había sido una suposición basada en la experiencia. Aquellos tiempos mencionados se remontan a 1983, recuerdo que la despedida del 82 la celebramos bajo el mando del Guajiro Marrero en Finlandia, ahora navegaba por segunda vez en ese barco luego que su “propietario”, el Primer Oficial Amaral, fuera destronado por voluntad popular o partidista.
El ambiente reinante no era de mi agrado, ya he manifestado que nunca simpaticé con “piñas”, “pandillas”, “clanes”, grupos afines etc., ya había sufrido bastante por las existencias de ellos. Desafortunadamente, mas de la mitad de aquella tripulación participaba en aquel concurso por ser el mas guataca o chicharrón del Capitán Miguel Haidar. En aquella funesta y desagradable competencia, discutían puestos cimeros los militantes del partido y por supuesto, el sindicato incluido que era una rama enfermiza de aquel árbol.
Ya he contado por ahí que un día, el secretario del sindicato, un individuo que entró conmigo en la marina por el año 67, había agredido y golpeado brutalmente al segundo cocinero, uno de los tripulantes mas nobles de aquella nave. Inmediatamente llevé al cocinero ante la doctora y le pedí que me extendiera un certificado medico para proceder como establece el reglamento en caso de indisciplinas graves. El primer encontronazo fue con el Capitán, quien, a toda costa, trató de defender a uno de los principales miembros de su clan. Peor fue su reacción cuando vio que yo tenía un certificado firmado por la doctora, ya sabia que ella no era santa de su devoción y debía esperar a que pasara el tiempo, el cual nunca se detiene.
-Primero, hágale una evaluación mala a la doctora. Quiso ordenarme aquella mañana en nuestro viaje de regreso casi a la altura de las islas Hawaii.
-¿Por qué debo hacerle una mala evaluación, ella es muy buena trabajadora? Le pregunté esperando una respuesta que justificara aquella solicitud conociendo el origen de tan miserable acción.
-Tú no te preocupes, haz lo que te digo y no averigües. Así, con toda la tranquilidad del mundo me contestó, sin suponer cuál sería mi reacción.
-Miguel, yo creo que te has equivocado conmigo. Yo no entro en ningún tipo de mariconeras y no voy a ensuciarle el expediente a ningún tripulante que haya cumplido con sus deberes. Ella es una buena trabajadora y si no quiso estar contigo, ha sido su derecho a elegir la pareja de su agrado. Además, lo eran mucho antes de enrolarse en este barco. El Primer Oficial estaba en la obligación de realizarle una evaluación “laboral” a cada uno de los oficiales subordinados. Es indudable que en su caso no estaba facultado ni poseía los conocimientos para incluir detalles técnicos o profesionales. Creo que se quedó congelado cuando escuchó mi respuesta y aunque tenían el poder de destruirme con una evaluación partidista, eligió quedarse tranquilo y aquel encontronazo no trascendió para bien de él.
-Aquí tienes tu evaluación, léela y fírmala si estás de acuerdo. Le dije a Dora aquella mañana. -No aceptes ni firmes otro tipo de evaluación, solo yo soy el facultado para realizarla como jefe de cámara y cubierta. ¿Me entendiste?
-¿Hay algún problema? Me preguntó después de leer el papel que puse en sus manos y firmarlo.
-¡No! Pero si firmas otro documento como este con diferente origen, te garantizo que sí lo habrá. Nunca le expliqué las razones de aquella actitud mía y pudimos terminar en calma el desafortunado viaje. Una vez en La Habana yo solicité mis vacaciones y ellos también, me refiero a Dora y Aidel.
Motonave "Aracelio Iglesias".
Aidel vivía en uno de los edificios de doce plantas que la marina mercante tenia en Alamar, era lógico que alguna vez coincidiéramos en el mercado o la pizzería de la Zona 1. Varias de esas ocasiones, iba acompañado de su exesposa e hijo. Luego perdimos contacto como suele ocurrir en la vida de los marinos y pueden pasar años sin un nuevo encuentro. Imagino las vicisitudes y dificultades que deban haber sufrido para formar un nuevo hogar partiendo desde cero. Esto lo pienso hoy que veo, casi cumplida, aquella sorda promesa de “hasta que la muerte nos separe”. Tal vez estas líneas les lleguen algo tardías y lo lamentaría mucho.
Volví a encontrarme con Dora en diferentes momentos, instantes que muy bien pudieron tener intervalos superiores al año. Ella trabajaba como doctora en la sede de la Empresa de Navegación Mambisa y cada uno de aquellos encuentros estuvieron edulcorados por esos sentimientos de amistad y respeto que siempre me inspiró. Fue muy servicial con todos los marinos que asistían a su consulta y nunca escuché palabra alguna que dijera lo contrario, fue querida y respetada por nuestra gente. ¿Qué hubiera sucedido si, por el contrario, mi evaluación fuera sucia? Estábamos viviendo tiempos donde el extremismo imperaba y se alimentaba de actitudes miserables para destruir hombres. Una evaluación laboral mala, era el fundamento principal usado por el partido para dar el tiro de gracia. Se trataba de un mecanismo diabólico, donde sin proponérnoslo, debíamos estar alertas para poder sobrevivir.
Han transcurrido 35 años de aquel viaje, tiempo suficiente para premiar el amor que ha sobrevivido en esta pareja. Hoy, el viejo compañero de estudios esta a punto de decirnos hasta luego y ella continúa luchando a su lado, regalándole esa dosis de amor tan necesario en cada despedida. Todavía hay quien se atreve a pedirme silencio en nombre de esa aberrante “ética” que ellos degeneraron a su paso. Si miserables fueron quienes se atrevieron a actuar así, peores son los que pretenden sepultar estos desagradables recuerdos, cobardes.
Sirvan estas humildes líneas como elixir que cure las penas pasadas y los dolores presentes. Sirvan como reconocimiento a dos seres muy queridos en nuestra flota, seres que supieron en su momento luchar por ese amor que los mantuvo unidos hasta hoy.
Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá
2018-06-05
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jueves, 31 de mayo de 2018
EL GUAJIRO MARRERO
EL GUAJIRO MARRERO
Motonave "Aracelio Iglesias", escenario de esta historia.
Viniendo de una tierra en constante evolución y donde la gente cambia tanto, se corre un altísimo riesgo elogiar las virtudes de una persona cuando se ha compartido con ella por corto períodos de tiempo. Las noticias que se escuchan con frecuencia son alarmantes, aquel que una vez consideraste bueno, se convirtió poco después en un hijoputa y el que lo era de profesión obtuvo un doctorado, no he leído que ninguno se transformara en bueno y continúan arrastrando su estela de desprecio por parte de sus víctimas.
Asumo todas las responsabilidades en el caso del guajiro Marrero, sigo creyendo que pertenece a esa estirpe de hombres que no cambian nunca y como perteneció a una etapa muy importante de mi vida, estas eran unas letras pendientes de agradecimiento. De muchos he sabido que no soy muy aficionado al homenaje “post mortem”, prefiero que los buenos lo disfruten cuando aun se encuentran vivos, solo que a veces llegas tarde y no queda otra opción.
No he conocido a otro que le rinda mejor culto a su apodo que este hombre, era un guajiro mas natural que Polo Montañez. Su hablar, andar, vestir, gustos, gestos y proceder, lo sentaban en la montura de un barco como si se tratara de un caballo. Nadie en las calles habaneras pudiera pensar que se trataba de un Capitán de la marina mercante cubana, él era solo él, guajiro de pies a cabeza. Luego, la naturaleza lo premió con una simpatía sin par. Hay gente desafortunada que de solo hablar caen mal, no fue su caso y un momento especial ocurría cuando debía hablar inglés, se escuchaba con el mismo acento de Justo Vega, el de Palmas y Caña.
Con Marrero me estrené como Primer Oficial y le agradezco en el alma me haya aceptado sin experiencia en esta plaza. Acá piden un currículo cuando se aspira a muchos trabajos y casi todos exigen experiencia. En Cuba eso no existe, pero en nuestro caso, los capitanes se encargaban de pasar por el Departamento de Cuadros para consultar sobre los oficiales disponibles y elegir los de sus simpatías o intereses. Sin cuestionamiento alguno, el guajiro me aceptó y si algo me benefició muchísimo, fue que estuvimos atracados durante tres meses en el muelle “Aracelio Iglesias”. En esa situación se me ordenó hacer los cálculos de estabilidad para hundir la nave en las condiciones de “lastre, media carga y full de carga”. Sugerencia de los militares cubanos involucrados en las maniobras “Fortaleza”, una de las tantas que se hicieron esperando que nos invadieran. Lo cierto es que una vez terminados esos engorrosos cálculos, ya tenía un dominio casi total sobre la estabilidad de ese buque, muy noble y fácil de explotar, me refiero a la motonave “Aracelio Iglesias”.
Motonave "Aracelio Iglesias".
Aquellos casi tres meses atracados en La Habana por desperfectos en la cadena “Puerto-Transporte-Economía Interna”, resultó una escuelita oportuna para torear al ser humano, el elemento mas complejo dentro del contenido de trabajo de un Primer Oficial. Cuando el buque se encuentra navegando es mucho mas sencillo controlar las actividades de los hombres, atracados exige mucha más atención y tienes que extremar los controles. El hurto es una de las principales razones y sus víctimas preferidas, los alimentos de la tripulación y material de mantenimiento, pinturas, sobre todo. Ese tiempo se convierte en una pelea constante de gatos contra ratones y cuidado, nadie está excluido de robarse sus cositas. Ese tiempo atracado en La Habana yo lo denominé “La Batalla del Chorizo” y no fue por gusto. Resulta que el ministrazo de Guillermo García tenía una finquita donde producía sus cositas y uno de aquellos días, muy anormales tuvieron que ser, nos envió un saco de yute conteniendo chorizos. ¿Qué les cuento? A mediados de viaje y luego de consumir varios potajes, noté que en ninguno se había agregado ni un trocito de aquellos embutidos. Le pregunté al sobrecargo Nerey y no supo darme una respuesta, le debo unas merecidas líneas a este personaje. Aquellos chorizos eran alados y sabe Dios a cuales barrios de La Habana volaron.
Muchas cosas suceden en esa larga estadía en cualquier puerto cubano, el barco se llena de inspectores y otros elementos a la hora de almuerzo y debes tomar precauciones para que no dejen a la tripulación sin los alimentos que les pertenece. Otros realizan visitas mas breves, son aquellos que confundieron a los buques como mercados o ferreterías y llegan pidiendo algo, todo es urgente, como si nuestras necesidades no formaran parte de esa cadena de fatalidades.
El barco estaba en buenas condiciones y como es de suponer, algún hijo de puta tenia que llegar a querer disputarme la plaza. Gracias a Dios estaba Marrero de Capitán y siempre me alumbraba, algunos dispararon sus dardos venenosos buscando su objetivo, me río cuando alguien me demanda ética a la hora de referirme a hijos de putas. Uno de aquellos despreciables individuos fue Jorge Torres Portela, ya le dediqué un trabajito titulado “El Capitán Chocoleito”. Lo habían tronado de Capitán y andaba puteando una plaza de Primer Oficial, solo que utilizando los métodos propios de su especie. Esta practica de serrucharle el piso a un conocido fue muy popular en sus tiempos, participaron de esa miserable acción compañeros de estudios y hasta alumnos míos, que pena de hombres.
Con el guajiro di uno de los viajes más difíciles de mi carrera, mucho mas cuando te inicias en un cargo tan complejo como el del Primer Oficial. Ocurría en el norte de Europa uno de los inviernos mas crueles de los últimos años y fuimos destinados a descargar en Finlandia. Temperaturas muy bajas y el mar congelado a nuestro alrededor, me obligaron a ser mucho mas desconfiado y cauteloso, estar atento a cada acción por tomar. Ya conté por alguna parte que debimos “hacer agua” y en ese buque era responsabilidad de cubierta, navegué en otras naves donde esa operación pertenecía al departamento de máquinas. Luego de darle las orientaciones al contramaestre sobre el nivel donde debía cerrar la toma, repitiéndole varias veces que el tanque no podía llenarse, lo encuentro una hora mas tarde acurrucado y tapado en su cama. Deben imaginar la cojonera que le formé con la promesa de desenrolarlo inmediatamente a la llegada a La Habana. Promesa cumplida sin que me temblara la mano por varias meteduras de pata que cometió en el curso del viaje. Estaba escrito que no debía confiar mis responsabilidades en subordinado alguno y sobreviví gracias a ese ángel que me acompañó durante los últimos años en la flota. Si durante mis primeros tiempos como marino, aquellos viejos lobos de mar eran capaces de sufrir un arañazo del casco durante cualquier atraque, hoy la indiferencia había contagiado al noventa por ciento de sus tripulantes y había que cuidarse mucho.
Motonave "Aracelio Iglesias".
Las noches extremadamente largas en estos países durante su tiempo invernal, es una de las principales causas de las depresiones en los seres humanos, mucho mas cuando no perteneces a estas latitudes. Díganmelo a mí que me ha costado un cuarto de siglo en adaptarme. En esas circunstancias, parece que el guajiro tenía sus métodos muy particulares para evitarla. Su camarote quedaba exactamente encima del mío en la banda de estribor y no fueron pocas las veces que me despertó de madrugada. ¡Bum, bum, bum! Se estremecía el techo teniendo como fondo alguna música de aquellos tiempos dorados, su camarote poseía un buen equipo de música. Entonces, lo imaginaba tratando de aprender a bailar cualquiera de los ritmos de moda. ¡Claro! Acompañado de un vaso de ron, porque no puede negarse su afición por el traguito. Me desvelaban aquellos frecuentes conciertos por el que nunca pagué y no quería adivinar como serian aquellos extraños pasillos. Mezclas de punto guajiro, milongas, corridos, joropos, danzones y cuanto movimiento identifica al hombre con su tierra, difíciles de descifrar cuando convergen en dos pies tratando de despegar.
Otras veces, una vez sonados dos cañangazos, el guajiro me llamaba al camarote para analizar tal o cual situación. Esa era la parte más difícil del trato con él, no paraba de hablar y nunca intenté detenerlo por respeto, todo parece indicar que las botellas abiertas en su camarote contenían cierta dósis de loro o, cuando menos, tenían la propiedad de reencarnarlo en una de esas aves habladoras. Una noche y después de sonarse unos tragos, convocó a la oficialidad de cubierta a una reunión supuestamente de trabajo. Puse la alarma de mi reloj electrónico y acudí a la cita, no recuerdo exactamente la finalidad perseguida. Hablaba, hablaba, hablaba como un condenado papagayo y al final no decía nada. Cuando había transcurrido una hora de su monólogo sonó la alarma del reloj y todos se quedaron mirándome, Marrero estaba pasmado, era como si de pronto le amarraran la lengua, creo que le dedicamos un minuto de silencio. ¡El coño de tu madre! Fue todo lo que dijo y el primero en salir de aquel camarote que no era el suyo, ni el mío. Claro que nos reímos todos, nadie se enojó por aquel tiempo perdido.
Motonave "Aracelio Iglesias"
Saliendo del puerto de Aalborg-Dinamarca, ya lo he contado en otra oportunidad, sucedió uno de los hechos mas cómicos protagonizados por este guajiro. Listos para largar los últimos cabos y con el Práctico en el puente, me canso de llamar al Capitán por el intercomunicador durante varios minutos sin que apareciera. Pude pensar que había desertado y estuve a punto de abortar la maniobra. El puente estaba totalmente oscuro y el Práctico no cesaba de insistir sobre la presencia de este tropical personaje. Moviéndome en medio de la oscuridad choco con la silla del Capitán y noto que estaba ocupada por un bulto cubierto con una frazada de dormir.
-¡Oye! ¿Quién coño eres tú? Le pregunté sorprendido.
-¡Sigue la maniobra, comemierda! Lo estás haciendo muy bien, hay un frío del carajo. Respondió con toda la naturalidad del mundo y solo salió de su escondite con una botella de ron para el Práctico cuando despegamos del muelle. Poco antes de la salida del puerto quedamos atrapados por los hielos y necesitamos los servicios de un rompehielos. Aquella masa blanca nos empujaba en su deriva hacia bajas profundidades y corrimos el peligro de vararnos. En ningún momento dio muestras de nerviosismo y asumió su cargo con toda la serenidad del mundo, siempre con su estilo muy particular, como si se tratara de un rebaño de vacas, solo que se trataba de un vaquero muy profesional.
-¿Qué tu crees? ¿Le decimos que inicie la carga con esta propuesta suya? Me entregó un plano de carga confeccionado por un Capitán belga en el puerto de Amberes. En esos tiempos, la marina mercante contrataba los servicios de una agencia que se dedicaba a estos menesteres.
-Tengo que revisarlo, yo no puedo aceptar una propuesta sin conocer el contenido de ese plano de carga. Le respondí a secas, ya les mencioné mi desconfianza en todo lo relacionado con mi cargo, ¿Por qué debía confiar en un belga?
-El problema es que ellos comienzan las operaciones a las siete de la mañana y mira la hora que es.
-Aun así, no me importa pasarme toda la madrugada revisando esos cálculos y distribución de la carga. Pasaban las diez de la noche y los que han realizado ese trabajo saben perfectamente que esos cálculos podían superar las seis horas de trabajo.
-Capitán, no procede la distribución de la carga propuesta por el belga. Le dije esa mañana a las seis y treinta.
-¿Qué pasó?
-Este hombre me ha colocado 2000 Tm. de leche en polvo junto a productos químicos en la misma bodega. Aquí esta mi plano de carga nuevo.
-¡Coño, escapamos! Tenías razón anoche. En esos instantes se presento el Capitán belga y le informé de su error. El tipo recibió la noticia con mucha vergüenza y me invitó a su oficina. Luego de ofrecerme a una taza de café servido por una hermosa secretaria, el hombre me entregó un sobre con plata para que me tomara unas cervezas. Realmente contenía el dinero suficiente para varias borracheras y acepté con gusto el soborno. El fin perseguido con aquel dinero era mi silencio y lo complací. Yo estaba convencido de que si hubiera contaminado aquel cargamento, la seguridad del estado cubana me reservaría una suite en el Combinado del Este.
-Capitán, trate de conservar a este Primer Oficial, es la primera vez que me revisan un plano de carga y no han sido pocos los barcos cubanos que he atendido. ¡Cuídelo! Se lo digo yo que soy Capitán. Esas fueron sus palabras según me contara el guajiro una vez concluidas las operaciones. Aquel cumplimiento de mi deber aumentó la confianza del guajiro hacia mi trabajo y nunca intervino en los asuntos concernientes a mi cargo. Una vez en La Habana fuimos relevados de nuestros puestos por los dueños del “Aracelio Iglesias”. Miguel Haidar relevó al guajiro y el Primer Oficial Amaral lo hizo conmigo. Unos seis meses mas tarde regresé nuevamente a ese barco.
Desde Cuba me escribió el amigo Arabí, casualmente conocía al guajiro Marrero y la opinión que le di sobre su persona no había variado un milímetro en sus últimos años en la marina mercante cubana. Yo estaba convencido de que así fuera, es muy difícil que los verdaderos hombres puedan cambiar. Después me dijo que Marrero había abandonado la isla y que vivía en La Florida. Como mantiene un perfil bajo no lo he encontrado por ningún lugar y es posible que alguien de los que me lee lo conozca. Menciónenle estas letras dedicadas a él ahora que está vivo, de muy poco servirán una vez que se despida de nosotros. Él es merece estar en la colección de los buenos como otros tantos de los que he escrito, vivos o muertos, buenos.
Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá
2018-05-31
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domingo, 27 de mayo de 2018
EL CASO DE LOS AUTOS IMPORTADOS POR MARINOS
EL CASO DE LOS AUTOS IMPORTADOS POR MARINOS
Motonave "Frank País", nave que comandara el Capitán Carlos Yero.
Luego vendría una parte de la historia algo complicada, ¿Cómo bajarlas en la isla sin que se percataran que se trataba de un solo auto? Fue fácil, cuando eres una persona querida a bordo de un barco, siempre encuentras apoyo o solidaridad. Muchos de los que viajábamos con él declaramos algunas piezas y las que no estaban permitidas importar, como el motor y otras partes, fueron escondidas en tanques llenos de aceite quemado hasta la oportunidad de bajarlas.
La importación de autos por parte de los marinos no estaba prohibida por ley alguna en Cuba, esto se supo cuando los conatos exitosos de importación de vehículos ocurridos en esas fechas. El principal obstáculo encontrado en este asunto fue la oposición de dirigentes movidos por la “envidia”, esa asignatura de carácter obligatorio en aquel régimen. Es obvio que ningún dirigente o dirigentico de clase media, vieran con simpatía que marino alguno, rodara por las calles de la isla autos más modernos que los de ellos. No era lo mismo andar en un Ladita que manejar un Mercedes Benz o un elegante Ford Tauro en el que andaba Manolito Balsa. ¡Claro! Tampoco lo lograron con facilidad y fueron meses de una supuesta ardua batalla entre abogados y funcionarios de distintos niveles.
Motonave "Abel Santamaría", nave que comandara el Capitán Carlos Yero.
La primera vez que se produce esa importación de unos diez o quince autos, no recuerdo con exactitud ahora, el Capitán del buque era Carlos Yero. De más está decir que era excelente persona y hombre a todo dar, yo pude compartir en varias oportunidades con él, lamentablemente perdió la vida en un accidente automovilístico hace varios años. Resulta y de todos es conocido, este Capitán era cuñado de Rogelio Acevedo, quien durante muchos años fuera el director de Aeronáutica Civil en Cuba, un rango altísimo si se quiere, defenestrado por corrupción hace pocos años. ¿Pudo influir Acevedo en la toma de decisiones para beneficio de su cuñado? Yo en lo personal no lo dudo.
Manolito Balsa logra introducir en la isla un segundo auto, no puedo afirmar en cual viaje sucedió, mentiría. Sucede que un tiempo después explota la máquina principal del buque “Abel Santamaría” y queda fuera de servicio de por vida. Yo me encontraba de Primer Oficial en el “Frank País” y sin solicitar relevo soy sustituido por Arturo Escobar, ya he escrito sobre este “golpe de estado” aprobado por Yero. Gran parte de la tripulación fue relevada por la “piña” que siempre acompañaba a Yero y entre ellos se encontraba el hijito de Rogelio Acevedo, ya lo he mencionado en otra oportunidad. Salen de viaje y al regreso vienen cargados con varios autos que corren igual suerte, creo que el hijito de Acevedo trajo el suyo. O sea, se repite la película de la retención, la supuesta batalla legal y por último su liberación. ¡Coño! ¿Qué difícil de masticar y digerir todo esto para quienes vivimos bajo ese sistema? Tal parece que vivíamos en el país maravilloso de Alicia.
Motonave "30 de Noviembre", nave que comandara el Capitán Carlos Yero.
Existió otro antecedente de mucha más gravedad donde estuvo involucrado Yero con toda su tripulación, ustedes recordarán la detención de toda la tripulación del buque “30 de Noviembre” por contrabandos de relojes digitales, polvo para tintes de pelo y otras misceláneas. Casualmente Yero y gran parte de su equipo pudo escapar por faltas de pruebas, solo cumplieron prisión los tontos que aceptaron culpabilidad. Como pueden observar, no se les aplicó la ley en todo su rigor, no olviden que no eran necesarias pruebas acusatorias, el fiscal gozaba de aquella divisa que condenaba casi inquisitivamente al acusado por “convencimiento”. Yero tuvo su problemón por Islas Canarias y volvió a escapar, ¿No era demasiada suerte? Yo tampoco lo condeno por estas causas, solo las expongo por las dudas en cuanto a las posibles injerencias de su cuñado Acevedo en cada uno de los casos mencionados.
Vivíamos en una sociedad con una vitrina de pureza que cegó a millones de seres, solo unos pocos o tal vez muchos, sabíamos perfectamente el grado de corrupción que vivía tras bambalinas. También pudo vencer el soborno en cada uno de esos casos, estamos hablando de personas cabeceras en el campo del contrabando de nuestra marina y que poseían altas sumas de dinero. Allá todo es posible, lo imposible es pensar que se actuó con limpieza cuando se les conoce. En el fondo me alegraba cuando amigos míos lograban éxitos en sus propósitos y recorrían las calles de La Habana con sus flamantes autos ante los ojos envidiosos de los dirigenticos de mierda.
Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2018-05-27
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