martes, 21 de marzo de 2023

PRIMER OFICIAL POR SUSTITUCIÓN REGLAMENTARIA.


PRIMER OFICIAL POR SUSTITUCIÓN REGLAMENTARIA.

Foto que corresponde exactamente a esa época.

Cordoví se me acercó en el alerón del puente y me sorprendió con un inesperado disparo a boca de jarro; ¡A partir de este momento eres el Primer Oficial del barco! Creo que yo había subido hasta allí para refrescar un poco la curda agarrada la noche anterior, no existía otra justificación. ¡Sí, sí la había! lo hacía diariamente para darle cuerda a los cronómetros del puente, solo que la resaca no me permitía recordarlo.

 

El buque se encontraba amarrado al muelle del astillero de Barcelona desde hacía más de tres meses y no sabíamos cuándo terminaría aquella pesadilla. Mi socio Cebolla se encontraba de paso por ese puerto a bordo del Sandino y casi todas las noches me llegaba hasta su barco para despejar un poco, pero esa noche se me había ido la mano con el brandy. Cañolo siempre me acompañaba, no era un bebedor experimentado como yo y formó tremenda vomitera, pero aquello lo alivió y regresó en mejores condiciones. Resultaba una tortura tener que esperar a vencer la semana en curso para cobrar los miserables $5.00 dólares que nos pagaban, ¿Qué se podía comprar con eso? Apenas nada o casi nada, aun así, hubo gente que hacia maravillas y lograban algo de pacotilla. Se conocían las coordenadas exactas de los sitios donde montaban sus placitas los gitanos, este piquete de gente eran los que salían una vez a la semana solamente, el resto de los días los gastaban viendo televisión, yo me bebía ese dinero, podía alcanzarme para una, dos, tres borracheras, depende. Los víveres llegaban a cuentagotas y comíamos muy mal para encontrarnos atracados, resultaba increíble. Ya estábamos desesperados por largarnos al carajo, mas de tres meses atracados en cualquier sitio es demasiado tiempo para seres con huecos en los bolsillos.

 

La temperatura era agradable y creo que las manecillas del Poljot indicaba la proximidad de la hora de almuerzo. Mi vista se fijaba siempre en el carrito del funicular que atravesaba el puerto de Barcelona y se perdía en las lomas de Montjuic. Siempre hacía el mismo recorrido visual, pasaba por la réplica de las carabelas de Colón, la estatua del gran Almirante, el nacimiento de Las Ramblas, el muelle de los pescadores y por último, caía nuevamente en el astillero. En horas del día era un constante hervidero de trabajadores, grúas, montacargas y bromas que llegaban borrosas hasta mi posición. No le había prestado mucha atención al Capitán del buque y él se dio cuenta, yo solo trataba de superar la galerna vivida la noche anterior.

 

-Te dije que a partir de hoy eres el Primer Oficial del buque. Insistió como queriendo señalarme que estaba a mi lado y se dirigía a mí. Todavía me encontraba algo mareado, pero no era tan idiota como para dejar de comprenderlo.

 

-¡No jodas! ¿Y eso? Fue todo lo que se me ocurrió decir.

 

-¡Na! Que al comemierda de Tamayo se le ocurrió caerle a golpes a Margarita y la dejó madurita. Está toda destimbalada en el camarote. Es obvio que no escriba su verdadero nombre.

 

-¡Ven acá! ¿Y por qué no cuadras la caja con los capitanes de los barcos que se encuentran ahora en el puerto y haces un cambio de Primer Oficial? De verdad que no me cuadra ese cambio a estas alturas del viaje. Además del buque Sandino se encontraba atracado también uno del modelo D'Nieper, donde estaba enrolado de Primer Oficial Amado Carbot, otro que estudió conmigo y Cebolla.

 

-Ya eso lo consulté y nadie quiere venir para acá. Como puedes ver, estoy obligado a aplicarle una sanción disciplinaria y tienes que cubrir, no cabe de otras.

 

-¡Ño! Qué clase de tiñosa, no me agrada la idea, el ambiente está muy caldeado entre la tripulación y lo que me va a dejar es una papa caliente.

 

-¡Mira! Ya la reparación está por terminar y saldremos de regreso. Asume el cargo y dile que te entregue toda la documentación. Si no te es mucha molestia, trata de dejarlo en su camarote, total, para lo que falta no creo que te interese mucho.

 

-No hay tema con eso, no me interesa el cargo ni el camarote, que se quede donde se encuentra. Ambos abandonamos nuestras posiciones y cerré las puertas del puente.

 

-¡Felicidades al nuevo Chief Mate! ¡Bárbaro, al fin le partieron el culo a ese hijoputa! ¡Mira que golpear a Margarita con lo buena gente que es! ¡Ya tú sabes, hay que pasarle la cuenta! ¡Qué cague pelos desde aquí hasta La Habana! ¡Sangre, coño, eso es lo que queremos! Fueron algunas de las manifestaciones de la tripulación cuando llegué hasta el portalón para esperar a que tocaran la campana.

 

-¡Ven acá, Chief! ¿Ya te entregó el camarote? Preguntó uno de aquellos exaltados marineros.

 

-¡No, compadre! Si supieras, el Capitán me pidió que lo dejara en su lugar, ya falta poco para salir del astillero y yo acepté.

 

¡Quéeeeeeeeeee vaaaaaaaa! ¡Qué te lo entregue todo! Que te entregue el camarote, la jeva y hasta al chivato Agustín. ¡Sangre, cojones! Nosotros queremos sangre. Dijo otro.

 

-¡Asere! Desmaya eso, si no te entrega todas las propiedades tú no eres el Primer Oficial del buque. ¡Te lo tiene que entregar todo y que se mude para La Chusmita! Intervino otro de los presentes.


Motonave "Pepito Tey", escenario de esta historia.

-¡Naaaaa, eso no es así! El relevo tiene que ser con todas las de la ley, si no hace la entrega como está establecido, no esperes que te respetemos. ¡Nosotros queremos sangre! Bastante que ha jodido ese hijoputa. No esperé escuchar la opinión de todos los que se encontraban presentes, sonó la campana y me dirigí al comedor de la oficialidad subalterna. El buque poseía tres comedores, el del Capitán, el del Segundo Oficial y el de la marinería. El almuerzo transcurrió entre bromas y comentarios sobre los sucesos de la noche anterior. Dicen que Margarita le estaba pegando los tarros a Tamayo con El Chino engrasador, todos disfrutaban y apoyaban aquella aventura. Era una manera de vengarse con la oficialidad, aunque las relaciones no fueran legales, porque, por otro lado, el hombre era casado y tenía dos hijas mellizas.

 

-Cordoví, búscate otro que asuma el cargo de Primer Oficial, no voy en esa. Le dije en su oficina frente a Chacha, era una mulata medio jabada que ocupaba la plaza de camarotera y hacía las funciones de Primera Dama a bordo. No era mala gente y seguía pensando y actuando como india, nunca llegó a considerarse cowboy como otras camareras que viajaron en nuestra flota, Chacha era muy sencilla en ese aspecto.

 

-Y ahora, ¿cuál es la tiñosa? Preguntó algo sorprendido.

 

-¡Nada, consorte! La gente está pidiendo sangre y no voy a ocupar una plaza a medias.

 

-¿Sangre?

 

-Bueno, no hasta matarlo, aunque hay gente con deseos de hacerlo. Pero todos quieren que le pase la cuenta con todas las de la ley.

 

-¿Y qué piden?

 

-¡Asere! Están pidiendo que lo saque del camarote, que me haga un acta de entrega como está establecido y que me entregue la jeva y hasta al chivato de Agustín.

 

-Bueno, yo traté de que le resultara menos dolorosa la sanción. Si no hay remedios, baja y dile que se tiene que mudar de camarote.

 

Toc, toc, toc. Fueron sonidos secos en la puerta del camarote, hubo cierta demora y repetí los mismos toques, pero esta vez un poco más fuerte. Mientras esperaba, mi vista se detuvo en objetos que había visto infinidad de veces, el extintor y las llaves del cuarto de CO2 del cuarto de máquinas, nunca comprendí las razones de aquella ubicación. La noche de la explosión yo me encontraba de guardia en el puente y bajé para tomarlas antes de que alguien cometiera una fatal imprudencia. Ese error costó la vida a tres marinos del buque Imías o El Jigüe durante un incendio en Hong Kong, no puedo recordarlo con exactitud después de más de cuarenta años, creo haber tomado una decisión acertada. El fuego se pudo controlar con los medios disponibles en el departamento, luego la coloqué en el mismo sitio donde la observaba ahora. La puerta se abrió.

 

-¡Oye! Recoge todo, te mudas para mi camarote. Le dije a secas, sin que mediara explicación alguna, no se la merecía. Sus ojos se encontraban algo inflamados, anunciaban no haber dormido en toda la noche. Su mirada era algo suplicante, imploraba por piedad, compasión, lástima. Tamayo se encontraba totalmente derrotado, mi presencia y palabras resultaban el tiro de gracia, pero nada de su aspecto pudo conmoverme, existían cientos de razones para comportarme implacable y me regresaban a la memoria los pedidos de sangre que hacía la tripulación.

 

-¿Hasta dónde quieren llevarme? Su voz me llegó sin energías, sin la virilidad que alardeaba cuando tenía el poder sobre otros hombres, sentí asco al escucharlo.

 

-¿Hasta dónde? Hasta donde te mereces, y no solo por golpear a Margarita. Así que, llama a tu chicharrón para que recojas tus mierdas, tienes dos horas para mudarte. Tuve deseos de decirle lo del acta de entrega con jeva incluida, pero era algo que no estaba establecido en el reglamento. Lo excluí de las guardias de navegación y su viaje hasta La Habana lo hizo encerrado en el camarote. Fue una auto reclusión no solicitada, solo le dije que al atracar en La Habana bajara todas sus pertenencias y no quería volverlo a ver a bordo.

 

Esa noche regresé con Cañolo al barco de Cebolla, tenía que matar el ratón y pedirle algunos consejos prácticos. Teóricamente hablando, me encontraba preparado para realizar todos los cálculos necesarios para cargar el buque, siempre viajé con mis libros y cuando consideré dominar todo lo relacionado con el cargo de Segundo Oficial, mi atención se desvió hacia otras asignaturas imprescindibles en el cargo superior. Estabilidad y Carga y Estiba son las obligatorias a la hora de cargar un buque, llevaba meses estudiándolas, nunca supe que su aplicación la tuviera tan cercana. Así fue, no le pedí ningún asesoramiento a Tamayo, yo sabía que él esperaba por mi pregunta necesaria, yo sabía perfectamente que no se la haría por una cuestión de orgullo personal, ambos habíamos estudiado juntos y él nunca se había destacado en esa etapa de nuestras vidas, era uno más de la tonga. Las cosas en nuestra tierra funcionan en sentido inversamente proporcional a las causas que la originan, los de arriba actúan como una pelotica de ping pong, se escachan, caen y rebotan. Casi siempre caen pa’rriba, algunas veces esos efectos se sienten en las clases bajas y se cumple aquella teoría de que el partido es inmortal. Contrario a todos los pronósticos inteligentemente aceptables, Margarita fue enviada para Cuba en una de las naves surtas en aquel puerto, la enviaron en el D'Nieper. Era la víctima y aunque se buscaron infinidad de justificaciones, la medida aplicada correspondía a la de una sancionada. Nada, nos quedamos sin una cantimplorita, porque hablando en plata, era muy chévere, pero muy alegre y caliente. Su filosofía de la vida me agradaba, siempre decía; No tengo gaticos ni perritos, mis hijos son mayores, por eso, el tiempo que me queda por vivir, es para beber y templar. Siempre andaba sonada y nunca mostró síntomas de ardentía, nada de molestia, era puntual en su trabajo. Esto lo manifiesto con conocimiento de causa, en el Topaz Island le pasaron la cuenta unos ocho guardiamarinas en un solo ratico y Margarita caminaba muy bien al siguiente día. No pudo mojar el cowboy, pero tampoco lo harían los indios, esas fueron las conclusiones del partido en el Pepito Tey.

 

-¡Joer, Colón! Felicitaciones, Almirante de la mar océano. Dijo un gallego en la puerta de una de las naves del astillero.

 

-¡Dale por culo a ese jilipollas, Almirante! Joer, que es un abuso golpear a Margarita. Dijo otro.

 

-¡Venga, hombre! Comparta una cerveza con nosotros, esperemos que los grados no se le suban a la cabeza. Dijo otro más.

 

-¡Coño, Ñolo! Y esto, ¿qué carajo es? Le pregunté asombrado por varias razones, dos a destacar, que estuvieran al tanto de los acontecimientos del buque y que se refirieran a mí como el Almirante de la mar océano.

 

-¡Asere! No subas más a darle cuerda a los cronómetros de día, hazlo de noche. Tienes fijación con Colón y sus carabelas, anoche fue de truco, men. La suerte es que estos galifas son buena gente, yo te hubiera matado.

 

-¿Por qué?

 

-¿Por qué? Ni te imaginas, empezaste a decir que los galifas eran unos comemierdas antes de los setenta, que no bajaron al pozo hasta la llegada de la democracia. Peor aún, les dijiste zorros porque si nosotros los cubanos lo hacíamos, era por culpa del Almirante, un gallego cabrón que había descubierto a Cuba con una tripulación cargada de mamalones.

 

-¡Coñóoooo! Ñolo, ¿Yo dije esa barbaridad?

 

-No, esa fue poca, yo te hubiera matado.

 

-¡Acérquese, hombre! Cualquiera agarra una borrachera como la de anoche. Dijo uno de aquellos amigables españoles. Compartimos un ratico con ellos y continuamos nuestro viaje hasta el barco de Cebolla.


Motonave "Sandino", donde se encontraba mi amigo Jorge Marcos Joan 
(Alias Cebolla)

Entre tragos escuché atentamente los consejos de mi amigo Cebolla, ¿quién lo diría?, unos años atrás él navegaba conmigo como Tercer Oficial y yo era quien lo aconsejaba. No solo eso, esperé a que el buque estuviera próximo a la partida para presentar un problema personal y solicitar mi desenrolo. La realidad era otra, me desenrolaba y causaba crisis para que ascendieran a mi amigo Cebolla. Luego ya ven, llegó a Primer Oficial mucho antes que yo por militar en el PCC. Solo que Cebolla era un tipo especial y nunca dejó de ser mi amigo, no se empachó con aquel carnet rojo de mierda.

 

Asumí con mucha autosuficiencia el reto que se me presentó y por un motivo de orgullo personal, no solicité otra ayuda que no fueran los consejos de mi amigo Cebolla. Hoy lo cuento con esta calma chicha producida después de aquella galerna ocurrida hace cuarenta y dos años. Se trataba de una nave antigua donde se debían tener consideraciones extras, como, por ejemplo; Se trataba de un barco con superestructura a mitad de su eslora, espacio donde se ubicaba también su máquina principal. En ese caso, la diferencia en tonelaje a cargar entre las bodegas de proa y popa tenían un límite permisible. Es muy probable que ese detalle no fuera común a todas las naves con esas características, pero lo descubrí antes de confeccionar el plano de carga mientras lo estudiaba. Nadie me tuvo que explicar absolutamente nada sobre el Factor de Estiba, Cubicaje de las Bodegas, Broken Stowage, Mercancías Peligrosas, Resistencias de sus Cubiertas y Entrepuentes, Tabla de Trimado, etc. O sea, yo actuaba con una autosuficiencia justificada, era en esos tiempos un Segundo Oficial adelantado a su cargo y época, muy autodidacta. No puedo negar que cometí algunos errores en mis cálculos de estabilidad que, luego fueran descubiertos por el Primer Oficial que me relevó de apellido Artigas. Esos errores fueron la omisión de las correcciones por “superficie libre” a los cálculos de estabilidad, solo eso.

 

El barco fue cargado a full entre los puertos de Tarragona y Bilbao, creo que no quedó espacio libre para cargar una aguja de coser. Llevamos una cubertada de equipos pesados que ocuparon toda la cubierta principal. En La Habana se me presentó una situación algo complicada de la cual pude escapar por la aplicación de la lógica, yo diría mas bien que por la aplicación de un nombre a la lógica mencionada. Se produjo una reclamación por el robo de unos quince “motores de arranque” en camiones marca “Pegaso” cargados en Bilbao. Mi primer pensamiento se dirigió al nombre de la pieza robada, “Motor de Arranque”. Sin conocer absolutamente nada de mecánica me dije; Ese motor o pieza auxiliar solo debe servir para arrancar a un motor principal, es de suponer que una vez arrancado ese motor principal, el de arranque deje de funcionar después de haber cumplido su función. Mientras pensaba esas tonterías en apariencias delante del inspector de averías y una guillotina colgando sobre mi pescuezo, yo veía en el aire a cada uno de los camiones embarcados en Bilbao, como los acomodaban en los entrepuentes del barco y luego de estar en el sitio exacto para su transportación y trincaje, eran apagados sus motores.

 

-¡Compadre, no procede esa reclamación! Esos motores fueron robados en el área donde se encontraban estacionados los camiones en Bilbao. Le expliqué todo lo que acabo de decirles y de poco sirvió que los representantes de la Pegaso se llevaran al negro a comer y beber al hotel Riviera. Muy bueno aquel negro que no dejó comprarse, es una pena que no recuerde su nombre. Claro que hoy, después de transcurrido tantos años, no pueda borrar el orgullo sentido durante mi paso por aquella enorme flota mercante, justificaciones sobran y esta de hoy es una más. Algo dejo bien claro a unos cuantos empachados que se sienten superiores luego de haber obtenido un titulo de ingenieros, antes de que ustedes existieran, toda esa enorme flota fue operada por hombres que solo contaron con el título de Técnico Medio. ¡Ni Cristóbal Colón fue ingeniero! Tranquilos, no es envidia, se trata solamente de una aclaración a varios equivocados.


-¿Qué pasó después con Tamayo?

 

-¿Qué va a pasar? ¿No es el partido inmoral? Digo, inmortal.

 

-¡Titooooooooooo! Se sintió un grito desde la cocina.

 

-¡Quéeeeeeeeeeee! Respondió un niño desde otro cuarto.

 

-¡Llama a tu abuelo y dile que la comida está servida!

 

-Abuelo, dice Yeya que la comida está lista.

 

-Dile que no estoy pa’sus cosas, que no me gusta montar en camello, que no trago el picadillo de soya, ni la pasta de oca, que solo dan tres huevos cada quince días, que…

 

-¡Abuela! Yeyo se ha vuelto loco, está hablando mierdas. Dijo el niño en la cocina.

 

-No le hagas caso, no se ha vuelto loco, quizás está medio borracho, dentro de un rato tumba a Castro del poder y se calma.

 

-¡Ñooo! Voy a tener que cambiar, el Bacardí me está haciendo tremendo daño. Si en lugar de Colón hubieran llegado los vikingos, ¿no serían otros los resultados? Sí, pero tal vez no bajáramos al pozo. ¡Asere, qué bolá! Ya lo dijo Armando Calderón en la comedia silente, ¿qué dijo? Voy a comer.

 

 

 

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2007-09-17

 

 

 

 

Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que el trono que erigiera en vuestro interior ha sido antes destruido.

Jalil Gibrán.

domingo, 19 de marzo de 2023

EL PALITO HOLANDÉS


EL PALITO HOLANDÉS

Motonave "Pepito Tey", donde me vi obligado a usar el Palito Holandés.

“El Dutchman’s log”, conocido por unos pocos viejos marinos cubanos como “El Palito Holandés”, es quizás el método más antiguo que se conoce en la historia de la navegación para determinar la velocidad del buque. No por su ancianidad puede considerarse obsoleto, el desarrollo de las ciencias y las técnicas en el campo de la navegación, no han podido sepultar todos aquellos métodos o instrumentos que una vez utilizaron nuestros antecesores. Un ejemplo viviente de esto que les menciono lo constituye el compás magnético, conocido por la gente común como brújula. El girocompás no ha logrado expulsar a ese viejo instrumento de su lugar privilegiado en el puente. ¿Por qué? Porque el giro puede quedar fuera de servicio por diferentes razones técnicas, mientras que un compás magnético bien atendido solo quedaría fuera de servicio al desaparecer el magnetismo de la tierra del que se vale para estar eternamente indicando la dirección del polo norte magnético. Igual suerte corre el anciano sextante y todas las tablas utilizadas para calcular la posición del buque por los astros ante la presencia de la navegación por satélite.

 

Sin embargo, la aparición de esos novedosos equipos e instrumentos de navegación, condenaron a la indiferencia aquellas viejas herramientas que nunca se sabe cuándo puedan ser utilizadas. Acostumbrados al aire acondicionado del puente, radares computarizados, ecosondas, satélite, alarmas conectadas a la mayoría de los equipos, y sobre todo, acomodados a que dichos equipos ocupen y desarrollen el trabajo del hombre, el hombre se ha convertido en una figura decorativa en el puente de las naves, indiferente por completo a las complejidades que implican una verdadera navegación y que pueden ser útiles en un momento dado.

 

Cuando por una u otra razón quedaban fuera de servicio algunos de aquellos novedosos equipos, algo que puede suceder en cualquier aventura marítima, aparecía el hombre incapaz de solucionar los problemas, porque hasta ese momento no había dejado de ser un esclavo de ellos.

 

Recuerdo que en dos oportunidades me vi enredado en situaciones como las descritas, navegación por el océano Pacífico y Atlántico sin posiciones por más de una semana y ausencia total de aquellos mencionados equipos. Era sumamente necesario conocer la velocidad del buque para desarrollar una navegación estimada lo más cercana posible a la realidad. ¿Cómo obtenerla? Se preguntaban en ambas oportunidades y existía una justificación ante aquellas dudas. En el programa de Navegación de Estima de la Academia Naval del Mariel no se contemplaban muchos de aquellos históricos métodos que, muy pronto comenzaron a ser sustituidos por material que nos llegaba desde la extinta Unión Soviética. Barrabasada que tuvo su costo a bordo de nuestras naves en años posteriores, porque se pretendió sustituir todas las tablas, cartas y métodos de navegación tradicionales. El daño peor ocurrió con la formación de aquellos muchachos enviados a estudiar navegación en academias del campo socialista y luego debían comenzar desde cero en nuestras naves. Situación provocada innecesariamente si se tiene en cuenta que Cuba contaba con una magnífica academia naval.

 

Polilla de cuanto libro de navegación existía y viajando siempre con el American Practical Navigator (de los pocos que sobrevivieron en la biblioteca de la mencionada academia), libro que viajaba conmigo como si fuera mi Biblia personal. Se me ocurrió poner en práctica aquel viejo método para determinar la velocidad del buque. Era muy sencillo, situaba a un hombre en la proa del buque para que lanzara un objeto flotante al agua por la banda de sotavento. Yo permanecía en el puente con un cronógrafo en la mano, mientras otro hombre era ubicado en el punto más a popa de la nave. Cuando daba la orden de lanzar aquel objeto que en la antigüedad era un trozo de madera, al caer al agua yo activaba el cronómetro. Luego, al recibir la señal del hombre en popa de que el objeto había pasado por ese punto, yo detenía la marcha del cronómetro y observaba los segundos consumidos en su recorrido de proa a popa. Podía repetir la experiencia para tener más seguridad. Se realizaban operaciones matemáticas simples, si el objeto había recorrido la eslora del buque (metros conocidos) en tantos segundos, era necesario hallar los kilómetros por hora y luego hacer la conversión a millas por hora teniendo en cuenta que una milla náutica es igual a 1852 metros. Como pueden observar, era un método sencillísimo de realizar y con bastante exactitud, pero inexistente para muchos de los oficiales que navegaron conmigo como subordinados.

 

En la historia naval aparecerían después varios instrumentos y equipos que sirvieron para determinar o calcular la velocidad del buque desde la pionera Corredera de Barquilla. Años posteriores aparecería la corredera mecánica y por último, la corredera que calcula la velocidad por las presiones de agua que penetran durante la marcha del buque en un tubo que es sacado por el fondo del casco (tubo de Pitot) Nombre empleado en honor al francés que inventó el método aplicado en naves y aeronaves. Pero la historia sería larguísima de contar y ese no es mi propósito.

 

Motonave "Renato Guitart", buque donde me vi obligado a usar el "Palito Holandés"


 

 

EL PALITO CUBANO


El “Cubanman’s log”, conocido por los cubanos como “El Palito Cubano”, es un método que nació en 1959 y no sirve para nada, no resuelve nada, no determina nada, y por el contrario, ha creado muchas dificultades a la hora de echar un palito.

 

Si hechas un palito al agua no tendrás otro para construir una balsa, la posibilidad de realizar esa acción es muy remota. Téngase en consideración la aguda escasez de madera, luego del regreso de aquellos locos que fueron “voluntarios” a cortar leña en los bosques siberianos cuando el derrumbe del paraíso socialista.

 

Si hechas un palito en el agua te pueden suceder muchas cosas desagradables, por ejemplo: Que seas sorprendido por los reflectores de guardafronteras, puede que seas atacado por los barquitos portugueses y tengas que ser conducido a un hospital. Echar un palito y luego comprobar que no hay agua para lavarse crea muchas dificultades, peor aún si se pegó un tarrito. En este caso aumentan los problemas si eres descubierto, se forma la “corredera” y ésta no sirve para medir velocidades. Más jodido aún resultará si no te dio tiempo a recoger la ropa, correrás por la calle con el tubo afuera, y no era el de Pitot, es el pito tuyo. En la medida que aumentes la velocidad, notarás que el funcionamiento es inverso, la presión disminuye. Si echas un palito en el agua te pueden robar la ropa, con mejor suerte puedes ser sorprendido por alguno de aquellos viejos cagones que forman las brigadas de chivatos voluntarios “Amigos del mar”.

 

Nada, la aplicación del palito cubano es complejísima, no hay palos para las escobas, para construir una buena barbacoa, palitos de dientes, palitos de tendederas, tablas de planchar y hasta fabricar una chivichana resulta una jodedera.

 

 

Post Data.-

Orígenes

A menudo se afirma que el primer dispositivo conocido que midió la velocidad fue el registro del holandés. Este invento se atribuye al portugués Bartolomeu Crescêncio , quien lo diseñó a finales del siglo XV o principios del siglo XVI. [3] Un marinero arrojó un objeto flotante por la borda y usó un reloj de arena para medir el tiempo que tardó en pasar entre dos puntos en la cubierta. La primera referencia a la bitácora de un holandés es de 1623, posterior a la bitácora del barco. [4] El registro del holandés se podía utilizar con una caja de tabaco de latón, rectangular con extremos redondeados.

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Notas tomadas de Wikipedia

 


 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2007-09-25

 

 

 

Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que el trono que erigiera en vuestro interior ha sido antes destruido.

Jalil Gibrán.

 

 

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martes, 21 de febrero de 2023

COMISARIO POLÍTICO OCTAVIO JUSTIZ CASARIEGO


COMISARIO POLÍTICO OCTAVIO JUSTIZ CASARIEGO


Acompañado de varios elementos graduados en el Curso Básico de Oficiales F1, Justiz es el personaje que aparece primero de derecha a izquierda.

-¿Tú lo conoces bien, es un personaje poco común? Le sorprendió aquella repentina pregunta de su hermano, la consideró sin fundamento y fuera de contexto. -Es que lo encontré en tu lista de amistades y nunca me habías comentado sobre él.

 

-¡Claro que lo conozco! Compartimos nuestra infancia en la misma escuela. Evitó mostrarse enojada, no podía comprender la razón u origen de aquella pregunta. -¿Por casualidad lo conoces? Esta vez fue ella quien decidió tomar la delantera en lo que pudiera ser un maratón.

 

-¡Sí, lo conozco! Quizás él no se acuerde de mí, pertenecemos a distintas generaciones, es mayor que yo, pero era bien conocido en la flota.

 

-No tenía remota idea de que pudiera resultarte familiar su nombre.

 

-Mucho menos yo de que pudiera encontrarse en tu lista de amistades, tampoco me viene a la mente cuando lo incluí en la mía. ¡Mira qué casualidad! Tenemos en nuestras listas a un personaje muy conocido de la marina mercante cubana. Yo tengo mis razones, soy marino, pero ahora me entero de que este individuo gastó su infancia con mi hermana. Gastaron varios minutos alejados de los temas familiares que acostumbraban a tocar en cada llamada, ella siempre hablaba con esa premura de quien desea estirar al máximo la recarga recibida y evitaba en todo momento temas secundarios. -La última vez que supe de él correría el año 91 0 92 y fue por un acto de repudio organizado en su contra cuando desertó en Canadá…

 

-¿Alguna vez te realizaron un acto de repudio en Cuba? Me sorprendió con aquella pregunta pocos días antes de viajar a Miami.

 

-Chica, no recuerdo muy bien, creo que no. Le respondí algo sorprendido por aquella inusual pregunta, nunca tratamos temas políticos por una simple razón, ella los detestaba y evadía.

 

-Trata de hacer memoria, yo tengo un hermano que es marino y te conoce, me dijo que ese acto lo realizaron en la Empresa de Navegacion Mambisa cuando desertaste. Hubo una pequeña pausa en la que mi mente viaja nuevamente hasta Noviembre del año 1991 y rescato esta pieza borrosa de mi memoria.

 

-Tienes razón, no podía recordarla con claridad porque yo no estaba presente. Me enteré inmediatamente por varios amigos que viven en Miami y unos días más tarde por otros que aún permanecen en La Habana. Realmente no le encuentro ni pies ni pisadas a ese acto de repudio, creo más bien haya sido un “acto de estúpidos”. Yo no pertenecía al PCC, no me dejaron ascender a Capitán por esa razón, no ocupé cargo de dirección que no fuera la del Primer Oficial donde me desempeñé con sobrada competencia. Aun hoy no acabo de comprender el trauma sufrido por mi deserción. ¡Oh, si existió un detalle que recuerdo con claridad de aquel acto! Me detuve un instante para beber un poco de agua y ella se lanzó picada por la curiosidad.

 

-No comprendo cuál pueda ser ese detalle, todos los actos de repudio se han realizado manteniendo el mismo estilo y libreto. La dejé terminar y comprendí que tenía en parte algo de razón.

 

-Tienes algo de razón, pero el paso del tiempo es exigente e impone cambios de estilo y eso fue precisamente algo que marcó aquel acto en mi contra. Apareció un discurso diferente, donde el malgastado “Traidor a la Patria” pasaría a un segundo plano. Ellos son inteligentes y comprendieron que esa divisa no funcionaría mucho conmigo en mi calidad de “Simple”, calificativo usado con las personas que no militábamos en nada. Es de suponer que para ellos (los militantes) especie superior del ser humano, renunciar a ese estatus privilegiado, te califica automáticamente como “Traidor a la Patria” por una razón muy importante, ellos (los comunistas) se consideran la Patria y Cuba a la vez. Como dueños del himno, bandera, patriotas independentistas, suelo, cielo, mar, etc., ellos deciden quien es patriota o traidor. Entonces y como te dije, sería ridículo llamar traidor a un “Simple” porque ante sus ojos ya lo era desde hacía muchos años. Tuve que detenerme un instante para tomar algo de aire y reordenar mis ideas.

 

-Tiene lógica eso que me cuentas, nunca me hubiera detenido en un detalle tan simple en apariencias. ¿Cuál fue entonces el cambio utilizado contra ti?

 

-¡Uf! Fue muy simple y demasiado efectivo ante mentes débiles que se dejan manipular con facilidad. Yo dejé de ser el “traidor a la patria” para convertirme y hacerlo de paso con los posteriores desertores un “Traidor a la Familia”…

 

-¿Cómo se explica esto? No dejó terminar mi exposición y saltó con una pregunta muy sencilla que delataba la duda creada en ella. Si esta explicación donde trato de aclarar el nuevo estilo usado por el partido en aquel acto de repudio les llega sin ningún tipo de aclaración, la duda es masiva y su aceptación también. El partido no va a ofrecer aclaración alguna antes de usar una consigna, ya eso está estudiado por especialistas en psicología de masas. Llegan al acto, lanzan su dosis de veneno y detrás es coreada por una masa de imbéciles sin saber de qué se trata…

 

-Debo confesarte que ando algo confundida, no imagino como estarían las personas que asistieron a ese y otros actos…

 

-Es lógico que lo estés, fíjate bien en la consigna o veneno lanzado en mi contra aquel día; ¡Casañas es un traidor a su familia, la abandona cuando más lo necesitan! Tiene su explicación, ya estaba corriendo el mal llamado “Período Especial”, pero vamos a figurarnos que estamos ante una mazorca de maíz y tratemos de desgranarla un poco… Resultaba más sensible y manipuladora utilizar a la familia que a la Patria en este caso. La gente se iba a solidarizar (solo en apariencias) con cualquier familia y la supuesta o cacareada Patria les importaba verga en aquella situación. Pero veamos estos detalles que pueden resultar concluyentes, aparentemente solo yo traicionaba a mi familia, mientras a espaldas de esa gente que vociferaba su rabia y desprecio, no eran informados de las acciones desplegadas por la Patria. ¡Vamos a ver! Los que en apariencias amaban a mi familia, los privaron del salario ganado por mí hasta el día de mi deserción, esos que amaban a mi familia y lo expresaron en un acto de repudio en mi contra, no le pagaron a mi familia las vacaciones acumuladas hasta el momento de mi deserción. Amaban tanto a mi familia que no les entregaron mis ropas, libros, etc., nadie sabe a cuál escaparate fueron a parar. Amaron tanto a mi familia que mi esposa se vio obligada a pagar desde cero la vivienda que habitaba con mis hijos, incluyendo los muebles y efectos electrodomésticos comprados por mí en el extranjero. Luego, cuando finalmente mi esposa y mi hija obtuvieron la visa para viajar a Canadá, mi hijo mayor se vio obligado a pagar desde cero todo lo mencionado como si nunca hubiera vivido en su casa. El fin de esta historia es que una vez mi hijo arribara a Canada, su esposa se vio obligada a asumir los pagos en las mismas condiciones. ¡Ojo! Los amaban tanto que les realizaban inventarios cada vez que alguno manifestó su intención de abandonar al país y si faltaba un sartén, pues era tanto el amor por mi familia que les negaban la salida… ¡Coño, eso no es amor, más bien parece que los odiaban!...

 

-¡Wow! Tuvo que ser terrible para ti y los tuyos enfrentar solos estas dramáticas situaciones.

 

-Quizás se te haya escapado accidentalmente, pero así mismo fue. La Patria amó tanto a mi familia que los condenó a un ostracismo y traición de quienes yo consideraba mis amigos que, muy bien merecen un capítulo aparte. Estas dudas tuyas han creado algunas en mi mente, aunque estoy convencido de que varias de aquellas personas que gritaron aquellas venenosas consignas, manipulados o no, víctimas de sus miedos, viven hoy en esta orilla y tratan de mantener un bajo perfil.

 

-Ríos, ¿recuerdas la mención de un acto de repudio realizado en mi contra cuando deserté en Canadá? Llevábamos viviendo con nuestra amistad en pausa por varios años, cosas de viejos, ya he tenido esas experiencias, pero nunca tan dolorosas como esta, la que bloqueó una amistad de años entre dos hermanos elegidos. Acudieron en su salvación sus hijos, mis sobrinos y los míos, sobrinos suyos desde que eran niños. A quien me solicitó explicación solo le ofrecí una respuesta, no se preocupen, son cosas de viejos, Ríos no ha dejado de ser mi hermano. Hablaba tan en serio que, uno u otro recordó aquel pacto alcohólico, donde nos prometimos que el que quedara vivo despidiera el duelo del difunto. Despedida con un poco de música y uno que otro traguito para decirnos adiós como siempre fuimos, un par de jodedores… El día del deshielo llegó gracias a otros dos grandes hermanos comunes, Pedro Raúl Valdés (Alias Pomo de Leche) y otro viejo querido llamado Luis Rocha Hurtado (El Baby). No sé si se habían puesto de acuerdo con anterioridad, Pomo de Leche me recogió en el trabajo de mi hija y luego llamaron a Ríos desde el apartamento de Rocha. Nos perdimos en el viaje, Pomo de Leche no sabe manipular el GPS y Ríos vive casi pegado a Homestead, el abrazo fue inevitable. Como suele ocurrir entre viejos cagalitrozos que son hermanos, no recordamos el tiempo que llevábamos sin vernos ni las razones, aquella velada ocurrió con la misma alegría pausada.

 

-¡Coño, claro que me acuerdo! ¡Oye, yo andaba por Isla de Pinos en aquellas fechas, navegaba en los Ferries y remolcadores y hasta allá llegó la noticia! ¡Ese acto de repudio no fue lo peor, compadre! Mas dolorosa debieron haber sido las traiciones de nuestra gente, hombres con las que dimos piqueta sobre cubierta cuando fuimos marineros. Gente que estudió con nosotros y a las que les tendimos muchos cabos para ayudarlos por su bajo nivel de escolaridad. De estos ejemplares abundan muchos, incluyendo a varios que viven en La Florida y han hablado mucha mierda de ti. ¿Te acuerdas cuando íbamos a repasar de noche a Quintín? Vivía por la calle Camagüey cerca de Villa Marista.

 

-¡Claro que lo recuerdo! Lo saqué de mi lista por comunista, me dijo que no era militante. Le respondí una vez que regresara a Cuba y reclamara su carnet del partido o lo buscara entre sus pertenencias. Y pensar que ese socotroco llegó a Capitán mientras a mí me bloquearon el ascenso habiendo sido primer expediente de nuestro curso.

 

-Mi hermano, yo creo que entre los peores casos se encontraba tu padre y Octavio Justiz Casariego. Un día Gilda se encontró con tu padre cerca del Hospital Nacional y cuando le preguntó por ti, nunca esperó aquella respuesta suya; ¡Poco me importa la suerte de Esteban, ese es un traidor a la Patria! ¡Coño, mi hermano, resulta duro y doloroso que un padre se exprese así de un hijo!...

 

-Cualquier cosa que expresara mi padre no me desvelaba, nunca me crio o mantuvo, por su culpa pasé mi infancia en la Casa de Beneficencia y Maternidad de La Habana como cualquier huérfano. Sin embargo, ha pasado tanto tiempo desde mi deserción que olvidé aquella anécdota donde me contaste lo comentado por Octavio Justiz Casariego.

 

-Precisamente por él fue que me enteré de tu deserción al día siguiente, yo estuve viviendo por Párraga y ya sabes, él vivía por allí porque un día recorriste parte del barrio conmigo y coincidimos.

 

-No acabo de comprender, nunca tuve un sí o un no con Justiz, no tenía razones para hablar mal de mí, todo lo contrario.

 

-Ese es el problema, muchas veces encuentro que eres un tipo romántico a la hora de juzgar a esta gente y, con una capacidad inmensa para perdonar. Yo los llevo a todos hacia el paredón y que los perdone Dios.

 

-¿Tan grave fue la actitud de Justiz?

 

-Ni te imaginas, aún no he podido olvidar la expresión de sus ojos. Tú no eres guanajo y conoces que los ojos son el reflejo del alma. Cuando alguien te ha traicionado esquiva a toda costa mirarte a los ojos, ellos te delatan.

 

-¿Entonces? Aparte de todo lo que hablemos, ¿merecerá que le dedique unas líneas?

 

-No me explico cómo no lo has hecho, porque hasta donde tengo conocimientos, Justiz mantuvo unas excelentes relaciones con nosotros.

 

-¡Fíjate que varias veces me ha visitado ese recuerdo y he sido tentado a dedicarle unas líneas. ¿Cómo las comenzaría?

 

-Primero con la mirada, nunca había leído tanto odio en unos ojos como en los de Justiz aquella mañana.

 

-Es que no le encuentro una explicación que justifique esa reacción contra mi persona.

 

-Mi hermano, nunca la encontrarás en un comunista. Ellos no son ejemplos dignos de lealtad, sinceridad, amor, amistad, etc. Busca entre las peores traiciones y siempre encontrarás a un comunista, son ciegos, fanáticos, traidores.

 

-¡Coño, puedes tener razón, solo que resulta inaceptable en el caso de Octavio Justiz Casariego!

 

-No sé, creo que en la medida que avanzan los años nos vamos debilitando o somos más pendejos. ¡Compadre, ya tú estabas aquí y yo me encontraba allá! Te repito, no he podido olvidar el mensaje de aquellos ojos. No lo conocí, ardían de odio. ¡Esteban es un traidor a la Patria y no necesitaba exiliarse!... Yo creo que hizo bien y le deseo toda la suerte del mundo. Le respondí y aquella misma mirada cargada de rabia y odio la recibí en mi contra esta vez. Sentí deseos de explotarle la cara a ese hijo de la gran puta.

 

-¡Coño, compadre! Ese individuo solo podía hablar bien de mí. Recuerdo que una vez coincidimos en el puerto de Varna-Bulgaria, yo andaba enrolado en el buque “Renato Guitart” de Segundo Oficial, acompañado de mi hermano Cebollas (Jorge Marcos Joan), quien iba enrolado de Tercer Oficial. ¡Qué te cuento! Una tarde y después de comer, el Cebo y yo nos disponíamos a salir, teníamos a nuestras periquitas búlgaras. Minutos antes de abandonar la nave se aparece Justiz, creo que andaba de Tercer Oficial en el buque Onix Islands. Para no cansarte, se nos pegó en aquella salida y cuando le miré los pies sentí algo de vergüenza, andaba con unos zapatos viejos muy sucios y rotos… ¡Mira, Justiz, agarra aquellos zapatos y prueba a ver si te sirven! No creo que en el estado que andas calzado seas bien visto en los lugares donde Cebolla y yo nos metemos. El tipo se probó un par de plataformas que me había comprado en Canarias y salimos a divertirnos. Resumen, salimos, nos divertimos, él regresó a su buque y nunca más vino por sus zapatos rotos o a devolverme los míos. No hace falta que te lo digas porque tú eres tan comemierda como yo, nunca le reclamé nada por unos zapatos nuevos que tampoco le había regalado. Parece que a ese imbécil se le olvidó este detalle que me obliga sacar a la luz, porque a estos miserables está demostrado que no se les debe perdonar absolutamente nada, son hijos de putas y como tal deben tratarse.

 

-Yo pensé que en estos años le habías dedicado unas líneas.

 

-¿Crees que valga la pena?

 

-¡Sí lo vale, men! Ellos no se han arrepentido de nada, no han cruzado una palabra de disculpa o perdón por el daño que han causado, y lo peor, los que viven del lado de acá no paran de creer que se encuentran viviendo aquellos tiempos, como tampoco paran de difamar sobre tu persona en cada reunión que hacen.

 

-Creo que le voy a dedicar esas líneas bien merecidas a este imbécil, sus hijos merecen conocer sus raíces y los míos a los traidores que una vez fueron supuestamente amigos. Yo no sé si te enteraste de que Justiz fue uno de aquellos que engrosaron la fila de Comisarios Políticos siendo oficiales de cubierta.

 

-No sabia nada de esto, si es así, tiene más justificación dedicarle sus líneas.

 

-¡Claro! Ya tu estabas fuera de Mambisa y puede que no te hayas enterado. Alguna de esa gentuza incompetente graduada en nuestro curso, luego de mantenerse varados en el mismo cargo por esa razón, vieron la oportunidad de colgar los guantes en aquella profesión donde nunca ascenderían y cuál mejor que la de convertirse en Comisarios Políticos. ¡Imagínate por un instante! Saltas de Tercer Oficial a Comisario y adquieres el salario del Primer Oficial por poner una película semanal, cuidar una biblioteca que no superaba la cantidad de treinta o cuarenta libros, dar un círculo de estudios y controlar la vida de los oficiales y militantes a bordo. ¡Mi hermano, era toda una ganga! Porque además, si tenías una antigüedad igual al 15%, superabas en salario a los capitanes de nueva generación. Como Justiz se encontraban otros de nuestro curso y algunos frustrados de otras generaciones o promociones, verdaderos parásitos.

 

-¡Coño, esa no me la sabía!

 

-Tampoco debes haber celebrado como yo, cuando los sacaron de la flota con una patada en el culo, la que merecían esos vagos de mierda.

 

-¡No, realmente no me enteré de eso!

 

-Bueno, vale de muy poco ahora, ya te complací, le dediqué unas líneas a esta mierda de persona, lo siento por sus hijos y nietos.

 

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2023-02-21

 

 

 

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miércoles, 14 de diciembre de 2022

EL SONDEO


EL SONDEO




 

… Hacer las primeras averiguaciones sobre alguien o algo… RAE

 

Cuando buscamos su significado en cualquiera de los diccionarios existentes en el ciberespacio, no vamos a encontrar la que se ajuste al uso que le dimos en nuestras flotas. Nos explican la relacionada al sondeo de profundidades, sin embargo, puede que exista el relacionado al sondeo de los tanques y sentinas de bodegas, solo que yo no los encontré. Resulta muy útil la parca y escueta explicación ofrecida por la RAE, se ajusta a cualquier utilización de ese verbo.

 

Existió un “sondeo” muy temido por los marinos no comprendido en las definiciones encontradas, me refiero al que realizaban las Tropas de Guarda-fronteras al servicio de la Capitanía del Puerto en toda la isla. Estos sondeos se realizaban a la arribada del buque desde el extranjero o unas horas antes de su partida al exterior. Una vez que se realizaba este minucioso registro de todos los espacios del barco, nadie podía abordarlo. Era el punto determinante para liberar al barco en su partida o a su tripulación para desembarcar cuando recalaban a puerto.

 

Los rigores de ese sondeo cuando se arribaba, estaba en dependencia de si se había cursado hacia la isla algún mensaje sobre sospechas de contrabando, etc. Los sondeos de salida eran invariables en su rigidez, el tiempo del sondeo de arribada estaba en dependencia del punto señalado con anterioridad y el de salida casi siempre resultaba invariable.

 

SONDEO DE LLEGADA.-

Si junto al Práctico embarcaba otro individuo en el momento que la nave arribaba a puerto, era suficiente señal de que algo anormal sucedía o sucedería, ese otro individuo era en términos generales un miembro de la Seguridad del Estado. ¡A correr, Liberales del Perico! Era una alarma automática que se escuchaba entre la tripulación, algunos avisaban a sus amigos de confianza. Quienes habían olvidado “clavar” (esconder) algún objeto no declarado en la pacotilla, se apuraba en hacerlo sin poder evadir cierto grado de nerviosismo. Recuerdo el caso de un contramaestre al que encontré al día siguiente descolchando cada tramo de un cabo de maniobra y cuando le pregunté la razón, Bauta, que así le decían por su lugar de domicilio, me respondió que el día anterior había escondido un billete de $100.00 dólares y no recordaba en cual parte del cabo. Allí se mantuvo hasta el mediodía, finalmente lo encontró. No necesito ir tan lejos para aportar otro ejemplo, ya lo mencioné en mi trabajo titulado “Los billetes del chino”. El Capitán Gabriel Sánchez me acusó de haber traficado con dinero antiguo y cuando llegamos a La Habana, mi camarote fue desarmado totalmente y me ordenaron desvestirme. En ese sondeo participaron tres guardias rabiosos y deseosos de encontrar un motivo que me condujera a prisión. No hallaron nada anormal en mi camarote y aun hoy me pregunto las razones que lo empujaran a cometer tamaña hijaputada.

 

No eran muy frecuentes los sondeos con perros cuando arribábamos a Cuba, aun no se traficaba con drogas en nuestras naves, ese mal no aparecería hasta mediados de los años 80. Tampoco iban a destinar recursos al entrenamiento de esos perros en la detección de polvo para confeccionar tinte de pelo, relojes digitales, champú, chancletas metedeos, pañuelos de cabeza, flores plásticas y otras porquerías que se vendían en la bolsa negra. Aparecerán algunos individuos dispuestos a desmentir lo relacionado al tráfico de drogas en la marina mercante cubana y trataré de comprenderlos. Solo les diría que conocí a varios que la vendían acá en Montreal y que a mí personalmente me ofrecieron sacar dos kilos de cocaína para vender en España. Conseguí al comprador en Castellón de la Plana y le ofrecí la promesa de traerla al viaje siguiente. Solo que ese viaje me vi obligado a desertar y preferí hacerlo limpio de polvo y paja.

 

El sondeo al buque que arribaba constituía una verdadera tortura, podía suceder cuando regresabas de un largo viaje, considerado extenso una vez que superaban los seis meses de duración. Sabías que tu familia llevaba horas esperando sometidos a un fuerte calor, sol o lluvia, frío y hambre. Después de ser privados de las comodidades que ofrecía la sala de espera de la aduana en el muelle Sierra Maestra Nr.1, nuestros familiares pasaron a ser algo así como animales ante nuestra ya cansona y despreciable pasividad. Debíamos esperar a que las autoridades participantes del despacho del buque, hablo de Aduanas, Capitanía y Guarda-fronteras, saciaran su hambre o sed de bebidas alcohólicas, también sumadas a las acostumbradas solicitudes de cualquier producto al Capitán del buque. Solo luego de satisfechas sus demandas, que muy bien podían tomar mas de dos horas, se disponía aquel equipo de hijos de putas a liberar al buque y su tripulación.

 

SONDEO DE SALIDA

Este sondeo era en extremo riguroso, reunían a la tripulación en uno de los salones y debíamos acudir ante la figura de un militar con cara de perro cuando nos llamaba. Te parabas delante del tipo y te observaba el rostro en dos o tres ocasiones, cambiando la mirada entre tu pasaporte sostenido en una de sus garras y tu rostro. Cuando el hijoputa se convencía de que eras tú, te ordenaba dirigirte a tu camarote para esperar el sondeo. Allí permanecías tumbado en la cama o sentado en una butaca esperando la llegada del guardia acompañado de un perro Pastor Alemán, eso podía tomarte varios minutos. Una vez dentro de tu camarote el hombre y su animal, debías olvidarte del perro y vigilar muy bien a su amo. Tenías que estar muy atento al movimiento de las manos del individuo, los cabrones podían tener estudios de prestidigitadores o poseer las habilidades de desaparecer cualquier objeto delante de tus narices. En esos casos era más fácil llegar a la conclusión de que los perros tenían mucha más vergüenza que sus amos, quizás menos necesidades que ellos. Lo cierto es que se debía vigilar a esos hijos de putas con experiencias o simples reclutas obligados por lo bajo de sus salarios o situación del país. La demora en la culminación de ese sondeo podía superar también las dos horas, sin embargo, no era preocupante para la tripulación. Los familiares no se encontraban esperando la partida y la tripulación podía tumbarse en sus camas hasta que decidieran liberar al buque.

 

Contrabandear tenía sus encantos y arte que, una vez dominados y revueltos en esa marea, se disfrutaba mucho. Se requería cierta adrenalina y se vivía la emoción o ese desafío existente entre los gatos y ratones. Yo escondo y tú tratas de descubrirme, era toda una aventura y te veías obligado a apelar a situaciones en apariencias absurdas que, atentaban en contra de toda lógica humana. Bueno, no solo debías protegerte de tus enemigos, siendo en esos casos el personal que realizaba los sondeos. Mucho peor eran los marinos que viajaban contigo, si alguno de aquellos cabrones descubría un “clavo” (punto donde se escondía alguna mercancía), sea adueñaban de ella, la cambiaban de sitio y no existía manera humana de reclamar tu mercancía. La perdías y podía suceder que cayera en manos de tus socios de aventuras, quienes mantendrían en secreto su descubrimiento, te jodiste o te jodieron. Actuando en contra de la lógica y escondiendo tu contrabando en sitios impensables, así un día, clavé 10 cajas de tabacos encima de la mesa donde se reunían las autoridades con el Capitán para despachar al buque “Viñales”. Es ilógico que a soldado alguno se le ocurriera sondear el salón donde se encontrara sentado su jefe en plena reunión. Peor aún, como yo disponía de una llave maestra que abría todas las puertas del buque, solo existían dos, una en manos del Capitán y la otra en las del Primer Oficial, pues se me ocurrió un viaje clavar mi contrabando en el camarote de un hijoputa. ¿Qué les cuento? En el cielo raso del camarote del Comisario Político y encima de su cama, clavé 10 cajas de puros Cohíba (falsificados, como era de suponer). Bueno, bueno, tiene su explicación tamaña hijaputada carente de ética profesional. Se trataba -nada más y nada menos- que el camarote del Comisario Leal, aquel hijo de la gran puta que perteneciera a la Seguridad del Estado y les jodiera la vida a tantos marinos cubanos. ¿Estaba justificado o no? Por supuesto que hoy merecería una medalla u orden, tampoco me importan, no pienso regresar a la isla. Solo me interesa contar estas cosas para responder a la hija de un querido amigo mío, solo porque ella no lo sabía y nadie se lo ha contado. No tiene ideas de cómo fueron aquellos sondeos en la antigua U.R.S.S, China, Corea, Viet Nam y todo el antiguo campo socialista incluyendo a Cuba. Ella no lo sabe, su historia de Cuba cuenta a partir del “Periodo Especial”, y lo peor, las generaciones posteriores carecen de historia.

 

 

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2022-12-14

 

 

 

 

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sábado, 3 de diciembre de 2022

PROPAGANDA ENEMIGA



 

PROPAGANDA ENEMIGA


Motonave "Habana"

 

Este era otro de los cartelitos que nos ponían a temblar, bueno, temblábamos por cualquier motivo, ya estábamos castrados. ¡Mira muchacho! Una acusación de estar introduciendo al país “propaganda enemiga” era bastante grave, podía conducirte a prisión inmediatamente o cuando menos ser expulsado de la flota. ¿Qué era considerado propaganda enemiga? ¡Cualquier cosa! Revistas como Hola, Life, Diez Minutos, Time, Interviu, Life, Selecciones del Readers Digest, etc. No tenían que ser necesariamente de contenido político, aunque fueran de modas o simples chismes de farándulas, eran materiales ideológicos del enemigo y su entrada a Cuba o posesión eran condenadas por la ley. ¡Uf! Una revista porno era suficiente causa para condenarte a la silla eléctrica, mucho peor una película, aunque existía la posibilidad de sobrevivir por los apagones. Entre esa amplia gama de productos con contenidos de mensajes ideológicos prohibidos, se encontraban también un ejercito de cantantes, la lista es muy amplia, Celia Cruz era una de las cabecillas.

 

Novelitas rosas como las de Corín Tellado estaban condenadas a las profundidades del mar, lo mismo sucedía con aquellas de cowboys o tiratiros. Ya les comenté algo una vez sobre aquel timonel de apellido Manso, nunca he conocido a nadie que fuera como él, lo llamaron alguna vez bibliófilo los mas finos, yo siempre le llamé polilla. Manso era un lector compulsivo que no se enganchaba con un solo género, cualquier cosa que cayera en sus manos estaba condenada a ser leída, así era él. También mencioné que siendo un hombre de bajo nivel educacional gozaba de una cultura envidiable, la que no poseen muchos graduados universitarios hoy. Era como les dije aquella vez, Manso te ofrecía una disertación literaria sobre cualquier libro o autor, poco importaba que fuera clásico, contemporáneo, romántico, etc. Él no establecía a cuál género pertenecía, no estaba capacitado para ello, pero los dominaba como nadie.

 

Nadie puede imaginar lo que sufría ese hombre horas antes de recalar a cualquier puerto cubano, con profundo dolor iba lanzando al mar cada una de las revistas y libritos que había comprado de uso en kioscos de España. Las abría y se detenía en alguna foto o artículo durante unos segundos, como tratando de salvar la imagen aparecida ante sus ojos. ¡Al carajo! Solo decía con esa mezcla de tristeza y dolor cuando las lanzaba por la portilla del camarote. Yo observaba aquel extraño ritual desde mi litera, yo era un lector voraz desde niño, había sido parte de la educación recibida en la Casa de Beneficencia y Maternidad de La Habana. Sabía perfectamente de aquel dolor cuando debes desprenderte de una obra o autor al que amaste por el placer que te regaló. Solo imagino sus “malapalabras” pensadas en ese instante de forzado desprendimiento, yo las decía peor, es que Manso no las decía, no era vulgar. Yo seguiría su ejemplo una vez terminado su funeral literario, solo que en menor cuantía.


Buque escuela "Viet Nam Heroico"

Pocos años más tarde y estudiando en el buque escuela “Viet Nam Heroico”, tres amigos nos pusimos de acuerdo para comprar unos libros en Las Palmas de Gran Canarias, éramos muy aficionados a la lectura en tiempos donde no existía Internet y los buques contaban con escasos medios de recreación. Yo me encargaría de comprar “Papillón”, mi amigo Cebollas (Jorge Marcos Joan) compraría “El Padrino” y el Bibi (Bismarck Corella) se haría de “El Exorcista”, lo intercambiaríamos entre nosotros y se los prestaríamos a los demás. Aquellos libros se vigilarían con mucho celo porque el dinero invertido en sus compras podía superar a lo ganado en una semana. Para introducirlos de contrabando en Cuba no tuvimos muchos contratiempos, los forramos y los sacamos del barco mezclados entre nuestros libros de estudios.

 

No solo se trató de este tipo de literatura la perseguida y prohibida en la isla, existieron casos de literatura revolucionaria escrita por amigos de Castro que fueron prohibidas. Yo recuerdo aquel libro de Ernesto Cardenal titulado “En Cuba”, fue un análisis incómodo para el patriarca cubano sobre la situación vivida en la isla en esos años y nunca se publicó en Cuba, el mencionado libro fue prohibido de paso en varios países latinoamericanos. Recuerdo que me lo habían regalado durante una visita a Caracas y lo conservaba a bordo hasta encontrar una oportunidad apropiada para bajarlo de contrabando. Aquella oportunidad nunca llegó, un día vino a visitarme el amigo Gonzalo Marcos Pérez, recuerdo que aun no era Primer Oficial y que años más tarde escaló a cargos de dirección importantes en Navegacion Mambisa. Había escuchado hablar sobre el libro y me expresó su disposición a bajarlo escondido si se lo prestaba. Nunca mas lo vi de regreso, eran los riesgos que se corrían con los libros cuando no existían las computadoras e Internet.

 

Ya para esas fechas había cultivado una profunda fobia o desprecio por la literatura cubana de esos años. Casi todos los autores adolecían de idénticos denominadores comunes, si deseaban ser publicados, debían rendir sus plumas ante el dueño de las editoriales. Otros lo hacían conscientes de su comportamiento cómplice, esa fue nuestra suerte o fatalidad. En casi todos los libros escritos por esos mercenarios de la cultura, podían encontrarse palabras, oraciones, frases, párrafos, capítulos u obras casi similares. Todas contenían exageradas alabanzas al líder supremo, a sus CDR, FAR, PCC, G2, MININT, espías infiltrados en USA y cuanta mierda sirviera para engañar, mentir, traicionar, estafar, reprimir y exacerbar sentimientos nacionalistas en medio de una confusión total hasta lograr el producto final, lo que ven y sufren hoy. Desde esas fechas me incliné por la literatura clásica cubana y excluí a estos cabrones, quienes no descansaron en envenenar cuanta película se filmara en la isla, novelas y hasta las despreciables “versiones libres” de aventuras juveniles, etc. Muchos de estos grandísimos hijos de putas viven desde hace un tiempo en el exterior vertiendo sus lagrimas y añoranzas por aquellos tiempos donde disfrutaran de tantos privilegios.


De Primer Oficial en el buque "Bahía de Cienfuegos"

Si estando de timonel y compartir camarote con Manso, me brindara la posibilidad de vivir en primera persona aquello que pudiera considerarse un crimen contra las libertades del ser humano, una vez de oficial ese dolor o desprecio por lo que se estaba haciendo en la isla aumentaba. No fueron pocas las veces que vi desde cualquiera de los alerones como flotaban libros o revistas con la estela del barco, por la amura de babor se avistaba El Morro de La Habana. Esos miedos continuaron hasta mi partida definitiva y se ha multiplicado en el exterior. Hoy resulta casi imposible medir o comparar el miedo que existe entre la gente que habita la isla y los que viven en el extranjero.

 

Hace muy poco, una muchacha sin conocerme me dijo o acusó expresando estas palabras; “Ustedes pertenecen a una generación fracasada y son los culpables de esto que estamos viviendo hoy”. Solo sabía que yo había sido compañero de su padre en los barcos. Le respondí en buenos términos, no tratando de justificar algo de lo que ella había expresado con toda la razón del mundo. Solo intenté darle a comprender que en aquella expresión suya estaba incluyendo también a millones de víctimas y se calmó parcialmente.

 

La historia sobre el origen de nuestros miedos y en muchos casos cobardía, se remontan a los mismos inicios de esta pesadilla. Fueron tantas las causas que nos hicieran temblar en silencio como verdaderos cobardes, que resulta casi imposible brindarles una justificación a nuestros nietos. Ser acusado de penetrar “propaganda enemiga” en la isla, contando con pruebas o no, apelando solamente a la “convicción” del fiscal, podía destruir el alma de cualquier ser humano y arrastrar consigo a toda su familia, porque no olvidemos, nuestros hijos también debían pagar por los “supuestos” errores de sus padres. ¿No? ¿Y no que las universidades eran solamente para “revolucionarios”? El que tenga dudas que le pregunte a mi hijo.

 

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá

2021-12-03

 

 

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