miércoles, 19 de septiembre de 2018

TRES PRÓLOGOS PARA UNA VIDA




Tres prólogos para una vida.


Sintetizar la extensión de una vida no es tarea fácil, voy por el quinto libro y considero que aún quedan muchas páginas sueltas. No todos los seres humanos cuentan con el mismo grosor de ese libro, pero por muy corto que sea, resumirlo en cuartillas es una tarea muy difícil y no todos poseemos la habilidad para hacerlo. Considero que en mis últimos tres libros he mejorado algo en ese intento por comunicar o compartir hojas que puedan resultar útiles a otras personas. Esto se debe a la experiencia adquirida en miles de tropiezos y a la ayuda desinteresada de varios amigos. No es una operación sencilla tratar de incursionar en un territorio al que no has pertenecido, la literatura es sagrada y la respeto, razón por la que nunca me he considerado "escritor" y reincido en mi posición. Soy solamente un marino trovador o cuentero, como muchos hombres que navegaron conmigo. Quizás la soledad y aquellas angustiosas guardias de navegación nos obligaron alguna vez a crear constantemente nuevas versiones sobre un mismo cuento que, repetíamos cada viaje ante el nuevo compañero de guardia. Puede que de esa forma y el consumir decenas de libros por viajes, hayan influido en mí hasta el extremo de convertirme en un individuo atrevido que marcha por campos minados, porque eso es hoy día la literatura, una zona de guerra donde debes tener mucha precaución cuando andas.
Escribo por placer y para dejar constancia de una época en la marina mercante cubana, por supuesto, con sus muelles de atraque incluidos dentro de una isla enferma. Nunca he pretendido lucrar con lo que hago y dedico cientos de horas al mes y miles al año a este empeño. Me autopublico y cómo deben suponer, tiene un costo económico que nunca he rescatado. No busco fama alguna y si la encuentro, ojalá que venga con algo de plata también, no con la intención de hacerme rico, solo para disfrutar el corto camino que me resta de vida.
Como todo lo hago con satisfacción y respondiendo a necesidades personales que, muy bien pueden considerarse colectivas por su contenido, no me molesto en lograr el apuntalamiento de famoso alguno para darme a conocer o que lean mis trabajos. He invitado, eso si, a varios amigos tan simples como yo para que me acompañen en ese viaje imparable que puede representar las páginas de un libro. Puedes agotar todo tu combustible y ellos continúan su marcha. Esas personas por las que siento gran respeto y admiración han escrito unos prólogos maravillosos, donde entre otros detalles, incursionan en mi vida con el escarpelo del mejor cirujano. A todos ellos mi infinito agradecimiento y cariño. No tengo a mano los de mis primeros libros, pero tampoco puedo dejar de mencionarlos. Robert Solera en ¡Cuba es un cuento, Compay! Mi amiga mexicana Esmeralda Mora en "Trapitos sucios", y estos tres que pongo a su disposición debidamente firmados.

Muchas gracias por las descripciones tan particulares que hacen de mi persona y obra.

Los quiero.


Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá
2017-06-29



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Después de la Galerna.

Prólogo.


Toda mi vida, según lejanos recuerdos, la he pasado entre barcos, marineros y con el mar permanentemente de fondo. Siendo casi un bebé, mi padre me llevo a uno de sus buques, y desde entonces, los olores peculiares de los barcos, , pinturas, combustibles y escaramujos, han sido parte constante de mi entorno. Por lo tanto, al llegar la hora de escoger carrera, sin pensar mucho en el futuro, escogí el mar como modo de vida y seguí los pasos de mi progenitor.
Este no solo alimento mi vocación e inclinación con su ejemplo y prestigio. Además, mis primeros libros, provistos constantemente por él y devorados uno tras otro por mí en detrimento de los colegiales, fueron las obras de Emilio Salgari, Julio Verne, Herman Melville, Joseph Conrad y otros, cuyo contenido eran biografías, aventuras e historias del mar. Por un lado Lord Horatio Nelson y por otra Sandokan y el Corsario Negro, fueron mis héroes infantiles y llegué a poder recitar de memoria páginas enteras de sus avatares. Así que un día de Agosto de 1957 sellé mi destino ingresando en la Academia Naval del Mariel, de donde fui inmediatamente separado el 5 de Septiembre por la tormenta política que azotaba Cuba, reingresando una vez depuesto Batista, hasta lograr terminar en 1965 después de haber sido expulsado días antes de graduarme por "deficiencias ideológicas". Pude terminar luego y comenzar posteriormente una accidentada carrera profesional.

He de decir que al recibir un mensaje de Esteban Casañas Lostal solicitándome la redacción del prólogo para uno de sus libros y que llevará por título "Después de la galerna", me sentí ciertamente sorprendido.
A pesar de deambular ambos en la misma época por barcos y oficinas marítimas, nunca se cruzaron frontalmente las carreras del que suscribe y del autor, bien a bordo de un barco o en los destinos alternos que tuve en la flota o el astillero. Es decir, nunca lo conocí personalmente.

Comencé a oír hablar sobre Casañas cuando en el año 1991, desertó del buque de carga refrigerada "Viñales" en el puerto de St. Stephen, Canadá. Comienza a partir de ese momento una labor de captación y ayuda a los marinos que constantemente abandonaban los barcos cubanos en puertos canadienses, constituyéndose una verdadera pesadilla para la embajada cubana en ese país, y desde luego, para la seguridad del estado y el partido comunista de Cuba.
Como se infiere en algunos de sus relatos, Esteban Casañas es un producto de sí mismo y del momento que le toco vivir. Es el resultado de una voluntad férrea para sortear las dificultades y obstáculos que le pusieron enfrente, estudiando su carrera como oficial náutico partiendo de marinero de cubierta, formando parte de los "marinos embajadores", nombre rimbombante con que el régimen bautizó a aquellos jóvenes que, después de la consabida purificación revolucionaria en labores agrícolas, enviaban como tripulantes a los barcos para sustituir a los marinos viejos, "contaminados de capitalismo e ideas burguesas y salvar la flota para la revolución", según postulaba el partido.
Casañas fue enviado a pasar un curso de oficial náutico en la M/N "VIETNAM HEROICO", un viejo buque de pasaje holandés convenientemente transformado en buque escuela. Su posterior carrera es un fiel relato de la marina mercante cubana, sus barcos y sus tripulaciones, magistralmente captados por su pluma. En su desempeño como marinero y luego como oficial, adquirió una experiencia poco común, al transitar por casi todos los cargos y compenetrarse con la marinería, conoció en carne propia sus problemas y vicisitudes.

Al mismo tiempo, pudo encontrarse siendo oficial con capitanes y oficiales con gran prestigio y valía. También con otros que se arroparon bajo el manto de las organizaciones políticas y la seguridad del estado para compensar su ineptitud, pudo constatar la situación prevaleciente en la flota. El hecho de haber navegado en algún buque bajo el mando de personas a las que superaba en conocimiento y don de mando y negársele la posibilidad de llegar al cargo de Capitán a el mismo, le produjo, según mi opinión, una carga de resentimiento e inconformidad que se refleja en toda su obra literaria. Llegó al cargo de Primer Oficial sin ceder en sus criterios políticos. Esto le costó que se le cerraran las puertas para acceder al cargo superior. Le fue escamoteada la posición que se había ganado a pulso con sus esfuerzos y muchas horas dedicadas al estudio.

En su vida marinera pudo conocer a una serie de personajes que cubrían todo el espectro de colores y matices de la personalidad humana. Unos humildes y laboriosos, otros muy vivos o pendencieros, algunos indisciplinados, borrachos y casi todos expertos en burlar los métodos y reglas de las aduanas. Es decir, una típica marina mercante.
Tal es la masa heterogénea que conforma y aglutina a los marinos, que esa estrecha vinculación con el medio influyo notablemente en la carrera y la personalidad de Esteban Casañas. Para resumir, es un lobo de mar por cuyas venas corre tanto la sangre como el agua salada, cuya forma de pensar, léxico y manera de actuar, son totalmente las de un marino de la cabeza a los pies. Casañas describe a hombres (y mujeres) y hechos con una narrativa apasionante, bien hilvanada y absolutamente realista. Tanto, que a medida que leemos cada línea, nos parece balancearnos en el puente o la cubierta de un barco o ensordecer con la algarabía de un bar portuario entre los aromas del humo de tabaco, los vapores de las bebidas alcohólicas y la presencia de las meretrices locales.

Finalmente nos adentramos en la desgraciada metamorfosis de la flota mercante cubana, en la que se degradó la convivencia, la disciplina y hasta cuánto de sórdida y miserable llegó a convertirse la existencia de gran parte de los marinos cubanos en barcos nacionales o extranjeros contratados por Cuba.

Casañas presencio la llegada de las mujeres como tripulantes de los barcos, primero como camareras y luego como sobrecargos y oficiales de cubierta. Esta decisión revoluciono la vida a bordo de los barcos trastocando la actuación de las tripulaciones y provocando un sinfín de problemas y relaciones a bordo. Hombres y mujeres enrolados en las embarcaciones en proporciones desiguales desataron pasiones extremas, celos, y como consecuencia indisciplinas, enfrentamientos y enemistades, hasta muertes por asesinato. Pero es justo decir que las camareras contribuyeron y mucho a mejorar las costumbres, la limpieza y la higiene a bordo. Como consecuencia colateral de esa experiencia, surgen matrimonios por un lado y divorcios por otro. Casañas describe esas relaciones a veces en primera persona, lo hace con crudeza y ese realismo en ocasiones demasiado explicito, es decir, muy gráficamente desde el punto de vista del lenguaje que utiliza.

En estos relatos que van a leer se evidencia el obcecado amor del autor por los barcos y el mar. En ellos se plasma la rudeza de la vida marinera en forma vivida y sin tapujos. En muchas de sus descripciones del estado de la mar y su interrelación con el barco, asoma una sensibilidad que sorprende e incluso emerge cierta fragancia poética. Asimismo, el resentimiento y la frustración por las condiciones descritas y la discriminación por él sufrida, se refleja de forma clara en el tema de sus escritos y en sus personajes. No siempre coincido con sus criterios sobre algunas personas, pero debo reconocer que toca la diana en algunos casos con precisión. He de expresar de nuevo, que no me satisfacen las descripciones crudas y explicitas de sexo en algunos capítulos, pero reconozco que la libertad de redacción es la opción de cada escritor.

Finalmente, quienes pertenecemos a las generaciones de marinos afectados de una u otra forma por la revolución cubana, debemos reconocer en Casañas méritos que son irrebatibles: ha quebrado lanzas por los hombres de mar cubanos, esos eternos olvidados, maltratados, calumniados, explotados y finalmente abandonados por el sistema. Ha prestado su ayuda por encima de sus posibilidades a cuanto marinero u oficial ha solicitado su colaboración, brindando incluso alojamiento en su propia casa y alimentándolos a sus expensas, a veces a sus propios enemigos enviados a neutralizarle. Ha escrito y descrito magistralmente la vida a bordo, tanto los actos de valor, amistad y compañerismo de unos como las miserias humanas producto de la envidia, la cobardía y la ambición desmedida de otros. Sus relatos rebosan salitre y evocan en el lector galernas y tempestades, recuerdan a los entendidos las interminables horas de guardias de mar o de operaciones en los puertos y desde luego, al "water front" con sus bares y timbiriches y la prostitución colateral. Nos llevan como en una cinta cinematográfica a vislumbrar los momentos de peligro y de tensión que se producen durante la navegación y las maniobras en aguas restringidas, en zonas minadas o bajos fondos. Los principios de incendios o fuegos inextinguidos, la añoranza y la melancolía que experimentan esos hombres rudos y decididos por los hogares que han dejado atrás, por sus esposas y por sus hijos y percibir el sufrimiento, la tristeza por la lejanía de la familia y los momentos inevitablemente bajos motivados por una parte, por los nacimientos, los cumpleaños o celebración de navidades o fines de año y por otra el fallecimiento o enfermedad de un ser querido, estando ausentes en medio de la mar o en un puerto lejano y sin posibilidad de retorno inmediato. Y desde luego, la magia y la felicidad del regreso a casa. Su léxico marinero, sus frases de maniobra, las llamadas por radio a la empresa naviera o los Prácticos, recrea de forma exacta lo que constituyó las costumbres en los barcos de la marina mercante cubana hasta su desaparición.

No menos meritoria es la redacción y mantenimiento de su página web y su blog, ampliamente conocidos incluso internacionalmente, lo que, sumado a su incansable búsqueda de datos históricos, anécdotas y fotografías, lo colocan por derecho propio en un lugar destacado en la historia reciente de la marina mercante de Cuba, y como decimos los cubanos, gústele a quien le guste y pésele a quien le pese.

Augusto A. Juarrero Gutiérrez
Capitán de la Marina Mercante.
Alicante, España, a 20 de Febrero del 2012



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El Concierto de mi vida

Prólogo





El “No Prólogo”


…“Pero el Gato también ha cumplido su parte del trato. Ha matado Ratones y se ha portado bien con los Bebés mientras estaba en casa, siempre que no le tirasen del rabo con demasiada fuerza. Pero una vez cumplidas sus obligaciones y en sus ratos libres, es el Gato que camina solo y a quien no le importa estar aquí o allá, y si miras por la ventana de noche lo verás meneando su salvaje rabo y andando sin más compañía que su salvaje soledad... como siempre lo ha hecho”… 
                                                       
                                                           
                                                                   El gato que caminaba solo 
                                                                            Rudyard Kipling 



Se pueden escribir libros de muchas maneras. Se llega a escritor por diferentes caminos y a distintas edades. Se pueden escoger los variados géneros literarios para expresarnos: prosa, verso. Se puede escribir literatura de ficción, novela, teatro, testimonial, aventuras, romántica, romántica-erótica (según algunos), religiosa...etc., hay infinitas formas. Pero cada libro es único e irrepetible si el que lo escribe, lo hace desde la más absoluta honestidad, dejando salir en forma de palabras mágicas, todo aquello que su mente recrea. A veces, el escritor solo ejerce muy bien la función de imaginar y contar. Se combinan magistralmente frases, lugares, atmósferas. Se crean mundos mágicos, inexistentes, pero al  que el buen escritor nos traslada, colmando quizás esa inconfesable necesidad que todos tenemos de “evadirnos”. Casi siempre, estos escritores ganan mucha fama, porque son buenos haciéndolo. Y ganan premios, méritos y hasta pasan a ese paraninfo de los “sagrados iconos”, que con esto de Internet y las redes sociales, nos saturan hasta el aburrimiento con el “corta y pega” de sus frases y párrafos famosos (aunque también es cierto que si no fuera por esto, muchas personas ni se hubieran enterado ni del nombre ni de las obras de algunos de ellos) 

¿Cómo ha llegado Esteban Casañas a ser escritor? Esa pregunta solo podría responderla seguramente él. Aunque de diversas formas, para quien ha seguido su andadura por algún tiempo, él ha dado esta respuesta, a trozos quizás, en los diferentes escritos y post de aquel Blog: FARO DE RECALADA. De ese Blog nació mi “enganche” al Esteban Casañas “escritor”. 

Estoy escribiendo estas líneas a solicitud de él y me ha sido difícil. Me pidió un “Prólogo”. Y me asusté, ¿prólogo? No soy escritora, no puedo saber escribirlo, me dije mil veces. Es que estamos tan acostumbrados a los “prólogos” sesudos, enjundiosos, proféticos e irrebatibles, que esa palabra ha llegado a tener connotaciones demasiado académicas. Pero buscando la fecha en que me hice miembro del Blog de Esteban, de pronto comprendí algo tan simple como esto: No tengo que escribir un “prólogo”, tengo que sencillamente volver a hacer lo que hacía en aquel Blog; dejar que las palabras relaten lo que pienso y siento.
Nada de “complacencias”, nada de palabras “políticamente correctas”, nada de “beatitudes” ni de... es bueno, pero... No voy a hacerme esas concesiones. 

Antes escribí entre comillas, refiriéndome a Esteban “escritor”. La razón, aunque a priori pueda parecer despreciativo, es que es la única faceta que conozco de este ser humano. Nunca nos hemos tomado juntos un café, no digo ya compartido una comida, nunca había oído hablar de él. Hemos hablado por teléfono, ¿cuántas veces? Cuatro quizás. No nos hemos visto en persona nunca. No hemos compartido lugares de trabajo, amigos, eventos sociales. Los mensajes cruzados no llegan a 15, creo. Y siempre por motivos muy puntuales concernientes al Blog. No vivo en Miami, así que las referencias de personas y amistades es casi nula. Entonces, ¿cómo y porqué comencé a leer, seguir y defender a este “ contador de historias” (como el mismo se definió en algún momento). 

Fue un 28 de febrero del año 2009 cuando, después de haber visitado el Blog “Faro de Recalada casi cada día, decidí hacerme  miembro. Yo había llegado de Cuba el 31 de Diciembre de 1999. ¡Me tomó 9 años hacerme con Internet!, los ordenadores etc. En Cuba había dejado TODO, vine a España a reunirme con mis hijos, había “quemado mis naves “. Lo que por supuesto no había quemado, eran mis recuerdos más amados, mis estremecedoras vivencias, mis sufrimientos, pero sobre todo, el recuerdo de mi difunto esposo. Trabajó en Mambisa y en uno de sus barcos encontró la muerte, anticipada, injusta, inexplicable. Pero aquel hombre maravilloso me hizo descubrir el mundo mágico y casi surrealista de los marinos cubanos. No era marino de profesión. Lo suyo eran los motores de cualquier tamaño, marca o potencia. Pero, al propio tiempo, era igual que Esteban. Un agudo observador del mundo que lo rodeaba y un increíble descubridor de los detalles y fábulas que, convierten lo prosaico y común en lo “real, maravilloso”. Aquel mundo le atrapó, y a mí con él. 
De su mano conocí las vicisitudes, el hambre, los “privilegios políticos”, la cobardía de mediocres oficiales y tripulantes. Pero también conocí de la lealtad, el valor, la responsabilidad de muchos, de  la gran mayoría de ellos. Largas conversaciones, enjundiosas, anécdotas, diarios de sus pocos viajes, (con “claves” que solo conocíamos él y yo, ¿se podrán imaginar, no? . Mi hijo decidió seguir sus pasos. el sí curso la Academia y se graduó. Pero muy pronto, harto y desilusionado, optó por la libertad , teniéndose que labrar su futuro a golpe de mucho valor. 
Así fue como comencé a leer a Esteban Casañas Lostal. Me sumergí en sus escritos, en sus relatos, odios, frustraciones, amores y batallas. Me atraparon porque podía reconocer y reconocerme. Y yo también escribí, bueno al menos lo intenté. Casi siempre porque surgían “los ataques”, a veces era envidia y otras las persecuciones políticas que aún en el destierro persiguen a los que ya no tienen por qué seguir callando. Faro de Recalada se convirtió en un campo de batalla. Pensado para que los marinos escribieran sus anécdotas y recuerdos, no fue posible concretarlo,  aunque seguramente hubo muchas otras razones. Pero lo importante es que ese blog nos dio a conocer al escritor Esteban. Fue su válvula de escape, su manera de sacarse del alma esas cosas, amargas, dulces, prohibidas, íntimas, vulgares y sangrantes que le ahogaban y quería compartir. Quizás para que otros seres humanos tuvieran la oportunidad de saber que alguien había sentido todo eso... aunque para  algunos resulte “extravagante y excesivo”. Y ya, le fue imposible parar. 

No voy a extenderme en quien es Esteban Casañas Lostal. En su libro “Después de la Galerna” hay, este sí, un magnifico prólogo escrito por una autoridad reconocida en en el mundo marítimo: el Capitán Augusto Juarrero Gutiérrez. El da una versión tan apasionante y profesional del mundo de los marinos y su visión del  propio Esteban, que leerlo es imprescindible para intentar armar este puzle. 

“El Concierto de mi vida“, no es un libro fácil de leer. Ya no hay tantos temas marinos, más bien referencias. Hay amor, aventuras, sexo, ternura, desanimo pero sobre todo, hay el testimonio de una vivencia con las reglas y normas que el mismo se trazó. Y al final la testarudez y el optimismo de quien no quiere darse por vencido. 


...”Entendí que aún estaba vivo y murmuré una palabra, descubrí que tenía voz, la tenía.”… 
                                                 “El Concierto De Mi Vida”, Esteban Casañas Lostal 


 ¿Todo es verdad? Al menos de dos cosas estoy segura. El autor ha “pecado” de algunas locuras. Y yo me pregunto; ¿quien le reprocha hoy a Lope de Vega  haber sido un mujeriego incurable? ¿Y por qué las “damas” se detienen a mirar los relieves del “Kamasutra” que decoran las ruinas de aquel lupanar romano a los pies del Vesubio. Y de lo otro que estoy segura, es que no ha hecho mal a nadie, al menos de ese mal que en España se define monda y lirondamente como “hija putada”. Los que venimos de Cuba sabemos mucho, pero mucho sobre ese tipo de vileza. Seguramente, tantos amores y batallas habrán dejado su camino lleno de “muertas clamando venganza”, pero ese es el precio a pagar si se vive apasionadamente. Tengo constancia de “caballeros” viles, enredadores, traidores y hasta calumniadores que, han ido por la vida de “santos varones”. Esteban es descaradamente honesto, otros tendrán sus opiniones contrarias seguramente, este libro es constancia de ello. Hasta el valor de reconocer su ¿soledad y desencuentro con los hijos? Hay demasiadas historias como estas, de miles de padres y madres cubanos que han partido al exilio y hoy sienten, muchas veces carentes de economía propia, ese sentimiento de abandono,  desolación y ausencia de ternura, de quienes les deben la vida, lo que tuvieron y lo que son. 

Insisto. Este libro va de humanidad y sentimientos. Borrascas del alma, búsqueda de amor, ternura y decepciones. Está engendrado y parido por alguien que se define asimismo como: 

…¿Quién soy? Ya lo dije al inicio, un aventurero, un soñador, un loco que nunca se ha tomado la vida en serio. El tipo que una vez robó como otros allí, donde ser honrado era pecaminoso. Un ferviente enamorado de las mujeres, la música, el trago, la lectura y el mar, eso es lo único que me han arrancado. No siento nostalgia por la tierra porque siempre me consideré una gaviota o golondrina, solo soy ave de paso y mi destino final será aquel de donde me arrancaron, el mar.

Para mí, Esteban Casañas Lostal siempre será “EL GATO QUE CAMINABA SOLO“ 


  
Pilar Alberti Mederos 
Las Palmas de Gran Canaria, 
29 de marzo 2015 



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QUERIDA VAGINA.

Prólogo



Para mí sería muy fácil comentar los temas que se tratan en este libro, me veo un tanto reflejado en muchas de las situaciones personales del autor y los protagonistas. Pero me es imposible hacerlo sin antes comentar como nos conocimos Esteban Casañas Lostal y yo. Ocurrió virtualmente, mucho antes de concretar físicamente esa amistad que cumple varios años de existencia. Ya un poco mayor, como casi todos los cubanos, tuve la posibilidad de adentrarme en el fantástico mundo de la Internet. Fueron los foros y los blogs cubanos los primeros en presentarnos a través de nuestras participaciones o la lectura de los artículos en las distintas páginas, donde Esteban iba dejando sus vivencias tan parecidas a las mías. Solamente en dos oportunidades realicé un viaje a bordo de un barco y fue como pasajero. Entonces, ustedes se preguntarán: ¿Cómo puede un hombre de tierra sin mucha aventura, identificarse tanto con un hombre de mar apasionado por su profesión? Cuando ustedes lean los episodios de este libro, se irán percatando de ello, solo intento allanarles el camino.

Tanto Esteban como yo procedemos del mismo país, nacimos en el seno de una familia pobre, conocimos parte de la etapa Pre-Castrista, los inicios de la llamada Revolución, el bautizo de la misma con el apellido Socialista y de alguna manera, creímos en algún momento en aquello. De esa misma manera también, recorrimos aquel camino largo de la frustración que empieza con pequeñas acciones que no nos gustan o no se ajustan a nuestros principios. Somos testigos de situaciones no tan pequeñas y un buen día, nos percatamos que no somos, ni hemos sido nunca revolucionarios. Tal y como aquel experimento social que, no conlleva consigo nada bueno para el cubano medio.
Esteban es un hombre que nunca se ha presentado detrás de un seudónimo, así ha compartido todas sus vivencias, sin máscaras, mostrando su rostro, sin miedos. Esa virtud no tan beneficiosa en los tiempos que corren, le amerita mucho como persona ante nuestros ojos y no somos pocos los que agradecemos las enseñanzas de sus experiencias. De ahí que me sienta premiado con su amistad y honrado en seleccionarme para escribir este prólogo. Me decía cuando recibí tan sorpresiva y nada familiar propuesta; "No me interesa la opinión de famoso alguno que me sirva como palanca, no busco fama o dinero. Prefiero que en cada uno de mis libros viaje algún amigo mío". Así de sencillo es él, si hurgan en toda su obra, comprobarán que es cierto.

En un país como Cuba, se cumple mucho mejor que en cualquier nación, aquello de que un barco es territorio ficticio del país cuya bandera enarbola. A medida que leemos este libro, cuando se leva anclas, realmente no se trata de un barco cualquiera. En un barco cubano se enrolan los problemas ideológicos y calamidades del país. Todos ellos aupados por un núcleo del Partido Comunista, un comité de la Unión de Jóvenes Comunista, un Comisario Político, etc. La delación conocida como "chivatería", la escasez, la explotación salarial, etc., forman parte de las miserias que viajan miles de millas con ellos. Todo este ambiente negativo, podía derivar en una atmósfera de violencia y terminar un viaje convertidos en enemigos.

Cuando nos embarcamos en una de esas naves y navegamos ayudados por la narrativa del autor, nos parece que todo se comporta socialmente igual que en el barrio, escuela o un centro de trabajo cubano. Todos estos factores existen y se comportan de la misma manera. Pero lo mejor, lo que nos conduce a través de sus diferentes narrativas, es la frescura de ese lenguaje muy cubano y poco afectado por su ausencia de la isla desde hace un cuarto de siglo. La imaginación, las aventuras de estos hombres de mar, tanto en lejanos países como en la propia Cuba. El buen humor siempre presente en las comparaciones y descripciones de sus personajes, son sus principales divisas en cada uno de sus trabajos. Lo anterior no significa que en su narrativa no exista poesía, romanticismo, metáforas, parábolas y los juegos de palabras que tanto usamos los cubanos en nuestra manera de expresarnos. Creo que para cada uno de nosotros habrá un mensaje en este libro, como alguna vez nos vimos reflejados una u otra de sus narraciones.
En mi caso muy particular, recuerdo y comentaba con Esteban este párrafo donde, supuestamente un palomo cubano de su historia titulada "El último vuelo", le responde a una palomita española en nuestra tierra.

-Y si vives en esas condiciones, ¿por qué no te marchas? Preguntó Verónica mientras descansaban luego de sobrevolar la ciudad.

-Porque no quiero dejar atrás a los pichones, pero algún día serán mayores y les crecerán las alas. Aprenderán a volar y ese día, yo volaré con ellos. Aunque sea mi último vuelo porque me estoy poniendo viejo. Lo haré alto, muy alto y lejos, muy lejos.

Yo fui uno de los que esperó a que sus pichones crecieran antes de alzar el vuelo y leyendo aquella historia desarrollada entre dos aves, me identifiqué inmediatamente con el palomo cubano. Lo cual demuestra la habilidad de Esteban en el uso de las metáforas, cuando pretende enviar un mensaje en sus trabajos, aun así, insiste en no considerarse escritor.
Si existió alguna mente morbosa que imaginó contenido porno en esta entrega, lamento decirles que se equivocaron, no puede juzgarse el producto con solo observar el envase. El título es muy sugestivo, yo le agregaría que autentico y hasta simpático, pero los recorridos de sus páginas van más allá de una simple conquista o acto sexual.

Su infancia se desarrolla en una escuela católica donde, cada uno de sus pasos eran orientados por dulces monjitas. Esa sublime etapa de su vida, se vio interrumpida bruscamente por un cambio político, social y económico en la isla que, poco a poco fue destruyendo muchos valores morales en su población. El himen de su inocencia fue violado sin piedad al primer contacto con la sociedad y no tenía un padre o amigo a quien acudir en busca de esa ayuda tan necesaria. La vida continuó su marcha y el autor se convirtió en ese autodidacta que busca comprenderla. Acudió a libritos para aprender a enamorar a una muchacha y luego debió vencer su timidez para expresarse. Ante la ausencia de contactos sexuales, compro otro librito que trataba sobre el tema, se preparó teóricamente buscando vencer ese reto que la vida ponía como trampa en su desarrollo. Ese momento llegó viviendo en el barrio de Juanelo, fue precisamente una mulatica de catorce años, quien lo ayudara a despegar en ese vuelo luego imposible de detener.
¿Cómo pudiéramos definirlo? ¿Casanova? ¿Súper macho? Ni lo uno, ni lo otro. El autor viaja entre vaginas con los ojos bien abiertos y vista de águila. Nos regala en la existencia de cada una de ellas todas las vicisitudes, privaciones y miserias experimentadas no solo por su generación, las posteriores fueron víctimas de toda la crueldad que lleva intrínseco ese sistema.

Sus aventuras se extendieron más allá de nuestras fronteras y nos regala un poco de aquellas tiernas vaginas que utilizó como nave. Bulgaria, Alemania, Rusia, Polonia serian su mayor atracción, sabía que ese sería nuestro destino final, el ejemplo a seguir y nada le gustó del campo socialista. Todo se derrumbó ante nuestros ojos, inmovilidad, miedos e indiferencia. Un pedacito de aquellos y otros países, llegan a nosotros lubricados por cada una de aquellas tiernas vaginas que tanto placer le regalaron.

Cuando terminas de leer ese libro y agotado de saltar entre sábanas limpias o sucias, quedará una pregunta latente en el aire. ¿Hubiera ganado fama o notoriedad Casanova viviendo la situación de este cubano? No creo que sea sencilla la respuesta, estamos en presencia de un hombre que solo ganaba cinco dólares semanales y burló las fronteras que imponen las culturas e idiomas cuando se proponía conquistar una vagina. Hablamos de un monstruo que no distinguió entre negras, mulatas, caucásicas, asiáticas, criollas, intelectuales o "trabajadoras sociales", como gusta llamarles a las prostitutas en su libro. La búsqueda de esa respuesta se las dejo de tarea, yo tengo la mía.

Héctor Ferreiro Fiorenzano.
Miami, Florida
01/09/2017



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domingo, 2 de septiembre de 2018

WALKIE-TALKIE


WALKIE-TALKIE
                                                           

                                                                             



Era bastante bajito y algo pasado en peso, digamos que gordito. No de esa gordura flácida que sofoca y mantiene mojadas las camisas con el olor acre y amargo de casi todos los de su peso. Digamos más bien que estaba fuertecito y que era además bastante ligero. Blanco como una rana platanera, color algo detestado entre los nuestros y que siempre asocian a enfermedades. Pocas veces escucharás que están desempercudidos, limpios, pulcros, siempre escucharás la palabra anemia para asociarlos. Hasta yo me dejaba arrastrar por esa corriente y esquivaba las mujeres de su color. Tanta fue la influencia, que días antes de arribar a Cuba, tomaba baños de sol en la cubierta del magistral a nuestro estilo. ¡Claro! No podíamos darnos el lujo de comprar bronceadores, tal vez no los conocíamos. Subíamos una cubeta con agua salada y lo hacíamos al estilo de los verdaderos hombres de mar, un jarrito por el cuerpo de vez en cuando para acelerar el proceso. 

No era un tipo fácil, me refiero al rostro, así le llaman algunas de nuestras mujeres a los que son simpáticos o bonitillos. Solo que las palabras “hermoso, bello o lindo” se reservaban entonces para los “mariquitas”. No imagino a una mujer de esas fechas elogiándome con algunas de ellas, bueno, las que pertenecían a nuestro mundo. Aunque en mi caso y después de adquirir experiencia, traté de apartarme de ese “mundo” tan extravagante y promiscuo de los marinos. No fue arte de magia alguna, solo necesité conocer algo de la importancia de una flor, la oportuna frase bohemia y romántica, música adecuada para el instante y besar la luna a la orilla de una playa. 

No los mareo, Walky-Talky era feo y su rostro lo veo prendido en algunos muñequitos que consumen mis nietos. Con tales virtudes a las que agregaría su mal gusto para vestir y su andar de cowboy o guajiro natural. Muy malo, pésimo para el baile y poca gracia al hablar, gran pecado o sacrificio oírlo reír, se descartaba la posibilidad de que fuera aventurero o mujeriego como muchos de nosotros. Estaba obligado a una fidelidad severa con Manuela, ante la imposibilidad de asistir a las trabajadoras sociales que practicaban la más antigua y complaciente de las profesiones. No por falta de esos deseos animales que arriban al muelle luego de una penosa travesía, cinco dólares a la semana no alcanzaban para los blúmers de su mujer y otros encargos de su familia. Porque entre otras cosas, no había tenido suficiente tiempo para contarles que era casado. ¿Cómo lo logró? No se sabe, aunque es muy sencillo comprenderlo ahora que las chicas lo hacen con viejos extranjeros de setenta años.

No recuerdo haberlo visto sin su filipina de camarero, la usaba a cualquier hora del día y la noche. Bueno, mientras las hubo, eran elegantes pero después desaparecieron. Quizás fueron armas del enemigo, ya saben, desviaciones ideológicas. El caso es que no se las quitaba ni para cagar, yo pienso que no lo hacía por amor a su profesión, me inclino por el ahorro de ropa. En ese aspecto, siempre se podía confiar en sus servicios, estaba listo. Tengo que agregarles algo, él debió poseer varias de ellas para que se diera el lujo de vestirlas diariamente y su blancura fuera intachable. Esa era otra de sus virtudes, habrá sido algo enano y gordo, blanco como la nieve y de unos ojos saltones, pudo parecerse a cualquiera de los muñequitos que pasan diariamente por televisión, pero nadie se atreva a decir que era una persona sucia.


Motonave Renato Guitart, escenario de esta historia.


Como ser humano al fin y al cabo, porque si no lo fuera no podía estar navegando en nuestros buques, tenía defectos y virtudes como cualquier carnal, pero entre todos se destacaba uno, que luego de comprenderlo, comenzamos a considerarlo una virtud. Walky-Talky era chismoso, no era chivato, no confundan la peste con el mal olor. Razón válida para que fuera merecedor de ese nombrete que cargara con mucho orgullo durante el tiempo que navegó conmigo en el buque “Renato Guitart”. Es una verdadera pena que haya olvidado su nombre, porque estas líneas, escarbadas desde las profundidades de mi memoria, solo llevan consigo el propósito de un merecido homenaje.

Ha sido el “chismoso” más digno, honrado, sincero y valiente que he conocido. Su lengua merece un monumento y su recuerdo debe ser registrado en nuestros libros de historia. Al menos, dentro de aquellos que reflejen la existencia de nuestra marina mercante.

-¡Caballeros! No hablen nada delante de mí, ustedes saben que no puedo soportar el peso de un secreto más allá de un minuto. Nos advertía constantemente, ¿puede existir un chismoso más sincero que él?, lo dudo, él era ejemplar. No creo haya vivido en nuestra tierra mejor comunicador, olvídense de Radio Reloj. Muy pronto, nuestra tripulación aprendió a utilizar sus voluntarios servicios, porque demás está decirles que no cobraba por ellos.

-La mujer del Capitán le está pegando los tarros. Lo dijo fulano.

-El buque solo está caminando 11 nudos. Lo dijo el Segundo Oficial cuando confeccionaba el parte diario.

-Hay que racionar el agua potable. Lo mencionó el Jefe de Máquinas en el camarote del Capitán.

-No haremos víveres en Canarias. Le dijo el Capitán al Sobrecargo en su camarote.

-Francisquito no mama. Lo dijo el Primer Oficial.

-Pedrito dice que Madrigal es chiva. Aquí fue donde una vez se le trabó el paraguas.

Como Madrigal y Pedrito eran militantes de la UJC (Unión de Jóvenes Comunistas), se convocó a una reunión y se citó a Walky-Talky.

-¡Yo no he manifestado en momento alguno que Madrigal sea chiva! Expresó Pedrito en alta voz, como tratando de impresionar, un truco muy usado y poco convincente.

-Pues yo mantengo y ratifico que eso lo dijiste frente a fulano y sutano. Le contestó muy calmado Walky-Talky.

-Y yo te digo que eso es mentira. Respondió Pedrito mientras las miradas de los asistentes giraban de un punto a otro de la sala buscando la verdad.

-Y yo lo mantengo y agrego que los hombres que no lo hacen son maricones. Es decir, Pedrito, tú eres un maricón y no me explico cómo coño eres militante de la juventud. Pedrito, como era de esperar y para demostrar su inocencia ante los que presidían aquella reunión, se vio obligado a agredir a Walky-Talky. Pero como les manifesté con anterioridad, además de ser fuertecito, era sumamente valiente y hubo que detener la pelea antes de que acabara con él.

-Eres un maricón y mantengo lo que digo. Dijo el Walky y le soltaron de nuevo a Pedrito. Acabó con él y fue necesario detener nuevamente la pelea, el mulato sangraba por la nariz.

-¡Oye! Sigo manteniendo lo dijiste y eres un maricón. ¡Arriba, suelten a esa yegua! Lo hicieron y al cabo de unos minutos hubo que separarlos de nuevo. Pedrito estaba desecho física y moralmente. No se atrevía a contradecir las afirmaciones de su oponente y creo, la actitud valiente del Walky sirvieran para convencerlos. Aún así, como aquel barco era una verdadera pachanga, Pedrito continuó militando en la UJC, cuando, existían verdaderos argumentos para retirarle la militancia. 

El prestigio de Wlky-Talky aumentó cuando hubo conocimiento general de los resultados de aquella reunión. La gente lo respetó y comenzó a considerarlo como el “chismoso” oficial de la tripulación. No lo conocí tan honesto, sincero y valiente como él. 

Es una verdadera pena no estuviera en los círculos allegados al gobierno y su líder, como buen comunicador, estoy convencido de que el pueblo se enteraría de noticias importantes no difundidas por los órganos de prensa. Todavía recuerdo algunas de sus cartas credenciales: ¡Caballeros, yo soy una tumba profanada! Creo que se llamaba o se llama Pedro también.


Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2012-01-06


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sábado, 25 de agosto de 2018

EL NEGRO PELLO


EL NEGRO PELLO






Pello es un negro acharolado, tan oscuro como la pintura que usábamos para pintar las anclas del barco. Era de raza pura, su hermano era tan oscuro como él y nosotros lo apodamos El Azul por esas tonalidades que tomaba cuando se exponía al sol. Posee una voz muy potente y agresiva, la que se escucha a dos cuadras de distancia e infunde terror. Siempre daba la impresión de estar enojado o peleando, pero cuando llegabas a conocerlo, comprendías que era uno de los seres más nobles que haya parido la marina mercante cubana. Era de fisionomía regular, ni fuerte ni débil, mucho más cercano a la última. Cuando lo fabricaron, los espermatozoides del padre se acumularon en la fuente de la voz, no poseía otra virtud o defecto que lo distinguiera de los seres humanos. El Azul, no, era mucho más calmado que Pello, casi debía esforzarse para hacerse escuchar por los demás.

Nos conocimos en la microbrigada de Alamar y nunca navegamos juntos. Pello ocupaba la plaza de camarero en los barcos y en la micro era nuestro mezclero. Su trabajo consistía en prepararle las mezclas a todos los albañiles que trabajábamos en la construcción de tres edificios para la marina.

Los días de cobro nos dábamos un saltico hasta El Golfito, siempre coincidíamos los mismos, los que nos aferrábamos a nuestras tradiciones de marinos. Allí nos encontrábamos con viejos compañeros de profesión y se organizaban simpáticas tertulias. Hasta que perdíamos la noción del tiempo y preparábamos una justificación para nuestra llegada a la casa. Así pasamos los dos años y medio disfrazados de constructores, después, cada uno tomó su rumbo y quedamos como vecinos que se encontraban de Pascua a San Juan por esas cosas de nuestra profesión.

-¡Asere! ¿Por qué no nos ponemos de acuerdo y vamos a comprar unos aguacates mañana? Fue una invitación lanzada al azar una de esas mañanas tranquilas de días lejanos a cualquier pago de salarios.

-¿Aguacates, dónde? Preguntó Pello con su voz de tronera y despertó la curiosidad de Alberto. Hacia él había sido dirigida aquella propuesta, era el único de nosotros que poseía un medio de transporte. Un viejo miniván marca Fiat con el que Mussolini transportara parte de sus tropas en Italia. Creo que era el único de su modelo existente en toda la isla, nunca encontré otro similar.

-En San Agustín, yo tengo mis contactos por allá, solo tenemos que ponernos de acuerdo y hacer una vaquita para la gasolina.

-Alberto, ¿qué tu dices?, no está mala la idea, nos ponemos entre los tres para comprar la gasolina. ¡Asere! La jama está en candela y unos buenos aguacates resuelven un mundo. Hasta los huevos fritos se bajan con facilidad. Le dijo Pello muy emocionado.

-No hay tema, mañana mismo tiramos pa'llá, yo también tengo la casa en candela. Respondió Alberto y acordamos partir a las diez de la mañana, los tres estábamos de vacaciones.

El viaje fue entretenido, después del túnel nos desplazamos por todo malecón, 5ta. Avenida, calle 190 y luego la 198 hasta buscar la Avenida 51, allí doblamos a la derecha en demanda de la calle 246. Hoy, cuando escribo estas líneas trato de auxiliarme por el satélite de Google y compruebo una vez más el poder destructivo de esa mal nacida revolución. Han borrado del mapa la línea del tren que iba desde Plaza hasta Pinar del Río, pero bueno, no quiero apartarme del tema. En 246 entre la avenida 51 y la línea del tren vivían unos cuñados míos, era una zona que yo visitaba con frecuencia para comprar conejos, aguacates en sus temporadas y pollos.

-Los aguacates no se venden. Nos dijo el nuevo inquilino de aquella enorme casa dotada de un extenso terreno sembrado con una copiosa arboleda de diferentes frutos.

-Mire, yo he sido cliente de la casa durante muchos años, nosotros hemos viajado desde Alamar hasta aquí con la ilusión de comprarle como otras veces hacíamos.

-Los aguacates no están en venta. Repitió aquel viejo con cara de hijoputa comunista y no quisimos presionar con nuestra insistencia. Podíamos correr el riesgo de que nos chivateara y nos acusaran por el delito de receptación, no había de otras. Mi sobrino se subió en el techo de su casa y le tumbó seis aguacates al árbol de su vecino y los repartimos entre los tres. Ni conejos, ni pollos, ni la madre de los tomates, la zona estaba tan pelada como nosotros y decidimos regresar, pero ahora nos desplazamos por todo 51 con dirección a La Habana.

-¡Tengo un hambre del carajo, estoy partío! Dijo Pello cuando andábamos por Monte y Águila.

-Podemos llegarnos hasta el Pío Pío del muelle de Caballería. Propuso Alberto.

-No es mala idea, jamamos algo y de paso va y se nos pega cualquier cosa para la casa. Agregué aprobando la idea de Pello y hacia allá nos dirigimos. La suerte cambió de repente, no había cola y comenzaba un tirito de cerveza.

-Nueve cervezas y seis raciones de pollo. Pidió Pello al camarero.

-Lo siento, solo se ofrece una cerveza por ración. Le contestó el camarero.

-¡Eso es musical, mi hermano! Hay una pila de viejos que están sentados y no tienen cerveza en la mesa. Tira pa'cá todas las de aquellos vales y olvida el tango, el toque de nosotros va a estar sabroso. El camarero no respondió y se fue, pocos minutos después regresó con las seis cervezas y un poco más tarde con las raciones de pollo y papas fritas solicitadas. En la medida que se iban vaciando las botellas, el camarero las sustituía por otras llenas sin necesidad de solicitarlas. Así, nos pasamos varias horas tranquilos hasta que nos pusimos sabrosos. Cuando nos dijo que el tiro se había acabado, le pedimos que nos trajera otras seis raciones de pollo para llevar a la casa, ya el local se había llenado de gente y la bulla era insoportable.

-¿Por qué no nos damos un saltico hasta el bar que se encuentra en los bajos de la Empresa? Propuso Pello nuevamente.

-¡No jodas, Pello! Eso debe estar pelado a esta hora, allí nunca hay donde amarrar la chiva. Le contesté.

-¡Te equivocas! Estamos exactamente en el tiempo justo que comienza el tirito de ese bar. ¡Vamos pa'llá! Confíen en mí que soy perro huevero de La Habana Vieja. Insistió y medio que nos asombramos, Pello no era un tipo jodedor de andar fugado de la casa, Alberto me miró como buscando aprobación.

-¡Vamos bien, ya estamos embarcao! No lo estábamos, no habíamos cometido ningún error hasta ese instante, solo éramos perseguidos por los pesos de nuestras conciencias pecadoras. Cinco minutos después nos encontrábamos estacionados en la esquina de nuestra empresa, beneficiados por el horario, era muy difícil encontrarse con marineros que no fueran del barrio, solo dos o tres conocidos intercambiaron saludos con nosotros. Pello salió del bar con una caja de 24 cervezas y la colocó en el piso del auto. De la nada aparecieron tres mujeres que se sentaron junto a nosotros, una al lado de cada uno, me tocó una mulatica de pelo bueno que resultó trabajar en las oficinas de la pesca. Conocía a mi hermano, me conocía a mí, era prima de una queridita de Alberto. Todo quedaba guardado en un círculo muy cerrado, pertenecíamos a la misma farándula. No me percaté en qué momento salimos de aquella esquina sin devolver las botellas de cerveza, solo sé que pocos minutos después, compartíamos con gente extraña en uno de los peores tugurios de La Habana. Delincuentes, putas, ladrones y traficantes me eran presentados con todos los protocolos de rigor para ese ambiente. La Pampa era uno de los pocos palacios del bajo mundo que se resistían a desaparecer y allí brillaba lo peor de nuestra sociedad, no creo haber estado en lugares peores y tampoco considero haberme sentido mal, la bebida fue una especie de pasaporte que me sirvió para penetrar o descender hasta ese mundo asqueroso que sobrevivía en la capital cubana.

En uno de esos pocos momentos donde tuve un poco de conciencia o quise tenerla, porque no puedo negar que comenzaba a sentirme muy cómodo al lado de la mulatica, veo que nos desplazamos por la avenida 31 en dirección a Marianao y que ella era la única mujer dentro del vehículo. Casi al final del viaje reconocí la entrada al aeropuerto de Ciudad Libertad (antiguo Columbia), unas cuadras muy cercanas a esa entrada estacionamos y bajamos la caja de cerveza del bar, aún quedaban botellas llenas. La mulatica nos presentó a la tía y a su niñito.

Era una de esas casas antiguas de puntal alto que comenzaba a rendirse por el abandono, sus paredes no probaban el sabor de la pintura desde hacía varias décadas, quizás las que marcaban la fecha del abandono de sus verdaderos dueños. Los muebles tenían la misma edad de la casa y se encontraban disfrutando igualdad de condiciones que ella. La mulatica se sentó en mis piernas y bebíamos de la misma botella. Me molestaba, no ella, el muelle de la butaca que me pinchaba el culo, yo no protestaba, no quería que se levantara. Tampoco comprendí cómo rayos llegó hasta allí, no habíamos cambiado palabra alguna sobre gustos, deseos, afinidades. No nos dijimos nada de todas esas boberías que se expresan en planes de conquista, ella se encontraba allí y me agradaba, solo mis nalgas protestaban. Hasta la tía me resultó familiar, hablábamos como si nos conociéramos de toda la vida. Se abrió y me contó de su pasado, tal vez pensó que no le creí y comenzó a sacar diplomas y medallas de todos lados. Había sido condecorada por no sé que mierda, participó en no sé cual operación secreta, desarticuló no sé que maniobra del enemigo, estuvo designada en el frente tal y más cual. Todo constaba en aquellos documentos firmados por Raúl, Abrahantes y hasta Fidel, todo se resumía en aquellas medallas que comenzaban a oxidarse, ninguna era de oro. La vieja no podía ocultar su orgullo cuando mencionaba cada una de aquellas misiones cumplidas, sus recuerdos eran el néctar de su vida, solo ellos. No tenía hijos, no pudo tenerlos a causa de aquella vida tan consagrada a sus ideas, por esa razón se dedicó a criar una sobrina, eso no me lo dijo ella, fueron simples deducciones. Sin darnos cuenta habían puesto a hervir yuca que fue servida con aquellos pollos del Pío Pío y que comimos con mucho placer, ella siempre sobre mis piernas.

-Yo no sé quién eres tú, yo no vendo cerveza. Me dijo un paralítico que tenía un tiro ilegal cerca de la casa.

-¡Mira, compadre! Te voy a dejar la caja vacía y vengo con la persona que me dio tu dirección. Yo no soy del barrio, lo mío es sonarme un laguer, ahora regreso. El tipo no respondió, no reaccionó y tuve que ir en pos de la mulatica, ella sí era cliente de él.

-¿Ya ves? ¡Dame una caja de 24! Le dije mientras le daba el fajo de billetes, cuando aquello cada cerveza costaba $3.50

-El problema es que yo no puedo regalarme, yo no sé si tú eres fiana.

-Yo sé, dame el laguer. La vieja se empujó varias botellas sin parar, estaba tan seca como cualquier camello que acaba de atravesar un desierto, se puso contenta. Alberto nos miraba y se reía, nos miraba y se reía. Estaba pasmao, pero fíjense si era buen socio, que por nada de la vida se le ocurrió decir que iba echando, allí se mantuvo hasta el siguiente día. ¡Placatán! De buenas a primeras veo a la vieja sentada en las piernas de Pello. ¡Coño! Me provocó risa aquella escena, pero hice lo imposible por contenerme. La temba no era comemierda a nada, el negro estaba prieto con cojones, pero era una tranca joven, y a saber, tal vez no la veía pasar desde su último combate. La rumba duró hasta altas horas de la madrugada y no me di cuenta del momento que el niño se fuera a dormir. Sí vi cuando la vieja le preparaba el sofá a Alberto, mientras la mulatica me llevaba para su cuarto. No me gustó la idea de dormir en la misma cama donde lo hacía el niño y tiramos unos trapos en el piso. Teníamos que echarnos agua de la bañadera con una latica y aunque nos encontrábamos en los finales del verano, resultaba extremadamente fría a esas horas de la madrugada, nos bañamos. A oscuras no puedo describirles el cuerpo de aquella mulatica, solo puedo decirles que todo era sólido, macizo, firme. La imaginación ayuda mucho en esos casos de apagón y se logra pasar un momento agradable. Apliqué todas las técnicas de su momento, la primera, pasar el dedo por allí y luego olerlo, era una necesidad impuesta por los tiempos que corrían. Después de evacuadas las dudas se continuaba confiado, el sida no había aparecido en nuestra isla.

-¿Qué número metemos ahora en la casa? La solté al azar mientras viajábamos por el malecón.

-¡Jejejejejjejejeje! Fue la respuesta irónica de Alberto.

-¡Asere! Tú no estuviste en ná, pero lo mismo, estás en candela. Le respondí y Pello continuaba en silencio.

-¡Jejejejejejejejejeje! Fue todo lo que me contestó.

-¡Coño, qué metedura de patas! Alberto, tú fuiste el culpable de todo esto. Alegó Pello.

-¿Yoooooooooooo? La culpa la tiene Esteban con sus cabrones aguacates. Y tú no protestes, bastante bien que la pasaste. Dijo Alberto cuando ya enfilábamos la entrada del túnel.

-¡Jijijiijijijijijijijiji! Se me ocurrió reírme y Pello se molestó.

-No te rías tanto, bien cagado que estás.

-¿Yooooooooo? Aquí el más cagado de todos eres tú, Alberto está limpio.

-¿Y yo por qué? Preguntó el negro algo sorprendido.

-¡Asere! Porque te jamaste a Julito el Pescador, ¿la vieja no te condecoró con una de sus medallas?

-¡Jejejejejejejejeje!

-¡Alberto, cojones! Atiende el timón, vamos a descojonarnos.

Estacionó la guagüita en el jardín como siempre hacía, frente por frente a su balcón. Las tres mujeres acudieron a nuestro encuentro, repartí dos aguacates para cada uno.

-Ya íbamos a llamar a la policía, ¿qué les pasó? Dijo una de ellas.

-Que no habían aguacates en San Agustín y continuamos para Pinar del Río, pero nos rompimos en las ocho vías.

Ya han pasado más de veinte años de aquella aventura y poco importa que se enteren Caridad y Teté, los perdonarán. El negro Pello era militante del partido, una de sus excepciones, un tipo formidable y hombre a todo dar. Después de mi deserción, mi familia fue condenada al olvido por muchos que un día dijeron ser amigos míos, tuvieron miedo llegar hasta mi casa y me defraudaron. Pello y yo no fuimos amigos nunca, solo compañeros de trabajo. Hoy debe estar viejo y quiero que no caiga en la trampa del olvido. Pedro Iznaga ayudó a mi familia cuando aquellos amigos no tuvieron pantalones para tocar a la puerta de nuestra casa, esta es la gente que recuerdo con cariño.



Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2008-10-18


Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que el trono que erigiera en vuestro interior ha sido antes destruido.
Jalil Gibrán.



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"EL NEGRO PELLO"

Acabo de recibir la triste noticia de su fallecimiento ocurrido hace un mes, su verdadero nombre fue Pedro Iznaga. Durante mucho tiempo libro una tenaz batalla contra el cáncer y esa enfermedad no pudo vencerlo, falleció en el policlínico de la Zona 5 de Alamar de un infarto cardiaco.

Pello y yo nunca navegamos juntos, tampoco nos unían lazos fuertes de amistad. Coincidimos durante dos años y medio en las microbrigadas de Alamar donde construimos tres edificios para poder tener un apartamento.

Pello militaba en el partido comunista, sin embargo, tuvo un gesto que admire luego de desertar. Fue de los pocos conocidos que visitaba mi casa y le brindo apoyo a mi familia. Gente que se llamaban amigos levantaron el pie por el temor a ser señalados por sus vínculos con el "enemigo".

Aquel gesto noble, y si se quiere muy valiente para sus tiempos, me conmovieron y obligaron a escribirle estas lineas que hoy comparto con ustedes.

Llegue hasta su esposa e hijo y a toda su familia mis mas sentidas condolencias. Ya el negro Pello debe encontrarse navegando en el reino de Neptuno.

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jueves, 23 de agosto de 2018

LESCAY


LESCAY





Perteneció a ese numeroso grupo de “combatientes” de la Sierra que un día fueron a recalar a la marina mercante, quizás nunca comprendió la causa que condujo sus pasos hacia un barco. Es muy probable que tampoco llegara a entender muy bien la razón de su sacrificio y si lo que se comenzaba a vivir, formaba parte del ideal que lo llevara a su alzamiento en las montañas. Finalmente se adaptó perfectamente a la vida marinera y fue un tipo muy simpático, querido y admirado por casi toda la tripulación.

Gustaba mucho compartir con la marinería, trataba de aprenderlo todo, porque en esas relaciones pudimos adivinar que Lescay se encontraba en estado puro o virgen. Era de origen campesino, no existía la menor duda, no era difícil identificarlo a mas de cien metros de distancia. Su andar era el típico de cualquier guajiro, que, en su actual situación, brindaba la imagen de una nave dando cabezadas o bandazos por los efectos del mar. 

Tampoco tenia que agradecerle mucho a la naturaleza, su imagen física era fatal, algo así como un castigo o ensañamiento de ella. Pertenecía a la raza negra, aunque no era negro totalmente, digamos mas bien que calzaba un siete en la escala de diez, yo acostumbraba a decir que se trataba de mulatos oscuros. Mas allá de esa categoría se puede mencionar con tranquilidad la palabra negro y cuando se encuentra en el ocho de esa escala, es posible referirse a un negro claro.

Tenía pasas como pelo, solo que eran de aquel grupo noble que no se enroscan como caracolillos y ceden su resistencia al peine con el uso de cualquier vaselina. Tampoco era mucha la que mostraba, tenia sitios en la cabeza donde se le podía observar el cráneo, por cierto, muy grande y envidia para cientos de científicos.

Sus ojos eran pequeños y no guardaban relación con las dimensiones de su cabeza, eso le daba accidentalmente un toque asiático, aunque no fueran rasgados. Luego, con aquella cabeza tan grande y los ojos tan pequeños, dejaba libre demasiada superficie en su rostro, agrandado un poco mas por las pronunciadas entradas de la frente ganando territorios pertenecientes al cabello.

Su nariz debió ser normal o no la recuerdo muy bien. ¿La boca? ¡Ohhh! Aquello sí era todo un poema, inmensa, monstruosa. Solo que su enormidad no era lo que mas la distinguía de aquel rostro algo amorfo, digamos que su dentadura sin par era el punto donde culminaban o se rendirán todos sus pequeños defectos. Llegamos a pensar que se trataba de una prótesis confeccionada con “trabajo voluntario” y todos nos equivocamos en esa observación. Eran sus dientes naturales y lo demostraba cada vez que le daba una mordida a una manzana, causaba terror. El problema radicaba en que cuando lo mirabas de frente mientras hablaba, Lescay exhibía una sana dentadura cuyos dientes iban aumentando de una banda a la otra, no puedo recordar si de babor a estribor o viceversa. Nunca había topado con un ser humano que poseyera una dentadura tan única y singular como la de él, pudo ser la razón principal a su tartamudez, que no era tan grave tampoco.

Gustaba mucho frecuentar el salón de los oficiales subalternos, porque el buque “Pepito Tey” tenia tres salones. El del Capitán se encontraba a proa de la superestructura, el del Segundo Oficial estaba en el lado opuesto, o sea, situado a popa de la superestructura. El salón de la marinería estaba en el alcázar que poseía aquel barco en la popa y que se han eliminado en casi todas las construcciones modernas. Allí estaban también sus camarotes y si escapaban del ruido producido por los generadores eléctricos y el motor principal, no podían evadir las vibraciones y ruido producido por el eje de cola de la propela. 

Después de las comidas se producían interesantes tertulias dirigidas por un equipo extremadamente jodedor, oportunidad en la que se sumaban personajes como Lescay o los cocineros Cerulia y el jabao Chartrand. Quienes se convertían inmediatamente en el centro de todas las bromas, ellos aceptaban felizmente su rol. No nos quedaba de otras, el barco se mantuvo reparando tres meses y medio en el astillero de Barcelona después de haber explotado la maquina principal y nuestras vidas se convirtieron como las de cualquier recluso. La única diferencia era que nuestra celda tenia las puertas abiertas y solo salíamos una vez a la semana. Existieron muchas dificultades en la entrega del dinero para comprar comida y nuestra paga era de $5.00 dólares semanales, lo que significaba salir el día del pago hasta el primer bar para luego regresar a nuestro bendito cautiverio.






-Me voy a casar y necesito comprarle ajustadores a mi novia. ¿Cuáles me recomiendan ustedes? Dijo Lescay y aquella noticia cayo como una bomba, tan así, que a las horas siguientes toda la tripulación se le acercaba con una sonrisa para felicitarlo.

-¿Te vas a casar? Pregunto uno de los tertulianos con asombro.

-¿Te vas a casar?... ¿Te vas a casar?... ¿Te vas a casar?... La misma pregunta recorrió cada una de nuestras bocas.

-Si, cuando llegue de viaje pienso hacerlo. Contestó muy feliz. ¿Cuáles ajustadores creen que sea el mejor para la ocasión? Cada uno dio su versión y hubo uno mas atrevido que le recomendó exigiera a su novia estar a la altura de los tiempos, ya la mayoría de las muchachas andaban sin ajustadores, no por una moda impuesta por la edad, es que no había en el mercado.

-Coño, ella es una muchacha seria del campo. Dijo algo serio.

-Así que te casas con una guajirita, ya era hora Lescay, eres un poco temba y se te puede ir el tren. Intervino un agregado de cubierta.

-¿Por qué no le compras uno de media copa? Le dije acordándome de un caso similar sucedido hacía varios años.

-¿Cómo son esos? Preguntó con mucha curiosidad.

-Lescay, son unos que le cubren solamente la mitad de los senos, o sea, digamos que hasta el pezón nada más.

-Coño, pero le queda la mitad de la teta afuera.

-No te preocupes, eso solo lo disfrutarás tú. Nada más debes preocuparte de que los vestidos o blusas no sean muy escotados.

-Voy a analizar la situación, no me agrada la idea de que ande con los mondongos afuera. ¡Vengan acá! ¿Duele? Hubo un silencio pasmódico y todos los rostros giraron hacia él.

-¿Duele, qué? Deberías explicarnos. Dijo uno de los jodedores y pude adivinar por donde venían las balas.

-Pregunto si duele cuando se la metes a la jeva. Respondió y se condenó a muerte. Aquellas aberradas mentes comprendieron al instante que la pureza de Lescay no era solo de alma, también lo era de cuerpo y para estas fechas no se encontraba justificación. El guajiro no se había enterado de que el toque a degüello por la liberación de la templadera, había ocurrido en el año 1961 cuando la campaña de alfabetización. Al parecer, su mente continuaba viajando por aquellos años donde la zoofilia fue el principal deporta practicado durante su pubertad y juventud del campesinado.

-¡Asere! ¿Tú nunca te has templado a una jeva? Le preguntó Pepito el Cuarto Maquinista y se guardó otro prolongado silencio.

-¿Yo? Jijijiji, jojojojo, jujujuju. No pudo ocultar su nerviosismo y las dudas fueron evacuadas inmediatamente por aquel jurado, Lescay era señorito.

-¿Todavía conservas el prepucio cubriéndote el glande? Le pregunto el telegrafista y Lescay hizo una mueca.

-¡Coño, tele, no jodas! Lescay no comprende eso que dijiste, vas a ver como aterriza. Lescay, ¿todavía tienes ese pellejito que te cubre la cabeza de la pinga? Le pregunté sin dar tiempo a otra intervención.

-No, no, no, yo me lo corro hasta atrás. Respondió sin poder ocultar su nerviosismo.

-Oká, el asunto no es tan grave, el problema es que aun no le has metido el tabaco a ninguna jeva. Uno que otro soltó alguna carcajada y los contuve para que no se nos espantara y se jodiera la tertulia.

-Bueno, yo, jijijiji, jojojojo. Se detuvo muy nervioso al sentirse descubierto. No era para menos, Lescay andaba por los cuarenta y cinco años o más.

-Negro, tienes que practicar antes de casarte o vas a descojonar a tu novia.

-¿Qué me dices?

-Tampoco te hagas el comemierda, mas claro ni el agua, tienes que usar el trabuco antes de casarte para que le encuentre el sabor a una chochita. De lo contrario, te vas a venir como una yegua desde que la metas y corres el riesgo de dejar insatisfecha a tu mujer y te peguen los tarros.

-¿Cómo? Saltó asustado, yo sabia que la palabra tarro, la mas temida entre los marinos, lo devolvería a la realidad.

-Como lo escuchaste, te vas a venir rápido porque no estas acostumbrado a templar y eso es un papelazo. A las cubanas no se pueden estar dejando a mitad del camino, te arañan la carrocería.

-¿Y qué me recomiendan? Ahora la broma tomó otro curso y se transformó en un tema muy serio la boda de Lescay.

-¿Qué te recomendamos? Sale para Las Ramblas a templarte una puta, son bien económicas aquí. Solo debes tener cuidado a la hora de elegir, probablemente las más baratas sean travestis.

-Coño, tengo miedo agarrar una enfermedad venérea a esta hora del juego.

-Eso puede evitarse, compra condones para protegerte. ¡Mira! Cuando sales del astillero en dirección a la ciudad, hay una farmacia donde atiende un viejito muy servicial. Llegó la hora de la faena para algunos de los presentes y allí terminó la tertulia de ese día.






-¡Que pena he pasado! Nos dijo Lescay al siguiente día cuando recién habíamos dado inicio al encuentro diario.

-¿Qué te pasó, Lesca? Preguntó uno de los presentes que no logro identificar ahora.

-Muchacho, di con la farmacia que ustedes me dijeron sin dificultad alguna, no hay pérdida.

-¿Cuál fue la pena entonces?

-Que no estaba el viejito a esa hora, en su lugar había una jevita lindísima.

-No le veo el misterio, ¿Qué pasó?

-La farmacia estaba vacía y en lo que yo buscaba los cabrones condones entraron una pila de gente, el asunto es que no los encontré y tuve que preguntarle a la muchacha. Pero ya saben, tratándose de una mujer me daba vergüenza.

-¡No jodas, Lescay! Estamos en Europa y eso es muy normal. Intervino uno de los presentes.

-Entonces, ¿Qué pasó?

-Nada, ella me preguntó que deseaba, como es natural. Ya deben imaginar la pena y el público esperando detrás de mí en el mostrador.

-Asere, deja los comerciales y pasa la película. Orita se nos va el tiempo de descanso. Le dijo el contramaestre.

-¿Qué desea señor? Preguntó nuevamente aquella blanquita hermosa y yo le respondí muy bajito. Shhhhpsssshposssshhh.

-Señor no lo comprendo. Me dijo alzando la voz y mi nerviosismo fue aumentando, la respuesta fue la misma, casi un susurro. La suerte es que aquí son muy comprensivos y entonces ella se inclinó para ofrecerme la oreja y yo le confesara lo que deseaba. Fue cuando me vino aquella palabra mágica, “condones”.

-¡Joer, majo! Tanto misterio para eso, aquí lo puede gritar a los cuatro vientos. ¡La ostia, que somos civilizados! ¡Señorita, necesito condones! No tenga tanta vergüenza. Vamos a ver, ¿los quiere lubricados, en colores, con sabores, cual es su talla? Todo eso gritado a los cuatro vientos y se me caía la cara de vergüenza. Ya deben imaginarse, los gallegos se orinaban de la risa. Cuando terminó de contarnos ese pasaje el salón se vino debajo de la risa.

-¡Coño, caballeros! Aparte de todo, si no es por Lescay no nos enteramos de los condones con sabores. Dijo uno de los presentes.

-Yo compré con sabor a fresa y a chocolate. Dijo a tono de héroe.

Cuando llegamos a La Habana se desenroló más de la mitad de la tripulación y yo debí continuar en el barco luego que me negaran las vacaciones. Nunca mas nos cruzamos en otros buques, tampoco volví a verlo. Ayer me vino a la memoria la imagen de aquel noble guajiro y ya han transcurrido 36 años de aquella amarga aventura vivida en Barcelona. No supe si logró casarse y si la novia usó los ajustadores de media copa. Si estamos seguros de que Lescay cumplió nuestras orientaciones y le metió el chorizo a una trabajadora social de Las Ramblas.


Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2018-08-23



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miércoles, 22 de agosto de 2018

¿Cuántos “Nortes” existen y deben ser dominados por los navegantes?


¿Cuántos “Nortes” existen y deben ser dominados por los navegantes?



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Para la persona común debe existir uno solo, ha escuchado hablar toda su vida del Polo Norte. Ese concepto puede ampliarse para otros cuando vinculan a la brújula con ese punto geográfico y tienen razón, solo que esta vez adquiere otro nombre. Estas notas no pretenden ser una clase, tampoco se ha consultado libro alguno, digamos más bien que se trata de una simple curiosidad que les traigo a los que desconocen la existencia de otros “Nortes” y son de uso común en las navegaciones. Evitaré la utilización de tecnicismos por tratarse de un trabajo dirigido a los amantes del mar y la geografía.



1.- Norte Verdadero.

Es aquel localizado encima del Polo Norte y desde su posición en el eje de la tierra, convergen todos los meridianos. Todos los mapas (cartas náuticas), son trazados tomando como referencia este punto. Razones por las cuales todas las anotaciones en dichos mapas deben ser “verdaderos”, ya se traten de rumbos, marcaciones o posiciones geográficas. La gente tendrá una idea aproximada de su posición por la presencia de la estrella Polar, pero vale aclarar que ese astro no se encuentra situado encima del polo y requiere de ciertas correcciones por parte del navegante.



2.-Norte Giro.

Se le llama así al norte indicado por un equipo conocido como “Girocompás”, su funcionamiento es electrónico y llega a ser más preciso que la “brújula o compas magnético”. Como equipo al fin, puede estar afectado de errores que son mínimos y una vez conocidos, se aplican las correcciones para llevar sus indicaciones al “Norte Verdadero”, tengamos presente que error conocido no es error. Casi siempre ese error en el giro es constante y causa poca preocupación en los navegantes. Sin embargo, era muy común determinar ese error al menos una vez en el día durante las navegaciones. Se hacía tomando un azimut a un astro cualquiera y se establecían comparaciones con el ofrecido por el equipo. 



Norte Magnético. 

Es el que ofrece la “brújula” para ustedes y para los navegantes es conocida como “compás magnético”. Este equipo con varios siglos de existencia y considerado el abuelito de todos los que fueron apareciendo como ayudas a los navegantes, increíblemente se mantiene vigente. La razón es muy simple, su fuerza motriz es el magnetismo de la tierra. La brújula trata de indicar la posición del Norte Verdadero y nunca lo logrará. El polo magnético de la tierra no coincide en posición con el polo geográfico, además de hallarse fuera de su eje, mantiene cierto movimiento, aunque algo lento, alrededor del polo. Desde el eje del polo magnético parten los meridianos magnéticos, son líneas de igual valor conocidas como isogónicas. Las que poseen un valor de cero grados como el meridiano de Greenwich, se les conoce como líneas agónicas, por encima de Cuba pasa una de esas dos líneas. Los meridianos son contados desde cero hacia el Este y Oeste. El navegante debe acudir a cartas magnéticas o Pilots Charts para hallar los valores de lo que se denomina “Variación Magnética”, dato imprescindible para aplicar como corrección a los rumbos y marcaciones obtenidas con la brújula. No olviden que en las cartas solo se plotean rumbos y marcaciones verdaderas.



Norte Aguja.  

Una vez instaladas las brújulas a bordo de cualquier nave, el equipo se verá afectado por los campos magnéticos creados por los metales a bordo. Este puede variar de acuerdo al cargamento recibido, existencia de los puntales o grúas izadas, etc. O sea, la brújula nunca indicará la posición real del norte magnético y esa diferencia con este se conocerá como “desvío”. Este error es compensado por técnicos especializados con la utilización de imanes, pero nunca logra reducirlo a cero y es variable de acuerdo al rumbo que esté haciendo la nave. Con el fin de obtener ese error para cada cada quince grados de aproamiento, se confecciona una “tablilla de desvío”, pero no voy a entrar en detalles. El navegante se encargará de obtener errores adicionales por observaciones a los astros de la misma manera que se hace con el “giro compas. El desconocimiento u omisión del “desvío” del compás, puede tener resultados catastróficos durante una travesía. Vale señalar que estando a bordo del buque “Topaz Islands”, su Capitán sugirió la no utilización de la tablilla de desvío y una vez superado el ultimo faro de Grecia, pusimos rumbo a Sicilia y aparecimos proa a la isla de Malta. Los detalles se encuentran en mi trabajo “Los billetes del Chino”.


Como pueden apreciar, la profesión de navegante, exige de profundos conocimientos para garantizar el éxito de cualquier aventura sobre el mar. En la actualidad se han eliminado muchos detalles importantes en esta carrera y el hombre es sustituido por maquinas. Hay academias navales que se han atrevido a eliminar la asignatura “Astronomía Náutica” y surge una pregunta inmediata, ¿Cómo resolverán los problemas que se presentan cuando esos equipos se rompan? Espero hayan disfrutado con estas curiosidades.

Esteban Casañas Lostal 
Montreal. Canadá
2016-06-02


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