sábado, 2 de diciembre de 2017

¡TODO A BABOR HASTA CAER A RUMBO 270!


¡TODO A BABOR HASTA CAER A RUMBO 270!



Motonave "Renato Guitart", escenario de esta historia. 


Corría una de esas madrugadas apacible con un mar en calma chicha y nos desplazábamos a doce nudos sobre un espejo, unas veces roto por la estela fosforescente que dejaban los peces escapando de nuestro barco. Francisquito permanecía silencioso sentado en la banda contraria, yo me encontraba a estribor. Nunca fue de mucho hablar y cuando lo hacía, una tartamudez tenue, pero incomoda, podía ser interpretada como un halo de lo que resultaba un falso nerviosismo. Nada mas alejado de su personalidad, era un tipo sereno y con las salidas de esos seres con temperamento sanguíneo. Unas veces explosivo y otras muy agresivo, como descargando una válvula de escape para no reventar cuando era ofendido y se le trababan las palabras por las dificultades en expresarse. Nos conocíamos desde que entramos en la marina en 1967 desmovilizados del SMO (Servicio Militar Obligatorio) y nuestras relaciones fueron siempre buenas, aunque su mundo era diferente al mío, muy hippie, lo que bien podía manifestar cierto grado de rebeldía en aquellos tiempos de tantas pendejadas y creciente chivatería.

Salté de la silla donde me encontraba sentado y me dirigí corriendo hacia el ecosonda. Francisquito se asustó y se colocó al lado del timón que en alta mar funcionaba con el piloto automático. Toda mi alarma había sido disparada por un repentino cambio en la coloración del agua y ustedes podrán preguntarse ¿cómo era posible? Es cierto, todavía no había amanecido y faltaba aproximadamente una hora para que se produjera el crepúsculo matutino. Lo tenia calculado y sobre la mesa de ploteo descansaba el gráfico donde aparecían las estrellas con posibilidad de ser observadas. Tenía la costumbre de hacer una listica debajo de ese gráfico con los nombres de cada estrella incluyendo el azimut y la altura por donde debía buscarlas. Es cierto que era de noche, pero no olviden que en el puente de cualquier nave se trabaja totalmente a oscura. Bueno, me refiero a los barcos viejos carentes de todos esos aparaticos que aparecieron con la modernidad, cada uno de ellos contando al menos con un bombillito. En esa situación, la vista y el oído del marino se agudizan mucho, tanto, que detectan el mas simple cambio de colores, aunque sean oscuros y se alarman ante cualquier ruido que no sea al que ya están acostumbrados.

-¡Francisquito, pon todo a babor hasta caer a rumbo 270! Lo vi agacharse para quitarle el seguro manual que se le ponía al timón cuando operaba con el automático.

-¡Todo a babor, cayendo a rumbo 270! Repitió, era obligado hacerlo para que el oficial supiera que había comprendido la orden y la cumplía. 

-¡Sube rápido al puente! Le dije al Capitán después de varios intentos en comunicarme con él, no respondió al teléfono magnético que poseía encima de su buro y repetí la llamada por medio de un tubo acústico que tenía al lado de su cama. Ese medio de comunicación no lo encontré en otra nave, se trataba de un tubo por el que se debía soplar y sonaba como un silbato donde se encontraba el receptor. El barco no contaba con teléfono discar y solo se disponían de tres con manivelas magnéticas, uno destinado al camarote del Capitán, otro al Jefe de Maquinas y el ultimo al departamento de máquinas. 

-¿Qué sucede? Preguntó con voz soñolienta.

-¡Sube y aquí te explico, es urgente! Regresé la mirada hacia el ecosonda y se encontraba marcando aun unas seis brazas de profundidad, encendí el radar. Con los binoculares me dediqué a otear el horizonte y no encontré razones visuales que justificaran el cambio repentino y brusco de la profundidad. El barco rompió su inercia comenzó a responder a la orden del timón, un gran arco de circunferencia se iba dibujando con nuestra estela. Observé inmediatamente la hora para plotear la posición aproximada del cambio de rumbo y me dirigí al cuarto de derrota cuando la profundidad comenzó a aumentar y registraba las ocho brazas. Medí la distancia transcurrida desde las cuatro de la mañana y trace a partir de ese punto el rumbo ordenado. Me detuve unos minutos a observar la profundidad señalada en la carta y no encontré nada anormal. Estábamos navegando en lastre muy próximos a un archipiélago ubicado al oeste de Guinea Bissau, no puedo recordar ahora cual de sus islas nos quedaba más cercana.

-¿Qué pasó ahora? Preguntó el Capitán mientras el vaho de su aliento algo desagradable chocaba con mi rostro.

-Tuve que cambiar de rumbo al detectar una profundidad de seis brazas por debajo del casco. Nos estamos alejando de la costa y ya va aumentando esa profundidad.

-Seguro que hay algún error en la última posición de las estrellas.

-¿Qué pinga, estrellas? No pude contenerme ante aquella deducción tan estúpida que me culpaba directamente.

-No me hables así, no es necesario.

-¿Cómo cojones no voy a hacerlo? Con las mismas estrellas nos encontramos en medio del Atlántico con el buque Moncada y con ellas mismas recalaste a Luanda. ¿Cómo quieres que te trate? ¿Me viste cara de maricón?

-Bueno, es mejor relajarnos y tratar de analizar la causa.


-Tenias que haber comenzado por ahí antes de acusarme. Es más, faltan pocos minutos para el crepúsculo, así que toma un sextante y ponte a cazar estrellas para verificar lo que digo. Se dedicó a revisar la zona donde nos encontrábamos y no halló nada anormal. Se dirigió hasta el ecosonda para verificar la profundidad y mas tarde se sentó frente al radar. En esos minutos me dediqué a leer toda la información que ofrecen las cartas náuticas en su barra inferior y vaya sorpresa que encontré. -¡Ve y lee la información de la carta! Le dije a secas mientras abría la maletica del sextante que usaría en mi observación y tomaba uno de los cronómetros.

-¿Qué me dijiste?


-Que observes la información de la carta y así evitarás otro día hacer acusación alguna sin conocimiento de causa.

-Realmente no entiendo lo que dices.

-Muy sencillo, estamos navegando con una fotocopia del año 1959 sin actualizar, o sea, han transcurrido 17 años desde que se publicara la carta original y muchas alteraciones debieron ocurrir, entre ellas, cambios en la profundidad al estar la zona afectada por la desembocadura de varios ríos. 

Guardó silencio y se retiró sin esperar el resultado de las observaciones astronómicas. Cuando la profundidad anduvo por las cincuenta brazas ordené caer al rumbo original, marqué en la carta el punto de ese nuevo cambio y la hora. Me dediqué a observar las estrellas y luego de plotearlas comprobé que no dudaba de mi trabajo. En esas fechas yo era Segundo Oficial y fui cubriendo la guardia del Primer Oficial Pineda, mi amigo Jorge Marcos Joan (alias Cebolla) ocupaba la plaza de Tercer Oficial y cubría la guardia del Segundo. El negro Vinent estaba enrolado de Agregado de Cubierta y cubría la guardia del Tercer Oficial.

La principal razón de aquello que pudo culminar en tragedia tuvo su origen en La Habana, hubo una gran movilización de buques que fueron desviados hacia la ultima campaña dirigida por el Napoleón caribeño, la guerra en Angola. En esa guerra participó una gran cantidad de naves de travesía, pesqueros y barcos de cabotaje, estamos hablando de un extenso convoy de buques separados a la distancia de un día. Es de suponer que, para no llamar la atención sobre aquella misión militar, el gobierno cubano decidió no comprar grandes cantidades de cartas náuticas correspondientes a la zona en cuestión y nos mandaron con aquellos papeles viejos.

La gente comentaba y tenían mucha razón, decían: “Dios es marino y no solo eso, es cubano”. Personalmente considero que muchos designios del Señor eran cumplidos por una oficialidad y marinería competente en aquellos tiempos que fueron desapareciendo quizás por su enojo.







Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2017-12-02


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miércoles, 29 de noviembre de 2017

CAPITAN URQUIOLA. En silencio ha tenido que ser.


Capitán Urquiola.
"En silencio ha tenido que ser".



Posted ImageCapitán Antonio García Urquiola



Ya había excedido el tiempo tolerable de estadía en la isla, transcurrirían mas de cinco meses desde la última travesía y me sentía incómodo. Yo formaba parte de un reducido grupo de personas que no disfrutaban permanecer tanto tiempo en aquella tierra envenenada, tampoco me consta quienes eran los restantes integrantes de aquel grupo, son simple deducciones, alguien debía compartir iguales sentimientos entre los cientos de marinos que formábamos parte de aquella flota. 

Nunca me sentí verdaderamente atraído por permanecer más del tiempo necesario para compartir con mi familia y escasos amigos, porque a la altura de ese juego, ya los amigos y personas en quienes confiar se reducían a los dedos que tiene una mano. “Socios”, esa era la palabra correcta para definir a todos los que formaban tu circulo de allegados. Los socios que te abandonaban cuando estabas en las malas o aquellos que a espalda tuya levantaban la mano contra ti en una reunión del partido. “No confiable”, era una definición utilizada por el partido a las personas que se definían vagamente por la política reinante. “No confiable”, era una definición existente en el interior de cada ser, no se podía confiar en nadie, nadie sabia donde rayos se escondía la traición.

Poco a poco me iba convirtiendo en un paria sin haber abandonado la última pitada que el aire se tragó al salir del Morro. Creerán que exagero y no es así, yo era un “simple” dentro de las nuevas clasificaciones aplicadas a la división de la sociedad de acuerdo con los cánones comunistas. Una “simple” mierda sin muchos derechos que no fuera otro que el de obedecer y aceptar todo como bueno, el último en la escala de esclavos. Yo era un “indiferente”, “apático”, “poco combatiente”, “poco colaborador”. Yo era sencillamente un condenado por pecados no aceptados dentro de la sociedad creada por ellos.

Desde la Casilla de Pasajeros hasta el muelle La Coubre, toda esa explanada se encontraba abarrotada de cajones inmensos de piezas y maquinarias. Llevaban varios años decorando la Avenida del Puerto y los números de identificación se le habían borrado gracias a la acción benevolente de la lluvia. Nadie las reclamaba y hablo de millones de dólares tirados ante la indiferencia de quienes las compraron. 

Era un recorrido diario que hacía para trasladarme desde la Lonja del Comercio hasta el muelle Aracelio Iglesias donde me encontraba enrolado como Primer Oficial. No acababa de adaptarme al sufrimiento que se vivía en el interior de cada guagua, el mal olor de los pasajeros y ese humor tan violento o amargado que se respiraba en cada recorrido. 

La radio y la televisión se encargaban diariamente de transportarnos hacia un mundo fantástico donde todo era logros y victorias, sobrecumplimientos de alimentos que nunca visitaban nuestras ollas. Las colas con un grosor de cuatro o cinco personas en la tienda “Centro”, partía agresiva desde la misma entrada hasta la calle Reina, doblaba en Águila y se extendía hasta Dragones, donde podía doblar e invadir también una media cuadra de esa manzana. Solo una tienda en todo el país donde el “pudiente” podía abastecer a medias las necesidades de su hogar. Colas integradas por seres que llegaban desde los puntos mas remotos de la isla y dormían en aquellos portales repletos de pícaros para lograr un turno en la infernal cola. Muchas veces divago y me pierdo en pasajes que para muchos resultaran innecesarios, pero la mala memoria de los nuestros me obliga.

Escapé al abandono de un barco estando de salida y temí lo peor, solo que esa vez actué con inteligencia y preparé muy bien el escenario o coartada. Me ayudó también que había sido sustituida la Jefa de Cuadros, nunca gocé la simpatía de “La Dama de Hierro”, como la llamaba la mayoría de la oficialidad. El nuevo jefe comprendió mi falsa situación y me envió a casa hasta resolver el problema, unos días mas tarde retorné a la empresa y comuniqué mi disposición a ser enrolado.

Me enrolaron inmediatamente en el buque “Aracelio Iglesias”, allí le cubriría las vacaciones a su dueño absoluto, el Primer Oficial Amaral, persona con fama de alcohólico. Su Capitán Miguel Haidar también tomó vacaciones y fue relevado por “El Guajiro” Marrero. Generalmente, cuando se quedaba el Capitán de vacaciones era norma de que el Primero debía continuar a bordo. Me llamó la atención el rompimiento de aquel reglamento, no me detuve a indagar mucho sobre ese hecho, el barco me flechó como a cualquiera que se enamora a primera vista.

Angustiosa fue la espera por la terminación de las operaciones para largarme al carajo de aquella maldita tierra, hubo días que solo descargaban dos o tres camiones y en los almacenes del muelle no cabía una caja más, cargamento que corría la misma suerte de las estibadas en la avenida. Por la radio se hablaba mucho de la cadena “Puerto, Transporte, Economía Interna”, se mentía descaradamente y quizás ni los mismos vecinos del área supieran lo que estaba ocurriendo.

Los días transcurrían con esa normalidad particular de nuestro giro, el barco se llenaba de visitantes a la hora de almuerzo, casi todos eran inspectores o funcionarios nuestros. Otro grupo con gente del puerto y un piquete de descarados que se pegaban sin nadie invitarlos. Diariamente acudían buscando nuestra ayuda todo género de individuos, dirigentes partidistas, militantes de la juventud, portuarios y hasta microbrigadistas de Alamar. Todos mirando a nuestras naves como si se trataran de almacenes y sin acabar de comprender que la situación del país nos estaba afectando por igual.

Además de sentirme bien en aquel buque, su Capitán era una persona muy sencilla y campechana, no por gusto era conocido por ese apodo que recorrió cada barco por donde navegara. Nunca existió discrepancia alguna entre nosotros, era un tipo bastante sincero. Una vez me comentó sobre la proposición que le hiciera Jorge Torres Portela, aquel hijoputa con quien navegara en el buque “Pepito Tey” cuando estuvo de Capitán. Se encontraba sancionado a Primer Oficial y tuvo la intención de joderme, solo que Marrero lo conocía muy bien y no lo aceptó.


Buque de pasaje África-Cuba

Uno de esos días se apareció el Capitán Antonio García Urquiola en el camarote y me dejó caer un bombazo. Andaba trabajando en una de las dependencias de “Seguridad para la Navegación” de nuestra empresa y por lo que supe poco más tarde, se encontraba aún sancionado a Primer Oficial. Lo conocí en el barco de pasaje “África-Cuba cuando me encontraba navegando en el N'Gola y coincidimos en el puerto de Ámsterdam. Su sanción era vieja, creo que por haber hundido al buque “Pino del Agua” en aguas poco profundas en Latitud 18.53.13N y Longitud 110.31.30E. Solo que ese naufragio había ocurrido en 1974 y ahora estaba corriendo el 1984.

Urquiola pone sobre la mesa de mi camarote una orden llegada desde el Estado Mayor del MINFAR y tenía un plazo limitado para cumplirla. Era algo compleja para un Primer Oficial sin experiencia, se trataba de los cálculos de estabilidad necesarios para hundir al buque en tres condiciones diferentes, a toda carga, media carga y en lastre (totalmente vacío). Me explicó que esos cálculos formaban parte de las tareas encomendadas por los militares y el partido comunista para las maniobras “Fortaleza 84”. Otra de las grandes locuras del Napoleón caribeño con el fin de mantener entretenido al rebaño de ovejas, todos sabíamos que los americanos nunca nos invadirían.

 Diariamente se realizaban ejercicios que podían sorprenderte en cualquier rincón de la ciudad, poco importaba si estabas atravesando el túnel de La Habana. Los barcos debían hacer sonar el tifón a una hora determinada y apagar todas las luces, toda una loca aventura que unos pocos disfrutaban, como si les encantara comer mierda. Cada día transcurrido aumentaba mis deseos por salir de aquella trampa de porquería, el ansia por aquella partida se fundamentaba en la existencia de una cantidad limitada de hijos de puta a bordo y que de una u otra forma se podían torear. Posibilidad inexistente en una isla donde chocabas con ellos las veinticuatro horas del día y donde menos lo esperabas.

Los que conocen sobre el tema saben que esos cálculos eran muy extensos y algo complejos, debías atentar contra el diseño de varios ingenieros cuya obra pretendía hacerlos insumergibles, así andaban las cosas. En cierto aspecto me beneficiaba mucho, conocía profundamente el barco donde debía partir y cualquier cálculo posterior resultaría un paseo. En aquellos tiempos no existían las computadoras y solo poseíamos como herramienta una simple calculadora. Le pedí al Sobrecargo unas hojas inmensas que se usaban en las pre-nominas, eran de dimensiones bien grande y en cada una de ellas plasmaría los cálculos para cada condición.

Urquiola visitaba el buque diariamente, hacía escala en el camarote del Capitán y bajaba al mío con cuatro tragos en la cabeza. En esa condición de semi borrachera daba rienda suelta a su lengua y desahogaba sus frustraciones en contra del sistema. Hacía mucho hincapié en su situación de sancionado y yo solo me dedicaba a escuchar, ya se me habían desarrollado las espuelas. De hablar culto, muy medido y pausado, trató de ganarse mi confianza, sabe Dios. Lo que nunca imaginó fue que, a esa altura del partido, ya había sufrido tantas traiciones y desengaños que yo no confiaba ni en mi sombra, la esquivaba y trataba de no pisarle los callos.

Varios días de análisis y estudios sobre el barco, consulta a planos de construcción, aplicación en los cálculos de factores no utilizados cuando se carga, etc., dieron como resultado el consumo de un tiempo superior al normal. Detalle que se encontraba comprendido si se tiene en cuenta que nos encontrábamos en operaciones de descarga, muy lentas, pero operaciones que siempre transcurren entre visitas a las bodegas, despachos con jefes de tarjas, reparaciones, etc., lo normal.

Finalmente le entregué aquellos cálculos, no sin antes de firmarlo dejarle una nota a modo de post data que decía mas o menos así: “El enemigo posee los medios necesarios para reflotar al barco”. Quise decirles que me tuvieron comiendo mierda varios días por gusto. Las intenciones, según me contara Urquiola, eran las de bloquear con esas naves hundidas las entradas a todos los puertos cubanos.



Motonave "Aracelio Iglesias"

Muy poco tiempo después y por las delaciones del superespía cubano Aspillaga, el gobierno de la isla se vio obligado a quemar a mas de doscientos dobles agentes, o sea, miembros de la CIA y del G2. ¡Vaya sorpresa y puta suerte la mía! Entre los quemados se encontraban tres capitanes convertidos en héroes, “El Gallego” José Meléndez, Antonio García Urquiola y otro Capitán de la flota pesquera del que no sé su nombre. Luego de ser identificados como tal y transformados en héroes, los pasearon como animalitos de circo por toda la isla, los homenajeaban y complacientes ofrecían charlas sobre la heroicidad de sus actos. Las ovejas escuchaban y aplaudían, ya estaban totalmente domesticadas. Después, algunos de aquellos héroes se dedicarían a vivir del cuento y otros, como “El Gallego” Meléndez, continuaría su carrera de “hijoputa fosforescente” hasta convertirse en director de nuestra empresa.

-¡Compadre, de la que escapé! Le dije un día al Guajiro mientras navegábamos rumbo a Europa.

-¿De qué me hablas?

-Del superespía Urquiola, todos los días pasaba por mi camarote y hablaba mierdas del gobierno.

-¿A ti también te pasó eso? Conmigo no tuvo búsqueda.

-Conmigo tampoco, pero no creo que espías profesionales se dediquen a estos menesteres domésticos, eso es tarea de los chivatientes.

-Hay que cuidarse, hay que cuidarse, uno nunca sabe. Nunca lo olvides: “En silencio ha tenido que ser”







Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá
2017-11-29


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martes, 28 de noviembre de 2017

REPARANDO EN EL DIQUE DE CASABLANCA


REPARANDO EN EL DIQUE DE CASABLANCA


Motonave "Renato Guitart, escenario de esta aventura.


A veces se presentan obstáculos


-¿Qué piensas hacer hoy? Ese día se había enrolado en el buque para cubrirle las vacaciones al Tercer Oficial, nos conocimos durante un viaje a Angola cuando la guerra y luego coincidimos en Varna. Él andaba navegando en el buque “Onix Islands” y yo en el “Renato Guitart” hasta el momento de esta casual coincidencia.

-No, no tengo pensado hacer nada, acabo de entregar la guardia y me voy a casa.

-¿Por qué no nos llegamos hasta El Conejito a tomarnos unas cervezas? y tal vez te presente a mi cuñada, te aseguro que es un pollo.

-¡Coño! No tenía planificado nada para hoy, pensaba quedarme tranquilo en casa.

-¿Tranquilo? No te vas a arrepentir, ¿nos vamos? Siempre aparece el diablito que conduce mis pasos hacia el pecado, cuando mencionan una saya en mi presencia, no resisto mucho caer en la tentación. 

El Conejito fue uno de los refugios preferidos por muchos marinos y gente de la farándula habanera de aquellos años, fui un asiduo visitante de su bar y restaurante. Como dije con anterioridad, una vez vencida la última locura del “comandante”, se producía una especie de tregua durante el tiempo que su mente iba incubando otra. Existió un pequeño paréntesis de relativa prosperidad y debo mencionarla debido a la mala memoria de los cubanos, sus politólogos y desinformados historiadores, cuya tendencia siempre ha sido ocultar o borrar estos pasajes de nuestras vidas. Después de su arrebato en el fracasado experimento de la zafra de los 10 millones de toneladas de azúcar y asesorado quizás por sus cercanos colaboradores, se experimentó cierta mejoría. Atrás quedaban las secuelas de la ofensiva revolucionaria, cierre de bares, clubes, restaurantes. Olvidada también y formando parte del pasado, el fantasma de una implacable ley seca con sus mártires incluidos por el consumo de alcohol metílico. Los alrededores de La Habana fueron agujereados con el fin de sembrar un café que nunca pudo sacar a ese producto de la libreta de racionamiento. No solo eso, el noticiero cubano, especialista en mentir e inflar cifras, evadió mencionarlo, nunca más se habló del Cordón de La Habana. La población merecía un descanso a esos constantes llamados de “su comandante” para cumplir y asumir como suyas las llamadas “tareas revolucionarias”, sus locuras.

Las vidrieras de las tiendas, se vieron de pronto invadidas por productos que habían desaparecido del mercado unos años atrás. Ropa interior de mujeres muy sexis para seducir a sus hombres agotados de tantas tragedias, guayaberas confeccionadas en Panamá, zapatos, artículos de primera necesidad, etc. Provocaron las prontas predicciones de osados futuristas que, auguraron la desaparición de la libreta de racionamiento de productos industriales. Una afirmación utópica y hasta ingenua de quienes no acababan de entender ese sistema. El comandante había sido concebido como una maldición para destruir a toda nuestra nación y nunca lo llegamos a comprender.

En esa pausa ofrecida en medio de sus locuras, los bares, clubes y restaurantes abrieron sus puertas a los nacionales. Aún no eran recibidos los turistas en la isla y vale mencionar para los desmemoriados, que fue el propio comandante quien les cerró las puertas. Los hoteles estaban destinados a los dirigentes, los de la capital cuando viajaban al interior por razones de “trabajo” y viceversa, actividades que realizaban con todos los gastos incluidos. Sólo una insignificante capacidad hotelera del país era destinada a las personas que se casaban, pero tampoco era muy sencillo obtener una reservación. Yo mismo tuve que hacer una cola de quince días con mi novia en las oficinas del INIT, situadas entonces en los bajos del hotel Habana Libre. Estando los bares, clubes y restaurantes abiertos a los nacionales, no significaba tampoco que aquellos pudieran hacer uso de los mismos. El salario mínimo era de $85.00 pesos mensuales y un ingeniero o cirujano ganaba solamente unos $300.00 pesos. Muy sencillo, no podían disfrutar esos lujos sin que se tradujeran en penosos sacrificios durante el resto del mes.

La novia de Rolando era muy simpática, hermosa y mostraba un cuerpo espectacular. Mediana de estatura y rostro sumamente bello, tenía todo lo que puede atraer a cualquier hombre, andaría por los dieciocho años nada más. Cuando me dijo que su cuñada era gemela de su novia, mi apetito y curiosidad estallaron inmediatamente. Ya había estado con mujeres hermosas, pero aquella criollita era toda una atracción. Después de pasar casi toda la tarde bebiendo y comiendo platillos en el bar, llegó la muchacha, ambas tenían los mismos nombres, pero colocados en posiciones diferentes. Digamos que una se llamaba María Teresa y la otra Teresa María. Estaba malhumorada y no me importaron las razones, preferí dejar que se refrescara entre tragos, el aire acondicionado del bar y la música disfrutada en bajo tono. Tampoco era amante de pintarle monerías o rendir mucha pleitesía a una mujer con fuertes síntomas de engreimiento o malcriadez que piensan merecerlo todo. Aparté mis propósitos de conquista y me dediqué a hacer cuentos cómicos, preferí terminar bien aquella jornada y largarme a casa. Entre un cuento y otro, luego de arrancarle algunas risotadas con mis locuras y bebidas unas cuantas cervezas de más, llegó el momento de irnos.

-¿Nos vamos? Me sentí algo sorprendido con su pregunta, yo no contaba partir con ellos a ninguna parte, no le había manifestado interés alguno a María Teresa.

-¿A dónde? No sé a qué te refieres. Le respondí delante de ellas sin ocultar mi sorpresa.

-¿Cómo que a dónde? Nos vamos para una posada. Respondió y no pudo ser más directo, el que no lo entendiera era un discapacitado mental. Ya corrían esos tiempos de gloria, donde templar fuera convertido en deporte nacional y sobraban las palabras.

-Mi hermano, yo lo siento, pero todo el dinero que cargaba conmigo se ha ido en este bar.

-¡Coño! Yo estoy igual que tú y contaba contigo. ¿Dónde nos metemos ahora?

-¡Chico! Yo creo que no hay mejor posada que un barco. Tendremos cama limpia, agua, ventilador y una que otra cerveza, mi socio Cebolla se encuentra de guardia.

-¡No jodas, compadre! El barco está en el dique y toda su área se encuentra rodeada con una cerca de dos metros de altura.

-La podemos saltar, somos jóvenes.

-¿Y dónde dejas a la milicia que hace guardia con fusiles?

-Nos escondemos y les jugamos cabeza. ¡Nada! No pueden negar que tiene sus encantos y salimos de la monotonía. Ellas escuchaban con mucha atención y como no escuché palabra de negación alguna, rematé mi propuesta preguntándoles a ellas. ¿Qué les parece la idea?

-Un poco alocada, pero no carente de emociones. Respondió Teresa María.

-No sé, tengo un poco de miedo, pero me gustan las aventuras. Dijo la que iría conmigo sin haberle dicho tan siquiera que me gustaba. ¡Claro que sí, cojones! Si logré hacer caminar a una búlgara en cuatro patas por un bosque, ¿cómo carajo no brincaría una cerca con una cubana?

-¿Nos vamos? Una vez en la calle le tomé la mano a mi futura pareja y no protestó, partimos en busca de una disparatada aventura.

Saltar aquella cerca no resultaba fácil, era alta para todos, pero había que hacerlo. Del otro lado nos esperaba una cama limpia y nuevos placeres, un desconocido episodio por vivir. ¡Que viva la juventud! Deseaba gritar. Buscamos un sitio protegido por arbustos que nos ocultaran de las luces de los autos que transitaban por aquella desolada carretera. Por suerte para todos, vestíamos jeans y disminuían las posibilidades que las ropas se rompieran en el intento. Acordamos que yo brincaría primero para recibir a las muchachas del otro lado y Rolando las ayudaría a escalar aquella molesta cerca Perles. Como eran de pies pequeños, aprovecharon la posibilidad de meter sus puntas entre los espacios cuadrados de ese tipo de cerca. Fueron valientes y decididas, no demoraron mucho en llegar a su tope y cruzar. Anduvimos escondiéndonos entre restos de aceros y pedazos de naves abandonados en aquellos terrenos. Buscábamos los movimientos de la milicia y avanzamos con mucha cautela hasta lograr el muelle paralelo al dique. Una vez adentro no teníamos razones para escondernos, había varias naves atracadas y podíamos alegar pertenecer a la tripulación de cualquiera de ellas y que visitaríamos a un amigo en mi barco.

-¡Asere! ¿Qué haces aquí? Preguntó Cebolla cuando me vio entrar al salón donde escuchaba música, el barco no contaba con televisión. El conocía a Rolando y sólo fue necesario presentarle las muchachas. -¿Cómo lograron entrar? Le conté por encima lo que habíamos hecho. 

-No cabe dudas que ustedes están locos y ellas se encuentran de gravedad.

-¿Tienes las llaves de la nevera?

-¡Sí! ¿Qué quieres?

-Hace falta que me subas una caja de cerveza al camarote, mañana me llego hasta Casablanca y compro una. Vale recordar que en esos tiempos no era difícil comprarlas por el módico precio de 14.60 pesos cubanos. Subimos y lo esperamos en mi camarote donde compartimos varias de ellas. Era tarde y le dije a Rolando que se fuera para su camarote con varias botellas. María Teresa y yo decidimos bañarnos antes de acostarnos. Fue precisamente en el baño donde la besé por vez primera y pude percatarme del maravilloso cuerpo que poseía. Tener sexo con aquella muchachita fue una alucinación y no hace falta describirlo porque incurriría en el pecado de la redundancia. Siempre es así cuando una mujer te gusta y hace posible que esos recuerdos viajen durante tanto tiempo.

Siempre aparece una dificultad o problema donde menos la esperas y ese día, debo confesar que fue algo sorprendente.

-Dice el mayordomo García que anoche se robaron la banda de un puerco y que tú habías dormido aquí con unas mujeres. ¿Tienes que ver algo con ese robo? Me preguntó el negro Pineda, estaba de Primer Oficial y sabía que yo era un gran jodedor, pero no tenía antecedentes de ladrón.

-Pineda, anoche me colé en el dique porque no tenía plata para entrar a una posada y agarré una caja de cerveza. En la mañana le dije a García que iría hasta Casablanca a comprar esa caja, pero no tengo idea de lo que me dices. Es que no tiene explicación, ¿Cómo saldría del dique cargando una banda de puerco?

-Yo no he dudado de ti, pero debía apelar a este recurso obligatorio de llamarte para buscar la verdad. Yo pienso que eso solo pudo ser posible con la ayuda de un lanchero y García es un cabrón, todos los mayordomos y sobrecargos tienen muy buenos contactos con ellos. Cebolla, baja a la cocina y dile a García que venga a mi camarote. Mi amigo se encontraba presente porque le estaba entregando la guardia a Pineda y lo obedeció inmediatamente. García era un gordo rancio que era vecino de una prima mía en La Loma del ultramarino pueblo de Regla y de verdad me sorprendió aquella traición suya. Ya me lo había advertido mi prima, él vivía con una mulata más joven y hacía de todo para complacerla.


Motonave "Luis Arcos Bergnes"

-García, trate por todos los medios de contactar al lanchero amigo suyo y dígale que regrese al barco el pernil o banda de puerco que usted se robó antes del mediodía. Si eso no ocurre, me veré en la obligación de levantarle un informe y solicitar a la policía su presencia en el buque, yo le aconsejaría que se mueva rápido. ¡Ah! También quería decirle otra cosa, Esteban no tiene que comprar la caja de cerveza, él estaba autorizado. ¿Sabe por qué procedo de esta manera? García se mostraba muy nervioso e imposibilitado para ofrecer explicación alguna y Pineda concluyó con unas duras palabras. -Lo hago porque eso no lo hace un hombre, es lo más bajo que he visto en mis años de marino, ya lo sabe, trate de resolver este problema porque me veré en la necesidad de partirle los cojones. Pineda fue un tipo muy justo y elegante en el trato con el personal, no era amigo mío, razones para que nunca compartiera con él fuera del ambiente del barco. Tuvimos excelentes relaciones de trabajo en los viajes que dimos juntos y donde se presentaron diferentes tipos de problemas.

Aquellas relaciones se mantuvieron durante todo el tiempo que estuvimos en el astillero y después de regresar del siguiente viaje. María Teresa era una chiquilla malcriada y caprichosa. Muy acostumbrada a imponer su voluntad a los hombres que mantuvieran relaciones con ella, yo no formaba parte de esa especie que ella conoció. Razones tenía para actuar de esa manera y que la aceptaran con esos defectos. Había sido gimnasta y modelo, pueden imaginar por un instante el cuerpo al que me he referido con pocas líneas, era casi perfecto. Me contó que mantenía relaciones con un piloto de la compañía Iberia y con un ministro, no sé cuál de tantos. Lo cierto es que de visita en su casa donde compartí muchas veces con sus padres, ella me mostró su closet de ropas y quedé asombrado. No les miento si les digo que observé más de treinta pares de zapatos y unos siete juegos de jeans de marca, todos caros. Además de contar con toda una colección de vestidos de toda clase de telas, modelos y colores, un verdadero lujo en nuestra tierra.

-¿Tú participas en tríos? Me preguntó una mañana cuando me encontraba tumbado en su cama.

-Yo no entro en ese tipo de relajos. Fue la respuesta que se me ocurrió en ese instante y de la que hoy cargo como arrepentimiento. Debí haberle preguntado a qué tipo de trio se refería, si se trataba de dos hombres con una mujer o dos mujeres con un hombre. Aún era inmaduro y mi mente no había despertado a esas ofertas de placeres que existen en la vida cotidiana, perdí por tonto.

-¿Vamos en guagua?

-¿En guagua?

-¡Si, en guagua! ¿Eres de otro planeta? Están pasando vacías.

-¡Vámonos para una posada!

-¿Posada?

-¿No sabes lo que es eso? Son cuartos muy deprimentes que alquilan y donde muchas veces no hay agua. Lo utilizan millones de parejas para tener relaciones sexuales.

-¿Por qué no vamos a un hotel?

-Porque yo no soy ministro, ni piloto de Iberia. ¿No te has enterado que no hay reserva para los nacionales?

-¡Hola! Estoy en el Polinesio.

-Yo estoy, yo voy a hacer, yo pienso…

-Estoy en el Polinesio. Click

-No me das tiempo a explicarte, enseguida cuelgas el teléfono. Me decía treinta minutos después de haberla llamado en el bar.

-¿Sabes por qué lo hago? Si te escucho no estuvieras aquí sentada conmigo, eres muy complicada cuando te parece y te lo han soportado, yo no.

-¡Hola señora! ¿Se encuentra María Teresa?

-¡No está en casa! Ella me pidió le dijera que estaba en la playita de 16.

-¡Coñóoo! ¡Qué par de jevas más ricas!

-¡Apunta para otro lado! Una es mi mujer y la otra mi cuñada. Le dije encabronado a la taxista que me condujo esa tarde hasta la playita 16, una lesbiana que se quedó petrificada al escucharme.

-¡Blanco, tienes buen gusto! No quise continuar el tema.


Ferry "Palma Soriano".

No recuerdo cuál fecha se celebraba y yo me encontraba de guardia ese día en el dique, tuvo que ser el 31 de Diciembre. Todavía teníamos asignaciones adicionales de comida y bebidas para celebrar las fechas “revolucionarias”. El último embarque con sidras, manzanas, turrones y otros productos para las Navidades, arribaron en los barcos “Sierra Maestra” y “La Lima”, fue en el año 1968. Esa fue la última Navidad autorizada en la isla, todo se vino abajo cuando la ofensiva revolucionaria mencionada. Encontrándonos en el extranjero le asignaban al buque dólares extras para adquirir esos productos, pero el maleficio que azotaba el país, nos atrapó con sus tentáculos en cualquier punto de la tierra. Antes de desertar tuvimos graves dificultades para comprar víveres y continuar viaje, además de no existir dinero para pagarnos, ya ustedes pueden imaginar. De aquellas fiestas sólo autorizaron para sus celebraciones el 26 de Julio y 2 de Enero, pero sin los recursos antes mencionados. El primero de Mayo era día de desfiles y discursos. 

Ese mencionado día festivo pasé por el buque “Luis Arcos Bergnes”, que estaba reparando también en el dique e invité a mi colega de estudios Irán Labrada. El sólo debía aportar una caja de cerveza y podía acudir con su brigada de guardia. Me llegué también al ferri “Palma Soriano” y allí estaba de guardia otro compañero de estudios, le cursé la misma invitación para la noche. Ese día podíamos beber, comer y celebrar con tranquilidad, estábamos convencidos de que los sorpresivos inspectores de la marina estarían en sus casas. El Tercer Oficial del “Palma Soriano vino acompañado de tres tripulantes, pero entre ellos traía una pieza que era una verdadera joya, una mulata clara de ojos verdes como no había encontrado por la calle. La muchacha trabajaba de camarera en su barco, muy joven y aunque delgada, tenía un cuerpo que me atrajo mucho, siempre me sentí inclinado a las mujeres delgadas y de bonita figura. Comimos, bebimos y bailamos hasta tarde en la noche, no recuerdo como fuimos a parar debajo de la ducha y luego en la cama. Lo cierto es que el resto de la noche la pasamos teniendo sexo loco, ya la cama, el sofá y la mesa de mi camarote no podrán prestar su testimonio. Esas visitas se repitieron en dos oportunidades más, sentí que estaba perdiendo el control en lo que al sexo se refiere. Me dejaba arrastrar por la corriente que se vivía y esa enfermiza pasión que abrigaba por las vaginas. Una de esas noches en que estaba de guardia, ella vino a mi camarote con el propósito que ya saben, pero ese día me encontraba fatal del estómago. No llegó sola, la acompañaba otra camarera de su barco. No quise hacer nada y la acompañé con su amiga hasta la parada de la guagua, no estaba lejos de la entrada al dique y debía regresar inmediatamente.

-No sé, me parece que tu carácter y el de Yamila no cuajan mucho. Me dijo aquella muchachita apenas emprendimos el regreso, era delgadita y muy bien formadita. Tenía el pelo negro rizado que le llegaba a los hombros y senos que apenas sobresalían por encima de la camisa de su uniforme. Su estatura era muy baja, calculo que su cabeza apenas rozaba con mi barbilla.

-¿Por qué supones eso? Le pregunté algo intrigado.

-No sé, me da esa mala espina. Yamila es una muchacha muy bonita y te has dado el lujo de rechazarla. Yo creo que tú no cuadras muy bien con ella, puede ser también por la diferencia de carácter.

-Tal vez tengas razón, es probable y no me percatara de esos detalles, ustedes son más observadoras que nosotros. ¿Con qué tipo de mujer crees que yo acoplaría muy bien? Lancé la pregunta al azar, no llevaba ningún destino definido.

-¿Tú? Harías una pareja perfecta conmigo. Fue algo que no esperaba escuchar, pero así sucedió, todo parece indicar que me encontraba atravesando una buena racha.

-¿Tú crees? ¿Por qué no nos llegamos hasta mi camarote? Tengo varias cervezas guardadas.

-¿No estabas mal del estómago? Además, no olvides que tengo guardia.

-Ya se me quitó el malestar, no te voy a detener por mucho tiempo, después vas para tu guardia. Una nueva imagen se revelaba ante mis ojos, ella era el échantillon de una mujer, una diminuta maqueta con sus relieves perfectamente definidos. Sus senos eran pequeñitos, no superaban en dimensiones a un limón, duros y firmes, fácil de introducir totalmente en la boca. Su bollito tenía que ser el de una muñeca, localizado por aquel diminuto triángulo de pendejos intensamente negros y rizados que te invitaban a olerlo, acariciarlo, besarlos. Dos veces tuvimos sexo antes de que partiera muy tarde en la noche hacia su barco, yo la acompañé. 

-Tengo la oportunidad de conseguir un apartamento para nosotros, sólo que lo haría con dos condiciones. Me dijo María Teresa la última vez que nos encontramos.

-¿Cuáles son esas condiciones que mencionas? 

-Tienes que dejar la marina mercante y venir a vivir conmigo.

-¿Sabes una cosa? Trata de conseguir ese apartamento para ti y tu futura pareja. No tengo planes de abandonar a mi familia y menos aún mi profesión. Ese día nos despedimos y coincidiríamos dos años más tarde mientras me dirigía al Conejito. Nos saludamos como buenos amigos y nunca más nos volvimos a ver. 

Pasados dos o tres años me enteré que se había marchado a México con un atleta de aquel país, hoy debe ser una linda abuelita, quién pudiera saberlo. Los que lean estas notas pensaran que exagero cuando menciono aquellos casos, donde no me explico cómo había llegado hasta la cama con mujeres a las que no les propuse nada o tan siquiera cruzado palabras que insinuaran esa intensión. Lo cierto es que apenas transcurridos trece años desde la primera escapada de la juventud del férreo control familiar, el destino de la mayoría ya estaba marcado. Ese incontrolable intercambio de relaciones sexuales, promiscuidad y falta de pudor, habían arribado a un punto sin retorno. Antes de abandonar la isla en el año 1991, muchas muchachas asumieron el rol conquistador del hombre y se los disputaban como hacíamos nosotros solo una década y media atrás. 

Sin terminar las reparaciones del buque, recibimos la orden de tapar su máquina principal y nos ordenaron partir para Angola con mil doscientos soldados a bordo. La pausa disfrutada entre las locuras del “comandante” había tocado fondo y ahora el país iba a involucrarse en el peor de todos sus arrebatos. La guerra en Angola fue en mi criterio, el punto donde se inicia el peor descalabro económico de la isla. A partir de ese momento no hubo recuperación alguna y nos fuimos sumergiendo en un profundo abismo del que no se ha podido escapar jamás. No fue hasta los nefastos resultados de esa incursión en una guerra a gran escala del Napoleón caribeño, para desgracia de nuestro país que, ante la necesidad de moneda dura, aceptó recibir a una parte de la comunidad cubana en el exterior. 

Los gusanos regresaban convertidos en mariposas y sus escorias (versión oficial) tratados como señores por ironías de nuestra historia. Los nacionales eran sacados de los hoteles para darles las habitaciones a los gusanos y al que se resistiera o protestara, ya saben. Las tribulaciones vividas durante la travesía hasta ese país africano fueron muy extensas y se encuentra plasmada en uno de mis trabajos. De todas aquellas desgracias sólo mencionaré una para no hacer interminable la presente, el día de la partida y con todos los soldados a bordo, fuimos visitados por un Mayor de las fuerzas armadas enviado por Raúl Castro. “En caso de ser detectados por fuerzas navales enemigas, ustedes deben cerrar las bodegas donde transportan las tropas y hundir el barco”. Esa fue la orden.



Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canada
2017-11-28


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domingo, 26 de noviembre de 2017

MANUEL DE BEUNZA


MANUEL DE BEUNZA
¿Mayor de la Inteligencia, Capitán de la marina, James Bond o vedette de Miami?



Motonave "Coral Islands" Primer barco cubano en transportar tropas hacia la guerra en Angola.


Ayer estuve hablando con un Capitán de la marina mercante cubana a quien he considerado el “Decano de los capitanes”. No menciono su nombre porque él no sabe nada de estas líneas, pero muchos de los que me han seguido por años lo identificaran fácilmente. En medio de la conversación me dice haberse enterado de la muerte de Manuel de Beunza, la noticia aparece en la pagina de "Radio y Tv Martí" el día 25 de Enero del 2013. Bueno, una vez finalizada la conversación me dediqué a buscar información sobre este célebre personaje que una vez perteneció a nuestra flota y me encuentro con esta nota necrológica que les muestro a continuación para que no abriguen ningún tipo de dudas. Al final encontrarán el link para que puedan hacer sus comprobaciones si así lo desean.


Leerla me provocó cierto estupor y me prometí dedicarle unas líneas, aun no he superado ese sentimiento cargado de negatividad por lo que ustedes mismos podrán leer. No comprendo todavía hasta que profundidad ha descendido el periodismo a nivel mundial, teniendo un lugar destacado la prensa hispana de los EU y por excelencia la de Miami. Se ha criticado en múltiples oportunidades a Radio y Tv. Martí, emisora que sintonizaba a bordo de nuestras naves desafiando los riesgos que significaba hacerlo. Una vez del lado de acá no existían razones para continuar lo que una vez fuera un hábito y solo me entero de su trabajo por las criticas contra ellas que hacen decenas de cubanos desde el exilio. Les presento estas notas y mi comentario al final, pueden ustedes hacer sus propias valoraciones.



ESTADOS UNIDOS
enero 25, 2013

Fallece en Miami Manuel de Beunza

El jueves falleció en esta ciudad de Miami nuestro compañero de labores Manuel de Beunza Rivero, de 62 años de edad.

De Beunza desertó del Ministerio del Interior de Cuba en 1987, ostentando el grado de Mayor de la Inteligencia. Estaba radicando en ese momento en Canadá dirigiendo varias compañías para violar el embargo estadounidense a la isla.

Con anterioridad efectuó trabajos de inteligencia como Capitán de la Marina Mercante, donde comandó la primera embarcación que llegó a Angola con tropas cubanas y anteriormente capitaneó el buque escuela José Martí para llevar a Fidel Castro a Jamaica.

En el exilio realizó un sin número de labores al mismo tiempo que aparecía en programas de radio y televisión. Fue invitado a testificar en el Congreso de los Estados Unidos y con frecuencia asistía a dar conferencias en reuniones de diferentes organizaciones de inteligencia estadounidenses.

Trabajó en la emisora de radio WQBA y últimamente era contratista de Radio Martí, donde realizó diferentes labores. Descanse en paz.


https://www.martinoticias.com/a/manuel-de-beunza-miami-radio-marti-/18843.html


… Con anterioridad efectuó trabajos de inteligencia como Capitán de la Marina Mercante, donde comandó la primera embarcación que llegó a Angola con tropas cubanas y anteriormente capitaneó el buque escuela José Martí para llevar a Fidel Castro a Jamaica…


Imagino la indignación que producirá a cualquier marino de estas épocas leer esas líneas, unas pocas oraciones aparecidas dentro de la noticia difundida en la pagina digital de esa emisora, encierran “mentiras” que desconocen miles o millones de personas tanto en el exterior como dentro de la isla.


1.- Manuel de Beunza nunca fue “Capitán” de la marina mercante cubana, solo llegó a desempeñarse como “Sobrecargo”.


2.- Manuel de Beunza nunca comandó al primer barco cubano que arribó a la República de Angola cuando se inició la guerra en ese país. La nave en cuestión fue la motonave “Coral Islands” y estaba comandada por el Capitán Rubén Díaz Chamizo.


3.- Manuel de Beunza nunca tripuló como Capitán al buque escuela “José Martí” y menos aun para llevar a Fidel Castro en su viaje a Jamaica. El Capitán de ese buque en aquel viaje era Romay, alias “El Conejo”, quien en esa corta travesía tuvo que ceder el mando a oficiales de la marina de guerra. No quisiera cometer un error si menciono al entonces Capitán de Corbeta o Fragata llamado Pablo Esclarazán entre los militares que formaron ese equipo y al Teniente de Navío Carlos Bazán, personas con las que compartí profesorado en la Academia Naval del Mariel y donde me enterara por boca de otros sobre ese acontecimiento. Pero esa no es la peor gravedad difundida por ese medio de prensa, cita la nota que anterior al viaje realizado a la República de Angola, Beunza efectúa ese viaje a Jamaica a bordo del buque “José Martí”. Vamos a ver como puede digerirse esto, el envío de tropas cubanas a la guerra en Angola tuvo sus inicios en Noviembre del año 1975 y el primer buque en arribar a Luanda fue la motonave “Coral Islands”. Para esas fechas el buque “José Martí” no formaba parte de la nómina de nuestra flota, fue lanzado al agua en los astilleros de Helsingor Vaerft en Dinamarca el día 4-3-77. ¿Cómo es posible que Beunza comandara ese barco en el viaje de Fidel antes de la guerra en Angola? Además, aquel viaje de Fidel a Jamaica ocurre en el mes de Octubre de 1977.


Cuando uno lee notas como estas en la prensa de Miami, lo menos que se puede sentir es vergüenza y nace un sentimiento de dudas o rechazo indescriptible. Luego, no te atrevas a desmentir o criticarlas sin evitar el posible ataque de quienes se creen con derecho a manipular y mentirle a la comunidad cubana en el exterior. Mucho mas dañina cuando esa desinformación llega al cubano de la isla carente de la posibilidad de investigar para comprobar su veracidad. 


Les dejo tres videos con las intervenciones de este super agente castrista, devenido luego en desertor y estrella de la televisión miamense. En ellas encontraran muchas imprecisiones, medias verdades, mentiras y por que no, muchas verdades que se deben aceptar al no existir una fuente donde investigar. Beunza asiste a la televisión de Miami en una época saturada de vedettes castristas que los propios medios se encargan de transformar en héroes. Todos conocen la frecuencia de esas entrevistas ofrecidas en los programas de María Elvira Salazar en Mega Tv y otros tantos presentados por América Tv. Cada uno de ellos disputándose rankings sin ningún tipo de pudor, vergüenza o escrúpulos, sin investigar a fondo y manipulando a un publico que se ha detenido en el tiempo.



Buque escuela "José Martí", nave que transportara a Fidel Castro en su viaje a Jamaica


En uno de los videos donde se presenta a este James Bond cubano, siento gran pena cuando lo escucho referirse a la historia sobre el nacimiento de los órganos de inteligencia. Lo hace ante una masa de patriotas ausentes de su tierra por muchos años. Pena que me nace cuando analizo sus palabras tan bien editadas y las comparo con la edad de ese personaje durante la época abordada. Beunza muere en el 2013 a la edad de 62 años y compruebo que yo soy dos años mayor que él. Si cuando Fidel llega al poder en 1959 yo contaba con solo diez años, es de suponer que el agente tuviera solo ocho. ¿Cómo es posible que tenga el rostro para hablarle de esos acontecimientos a sus víctimas o protagonistas? ¿Cómo es posible que ninguno de aquellos patriotas detuviera sus palabras? Se supone que todos aquellos protagonistas tuvieran conocimientos superiores a los del actor, hubo silencio y hasta simpatías. La era había parido ese héroe tan necesario y oportuno para los opositores cubanos.


Beunza, toda una vida marchando apresuradamente en contra del reloj, se fue llevándose consigo la historia que debe pertenecer a varios agentes cubanos, como aquel David vendido por la televisión cubana. No puede ser posible toda esa actividad en la existencia de un solo hombre y asombra aún más su ilimitada capacidad. De simple Sobrecargo en la marina mercante, se transformó en un importante hombre de negocios cuya firma maniobraba con millones de millones. Lo que hace suponer se tratara de un niño prodigio, todo es posible. Manuel de Beunza pudo ser Mayor de la Inteligencia Cubana, nunca fue Capitán de la Marina Mercante, dudo haya alcanzado la celebridad de James Bond. Estoy convencido de que fue una gran vedette de la televisión de Miami y una pieza muy interesante en esos cambios que se han experimentado en Radio y Tv. Martí. 







Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá
2017-11-26


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Haga click aqui para ver el historial del buque "Jose Marti"



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