domingo, 24 de septiembre de 2017

EL PLAN “B”.


EL PLAN “B”


Motonave "Viñales", escenario de esta historia.



Toda acción a ejecutar y planificada con antelación, debe contar con un plan “B”. Eso lo había aprendido a través de todas las películas consumidas los sábados en la noche. Poco importa si se trataran de una batalla importante, asalto a un banco, fuga de una cárcel, bombardeo, etc. ¿Lo merecía una simple deserción? Simple digo por tratarse de un común marino mercante y puede resultar sin importancia para muchos, no así para los cubanos. A nosotros nos persiguen como vulgares criminales o asesinos, no es cuento. Un marino de cualquier nacionalidad no debe esconderse cuando decida abandonar su barco, no está cometiendo un delito. Deben existir millones de razones que empujen a un marino a tomar esa decisión, pero en el caso particular de los cubanos, el solo hecho de no presentarse a bordo a la hora de la salida, te convierte inmediatamente en un traidor a la patria. 

La primera vez que tuve contacto con una situación similar, ocurrió en el año 68. Ese día salí a la calle con un agregado de telegrafista llamado Humberto Seguí, fue en uno de esos viajes realizados en la motonave “Habana” al puerto de Santa Cruz de Tenerife. Era joven como yo, creo me aventajara en unos dos años. Seguí me invitó a salir el mismo día que el buque tenía puesta en tablilla su partida hacia otro puerto de Europa, solo disponíamos de unas cuatro horas para pasear o realizar nuestras compras. No compramos nada y nos detuvimos en varios bares donde, una botella de cerveza vacía sustituía a la otra constantemente. No éramos pacotilleros y la bebida en aquellos tiempos era muy barata. Una cerveza San Miguel costaba entonces alrededor de doce pesetas y el cambio eran setenta y cinco por dólar. No recuerdo lo que hablábamos, tuvo que ser algo sin importancia, propio de la gente de nuestra edad que no se preocupa tanto por el futuro y le presta más atención al presente. Una hora antes de la hora de salida leída en la pizarrita que siempre cuelgan en el portalón de cualquier buque, le propuse a Seguí regresar para evitar problemas. Debo confesar que ya me encontraba algo mareado. 

Llegamos al barco y alguno de los marineros presentes en el portalón me recomendó un baño para que refrescara y estuviera listo a la hora de la maniobra. No dudé en la credibilidad de aquellos consejos, fui al camarote y me desvestí, minutos después estaba debajo de la ducha. Humberto llegó y me pidió prestado un suéter y las gafas de sol que yo usaba en aquellos tiempos. Era su primer viaje y estaba cojo de ropa. Tampoco le pregunté nada, se suponía que el buque partiera dentro de un rato y los efectos del alcohol impidió me percatara de ese detalle. Dijo que iría hasta un bar cercano a comprar cigarros, todavía lo estoy esperando. 

Muy próximo a la salida y cuando realizan un conteo de los tripulantes a bordo, detectan su ausencia y comienzan las averiguaciones. Cuando llegaron hasta mí les dije lo que sabía y luego fuera confirmado por el guardia de portalón. –Él vino conmigo y salió a comprar cigarros. No tenía otra información que brindarles. Inmediatamente soltaron a los perros, no puede llamarse de otra manera, eran perros rastreadores muy dispuestos a localizar una presa extraviada. La comitiva estaba encabezada por el Jefe de Máquinas llamado Roberto Arche Flores, muy seguido de cerca por uno de sus más fieles sabuesos, el engrasador de nombre Fabelo. Su lealtad desmedida hacia Arche, lo hizo merecedor de un ascenso constante en las listas de enrolos de varios buques. Fue transformado de la noche a la mañana en maquinista y su progreso no se detuvo hasta alcanzar la charretera de Jefe de Máquinas. Tal fue el trauma sufrido con la escapada de una oveja descarriada, que me montaron en el auto del agente que atendía a nuestro buque y me pidieron un recorrido por todos los bares visitados. Por si fuera poco, se bajaban y preguntaban a los propietarios por cualquier información útil sobre el muchacho que estuvo conmigo unas horas antes en aquel bar. 

Unos años más tarde y encontrándome estudiando en el buque escuela “Viet Nam Heroico”, el director del curso era precisamente Roberto Arche Flores. Incompetente, inculto, incapacitado para dirigir una escuela pero, incondicional al régimen y uno de los más extremistas conocidos en la historia de la marina mercante cubana. Deserta en el puerto de Santander un muchacho llamado Jesús, yo lo conocía desde su infancia en el reparto Párraga, conocía a toda su familia. Jesús ocupaba un alto cargo en el comité de dirección de la UJC (Unión de Jóvenes Comunistas) y como es de suponer, una deserción de esa índole resultaba en una dolorosa espina clavada en el seno de aquella organización. El buque estuvo detenido varias horas posteriores a la señalada para su partida y a tierra viajaron varios grupos en su búsqueda.

Fue un viaje de mala suerte para Arche, ese mismo viaje desertó en Rótterdam otro miembro de la juventud comunista. No recuerdo su nombre, todos lo llamábamos Nixon por su parecido con el ex presidente norteamericano. Igualmente, se organizaron brigadas de búsqueda que recorrieron diferentes partes de aquella ciudad infructuosamente. Han pasado muchos años y los recuerdos comienzan a mezclarse. Yo creo que Nixon había desertado el viaje anterior, eso es, lo recuerdo ahora con más lucidez. Jesús ocupó su cama cuando Arche dispuso mudar a los estudiantes de cubierta para una cubierta inferior en el buque, yo creo que él siempre detestó al personal de cubierta. 
Un viaje antes de que yo decidiera escapar en Canadá, lo hizo en el puerto de Castellón de la Plana el Capitán Enrique López Sánchez con su esposa. No hubo tiempo o interés en su búsqueda, se estaba escapando un viejo con más de setenta años en las costillas. Sin embargo, aquel desinterés no despertó en mí la confianza de que no fuera a repetirse esa persecución en mi caso. Me preparé mentalmente para enfrentar cualquier tipo de eventualidad, tenía elaborado un “plan B”.

Como las comunicaciones entre buques surtos en el puerto habanero se realizaban por el canal 10 del VHF, siempre tenía mi walky-talky encendido y sintonizado en ese canal. Razón por la que me enterara involuntariamente de todos los problemas presentados por los buques en la bahía. Fue así como supe del viaje de un agente de la seguridad cubana hacia el puerto de St. Stephen en Canadá, acompañado de un Capitán de la marina mercante cubana que en esos tiempos se encontraba sancionado, me refiero al mulato Alfredo Vázquez. Su sanción tuvo orígenes en el triste papel desarrollado por él al mando del buque San Mamés “Bahía de Puerto Padre”, uno de los que más sufrió de aquel lote adquirido por la marina mercante cubana por culpa directa del hombre. En una de esas comunicaciones, se le solicita a un buque con salida hacia ese puerto canadiense, tuviera dispuesto dos camarotes para recibir a ese individuo de la inteligencia cubana y al Capitán Vázquez, alegando entre otras cosas, serían los encargados de atender el embarque de semillas de papa hacia La Habana. Y yo pregunto, ¿qué tiene que ver la inteligencia cubana con un embarque de papas?, ¿y que tiene que ver la presencia de un Capitán sancionado en estas labores? La respuesta es muy simple, esa función correspondería al comprador o receptor de la mercancía, no a esos personajes. Ya sabía de antemano que existían “gatos encerrados” en el viaje de esos dos personajes a Canadá.

St. Stephen solo posee uno o dos pequeños atraques, no es un puerto. Son dos muelles construidos en la orilla canadiense de un río cuya otra rivera pertenece a los Estados Unidos, nada ancho. Llegamos bien temprano en la mañana del 13 de Noviembre del año 1991. Nos vimos obligados a fondear al estar el muelle ocupado por uno de aquellos barquitos identificados como “Batallitas”, tampoco puedo afirmar si era el “Batalla de Santa Clara’ o el “Batalla de Yaguajay”. Unas dos horas después procedimos al atraque mientras el batallita nos pasaba por la banda de estribor.

Creí que continuaría su viaje hacia la isla, pero me asombro cuando observo que ocupa nuestro lugar en el área de fondeo. Durante la maniobra de atraque, veo que el Capitán Vázquez se halla con otro individuo en el muelle, deduzco sea el agente de la inteligencia cubana. Unos minutos después, me ocupo en despachar con el jefe de los estibadores para coordinar las operaciones de descarga. Por la cantidad de carga destinada a ese puerto, las operaciones solo tomarían unas cuatro o cinco horas, eso me dijo el jefe de la estiba. No recuerdo si eran unas doscientas toneladas de mariscos, una cantidad similar a la descargada meses anteriores. Posteriormente, el buque continuaría viaje con destino a los puertos de Alicante, Marsella y otro italiano. Una vez finalizado ese recorrido, se pondría al servicio de una compañía marroquí que lo había fletado por un año para la transportación de cítricos.

Pasaron las horas y la presencia del “batallita” en el fondeadero disparó todas las alarmas inimaginables en mi mente. Iba pensando en mis paseos por la cubierta cómo y cuando debía ejecutarlo, pero para ello era necesario que el buque se mantuviera hasta el día siguiente en puerto, solo era posible realizarlo en horas de la noche. Debía elaborar otro plan para las horas diurnas, pero mi mente no daba para más, llevaba sin dormir los nueve días que duró el trayecto desde La Habana. Irma, la camarera que desertó conmigo, me ataja en uno de los pasillos del buque muy nerviosa. Me comunica que la pasajera que venía en el buque y con la cual mantuviera relaciones sexuales durante todo el trayecto, llevaba más de dos horas encerrada en su camarote con el oficial de la inteligencia cubana. Como me encontraba atareado en la descarga del buque no me había detenido a pensar en ella y aquella información logró inquietarme bastante aunque no se lo demostrara a Irma. Hice lo imposible por calmarla un poco.
El personal libre de faenas iría a tierra en dos minivans propiedad o alquilados por la agencia y convencí al Tercer Oficial para que me aguantara la guardia. Unas tres horas y media o cuatro, veía como el “batallita” levaba anclas y partía de viaje, los nervios cedieron un cincuenta por ciento.

-¿Dónde andabas metida? Le dije a la pasajera cuando nos encontramos en la colita formada en la puerta de la oficina del Sobrecargo. Se le estaba adelantando dinero al personal y nos pagaron cien dólares canadienses.

-¿Yo? ¡Ahhh! Me encontraba hablando con un muchacho que vino a atender un cargamento de papas. No la observé sorprendida o nerviosa con mi pregunta.

-Él no tiene nada que ver con papas, ¿de dónde lo conoces?

-Eso fue lo que me dijo, yo lo conozco de cuando estudiamos en el preuniversitario.

-Es un agente de la inteligencia cubana y supongo no le hayas mencionado nada de los negocios que voy a realizar en tierra. Ya he mencionado en otros trabajos que yo le había dicho que bajaría a tierra con el propósito de vender unas joyas. -¿No te preguntó por mí?

-¡No! ¿Por cuál razón lo haría?, solo hablamos de nuestra etapa de estudiantes. Hice como el que le creyó para no alarmarla, pero no puedo ocultar que despertó en mí la misma desconfianza que tenemos los cubanos de cuanto nos rodea. Cuando me disponía a bajar a tierra, observé que la pizarrita colgada en el portalón anunciaba la salida del buque para las seis de la tarde, teníamos cuatro horas para realizar nuestras compras.

Han transcurrido veinte años desde entonces, pero el tiempo no logra borrar todas aquellas experiencias vividas a bordo de nuestras naves. Hoy me acordé de aquel bien elaborado “Plan B” y me río, resulta absurdo pensar que pudo ser real. Como Primer Oficial, yo poseía una de las “llaves maestras” que existían en el buque, la otra se encontraba en poder del Capitán. Con aquella llave mágica yo tenía acceso a todas las puertas existentes en la acomodación del buque. Además de ella, dentro de mi camarote, como en casi todos los buques donde navegué, contaba con un llavero general donde se mantenían copias individuales de todas las puertas existentes. Con esa sola arma en las manos y el recuerdo de una experiencia vivida durante el intento de secuestro de la antigua nave “26 de Julio”, procedí a elaborar mi sencillo plan de fuga adicional, solo posible llevar a cabo en horas de la noche.

Tuve en mente cerrar con llave todas las puertas que daban acceso al exterior, lo haría desde el puente hasta la cubierta principal. No conforme aún con ese procedimiento, amarraría todos los picaportes a los pasamanos existentes en sus cercanías. El objetivo de esa acción era ganar unos minutos de más, aunque con el primer procedimiento contaba con el tiempo disponible para realizar el escape. Como era firme creer que uno de nuestros hombres se encontraría de guardia en el portalón, aunque por las temperaturas reinantes lo más probable era que se mantuviera dentro de la superestructura, mi sola presencia en esa cubierta lo obligaría a salir para cumplir con su guardia. Estaba convencido de que no levantaría sospechas porque tuve la norma de inspeccionar el buque antes de irme a dormir. Una vez cerradas todas las puertas exteriores, Irma y yo embarcaríamos en el bote de la banda contraria al muelle, era precisamente el que se encontraba justo al lado de mi camarote. Una vez dentro, solo nos tomaría menos de tres minutos para emprender la fuga. Esa posibilidad no se ofrecía en la mayor parte de las naves conque contaba nuestra flota, estoy hablando de uno de los buques más modernos de su tiempo, la motonave “Viñales”. Los dispositivos de arriado de esos botes podían operarse desde su interior, o sea, solo era necesario quitar los pasadores de seguros a los pescantes para facilitar su arriado. Aquellos botes arrancaban su motor como los de cualquier auto, lo hacían por medio de un botón y motor de arranque activado por baterías. Yo estaba completamente convencido de su funcionamiento, participé en varias inspecciones y pruebas de ellos. Una vez en el agua, Irma soltaría uno de los ganchos que los hace firme al cable de izado o arriado y yo procedería con el otro, es una maniobra que en supuesto caso de extrema urgencia puede ser desarrollada por una persona hábil. Una vez en el río, solo era necesario navegar hacia la orilla contraria, operación que solo nos tomaría unos minutos, aunque en mi mente planificara hacerlo río abajo en un caserío observado durante la recalada. No creo que toda aquella maniobra nos consumiera más de veinte minutos y la tripulación reaccionaría solamente por el ruido del arriado del bote o el arranque del motor, aunque con el personal durmiendo se descarta en un sesenta por ciento esa posibilidad. En fin, cuando ellos lograran salir de la superestructura, ya nosotros nos encontraríamos en territorio norteamericano.

La carga de odio, desprecio, frustración, desesperación y sed de venganza en contra de ese régimen, lograron integrar a esos planes unas acciones no contempladas en sus inicios. Si la cosa llegaba a ponerse algo fea, tuve en mente jugármela todo contra nada y sabotear al buque. Pensé inmovilizarlo en lo referente a su capacidad para navegar, hablamos de una mente en un estado de desesperación total y que se sienta acorralada. Entre aquellos malignos planes mentales, estudié la posibilidad de arrojar al río los sextantes, cronómetros y cronógrafos, barógrafo y termógrafo. Pensé rociar con ácido los radares, equipo de satélite, ecosonda, radio facsímil, ecosonda y VHF. No considero que aquella acción fuera ejecutada por un acto de heroísmo, creo más bien fuera el resultado de aquellos momentos de locura que se experimentan en esos casos. Gracias a Dios no me vi en la necesidad de aplicar uno u otro plan. Por el primero, el de cerrar las puertas para fugarme, no cumpliría condena alguna y estaba justificado. Luego, consultando con un abogado mientras se efectuaban mis trámites de solicitud de asilo político, me enteré que la segunda fase de aquellos planes mentales hubiera dado justificación a un juicio por actos terrorista, donde no se concedería el asilo y corría el riesgo de ser deportado, ya saben lo que eso significa.

No considero paranoico el comportamiento de muchos cubanos en situaciones similares, ya les dije algo sobre esa obsesión del régimen por buscar a cualquier oveja descarriada o perdida. Veintitrés años después de la deserción de Humberto Seguí en Santa Cruz de Tenerife, poco había cambiado en la actitud del régimen, continuaban persiguiendo a sus desertores. La partida del buque fue demorada injustificadamente hasta el día siguiente y esa noche salieron a buscarme por St, John. Me enteré porque el buque no terminó su contrato en Marruecos y en su regreso a Cuba pasaron por Montreal. Tampoco me asombró que la pasajera que iba haciendo el amor conmigo durante toda la travesía, integrara aquel grupito “accidentalmente o casualmente”, era el día de su cumpleaños y quizás un embajador del Emperador quiso regalarle un esclavo. También existió la posibilidad o interés en reafirmar mi deserción, ya saben, los juegos entre equipos de inteligencia se realizan al duro y sin guante. Mi salida era conocida desde Cuba, he mencionado en otros trabajos algunos detalles. Me costó muchos años de análisis para lograr unir varios eslabones de una larga cadena, pero eso pertenece al siguiente capítulo de esta historia. 

Han pasado veinte años desde mi deserción, soy feliz y recobré finalmente mi dignidad, no solo la libertad. Vivo con decoro y un solo rostro, soy yo definitivamente. Me asomo a la ventana y veo a mis nietos jugando en la nieve. Extraño sentarme debajo de un árbol de mango, pero esa nostalgia no me mata. Prefiero cambiarlo por un manzano que no me limite los pensamientos y aquellos insaciables sentimientos de decir lo que me venga en gana.



Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2012-03-03


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sábado, 23 de septiembre de 2017

MARINOS CUBANOS AL MERCADO DE ESCLAVOS


MARINOS CUBANOS AL MERCADO DE ESCLAVOS



Motonave ´Medea K ¨, buque en el que navegaron marinos cubanos en calidad de esclavos.


Correría el mes de Febrero de este año cuando se realizó una asamblea en un teatro de los muelles de La Habana. Allí se le informaba oficialmente a los marinos cubanos sobre el naufragio de todas las flotas cubanas, pero no es tan sencillo como aparece en estas tres líneas. Aquello era un “calabaza, calabaza, cada uno pa’su casa”, poco se diferenciaba de aquella expresión infantil. Muy desastrosa era aquella noticia para los miles de cubanos que habían perdido el empleo al que dedicaran la mayor parte de su vida. Se les dijo fríamente que ya no existía la lista de espera para ser enrolados, y que tampoco serían aceptados quienes no tuvieran dominio del inglés. Ironías de la vida o la historia, pienso ahora, ¿no resulta algo cruel exigir el idioma del enemigo? Peor aún, cómo explicarles a esos muchachitos hoy envejecidos, alguna razón que justificara el cambio del idioma inglés por ruso en sus escuelas secundarias.

Esa fue la suerte de aquellos hombres, fueron puestos en la calle a voluntad de la suerte, porque señores, en la isla no existe un seguro de empleo del que recibas alguna ayuda mientras se resuelve esa situación. Muchos de mis compañeros de trabajo salieron a vender maní, y los más avispados a “inventar”. Los extranjeros que lean estas líneas no lo comprenderán muy bien. Inventar es sinónimo de robar, pero para los habitantes de un archipiélago al que pertenecí, eso no es delinquir.

La noticia que nos llega hoy desde La Habana es un rayo de esperanza para aquellos hombres abandonados. Cuba abrirá un mercado de contratación de marinos (no olviden que deben aprender inglés) Es lógico que sea acogida esa decisión con mucha alegría, el que así no lo entienda debe probar a vivir en Cuba, sin dólares por favor. Pero analicemos un poco cómo nos llega esa noticia.

Resulta que hay un individuo nombrado Timochenko Fernández, bonito nombre para un cubano y prueba viviente de nuestro pasado reciente como colonia, no es necesario decir de quien. Pues a este señorito se le ha dado la responsabilidad de promoción de ese nuevo mercado y para ello se ha convocado a un evento internacional que se realizará en Cuba. Allí podrán asistir todos esos mercaderes del dolor cubano a contratar los servicios de esos esclavos.

Dice la nota que la flota cubana declinó con la crisis económica de los 90, pero se omite los miles de millones de dólares recibidos hasta la caída del bloque comunista. Superior a la cantidad que recibieron los países europeos por medio del plan Marshall, y que fueran despilfarrados en guerras por el tirano cubano (los izquierdistas le llaman presidente) en sus aventuras guerreristas. No se menciona para nada, todos los descalabros que se produjeron por malas operaciones de explotación en esas flotas, solo esa notica, declinó por una crisis. Antes de continuar permítanme presentarme para los que no me conocen y puedan acusarme de extremista. Yo trabajé en esa flota durante 24 años, la vi crecer y me sentí orgulloso de pertenecer a ella. Pude ver como iba desapareciendo también.

Pues ahora el señor Timochenko en su labor de promotor de esa venta de esclavos, le dice al mundo lo siguiente; “Los marineros cubanos son "reconocidos internacionalmente por su alta preparación profesional, experiencia y disposición de trabajo". Bueno, está muy bien que en medio de la desesperación se defiendan, pero coñito, tampoco abusen tanto. Yo le preguntaría a este individuo si ya se han muerto la mayoría de los socotrocos con los que tuve la fatalidad de compartir singladuras. ¡Ah! Hay que decirle al señor Timochenko que en la misma Academia Naval se cometieron miles de fraudes. Perdón señores, se me olvidaba decirles que yo fui profesor de Navegación y cuando suspendía a cualquier alumno, el mismísimo Jefe de Cátedra me ordenaba aprobarlos para cumplir las metas. Ya sabe Timochenko, debe matar a varios de las promociones 17 y 19, no te hablo de otras ni menciono a los graduados en los cursos externos. Menciona este individuo la disposición para el trabajo de los marinos cubanos. ¡Coñito! Como cambian los tiempos, se acabó el relajito de las actividades en horarios de trabajo, las reuniones del partido, las del sindicato. Se acabó la presencia del Comisario Político con una escopetita de tirar perles haciendo competencias en horas laborales. Y lo peor de todo esto señores, cuando yo exigía trabajo me acusaban de anti partido. La defensa está permitida señores, ya tenemos no solo a las jineteras más ilustradas del mundo, también lo son nuestros marineros.

Pero bien, como el hambre tocó las puertas de todos los militantes, y como ahora se encuentran viviendo un capitalismo más salvaje que todos los conocidos por nuestra historia. Puede estar seguro de que esos hombres saldrán a cubierta con una piqueta en una mano, una raqueta en la otra, el cepillo de alambre en la boca, ¿y la brocha?, ya sabe Ud. señor Timochenko. Puede estar convencido de que así será, esos hombres saldrán a comerse la cubierta antes de permanecer un día más en tierra. ¡Ah! Se me olvidaba decirles, la nota expresa que esta práctica viene realizándose desde hace unos diez años. Se equivoca el camarada, hace muchos años se vendieron los servicios de otros esclavos a diferentes países. Yo fui uno de aquellos que firmó un contrato en una empresa llamada Cuba Técnica, y luego me pagaban un dólar diario. No mienta Timochenko.

En fin, Cuba ha descubierto que se pueden cambiar médicos por petróleo, vaginas y penes por fulas, y que el turismo da plata. Muy tarde se dieron cuenta de eso, pero finalmente lo comprendieron. Muchas veces se toma tiempo domar a un animal para trabajar en un circo.

Dice la nota; El foro será parte de la Feria Internacional del Transporte que en su VIII edición, reunirá a hombres de negocios y expertos de más de 17 países en EXPOCUBA. Pabellón ferial de las afueras de la capital cubana, donde los asistentes ya reservaron más de 2.130 metros cuadrados para exposiciones.

¿Hombres de negocio? ¡Si, claro! Gente de la misma calaña y bajos escrúpulos, que hoy explotan a los infelices trabajadores del turismo en amistoso contubernio con el régimen de la isla. Asistirán otros pocos conocidos y servirá para demostrarle al mundo que, los emigrantes cubanos pueden invertir también. Me refiero a unos cuantos cabronzuelos que pertenecieron a la flota, y que de la noche a la mañana se han convertido en pequeños armadores. ¡Tomen nota venezolanos!


Esteban Casañas Lostal 
Montreal..Canadá 
2004-08-23 


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PD.- Mas de una década después de haber publicado este articulo, me han escrito varios marinos desde Cuba e informan que sus situaciones son peores a las descritas. Ahora, las agencias encargadas de contratarlos a navieras internacionales, se encuentran administradas por una mafia gubernamental y para poder ser enrolados, deben pagar un soborno bien caro que no todos pueden asumir.


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"LA VIDA POR UN DÓLAR"


"LA VIDA POR UN DÓLAR"


Motonave ¨Guantánamo ¨


Hace unos días se cumplieron diez años del naufragio de la motonave "Guantánamo", no puede precisarse con exactitud el día de esa tragedia, porque el gobierno cubano mantuvo silencio sobre la desgracia hasta los límites permisibles. Según la información que encontré por Internet, todo parece indicar que la alarma sobre ese acontecimiento, tuvo sus orígenes por parte de los receptores de la nave y su cargamento en España.


Recorrí más de cien páginas en los buscadores de Google y Yahoo, solo encontré dos notas que hacen referencia a ese naufragio que costó la vida a veinticinco marinos cubanos, y donde solo se reportó un sobreviviente, el electricista de la nave. Esas notas fueron escritas por el escritor Norberto Fuentes, describiendo el escenario que motivó tal silencio. La otra nota encontrada, fue un artículo que escribí hace varios años por un gesto de solidaridad con aquellos compañeros de profesión desaparecidos.


Si se insiste en esa búsqueda de información sobre naufragios o desastres de buques cubanos no se encontrará absolutamente nada. Si se aferra uno a la idea de encontrar información sobre la existencia de la flota mercante cubana, se navegará sin dudas en un verdadero triángulo de las Bermudas. Nos perderemos en el tiempo y espacio, y el agotamiento nos hará desistir en todo intento. Apenas aparece información alguna sobre la existencia de aquella magnífica flota, y cuyas naves, viajan como fantasmas por todos los mares y océanos con sus cargas de muertos. Sin embargo, no faltaron artículos y ensayos dedicados al Maine o al buque La Couvre. Puede deducirse entonces que, la pérdida de vidas de aquellos hombres no era material productivo para ser explotado políticamente. En el peor de los casos, el silencio sobre aquel acontecimiento era necesario para evitar su utilización política de la banda contraria. Como quiera que sea, el silencio que rodeó aquel lamentable accidente, ha sido una de las grandes traiciones del gobierno cubano a un grupo de hombres que una vez creyeron en su causa, y a otros que, navegaban en esos sarcófagos jugándose la vida por un dólar diario, perdón, olvidé que luego el precio de esas vidas fuera aumentada a dos dólares por día.


Según Norberto Fuentes, el silencio mantenido sobre la desaparición de aquel buque y sus hombres, tuvo sus causas en las preparaciones que el Gran Timonel de la isla realizaba con vistas a un casi inmediato viaje a Francia. Como Saturno, Castro también devoraba a sus hijos, veinticinco insignificantes vidas no podían manchar su viaje a la Ciudad Luz. No podía constituir una razón para el surgimiento fortuito de una inoportuna pregunta de cualquier periodista que manchara su ego y mística figura. ¿En su feudo? Allí los problemas se resolverían a su manera, conocía muy bien el comportamiento de los siervos de su gleba y el silencio era muy fácil de comprar.


Al sobreviviente lo esperaron miembros de la inteligencia cubana en Puerto Rico para trasladarlo a Cuba. Lo mantuvieron en cautiverio durante varios días, tiempo necesario para que aprendiera de memoria el guion que debía recitar ante las cámaras de televisión. ¿Y los familiares? A ellos les compraron el silencio, les ofrecieron espejitos por oro, tampoco fueron todos los que traicionaron a sus familiares o se vendieron por porquerías, queda gente con dignidad en la granja. ¿Y los muertos? Muertos están, que para morirse solo es necesario estar vivo.


El final es cada día más próximo, no creo que todo un pueblo soporte la segunda parte de esa dramática película, ese día llegará. Cuando eso suceda y después que sean destruidas todas las fuentes de información que ellos poseen, nosotros, los sobrevivientes de ese holocausto caribeño, tendremos que sentarnos a reconstruir pacientemente nuestra historia. Tendremos que reunir a todos los yunques, indios, simples, indiferentes, marginados, gusanos, jineteras, pingueros, homosexuales, disidentes. Tendremos que reunirnos todos aquellos que un día fuimos convertidos en enemigos de nuestro país, y claro está, porque ese país se llama Castro y allí no nacimos. Luego, saldrá de todas aquellas amargas experiencias la verdadera historia de Cuba, la que no deseamos para las nuevas generaciones de cubanos.


La muerte de esos hombres condenados al olvido, corresponden también al martirologio castrista, por ellos no se levantarán banderas, por ellos se sembrará una flor cuando acabe toda esta pesadilla, por ellos, Cuba se convertirá en jardín algún día.


Y pensar que durante tantos años, tantos hombres nos jugamos la vida por un dólar. Muchos de aquellos fanáticos -otros tantos inocentes que fueron sus victimas- no se encuentran entre nosotros para que vean el final de sus películas.








Esteban Casañas Lostal 
Montreal..Canadá. 
2006-03-16



Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que el trono que erigiera en vuestro interior ha sido antes destruido.

Jalil Gibrán


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jueves, 21 de septiembre de 2017

LOS PRIMEROS "INTERNACIONALISTAS" DE LA MARINA MERCANTE CUBANA.

LOS PRIMEROS "INTERNACIONALISTAS" DE LA MARINA MERCANTE CUBANA.


Motonave ¨N’Gola ¨, buque insignia de la marina mercante angoleña.


Las flotas mercante y de pesca, me refiero a Navegación Mambisa y Flota Cubana de Pesca, habían realizado a título colectivo varias “misiones internacionalistas”. Recordemos la incursión del pesquero “Alecrín” en aguas venezolanas transportando armamento para la guerrilla de Douglas Bravo, oportunidad en la que fuera apresado por fuerzas navales de aquel país. Regresemos a las transportaciones realizadas por mercantes cubanos cuando la guerra entre Argelia y Marruecos. No olvidemos tampoco cada una de las incursiones en países africanos como el Congo y Angola entre otros. Recordemos las acusaciones que pesan sobre nuestros buques durante el mandato de Salvador Allende en Chile y la transportación de armamento de manera secreta hacia ese país. Todas esas aventuras fueron asumidas por las tripulaciones de las naves e incluso, muchas de aquellas ocasiones fueron de total desconocimiento de su marinería, quienes solo se enteraban cuando ya se encontraban en el escenario de aquellas operaciones y no tenían otra opción que la de continuar su rol. La mayor parte del tiempo, todas esas aventuras han sido ignoradas por quienes escriben la historia.

El despliegue de nuestros hombres formando reducidos grupos hacia otras tierras, tuvo sus inicios en el año 1977. Por fortuna y para recogerlo en los párrafos de aquella historia por escribir, yo me encontraba dentro de aquel pequeño grupo de hombres. Ya he contado en otra oportunidad que una vez solicitada mis vacaciones y abandono de la Academia Naval del Mariel, fui citado al Departamento de Cuadros de la Empresa de Navegación Mambisa un día del verano de 1977. Allí se me comunicó que había sido seleccionado para “cumplir una misión internacionalista”. El Jefe de Cuadros en esos tiempos era un individuo que había trabajado en la industria láctea (si la memoria no me traiciona), ajeno por completo a nuestro mundo marítimo. Se encontraba presente en aquella pequeña reunión “Eusebio”, lo conocía desde el año 1967, fecha de nuestra incorporación a la flota. Luego continuó trabajando en ese departamento y en el de “Personal” que atendía a los subordinados.

Vuelvo a repetir que nos encontrábamos atravesando fechas muy difíciles de “confirmación revolucionaria” y Angola, aunque ya había finalizado la guerra, era la palabra de moda. Una negativa de cualquier tripulante a cumplir con aquellas órdenes que siempre bajaban desde el cielo, podía significar su separación de la flota por varias razones, sobresaliendo entre todas la “poca confiabilidad”. Razones por las que no me arrepiento haber aceptado, porque si hubiera sido así, es muy probable no me encontrara aquí escribiendo estas líneas.

Como dato importante que pueda tomarse como referencia a las fechas tratadas, pudiera mencionar que solo unos pocos marinos cubanos fueron enviados a trabajar fuera de los dominios de nuestras flotas en el exterior. No creo superaran o llegaran a la cifra de diez hombres. Aquellos marinos trabajaron en buques de la NAMUCAR (Naviera Multinacional del Caribe), creo que ese era el significado de aquellas siglas. Uno de los primeros intentos por unificar las operaciones marítimas en la región del Caribe que explotaba naves de pequeño porte. Uno de los primeros fracasos en esos intentos que actualmente se realizan a nombre de Mercosur, etc. Recuerdo que algunas de aquellas naves, según contaron tripulantes conocidos, llegaron a tocar puertos norteamericanos y a ellos no les permitían bajar a tierra. Luego desertó uno que otro y viven desde esos tiempos en los EEUU. Fuera de ellos, quienes trabajaban por contrata, no existían antecedentes de personal nuestro trabajando en el exterior.

Ninguno de los presentes en aquella reunión supo explicarme a ciencia cierta cuál sería mi misión en Angola y desconocía que formaría parte de un grupo. Solo me orientaron partiera inmediatamente a la sede del Ministerio de Transporte, edificio ubicado en la calzada de Rancho Boyeros. Presenté un papelito que me dieron e inmediatamente me autorizaron a subir a uno de los pisos que hoy no recuerdo. No hubo demora alguna, me estaban esperando.

Ante las preguntas de uno de los extraños personajes que me atendió, le comuniqué que mi pasaporte y vacunas se encontraban vencidas. Consideré que sería un obstáculo importante y me equivoqué. Me pasaron a otros cubículos en aquellas oficinas que, luego no me dejaron espacio a las dudas se trataran de personajes de la “seguridad del estado”. Fui vacunado, me fotografiaron y antes de partir me dieron una chapilla con numeritos indicándome que debía tenerla puesta las veinticuatro horas del día porque en caso de fallecimiento serviría para identificar mi cadáver. Créame que al escuchar aquellas palabras me “cagué”. Esperaba me pasaran a otro local para brindarme mochila y uniforme militar, ya me veía tirando tiros en Angola. Sin embargo, nada de eso ocurrió así. Después de concluidos aquellos rápidos trámites, me dieron otro papelito con la dirección de una oficina subordinada a ellos y ubicada también en Rancho Boyeros. Me ordenaron pasar por allí al día siguiente para recoger mi nuevo pasaporte y el boleto de avión con destino a Luanda. Se los juro, nunca había presenciado tal manifestación de eficiencia en un país tan dominado por la burocracia.

Fui con mi esposa e hijo a la dirección indicada, ella se encontraba embarazada de mi segundo hijo (hija finalmente). Me entregaron el pasaporte y la boleta del avión orientándome presentarme en esa misma oficina al día siguiente en la tarde, desde donde sería transportado hasta el aeropuerto José Martí.

Llegué con mi esposa e hijo a bordo de un taxi una media hora antes de la señalada y me encontré con un grupito de hombres con maletas que, al parecer tenían el mismo destino que yo. Por la vestimenta y sus maletas resultó fácil identificarlos como marinos, pero en realidad no los conocía, creo que ninguno nos conocíamos y fuimos presentados por el encargado de llevarnos hasta el aeropuerto. Allí le entregaron a un joven que se desempeñaba en la flota como Sobrecargo el equivalente a veinte dólares por persona como gastos para la escala que haríamos en un aeropuerto. Llegada la hora, nos embarcaron en un microbús V W que debería pasar por casa de uno de los integrantes del grupo, vivía cerca de nuestro camino y había llamado para comunicar que no lo había recogido el taxi solicitado. Como restaba espacio en el vehículo, accedieron a transportar a mi esposa e hijo en ese viaje al aeropuerto.

Aquel primer grupo de marinos que partiría por primera vez en misión internacionalista, se encontraba integrado por los siguientes hombres:

1.- Calixto Velozo. Graduado de Capitán sin ejercer el cargo.

2.-Esteban Casañas Lostal. Segundo Oficial.

3.-Lazarito (no recuerdo sus apellidos) Sobrecargo.

4.-Gabriel Rodríguez Bas Freixas. Segundo Maquinista.

5.- Carlos o Pedro Balloqui. (No recuerdo exactamente) Técnico de Refrigeración.

6.-Naranjo (No recuerdo su nombre completo) Primer electricista.

Luego de comprobar las características del grupo de acuerdo a los cargos desempeñados en los buques, nació una fuerte corriente de especulación sobre lo que sería nuestro destino, porque aunque resulte imposible de creer, aún motados en aquel DC8 arrendado por Cuba, nosotros continuábamos desconociendo el final de aquella aventura. Antes de abordar el aparato alguien propuso hacer una “vaquita” para comprar una caja de ron “Havana Club”, creo que fue Freixas y la administró durante todo el vuelo. Los únicos civiles que viajaban en ese avión éramos nosotros, el resto, unos más de cien pasajeros, pertenecían a un lote de campesinos miembros de las FAR y aunque viajaban de civil, era muy fácil identificarlos. Sus ropas eran iguales, de muy mala calidad y en algunos casos mal cosidos a mano. Muy escandalosos, disfrutaban como nadie aquella aventura de la que ignoraban si podían regresar. Nosotros nos sentamos en la cola del avión muy próximo al pantry, hicimos escala esa noche en Barbados y una hora después continuaríamos con destino a Sierra Leona. Nos enterábamos del rumbo gracias a Velozo, había sido piloto militar y el Capitán de aquel avión era amigo o compañero suyo.

En Luanda fuimos recibidos por el Capitán Calero, fue la persona que nos dijo iríamos directo para un barco, hacia allá nos transportaron en dos autos. Ya se encontraban algunos cubanos a bordo del N’Gola, entre ellos unos conocidos que se convirtieron en pesadilla para nosotros y los marinos de aquel país.

Ese grupo estaba integrado de los siguientes tripulantes:

1.-Fernando Miyares Gutiérrez. Segundo Oficial.

2.-Carlos Collazo. Telegrafista.

3.-Carlos Mendoza. Jefe de Máquinas.

4.- Pepito (no recuerdo su nombre) Enfermero.

5- Carlos No recuerdo sus apellidos. Tercer Maquinista

6.-Un hombre que pertenecía a los Ferrocarriles. Segundo Eectricista.


Debo detenerme y hacer una breve descripción sobre la llegada de estos tripulantes al N’Gola.

1.-Fernando Miyares Gutiérrez. Viajaba de Segundo Oficial a bordo de uno de nuestros buques conocidos como los “gallegos” y estaba subordinado del Capitán Blanco (el negro) Tuvo que olerle mucho el culo al Capitán Calero para que lo llevara al N’Gola e imagino que el Capitán Blanco aceptara incondicionalmente a cederlo. Su presencia trajo como consecuencia que a la mañana siguiente yo me personara en el camarote de Calero.

-Capitán, con todo mi respeto le sugiero me envíe a La Habana lo antes posible.

-¡Coño! Dime cuales son las razones, acabas de llegar.

-Una muy importante, hace varios años vengo ocupando la plaza de Segundo Oficial y veo que ya tiene uno a bordo.

-Pero es que tú eres el segundo Oficial de este buque, yo te pedí personalmente entre todos los que me ofrecieron.

-Le aclaro, no voy a atender los botes salvavidas ni otra cosa que corresponda al cargo de Tercer Oficial y le repito, yo soy Segundo Oficial en todo el sentido de la palabra.

No hubo necesidad de hablar mucho, Calero resolvió la situación a su estilo. Velozo viajaría como “Imediato”, era una plaza que tuvieron los portugueses y correspondía a un agregado de Capitán. Solo que en este caso, Velozo sería el encargado de todo lo relacionado al cargo de Primer Oficial. Miyares viajaría como Primer Piloto y no tendría vínculo alguno con lo referente a las responsabilidades del Primer y Segundo Oficial. O sea, solo iría montando guardias de navegación y puerto. Amílcar (el único portugués a bordo), se desempeñaría como Tercer Piloto con las responsabilidades del Tercer Oficial. Aquella solución no evitaría se repitieran los encontronazos que ya había tenido con ese individuo a bordo del buque “Jiguaní.

2.-Carlos Collazos. Viajaba como telegrafista a bordo de uno de los provincias que trabajaban en los servicios de cabotaje en Angola. Pudo ser la motonave “Pinar del Río” o “Las villas”, no recuerdo exactamente. Llegó al N’Gola en las mismas circunstancias de Miyares para mal de toda la tripulación. Fue elegido como secretario del partido de aquel reducido grupo y se destacó por su extremismo e ineficiencia demostrada como telegrafista durante los seis meses que ocupó el cargo. Durante todo ese tiempo, ninguno de los tripulantes cubanos recibió mensaje alguno de su familia. Calero tuvo la oportunidad de inclinar su selección por otros telegrafistas que se encontraban en Angola prestando servicios, pero quizás se dejó arrastrar por los sentimientos y quiso beneficiar al viejo. Seis meses después y unas horas antes de regresar a Cuba, Collazo fue abatido a balazos por el Segundo Maquinista Gabriel Rodríguez Bas Freixas. Todo tuvo su origen en una mala evaluación del partido confeccionada por Collazo en contra de Freixas (que no era militante), ya escribí sobre esta historia.

3.-Carlos Mendoza. Se encontraba de Jefe de Máquinas en un barquito de cabotaje angolano y tuvo que arribar al N’Gola por causas similares a las de los antes mencionados. Fue en todo momento un incompetente en su cargo y la mayor parte del tiempo no superó los traumas sufridos por la pérdida de un hermano en combate. Aquella situación provocó que fuera precisamente Freixas la persona que asumió en todo momento sus responsabilidades y cayeran sobre él las de hacer funcionar aquella nave. Sin embargo, nada de eso se tuvo en cuenta a la hora de redactar aquella infame evaluación que le costara la vida a Collazo y de la que Mendoza fuera cómplice en su calidad de Jefe de Máquinas. Algo grave atentaba contra Freixas y lo fue siempre su condición de persona alcohólica, pero nunca se tuvieron en cuenta los méritos mencionados.

4.-Pepito el enfermero. No tengo idea de sus vías utilizadas para arribar a la nómina del N’Gola, creo sin embargo, haya sido la persona más inofensiva y servicial de todo aquel grupo. Se comportaba como el guardaespaldas de Calero y aún teniendo su propio camarote, siempre dormía en uno de los sofás del salón de Calero. Pepito era alcohólico también, eran pocos los días que no estuviera “sonado”, oportunidades que siempre aprovechábamos para pedirle alguna botella de las reservas del Capitán que él nunca se negaba en ofrecer.

5.- Carlos (El Tercer Maquinista) No pertenecía a nuestra flota y tampoco fue maquinista. El había trabajado como mecánico en los talleres de reparaciones que Navegación Mambisa tenía en el muelle “Margarito Iglesias”. Pudo haber integrado la nómina del N’Gola por relaciones de amistad con Calero. Como quiera que sea, creo haya sido uno de los buenos tripulantes de aquella nave. Muy sencillo, discreto, respetuoso y buen trabajador. Luego me encontré en diferentes oportunidades con él mientras las brigadas técnicas realizaban reparaciones a bordo de nuestros buques.

6.-El Segundo Electricista. Era un hombre ya maduro que pertenecía a los Ferrocarriles de Cuba y tuvo que llegar al N’Gola por lazos de amistad con Calero. No recuerdo su nombre, bajo, delgado, muy callado y con unos deseos terribles de regresar a Cuba. Viajó por primera vez a países capitalistas con nosotros y todo el dinerito ganado lo gastó en pacotilla para la familia. Militaba en el partido, pero considero haya sido uno de los individuos más inofensivos de aquel grupo.

Seis meses después de nuestra arribada al buque y cuando apenas habíamos realizado un solo viaje a Europa, aquel grupo de comunistas apeló a un recurso que yo desconocía. Le manifestaron al Capitán que el compromiso contraído por La Habana con ellos solo comprendía unos seis meses de misión en aquel país. Calero los complació quizás por quitárselos de encima, pero de algo estábamos convencidos, nadie viajaría hasta Angola por un período de seis meses. Yo nunca escuché nada de aquello que ellos alegaron, no me lo dijeron.


Parte de la tripulación del buque Hoji Ya Henda en el 1978, año que fue adquirida por Angola. El Capitán era Hervitti, quizás el pionero en privar a la parte cubana de todos los beneficios que disfrutábamos en el buque "N'Gola" al mando del capitán Raimundo René Calero Torriente.


La compañía naviera y el sindicato del buque manifestaron su deseo por mi permanencia en aquel país, creo que fue el premio a mis excelentes relaciones con cada uno de aquellos prietos. Ofrecieron además la posibilidad de una casa para trasladar a mi familia, algo que deseché rotundamente, no existía seguridad y las condiciones de salud eran pésimas. Sin embargo, acepté gustosamente a continuar un tiempo más. Al Sobrecargo Lazarito le hicieron la misma proposición, solo que unos meses después fue expulsado por Calero y regresado a La Habana. Se había convertido en un furibundo alcohólico al punto de abandonar sus responsabilidades y perderse del buque durante días. En La Habana fue un fracaso total y escapó a Miami cuando los eventos del Mariel. Allá perdió la vida muy joven por dedicarse al negocio de las drogas, dejó a una viuda y un niño en La Habana.

Miyares continuó también, no creo haya sido por solicitud de la compañía o el sindicato de marinos angolanos. Realmente lo detestaban hasta odiarlo, era déspota y racista.

En un viaje que el N’Gola diera a La Habana y Santiago de Cuba, decidí abandonar el barco para resolver los problemas de vivienda de mi familia que ya había crecido. Cuando puse las maletas en el muelle, varios de aquellos negros bajaron a abrazarme y algunos de ellos no pudieron contener las lágrimas. Creo haya sido ésta una de las páginas más hermosas de mi vida como marino.

Hoy les dejo estas notas que algún día formarán parte de la historia de nuestra marina mercante, esto es solo una síntesis de lo que fuera aquel reducido grupo de hombres, los primeros marinos mercantes destinados a cumplir una misión internacionalista. Luego, aquella carrera continuó hasta extenderse a varios países donde se cuentan Libia y Nicaragua entre otros. Nosotros fuimos los primeros.



Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2012-06-14


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miércoles, 20 de septiembre de 2017

POR LA SAGA DE LOS MARINOS CUBANOS (15). Caso: Nosotros.


POR LA SAGA DE LOS MARINOS CUBANOS (15). Caso: Nosotros.





Descifrar el carácter y personalidad del hombre de mar cubano no es una tarea sencilla. De poco sirvieron aquellas conferencias ofrecidas por psicólogos que recibimos los capitanes y primeros oficiales. El hombre resultaba un enigma difícil de comprender, muy afectado por sus condiciones de trabajo, lejanía de su tierra y familia, tiempo de las travesías, sacrificios extremos que debía soportar y, las presiones constantes que ejercían sobre ellos las organizaciones políticas a bordo. Al final, el producto obtenido era sumamente complejo y era el material humano disponible para poder llevar a éxito cualquier aventura marítima. Una vez largados todos los cabos, éramos nosotros, la oficialidad, la encargada de interpretar sus comportamientos. Atrás quedaban aquellas conferencias sin mucha utilidad en la práctica.


Me atrevería a manifestar que, el carácter del hombre de mar cubano se dividía en cuatro etapas durante su permanencia a bordo.

a.- Cuando se encontraba en puerto cubano.


b.-Durante las primeras semanas de navegación.

c.-Durante la permanencia en puertos extranjeros.

d.-Durante las semanas anteriores al regreso.


a.-Cuando el marino se encontraba en cualquiera de los puertos nacionales y que no fuera sede de su hogar, su comportamiento era similar al de cualquier marino común y corriente. Aunque existieron excepciones a la regla, una mayoría disfrutaba de todas las aventuras que se presentan en su mundo. Mujeres, cabarets, hoteles, clubes, restaurantes, fiestas, etc., eran los espacios ocupados en su mente. Vivía corriendo páginas del almanaque como si cada uno de esos eventos correspondieran al último de sus vidas. En el puerto donde radicaba su hogar era otra persona, muy familiar y excelente padre o esposo. No olviden que las excepciones se aplican también a esta categoría. Normalmente partía un tercio de la tripulación a sus hogares por unos días de descanso, y el resto a bordo, compartía las labores de guardias o mantenimiento a partes iguales, no se presentaban protestas ni contratiempos. Muchos tripulantes solicitaban permiso para traer a sus esposas a bordo, aun era permitido, reinaba la paz.


b.-Durante las primeras semanas de navegación, el marino aún conservaba la frescura del tiempo recién transcurrido y cargaba consigo los recuerdos de sus últimas aventuras. Esas primeras semanas se gastaban en el intercambio de cuentos, no exentos de alardes sobre las sayas conquistadas, etc. Aquella alegría efímera llegaba a su fin después de la segunda o tercera semana de navegación. Estado emocional en el que comenzaban a influenciar varios factores importantes en la vida de cualquier ser humano, digamos que la alimentación era el más significativo de todos. Salíamos mal abastecidos y los estómagos le mandaban sus señales al cerebro. Pudo repercutir en esos cambios las acciones desarrolladas por un mando déspota y organizaciones políticas con dirigentes extremistas. Todas conjugadas y sumadas a factores climatológicos adversos, podían transformar el carácter alegre de cualquier tripulación en un ambiente hostil, ácido, y cuando menos, imponer largos periodos de silencio. Las guardias se hacían más lentas y apenas se cruzaban palabras entre el oficial y su subordinado, se acabaron los cuentos.


c.-Durante la permanencia del buque en puerto extranjero renacía nuevamente la alegría, no en todos. Debe suponerse que eso sucedía allí, donde era posible hacer pacotilla, distraerse, beber, etc. Llegar a un país o puerto que no ofreciera esas posibilidades, puede interpretarse como una prolongación de la navegación. La gente no sale a la calle sin una justificación, no existe posibilidad de satisfacer las necesidades de la familia o gustos personales, etc. Ejemplos sobran, países en guerra, antiguos países socialistas (aunque en esos sitios era muy normal dedicarse a la conquista de mujeres) En los países llamados socialistas las operaciones de carga-descarga eran lentas y las estadías en puerto más prolongadas que en los países desarrollados. Una estancia superior al mes en países como Corea del Norte, donde además de agotarse el avituallamiento de la nave, no ofrecía ningún tipo de distracción, podía producir efectos sumamente negativos en las mejores tripulaciones de la flota. En puertos capitalistas la mayor atención del marino se enfocaba en la adquisición de esa pacotilla que nunca lograba satisfacer las necesidades de la familia cubana. Concentrados o distraídos en esa actividad -unas veces la mas importante de su vida para muchos- eran pocas las manifestaciones de indisciplinas y el ambiente era mas relajado.


d.-Cuando los viajes resultaban extremadamente prolongados, el carácter de los marinos era sumamente agrio. Situación provocada por el largo período de abstinencia sexual, mala alimentación y como ya he señalado, regresar a casa con las manos vacías. Muchas veces escuchábamos decir que tal o cual barco había regresado en "candela" y esas eran las principales razones, aunque pudieron existir otras. Repito que estas líneas no están basadas en estudio alguno y se ajustan simplemente a la experiencia. Tampoco es una generalidad, siempre han existido excepciones a cualquier regla. Lo cierto es que muchos de esos viajes resultaban un verdadero sacrificio para los marinos y sus familias, pocas razones que motivaran un estado de felicidad. Luego de la caída del bloque socialista aumentaron las dificultades y podían presentarse situaciones extremadamente graves, como la ausencia de dinero para pagarle a los marinos o avituallar a la nave. El hambre que se vivía en la isla nos alcanzó en cualquier rincón del planeta, y como era de esperar, eso afectaba directamente en el comportamiento del ser humano. 


El trabajo mas complejo desarrollado por un Primer Oficial a bordo de cualquier nave, debió ser las extenuantes horas de cálculos que se realizaban para cargar un barco con mercancía heterogénea. Me refiero a los buques de carga general cuando aun no existían computadoras que agilizaran esa labor y que en muchas oportunidades, podía consumir cómodamente unas ocho horas auxiliados por una simple calculadora. Ese tiempo variaba también dependiendo del modelo de barco, todo el que pasó por naves de construcción soviética como aquellos D¨Nieper, saben de lo que hablo. Sin embargo, en la marina cubana, esas dificultades eran insignificantes cuando se comparaban con el conflictivo trabajo que se enfrentaba a la hora de dirigir a sus subordinados. Trabajo que se complicaba cuando se compartía el mando con capitanes carentes de pantalones y rendía su mando ante los secretarios del partido o comisarios políticos. En casos como estos, la vida del Primer Oficial podía convertirse en un infierno.

Hoy quisiera terminar esta serie tratando de dibujar la difícil personalidad del marino cubano, no resulta una tarea sencilla y puede herir a decenas de susceptibilidades. Desde esta otra orilla de la playa, donde algo tarde decidimos varar nuestras naves, se agolpan todo género de individuos que pertenecieron a nuestras flotas. ¿Cómo clasificarlos? Desde este lado solo existen dos opciones a saber, las víctimas y sus victimarios. 

Las víctimas son fáciles de identificar, se despojaron de su segunda personalidad y decidieron soltar todo aquello que durante tanto tiempo los atormentara. Gente de sueños destruidos y pocas esperanzas, los primeros en ser abandonados a su suerte cuando el holocausto naval sufrido por nuestras flotas. Las víctimas son seres que, aun teniendo edad avanzada, conservan fresca la memoria. Ellos no se esconden, tampoco tienen razones para sentirse avergonzados por la tragedia que los llev
ó al destierro y su principal virtud es que muestran sin miedos el rostro.

¿Los victimarios? Gente que se esfuerza por mantener un perfil bajo y sufren por ello. Se mantienen ocultos hasta un día que accidentalmente o traicionados por su conciencia, salen de sus conchas y dan el rostro, luego vuelven a ocultarse. El victimario se destaca por su constante llamado al olvido, perdón, respeto a la ética (que como es de suponer), nunca respetaron en la isla. Estos individuos, después de escapar de aquella isla cárcel por las razones que todos conocen, no olvidaron cargar en sus maletas sus temores. Miedos al señalamiento de sus víctimas y miedos a cualquier medida represiva de sus amos. Porque no nos engañemos, muchos de ellos aun simpatizan con el látigo de sus verdugos. 

Hay mucho por escribir sobre la vida de los marinos cubanos.



Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.
2017-01-11


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VITROLAS. Un viaje por varios puertos montado en su recuerdo


VITROLAS. 
Un viaje por varios puertos montado en su recuerdo






Algo grande tuvo que haber pasado para que ejerciera esa fuerza de atracción sobre mí, puede que haya ocurrido en una época tan remota como mi infancia. Las escuchaba en cada esquina de aquellos barrios que nunca fueron míos, unas veces recorridos en fatigantes viajes sobre patines Unión 5, tal vez a bordo de bicicletas prestadas por mis primos. A veces se molestaban conmigo por esas paradas involuntarias a la sombra de la esquina de un bar cualquiera. El sudor se secaba mientras diferentes melodías penetraban por los poros de mi cuerpo, casi siempre eran canciones trágicas que salpicaban algo de sangre, tarros que muy pronto ocuparon un espacio en mi mente ingenua.

María compartía algún Cuba Libre en el bar que hacía esquina en las calles Clavel y Subirana. Siempre estaba allí toda pintorreteada y oliendo a perfume barato. Sus vestidos eran siempre muy entallados y denunciaban cada curva de su cuerpo abundante en grasa. Eran síntomas de buena salud y apetecible para esos tiempos donde la obesidad era moda. Se mostraba orgullosa y meneaba el culo con la elegancia y maestría de nuestros barrios. Las mujeres decentes la detestaban y evitaban que sus maridos permanecieran mucho tiempo parados en la puerta. Hasta mi abuelo la devoraba con la vista, y mi tío Macho, y mis tíos postizos. Solo nosotros nos acercábamos a ella, no era mala gente.

Cuando estaba en buenas nos dejaba caer algo, aunque fuera un nickel para comprar un Orange o una Materva. Los mejores momentos de María fueron cuando se encontraba borracha, hubo días en los cuales nos dejaba caer una peseta. Eso sí, había que soportar nos pegara su bemba pintorreteada en la cara y nos la dejara marcada con sus huellas dactilares. Era puta, pero no era una puta cualquiera, siempre fue muy cariñosa con nosotros los fiñes del barrio. Poco nos importaba las advertencias de mi abuela, que si eran mujeres de la vida, que si eran malas. ¿De qué vida? Me preguntaba en muchas ocasiones. María era buena gente.

Cuando se acababa aquel disco de Orlando Contreras donde le cantaba a un amigo suyo, unas veces continuábamos por Clavel y le echábamos un poco de aceite a los patines en los talleres de las guaguas Lino Menéndez, ya los mecánicos nos conocían. Otros días, tirábamos Subirana abajo hasta llegar al parque de la Normal, esa era nuestra vida, la mejor que he conocido, luego fuimos creciendo y junto a nosotros crecían también los problemas.


La bodeguita de Nano quedaba exactamente en la esquina de Cervantes y Guasimal. Párraga no era entonces el barrio tan empobrecido que vi antes de mi partida. En mis vacaciones iba a trabajar a ese timbiriche y me ganaba unos kilos. Vendía de todo para ser tan pequeño el local, pero si algo me encantaba, era que también tenía una vitrola. La gente pasaba por allí y a veces me pedían un vaso de cerveza que costaba trece centavos. No había necesidad de estar tomando medidas, porque los vasos podían contener la mitad de una botella de cerveza solamente. Tendría yo unos 11 años en esa época donde comenzaba a despegar como todo un hombrecito. Nano se ausentaba con mucha frecuencia y me dejaba al frente de su negocio, esos fueron los tiempos en los cuales yo sacaba uno que otro nickel y ponía algún disco en la vitrola para matar el aburrimiento. Había uno muy de moda que repetía hasta la saciedad, era interpretado por Luis Bravo y yo lo seleccionaba siempre marcando el F 14.

El tiempo continuó su marcha y el silencio invadió todas nuestras esquinas. Nadie supo nunca el destino de aquellas hermosas vitrolas que tanto me cautivaran. A María me la encontré años más tarde vestida de miliciana, su piel estaba reseca y quemada por el sol, ya no olía tampoco a los perfumes baratos y su bemba era de dimensiones más pequeñas. Aquellas hermosas pantorrillas eran ocultadas por un pantalón de bombacha algo desahogado, solo se notaba la existencia de las caderas por el cinto que la estrangulaba. Había desaparecido su aliento etílico y su lenguaje era ahora politizado. Siempre me reconoció y me llamó compañero, yo la saludaba con el mismo cariño de la infancia. Nada comenzaba a ser igual, muchas puertas se fueron cerrando, infinidad de rostros populares de nuestros barrios se esfumaron. Dejaron de oírse aquellas canciones ensangrentadas y solo algunos se empecinaban en tararearlas, eran reminiscencias del pasado y desviaciones ideológicas, el lenguaje cambiaba y lo que un día fuera natural hoy estaba prohibido. Las vitrolas desaparecieron sin que nos diéramos cuenta, siempre me quedé con aquella duda, ¿dónde carajo las metieron?


¿Se acuerdan de Luisón? Ya les he hablado bastante de él y no hace falta que repita su historia. Es el socio al que una vez lanzaron desde el cuarto piso del edificio donde yo vivía y solo sufrió rasguños. ¡Caballeros! El socio que era cardiaco a las negras. Ya sé que se acordarán de él. ¡Qué les cuento! Uno de esos días de infernal calor en Tampico nos metimos en un bar a tomarnos una cerveza y voilá, el bar tenía una vitrola. Después de la cuarta cerveza no pude contener mis impulsos y me dirigí hasta el aparato. Leía con avidez el menú y encontraba a poca gente conocida, casi todas las canciones eran rancheras y me dio por buscar "La Cama de piedra". Tuvo que ser un capricho de la mente porque ni los mismos mexicanos se acordaban de ella, eso lo comprobé en una conversación establecida por esos lazos maravillosos que se establecen por medio del alcohol. Mi vista se dirigió involuntariamente hasta el F 14, y vaya sorpresa, allí tenía nada más y nada menos que a Javier Solís con la canción "Sombras". Al instante la puse y recibí miradas de aprobación por parte de varios parroquianos que compartían igual suerte en aquel tugurio. 

Nunca me había sentido tan cerca de Cuba en el extranjero, el olor a orine invadía cada rincón de aquel establecimiento y esa rara sensación de azufre molestaba nuestras narices. Nada de eso nos preocupaba, ya estábamos acostumbrados. Poco rato después de estar sumergidos en esas conversaciones etílicas donde un extraño pretende que lloremos por su dolor o, que nos hagamos cómplices del crimen planificado solo en medio de la valentía que provoca una borrachera. En medio de un intermedio fortuito, me dirigí a la vitrola y marqué nuevamente el F 14, otra vez la sombra y penumbra de aquella canción penetró en nuestra mesa.

Una hermosa mujer entró al bar sin darnos cuenta, tendría unos veinticinco años a lo máximo. Bebió del vaso o las botellas en diferentes mesas antes de aterrizar en la nuestra. Luisón le ofreció de la mía y luego le pedí que continuara hasta el fondo. No sé si nos oía, pero no me cupo la menor duda de que no hablaba. Rápidamente se estableció una comunicación muy fluida con la ayuda de la mímica y extraños sonidos guturales. Muy pronto comprendió que éramos extraños y acomodó una silla junto a nosotros, yo fui hasta la barra por tres cervezas más y al pasar por la vitrola marqué nuevamente el F 14.

-Manón, cambia de disco, la gente se va a berrear.

-Luisito, que se berreen si les da la gana, la plata es mía y es la única canción que conozco. La mudita solo trataba de comprendernos, le di una moneda para que ella eligiera otro disco. La gente le tocaba las nalgas cuando pasaban a su lado, era indudable que ella era muy popular en esa zona portuaria.

-No está mal, se le puede meter un trancazo. Me dijo Luisito y cambié la mirada en dirección a la vitrola, recorrí con la vista cada centímetro de su culo.

-¡Ta güena! Pero me paso con el doble nueve. Le respondí segundos después.

-Yo creo que está puesta pa tu carabela.

-Puede ser Luisón, pero el que no está puesto soy yo, me paso.

-¡Asere! No se pierde nada con probar. ¡Vamos a ver! Te has fumado alguna vez a una muda, y olvida que no hable, mata el cuerpazo que tiene.

-No manón, no me he fumado a ninguna muda todavía.

-¡Coño! ¿Vas a perder esa maravillosa oportunidad? Consorte, en la vida hay que probar de todo. Yo tengo en mis planes jamarme una enana, una monja, una torta, una narra.

-¡Ya sé! Y no me hables de las negras, pero mira, si tanto te interesan esas experiencias extravagantes, ¿por qué no te jamas a la muda?

-Porque no está puesta pa mi carabela consorte. Ella llegó nuevamente a la mesa y pocos segundos después se oía en la vitrola una de aquellas canciones sangrientas que consumiera durante mi infancia, solo que ésta era una ranchera y aparentaba ser mucho más violenta. La mudita se sentó y comenzó ese interminable cambio de señales mímicos acompañados de sonidos incomprensibles al sentido humano. Con cuatro cervezas más estaba seguro de que algo positivo le encontraría a esa mujer, pero el viaje hasta la isla era extremadamente corto, razón suficiente para evitar una inusual aventura. Poco rato después me levanté y pulsé las teclas F 14, uno de los parroquianos se acercó a nuestra mesa.

-Cuate, ni una sombrita más. Lo expresó muy bajito, el grueso bigote cubría gran parte de su boca y era imposible adivinar que sus intenciones fueran amables. Terminada la cerveza nos levantamos y partimos para otro bar con menos olor a orine y con vitrola también. La mudita no se separaba de nosotros, terminamos la noche oyendo "Esta tarde vi llover" de Armando Manzanero. Dos días después abandonaba esas parrandas de Tampico, destornillador en mano desarmaba mamparos para esconder mi contrabando. La mudita agitaba un pañuelo en el muelle cuando largamos el último cabo.


Orestes era un socio con el que coincidí una noche frente al hotel Casa Granda de Santiago de Cuba. Nunca habíamos compartido porque cada cual nos movíamos en ambientes diferentes. Él ocupaba la plaza de engrasador en el barco, un mulato claro que pecaba acercarse al popular "jabao" cubano. No levantaba más de cuatro cuartas del suelo, pero así con ese tamañito la gente lo respetaba. Andaba desesperado esa noche, eso lo pude notar a una cuadra de distancia y permanecí tranquilo sabiendo que llegaría hasta mí. No recuerdo quien era el otro socio que andaba con él esa noche, lo cierto es que la cuenta no cuadraba, les sobraba una mujer y yo sería su pareja. 


La muchacha era una pelirroja bastante alta y bien formada, muchas pecas adornaban como guirnaldas todo su rostro. No usaba ajustadores y se notaban senos firmes, dentadura perfecta y elegante sonrisa. La presentación fue informal y cuando apenas nos soltamos las manos, estábamos abordando un taxi pirata. La parada fue en el club Tricontinental, se encontraba casi vacío en una época donde los naturales aún podían hacer uso de esos lugares. Hicimos el resumen en el Chapela, yo mismo les serví de guía en aquella calurosa noche. Así sudados y con los cuerpos saturados de sal tuvimos que hacer el amor, peor aún fue repetirlo, no había otra opción. Pensé que esa sería nuestra única noche, pero luego se repitieron con insistencia. Ella salía de la posada para el hospital donde trabajaba de enfermera, nunca he conocido resistencia como esa, tuvo que ser fuego uterino, eso pienso. 

Una de esas noches se encabronó mucho conmigo, no era para menos, cuando se excitaba gritaba como si la estuvieran asesinando. Luego, me llamaba mucho la atención los vellos de su pelvis extremadamente rojiza, era la primera vez que chocaba con un fenómeno como ese y no podía contener la risa. La pelirroja no era muy fiel que digamos, partí de franco para La Habana por una semana y al regresar ella estaba empatada con Adrián, y el muy comemierda diciendo en el comedor de Oficiales que se iba a casar con ella. Luego salió de franco él y la pelirroja se empató con Francisquito. Por suerte el barco partió a la tercera semana para Cienfuegos.

Uno de esos días Orestes me invita a dar una vuelta y acepté acompañarlo, era un tipo con el que se podía compartir, solo que desconocía otra fase suya cuando bebía. En una de las aceras del parque donde se encuentra el Instituto de Cienfuegos abrieron una piloto. Los estibadores me la habían recomendado como algo buena por ser un lugar al que solo asistían trabajadores del puerto. El sitio se encontraba algo vacío a esa hora y nos fue fácil comprar las primeras pergas de cerveza. Para completar nuestra felicidad observé algo increíble, aquella piloto poseía una vitrola.


 ¿Se imaginan ustedes eso? Una vitrola sobreviviente, una sola vitrola en aquella ciudad y posiblemente una de las poquísimas en toda la isla. No pude contener los deseos de estar junto a ella. Fui leyendo detenidamente todo el menú, la música era distinta, el lenguaje de sus letras totalmente diferente, ya no corría la sangre, no se hablaba de tarros. Bueno sí, buscando y buscando encontré algunos números de Tejedor y Luis. Había tarros entonces, solo que ahora trataban de ocultarlo un poco en esa lucha constante por la sociedad perfecta. Los compañeros y compañeras no pegaban tarros, no se traicionaban, esos pecados eran impropios del hombre nuevo que deseaba ser como el asmático muerto en Bolivia. Era barato escuchar un disco, solo cinco centavos y con una peseta podías marcar cuatro. Puse a Tejedor y algún bolero de Lino Borges, no hay mejor música para un borracho que esos trágicos boleros. Te enervan, deprimen, te encojonan y sacas pa fuera todos los problemas que cargas contigo, y cuando ya no puedes más, la agarras con el que se encuentra a tu lado y todo termina en bronca.

A Orestes le gustó la idea de la vitrola, él era más o menos de mi generación y de un barrio caliente de La Habana, de aquellos, donde existía uno de esos aparatos en cada esquina. Después de las cuatro de la tarde aquel local se fue llenando de estibadores, todos nos conocían, así que podíamos asegurar encontrarnos a buen resguardo. Orestes era mucho más apasionado que yo por la vitrola, solo que tenía un estilo muy particular de usarla. El enano le echaba una peseta y marcaba un disco solamente, regresaba a nuestra mesita y cuando se acababa el número se molestaba en ir nuevamente hasta la máquina para volver a marcar. Todo suena muy sencillo contado de esta manera, pero lo cierto es que ya me tenía algo nervioso. Los estibadores también deseaban poner sus discos y cada vez que alguno se llegaba hasta la máquina, podía escuchar con algo de dificultad a Orestes cuando les decía;

-¡Compadre! ¿No ves que está el bombillito encendido? Eso quiere decir que todavía tengo derecho a marcar otros números porque le puse una peseta. Al principio se lo tomaron como una gracia, era novedad una actitud como aquella. Pero lo cierto es que esos hombres deseaban disfrutar de algo que era un verdadero privilegio.

Creo haberle contado unos diez viajes desde la mesa hasta la vitrola, pero en la medida que se bajaba aquellas pergas de cerveza, pude notar que el enano se ponía más violento. Pudo ser por efectos del alcohol o por los boleros de tarros, quién sabe. El último de sus viajes colmó la paciencia de aquellos nobles hombres, Orestes se paró dándole la espalda a la máquina. Tenía las piernas abiertas a todo dar y con los brazos igualmente extendidos a ambos lados, trataba de abarcarla como si fuera de su propiedad.

-¡Atiendan acá! ¿Cómo cojones voy a explicarles que mientras tenga el bombillito encendido nadie puede marcar? Varios de aquellos estibadores se levantaron en actitud agresiva y partieron en dirección de Orestes y la cabrona vitrola. Tuve que mandarme a correr para evitar algo peor.

-¡Oye, Segundo! Llévate a ese enano de mierda y que no vuelva a poner los pies en esta piloto. Me dijo uno de los negrones que vestía pantalón de yute.

-¡Caballeros! No le vayan a hacer nada, el socio está en curda.

-¡Asere, llévatelo! Si lo vemos nuevamente por aquí lo vamos a despingar pa que respete a lo jombre.

-Tranquilos, tranquilos! Agarré al enano y lo saqué del local casi a la fuerza.

-¡Second, tu no tienes tema con nojotros! Regresa cuando quieras. No me convenía pelear con aquella gente que me ayudaba en los cierres de bodegas e izaje de puntales. Orestes siguió en las mismas, las curdas le daban muy malas y buscaba broncas en cualquier lugar. Lo último que hizo en una de esas borracheras fue, salir del motelito de Guayabal y meterse en el pequeño cementerio del pueblito. Colocó una corona de flores en cada puerta de las casas cercanas, la gente no pudo bajar más a tierra mientras el buque estuvo cargando.

No vi otra vitrola en ninguno de los puertos visitados de la isla, fueron condenadas al olvido, solo me mata la curiosidad por conocer el destino de ellas, ¿dónde coño las metieron?, porque es de suponerse fueran miles.


Con Miguel fue distinto, ya me estaba convirtiendo en un corrupto más y robaba para ponerme a tono con la sociedad. La primera vez que había pasado por ese puerto hube de pagar la novatada y la mascada fue pequeña. Me dejé llevar por aquello de que el "tiburón se moja, pero salpica". Me mojé muy poco y salpiqué a toda la tripulación. En ese viaje salpiqué de nuevo a mi gente, pero me mojé como debe ser.

-Dile a tu jefe que lo espero en mi camarote. Le dije a uno de los hombres de una brigada que se disponía a embarcar materiales. Me observó con algo de picardía, es muy seguro que supiera las razones de aquella cita.

-Tú no eres el que estaba al frente del negocio el año pasado. Le pregunté a un muchachón de unos veinticinco años y elevada estatura.

-Así mismo es, Primero. Era mi padre, pero se acogió al retiro este año y quedé al frente del negocio.

-No me gusta darle vueltas al asunto, así que voy al grano. ¿Cuánto es lo que piden normalmente los barcos que pasan por aquí?

-Unos dos mil dólares.

-Me imagino que igual cantidad para el Capitán.

-Sí, la misma cantidad para ambos.

-Bueno, quiero que me traigas esa esa plata y yo me encargo de lo demás.

-¿En cual moneda la desea?

-Para el Capitán en dólares americanos, y para mí mil en dólares y el resto en la moneda del país.

-No hay problemas.

-Le sugiero que no me haga la entrega en presencia de nadie.

-No se preocupe, ya conozco la mecánica.

-Otra cosa, tráigame dos cajas de whisky y cuatro cajas de Coca Cola.

-No hay problemas, ¿algo más?

-Es todo.

Al día siguiente partí con el muchachón para el centro de la ciudad en su auto, un flamante VW con menos de doscientos kilómetros recorridos. Me llevó hasta un bar de su propiedad donde bebimos hasta aburrirnos. En horas de la noche me llevé a Miguel hasta un bar restaurante donde pedimos un bistec que fuera la mitad de la nalga de una vaca. Era una ansiedad incontrolable por la carne, comerse un bistec de ese tamaño era hacer contrarrevolución, era violar algo prohibido para nosotros. Hoy no siento nada por aquellos caprichos.

Miguel no preguntaba nada y eso me gustaba, él sabía que siempre le caería algo. Después de cenar recorrimos un poco la ciudad a pie hasta encontrarnos en la puerta de un bar español. Pedimos dos cervezas San Miguel y nos sentamos en la barra. Pocos minutos más tarde, una conocida melodía me llegaba por la espalda y giré sobre el asiento. Era el colmo de la felicidad para resumir una noche, una hermosa vitrola no se hizo esperar por mí. Recorrí todo el menú y observé buena cantidad de cantantes conocidos, la mayoría de ellos españoles. Por ese instinto sobrenatural me detuve en el F 14, era una canción de Nino Bravo titulada "América", no dudé en ponerla al instante.

Las conversaciones siempre giraban sobre el mismo tema, precios en la bolsa negra y situación del país. Generalmente yo hablaba y Miguel escuchaba, nunca aportaba nada nuevo a esos monólogos, era bien pendejo, y vivía con ese temor a ser delatado por él mismo, quizás tenía pánico hablar dormido. Su mujer era diferente, bueno, las mujeres siempre han sido mucho más valiente que los hombres en la isla. No quise repetir la experiencia de México y Cienfuegos, alterné con discos de Fórmula V, Paco de Lucía, Los Bravos, Raphael, etc. Pero luego de la quinta cerveza algo falló y comencé a poner con bastante frecuencia el número "América".

-¡Joder cubano! Ya mareas con lo mismo. Dijo uno de los parroquianos.

-Barman, ¡ponle una ronda a la gente! Ordenó Miguel suponiendo que había plata para eso. Las aguas tomaron su cauce nuevamente y algunos levantaron la copa en dirección nuestra. Poco rato después de pagar le pedí al cantinero nos llamara un taxi de una compañía específica, yo tenía bonos para que luego fuera cobrado en la agencia que atendía nuestro buque, fueron aquellos tiempos de la vaca gorda.

María falleció como todo carnal, el sarcófago era similar al usado en toda la isla, hasta muertos éramos un pueblo uniformado. Bueno, no tanto tampoco, los de arriba tenían cajas especiales y sobraban las flores. Yo asistí a su funeral, fueron muy pocos los que asistimos, vecinos de la cuadra y una que otra nieta. La vistieron con su uniforme de miliciana y cuando me acerqué a la ventanilla del féretro, observé ese esfuerzo de la lengua por escapar de la cavidad bucal. Sus hijos se habían lanzado al mar muchos años antes de su muerte y no tenían permitido entrar a la isla. María murió sin ver el final de "aquel proyecto bonito que sí tuvo financiamiento". Desapareció odiada por su gente, olvidada hasta hoy que hago mención de ella. La gente la aceptó mejor cuando era puta.

Orestes falleció hace poco en Miami, las veces que hablé con él daba muestras de inadaptación y se lamentaba no haber saltado el charco cuando joven. Eso mismo me ha comentado muchos otros de nuestra generación. Solo una vez coincidí con él en aquella ciudad y compartimos tranquilos en un bar, me puso nervioso cuando se dirigió a la vitrola, pero me calmó y reímos sobre aquel acontecimiento de Cienfuegos. La gente de Guayabal lo debe estar buscando aún por su distribución de las coronas del cementerio. Nadie sabe si fue sepultado o lo distribuyeron en pedazos por las universidades, no tenía un solo pariente que pudiera interesarse por sus despojos.

Miguel sigue allí donde no hay vitrolas, muy adaptado a sus tiempos. Es un corrupto como todos nosotros, los que fuimos y los que son en estos momentos, cada uno con su estilo muy particular. Marcha, protesta, hace guardias, asiste a todas las movilizaciones, trabajos voluntarios, y lo peor, levanta la mano cuando hay que condenar a alguien, no importa si es su socio o compañero. Luego, sigue robando y firmando facturas falsas, como lo hice yo, ¡Patria o Muerte, coño!

Yo, espero por el próximo invierno, el número catorce. Hay vitrolas en la mayoría de los bares, pero ninguna me llaman la atención, no se encuentran aquellas canciones encharcadas de sangre, ni las que hablan de tarros. Las putas no se encuentran por la calle, tampoco son tan generosas como María, lástima que cambiara tanto. Y allá, nadie sabe que fuera peor, si tener vitrolas o escuelas.







Esteban Casañas Lostal.
Montreal.. Canadá
2004-10-11



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