martes, 23 de marzo de 2021

UN AÑO EN VIET NAM A BORDO DEL “IMIAS”, SUS MENTIRAS.

UN AÑO EN VIETNAM A BORDO DEL “IMIAS”, SUS MENTIRAS.

 

Motonave "Imías" en Santa Cruz de Tenerife.

Poco o casi nada han escrito los protagonistas de aquella involuntaria aventura en la que un día se vieron enredados y sin posibilidad de escapar. Viet Nam se encuentra bastante lejos de nuestra tierra y la navegación para llegar hasta ella es sumamente agotadora. Cansa hasta la saciedad permanecer más de treinta días navegando y tener como paisaje al cielo y al mar. Se agotan también las provisiones, desaparecen los alimentos frescos, se esfuman las ensaladas y los huevos saben a nevera, aunque tengan cáscaras, saben a cualquier cosa menos a huevos. Se agota el agua de consumo y se reduce su tiempo de oferta. Hoy no se sufre esta pena porque los buques modernos poseen destiladoras que convierten el agua de mar en potable. Se acaban los cuentos sobre las últimas aventuras, la vida se hace cada día más monótona, se desvían ojos y oídos hacia lo que hace el otro. Nacen las primeras discrepancias y aparecen los molestos defectos o palabras agresivas. Se agota la vida y aparece ese encierro voluntario donde nada nos moleste, ni las bromas, ni el discurso cansado de repetir las mismas mierdas.


Yo estuve en Viet Nam en plena guerra en el año 1970, no fue un gesto voluntario, estás embarcado y debes asistir a donde te lleve la propela. Mas tarde, dos barcos cubanos, el “Jigüe” y el “Imías”, quedan atrapados en aquel país y aparecen diferentes fechas que hacen referencia al acontecimiento, incertidumbres, manipulaciones, mentiras. Algunos medios sitúan aquel encierro en el año 1972, es totalmente falso. Hoy me propongo hablar con uno de aquellos tripulantes, el Tercer Oficial de la motonave “Imías” Luis Rocha Hurtado.


Para la fecha señalada por la prensa, aun nos encontrábamos estudiando en el Curso Básico de Oficiales con sede en Jaimanitas. Según mi amigo, los encierros de esas naves tuvieron lugar el año 1974. Trato de corregirlo de acuerdo con los datos publicados por la prensa de esos años y sin darme cuenta, siembro la duda en su memoria algo cansada por los años. Rectifica y me dice que correrían los finales de 1973. Continúo con mis dudas y lo que pudo ser una sencilla entrevista con una duración de pocos minutos, se transforma de repente en una aguda búsqueda por diferentes páginas de Internet y una pausa prolongada en los archivos del periódico Granma pertenecientes a los años 1972-73 y 74. (Granma Archives Index for 1973)

 

Libreta de enrolo de Luis Rocha Hurtado aun en su poder, el Nr. de expediente 34581 pertenecía al personal controlado por el Dpto. de Capacitación, el mío era el 34596-

Mi amigo Rocha no pudo estar en Viet Nam a bordo del buque “Imías” en 1972 por una razón muy poderosa, nos encontrábamos estudiando en el Curso Básico para Oficiales, primero en Jaimanitas y después a bordo del buque escuela “Viet Nam Heroico”. El día 23 de enero de 1973 se firma del acuerdo de paz entre Viet Nam y los Estados Unidos en Paris, motivo de alegría para muchos seres en el planeta. Ese día, los testaferros del partido comunista y del director de la escuela Roberto Arche Flores, organizan un maratón con todos los estudiantes y nos llevaron corriendo hasta la sede de la Escuela del Partido “Ñico López” para gritar algunas tonterías. Este es otro dato adicional importante para demostrar que aun estábamos estudiando y Rocha no podía encontrarse en Viet Nam. El día 11 de Septiembre de 1973 se produce el golpe de estado en Chile y nosotros nos encontrábamos esperando la orden de abordar al “Viet Nam Heroico”. Salimos esa tarde con destino a Islas Canarias en un viaje muy corto que tal vez superó el mes de duración, ya nos encontrábamos en exámenes finales. Como puede observarse, Rocha no pudo encontrarse en Viet Nam a lo largo de todo el año 1973 tampoco. Surgen muchas preguntas ante estos descubrimientos, ¿Cuál es el origen y motivos de esas mentiras? ¿Por qué?

-¡Hola mi hermano! ¿Cómo te va, ya te vacunaste? 

-Tranquilo, estoy entero, ya me soné las dos vacunas. ¿Y tú, ya estás vacunado? 

-Me puse la primera dosis de Moderna y la siguiente me toca a principios del mes próximo. ¡Oye, loco! He estado buscando información en Internet sobre la atrapada que tuvieron ustedes en Viet Nam cuando minaron los puertos y no aparecen notas cuyo origen sea de los protagonistas. Me interesa abordar el tema contigo si estás dispuesto.

-¡No hay líos, pregunta lo que quieras!

-Rocha, tú estabas enrolado en el “Imías” según me contaste años atrás. ¿Te acuerdas del nombre del Capitán? 

-¡Coño, claro! El Capitán era Alberto Torres Abat, alias “El Mono”. Tú lo conociste también, bueno, ¿quién no lo conocía en Navegacion Mambisa?

-¡Claro que lo conocí! Pasamos juntos el curso de la OMI en la Academia Naval de Baracoa. ¿Te acuerdas quien iba de Primer Oficial?

-De Primer Oficial viajaba Felipe Montano, un flaquito muy noble y buena gente. 

-Con Felipito yo navegué en el “Jiguaní” cuando era Segundo Oficial y luego de primero. Era así como dices, muy tranquilo, callado, noble y chévere. Era del piquete de marinos que vivían en el poblado de Regla. ¿Te acuerdas del Segundo Oficial ese viaje?

-El Segundo Oficial era Andrés Solís Corbo. 

-De ese no me acuerdo haberlo conocido. ¿Quién iba de Tercer Oficial?

-Bueno, cuando el barco iba a salir de La Habana se le presentó un problema al Segundo Oficial y El Mono decidió ascender a Solís, quien era el Tercer Oficial. Yo estaba enrolado como Agregado de Cubierta junto a Amado Carbot y fui ascendido por el Capitán a Tercer Oficial, Amado continuó de Agregado.

-¿Recuerdas quienes viajaban de Sobrecargo y Telegrafista?

-No me acuerdo del Sobrecargo, el Telegrafista era Julio Tamayo Crespo.

-Recuerdas al Jefe de Máquinas y al resto de la oficialidad de ese departamento?

-Lo lamento, han pasado muchos años y no retengo el nombre de ellos. Ya sabes que el roce por asuntos de trabajo es más sólido con la gente de cubierta.



-He leído algunas notas referentes al año que tuvieron de estadía en Viet Nam luego de que los puertos fueran minados por los Estados Unidos y me llama la atención algunas imprecisiones, pero trataré ese punto un poco más adelante. ¿El barco se encontraba atracado o fondeado? 

-Nosotros estábamos fondeados en Halong Bay y nos ordenaron aproximarnos a Haiphong para proceder al atraque y descarga del buque. Una vez atracados, los norteamericanos procedieron a minar el puerto y nos quedamos atrapados con posibilidades nulas de zarpar.

-Yo me acuerdo de eso perfectamente, como me viene a la memoria el aviso cursado con antelación por el ejército norteamericano, donde se avisaba a las naves que debían salir por la razón expuesta. Como era de esperar, la respuesta cubana fue desafiante y ordenó a sus naves permanecer en puerto. ¿Estaba la motonave “Jigüe” junto a ustedes?

-No, ellos llegaron después de nosotros y debieron permanecer en el fondeadero donde pasaron ese año.

-Imagino que ese año haya sido el doble de angustioso para los tripulantes del Jigüe, no es lo mismo estar fondeados que atracados. ¿Rocha, como fue el suministro de víveres durante ese año?

-¡Mira, si te digo otra cosa, te miento! Fuimos atendidos constantemente por los vietnamitas y durante todo el tiempo nos garantizaron una buena alimentación, no nos faltó nada. No puedo argumentarte nada sobre la suerte corrida por la tripulación del Jigüe, ellos estaban fondeados a bastante distancia del puerto.

-¿Cómo era la vida diaria para ustedes? He leído en algunos medios de prensa que sufrieron junto a los vietnamitas los bombardeos realizados. 

-Mi hermano, la vida transcurrió con mucha normalidad para nosotros y nunca corrimos el peligro de ser blanco de esos bombardeos. Cuando no estábamos de guardia salíamos a la calle y nuestro destino final era el Seaman Club. Ya sabes, íbamos a beber el vinito de naranja y las cervezas sin gas que tu conociste también. Como marinos y hombres debes imaginar que andábamos a la caza de cualquier jevita, éramos jóvenes medio locos, jodedores y aventureros.

-Tengo que preguntarte esas cosas por la cantidad de mierdas que he leído y que ahora confirmo fueron mentiras. ¿Tuvieron algún caso de enfermedad, fallecimiento, etc.? 

-Tuvimos los casos normales que se presentan durante una navegación, ninguno grave que requiriera asistencia de un hospital. Hubo un fallecido entre nosotros, pero se debió a un accidente imprudente. 

-Mas o menos me acuerdo de ese accidente, pero sería preferible que lo contaras tú como testigo que eres de ese viaje. 

-Fue el caso del Cuarto Maquinista llamado Raúl Llorente, éramos socios y ese día habíamos ido al Seaman Club. Estuvimos bebiendo y a las diez de la noche le dije que debía regresar al barco porque yo estaba de guardia y me la estaban aguantando. Llorente prefirió quedarse, fue algo normal entre nosotros, la gente regresaba tarde al buque sin problemas. Bueno, lo hizo de madrugada y parece que estaba herido del hambre. Fue hasta el pantry de los oficiales y tú sabes que allí hay un pequeño elevador que baja hasta la cocina. Se metió dentro del pequeño elevador, lo logró porque era de poca constitución física, era pequeño. Una vez adentro sacó la cabeza para accionar el botón del elevador y allí encontró la muerte. 

-¡Coño, Rocha! Además de ser pequeño tuvo que ser buen contorsionista, el elevador de los gallegos era pequeño y disponía del espacio necesario para subir las bandejas de comida. ¿Cómo ocurrió el accidente, quien lo descubrió?

-Mira, si solo hubiera sacado el brazo, aun estuviera vivo, quizás fuera manco solamente. Tú sabes que esos elevadores eran muy rápidos en activarse cuando le tocaban el botón. Lo descubrió un watchman vietnamita que hacía guardia dentro del barco. Cuando el hombre entró al pantry y encontró a Llorente muerto, salió gritando por todos los pasillos. Una vez en la escena, me encontré al maquinista muerto dentro del elevador con la cabeza afuera, todavía me erizo cuando recuerdo aquella horrible escena. 

-Imagino el trauma que te pudo haber provocado esa inesperada situación, además de tus lazos afectivos con el maquinista, fuiste prácticamente una de las ultimas personas que compartió con él y vio con vida. ¿Supiste algo sobre el curso seguido con su cadáver?


Puede observarse claramente las anotaciones realizadas en su libreta de enrolo, nombre del barco, puerto de enrolo, cargo, fecha del enrolo y la firma del Capitán.

-Si te afirmo algo, te miento. El Capitán me designó como oficial investigador, ya sabes cómo es el proceso por seguir. Entre otras cosas, hice un inventario de sus pertenencias que le entregaron a su familia una vez que arribamos a Cuba. No tengo ideas de si fue sepultado en Viet Nam o incinerado, tampoco se nos comunicó que el cadáver fuera repatriado a la isla, los tiempos de guerra que existían no se prestaban para eso, pienso ahora. No hubo velorio ni forma humana de despedirlo, todo se desarrolló en absoluto secreto para nosotros.

-Durante ese tiempo que permanecieron en Viet Nam atrapados, ¿Cómo fue la atención recibida por la parte cubana en ese país? 

-Sin temor a cometer errores o mentir, puedo asegurarte de que esa atención fue casi o totalmente nula. Pudieron intercambiar mensajes con el Capitán del buque, pero visitas del personal que trabajaba en la embajada, no la recuerdo. No podemos quejarnos de las atenciones recibidas por la parte vietnamita, ellos estuvieron atentos todo el tiempo a nuestras necesidades. Tampoco conozco el grado de relación que tuvo el Capitán con el Primer Ministro Pham Van Dong, ya sabes cómo era El Mono de sociable, pero no imaginé que llegara a este nivel. El asunto es que un día invita al Capitán Torres Abat para que fuera con un grupo de tripulantes a una cena en Hanoi. Le preguntaron que deseaba comer y El Mono pidió que cocinaran carne de perro en todas las variantes que existía en la culinaria vietnamita. Yo estuve entre los invitados y Amado Carbot también, bueno, me di tremendo atracón con carne de perros. 

-Entre las notas encontradas en diferentes medios de prensa de la época, algunas de ellas manifiestan, entre tantas cosas, que ustedes transportaban ayuda humanitaria de la isla para el pueblo de Viet Nam. ¿Qué me puedes decir de eso?

-¡Mira! Ese viaje fue uno tan normal como los que siempre acostumbrábamos a dar de carácter netamente comercial. Cuando yo me enrolé en el “Imías” como agregado el día 6 de Diciembre de 1973, el barco estaba prácticamente de salida. Cargamos azúcar a granel en Matanzas con destino a Liverpool-Inglaterra.

-Suponiendo que hayan salido en los días próximos a esa fecha, tuvieron que pasar el fin de año en el Océano Atlántico. ¿Qué sucedió después?

-En Liverpool permanecimos unas dos semanas máximo en las operaciones de descarga y nos destinaron cargar en Belfast como te dije con destino a Viet Nam. En ese puerto las operaciones de carga durarían unos tres días solamente, eran estructuras metálicas voluminosas. 

-O sea, supongo que ya nos encontramos a finales de Enero o mediados de Febrero. ¿Cuál fue la derrota usada para dirigirse a Viet Nam?

-No quisiera ni acordarme de ese punto, nos ordenaron pasar por Sudáfrica, ya sabes lo extensa que es la navegación por esa vía desde donde nos encontrábamos. Tienes que recorrer todo el Atlántico de norte a sur, bordear el sur de África en demanda del Océano Índico sur, estrecho de Madagascar, Océano Índico en demanda de la India, Estrecho de Malaca, Singapur y Mar de China. Horrible, creo que consumimos más de dos meses, no recuerdo con exactitud.

-Bueno, suponiendo que con buen tiempo hayan partido de Belfast a principios de Febrero, algo que dudo un poco, consumiendo dos meses de navegación hasta Viet Nam, ustedes habrían arribado a este país para finales de Abril o principios de Mayo. Creo que es una fecha conservadora, pudo ser más tarde. No voy a consumirte mucho más tiempo y no deseo agotar a los lectores con esta entrevista, me quedan pendientes algunas notas que fueron publicadas por la prensa de esos tiempos. ¿Cómo se produce la salida de Viet Nam, tienes idea aproximada de la fecha? 

-¡Mi hermano, no seas abusador! Han pasado unos 47 o 48 años de esos eventos y no todos poseemos tu memoria. Hay un dato que te puede ayudar en esa búsqueda tuya de la verdad, nos ordenaron viajar en lastre hasta Tokio para desde allí escoltar al Ferry “Comandante Pinares” hasta Cuba y suministrarles combustible en el camino. En ese barco viajaba como Segundo Oficial nuestro compañero de estudios Nicolas Borrego y a la altura de Hawaii cuando les hicimos llegar una manguera por medio de un cable, Nicolás me mandó por el mismo cable varias ruedas de cigarrillos.

-Imagino que después ustedes llegarían primero que el “Pinares” a La Habana, lo digo por la velocidad. ¿Recuerdas el día que recalaron a La Habana? 

-¡No, mi hermano! Si recuerdo que arribamos antes de ellos y el malecón estaba repleto de gente para recibirnos.

-¡No te preocupes! Voy a buscar una fecha aproximada de tu llegada a La Habana. Yo me encontraba entre el gentío que los saludaba desde el malecón y disfruté el regreso de todos ustedes. ¡Ahora, amárrate los pantalones! Voy a leerte todas las mentiras, manipulaciones y disparates que encontré en Internet con relacion a la permanencia de ustedes en Viet Nam. ¿Listo?

-¡Dispara!

-Rocha, comenzaría por decirte que es mentira esa noticia de que ustedes estuvieron un año atrapados en Viet Nam cuando minaron los puertos.

-¡Oye, yo nunca te he dicho que estuvimos un año allí! Me reclamó algo sorprendido y avergonzado. 

-¡No lo dijiste, tú! Todo lo contrario, tus respuestas me obligaron a buscar el fondo de esta gran mentira mantenida durante unos 43 años. ¡Veamos las razones de esas conclusiones! Te enrolaste en el “Imías”, según consta en tu libreta de enrolos el día 6 de Diciembre de 1973. Partieron de Cuba ese mismo mes y regresaron a la isla en Diciembre de 1974. Si descontamos el tiempo transcurrido en las navegaciones hasta Liverpool, operaciones de descarga y luego carga en Belfast, navegación por Sudáfrica hasta Viet Nam para arribar unos meses más tarde a Viet Nam. Fecha de partida de ese país hacia Japón para escoltar al buque “Comandante Pinares” y el arribo a la isla, puede que ustedes hayan permanecido en Viet Nam unos cuatro o cinco meses solamente y no el año con el que engañaron a todo un pueblo incluyéndome a mí. 

-Tienes toda la razón del mundo, no sé de dónde salió esa noticia y las razones para semejante mentira.

-¡Mira, voy a ofrecerte la fecha de entrega del “Pinares” y su arribo a La Habana.

 

Ferry "Comandante Pinares"


Ferry.

Astillero: Niigata Shipbuilding & Repair Co. Ltd.

Lugar de construcción: Niigata, Japón.

Casco nº:1.306 Sociedad clasificadora: RCB

Matrícula:                    Señal distintiva: CLCX                      IMO: 7355258

Tripulantes: 41             Pasajeros: 1.400

GT: 2.161                    TRN: 423                     DWT: 1.038                  DV: 950

Eslora: 78,64                Manga: 12,40               Puntal:                         Calado: 3,00

Equipos de cubierta (Cantidad x toneladas):

Capacidad combustible: m³                              Consumo diario:

Dos motores diésel Niigata; 4T; 8 cilindros (); Niigata Engineering Co. Ltd., Niigata, Japón.

Calderas:

5.200 bHP.                   Hélices: 2                    Velocidad: 16,5 nudos.

 

1974. 03 de Junio. Puesta en gradas.

1974. 18 de Abril. Botado para el Gobierno de Cuba, La Habana. Bautizado COMANDANTE PINARES. (Cuba)

1974. 09 de Noviembre. Alistado.

1982. Rebautizado CONCUN TROPICANA. (Cuba)

1982. Rebautizado COMANDANTE PINARES. (Cuba)

1995. Transferido a la Empresa Nacional Caribe, La Habana COMANDANTE PINARES. (Cuba)

2013. Baja de los registros; Existencia dudosa.

 

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-FUENTE-

Granma

-VOL-

10; 294

-PAGINAS-

1

-AUTOR-

Fernando G. Davalos;

-TITULO-

Llego a La Habana el nuevo trasbordador de pasajeros Comandante Pinares

-TERMS-

Barcos

Transporte maritimo

Importaciones

-DESC-

Buque Comandante Pinares; Japon;

-FECHA-

1974 12 16

-END-

(Granma Archives Index for 1974) http://lanic.utexas.edu/project/granma/1974.html

 

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-Rocha, como puedes observar en las líneas pasadas, el ferry “Comandante Pinares” fue terminado el 09 de Noviembre de 1974 y tomarían unos días de espera por la llegada de ustedes para zarpar rumbo a Cuba. Como vemos, ustedes partieron de Tokio escoltándolos un día sin precisar del mes de Noviembre de 1974. Luego, la llegada del Pinares fue publicada por el Granma en la fecha 1974 12 16. Sin embargo, no conservan nada publicado del arribo de ustedes a La Habana, cuando se supone que la noticia era mucho más importante por tratarse de “Héroes”. Como puedes observar, existen omisiones en mi búsqueda como si se tratara de borrar evidencias de un crimen. No conformes con esas mentiras, observa como publicaron y en que fecha la salida de los buques “Jigüe” e “Imías” de Viet Nam.

 

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-FUENTE-

Granma

-VOL-

9; 36

-PAGINAS-

1

-AUTOR-

Miguel Rivero;

-TITULO-

Salen del minado puerto Haiphone los mercantes cubanos Imías y Jigüe; Mensaje del comandante Fidel Castro a los marinos del Imías y el Jigüe

-TERMS-

Barcos

Marinos

Guerras

Condecoraciones

Cartas

-DESC-

Guerra de Vietnam; Motonave Jigüe; Motonave Imías;

-FECHA-

1973 02 12

-END-

(Granma Archives Index for 1973)

http://lanic.utexas.edu/project/granma/1973.html

 

-Como puedes observar, este soberano disparate se encuentra publicado en los archivos del periódico Granma y para hacer más ridícula la mentira, agregan que el Comandante Seboruco les envió un mensaje a ambas tripulaciones.

Bueno, voy a publicar algunos de los mensajes encontrados y que ya te he leído. Dejémoslos pues a la evaluación y criterio de los lectores, ellos también tienen neuronas para pensar. Hay algunos que no tienen desperdicio y resultan hasta cómicos si no se tratara de un tema tan serio.

Recibe un fuerte abrazo

Esteban


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…Ya en 1972, cuando las tropas estadounidenses arreciaban los bombardeos en el Norte y rociaban con napalm aldeas indefensas, los buques cubanos Imías y El Jigüe se las ingeniaron para romper el cerco impuesto al puerto de Hai Phong, bajo la tormenta de balas y torpedos, con el fin de llevar ayuda a Vietnam…

(http://special.vietnamplus.vn/-vietnam-cuba-relato-de-una-amistad-imperecedera)

 

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…Destacó igualmente la ayuda material brindada por la isla caribeña a Vietnam en los momentos más difíciles de la agresión estadounidense y recordó la decisión adoptada en 1972 por los tripulantes de los barcos cubanos Imías y Jigüe, que habían llevado mercancías al país, de permanecer en el puerto de Hai Phong a pesar de las minas colocadas por las tropas norteamericanas.

 

Ese episodio demostró la disposición de los cubanos de dar hasta su propia sangre por Vietnam si fuera necesario, como había expresado algún tiempo antes el Comandante en Jefe Fidel Castro, afirmó por su parte Liurka Rodríguez Barrios, encargada de Negocios de la embajada de la Isla aquí… (Radio Cadena Agramonte)


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En 1972, Cuba envió un equipo médico para ayudar a nuestro país, mientras que dos barcos cubanos, El Jigüe e Imías, que portaron productos de asistencia, bombas y minas atracaron en el puerto de Hai Phong a pesar de los bombardeos de Estados Unidos. Más de mil ingenieros, técnicos y trabajadores cubanos con equipos, maquinarias y materiales necesarios se unieron a los trabajadores vietnamitas para construir cinco obras donadas por Fidel a Vietnam… (https://vovworld.vn/es-ES/vietnamiberoamerica/el-corazon-de-fidel-por-vietnam-parte-final-682181.vov)


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En 1972, cuando los norteamericanos minaron desde el aire la rada de Haiphong, allí quedaron bloqueados los mercantes cubanos Imías y El Jígüe, cuyas tripulaciones compartieron con sus anfitriones el peligro de los bombardeos junto con la alegría por las constantes victorias en la batalla contra los yanquis…( http://www.escambray.cu/2017/la-huella-de-fidel-en-la-liberacion-de-vietnam/)


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21 de noviembre de 1973, funcionarios vietnamitas entregan medalla a 89 tripulantes de los buques Imías y Jigüe.

 Cuba-Estados Unidos: Cronología de una historia. Publicado por el Instituto Cubano del Libro.


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Hermosas páginas de nuestra historia han escrito los marinos cubanos: los tripulantes del Jigüe y el Imías, bloqueados en el minado puerto vietnamita de Haiphong, durante la agresión yanqui. Prefirieron permanecer allí y volar en pedazos antes que abandonar al hermano pueblo…

Marina Mercante Cubana

Firme la proa contra vientos, mareas y agresiones

EMILIO DEL BARRIO MENENDEZ

 

DiarioGranma. http://www.granma.cu/granmad/2001/06/27/nacional/articulo04.html

 

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Motonave “Imías”


Tuve el sano propósito de rescatar una página muy importante en la historia de la Marina Mercante Cubana, la detención de los buques “Imías” y “Jigüe” en puertos vietnamitas por el minado de sus aguas y que, según la prensa de sus tiempos, permanecieron “un año” sin poder hacerse a la mar. Notas cargadas de un dramatismo ridículo que lograron arrancar más de una lagrima, además de esos sentimientos de solidaridad tan humana entre los hombres de mar. Contaba para este propósito con la asistencia de uno de aquellos “heroicos” protagonistas, Luis Rocha Hurtado, el Tercer Oficial del buque “Imías” a quien me ata una amistad que data de 1967. Pensé que lograría mi objetivo con una simple entrevista y me equivoqué, nos equivocamos los dos. Me vi obligado a consultar muchas páginas en Internet y cuál no sería la sorpresa de ambos. Descubrí que las noticias estaban sobrecargadas de manipulaciones, un rancio dramatismo revolucionario, omisiones y estas mentiras que han logrado sobrevivir 43 años.

La pequeña entrevista se transformó en un bombardeo de llamadas con sus correspondientes preguntas y dudas. Claro, nunca he dudado de las palabras de mi amigo. Dudé en todo momento de lo que leía publicado en páginas del gobierno cubano, dudo aún más de la veracidad que pueda encerrar la historia de esa Cuba escrita por ellos. El día que exista un cambio, el cubano presente se verá en la obligación de editar o revisar toda la historia escrita en estos 62 años. 

Todo resulta en una gran mentira, esos barcos no se encontraban en Viet Nam en los años 1972 y 1973, tampoco permanecieron un año atrapados en Viet Nam. En aquellos tiempos no existía Internet y debíamos conformarnos con las noticias que nos ofrecían los medios de comunicación cubana. Esta mentira ha viajado como una verdad intocable durante unos 48 años. Los tiempos han cambiado y esas noticias ocuparan a partir de hoy el lugar que les corresponde en nuestra historia, su estercolero.

Quiero culminar este trabajo con estas notas alucinantes y ridículas que una vez creímos fueran ciertas y las creímos.

 

…Ya en 1972, cuando las tropas estadounidenses arreciaban los bombardeos en el Norte y rociaban con napalm aldeas indefensas, los buques cubanos Imías y El Jigüe se las ingeniaron para romper el cerco impuesto al puerto de Hai Phong, bajo la tormenta de balas y torpedos, con el fin de llevar ayuda a Vietnam…

 

 

Esteban Casañas Lostal

Montreal..Canada

2021-03-23

 

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sábado, 13 de marzo de 2021

CUANDO TE MANDAN A MORIR, ¿QUIÉN ES EL RESPONSABLE?

CUANDO TE MANDAN A MORIR, ¿QUIÉN ES EL RESPONSABLE?

 

Motonave "Viñales"
 

En Cuba existen unas palabritas mágicas que abren muchas puertas, piernas también, masculinas o femeninas, poco importa. Estas palabras son muy conocidas en todos los niveles de dirección y su campo de aplicación es general, llegaron hasta nuestros barcos y se empleaban de acuerdo con la situación. “Es un problema de Estado”, rezaba una de esas cortas oraciones que pocos desafiaban. “Es una orientación del Partido”, decía otra de esas temidas frases. Todas conducían hacia un solo punto que nadie enfrentaba, el Seboruco que hoy reposa como molesto meteorito en el cementerio de Santa Efigenia en Santiago de Cuba. Su campo de aplicación era muy amplio y podía afectarte en cualquier sitio del universo.

En las flotas cubanas se escucharon con mucha frecuencia, una que otra, todo dependía de la situación para cambiar el nombre del remitente, que como he dicho, siempre era el mismo. Si el momento era de importancia política, se usaba el nombre del Partido. Si la urgencia era económica, entonces intervenía el Estado. Como quiera que fuera, ambos eran temidos y se trataba de cumplir la orden o satisfacer un descabellado capricho.

No siempre existió la posibilidad de aplicar una u otra en nuestro campo de acción, un viaje comercial normal, reduce ese territorio a los dominios internos de nuestra dirección. Cuando una orden venía desde el Partido, esta viajaba por diferentes canales o directamente hasta nosotros, todo dependía de su importancia como, por ejemplo, viajes de “misiones internacionalistas” y tonterías similares de carácter político. Eran órdenes de estricto cumplimiento e inviolables. Las del Estado se resumían en cargamentos que debían transportarse con carácter urgente, casi siempre mercancías de las que dependía una u otra industria a punto de colapsar tampoco podían evadirse. Ambas se comportaban como trampas que sometían a prueba la confiabilidad y disposición revolucionaria de capitanes y oficiales.

Sin embargo, se dieron casos donde nos mandaban a morir y la respuesta a cualquier interrogante, no escapaba de las paredes de nuestra empresa. ¡Pero, ojo! Las responsabilidades no eran absolutas y salpicaban a diferentes personalidades administrativas hasta llegar al mando del buque quien, en definitiva, tenía la última palabra. En estos casos, la máxima responsabilidad de una aventura marítima por emprenderse cae con todo su peso sobre el Capitán, Primer Oficial, Jefe de Máquinas, etc. Tal fue el caso ocurrido a la motonave “Guantánamo”, la cual naufragó llevándose al fondo del mar a toda su tripulación, conociéndose un solo sobreviviente. Voy a tratar de ilustrar ese acontecimiento con ejemplos de mi experiencia.

 

CUANDO ES UNA MISIÓN DEL PARTIDO.

Muchos de la época saben y lo vivieron en carne propia, negarse al cumplimiento de una “misión internacionalista”, se traducía en la separación del tripulante de la flota. A partir de esa expulsión “deshonrosa”, el individuo dejaba de ser considerado una persona en todo el territorio nacional. ¿Cuándo se trataba de una misión del Partido? Pongamos de ejemplo los viajes en “misiones internacionalistas” cuando la guerra de Angola, solamente en este tiempo, porque después esos viajes continuaron durante quince años sin los riesgos o exigencias de la guerra. El buque “Renato Guitart” fue tomado militarmente el mes de diciembre del año 1975 y la Seguridad del Estado se apareció con una lista de los tripulantes que debían ser relevados inmediatamente por no ser “confiables”. Se preparó la nave en el puerto de Cárdenas y partimos con 1200 soldados rumbo a Angola. Instantes antes de la partida nos abordó un Mayor de las FAR con un mensaje de Raúl Castro, decía más o menos así; “En caso de que el buque sea sorprendido por fuerzas navales enemigas, ustedes deben encerrar a los soldados en las bodegas y proceder al hundimiento de la nave”. ¿Se dan cuenta de lo que este individuo nos pedía? Estamos ante la presencia de un genocidio y el relato completo de ese viaje se encuentra comprendido en el trabajo titulado “La Misión de los Condenados” disponible en este blog. Muy bien, no fuimos interceptados por buque de guerra alguno y la virgen de la Caridad, muy cubana ella, nos protegió durante toda la travesía. ¡No hubo una vía de agua, incendio, explosión, nada! Solo veinte días sin bañarnos porque el buque carecía de destiladora y había sido diseñado para transportar solamente a su tripulación. Ese no fue el peor peligro al que fuimos sometidos, resulta que a los soldados no se les entregó chalecos salvavidas ni se embarcaron balsas inflables adicionales.  O sea, un simple accidente a bordo hubiera producido cualquier cantidad de muertos en medio del pánico vivido por esas personas ajenas a nuestro mundo. ¿Quiénes serían los primeros muertos? Indudablemente la tripulación por poseer esos chalecos en sus camarotes. Este ejemplo puede aplicarse a todos los buques de nuestra flota y la de pesca que participaron en aquella campaña, ninguno estaba preparado. Pudiera continuar exponiendo otros ejemplos, pero los considero innecesario, solo alargarían la presente exposición.

Unos casos de aplicación extraterritorial de esa orden los encontramos en Viet Nam del Norte cuando la guerra, los buques “Imías” y “Jigüe” recibieron la orden de no abandonar el puerto, aun cuando recibieron con anterioridad la información de que serían minados los puertos. Ambos buques con sus tripulaciones debieron permanecer atrapados durante un año en Haiphong para complacer los caprichos del meteorito de Santa Efigenia. Un caso similar ocurrió años mas tarde durante la guerra entre Irak e Irán, el buque “Bolívar” quedó atrapado en igualdad de condiciones por la misma orden, esta vez tuvo como consecuencias la pérdida total de la nave, buque de recién adquisición, muy moderno.

 

CUANDO ES UN ASUNTO DE ESTADO.

Este caso se usaba con mucha más frecuencia que el anterior para ejercer presión y evitar cualquier negativa por parte del mando del buque, podía aplicarse estando la nave en Cuba o en el extranjero. Se empleaba con fines muy parecidos a la anterior, pero con mayor significación económica. Servía de paso para justificar el despilfarro económico por cometerse en ciertas circunstancias, darles prioridad a cargamentos, presionar al mando del buque, chantajear a inspectores y supervisores de compañías aseguradoras o clasificadoras extranjeras con representaciones en la isla, etc., su campo de aplicación era muy amplio. En ambos casos la última palabra la tiene el mando del buque, pero ya sabemos como funcionan las cosas en la isla.

Varios años después de haber navegado en el buque “Renato Guitart”, me enrolan en el nuevamente como Primer Oficial. Ciertamente no sabia que se llamaba en esta oportunidad “Casablanca” y acepté gustoso porque recibiría el astronómico pago mensual de $150.00 dólares. Si comparamos esa cifra a los $2.00 dólares diarios que pagaban en la flota a partir de la salida del último puerto cubano, cualquiera llegaría a la conclusión de que se trataba de toda una tentación a la que no tenían acceso la mayoría de los marinos cubanos, era todo un privilegio, eso pensé. Ese pensamiento e ilusiones murieron inmediatamente después de entrar al muelle y comprobar que se trataba de la vieja cafetera donde yo había navegado. Debía relevar al viejo Vasallo, lo conocía desde hacia muchos años y estaba a punto de retirarse por la edad. Acordamos encontrarnos al día siguiente para proceder a la entrega formal del cargo que, para nuestro caso, nos brindaba 72 horas, tiempo suficiente para no dejar cabos sueltos. Bueno, Vasallo levantó el vuelo y no regresó mas al barco, aun lo estoy esperando. 

En la medida que pasaban los días fui descubriendo deficiencias graves que atentaban contra la seguridad del buque y me encontré con las manos atadas. Si realizaba un informe sobre aquella situación podían sancionar al viejo y perjudicarle su retiro. Preferí asumir todas las responsabilidades y tratar en lo posible de solucionar los problemas. El Capitán Francisco Demares insistió en varias oportunidades que hiciera ese informe y me negué. Solo voy a relatarles algunas de aquellas deficiencias detectadas para no extender la presente.

A).- Los botes salvavidas no arriaban cuando se liberaba el freno de sus pescantes. Hubo que aplicarles calor con una antorcha y darles mandarrias durante un día entero a cada uno para lograr que bajaran. Carecían de todo tipo de avituallamiento exigido por la OMI, por carecer, no tenían ni agua. Este es un trabajo que debe ser realizado por el Tercer Oficial y supervisado periódicamente por el Primer Oficial, ni lo uno, ni lo otro. En caso de abandono del buque, solo se disponía de los chalecos salvavidas porque después encontramos que las balsas inflables también estaban vencidas.

B).- Las sentinas (Pozos practicados en los planes de las bodegas con el propósito de colectar los líquidos que se producen por condensaciones, inundaciones o averías de las cargas) Estaban totalmente bloqueadas por la basura acumulada por años y el sistema de achique fuera de servicio. O sea, si se producía una leve inundación en cualquiera de sus bodegas, ponía en riesgo de naufragio al barco.

C).- Toda la arboladura del buque se encontraba guarnida con cables inapropiados, lo que significaba un verdadero peligro a la hora de manipular los cargamentos con el uso de los puntales.

D).- El sistema de lastrado y deslastrado de los tanques no funcionaba. Una vez solicité lastrar el Peak de Proa y se fueron llenando todos los tanques desde la proa hasta el cuarto de máquinas.

C).- El buque tenía todos los certificados de navegabilidad vencidos y sin ellos era, no solo imposible salir a navegar, no podíamos pasar por el Canal de Panamá con destino a Malasia. Estaba enrolado en un desastre donde como premio nos habían asignado el cargamento de 12 600 Tm de azúcar.

En teoría todo podía resolverse sobre la marcha, solo existía un obstáculo difícil de vencer en apariencia, los “certificados”. Es entonces cuando aparecen esas palabritas mágicas “Esto es un asunto de Estado” y pone a correr a unos cuantos. Los inspectores se niegan a extender los mismos o en sus casos unas extensiones que le permitan al barco poder zarpar y, es en este punto, donde aparecen los testaferros de la Seguridad del Estado para amenazar o chantajear a esos inspectores o supervisores. No olviden que ellos trabajan para el Lloyd's Register of Ships o el Bureau Veritas, ambas son compañías internacionales con sus representaciones en La Habana, pero con la desventaja de que sus trabajadores son “cubanos”. ¡Vamos, son gente con las mismas necesidades que yo o tú! Es de suponer que los abordan con el uso de toda esa retórica y verborrea ya conocida y en caso de resistencia, les dicen simplemente que serían relevados de sus puestos de trabajo por otros desesperados dispuestos a venderles su alma al diablo a cambio de algunos privilegios. El hombre a cargo, quien tiene familia como nosotros, no está dispuesto a privarlos de todos los privilegios que disfruta, buen salario, tal vez un auto con chapa HK, hospedaje y dietas cuando se desplaza a puertos del interior, etc. Muy sencillo, firma y extiende los certificados solicitados. Así de simple nos mandaban a morir, pero como he dicho, la última palabra la tiene el mando del buque al aceptar esas condiciones inhumanas a las que someterá a toda la tripulación con sus riesgos incluidos. ¡Ojo! Nada de esto lo publicarán esos falsos periodistas, supuestos historiadores o la revista “Mar y Pesca”.

Muy simple, una situación similar a la experimentada a bordo del buque “Casablanca”, pudo haber ocurrido en la motonave “Guantánamo”. Las opiniones que he leído sobre el estado técnico de esas naves construidas en Rumanía y premiadas con los años de explotación, no dejan sitio a la duda. Imagino las presiones ejercidas por el jefe de grupo de esa nave y sus operadores para que salieran, sumadas a la inexperiencia del mando de la nave y el pobre poder para tomar decisiones. En este fatal caso el mayor peso de la responsabilidad recae sobre el mando de la nave, aunque seamos manipulados sentimentalmente por las simpatías que abriguemos por nuestros colegas.

Ya vieron que me encontré en una situación similar al del “Guantánamo” a bordo del buque “Casablanca” y las razones por las que acepté continuar enrolado. Sin embargo, les presentaré otro testimonio que sirve para ilustrar mi opinión de que el mando del buque tiene la palabra final, rechazas salir en condiciones de peligro o la aceptas. Todos saben el precio que se debe pagar por una negación y que, además, se requiere de un poco de valor para exponerse ante toda una cadena de cómplices que atentarán en todo momento contra ti y la verdad.

Yo tenía planificado desertar en mi último viaje a bordo del buque refrigerado “Viñales” e inmediatamente después de recibida la lista de carga hice los cálculos de estabilidad. Esas naves por diseño son muy pobres en estabilidad y eso lo saben perfectamente todos los que navegaron en ellas como Primer Oficial. Detecté que, una vez finalizada la carga, el buque quedaría con un margen de estabilidad muy pobre y que consumidos dos o tres días de combustible, podía llegar al estado de indiferencia. O sea, tiraría para donde lo empujara la mar o el viento, no quiero entrar en detalles técnicos que no comprenderán muchas personas. Se trataba sencillamente de una locura salir en esas condiciones y lo comuniqué inmediatamente al operador del buque en Navegacion Mambisa. La única solución posible para aceptar todo el cargamento era suministrando el combustible solicitado por el buque. El operador me pidió que procediera a la carga y prometió que el combustible sería suministrado antes de finalizar la carga. Creí en su palabra y cargué al barco como se había acordado hasta el final. Solo que llegó el momento de la partida y el combustible no aparecía por ningún lado. Con mucha calma llamé a Navegacion Mambisa y solicité hablar con el operador del barco. Le dije que ya tenia mi ropa empacada dentro de las maletas y que no saldría a viaje en esas condiciones, le pedí que me buscara un relevo inmediatamente. El hombre me respondió que enviaría a un Capitán Inspector, quien en ese caso sería el Capitán Manso para comprobar lo que yo le había comunicado. Manso arribó al cabo de una hora al buque y juntos revisamos los cálculos en la pequeña computadora que se poseía para esos fines. Comprobado que yo no mentía, se procedió a sacarles un poco de combustible a los buques surtos en puerto para suministrárnoslo. Como pueden observar, yo no ponía en juego la compra de pacotilla, me estaba jugando la posibilidad de desertar. No estaba dispuesto a jugarme la vida y la de los tripulantes por una locura que se pudo evitar con mi actitud. Lo mismo pudieron haber hecho todos los mandos que experimentaron situaciones similares, pero desafortunadamente fueron vencidos por nuestros miedos, incompetencia o una estúpida complicidad arrastrados por esas palabritas mágicas que usaron durante décadas.

Ejemplos de aplicación de una u otra de esas frases mágicas sobran en la vida de nuestros marinos, todas dirigidas a proteger las locuras o disparates que se le ocurrían al meteorito de Santa Efigenia o la incompetencia de quienes han dirigido la economía y mala suerte que sufre ese pueblo. Muchas pudieron evitarse, pero nos faltó pantalones, no podemos engañar a las nuevas generaciones. ¡Ojo! Nada de esto lo publicarán los falsos periodistas o historiadores, mucho menos en la revista “Mar y Pesca”.

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2021-03-13

 

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lunes, 8 de marzo de 2021

…Y HABLANDO DEL TELEGRAFISTA…

…Y HABLANDO DEL TELEGRAFISTA…



 

Ya una vez lo mencioné en unas cortas líneas escritas a modo de homenaje, muy modesto, creo hoy. Este personaje tan importante que se va borrando injustamente de nuestras memorias y es posible que las nuevas generaciones solo sepan de ellos por su presencia en algún film. No descarto a nuevos navegantes, atrapados por la modernidad en esa fiebre que provoca cierto olvido o ignorancia. Hace muchos años que este querido amigo fue borrado de nuestro panorama náutico y nadie conoce el destino sufrido por aquellas “llaves” o “vibros” que usaron como herramientas de trabajo.

El telegrafista fue convertido en una especie de animal con hábitos nocturnos por exigencias de su labor y no muchos conocen las razones de aquel inusual comportamiento. Como a cualquiera de nosotros, debió gustar de la calma nocturna para dormir, sin embargo, durante la salida del sol la ionosfera se divide y dificultan las comunicaciones. No quiero entrar en detalles técnicos, solo mencionarles que, debido a esa causa, los telegrafistas se veían obligados a trabajar de noche cuando nos encontrábamos lejos de tierra o el buque poseía equipos de poca potencia. Los oficiales del puente nos acostumbramos a sus frecuentes visitas de madrugada cuando venían por un buchito de café, también para entregarnos algún parte meteorológico o avisos a los navegantes.

La lejanía a la sede del centro de comunicaciones con nuestras naves (CLA), que muy bien podía alcanzar la distancia de miles de millas, se encargaba de poner a prueba la voluntad y destreza de esos hombres por mantener ese contacto tan necesario con la empresa armadora y nuestras familias. Cuando no existía la posibilidad de un contacto directo con ese punto, ellos se transformaron en una sólida familia y hacían lo imposible por ayudar a sus compañeros de profesión. Podías recibir mensajes familiares desde los confines del Océano Pacifico, Mar de China, Océano Indico, etc. y nunca les preguntamos como lo lograban o les expresábamos nuestra gratitud. Largas cadenas se establecían entre ellos para ayudarse sin considerar la sobrecarga de trabajo que se producía, mucho más cuando se asumía la recepción o transmisión de varias naves en esas condiciones.

En lo personal, cada uno de esos hombres podía clasificarse de acuerdo con la media o vara que siempre ha existido, podían ser buenos, regulares y hasta malos. Creo, sin temor a equivocarme, fueran pocos los casos que descendieran en esa escala para que la gente los calificara de “malos”, existieron, pero se trataba de excepciones no muy abundantes. Se destacaron algunos chivatos que no merecen embarrar estas líneas con sus nombres, es mejor que desaparezcan sepultados por el olvido. Si existiera un mérito que los destaque ante los demás, me inclinaría por esa cualidad ausente entre muchos de nosotros a bordo de cualquier nave, me refiero a lo “reservado” que fueron. Un barco durante una larga travesía se diferencia muy poco de cualquier solar habanero, no hay secreto que pueda escapar al dominio público y el chisme ocupó un lugar en la vida de casi todos los hombres a bordo. Sin embargo, los telegrafistas, seres por donde transitaban tantos secretos de estado o familiares, nunca se vieron involucrados en esos comentarios de pasillos o salones.

Técnicamente hablando, a ellos se les exigía un nivel de competencia superior al de cualquier oficial a bordo. No existía espacio para dividirlos entre buenos, regulares y malos. Simplemente tenían que ser buenos para poder asumir esa responsabilidad, los hubo regulares, pero creo sean los menos. No cabe la menor duda de que el Capitán es la persona de mayor rango y responsabilidad en un barco, sin embargo, esos poderes nunca provocaron que ante su ausencia una nave se detuviera, siempre aparece un sustituto ante cualquier eventualidad. En el caso del Telegrafista existía una excepción poderosa que superaba a la presencia del Capitán en aquellos tiempos, si no se presentaba a bordo en el momento de su salida, simplemente se suspendía la partida del buque hasta que la plaza estuviera ocupada. Puede resumirse estas líneas diciendo que era el único hombre a bordo “imprescindible” para garantizar el éxito de una aventura en el mar. De su importante labor dependían muchas cosas durante la operación de una nave y la principal de ellas tenía muchos vínculos con su seguridad. Estamos hablando de épocas donde no existían las comunicaciones por satélite, radios facsímil, etc. La recepción de los partes meteorológicos en las zonas de navegación y avisos a los navegantes, fueron herramientas que facilitaban el trabajo de los Pilotos y garantizaban su seguridad.

Con la recepción de los mensajes privados, muy numerosos en oportunidades, los telegrafistas colaboraban mucho para mantener un estado de ánimo soportable en toda la tripulación ante los sacrificios a que fueran sometidos. Solo dos personas podían convertir a una tripulación buena en conflictiva de la noche a la mañana, el cocinero y el telegrafista. Comer mal y además de eso, estar sin comunicación con sus seres queridos, era una especie de castigo que transformaba el carácter de cualquier marino. Las labores desempeñadas por los telegrafistas en esta parte tan importante de nuestras vidas, fue verdaderamente plausible y digna de admiración. La modernidad no puede lanzar al tanque de la basura la memoria histórica que les pertenece a esos hombres.

… ¡Y hablando de telegrafistas!... Han transcurrido 53 años desde mi primera navegación, es casi imposible recordar el nombre de cada uno de los que me ayudaron a superar esa etapa cargada de miedos, una verdadera pena porque merecen un espacio en mis historias. Esos primeros viajes realizados a bordo del buque “Habana”, tuve el placer de navegar con un viejo telegrafista blanco en canas y de muy buen carácter. Recuerdo que un día se apareció en el puente mientras me encontraba haciendo guardia de timón y me dijo; -¡Oye, comemierda! “Deceo se escribe con “S”, el próximo telegrama que no lo escribas correctamente, pues simplemente no te lo voy a pasar. Me lo dijo con tanta gracia que no pude sentirme ofendido. Este viejo fue relevado por otro tan viejo como él y de apellido Rigo, tampoco era mala persona, pertenecían a la vieja guardia a punto de extinguirse. A finales de mi estancia en ese buque y encontrándonos reparando en el dique de La Habana, Rigo fue relevado por Carlos Collazo y por suerte abandoné la nave. Ya he escrito sobre este personaje, creo haya sido la nota mas negativa escrita en la historia de los telegrafistas. Murió a manos del Segundo Maquinista Freixas en Angola.

Después vinieron muchos mas a lo largo de esa agotadora vida mía por una parte importante de su flota, el próximo telegrafista fue el negro Garbey a bordo del buque “Jiguaní” y aquí debo hacer una pausa racial. Por aquellos años no era muy común encontrar a hombres de la raza negra entre la oficialidad de cubierta, fueron escasos. Entre el personal subordinado del departamento de Máquinas, sin embargo, esa raza era dominante. Un alto porcentaje de los engrasadores eran negros y no encuentro una explicación a ese fenómeno. Pero volvamos a los telegrafistas negros, Garbey fue el primero de ellos con el que me tocó navegar y de él guardo muy gratos recuerdos. Mantuvimos muy buenas relaciones y compartimos varias veces en familia, tanto él como su esposa eran excelentes seres humanos. Muy educado en su hablar y relación con toda la tripulación. Además de ser considerado muy buen telegrafista, este hombre se apartaba de la media común de su raza que reinaba en nuestros barrios habaneros. Bueno, otros como él y que al parecer fueran fabricados con el mismo molde, les dieron siempre un toque distintivo a los de su raza a bordo de nuestras naves. Mencionemos a Planchet, Fausto, Malleza, El Lobo, Platt y otro que no recuerde ahora.

Fue una época dorada donde los hombres brillaban con luz propia, Garbey fue relevado por Carlos Marín, el querido quijá. Luego vendrían Camino y Platt a bordo del mismo buque, pero esa marcha continuaría por varios años más. Me vienen a la mente recuerdos que nunca quisiera abandonar y rostros de estos hombres que una vez nos hicieran aquella dura vida más fácil de digerir. El Paye en el “N'Gola”, El jabao Villegas, Enriquito en el “Viet Nam”, Luisito en el buque “Las Villas” mientras navegaba en Angola. Ruiz del Viso, Antunes y Tamayito como agregados en el “Habana”. Arnaldo González en el “Aracelio Iglesias y “Bahía de Cienfuegos”. El jabao Mauricio a bordo del “Bahía de Cienfuegos”, a quien dejamos infartado en Bangladesh y llegó a Cuba un mes después de nosotros arribar porque no había dinero para pagarle el viaje en avión. Pudimos continuar aquel viaje alrededor del mundo porque con nosotros iba un excelente agregado, anda por estos sitios de Internet y lamento haber olvidado su nombre. Ha sido muy saludable olvidar el nombre del telegrafista del “Viñales” cuando deserté, era trompeta. Este negro y otro de apellido Polo que navegó conmigo en el “Otto Parellada”, fueron las únicas mierdas entre todos aquellos buenos de su raza, hombres destacados en su profesión.

Los años no perdonan y no solo atacan a nuestro cuerpo, creo que la memoria es su principal víctima. Apuro notas antes de que se marchen o lo haga yo, ellos no merecen morir olvidados y sus “llaves” o “vibros” deben permanecer lanzando puntos y rayas desde nuestros corazones.

 

Sirvan de homenaje estas notas para todos esos telegrafistas que me leen, poco importa si navegamos juntos o no. ¡Muchas gracias por esa labor tan humana que una vez realizaron!

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2021-03-08

 

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viernes, 26 de febrero de 2021

LOS AMANECERES AQUÍ SON APACIBLES.


LOS AMANECERES AQUÍ SON APACIBLES.


Motonave "Habana"

Anoche regresé cincuenta y tres años sobre mis pasos, lo hice desde la dulzura de mi colchón, la pieza que más amo de mi apartamento. Viajé acompañado de ese silencio agotador que me persigue en este mudo edificio, soledades que nos van matando poco a poco, como queriendo enterrar nuestras memorias y lo que un día fuimos, fusilando tantos secretos que arrastran a su paso sus abatidos inquilinos, resignados y buenos.

Nunca había olvidado el título de aquella película soviética inspirada en una novela de Boris Vasiliev, no me importó tanto la historia como una sola de sus escenas. Me senté nuevamente en el comedor de oficiales de la motonave “Habana”, donde una vez corridas las cortinas de las portillas y apagadas sus luces, quedamos a merced de un proyector ruso que hacía tanto ruido como un tractor. Murillo, el eléctrico a bordo, era quien lo operaba en ese viaje. Solo en ese tiempo nos compartía algo que no era parte de su cosecha, los días restantes y cuando el tiempo lo permitía, el viejo se encargaba de entretenernos con algunos de sus cuentos, casi siempre fantásticos, que aseguraba fueran extractos de su vida real. No lo contradecíamos para continuar disfrutando de sus piadosas mentiras, la felicidad que nos imponía rebotaba en nuestros rostros y llegaba al suyo como una invitación a continuar. Ese viaje llevaba como segundo electricista a un espigado flaco al que todos llamaban El Sordo con mucha razón, defecto que se perdonaba en aquellos tiempos de espantos donde no era importante escuchar y la depresión no era una enfermedad de hombres, puras mariconerías, decían los fervientes revolucionarios de entonces. El viaje siguiente el caso de El Sordo fue más grave, se quedó sin habla también y la gente se lo perdonaba. Recorría las maquinillas, molinete y cabrestante acompañando a Murillo sin abrir la boca, muy triste y taciturno, ido de este mundo. No era para menos, cualquiera de nosotros hubiera reaccionado de esa manera, su mujer lo había abandonado teniendo un hijo. Siempre le temimos a los tarros, éramos capaces de enfrentarnos a terribles galernas, como la sufrida el viaje anterior, pero la presencia de un tarro hacía temblar todos los cimientos de nuestras existencias, sentíamos pánico de solo respirar su presencia. Su caso fue aún más grave, la jeva lo abandonó por otra jeva y los sentimientos de solidaridad humana hacia él fueron más profundos, solo que nunca le dijimos nada. Debe ser del carajo el trauma que se sufre, no tuvimos valor para preguntarle. Allí se encontraba tranquilo y con la mirada fija a una pequeña pantalla que se bamboleaba al ritmo de las olas. Algunas veces, las imágenes de la película escapaban del estrecho margen de aquella tela y se opacaban en el mueble barnizado que existía tras ella, nadie gritaba como en los cines de barrio.

Las bromas improvisadas iban cediendo ante el avance de la película o la invasión del humo que despedían varios tabacos encerrados en tan pequeño espacio. Nadie decía que fumar daba cáncer en esas fechas, y si lo dijeron, había males que lo superaban haciéndonos perder el miedo. No éramos muchos los asistentes esa tarde, realmente la tripulación era algo reducida, numerosa para tiempos presentes. La tripulación estaba compuesta por veinticinco hombres y si descontabas los cuatro de guardia, los que se encontraban descansando y los indiferentes a esta manifestación del arte, podía afirmarse que solo compartíamos aquel humo y el ruidoso proyector, la mitad de la tripulación. Podía suceder que el resto prefiriera disfrutarla con más tranquilidad cuando se proyectaba para las brigadas de guardia, tampoco existían muchas ofertas y la misma película podía repetirse tres o cuatro veces en el mismo viaje, todo dependía del interés de la tripulación.

Solo dos o tres películas se llevaban por viaje, una se podía ver de subida, una estando en algún puerto cuando nos quedábamos sin plata y la otra de bajada. Las distribuían en el Departamento de Atención a Tripulantes cuando aún atendían un poco a los marinos. Años más tarde eran parásitos que no servían para nada y sus funciones se reducían a visitar los barcos a la hora del almuerzo o para celebrar alguna “actividad” donde se ofreciera bebida. Solo una mujer realizaba con amor ese trabajo en toda la isla y la gente sabe que no miento, me refiero a la negra Carmen Rosa en Santiago de Cuba, los marinos la querían como si se tratara de una madre adoptiva. No recuerdo exactamente quien era el encargado de buscar las películas en la empresa o si ellos las traían a bordo, me inclino por esto último, luego estarían bajo la custodia de algunos de los secretarios encargados de arreglar al mundo.

Regreso cincuenta y tres años sobre mi estela y lo hago accidentalmente, reviso las ofertas de NETFLIX y poco me atrae. Paso al menú de AMAZON y me sucede lo mismo hasta que me detengo en el título de aquella película conservada casi virgen en mi memoria, le doy play. La pantalla de mi televisor supera en tamaño a la del improvisado cine de aquel barco, no se balancea, no domina la niebla producida por los tabacos en las bocas de Bolaños, El Bicho o los Populares encendidos por otros tripulantes, tampoco se escucha el molesto ruido de aquel proyector ruso. Encuentro que no se trata de una película, tampoco es en blanco y negro como la original, no la abandono. En la medida que va avanzando logro identificarla, el drama es el mismo, solo que por tratarse de un serial es más lento, me quedo esperando por la escena que nos hizo saltar del asiento en medio de la leve marejada, llegó.

-¡Murillo, para eso, coño! Gritó El Sapo desde el fondo del comedor. El viejo saltó asustado y apagó el proyector.

-¿Qué pasó, que pasó? Dijo nervioso Murillo, quien al parecer se había quedado dormido y pensó que se trataba de una emergencia.

-¡No paso nada! Pero coño, esas escenas pásalas en cámara lenta para cargar las baterías. La risa invadió todo el salón, El Sapo era un tipo ocurrente y muy simpático. Realmente eran dos Sapos, Bernardo, el que habló, vivía en el poblado de Regla. Alto, rubio y narizón, flaco como una vara de pescar y de estructura corporal estrecha, tanto, que ambos brazos amenazaban salir debajo del cuello. El otro Sapo era Menéndez, nada que ver con el anterior. Vivía en Cayo Hueso y tenía una hija con una mulata llamada Belkis, creo que ese era su nombre, muy chéveres ambos. Trigueño, bajito y tan descojonado por la vida como Bernardo. Menéndez se parecía mucho a Pototo, ocurrente, inoportuno y cómico como el artista. Ambos habían llegado de las filas del MININT, creo que navegaron en uno de los yates de Castro. Nada que ver como agentes represores, solo un par de jodedores muy queridos entre los tripulantes, Bernardo era militante del partido, Menéndez no militaba en nada.

-¡No jodan, coño! Menudo susto me has dado con tu jodedera. Terminando de hablar puso el tractor en marcha y no se hizo esperar la protesta general.

-¡Murillo, no jodas y dale pa'tras! Intervino Chirino el camarero de tripulantes con la nariz más grande de Cuba. Alto, flaco, enjuto y destimbalado en todo el sentido de la mala palabra. Chirino era un tipo muy noble y querido por todos, solo que la cagó en el viaje siguiente cuando junto a Papucho chivatearon a Víctor por estar comiéndose a una pasajera y lo expulsaron de la marina. Como era tan medio tonto, imagino haya sido presionado por Papucho, Chirino también vivió en el poblado de Regla. Murillo detuvo al tractor soviético y manualmente fue retrocediendo en rollo.

Motonave "Habana"

-¡Ahí, no! ¡Ahí, no, mas pa'tras! Gritó Juan Cardona, el mulato camarero de los oficiales, buena gente este muchachón que vivía en Santiago de Cuba. Un buen viaje se enamoró de una enfermera en Nicaro y se empapayó. Se casó con La China, una de las mulatas más lindas de aquel pueblo y dejó de navegar. Cada vez que el barco tocaba a Santiago yo me llegaba por su casa, Juan estaba trabajando en la termoeléctrica y continuaba con su hermosa mujer. La última vez que lo vi fue por pura coincidencia en la terminal de trenes de Santiago, la situación del país había empeorado y le había tocado de cerca. Me mostró los pies para decirme que no tenía calcetines y delante del público me quité los que calzaba para dárselos. Los guardó sin penas en uno de sus bolsillos y nos despedimos, quizás para siempre. Murilo, bajo protestas, detuvo nuevamente su tractor y retrocedió un tramo más largo la película. Puso a funcionar nuevamente al tractor soviético y reinó por unos segundos el silencio, solo unos segundos.

-¡No jodas, Murillo, pasa esa escena en cámara lenta! El viejo, algo molesto detuvo la marcha de aquella vieja máquina.

-¡Atiendan acá! Esta máquina de mierda es rusa y no tiene cámara lenta. ¡Así que no jodan más! Giró el botón para hacerla funcionar nuevamente y en fracciones de segundos se perdió la escena que había atrapado la atención de la tripulación.

-¡Coño, Murillo, tampoco así! Asere, dale pa'tras nuevamente a esa escena y si no la puedes pasar en cámara lenta, coño, colabora un poco, detenla para cargar baterías. Esta vez fue El Moro, un engrasador bien negro y buena gente, muy serio él. Tampoco entiendo el origen de aquel apodo, no tenía un solo pelo de moro, era simplemente negro en todo el rigor de esa palabra y como no entraba en jodederas, Murillo no protestó. Nuevamente le dio para atrás al rollo manualmente, lo bueno de todas aquellas inesperadas interrupciones fue que nadie protestaba, todos aprobaron con su silencio aquella anormalidad tan solicitada. Murillo accionó nuevamente el botón y la película comenzó a reproducirse escenas antes de la que atrapaba el interés de todos nosotros.

-¡Para, Murillo, para! Le gritó Eduardo Lobaina y Murillo detuvo la máquina algo molesto.

-¿Y ahora qué? Van a tener que buscarse a otro operador, me tienen hasta los cojones. Protestó enojado esta vez el viejo.

 -¡Coño, Murillo! Si no tiene cámara lenta esa máquina de mierda, al menos detén la película donde las jevitas se encuentran dándose el baño en la sauna. Insistió Lobaina, un mulato bonachón y envuelto en grasa con origen en Nicaro. Vivía desde hacía unos años en Marianao y era buena gente, un cabronzuelo que sabía flotar como un corcho cuando la vida lo exigía. Murillo volvió a retroceder manualmente el rollo, lo hizo en silencio y sin avisar accionó nuevamente al tractor, una leve marejada balanceó al barco y con ese bamboleo se meneó la pantalla.

-¡Ahí, para ahí, coño! Grito Pachiro, bueno, la tripulación no lo conocía con ese apodo familiar. Se trataba de Miguel Ramos Bringuez, el pañolero del barco. Ya lo he mencionado en algún escrito mío, Pachiro llegó a La Habana desfilando con una caravana de supuestos mambises en caballería y una vez que pasó frente a la tribuna de la Plaza Cívica, se bajó del caballo y le dio dos planazos con el machete. Sin otro medio de transporte, aquel guajirito de “remanganagua” se quedó en La Habana, donde después de pasar mil y una noche de sufrimientos, logró al cabo de los años traer a toda su familia del campo. Murillo reaccionó al pedido de Pachiro y detuvo la monstruosa máquina.

-¡Así no, Murillo! ¡Debes encender el bombillo! Le gritó Eudis, otro guajirito que viajaba como ayudante de cocinas mientras el Vicent era el Mayordomo del buque. Murillo encendió el foco del tractor en la escena solicitada por los presentes.

Motonave "Habana" hundida en Mozamedes, Angola.

-¡Ahí, no! ¡Ahí, no, mas pa'tras! Gritó Juan Cardona, el mulato camarero de los oficiales, buena gente este muchachón que vivía en Santiago de Cuba. Un buen viaje se enamoró de una enfermera en Nicaro y se empapayó. Se casó con La China, una de las mulatas más lindas de aquel pueblo y dejó de navegar. Cada vez que el barco tocaba a Santiago yo me llegaba por su casa, Juan estaba trabajando en la termoeléctrica y continuaba con su hermosa mujer. La última vez que lo vi fue por pura coincidencia en la terminal de trenes de Santiago, la situación del país había empeorado y le había tocado de cerca. Me mostró los pies para decirme que no tenía calcetines y delante del público me quité los que calzaba para dárselos. Los guardó sin penas en uno de sus bolsillos y nos despedimos, quizás para siempre. Murilo, bajo protestas, detuvo nuevamente su tractor y retrocedió un tramo más largo la película. Puso a funcionar nuevamente al tractor soviético y reinó por unos segundos el silencio, solo unos segundos.

-¡No jodas, Murillo, pasa esa escena en cámara lenta! El viejo, algo molesto detuvo la marcha de aquella vieja máquina.

-¡Atiendan acá! Esta máquina de mierda es rusa y no tiene cámara lenta. ¡Así que no jodan más! Giró el botón para hacerla funcionar nuevamente y en fracciones de segundos se perdió la escena que había atrapado la atención de la tripulación.

-¡Coño, Murillo, tampoco así! Asere, dale pa'tras nuevamente a esa escena y si no la puedes pasar en cámara lenta, coño, colabora un poco, detenla para cargar baterías. Esta vez fue El Moro, un engrasador bien negro y buena gente, muy serio él. Tampoco entiendo el origen de aquel apodo, no tenía un solo pelo de moro, era simplemente negro en todo el rigor de esa palabra y como no entraba en jodederas, Murillo no protestó. Nuevamente le dio para atrás al rollo manualmente, lo bueno de todas aquellas inesperadas interrupciones fue que nadie protestaba, todos aprobaron con su silencio aquella anormalidad tan solicitada. Murillo accionó nuevamente el botón y la película comenzó a reproducirse escenas antes de la que atrapaba el interés de todos nosotros.

-¡Para, Murillo, para! Le gritó Eduardo Lobaina y Murillo detuvo la máquina algo molesto.

-¿Y ahora qué? Van a tener que buscarse a otro operador, me tienen hasta los cojones. Protestó enojado esta vez el viejo.

 -¡Coño, Murillo! Si no tiene cámara lenta esa máquina de mierda, al menos detén la película donde las jevitas se encuentran dándose el baño en la sauna. Insistió Lobaina, un mulato bonachón y envuelto en grasa con origen en Nicaro. Vivía desde hacía unos años en Marianao y era buena gente, un cabronzuelo que sabía flotar como un corcho cuando la vida lo exigía. Murillo volvió a retroceder manualmente el rollo, lo hizo en silencio y sin avisar accionó nuevamente al tractor, una leve marejada balanceó al barco y con ese bamboleo se meneó la pantalla.

-¡Ahí, para ahí, coño! Grito Pachiro, bueno, la tripulación no lo conocía con ese apodo familiar. Se trataba de Miguel Ramos Bringuez, el pañolero del barco. Ya lo he mencionado en algún escrito mío, Pachiro llegó a La Habana desfilando con una caravana de supuestos mambises en caballería y una vez que pasó frente a la tribuna de la Plaza Cívica, se bajó del caballo y le dio dos planazos con el machete. Sin otro medio de transporte, aquel guajirito de “remanganagua” se quedó en La Habana, donde después de pasar mil y una noche de sufrimientos, logró al cabo de los años traer a toda su familia del campo. Murillo reaccionó al pedido de Pachiro y detuvo la monstruosa máquina.

-¡Así no, Murillo! ¡Debes encender el bombillo! Le gritó Eudis, otro guajirito que viajaba como ayudante de cocinas mientras el Vicent era el Mayordomo del buque. Murillo encendió el foco del tractor en la escena solicitada por los presentes.

Llegué a esa escena en la pantalla de mi televisor y no me provocó la misma excitación de cuando me encontraba en aquel salón. La película del barco era en blanco y negro, ahora me encontraba ante un serial a todo color y de alta definición. Atrás quedaron las imágenes de aquellas hermosas rusas con un tupido y oscuro Monte de Venus, las que supe guardar en mis baterías para usarlas cuando se presentara la oportunidad. Ahora las observaba escasas de vellos, como adaptadas a los tiempos modernos, apartadas del gusto y modas de la época en que fuera escrita la novela, nada que pudiera provocar ese desafío de la mente a la hora de hacerse un exorcismo manual para alejar todos esos demonios vestidos de espermatozoides y que tanto atrofiaban la mente del marino de aquellos tiempos. Las actuales actrices son hermosas, no lo dudo. Las condiciones de vida a bordo de cualquier nave son diferentes también, los camarotes son individuales y los deseos menos reprimidos. Aquellos viajes entre el deseo y la imaginación, reprimidos por las leyes de sus tiempos, son menos rigurosos. Ya no existe aquella flota de nuestros sueños rotos, tampoco dejamos en nuestra estela, solo a pocas millas antes de arribar al Morro de La Habana, aquellas largas millas de revistas pornográficas que arrojábamos al mar por nuestras portillas antes de arribar a puerto.

He regresado cincuenta y tres años sobre mis pasos por el título de una película. “Los amaneceres aquí son apacibles”, lo son en este edificio donde hoy vivo. La pantalla de mi televisor es más grande que la usada en aquel salón de la motonave “Habana”, las imágenes son a color y el sonido estéreo rompe el silencio angustioso del final de nuestras vidas. Murillo encendió el foco del proyector en la imagen detenida que le habían solicitado y unos segundos después, solo unos segundos, vimos como aquellas rusas de cuerpos fenomenales y Montes de Venus tupidos, se iban quemando ante nuestros ojos y se desfiguraban en la pequeña pantalla adquiriendo formas de volcanes en erupción. Se jodieron las próximas tripulaciones, pensamos. Viajo en el tiempo y me reencuentro con fantasmas que una vez existieron y me saludan tristes.

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2021-02-26


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lunes, 18 de enero de 2021

UN DÍA COMO HOY


UN DÍA COMO HOY

 




Un día como hoy del año 1978 zarpábamos del puerto de Luanda con destino al de Lobito, atrás dejábamos un hervidero compuesto por gente que se movía como hormigas alocadas y sin un destino definido. Elegidos que guardaban las mismas distancias de su país de origen, patrioteros de a pie devenidos en “internacionalistas”. (rancia palabrita muy en boga desde hacía unos poquitos años) y, aquellos bien patriotas dirigenticos de base, quienes se habían asignado algún auto abandonado por los portugueses que se largaron de Angola cuando la guerra. Gente que en la isla eran Don Nadie y asumían las mismas posiciones sociales de quienes disfrutaron la asignación de un Lada con chapa azul o amarilla. Individuos con una atroz tortícolis que no les permitía doblar el cuello cuando te veían caminar bajo un terrible sol con temperaturas infernales. Elegidos digo porque en aquellos prematuros tiempos, los que iban a cumplir esa sagrada y ordenada “misión internacionalista” eran elegidos, como yo. Gente que aceptaron el reto para no perder la chapa, la llave y el revolver o, solo por experimentar, aquella aventura vedada a millones de cubanos, saltar por encima del malecón de La Habana.


El ambiente en la capital angolana era vomitivo, no los soportaba, escuchar aquella verborrea ya gastada y cansona tan lejos de la isla provocaba todo tipo de rechazos. Lobito es una pequeña ciudad portuaria situada al sur y la presencia cubana sería más limitada. Un alivio para nosotros, asediados por esos individuos tal y como hacían en La Habana, como si el barco fuera un almacén donde poder solucionar sus problemas.


Con nosotros viajaba el Práctico de apellido Márquez, lo conocía de vista por las innumerables maniobras compartidas a bordo de diferentes buques en La Habana. Se trasladaba hacia ese puerto donde realizaría las mismas funciones, solo que aquí su trabajo sería mucho más relajado. No existía el movimiento de buques como en la capital cubana y geográficamente Lobito era un puerto mucho más sencillo, una simple bolsa larga sin ensenadas y pocos atraques. 


Yo regresaba a Lobitos nuevamente, lo había visitado en Enero de 1976 a bordo del buque “Renato Guitart” en plena guerra, allí desembarcamos 1200 soldados que fueron destinados inmediatamente a Cunene. Recuerdo haber recorrido algunas de sus calles una noche junto a mi amigo Jorge Marcos Joan, alias Cebolla. Fue una verdadera locura, esa misma noche le dispararon a un joven soldado en esa ciudad y los médicos que viajaron con nosotros pudieron salvarlo.


Lobito descubrió sus encantos esta vez y pude recorrerla junto a mi amigo Lazarito. Cuando no estábamos de guardia nos íbamos a sus magníficas playas en el bote salvavidas del barco. El ambiente era aún tolerable a bordo gracias al magnífico Capitán Raimundo René Calero Torriente, no era perfecta, pero se podía soportar la separación de la familia por las excelentes condiciones de vida que nos garantizaba. Siempre hay una papa podrida en cualquier saco y esta vez lo era el telegrafista Collazo, todavía conservaba la vida, al viaje siguiente el maquinista Freixas le cortó la respiración de dos balazos.


En Lobito finalizaría nuestro viaje 1-Sur, toda una aventura que se extendió más allá de los seis meses desde que embarcamos y partimos con destino a Argelia-España-Bélgica-Holanda-Polonia-Holanda-Angola. Tiempo suficiente para conocer y compartir con una excelente tripulación, una de las mejores con las que me tocó vencer singladuras en mi larga vida de marino. Tiempo apropiado para enamorarme de aquella nave como me sucedió en oportunidades anteriores, una negra adorable. Nos propusimos embellecerla, cuidarla, mimarla como se merecía. Ella lo sabía y coqueteaba con nosotros.


Pasados unos cinco días de encontrarse a bordo y sin albergue definido en aquel puerto, Márquez se acerca para entregarme un sobre y se disculpa de paso. No lo comprendí muy bien hasta extraer el papel contenido.

 

…Eres papá de una hermosa niña.

 

      Felicidades y besos de todos.

 

                  Elena…

 

Miré la fecha y correspondía al día 18 de Enero de 1978, un día como hoy.


-¡Coño! ¿Tú eres comemierda? Le pregunté a Márquez y se puso muy pálido, nervioso. Razones me sobraban para decirle aquello, ya estábamos a 24 de Enero.


-Mi hermano, discúlpame, lo había olvidado en el bolsillo de la camisa que me quité cuando embarqué. Me lo entregaron en Luanda el mismo día que salimos.


Abrí una botella de whisky y lo festejé con varios de los presentes, luego preferí continuar solo hasta emborracharme. Acudieron sueños etílicos donde la imaginé de mil maneras, pasaron varios meses viajando con la imaginación hasta tener su primera fotografía. Fue posible conocerla cuando había cumplido ocho meses de nacida y luego me volví a separar de ella por otros meses más. Estuve ausente en la celebración de su primer cumpleaños y muchos más, así fueron nuestras vidas. Ausentes al parto, cumpleaños o fallecimiento de un ser querido, casi nunca estuvimos presentes cuando nos necesitaban. ¿Y hoy?


Debemos conformarnos con una llamada telefónica o el simple mensajito de texto, no estoy, ella no está, no estamos. Hace unos días que me llamó para contarme sus planes, me recogería para ir a comprar unos camarones y pescados ya cocinados. No pudo ser, no corren tiempos apropiados para celebraciones por culpa de esta puta pandemia y sus derivados. Solo nos han dejado la opción de recordar que ella nació un día como hoy y es afortunada. Muchos seres van a recordar este día como el que despidieron a sus seres queridos gracias a la maldad de unos hombres y la complicidad de otros en sus empeños por destruir a la humanidad.


¡Pues nada! Hoy me levanté, como cada día, buscando noticias que sean publicables y les aclaro, solo acudo a medios de prensa medianamente cercanos a la categoría centro-derecha. ¿Qué les cuento? Ni esos se pueden leer hoy en día, no existe una noticia en estado puro ajena a todo tipo de manipulación, casi todos estos medios se han rendido ante el dinero. Apenas publico nada actual y me siento a escribir sobre el cumpleaños de mi hija como si se tratara de algo muy pasado, una especie de efeméride histórica, como si ya no existiéramos o estemos pronto a nuestra extinción.


Un día como hoy nació mi hija y le deseo muchas felicidades en medio de ese fuego cruzado de odios, fraudes, enfermedades, limitaciones, censuras y privaciones de todas nuestras libertades. Alegrías de millones de estúpidos degenerados y desagrado de quienes un día deseamos vivir la libertad plena que nos pertenece como seres humanos.

 


Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2021-01-18

 

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viernes, 15 de enero de 2021

COMUNICADO


COMUNICADO




 

A todos los miembros del grupo “Graduados de las Academias Navales de Cuba, marinos todos y amigos del mar”.

 

Hola amigos.-

Para nadie es un secreto y todos somos testigos de los cambios drásticos experimentados en las redes sociales desde el año pasado, exactamente a inicios del período electoral en los Estados Unidos. No es un secreto para nadie, la participación de estas redes en el control férreo de la información compartida por los usuarios de estos medios. Tampoco es secreto su definición política y rechazo hacia quienes no la compartan. Ese rechazo se ha manifestado en medidas que limitan y violan el legítimo derecho a la libertad de expresión de cada uno de los usuarios. Esta situación anormal y propia de los regímenes totalitarios, se ha manifestado en medidas de censuras nunca antes experimentadas. Acompañadas de desproporcionadas medidas punitivas en contra de quienes no compartan la ideología, partidismo o criterios de los propietarios de estas redes. Resulta inaudito y vergonzoso que hechos como estos se produzcan en países llamados “democráticos”. Mucho peor que dos o tres individuos con poderes económicos y propietarios de estos medios, se reserven el derecho a violar la Constitución de los Estados Unidos, y de paso, ese mismo derecho que disfrutamos personas que no vivimos dentro de sus fronteras.

 

Para los que una vez vivimos bajo la opresión de esos regímenes totalitarios y decidimos un día abandonarlo todo para brindarles la libertad negada a nuestros hijos, resulta intolerable e inaceptable que se nos violen esos derechos. Es un sacrificio aceptar como carneros lo que una vez nos negaron los lobos que dominaron nuestras manadas y yo no estoy

dispuesto a regresar al pasado indeseable que me tocó vivir en la pradera donde nací.

 

Los que me conocen bien, saben perfectamente que llevo mas de veinte años incursionando en cuanta página de Internet existe. Lo hago desde mucho antes de existir las redes sociales, les hablo de aquellos remotos tiempos donde solo existían las “listas, foros, blogs, etc.” Ellas perdieron vida ante el dinamismo de las redes sociales, pero jugaron un papel muy importante en sus tiempos.

 

Facebook sepultó a todas esas páginas con su inmediatez y fue muy bien recibida, pero ha llegado el instante donde cava su tumba junto a otras redes sociales. Dejó de ser imparcial hace mucho tiempo para convertirse en el policía que dejamos en nuestra tierra hace muchos años. La primera pregunta que se me ocurrió hace muy poco y a la que ustedes mismos deben dar respuesta es la siguiente: ¿Cuáles concesiones tuvo que hacer esta y otras redes sociales para operar en países dominados por regímenes totalitarios? Ustedes saben la respuesta tanto como yo, nadie otorga privilegios gratuitos en esos regímenes, algo tuvieron que ceder a cambio.

 

Además de los muros personales, Facebook ofreció la oportunidad de formar grupos afines a ideologías, religiones, preferencias sexuales, artísticas, etc. Nuestro grupo está integrado desde su fundación por “marinos libres”, sin embargo, la mayor parte de sus integrantes agrupa a seres que no son marinos y en su mayoría tienen residencia en Cuba. ¿Por qué? La respuesta es muy sencilla, acuden a nosotros buscando la información que les niega el régimen cubano en sus noticieros y medios de prensa. Solo ellos me han mantenido atado a este espacio, me he retirado de muchos espacios a lo largo de estos mas de veinte años cuando me he sentido incómodo. créanme que no sé hasta dónde podré llegar, soy un hombre libre que no va a renunciar a su libertad.

 

Desde que comenzó el periodo de elecciones el año pasado, las medidas represivas de este medio aumentaron descaradamente. Olvídense de las teorías de los “algoritmos”, recibí varios mensajes de amenazas muy personalizados que no se producen con una máquina. Se borraron muchos mensajes publicados que afectaban a las elecciones del partido demócrata, no solo se borraron, yo mismo fui objeto de sanción por publicar fotos del hijito de Biden y Maradona con menores de edad.  Desde esos instantes en los que se prohibía publicar absolutamente nada en contra de ese individuo a punto de asumir la presidencia de los EU, fuimos amenazados en diferentes ocasiones con el cierre de nuestro espacio al mas ejemplar estilo de los regímenes totalitarios.

 

Como habrán podido observar, no pasaba una semana sin darle la bienvenida a los “nuevos 25 miembros” que se nos sumaban. Busquen la fecha de mi última bienvenida y comprenderán mejor lo que les digo. Nuestros mensajes están siendo compartidos solamente a un 12 % de los miembros de nuestra comunidad, o sea, somos unos 3 300 miembros y luego de varios días de publicados algún mensaje, es una dicha que llegue solamente a unos 400. Como yo reviso diariamente las estadísticas del grupo, veo que se están cumpliendo las amenazas recibidas por los mensajes publicados en contra de los demócratas, régimen castrista, fraude electoral en los Estados Unidos y la descarada violación a la libertad de expresión, no solo en ese país, también de los que vivimos fuera de sus fronteras.

 

Estos algoritmos musicales que usan pantalones y posiblemente tengan su sede en la UCI, están estrangulando al grupo hasta que logren matarlo por asfixia. Por tal razón les pido, como hice años anteriores de que existieran estos espacios de mierda, salven las direcciones donde puedan encontrar mis trabajos. Yo me mantendré en este sitio por ustedes que viven en Cuba, pero no les garantizo que soporte ningún tipo de presión o humillación, menos aun que renuncie a mi libertad.

 

Un abrazo para todos..

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2021-01-15

 

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