sábado, 14 de octubre de 2017

UN REMOLQUE EN ALTAMAR


UN REMOLQUE EN ALTAMAR


Motonave ¨Lidia Doce¨


Aquel tipo se empeñaba en hacernos comprender una fórmula rusa para calcular la longitud del remolque, aquella fórmula extraterrestre abarcaba todo el ancho de la pizarra. A su espalda participaban en una macabra danza matemática un pelotón de símbolos y signos de aquella materia. Era manifiestamente anárquica, podías sumar, restar multiplicar y dividir cualquier cosa, dentro de ella todo estaba permitido. Luego y por caprichos de su naturaleza o país de origen, el resultado final daba siempre en "metros". Todos nos rompíamos la cabeza y decidimos burlarnos de ella y del mequetrefe parado frente a la pizarra. 


Su excelencia era un tipo arrogante identificado en nuestra lengua como un tronco de "comemierda", comentaban algunos guardiamarinas de aquellas fechas que se nos acercaban. Era sumamente extremista y si algo le sobraba en el portafolio de dudosa procedencia, lo eran aquellos reportes que los privaba de sus pases semanales. No acostumbrado al trato con civiles, quiso ensayar sus procedimientos con nosotros y fracasó. El grupo estaba integrado por viejos capitanes y primeros oficiales curtidos en el mar. Nuestra presencia en la academia era justificada por un curso exigido por la OMI (Organización Marítima Intergubernamental) con la finalidad de obtener un certificado en vigor internacionalmente. 


-Profesor, ¿cómo es posible que usted multiplique leones por pargos, luego los divida entre melones, le sume aguacates, le reste rinocerontes y el resultado final sean metros? Le preguntó un día uno de los canallas del aula y todos nos orinamos de la risa.


-Ustedes apliquen esta regla que es la establecida y será la que irá a examen. No supo dar una respuesta matemática al potaje escrito en la pizarra y a partir de ese día sus relaciones con nosotros fueron muy tensas. 


Yo estaba convencido de que aquel muñecón vestido militarmente y con charreteras de Teniente de Navío, nunca en su puta vida había participado en un remolque. Si acaso se montó alguna vez en una nave, lo haría en una torpedera o cohetera y esas lanchas se pueden remolcar con una soga de tendederas. Lo conocían como el teniente Benítez y era muy famoso por su extremismo. Nos pusimos para joderlo y se la aplicamos con toda las de la ley. De acuerdo al reglamento de la academia, si un profesor llegaba treinta minutos tarde al aula, los alumnos podían retirarse. No estoy seguro si esa parte del reglamento era aplicable a los cursos externos solamente. Lo cierto fue que el día del examen se demoró más de ese tiempo y le dejamos el aula vacía. Ya deben imaginar la cagalera que sufrió el individuo, tuvo que entrarnos bien bajito y acordar otra fecha para el examen. Resumen, metió aquella formula por sus timbales y nos aprobó con un máximo de tres puntos sobre cinco.


Hay situaciones que nunca se dan en el mar y cuando lo hacen, difícilmente se repiten. Ejemplos hay muchísimos, pero hoy me voy a referir solamente a los remolques en altamar. Estoy convencido de que una inmensa mayoría de marinos no ha pasado por esa experiencia que se diferencia en dos condiciones muy particulares. Una es cuando participas como buque remolcador y la otra cuando eres remolcado. Yo las viví ambas, una como remolcador y dos como buque remolcado.


Motonave ¨Habana ¨

Remolque del buque "Lidia Doce" por el "Habana".


En el año 1968 recibimos la orden de encontrarnos con el buque "Lidia Doce", se encontraba este buque de menor porte al garete en la costa norte de República Dominicana. Yo estaba como timonel en la motonave "Habana" y era aún un inexperto, creo haya ocurrido ese evento durante mi segundo viaje. Nos aproximamos al barco y a una distancia prudencial se lanzaron cohetes que llevaban consigo un "jibilay", es una cuerda fina de nylon muy resistente, creo que se lanzaron dos de ellos. Luego y con ese jibilay, les enviamos un cabo (soga) con una mena de aproximadamente una pulgada. Una vez cobrado ese cabo fino por ellos, amarraron lo que sería su cabo de remolque. Supongo que, como la distancia a remolcar fuera tan corta, la comprendida desde Dominicana hasta la entrada de la Bahía de Nipe, decidieran usar un cabo en lugar del cable de remolque como es habitual. Aquel cabo que nos dieron para su remolque, resultó ser una de las gruesas estachas de henequén que aún se utilizaban en la marina cubana. Eran extremadamente gruesos y cuando se mojaban pesaban una tonelada, tampoco eran resistentes a los estrechonazos y se partían con facilidad, aquel cabo era nuevo. 


Ellos hicieron firme el cabo a una de sus anclas y la fueron arriando con el uso del molinete (motor usado para subir el ancla) Esta operación se hace para darle peso al cabo o cable y obligarlo a tener un seno que evite en todo momento se parta por medio de un tirón o estrechonazo. Una vez listo comenzamos a remolcar a ese buque y lo entregamos al día siguiente en el sitio destinado donde nos esperaba el antiguo remolcador "Macabi". Toda la marinería nos turnamos en el trayecto haciendo guardias en la popa para vigilar las condiciones del cabo. La oficialidad del buque en ese viaje era muy profesional, no voy a entrar en detalles personales sobre alguno de ellos.


Motonave ´Pepito Tey

Remolque del buque "Pepito Tey" por el "30 de Noviembre".¨


Mi segunda experiencia ocurrió en la costa este de Argel, recalamos a esa playa empujados por el viento y la corriente. La máquina principal del buque "Pepito Tey" había explotado y quedamos totalmente fuera de servicio. Unos tres días después de haber lanzado el ancla, fue destinada la motonave "30 de Noviembre" para que nos remolcara hasta Barcelona. El buque era capitaneado por Carlos Yero, Manuel Balsa viajaba de Primer Oficial y Luis Valdez Arnaiz como Segundo Oficial, ambos habían estudiado conmigo.


Yero puso su buque paralelo al nuestro y cuando lancé el primer cohete con la inclinación recomendada, el viento se llevó el jibilay por encima del barco. El segundo cohetazo dio contra una de las grúas de carga y lograron tomar el jibilay, ya Yero había enfilado su proa hacia nosotros. Increíblemente detuvo su nave a unos cinco metros de la nuestra y le entregamos a su marinería dos de nuestros jibilays de maniobra. Puso su buque a proa del nuestro y seguimos el protocolo para la entrega de nuestro cable de remolque. 


A esos jibilays le empatamos un cabo con una pulgada de diámetro, luego les dimos uno de nuestros cabos de maniobra y con él, ellos comenzaron a cobrar nuestro cable de remolque. Este cable es sumamente grueso y pesado, imposible de manipular sin la ayuda de alguna maquinilla. Lo engrilletamos al ancla y le arriamos unos siete grilletes (conocido en otros países como "paño). Cada uno de esos grilletes tiene una longitud de unos 27.5 metros y normalmente los barcos cuentan en cada ancla con diez de ellos. Como expliqué en el caso anterior, la finalidad de unir el cable a la cadena del ancla es buscar que se produzca una catenaria (una especie de curva o seno) para evitar en todo momento que el cable se encuentre tenso. Toda la maniobra realizada en la proa para la entrega del cable de remolque fue realizada por mí, yo ocupaba la plaza de Segundo Oficial en esos viajes. Me acompañaba un excelente Contramaestre de apellido Camacho y una muy buena marinería. En el puente se encontraba el Capitán Cordoví, muy sereno y profesional durante las maniobras, era mi segundo viaje con él sin ningún tipo de contratiempo. 


Motonave ¨30 de Noviembre ¨

Fuimos remolcados sin dificultad hasta el puerto de Barcelona, allí nos estaba esperando un remolcador, levamos el ancla que estaba unida al cable de remolque. Rescatar el cable fue una maniobra extenuante, yo diría que angustiosa y algo peligrosa. Resultaba muy difícil darle vueltas en el capirón del molinete por su grosor y rigidez, mucho peor fue llevarlo al pañol y enrollarlo en el tambor dispuesto para él. En Barcelona permanecimos tres meses y medio reparando la máquina del barco, al segundo mes fui ascendido a Primer Oficial por sanción impuesta a Wilfredo Tamayo, este despreciable individuo había desfigurado a golpes a una camarera. 



Motonave ¨Pepito Tey

Remolque del buque "Pepito Tey" por el "Playa Larga".


Otra vez con el buque "Pepito Tey" quedamos al garete a unas cien millas o un poco más de las islas Azores. El combustible se encontraba contaminado y quedaron fuera de servicio todos los equipos auxiliares y generadores. Frustrados fueron todos los intentos de volver a ponerlos en marcha, quedamos a merced del tiempo y nuestra suerte. Toda la dramática situación atravesada se encuentra reflejada en mi trabajo titulado "Al Garete", razón por la que evitaré referirme a pormenores que solo extenderían la presente exposición. 


Se cumplía más de una semana que no llevábamos al estómago comida caliente alguna, habíamos sobrevivido a una terrible galerna que se formó de pronto, apareció de la nada. No naufragamos porque Dios era un marino cubano y se apiadó de nosotros. Sentíamos vergüenza de nuestras imágenes y malos olores que nos acompañaban, peor aún, el hambre sufrida nos borró todo tipo de vergüenza. 


Cuando estábamos recibiendo un cable de remolque de un remolcador de altura que vino por nosotros, el Capitán de otra nave cubana recomendó al nuestro que no lo hiciera y tratara de comunicarse con La Habana. Realmente esto sucedió cuando la galerna estaba cerca de nuestra posición y por el walky-talky me ordenaron largar aquel cable, obedecí sin comprender mucho. Un día más tarde me enteré de que habían destinado al buque "Playa Larga" con la orden de remolcarnos hasta Lisboa. La comunicación con La Habana fue posible porque se logró arrancar el generador de emergencia, solo que aquella vía de comunicación se cortó a los dos días, se produjo un incendio en los escapes de ese generador y ya estábamos en medio de la galerna. 


El Playa larga no pudo acercarse a nosotros en medio de aquella tormenta, la nave se encontraba en lastre (vacío) y abatía con mucha rapidez. Se alej
ó a unas diez millas de nosotros y una de esas tardes logré comunicarme con su Capitán vía walky-talky. Se trataba de aquel magnífico hombre llamado Osvaldo Blanco, conocido por la marinería como Blanco el Blanco. Nos conocíamos del curso para oficiales donde impartió clases de Maniobras y otras asignaturas, habíamos compartido aventuras en el puerto de Nicaro. En esa conversación le pedí que no se alejaran tanto y le expliqué detalles del incendio, ellos se acercaron a unas cinco millas de nuestra posición.


El panorama fue terrible, todos teníamos una debilidad tremenda por la falta de alimentos y aun así, debíamos continuar las guardias en el puente. El escenario hubiera resultado más tolerable si no arrastráramos los problemas presentados durante todo el viaje con el Capitán. Ya le he dedicado suficientes líneas a Jorge Torres Portela, el Capitán Chocoleito. Los bandazos registrados en el clinómetro llegaron a marcar los 50 grados de escora hacia ambos lados. Cuando el buque se inclinaba por los efectos de las olas, el puente casi chocaba con la mar. En esas circunstancias temimos lo peor y es lógico que el más valiente de los hombres sintiera miedo, es humano. Luego de tanto tiempo sometidos a ese sacrificio, el temor desaparece y llega la resignación, pierdes las esperanzas y te entregas por completo a la suerte, nada de lo que sucede a tu alrededor tiene importancia.


Llegamos a derivar unas 300 millas desde nuestra posición inicial, eso lo comprobamos con observaciones astronómicas cuando se presentó la posibilidad. A la semana comenzó a disminuir los embates del mar y el viento, luego quedó esa mar de leva con apariencia inocente que nos producía sus normales bandazos. Desaparecido el viento se acuerda comenzar los preparativos para entregarle al "Playa Larga" nuestro cable de remolque. Los peores obstáculos presentes fueron la debilidad física de la marinería y otro mucho más importante, no teníamos energía eléctrica para operar con el molinete del ancla. Todo debía realizarse a mano y tenía que ahorrarse en todo momento los esfuerzos físicos que en esa situación resultan sobrehumanos. 


Motonave ¨Playa Larga ¨

Nos reunimos en proa todo el personal de cubierta y algunos curiosos dispuestos a colaborar. Llegaron el Capitán y el Primer Oficial de nombre Artigas, estuvieron alrededor de una hora discutiendo el método a usar y nunca se pusieron de acuerdo. Yo permanecía sentado y callado, como me ignoraron no me importaba dar opinión alguna, solo iba elaborando un plan y no deseaba compartirlo con ellos. Ya había tenido varios problemas con el Capitán durante todo el viaje y solo compartía palabras con Artigas en las entregas de guardia. No era mala persona, pero mantuvo una actitud timorata ante el imbécil de Portela, no solo eso, inclinó su balanza hacia el estúpido aun sabiendo que no tenía la razón.


-Segundo, ¿cuál es su opinión sobre la maniobra de entregar el cable de remolque? Preguntó Artigas luego de malgastar una hora en aquellas teorías y opiniones de ellos que no condujeron a nada. El Capitán prefirió mantenerse en silencio y le aplaudo aquella decisión, la marinería se dispuso a escuchar.


-¿Mi opinión? Yo puedo realizar esa maniobra con éxito si ustedes dos se retiran de la proa y no me interrumpen cuando me encuentre faenando con la marinería, si me llaman por el walky-talky no les responderé. Esa es la condición.


-Yo te preguntaba porque creo…


-Lo que tú creas no me importa, esa es mi respuesta, yo puedo realizar esa maniobra. Lo interrumpí, no deseaba escuchar tontería alguna. El personal aquí presente tiene experiencia en remolque, estuvieron conmigo el viaje anterior. Si desean terminar con esta comedia y dejarnos comenzar la maniobra, deben salir del castillo de proa y no molestarme desde el puente. Estamos en una maniobra algo peligrosa y nos encontramos muy débiles, déjennos trabajar tranquilos. 


-Okey, por mi parte no hay inconveniente que así sea. Respondió Artigas mientras se dirigía a la escala para abandonar el castillo de proa. Chocoleito lo siguió en silencio y de mala gana, la gente aplaudió con los ojos, nadie lo soportaba. 


-Contramaestre, manda dos hombres para que localicen al tornero. Díganle que se presente en la proa con los balones de oxígeno y acetileno, que traiga también una pistola de corte. Traten de buscar voluntarios entre los engrasadores y camareros, necesitaremos ayuda para sacar el cable de remolque del pañol.


-Okey, comprendido. Fue su respuesta e indicó a dos marineros que fueran a cumplir la orden.


-Vamos a ver, motonave Playa Larga, aquí la proa del Pepito Tey que te llama.


-Adelante, Pepito Tey.


-Vamos a cambiar al canal 10 del walky-talky.


-Okey, pasando al canal 10.


-Playa Larga, aquí Pepito Tey que te llama.


-Adelante Pepito Tey, se te copia alto y claro. Identifiqué rápidamente la voz del Capitán.


-Okey, Capi, por acá Casañas. Solo para informarte que voy a comenzar los preparativos para darles el cable de remolque, tengo a la gente muy débil y me tomará posiblemente más de dos horas. Por lo pronto te informo que una vez sacado del pañol, lo voy a hacer firme a la cadena del ancla y una vez listo te informaré lo que tengo pensado hacer, recuerda que estoy sin electricidad y esta maniobra requiere de mucho esfuerzo físico.


-Okey, Casañas, comprendido. ¡Tómate el tiempo necesario para que tengamos éxito en esta maniobra y no haya accidentes!


-Gracias, Capi, quedamos libres y ya te informaré cuando estemos listos. Yo sabía perfectamente que la conversación era seguida por Portelas y Artigas desde el puente, pero ya estaban advertidos, no deseaba escucharlos.


-Contramaestre, trae las barretas de acero que tengas en el pañol, lingadas de cables disponibles y los grilletes más grandes que poseas. Vamos a pasar el chicote del cable de remolque por el Panamá (orificio practicado en el centro de la proa con la finalidad de pasar cabos y cables por él), luego lo traemos hasta la cadena del ancla, el resto del cable vamos a adujarlo (acomodarlo) por largo sobre cubierta. ¿Qué haremos de inmediato? Vamos a asegurar el ancla atravesando las barretas en uno de sus grilletes, le colocamos además unas lingadas de acero que haremos firme a las vitas para que no caiga, asegúrala también con unos tensores de acero para que quede rígida y no tenga movimiento. Camacho me escuchaba con mucha atención, ya dije con anterioridad que era un excelente contramaestre. 


La maniobra comenzó inmediatamente, marinos y personal adicional fueron sacando lentamente aquel pesado cable que fueron acomodando sobre cubierta como había ordenado. Tratamos de abrir el grillete desarmable de la cadena y como imaginé, resultó imposible. Como ya se encontraba asegurada por barras de acero y lingadas de cable, le di orden al tornero de que cortara el eslabón con el soplete. Acto seguido hicimos firme el cable de remolque a la cadena del ancla con grilletes gigantes y varias vueltas con cables de acero, le ordené al contramaestre abrir el freno del ancla. Una vez sobre cubierta, observé señales de óxido en el cable, lo habíamos usado el viaje anterior y ya había sido sometido a tensiones extremas. Es bueno señalarles a las personas ajenas a nuestro giro, que esos cables tienen una especie de cabo en el centro de una media pulgada, van saturados de grasa para evitar que se oxiden. Ese centro del cable es llamado "alma", pero una vez que el cable es usado, es precisamente allí donde se acumula agua de mar y comienza una corrosión que no se ve desde el exterior.


-Contramaestre, sube la maleta con los cohetes lanzacabos, sube los jibilays de maniobra disponible y dos rollos de cabos de una pulgada de mena. Inmediatamente partieron a cumplir la orden y una vez todo el material dispuesto sobre cubierta, me comuniqué con el buque Playa Larga. -Cierra momentáneamente el freno del ancla y quédate parado detrás del molinete para abrirlo cuando te lo ordene. Le dije al contramaestre.


-Su atención Playa Larga, este es el Pepito Tey que te llama. Fue mi siguiente llamada después de tres intensas horas de faena en el castillo de proa.


-Adelante Pepito, dime como piensas entregarnos el cable.


-Bueno, creo que debes acercarte a una distancia prudencial de nuestra proa para comenzar la maniobra. ¿Cómo pienso hacerlo? Nosotros te mandaremos un cohete lanzacabos, una vez tomado por ustedes y listos para cobrar, le empataremos a ese cabito un cabo de una pulgada de mena, además ira acompañado de un jibilay de maniobra también. Ustedes comenzarán a cobrar ese cabo y cuando lo tengan sobre cubierta, deben empatarle nuestro jibilay de maniobra. Lo pasan por una rolletera y nosotros iremos cobrando el mismo cabo de una pulgada a mano hasta traerlo nuevamente a nosotros. Una vez de regreso a nuestro buque, haremos firme el cabo de una pulgada a uno de nuestros cabos de maniobra que ustedes cobraran con sus maquinillas. En el chicote del cabo de maniobra ira firme el cable de remolque que ya está unido a la cadena del ancla. Con esta maniobra solo tendremos que cobrar a mano el cabo de una pulgada, no tenemos suficiente fuerza para cobrar el de maniobra. ¡Dime si comprendiste!


-¡Pepito, aquí Playa! Comprendido perfectamente, voy a tratar de poner la popa a menos de un cable (185 metros) de distancia de tu proa para comenzar la maniobra.


-De acuerdo, Playa, ya estamos listos.


La maniobra se realizó según lo planificado y nuestro personal solo fue sometido al sacrificio de cobrar a mano aquel cabo de una pulgada, pocos pueden imaginar el peso que ganó cuando se mojó, era de henequén. Una vez que me comunicaron tener firme el cable de remolque en su popa, le ordené al contramaestre abrir el freno del ancla y dejar salir siete grilletes de cadena.


-¡Su atención, Pepito Tey! Voy a comenzar a dar máquinas.


-¡Okey, Playa, estamos listos! Terminando de decir aquellas palabras, salió una densa humareda negra de la chimenea de aquel buque, pero la nave no respondía a las órdenes del timón. Era lógico que sucediera esto, los barcos no están diseñados para remolcar. Un remolcador posee el punto de remolque, donde hace firme los cabos de otra nave, a mitad o un tercio de su eslora desde la popa. De esta manera la pala del timón se encuentra libre para moverse, no ocurriendo así en un barco cuyos puntos para hacer firme sus cabos se encuentran exactamente encima del eje de la pala del timón y le resta maniobrabilidad. 


Ya mencioné que el Playa Larga se encontraba totalmente vacío y parte de su propela estaba fuera del agua, razón que limitaba aún más su maniobrabilidad, algo que no pensaron tampoco en la isla. Se nos fue aproximando a una distancia peligrosa y estuvo a punto de colisionarnos. Todo parece indicar que su Capitán dio una orden de toda avante cuando estuvo muy pegado a nosotros, lo que provocó un fuerte estrechonazo que partió nuestro cable de remolque. Quedamos nuevamente al garete con el cable sumergido más siete grilletes de cadena del ancla. Se produjo una larga pausa de silencio entre toda la marinería, frustración, desconsuelo, angustia, debilidad y un hambre extrema era lo que reinaba en todas nuestras miradas, nadie hablaba.


Descansamos una hora mientras consumíamos nuestro almuerzo, una ruedita de spam crudo y un vasito de leche condensada fría. Desfallecidos comenzamos una maniobra similar para tomar el cable de remolque que nos ofreciera el Playa Larga, imagino que para ellos había sido terrible trasladar el pesado cable desde la proa hasta su popa, al menos tenían el aliciente de comer caliente, eso comentábamos, porque cuando se está pasando hambre solo se piensa en comida. En total pasamos unas doce horas sin poder movernos de la proa, finalmente partimos rumbo a Lisboa y nos tomaría varios días de navegación.


Cuando arribamos a unas millas de la entrada de Lisboa nos esperaba un remolcador con una planta eléctrica. El Playa Larga largó su cable de remolque y quedamos firmes a ese remolcador con dos cables de remolque en el agua y siete grilletes de cadenas en cada ancla. Nos tomó varias horas poder cobrar las cadenas y largar aquellos cables que aun deben descansar en el fondo del mar. Desfallecidos atracamos en el astillero después de pasar doce días sin comer caliente. Al día siguiente nos dieron dinero para comer en la calle y nos leyeron un mensaje enviado desde Cuba. "Los felicitamos por la digna actitud mantenida durante las condiciones tan difíciles vividas". ¡Patria o Muerte! ¿Lo cierto? Cuba cobraría al seguro toda la plata que correspondía a un salvamento, que es mucha. Interiormente me estaba cagando en la madre de Fidel y todos los dirigentes que pusieron nuestras vidas en peligro. Aquel remolcador de altura nunca se separó de nosotros, se mantuvo como ave de rapiña esperando por su cadáver, ese era su negocio. Desde el puente los vi varias veces como nos filmaban con una cámara, luego vendieron la noticia a un canal de televisión y aparecimos en las noticias.


Yo veía al ilustre Teniente de Navío Benítez impartiendo aquella clase de maniobras con su kilométrica fórmula rusa escrita en la pizarra y me reía. Estaba convencido de que no tenía remota idea de lo que era un remolque en altamar, peor aún, ninguna academia puede establecer un código exacto de cómo proceder en situaciones como estas, es que ninguna es igual entre sí. En esas circunstancias se impone la experiencia por encima de charreteras o títulos académicos, así es el mar.








Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá
2017-10-14



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viernes, 6 de octubre de 2017

IGNACIO, EL COMISARIO POLITICO.


IGNACIO, EL COMISARIO POLITICO.



Motonave ¨Bahía de Cienfuegos , escenario de esta historia.


Disfruto muchísimo cuando escribo sobre la gente buena que formó parte de nuestra flota, pero no puedo pasar por alto a cada uno de aquellos individuos que transformó a nuestras naves en verdaderos infiernos. Tal es el caso de este tipo llegado desde un núcleo del partido cualquiera en la capital cubana, quien sin haber navegado, aterriza en nuestro barco con una charretera de tres rayas e igual salario que un Primer Oficial. Yo lo aventajaba solamente con el incremento del 15% del salario por concepto de antigüedad, pero imaginen que quienes no gozaban de ese privilegio adquirido por los años navegados, se viera cobrando el mismo salario que esos parásitos políticos.


Si leen mi trabajo titulado "Santa Ofelia del Vedado", llegaran a la sana conclusión de que fuera el viaje más divertido realizado en mi vida de marino y que contábamos con una tripulación de lujo a pesar de las dificultades enfrentadas en aquel viaje. Donde entre otras cosas, la posibilidad de adquirir pacotilla estuvo ausente debido a los países visitados, Túnez, RDA y Polonia. ¿Cómo pudo experimentar ese cambio tan radical aquella tripulación? Ya he mencionado en otros temas que en muchas oportunidades un solo hombre puede provocar esas transformaciones y otros daños. 


Hablemos de una excelente tripulación que de buenas a primeras salga a navegar con un pésimo cocinero. No necesita más de una semana para crear malestar y pasado ese tiempo, los que una vez fueran sociables se convierten en individuos amargados con toda su razón. Hay tres momentos sagrados en la vida a bordo de un buque, desayuno, almuerzo y comida. Fuera de esas tres campanadas, no existe merienda alguna que alivie las inquietas tripas de un ser humano en medio del mar. Imaginen que lleguen al comedor en esos instantes y deban sentarse ante una oferta de alimentos mal confeccionados, sobran razones para amargarse la vida. Otro personaje que podía influenciar en el estado de ánimo de la tripulación, lo era el telegrafista. La gente espera con ansiedad saber de su familia, enamoradas, etc. Si el telegrafista de ese viaje se pasaba más de quince días sin comunicarse con La Habana, sea por negligencia o incompetencia, el carácter de la tripulación puede cambiar también. En fin, no se necesitaba la presencia de varios hijos de puta a bordo para lograr un cambio en el comportamiento de una tripulación, solo bastaba un hombre con los poderes suficientes o vinculados directamente a la vida de esos hombres. Mencionemos a capitanes, primeros oficiales, sobrecargos, secretarios del partido y otros de menor rango.


¿Qué pasó con aquella excelente tripulación del buque "Bahía de Cienfuegos"? No le he encontrado respuesta razonable hasta el sol de hoy, pero todo comenzó desde el enrolo del Comisario Político llamado Ignacio. Nadie lo conocía y como mencioné anteriormente, tampoco tenía antecedentes de marino, nos cayó del cielo enviado por el partido. La presentación del individuo a la tripulación fue rimbombante y plena de una retórica a la que ya estábamos acostumbrados, muchos domados por tantas consignas. De acuerdo con su presentación, aquel "individuo de mierda" ser
ía nuestro salvador. No quiero utilizar la palabra "Negrón de mierda" para evitar cualquier interpretación racista donde no lo hay, pero es verdaderamente la más acertada al caso. ¿Se trataba entonces de una tripulación hipócrita? ¡Vayan a saber! Lo cierto es que cayó fulminada con su presencia y a partir de ese momento se inició un lento proceso de adoración, sin comprender las razones que los empujaran a esa actuación. Bueno, ya teníamos Comisario y para mal de mis pesares, su camarote lindaba con el mío. 


Motonave Bahía de Cienfuegos.

-Primero, yo creo que usted cometió un error al confeccionar la nómina. Me dijo una mañana en el portalón frente a un grupo de unos diez tripulantes, esa era una táctica muy común entre esos personajes que, desean impresionar a las masas y de paso imponerse.


-No sé dónde pueda estar el error si no me lo explicas. Le respondí con mucha tranquilidad y traté de aparentar inocencia, pero sabía muy bien el origen de su reclamación.


-Usted me ha descontado una semana del salario. Respondió con ese tonito casi amenazador que tanto gustan emplear ante los pendejos.


-No creo haberle descontado nada, usted ha cobrado por los días que se presentó a bordo. Todos a su alrededor guardaban silencio, como esperando el final de aquel desafío que no debió realizarse en público, mucho más cuando supuestamente el pertenecía a la oficialidad del barco.


-Si, pero yo me encontraba realizando trabajos en el municipio del partido. Respondió y comenzaba a traicionarlo su voz, iba perdiendo arrogancia, debilidad que nunca debe mostrarse ante un adversario, porque ese era yo sin saberlo hasta ese instante.


-Pues si estabas trabajando en el partido, creo que lo más justo y acertado es que le reclames al municipio por esa semana que estuvo ausente del buque. Acá solo se paga a los que asistan a sus funciones a bordo.


-¡Eso vamos a discutirlo después! Esta vez no pudo ocultar su amenaza y ya deben imaginar mi reacción.


-Creo que te equivocas, conmigo no tienes que discutir absolutamente nada relacionado con ese cobro. Te recomiendo que vayas al Departamento de Nominas en la Empresa y te documentes con su jefe, se llama Monteagudo. Tampoco considero que sea muy moral cobrar un salario sin haberlo trabajado. Fin de la discusión, le di la espalda y lo dejé rodeado de sus prontos huele culos. ¡Claro! Yo no era tan tonto tampoco y no iba a echar una pelea en vano conociendo de antemano que la perdería. Unos días antes de entregar la pre-nómina al Sobrecargo, yo había consultado con Monteagudo sobre esta situación y muy claro me dijo que le descontara la plata por estar ausente del barco. Si después fue a reclamar a la empresa, no lo sé, lo cierto es que no tocó más el tema conmigo. De algo quedaba muy convencido, ya me había ganado un enemigo del que debía cuidarme mucho.


Fui analizando a cada uno de los personajes que iba sumándose a la lista de simpatizantes del comisario y pronto me di cuenta de que resultaron ser individuos a los que de una u otra manera yo les había llamado la atención por diferentes motivos laborales. Tal vez pensaron encontrar en él a un padrino y que a partir de entonces actuarían como les viniera en ganas, creo que se equivocaron. 


-Dice el Político que me entregues la llave del camarote del Pr
áctico. Me dijo una mañana uno de los timoneles que viajaría con su esposa en un viaje de estímulo. Es una verdadera pena que no recuerde hoy su apellido, su nombre es Carlos, no sé exactamente si era García, puede ser. Con este tipo yo había mantenido buenas relaciones, era vecino de Alamar y según me he enterado, radica hoy en Miami manteniendo un perfil bajo. Ese viaje iría en el buque unas seis esposas, entre ellas la mía. Bastaron pocos días a bordo para que se dividieran en dos grupos, las que tendrían afinidad con el Político y dos que mantenían las relaciones de amistad conmigo. La esposa de ese tal Carlos y la mujer del telegrafista, hace un tiempo fallecida, resultaron sumamente conflictivas durante los nueve meses que duró la travesía.


-¿Eres Pr
áctico? Porque de ser así me entero ahora, además y para que te lo metas muy bien en la cabeza, el que otorga camarote en este y todos los buques de la flota es el Primer Oficial y no el Comisario Político. ¡No lo olvides! No replicó y se retiró, fue muy oportuno que ese pedido sucediera, ya sabía de la pata que cojeaba aquel pendejo. 


Inmediatamente me dirigí a la oficina del Sobrecargo, esa plaza seria ocupada por Charly, un negro espigado que había entrado en mi grupo a la marina. Sería uno de los conejillos de indias en aquel experimento, donde se fundirían las plazas de Sobrecargo y Enfermero en una sola persona. Era un alcohólico empedernido y pendejo que pronto se subordinó al Político sin justificación alguna. A este tipo lo encontré sentado en el Viejo Puerto de Montreal, pertenecía a la tripulación del buque "Bahía de La Habana". Estaban detenidos en esta ciudad desde hacía unos nueve meses por demandas de acreedores. Me senté tras él y al mencionarle su nombre creo que se cagó.


-Charly, ¿cuál camarote vas a ocupar, el del enfermero o el del sobrecargo? Le pregunté a rajatabla entrando a la oficina sin saludar a nadie, allí se encontraba el Comisario Político y otro individuo.


-Voy a seguir en el del enfermero. Me respondió con voz temblorosa.


-¡Perfecto, entrégame la llave del camarote del sobrecargo! Charly tomó un manojo de llaves que tenía sobre el buró, extrajo una de aquel grupo y me la entregó.


-Primero, yo ordené que se le entregara la llave del camarote del Práctico al timonel Carlos. Esa vez le salió toda la arrogancia y autoritarismo del cuerpo, solo que eligió a la persona equivocada.


-Pues cometió un gravísimo error, eso no pertenece a sus funciones a bordo de este buque.


-¡Mire! Después vamos a discutir el caso, ahora me encuentro atendiendo al secretario del municipio del partido de Puerto Padre. Era una velada amenaza, la voz de aquel individuo también podía perjudicarme, aunque no estuviera vinculado a la marina.


-Realmente no me interesa quien sea el compañero y no tenemos que discutir absolutamente nada. La distribución de camarotes no está comprendida dentro de sus funciones políticas. Les di la espalda y me retiré convencido de que eso era solo el principio, lo esperé con el Reglamento de la Marina Mercante sobre mi buró.


-Yo quisiera tener una breve conversación contigo. Fue la introducción al tema inconcluso hacia solo unos minutos, sin invitarlo se sentó en una de mis butacas.


-Para comenzar, cuando veas la puerta de mi camarote cerrada, tocas la misma y espera a que te invite a pasar. No solo en mi camarote, debes hacerlo en todos los de este barco porque corresponde a una regla de urbanidad que tal vez no conoces. Una vez adentro espera que te invite a sentar, tú no eres nadie para entrar en mi camarote por tus santos cojones por muy Político que seas. Yo soy el Primer Oficial de esta nave y solo me encuentro subordinado al Capitán. Trata de meterte eso en la cabeza. Era indudable que a estas alturas del juego yo no podía ocultar el encojonamiento que estaba experimentando y aquella reacción sirvió de frenos a este individuo.


-¡Mire, Primero! Yo no vengo en plan de enemigo a conversar con usted…


-Tampoco me interesa ser amigo suyo, el privilegio de elegir a mis amistades me pertenece. Es más, voy a leerle todo lo concerniente a sus funciones a bordo de cualquier barco de acuerdo con lo establecido en el Reglamento de la Marina Mercante. Sin darle tiempo a responder abrí la página que ya tenía marcada y le leí todo lo correspondiente a su caso.


-¡Pero, fíjese! Lo único que ordené fue lo relativo al camarote del Práctico.


-Si se fija bien a mi espalda, ahí se encuentra el llavero general de este buque y tanto el Capitán como yo, poseemos una llave maestra que abren todas las puertas de esta nave. Como puede darse cuenta, usted no tiene nada que ver en este asunto y ese llavero no está ubicado en su camarote. Creo que ya hemos hablado demasiado y tengo otras cosas que hacer relacionado con la carga de este barco. Fin del segundo capítulo de esta tragedia.


Dos de los matrimonios que iban ese viaje tenían camarotes individuales, pero ambos con camas personales. Uno de ellos era el timonel ya mencionado y el otro era el marinero de cubierta llamado Roberto Avilleira, quien mantenía buenas relaciones conmigo desde el buque donde navegáramos con anterioridad. Enseguida hubo una reacción favorable por parte de mis allegados exigiendo que le diera el camarote del sobrecargo a Robertico y me negué ante sus protestas. Les manifesté que ese camarote seria rifado entre ambos y que no participaran en las decisiones correspondientes a mi cargo. Yo debía mostrarme en todo momento imparcial y no era favorable, aunque era mi deseo, beneficiar a Robertico y su esposa. Hice la rifa y desafortunadamente el ganador fue el pendejo de Carlos.


De izq. a derecha yo, el timonel Rojitas, el Practico malayo y al fondo Ignacio.
En la medida que el viaje avanzaba, no exento de las calamidades impuestas por los tiempos, el Político fue ganando terreno con el apoyo de la militancia del partido, que, para esos tiempos, conformaban la mayoría de los tripulantes en cada buque de nuestra flota. Comenzó a experimentarse cierta anarquía y el individuo continuaba invadiendo el territorio de otros cargos que no le correspondían ante la cobardía de quienes lo ostentaban. Así un día, este individuo había asumido la responsabilidad del Sobrecargo en lo referente a la distribución de los cigarrillos y utilización de la bebida asignada a la tripulación. Yo lo veía constantemente en sus recorridos por cubierta junto al contramaestre llamado Pascasio, uno de los peores que tuve como subordinado y a quien debo unas líneas. 


-Capitán, necesito hablar unos minutos con usted. Le dije una mañana mientras nos desplazábamos por el océano Pacifico en demanda de Singapur para continuar hasta Port Kelang en Malasia, nuestro puerto destinado para la descarga.


-Usted dirá, primero. En esos momentos se encontraba despachando algunos papeles con el telegrafista, individuo al que había retirado toda mi confianza por su alianza con el político.


-Preferiría que fuera en privado. Concluyó lo que estaba haciendo y el telegrafista se retiró cerrando la puerta tras de sí.


-Soy todo oídos, puede sentarse. Habíamos tenido algunas discrepancias el viaje anterior, aquel que he considerado el más divertido en mi vida de marino, sin embargo, había borrado de mi memoria las razones y continúe tratándolo con el mismo respeto y afecto de siempre.


-Estoy muy preocupado por el rumbo que va tomando el comportamiento de los tripulantes a bordo y deseo alertarlo antes de que siga empeorando la situación.


-¿A qué te refieres? Yo veo que todo marcha con normalidad.


-Usted no tiene otra manera de mirarlo, nunca sale de este camarote y no se encuentra pendiente de lo que sucede detrás de esa puerta.


-Realmente no lo comprendo.


-¡Es por ello que vengo a alertarlo! Desde que su camarada Político se enroló en este buque, ha estado creando un mando paralelo dentro de la tripulación y se está metiendo en asuntos que no conciernen a su cargo. Solo deseo manifestarle que como Capitán que es de este buque, contará en todo momento con mi apoyo. De paso debo recordarle que, de acuerdo al Reglamento de la Marina Mercante Cubana, solo le debo subordinación a usted, o sea, no reconoceré otro mando que no se trate del suyo.


-¡Mire Primero! El asunto es que usted no sabe cómo funciona el partido…


-Creo haberle hablado con claridad, no me importa cómo funciona su partido. Yo no soy militante y tampoco le debo subordinación a ellos. Le repito, este viaje va por mal camino y usted debe ponerse los pantalones como jefe de esta nave.


-¡Déjeme explicarle!...


-Me disculpa, no deseo explicación alguna que interrumpa solamente mis horas de descanso. Me parece que era todo lo que quería decirle y me retiro. No lo dej
é concluir y me retiré convencido, no predispuesto, de que no podía contar con este pendejo y que el viaje no terminaría bien, como realmente sucedió.


Después de descargar en Malasia nos destinaron a tomar un cargamento de arroz en Rangún-Birmania. Su destino era Costa de Marfil, se trataba de un viaje chárter antes de proceder a la reparación de garantía. Una vez cargado todo el arroz, la mayor parte de la tripulación fue alojada en un hotel durante tres días mientras se fumigaba el cargamento. A bordo permaneció una brigada de guardia, el Político y el Capitán prefirieron mantenerse a bordo. Cuando regreso al barco me entero de que el Político había cambiado algunos cables averiados de las grúas por diferentes alimentos, entre ellos una carne de dudosa procedencia y en mal estado a la vista.


-Capitán, usted sabe perfectamente que esos cables debían permanecer a bordo. Vamos a una reparación de garantías y es probable que nos exijan su existencia como pruebas a las reclamaciones realizadas. 


-Primero, es que necesitábamos algunos alimentos.


-No me interesa ese argumento, utilice la plata que le asignan para comprar comida, ya tuvimos problemas el viaje anterior por una situación similar. Además, el Político no es quien para disponer de nada que no pertenezca a sus funciones.


-¡Contramaestre! ¿Qué están haciendo? Le grite desde el puente cuando observ
é una caravana de hombres cargando cada uno un saco de arroz que pertenecían al cargamento.


-El Político nos orientó llevar estos sacos de arroz para la gambuza.


-Regresen todos esos sacos a la bodega y si ya llevaron alguno para la gambuza, te recomiendo que lo saquen. Eso es robo a la carga y el Político no es nadie para autorizarlo. De muy poco sirvió que hablara con el Capitán, no logré en todo el viaje ponerle sus charreteras y que asumiera sus responsabilidades.


-¡Arriba, el que quiera un trago tiene que jamarse a una negra! Casi gritaba el Político en el portalón manteniendo una botella de ron en la mano y en estado de embriaguez. Alguien me había alertado sobre el paso a bordo de varias prostitutas y me alegré en el alma haberlo encontrado rodeado de algunos de sus testaferros. <<Te cagaste en tu madre, hijo de puta.>> Esa era otra de las balas con las que contaba para destruirlo, solo a semejante imbécil se le ocurriría actuar de esa manera. No solo estaba prohibido introducir mujeres a bordo, empeoraba la situación el hecho de que viajaban seis esposas en el barco.


Si de algo debo estar agradecido, lo es de aquella fabulosa intuición con la que me dotara la naturaleza para detectar el peligro. La experiencia de haber trabajado tantos años con los hombres, ver sus comportamientos y reacciones, me facilitaron ese don especial para adivinar con certeza donde se esconde la traición. Una mañana y atracado en Polonia, la posterior a una larga noche donde se reunió todo el núcleo del partido a bordo, se me disparan las alarmas cuando observo que muchos tripulantes evadían mirarme a los ojos cuando hablábamos. Ese detalle nunca falla, si alguien te ha traicionado evita ser descubierto por medio de sus ojos. Ya sabía que algo extremadamente delicado sobre mi persona se había tratado en aquella reunión tan larga. Pocas horas más tarde, llegó un conocido mío que estaba enrolado en un buque modelo SD14 atracado también en ese puerto. No recuerdo el nombre del barco, pero nunca pude olvidar quien lo capitaneaba, otro de esos grandes hijoputas llamado Juan Carlos Martínez Llamo. Habíamos tenido problemas a bordo de los buques Camilo Cienfuegos y en el Moncada, nos conocíamos perfectamente. Con este individuo navegaba como Político un tal Eurípides, quien había navegado conmigo en el buque Jiguaní como cocinero siendo una larva. Luego se transformó en enfermero cuando era una enorme crisálida y por último, siendo una mariposa desarrollada se convirtió en Comisario Político.


Me contó aquel buen samaritano al que nunca me unió lazos de amistad, el día anterior se había fraguado en su buque la posibilidad de transferirme hacia él para continuar viaje a Cuba. O sea, iría en calidad de sancionado según todo parece indicar. En aquella reunión había participado el Político de nuestro buque, el Capitán y Político de aquella nave y un negro que ocupaba en esos momentos la plaza de cónsul en la ciudad de Szczecin u otra cercana. Comprendí entonces la gravedad de mi situación y fui inmediatamente al camarote del Capitán Arquímedes Montalbán.


-¿Sabes una cosa? Si las putas e inmorales de tu partido intentan joderme la existencia al llegar a Cuba, vas a salir por el techo. No olvides que dormiste con un maricón en el camarote estando en el astillero de Santander. No tuve necesidad de agregar más nada, cambió de colores y estuvo a punto de sufrir un infarto. Le di la espalda y regresé a mi trabajo. A partir de ese día me senté a confeccionar un informe de viaje, una vez finalizado contaba de 25 páginas. Nadie tuvo conocimiento de la redacción de ese informe que contaba con siete copias, no podía confiar en absolutamente nadie. Los dejé que actuaran como les diera la gana por el resto del viaje que ya se extendía a más de ocho meses. Esa tarde se llevaron al Capitán para el hospital y lo dejaron ingresado durante tres días.


-¡Atiendan acá! El sustituto del Capitán de acuerdo al Reglamento de la Marina Mercante, lo es el Primer Oficial. Eso quiere decir que durante su ausencia yo asumiré el mando de esta nave y poco me importa al que no le guste. A partir de mañana, deben esperar por mi presencia para sentarse en el comedor como lo establece el reglamento. Hubo un silencio total, nadie replicó. Sentado se encontraban todos, incluyendo el Jefe de Máquinas, un mariconcito de Guanabacoa llamado Manolito, quien se sumó al clan del Político desde que salimos de viaje.


Entramos por el puerto de Nuevitas y mi esposa salió ese mismo día rumbo a La Habana portando los informes. Al día siguiente repartiría copias de ellos en la Dirección de la Empresa, Comité de Protección Física, Sindicato de Marina Mercante, Comité Municipal del Partido y no recuerdo si también envié a los Guaracheros de Regla. El asunto es que en el encabezamiento se reflejaba claramente que iba dirigido al Comité Central del Partido y con ese trueno todos se cagaron. Sin embargo, nunca llegu
é a enviar el informe a ese sitio.


Nunca conté con el apoyo de nadie a bordo, ni con el de los que se decían "amigos". Ya tenía suficiente experiencia como para no acudir a ellos, cuando tu caes en desgracia en la isla, es muy normal que esos individuos te den la espalda y evité esa angustia. Yo gan
é la pelea, tenía toda la razón del mundo. El Capitán fue sancionado a Tercer Oficial por tiempo indefinido, el Comisario Político fue expulsado de la marina mercante y, lo más doloroso para el régimen, todo el núcleo del partido fue sancionado. Como era de esperar, ellos no podían aceptar que un solo hombre fuera capaz de lograr esto que les cuento y fui "Mandado a matar". Poco importaban mis razones o la imposición de una verdadera justicia en mi caso. Ellos nunca lo aceptarían porque como reza en una de sus consignas, "El partido es inmortal". Yo mantengo que inmoral.







Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2017-10-06


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martes, 3 de octubre de 2017

CUANDO ERAMOS NAVEGANTES (4) Navegacion costera


CUANDO ERAMOS NAVEGANTES (4) 
Navegación costera.


Motonave ¨Victoria de Girón" ¨


La navegación costera era más relajante que la oceánica aunque fuera de más actividad, aquellos largos periodos de tiempo en los océanos resultaban agotadores, poco importaba que el mar estuviera calmado. Todo era azul hasta donde se extendía la mirada y aburría, hastiaba. En esta condición se aplican otros métodos de navegación más sencillos que llegan a dominarse de memoria, se guardan las tablas y almanaque, se tiene a mano el libro de faros correspondiente a la zona en cuestión.


Cuando éramos navegantes, el Piloto de Guardia no necesitaba del radar para determinar la posición. Es que en muchos buques estaba prohibido encenderlo sin una razón que lo justificara, niebla, por ejemplo. Eran radares muy viejos de bombillos o válvulas que requerían un periodo de calentamiento, tampoco ofrecían muchas líneas isométricas para determinar la posición, si acaso dos o tres. La mayoría de esos equipos presentaban problemas con la ¨ganancia¨ cuando se recalentaban, eran demasiado trágicos o dramáticos y podían dejarte botado en el momento menos esperado. Casi siempre se dejaba de reserva para las recaladas a la costa, nieblas o puerto de destino solamente. El oficial de guardia debía aplicar todos sus conocimientos y experiencia para determinar la posición del buque que, casi siempre era obtenida en periodos de 15 ó 20 minutos si las condiciones lo permitían. De acuerdo a la intensidad del tráfico, corrientes reinantes o encontrarse navegando en aguas restringidas, esas posiciones se tomaban constantemente.


Cuando éramos verdaderos navegantes no necesitábamos usar el radar para determinar las posiciones o distancia a tierra. Un cronógrafo, una alidada y un sextante eran las herramientas exigidas en estas situaciones. En este campo de la navegación, la reina de los métodos usados para determinar nuestras posiciones era la ¨geometría¨. Se trataba de cálculos tan simples, cuyas formulas se memorizaban con facilidad luego de repetidos usos. Nosotros determinábamos la distancia a tierra teniendo un faro a la vista que fuera conocida su altura, el método era conocido como ¨distancia a tierra por ángulo vertical¨. Bueno, tampoco quiero detenerme en explicaciones técnicas que muchos no comprenderán. Es muy probable que muchos de los nuevos navegantes las estudiaran en sus academias y nunca las aplicaran. En fin, se podía determinar la posición y distancia a tierra con otros métodos muy usados por nosotros como el ¨ángulo horizontal¨, cuatro, ocho y doce cuartas, marcaciones y distancia radar, marcaciones simultaneas, etc. En casos extremos se podía acudir a las líneas isobáticas si se poseía un buen ecosonda. Existieron zocotrocos desde nuestros tiempos que desconocían muchos de esos métodos y tal vez al leer estas líneas o trabajos, piensen que estamos hablando en idioma ruso.


Motonave ¨Topaz Islands ¨

La mayor tensión en el puente podía ocurrir en zonas de tráfico intenso, mencionemos al Canal Inglés por solo citar un ejemplo. Ya he mencionado el régimen de guardias aplicadas en esa zona y el Báltico antes de que fuéramos invadidos por la incompetencia. Una de las navegaciones costeras más atractivas en toda la tierra, es la que corresponde al Mar Egeo de acuerdo con mi opinión muy personal. Por aquellos tiempos quedaban todavía zonas minadas de la Segunda Guerra Mundial, la información se obtenía en un libro titulado Nemedri. Era lógico que se evitara a toda costa penetrar en esas aguas, solo que donde existe el hombre, también pueden aparecer las negligencias y eso sucedió a bordo del buque ¨Renato Guitart¨, ya le he dedicado unas líneas a este tema.


Aunque la navegación costera fuera técnicamente más simple que la oceánica, fue también un terreno muy fértil e incomprendido por aquellos elementos que viajaron como adornos con charreteras en nuestras naves. Ejemplo de esa brutal ignorancia debió abundar en muchas de nuestras naves, solo que muy pocos se atreven a mencionarlo por diferentes razones y el miedo es el principal de todos. Nunca podré olvidar que, por una estupidez de Gabriel Sánchez, Capitán del buque ¨Topaz Islands¨, con el rumbo trazado en demanda del faro Cabo Passero al sureste de Sicilia, fuimos a parar en la isla de Malta. Los detalles de ese caso se encuentran en mi trabajo titulado ¨Los billetes del Chino¨. Otro caso donde sentí mucha vergüenza por las burlas del Practico, ocurrió en la entrada al Canal de Panamá desde el Mar Caribe. Todos los capitanes, desde hace decenas de años, entraban al rompeolas de Colon y fondeaban en el área recomendada por el punto de control. Aquella vez el Capitán Arquímedes Montalbán solicitó los servicios del Practico, quien acudió burlándose de él con toda la razón del mundo. No conforme, este Capitán pretendió solicitar servicios de Prácticos para navegar por el Estrecho de Singapur. Si desistió de ese intento desafortunado, se debió a los consejos que le di y manifestarle que yo había navegado en otras oportunidades por el área. ¡Por supuesto! Aquel consejo iba acompañado de una posible sanción cuando llegara la factura a La Habana.


La presencia de esos individuos que llegaron a Capitán por la fuerza de un dedo o el carnet del partido, tenía un millón de inconvenientes y el principal, saber que estabas subordinado a un animal que podía meter la pata en cualquier instante sometiendo a la nave y tripulación a riesgos innecesario. 


Buque escuela ¨José Martí ¨

No puedo ocultar que tenía su lado positivo para aquel que estuviera subordinado a él, aunque ustedes no lo crean, siempre enrolaban con esos individuos a oficiales muy profesionales, el mismo gobierno sabia de la pata que cojeaban esos animales. ¿Cuál era la parte positiva? Que en situaciones extremas donde ellos no tenían seguridad alguna, delegaban su trabajo en el Primer Oficial. Hablemos de navegaciones con tráfico extremos, áreas donde ellos debían reportar la posición de la nave, rumbo, velocidad y tiempo estimado para arribar al siguiente punto de control, etc. Podía suceder que se solicitara por las autoridades un cambio en la posición de fondeo y ellos, muy preocupados por tu superación te decían: ¨Mira, asume esa responsabilidad para que adquieras experiencia, cambia de fondeadero o, navega por esta área hasta que vaya a embarcar el Practico¨. Esto no sucedió una, dos o tres veces, fue muy frecuente cuando se navegaba con esos anormales. Ya desde entonces habíamos dejado de ser buenos navegantes y los capitanes se transformaron en simples camioneros. ¡Claro! Los que nunca se dieron a respetar.








Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.
2017-10-03


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