domingo, 2 de julio de 2017

SANTA OFELIA DEL VEDADO


SANTA OFELIA DEL VEDADO



Motonave Bahía de Cienfuegos, escenario de esta historia.

Ofelia es o era una diminuta mujer, hace mucho tiempo que no sé nada de su vida. Poseía un cuerpo cilíndrico o tubular, nada en ella sobresalía desde los pies hasta la cabeza, esta última unida directamente a los hombros con la ausencia de un cuello que le sirviera al menos para usar algún collar o simplemente un poco de espacio para que le dieran un matecito.

No podía presumir tampoco de poseer una linda cabellera, comenzaba a mostrar las huellas de los hombres mayores cuando van perdiendo el pelo en la medida que avanza la edad. En algunas regiones de su desproporcionada cabeza, mostraba con descaro parte del cráneo cuando el viento la despeinaba. Su rostro siempre había sido feo, debe haber sido así desde que nació, eso es, Ofelia era la copia humana del Patito Feo, solo que ella nunca evolucionó, se quedó tal y como la trajeron al mundo.

La tez era como las cubiertas de los barcos muy viejos que habían sido atacados por la corrosión, por mucho mantenimiento que le dieran y pintura que se gastara, no podían ocultar los infinitos e incontables huequitos. Tuvo que haber sufrido un terrible acné en la época juvenil, si es que alguna vez fue joven porque pienso que ella nació bastante añejada. Es probable que por esa razón nunca haya probado el sabor de un beso varonil. Ya les digo, no había por donde agarrarla, no se le notaban senos que justificaran la necesidad de usar ajustadores, me la imagino cambiando ese cupón de la libreta por otro para adquirir blúmer o bombillos. No podía sentirse orgullosa de tener nalgas que sirvieran cuando menos para inyectarla, ni me imagino como se sentaba en la tasa para hacer sus necesidades.

Ofelia era muy parecida a una morsa, solo que caminaba, para acabar de rematar todos esos defectos que la naturaleza reuniera en una sola persona, tenía un tic nervioso que a primera vista le daba cierta gracia y distinguía de los demás, luego, cuando pasabas media hora hablando con ella te atacaba la desesperación y sentías deseos de amarrarla. Decía que no constantemente con la cabeza, nunca paraba, tenía más carga que cualquier batería para relojes digitales, y lo peor, cuando se ponía nerviosa aumentaba las revoluciones de su servomotor y bien se podía usar de abanico. Se la imaginan entonces haciendo el amor, para poder darle un beso sería necesario primero enyesarle la cabeza a los hombros, terrible para ella.

Ofelia trabajaba en un hospital de La Habana, era jefa de salón y por todos sus méritos laborales y revolucionarios, fue merecedora de un viaje de estímulo en el buque "Bahía de Cienfuegos". Atraída como todos los pasajeros que transporté en mi vida de marino, gustaba gastar parte de su tiempo libre en el puente, esa curiosidad por ver trabajando todos los equipos y una enorme consola llena de relojes y bombillitos es inevitable para el que las observa por primera vez, a mí me ocurría algo similar cuando montaba un avión y la puerta de la cabina se encontraba abierta.

Después de partir y al pasar los días, la vida se convierte a la misma monotonía de siempre, en ese caso, su sola presencia nos sacaba de ella. Subía diariamente a mi guardia y luego bajaba conmigo al comedor, era una tragedia ver la puntería que tenía para adivinar la boca con una cuchara de sopa. En esas prolongadas tertulias diarias durante los días de navegación entre La Habana y Túnez, me contó que había estado como colaboradora en Angola, donde permaneció tres años como enfermera de un hospital.

Así y mientras pasaban los días, ella adquiría más confianza conmigo, hasta que un día me confesó en susurros para que no la oyera el timonel de guardia, que continuaba siendo señorita. Imagínense ustedes por un solo segundo cuál no sería mi sorpresa al encontrar a una cubana con cuarenta y pico de años, más los que se quitó, manifestándome su virginidad. Agravó aquella confesión el hecho de haber pasado por Angola y sobrevivir a los constantes ataques de machos desesperados por templar, bueno, esto lo saben perfectamente los que estuvieron allá.

Esos guardias no dejaban títere con cabeza, a un palo de escoba le ponían una saya y con ella bailaban una pieza. Por eso, al oírla manifestarme aquello y no quedarme dudas que decía la verdad, comprendí que me encontraba ante la presencia de una virgen, Ofelia es o era una Santa y de ello deberá tener conocimiento el Papa. Nosotros los habaneros podemos tener también a nuestra virgencita y nos ahorraríamos mucho dinero y molestias en esas peregrinaciones hasta El Cobre.

Durante el viaje se dedicó a limpiar y organizar la enfermería del buque, debo destacar que era excepcional en la organización de su trabajo. Todas las mañanas les realizaba chequeos a varios tripulantes diabéticos a bordo y mantenía un estricto control sobre ellos. Era muy fácil adivinar que ella era enfermera, todo el viaje lo realizó vestida con su uniforme, otras veces los combinaba, pantalón y blusa blancos, pantalón blanco y blusa verde, pantalón verde y blusa blanca, eso sí, era muy limpia. Sus defectos eran solamente físicos, era una mujer de un gran corazón, sencilla, bondadosa, gentil, servicial y amante de su profesión. Sus sobrinas lo eran todo para ellas y hacía planes de llevarle algunas cositas ese viaje.

Es una tortura llegar con 14 000 Tm. de azúcar a granel y luego ver que la descarga se realizará envasando esa azúcar en sacos dentro de las bodegas. Eso nos sucedió en Túnez y creo que fue la única oportunidad en toda mi vida de marino, diariamente embarcaban decenas de estibadores y bajaban a las bodegas a llenar sacos. Las operaciones sobrepasaron el mes, tiempo aburridísimo cuando se permanece en un país árabe. Se nos agotaban las provisiones y aunque existían posibilidades de comprarlas, el Capitán y Sobrecargo no deseaban hacer las compras allí. A ellos no les interesaba la situación de la tripulación, mucho más importante era realizar las compras en un país capitalista donde recibirían alguna limosna de comisión, ambos eran miembros del partido.

Nosotros teníamos por norma hacer las guardias con un walkie-talkie, le dábamos uno al guardia de portalón para que nos llamara en caso de necesidad. Era lógico si se tiene en cuenta que un buque como aquel posee una eslora superior a los 150 metros, nos ahorramos muchas marchas innecesarias. Como Ofelia se ofreció para hacer guardias y aunque no le correspondiera por su calidad de pasajera, la incluí en una de las tres brigadas, ella se sintió muy orgullosa por esta nueva tarea que la revolución puso en sus manos.

Uno de esos aburridísimos días, me asomo por la portilla del camarote del Segundo Maquinista y la veo en su puesto de guardia. No sé por cual razón de la vida se me ocurrió llamarla por el walkie-talkie imitando la varonil voz de Capitán.

-Guardia de portalón, Capitán. La llamé mientras continuaba observándola.

-Guardia de portalón, Capitán. Ella seguía en Babilonia.

-Guardia de portalón, Capitán. Observo como un tripulante la toca por el hombro y le señala el aparato de radio, lo toma y se pone a hablar sin apretar el botón de enviar.

-Oiga guardia de portalón, ¿con quién habla usted?, ¿el Primer Oficial no le enseñó a manipular ese aparato? Apriete el botoncito que tiene en la parte derecha del radio cuando hable y luego suéltelo. El Segundo Maquinista y el Tercer Oficial se asomaron también por la portilla y nos reíamos de ella, apretaba y hablaba dos palabras, soltaba el botón sin terminar y lo que recibíamos eran simples disparates.

-Ofelia por favor, relájese, apriete el botoncito y hable, cuando haya terminado de hacerlo, suelte el botón y escuche. Parece que comprendió.

-¡Óigame, Capitán! ¿Dónde se encuentra usted?

-¡No se preocupe, Ofelia! Yo estoy en todas partes, todo lo veo y escucho.

-¡Aaaah! ¡A sus órdenes! Respondió mientras buscaba a su alrededor.

-Para comenzar, deme el parte sobre el estado de salud de todos los diabéticos.

-Bueno, Capitán, todo marcha con normalidad. Juan Corales es el único que lo tiene un poco alterado hoy, el cocinero se encuentra en los parámetros normales, el engrasador también, luego en la tarde les repetiré la prueba y le informaré.

-¡Muy bien, Ofelia! Usted siempre tan eficiente, oiga, ¿qué rayos hace ese árabe a su lado?

-¿Qué árabe, Capitán?

-Ofelia, ese individuo que usted tiene a su lado, ¿qué hace ahí?

-Bueno, la verdad es que no sé.

-¡Entonces bótelo al carajo del portalón! ¿Me oyó?

-¡Sí, Capitán, la orden será cumplida! Con la misma vemos a la vieja emprenderla a empujones contra un asombrado árabe que no comprendía ni papas de lo que ella le decía. El hombre se asustó y partió, observamos la satisfacción en su rostro por la misión cumplida.

-¡Capitán, portalón! Llamó ella para rendir el importante parte.

-Su orden ha sido cumplida y el árabe abandonó el área.

-¡Muy bien, Ofelia! Nunca olvide que estamos rodeados de enemigos y cualquiera de ellos puede ser agente de la CIA. Nosotros vivimos en una constante amenaza y su trabajo ahora es importantísimo.

-No se preocupe, Capitán, los enemigos de la revolución no pasarán.

-Así me gusta, Ofelia. Usted es una digna representante de la mujer cubana, bueno, quedamos libres.

-¡Libres! Ella continuó en el portalón más vigilante.

Otro de aquellos negros e interminables días, se me ocurrió la brillante idea de hacerle una carta amorosa anónima y en la noche se la pasé por debajo de la puerta del camarote. A la mañana siguiente Ofelia se levantó radiante de felicidad, se reía con todos y sus movimientos negativos de la cabeza eran más lentos. Puse al tanto de la situación al Tercer Oficial y se le ocurrió la magnífica idea de buscarle una pareja a Ofelia entre todos los tripulantes. En el camarote del Segundo Maquinista de apellido Sabadí y vecino de Guanabacoa, fuimos analizando uno por uno a cada candidato y todos coincidimos que el elegido perfecto para ese romance era el camarero de los oficiales al que la tripulación llamaba “Musiquito”.

Musiquito era un individuo que se acercaba mucho al gallego por la textura de su piel, nunca lo vi bronceado, es de esa gente que cuando toman el sol se ponen rojos como un camarón. Tenía la cabellera bastante larga y ensortijada, la usaba así para ocultar las enormes orejas que adornaban su cabeza y lo hacían parecer a un auto con las puertas abiertas. No me imagino de donde llegaría el origen de su apodo, porque de música no sabía absolutamente nada, debió haber sido su gusto por ella. Luego me lo encontré con mucha frecuencia en mi barrio Alamar, él vivía en los edificios de doce plantas. Sabadí y el Tercero se dedicaron a comerle el cerebro a Musiquito, cada vez que pasaban por su lado le decían algo de Ofelia;

 -¡Compadre, está la jeva que se le cae la baba por ti! ¡Mírala, coño! Esas miradas que te dirige matan a cualquiera. Así era todos los días, hasta que Musiquito se lo creyó y se puso pa las cosas.

-¡Compadre! ¿Cómo tú crees que la jeva se va a poner para un simple camarero? Le dijo al Tercero en una oportunidad.

-No te preocupes, yo te voy a confeccionar unas charreteras de Capitán de salón, en definitiva, tú eres el camarero de los oficiales y de un nivel superior al de los tripulantes. Luego voy a hablar con el Primer Oficial para que a la hora de la comida te llame por el audio como Capitán de salón, eso no falla.

-¿Tú crees que el primero entre en la cosa?

-Claro que sí, pa eso es mi socio y no se negará a ayudarte.

-Ta bien, si tú lo dices. Ese día y a la hora prevista, el Musiquito vestía de uniforme con unas charreteras confeccionadas por el Tercero y yo lo llamé por el sistema de audio interno.

-Atención a la tripulación, tengan todos buenas tardes y muy buen provecho, al Capitán de salón Musiquito favor de llamar al puente. Segundos más tarde sonaba el teléfono.

-Oigo.

-¡Si, Primero, es el Musiquito.

-Muy bien, perfecto, seguro que la jeva está grabando este momento. Ahora muy tranquilo regresa a tu trabajo y de vez en cuando tírale una miradita, ese pollo no hay quien te lo tumbe, ya me han contado.

-Ok y muchas gracias Chief. Luego la gente me contó sobre la velada y el Musiquito continuó usando sus charreteras durante todo el viaje.

De Túnez partimos para la Alemania democrática en lastre, fueron otros largos días de penuria y dieta forzada a arroz, frijoles sin apenas sazón y carne rusa. En el paso del Canal de Kiel el buque fue abastecido por Leyva, un chileno que trabajaba como proveedor en Holanda, como es de suponer, el Capitán y el Sobrecargo recibieron su limosna, pero la cantidad de víveres solo alcanzaba para pocos días, el dinero asignado para las compras siempre fue disminuyendo hasta que en oportunidades no aparecía y pasábamos hambre navegando. Fondeados frente al puerto de Wismark y estando yo de guardia llaman por el VHF.

-Your attention motor vessel Bahía de Cienfuegos, it is Rostock Radio calling you, over. Coño, no sé por qué me imaginé que aquello era jodedera, el acento de los alemanes hablando inglés era muy diferente al que recibía en aquellos momentos.

-Rostock Radio, it is the Cuban vessel Bahía de Cienfuegos, go ahead, over. Respondí mientras Ofelia permanecía en el puente acompañada también por el timonel.

-Motor vessel Bahía de Cienfuegos, we have a call from Cuba for madam Ofelia Martínez, please, change to channel 98. Claro que había identificado el origen de aquella llamada, al momento le dije a Ofelia que tenía llamada de Cuba.

-Okey Rostock Radio, changing to channel 98. Cambié de canal.

-Very well, now you are connected with Havana. Me respondió el HP que usaba el walkie-talkie y le pasé el teléfono a Ofelia.

-Aloooooó, Ofelia, ¿estás por ahí? Se escuchó del otro lado de la línea.

-Si, soy yo, ¿es Ofelia la que habla, quién por esa?

-Soy yo, tu hermana.

-Pero cuál de ellas, es que yo tengo varias hermanas. En esos momentos se oyó un gran ruido en la comunicación, efectos de fuertes interferencias.

-¿Pero cuál de ellas? Repitió muy nerviosa y traté de calmarla un poco explicándole el problema de las comunicaciones, en eso interviene el timonel.

-Ofelia, ¿cuántas hermanas tiene usted? Ella ingenuamente le dio el nombre de cada una de ellas y yo vi cuando el tipo bajó corriendo del puente mientras el ruido continuaba, luego se restableció la comunicación nuevamente.

-¡Alooooó! Ofelia, ¿estás ahí? El timonel entró nuevamente sin que ella se diera cuenta.

-Si, estoy aquí, pero ¿quién me habla?

-Oye vieja, es Margarita.

-¡Ahhhh! Me lo hubieras dicho desde el principio.

-Cómo quieres que te lo diga si esta mierda no se oye bien.

-Oye Marga, ¿cómo está la niña?

-Ni me hables, la muy puta se fue con el novio hace unos días.

-¿Cómo es eso? Si todavía es una muchachita.

-Mierdas, Ofe, aquí se les calienta la pepa muy pronto, en fin, se largó y ahora debe estar templando por la libre.

-Tan seriecito que parecía el muchacho.

-Yo no lo culpo a él, la puta es tu sobrina que no se cansaba de sonsacarlo, imagínate, él es hombre.

-Bueno, ya eso no tiene remedio.

-Oye Ofe, te llamaba además para darte una buena noticia.

-No será como la anterior.

-No, vieja, el asunto es que distribuyeron unos autos Ladas en tu trabajo y la gente te propuso.

-Qué bueno, ¿quiénes se lo ganaron?

-Tú fuiste uno de ellos Ofe, mis felicitaciones y ya tenemos carro para ir a la playa. Cuando ella oyó aquella noticia dio un salto tan grande que por poco choca con el techo del puente. ¡Cojones! Me parece que a estos hijoputas se les fue la mano, pensé.


Santa Ofelia y Arnaldo ese viaje.


La conversación terminó y Ofelia se encontraba tan feliz que su movimiento negativo de la cabeza era triplemente acelerado, ese día y a pesar de que llevábamos más de un mes comiendo pura mierda a la hora de las comidas, Ofelia le regaló su bistec a otro de la mesa, me imagino que no haya dormido y hasta se le olvidara el romance construido anteriormente. Para ella no existía nada más importante que el Lada, continuar siendo señorita era algo secundario en su vida y ya estaba acostumbrada, montar un auto propio era mucho más importante que una verga masculina. Después de aquella guardia bajé al camarote de Sabadí, allí se encontraban el telegrafista Arnaldo González y el gordo. Pusieron a funcionar una grabadora y solo se escuchaban ruidos de interferencias, sonidos de timbres de teléfonos y momentos en los que se tecleaban números desde un teléfono, etc. Todo un material en manos de verdaderos jodedores.

-¡Coño, caballeros! Yo creo que se les fue la mano. Les dije después de oír la grabación.

-¡No jodas, Casañas! Este viaje está de pinga, no hay jama, no hay pacotilla y estamos aburridos, esta vieja nos cayó del cielo para hacer el viaje.

-Yo no me opongo, pero carajo, el número del carro está muy duro, hay que quitárselo antes de llegar a Cuba, si a esta vieja le da por meter un bateo vamos a cagar pelos.

-¡Ni, cojones! ¿Estás apendejao ahora? Esa vieja sigue con su Lada hasta Cuba, no te imaginas la felicidad que sentirá durante todo el viaje, la pobre, es tan fatal que le ha tocado un viaje donde no podrá comprar nada. ¡Oye! Dile que no vaya a botar los uniformes del hospital. Todos se rieron y me fui al camarote a descansar.

Uno de esos días fondeados en Wismark aquellos cabrones velaron que el Capitán se encontrara en el puente y repiten una llamada desde Rostock Radio.

-Hola Capitán, mire, le hablo desde el equipo de trabajo del Comandante en Jefe, ¿usted me copia?

-Por supuesto, es el Capitán a la escucha.

-Muy bien, lo he llamado para informarle que su buque ha sido seleccionado para cumplir una misión. Cuba trabaja en un convenio internacional sobre meteorología auspiciado por la UNESCO. Pues bien, esa tarea la inició el buque Frank País, pero tuvo que retirarse sin concluirla, usted sabe que ese barco es algo viejo.

-Bueno y en qué consiste esa misión. Preguntó el Capitán mientras Ofelia permanecía a su lado sin quitarle la vista.

-¡Pues mire, Capitán! En su regreso a Cuba debe realizar una navegación de círculo máximo muy próximo a los polos. Luego recalará en Canadá y continuará viaje hacia Cuba sin tocar tierra. Es un experimento sobre el comportamiento del cuerpo humano soportando bajas temperaturas intensas que pudieran llegar a los menos veinte grados Celsius, pero la importancia radica en esa resistencia del organismo humano consumiendo el mínimo de víveres posibles.

-Creo que es una aventura muy arriesgada. Comentó el Capitán.

-Si, Capitán, para ello se requiere de hombres saludables y fuertes. Usted tendrá autorización suplementaria para la adquisición de bebidas alcohólicas fuertes que le ayudarán a combatir el intenso frío, pero como le dije, se debe consumir el mínimo posible de víveres. Mañana lo llamaré de nuevo para que me brinde la lista de aquellos que por problemas de salud no pueden participar en la misión. También la de aquellos que no deseen participar en el experimento, debo aclararle que el partido no tomará medidas contra esos compañeros, en fin, mañana nos ponemos en contacto de nuevo.

-OK, mañana le tengo la lista de compañeros con impedimentos.

-Pues si no hay más nada quedamos libres.

-Libres. Repitió el Capitán rodeado por el silencio de todos los presentes. Solo unos segundos después aquel repentino silencio fue roto por Ofelia.

-Por supuesto que a mí me saca de ese potaje, yo vine en un viaje de estímulo y no tengo que participar en esa locura. Además, desde ahora le informo que ninguno de los compañeros con diabetes puede participar en esa extraña misión polar. Lo dijo con un enojo desconocido para nosotros.

-Se hará como usted dice Ofelia, mañana confecciono la lista y se la daré al compañero del Comité Central cuando llame. Fue todo lo que respondió el Capitán, quien como es de suponer, se encontraba totalmente ajeno a la broma que se estaba corriendo. Sonó la campana de la comida y todos los presentes bajaron al comedor. Una hora después subían los que siempre dedicaban un rato a hacernos una media logrando que las cuatro horas de guardia se acortaran. En esos instantes entra Juan Corales el diabético y se le enfrenta al Capitán.

-¡Mire, Capitán! Para nada me excluya de la misión orientada por el partido, yo soy militante e iré a donde me orienten. Todos nos quedamos fríos, evidentemente el timonel (quien tampoco sabía nada de la broma) había corrido la bola entre los tripulantes a la hora de la comida. Yo tampoco creía en la sinceridad de Juan, me inclinaba por otras razones, como, por ejemplo, se había hablado de abundancia de bebidas alcohólicas y él era uno de los borrachos más destacados de la tripulación.

-Usted no puede ir por su condición de enfermo. Le respondió Ofelia.

-¡Se equivoca, compañera! Yo he participado en otras misiones mucho más peligrosas con mi enfermedad a cuesta, no olvide que yo fui combatiente de la Sierra. Ahora el enojado era Juan.

-Pues bien, si va, lo hará bajo su entera responsabilidad y tendrá que firmarme un papel.

-Yo le firmaré todo lo que usted quiera, pero de que voy, voy. Giró sobre sus talones y se retiró del puente.

-Yo creo que Juan tiene razón, Ofelia, tú sabes cómo son las cosas en Cuba. Va y el tipo no participa por su condición de enfermo, y viene un anormal, y le pone en el expediente que es un rajao. Ella me miró muy seria y luego se dirigió al Capitán.

-Pues mire como son las cosas, Capitán. Usted me pone de número uno en la lista porque yo siempre he sido y seré de Patria o Muerte. Todos los presentes nos reímos con aquel cambio tan brusco en su rumbo.

El viaje fue un desastre para toda la tripulación en lo que respecta a intereses económicos, la gente compraba sus boberías para luego revenderlas en Cuba y en esa oportunidad llegaríamos con las manos casi vacías. En Túnez no le pagaron a la tripulación, en Wismark no valía la pena pedir dinero y todo lo ganado durante el viaje, solo alcanzó para comprar unas boberías de mala calidad en Polonia.

Durante el viaje de regreso ella continuaba haciendo medias en el puente y al entrar en el Golfo de Vizcaya, nos sorprendió una gran galerna fuerza 9 que nos obligó a reducir la velocidad hasta cuatro nudos. En una de esas noches durante las cuales no podíamos permanecer sentados y me obligaba a estar muy cerca del radar, oigo que me llaman por el VHF.

-Su atención Bahía de Cienfuegos, aquí motonave Echeverría que te llama, cambio.

-Vamos a ver Echeverría, aquí Cienfuegos, adelante. Ya sabía que era jodedera pues había reconocido la voz de Sabadí.

-¿Quién por esa?

-Por acá el Primero.

-Coño mi hermano, estamos atorados en medio de esta galerna en una situación de emergencia.

-Dime qué les pasa y en qué podemos ayudarlos.

-Chico, resulta que tomamos a una pasajera con tres niños de Rostock para Cuba, una de las criaturas es de pecho, pero la pobre mujer está a punto de deshidratarse y el bebito no para de llorar. Creo que deba ser por hambre, pero imagínate, yo no sé ni timbales de esto porque soy solterón.

-Compadre, ¿no tienen enfermero a bordo?

-Positivo, pero es como si no lo tuviéramos, es Pepito el borracho. Imagínate que con lo mal que está el tiempo se empujó él solo una botella de vodka y está virao al revés.

-¡Coño, Pepito no cambia! Yo lo conozco porque navegó conmigo en el N’Gola.

-Es un irresponsable, un borracho, un canalla al que se le confían vidas y mira cómo responde, en cuanto llegue a Cuba lo voy a informar para que le partan los cojones. Intervino Ofelia totalmente indignada.

-Mira mi hermano, te voy a pasar con una buena enfermera para que te aconseje cómo proceder en el caso. Diciendo esto le pasé el teléfono a Ofelia y así la estuvieron trajinando como media hora más. Ella se esmeraba todo lo que podía para explicarles cómo tomarle las venas a la mujer y ponerle un suero, qué darle de alimento al niño, etc. Cuando se cansaron la dejaron y le comunicaron que en caso necesario la llamarían de nuevo.

Otro de esos días navegando en medio del Atlántico, Ofelia me confiesa que tenía un pretendiente que era Coronel del MININT, que el tipo estaba muy interesado en ella, pero que realmente a ella no le gustaba mucho. Después de todo no dejaba de asombrarme esa mujer, aun sabiendo que si se le iba ese tren probablemente no pasaría otro y ella no se apuraba en comprar el boleto, así es la vida. Siempre me quedó la duda de que pudiera ser un alarde de ella para dársela de caliente, ya al Musiquito se le había quitado la calentura con ella. De todas maneras, me reuní con todos los de la compañía telefónica a bordo.

-Caballeros, ahora sí que es serio, a esa vieja hay que quitarle el cabrón Lada que ustedes le dieron, solo faltan unos días para la recalada a La Habana y esa mujer está muy ilusionada.

-Coño compadre y ahora qué bicho te picó.

-¿Qué bicho me picó? Pues fíjense que la vieja tiene un enamorado que es Coronel del MININT.

-Coño y tú te tragaste esa, no jodas compadre, no ves que hasta el Musiquito le vendió.

-¿Y si resulta que es verdad?

-Pues nos joderemos, a cagar pelos se ha dicho, pero esa viejita llega con su Lada al patio.

-Si tú quieres se lo podemos rebajar a un Fiat polaco. Me dijo el Tercero.

-Váyanse todos a la mierda.

Así fue, Ofelia dio todo el viaje con la ilusión de su auto y cuando el buque entró por el canal de la bahía, pudo distinguir a su hermana y sobrina en el muro del malecón. Gritando les preguntaba por su Lada y aquellas no comprendían en medio de tantos cruces de voces. Fuimos directos al atraque en el muelle Juan Manuel Díaz, durante la maniobra de atraque yo me encontraba en el puente y pude ver a un militar de rango caminando muy cerca de la proa en dirección a la superestructura. Me alejé un poco del grupo y llamé a la popa.

-Popa, Puente.

-Puente, aquí la Popa.

-Oye, candela, ahí está el bacán de Ofelia.

-¿Estás seguro?

-Claro que sí, hasta ella le hace señas con un pañuelito.

-De pinga entonces, a prepararnos para lo peor.

-¡Cojones! Mira que les dije que le quitaran el singado Lada a esta vieja, pero no, ahí estaban ustedes encaprichados en otorgárselo, nada, esperemos entonces.

Nada, como les cuento, no ocurrió absolutamente nada. Todos se marcharon del buque e incluso, yo no la vi bajar porque estaba atareado en el inicio de las operaciones de descarga. Regresó a los pocos días a recoger sus pertenencias y la pobre pacotillita y se marchó. Días posteriores la esposa del Tercer Oficial se la encontró por la calle Obispo y de jodedora le preguntó por el carro. Ofelia con toda la tabla del mundo le respondió que lo había dejado, pero que no le habían dado un Lada sino un polaquito.

Pasaron varios años y un día tuve que ir al hospital Fajardo para hacerme una gastroscopia. Qué les cuento, a la primera persona que me encuentro al entrar al hospital fue a Ofelia, muy cariñosa me comió a besos y me preguntó por varios tripulantes. Luego me fue pasando por varios consultorios presentándome a cuanto médico y enfermeras ella conocía, es de suponer que los conocía a todos y en esas presentaciones gastamos casi una hora.

-Miren, para que conozcan a mi Primer Oficial. Así repitió hasta la saciedad, me presentaba como algo de su propiedad, antes de entrar a la sala de gastro le pregunté por su pretendiente y me respondió que lo había despedido porque no le gustaba, Ofelia continuaba tan señorita como había llegado al mundo, seguía siendo una Santa, la única cubana de su edad en su condición. Por eso ahora, cuando termine de hablar con ustedes me sentaré a escribirle al Papa.

 




Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2002-09-15


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PRELUDIO


PRELUDIO


                                                 Motonave "Viñales"

                                                      

-Dice el padrino que sí, van a lograr desertar sin problemas, me dijo también que ella podía salir contigo. Eugenio la escuchaba con mucha atención, casi no comprendía nada y le resultaban ridículas aquellas conclusiones. La acompañó por complacerla, hacía mucho tiempo que había dejado de creer en algo que no fuera él mismo. La parada de la guagua de Infanta y O era un hervidero de gente amargada que trataban de luchar por llegar a su destino. Las Ikarus pasaban inclinadas y con gente colgada como piojos de sus estribos, una densa cortina de humo negro las perseguía hasta el semáforo de San Lázaro acompañadas de miles de maldiciones criollas.


-Me confirmó que llegarán y todo les irá de maravillas, pueden escapar. Él no hablaba, trataba de comprenderla y adivinar la fuente de aquella ingenuidad. No porque un huevón malviviente y sentado al lado de un radio Siboney oyendo el programa Nocturno se lo asegurara por una simple inspección visual, Eugenio le otorgaría poderes sobrenaturales distintos a los de cualquier humano. Ella sí, se comportaba de una manera estúpida a pesar de su nivel de escolaridad, ¿cómo podrá confiar en las palabras de cualquier individuo con facha de pícaro?, pensó mientras andaba. Él no creyó una sola de aquellas palabras, el tipo no se molestó en preguntarle nada, aceptó complacido unas cajetillas de Populares y le dijo a su mujer que colara un poco de café con el sobrecito entregado por Clarita.


-Recomendó que llevara un ramo de rosas rojas y las colocara en tu camarote, también me dijo que ella debe hacerte una limpieza con un huevo la noche antes de desembarcar y lanzarlo al mar, tienes que pararte de espaldas a él. ¿Rosas rojas, dónde carajo las voy a conseguir?, pensó otra vez mientras continuaba marcando sus pasos por aquellas sucias aceras de las que se despedía sin conciencia del tiempo que transcurriría hasta un nuevo encuentro. La escuchaba atentamente y cruzaron, la cola de la pizzería se extendía más allá del alcance de su vista en esos instantes, probablemente doblará en Concordia. Giró el rostro a la derecha en busca de la tabernita checa, otra cola de borrachos se extendía mansamente en dirección a la universidad. ¡No pueden mantener nada! Exclamó mentalmente, quizás atrapado por los recuerdos de los primeros años de vida de aquel rincón. Olvidó la fecha de la última vez que entró, era muy joven aún y se sentó en la misma mesa ocupada por una pareja de medios tiempos. -¡Olvídala! Le dijo aquella mujer desconocida con los ojos hundidos en el alcohol. Ella no te conviene, esas relaciones pueden resultar peligrosas y tú eres muy joven aún. Recordó el susto reflejado en su cara ante las palabras de aquella bruja, su pareja se mantenía callada como él en esos instantes. Adivinó aquella vieja de mierda, pensó, ¿cómo pudo hacerlo? Es probable que el dolor viajara fuera de su alma y hay gente que capta la señal. -¡Eres casi un niño! Dijo la vieja y su aliento etílico saltó el ancho de la mesa para chocar violentamente contra su rostro. ¡El marido te puede matar! Pudo ser un truco viejo utilizado para impresionar, pero la muy cabrona había dado en el clavo y él los invitó a otra perga de cerveza para continuar escuchando.


Giró la cara nuevamente y se fijó en la tienda que hacía esquina, se encontraba en semipenumbras y le vino a la memoria otros tiempos, se esforzó por recordar un apellido, ¡Quesada!, casi gritó en sus pensamientos, lámparas, luces, brillo ausente.


-Cuando ella te haga la limpieza con el huevo trata de darte un baño y frótate por el cuerpo las rosas que tendrás en el camarote, eso es bueno. ¿Será un aporte de ella o una recomendación del babalao?, pensó. ¿Y las flores dentro del camarote?, pueden despertar las sospechas de los tripulantes o los guardafronteras a la hora del sondeo. ¿Quién ha visto a un marino con flores en su camarote?, mejor no las tengo, pensó nuevamente, el tiempo transcurría entre divagaciones. ¿Y si me trae mala suerte no tenerlas como recomendó el tipo del radio?, nace la duda. Tal vez no pasa nada y los soldados del sondeo no se percatan de la presencia de aquellas flores. Quizás sí y prefieran mantener silencio, pueden ser creyentes también, ya veremos si las tengo o no las tengo. Su voz lo extrajo del mundo que lo rodeaba o lo trajo nuevamente a él, su vista descansaba en la enorme iglesia por la que había pasado tantas veces con miedo a entrar, algunos ciclistas se persignaban a su paso. Hoy todo el mundo quiere creer en Dios, qué ironía del destino.


-Tengo agua de Florida en la casa, debes rociar todo el camarote con ella. Escuchó el canto de algunas aves mezcladas con el agotador trinar de un mar de bicicletas que corrían desesperadas en ambas direcciones de la avenida y buscó por todos lados. Una cerca alta mantenía prisionera a varias jaulas donde diminutos pajaritos desafiaban la hora y cantaban celebrando nuestras desgracias. Algunos árboles les servían de refugio o estaban allí para decir que no todo había muerto. ¿Agua de Florida, la habrán traído de Miami? No le dio mucha importancia, tampoco le prometería inundar su camarote con el olor de aquella esencia barata que le recordara los centros espiritistas a los que fue llevado durante su infancia.


-No te preocupes por las rosas, yo tengo contactos para conseguirlas. Dijo ella mientras tiraba de su mano para evitar que cayera dentro de un charco de aguas negras. ¿Contactos para conseguir unas putas flores? Se limitó a continuar en silencio. ¡El coño de tu madreeee! Fue el grito infinito de un grupo de ciudadanos a un chofer que no se detuvo en la parada de Zanja. En el portal, una larga y disciplinada cola esperaba junto a la puerta de un estudio fotográfico, regresó otra vez montando en la bicicleta del tiempo. La voz quebrada de Eduardo le proponía a su pareja casual que se acostara con él, cambiar de pareja, así de sencillo, ella lo observaba de arriba hasta la suela de los zapatos mientras sonreía y tomaba tiempo para decidir. ¡Pero él no me gusta! Respondió después de su minucioso examen. ¡Eso no importa!, el asunto es vacilar y variar un poco. Le respondió en el mismo tono de voz y las personas que se mantenían en la cola prestaron atención al inusual diálogo. La pareja de Eugenio escuchaba y sonreía con algo de malicia, como si no le desagradara la idea. Fueron pasando uno a uno para tomarse la foto del carné de identidad que establecerían en fecha próxima. Aquellos tiempos no fueron mejores, la moral comenzaba a derrumbarse como fichas de dominó, hoy se ataca a los jóvenes.


-Te voy a dar también algunas velitas para que enciendas una cada noche después de la partida. ¿Velas, dónde carajo las conseguirá? No puede negarse que esta mujer tiene buenos contactos. Eugenio estuvo a punto de pedirle doblar a la derecha cuando llegaron a la esquina de Jesús Peregrino, deseaba despedirse de su amigo Eduardo. ¿Y si se emborracha y suelta que pienso largarme a la mierda? Él no puede mantener un secreto bajo los efectos del alcohol, y luego, con ese vozarrón que tiene no puede hablar bajito. Mejor no corro el riesgo, pensó y dirigió la vista hasta la entrada del solar, mejor sigo. -¡Eugenioooooooo! La jeva dice que sí, va el cambio. Gritaba Eduardo mientras se acercaba corriendo como un loco por aquellos portales que hoy lo sepultaban en sus memorias.


-Vamos a cruzar a San Francisco en la esquina de la funeraria, es más fácil atravesar Carlos III por aquí y no por Ayestarán. Él se abstuvo de contestarle y dejó que avanzara unos pasos, gustaba mirarle las piernas, solo eso le encontraba atractiva de espalda. No era culona ni planchada, término medio, pero las piernas las tenía bonitas y su caminar era elegante, como el de una dama distinguida de aquellas novelas de Carrión. Hasta su vestir es diferente, muy elegante y señorial, anacrónico para esa época de bajachupas escandalosos y alardosos que retaban la mirada del más sereno y cauteloso de los hombres, tampoco poseía unas caderas pronunciadas, muy discretas. Observó el estado ruinoso de aquel Mar Init que se aferraba a la vida, el cine había cerrado sus puertas hacía muchos años, sintió deseos de que el tiempo regresara a su infancia.


-Voy a ver si tengo escoba amarga en la casa, hace falta darte unos chuchazos para romper ese silencio que te abruma. Yo sé que no es fácil, pero alguien debe dar el primer paso, después me reclamas. Se dirigieron hasta aquella callecita y a unos pasos de Carlos III él abrió la puerta del apartamento con su llave. -No creas que me resultó fácil adquirir esta casa. Dijo ella y él esperó pacientemente aquella historia repetida como ritual antes de quitarse toda la ropa. ¡Ahí, en ese sofá!, aquí mismo encontré a mi marido desnudo con su marido. Todo tiene un precio en la vida y su culo pagó por el carné y apariencias ante la sociedad. Yo cobré mi parte por la pérdida de un marido, ¿no es justo? ¡Claro que sí! Siempre le respondía asintiendo con la cabeza y comenzaba a desnudarla tratando de encuerar también el trauma sufrido en busca de un cómodo orgasmo.


El agua estaba muy fría, siempre estuvo así y nunca protestó, después del primer jarro arrojado sobre el cuerpo podía resultar agradable. Él se inclinaba para llenarlo con el agua acumulada en la bañadera y la rociaba despacio sobre ella, no dejaba de protestar por aquella dulce tortura. Después la enjabonaba con jabón Lux comprado en el extranjero, siempre creyeron que era el mejor, al menos era perfumado. Se detenía más del tiempo necesario sobre su escandaloso y negro Monte de Venus, una verdadera montaña de vellos que producían una espuma extravagante. Una tierna línea negruzca se extendía hasta el ombligo y continuaba hasta los senos, sus bien pronunciadas tetas capaces de amamantar a varios hijos al mismo tiempo. Permanecía caprichosamente frotando su clítoris, no dejaba de insistir en ese enfermizo movimiento hasta que lo sentía verdaderamente alborotado. Ella repetía cada uno de sus movimientos convirtiendo cada célula en una ecuación perfecta, clítoris es al pene como el ano al ano y los resultados son equis. Cada jarro de agua iba destruyendo aquel monte nevado y dejaba al descubierto la verdadera personalidad oscura y atrayente de esa parte de su cuerpo. Contrastes excitantes se producían en esa batalla constante entre el blanco de ambos cuerpos y los parches de azabache ocultos por telas. El secado era una ceremonia que solo interrumpió durante su primera visita, debía realizarse frente al enorme espejo de la puerta de su escaparate, lentamente, dándole tiempo a ella para que observara el reflejo de ambos cuerpos en el cristal. Trataba siempre de mantenerse de perfil e iba bajando lentamente con la toalla hasta el pene, se lo introducía en la boca y giraba su cara al espejo. Se retiraba y se detenía en el glande, lo manoseaba con la lengua sin dejar de observarse de perfil, sus ojos adquirían la imagen de aquellas viejas pinturas egipcias. Repetía los movimientos donde desaparecía con magia todo el rígido músculo dentro de su boca, él podía sentir ese contacto con sus amígdalas sin rencores o sufrimientos, los pasaba quizás sin aquellos síntomas que provocan esos gestos que anteceden al vómito. Varias veces se tragó todo el esperma de Eugenio con la misma tranquilidad que se bebe un vaso de leche o se consume un helado, siempre mirando hacia el espejo, chupando con insistencia, con el firme propósito de no dejar absolutamente nada dentro de sus depósitos, eso no ocurría siempre. Su plato preferido era traer una butaca que tenía dentro del cuarto, lo colocaba frente al espejo y ordenaba a Eugenio que se sentara, luego, se paraba frente a él con las piernas abiertas durante varios prolongados segundos y se detenía a mirar el espejo. Sus ojos viajaban del pene a su montaña repetidamente, insistentemente, enfermizamente. Abría un poco más las piernas y se iba agachando despacio sin dejar de mirarse, como tomando fotografías. Por detrás de su nalga derecha agarraba el pene y lo acomodaba, una vez enfilado, ella no se sentaba inmediatamente, realizaba varios movimientos lentos y giratorios muy provocadores sin despegar la vista del espejo. Eugenio retiraba las manos de sus nalgas y las dirigía a los pezones, ella lo sustituía con las suyas. Frente al espejo, la imagen de una enorme araña que devoraba sin remordimientos un trozo de carne humana. Un rato después de aquella escena repetida con demasiada frecuencia, ambos se lanzaban sobre el escenario testigo de sus locuras y tal vez de las de su marido con el otro marido. La cama tenía dos colchones en los que podías hundirte como cualquier nave que cae en el seno de dos olas, debías acercarte bastante a proa o popa y evitar encontrarte a mitad del camino por lo profunda de su curva y las incomodidades que puede presentar a la hora de una batalla como las que exigía Clarita por sus traumas. La eyaculación precoz es criminalmente penada en Cuba, un verdadero macho debe responder a todas las exigencias que antes eran mudas, pero convertidas en peligrosas en una sociedad cuya promiscuidad no se detuvo entre abuelos y nietos. -¡Qué!, ¿te gusta la vieja, se menea bien en la cama? Le preguntó una vez un muchachón y no supo cómo rayos contestarle, nunca había escuchado a un muchacho expresar algo así relacionado con su madre.


Con Clarita era imprescindible lucir la franela y cada aterrizaje en su cama no podía ser inferior a una hora de placer o sufrimientos. Uno de esos días donde se vencieron todos los ritos exigidos, la puerta de su cuarto quedó abierta, quedaba justo al lado de una ventana colindante con el patio de un Círculo Infantil vecino. Esa ventana era el lugar por donde se comunicaban y pasaban parte de las mercancías robadas a los niños para ser vendidas en la bolsa negra. Eugenio se encontraba encima y pudo ver el rostro de una de aquellas amigas, no hizo nada por esquivar los ojos morbosos de aquella mujer, insistió más bien en movimientos y posiciones que dejaran mayor ángulo de visibilidad a la extraña visitante que él conocía perfectamente, ella se mantuvo inmóvil hasta el final de sus actos.


-¿Te vas a mantener toda la noche sin hablar? Le dijo mientras permanecía sentada encima de su cuerpo y con las piernas abiertas. Eugenio la observaba, sentía bajar por sus costados el fruto de aquello que siempre se demanda en esos instantes de lujuria podrida. Corría lentamente, como la lava de un volcán, espesa, tibia, incolora, olorosa. Mojaba toda su pelvis y formaba una masa pastosa con sus vellos, sentía viajar aquella maldita y ansiada leche hasta el mismo culo.


-Mañana voy a quitarme el anillo para ver si me preñas antes de que partas, así habrán sólidas razones para la reclamación, ¿no crees?. También voy a visitar al dentista, dicen que allá es muy caro. Los muelles de ambos colchones crujieron cuando ella cambió de posición y apoyó sobre ellos las plantas de sus pies. Eugenio la observaba mientras recordaba aquellos dolorosos castigos impuestos en su vida de recluta, ella elevó su cuerpo hasta la altura del glande e inclinó su cabeza para observar. Su larga y densa cabellera le interrumpía una visión que lo excitaba tanto como aquellas revistas pornográficas con las que contrajo matrimonio durante su vida de marino.


-El precio de los Popis anda por los trescientos cincuenta pesos, se ha disparado, lástima que no regreses, podíamos hacer el pan. Eugenio nunca pudo comprender cómo rayos se podía templar y hablar de negocios al mismo tiempo. Tal vez lo hacía de cabrona para demorar el coito y su orgasmo, pensó. Ella se dejó caer suavemente y sintió todo el calor de sus entrañas concentrada en aquella vagina que comenzaba a quemarlo y le producía cierta ardentía.


-Vamos a tener que bañarnos nuevamente, después te prepararé unas langosticas que compré en el mercado negro. En el frío tengo varias cervezas de latica que me consiguieron en la Diplo, son las cómicas que tanto te gustan, pero solo las tomarás después del baño. Subió y bajó con rapidez violenta tres o cuatro veces ante la continua protesta de los muelles, se agotó e insinuó adoptar la posición del sesenta y nueve, Eugenio desechó la idea de realizarlo encontrándose debajo.


-Mañana te llevo las rosas, el agua de Florida y las velitas al barco. ¿No podrá callarse un solo instante? Pensó nuevamente mientras la llevaba de la mano hasta la butaca situada frente al espejo del escaparate, ella no protestó. 


-¡Dámela, cojones! Dijo envuelta en epilépticas convulsiones y sepultando de una vez todo el lirismo de Avellaneda.


-¡Dame una parte del dinero que tenemos guardado! Le dijo Eugenio después que terminaron de comer. Ella sacó una gaveta de la cómoda que se encontraba frente al pedestal de la cama, extrajo todo el contenido y la viró al revés. Pegada a su fondo con cintas adhesivas había un fajo de billetes que resultaron pesetas españolas, dólares y libras de esterlinas, dividió y le ofreció la mitad de aquel tesoro.
Esa mañana fue algo complicada en el puerto pesquero, Clarita entró con la libertad que le permitía su carné de miembro de la flota. Él la siguió durante su trayecto por el muelle sin apartarse de la portilla, cuando calculó que se encontraba junto a la escala real bajó para recibirla.


-Las flores van aquí. Dijo mientras las colocaba en el librero. -El huevo lo puedes conseguir con el cocinero. ¡Esta es el agua de Florida! Sacó un frasquito de la cartera y lo guardó en una de las gavetas del buró. El viaje es de unos nueve días máximo, ¡aquí tienes las nueve velitas! Las metió en la gaveta de la taquilla destinada a la ropa y como ésta se encontraba junto a la puerta de entrada al camarote, le pasó el seguro y comenzó a desnudarse. Eugenio corrió las cortinas que daban a la cubierta de botes y la del frontón. Todo tiene un precio en la vida, pensó y se desnudó. La pierna izquierda de Clarita descansaba sobre los cierres de la portilla que daba a la cubierta de botes.


Una larga pitada recorrió cada hueso de su cuerpo, siempre era así, entrando o saliendo. Eran pitadas cargadas de tristezas o alegrías, partías con los huevos flacos, regresabas con ellos inflamados de aventuras y penas, aquella pitada estremecía. El Morro a babor, una vagina caliente y ansiosa, el grito de niños corriendo por el malecón, malas y buenas noticias, lujuria, fiestas alcohol, putas. El Morro por estribor, la incertidumbre, duda, traición, hambre, silencio, sepultura que se sella con el último destello del faro, tristeza, ausencia de niños gritando. ¡Todo a estribor, rumbo 000! ¡Contramaestre, ponga el buque a son de mar! Silencio.



-¿Y estas flores? Preguntó la pianista que viajaba como pasajera ese viaje. Eugenio observó que tenía un pulso de Obatalá.


-¡No sé, tuvo que ser mi mujer antes de partir! Ya sabes cómo son ustedes y esas supersticiones de la buena suerte.


-¡Pero huele a agua de Florida!


-No tengo ideas de lo que hablas.


-¡Hay tres velitas gastadas!


-¡Chica!, ¿cuál es tu número, te encueras o no te encueras?


-¡Aquí hay gato encerrao! Flores, velas y olor que tú sabes, yo le meto a eso.


-¿Te quito la ropa? La pierna de la pianista descansaba sobre los cierres de la portilla.


-¿Por qué no nos quedamos en España y formamos una familia? Es de las que no pueden mantener la boca cerrada, pensó, habla demasiado y no sabe nada de matemáticas. 
La amiga de Clarita le pasó el huevo por todo el cuerpo mientras murmuraba algunas palabras que se confundían entre español y algún dialecto africano. Abrió la puerta que daba a la cubierta de botes y le pidió que se parara de espaldas a ella. Eugenio miró el espacio que existía entre el pescante del bote y el mamparo de su camarote para calcular la puntería, no debía fallar, el huevo debía viajar sin dificultad por ese tramo libre entre aceros y llevarse toda la mierda de su vida al fondo del mar.


-¡Ahora! Ordenó ella y Eugenio obedeció, tuvo intenciones de salir para ver el recorrido y final de toda una historia reducida al tamaño de aquella postura de ave. Tantos años vividos para sintetizarlos en esta mierda, no puede ser posible enterrar tantas cosas dentro de un cascarón. Aquel huevo fue el final y principio de una historia.


-¡Espérame en la puerta de esa pizzería! Le dijo esa tarde a la pianista en St. Stephen y ella esperó, lleva diecisiete años esperando.








Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2008-11-23


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sábado, 1 de julio de 2017

CARTA DE UN MARINO CUBANO GAY.


CARTA DE UN MARINO CUBANO GAY


Buque escuela Viet Nam Heroico, escenario de parte de esta historia.


…¡Maricón me dijiste, maricón me quedé, pregúntale a tu madre, cuantos hijos le dejé!...


Después de leer tardíamente esta carta, han transcurrido casi cinco años desde que me fuera enviada, llega punzante a mi mente aquel viejo estribillo que pronunciábamos con voz infantil algo musical. Se trataba de la defensa ante una de las acusaciones más severas existente en sus tiempos. Le seguía en orden y gravedad a una sonada "mentada de madre" en cualquiera de sus versiones. Una acusación de "maricón" en una tierra preñada de ácidos y agresivos machos, muy bien podía dirimirse con violencia y concluir con la muerte. Aquel estribillo viajó con el tiempo y lo heredamos de nuestros padres y tal vez de los abuelos. Luego perdió importancia al aparecer acusaciones consideradas mucho más graves y de contenido político.


No conozco su origen, pero sus autores fueron quienes después, con sus propias manos, construyeron aquel triste y famoso campo de concentración conocido como UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la Producción), donde purgaron penas miles de jóvenes, la mayoría de ellos "maricones". Llamémoslos por su nombre original, pues ni remotamente se pensó o utilizó la palabra "GAY". El ser humano que me enviara esta carta ajena de odios, no pertenece a esa primera generación de homosexuales tan sufrida en nuestra tierra.


La patria era exigente y reclamaba a cualquier precio que fuera habitada por "machos", eso nos hicieron creer hasta hace muy poco tiempo. Hoy aparece una Mariela Castro tratando de justificar lo que muy bien puede ser considerado un crimen y referirse a todas las atrocidades cometidas como "errores".



¡Silencio! La mayoría de los castigados decidieron convertirse en hombres, no tuvieron otra opción. ¡Con la revolución, todo! ¡Hasta el culo! Así fue como la "mariconería" pasó a la clandestinidad. Gracias a la presión internacional, aquellos campos de concentración fueron cerrados. No así la persecución en contra de los homosexuales, quienes de paso, sufrieron no solo la discriminación de la sociedad, mucho peor, vivieron en carne propia la marginación y condena de su propia familia. Se le cerraron muchas puertas de acceso a estudios, trabajos, etc. Solo una quedó abierta a riesgo de la propia vida, la emigración.


La cacería de brujas emprendida contra ellos no tiene parangón en nuestra historia y se desarrolló a todos los niveles de la sociedad comenzando desde las escuelas primarias. Muchos ojos velaron la manera de andar, pestañar, hablar, sentarse, cruzar las piernas, fumar, gesticular, vestirse, inclinación sexual, gusto por la música, etc., de quienes resultaban ser potencialmente sospechosos de "mariconería". Se les tendieron trampas, emboscadas, y resultaron ser más vigilados que cualquier agente de la CIA. Se les consideró enemigos de la revolución y la Patria, fuertes razones para que desapareciera el sentido de aquel viejo estribillo casi cantado de niño.



Fue así que, sin darnos cuenta, la Patria, siempre exigente y machista, contó en esas fechas con los maricones más rudos del universo. Bigotudos, barbudos, toscos y con voces masculinas. Tuvimos a los maricones más fecundos del planeta, prolíferos, fértiles, reproductores, sementales, etc. Me refiero a esos seres que, en contra de sus voluntades o deseos, hoy forman parte de una extensa comunidad con hijos y nietos. Prole de descendientes, muchos de los cuales, ignoran que su llegada al mundo se debe a un crimen histórico cometido en nuestra tierra. 





La Patria, tan prostituida, enajenada y satisfecha con el dolor producido en su seno, nunca dejó de menearse y en medio de sus gozos espasmódicos, parió otra especie de maricón mucho más dañino, el del alma. Este individuo social, acepta con servilismo todo el sufrimiento experimentado y le busca una justificación a su cobardía. No vale la pena gastar cuartillas en tan miserable personaje. Muy pocos lograron burlar los rígidos filtros establecidos para entrar a la marina mercante cubana, algunos de ellos cayeron durante la marcha y los sobrevivientes, hablemos de dos o tres solamente, fueron excelentes trabajadores y compañeros de travesías. Personas mucho más confiables que los compañeros militantes, gente respetada en todo momento.



No sé si el autor de esta carta de la que he deseado no hacer cambio alguno, se encuentre aún vivo. Quedo con cierto cargo de conciencia al no responderle en su debido momento. No le solicité permiso para publicarla y lo he estado buscando por Internet. Su muro de Facebook está desactivada y solo logré llegar hasta un blog que no se actualiza desde hace unos años. Hasta el 2014 estuvo vivo, ignoro si ya nos ha abandonado. En lo muy poco que dejó como legado, no encontré una sola palabra de odio o rencor por sus victimarios, todo el contenido de su espacio estaba colmado de amor, el que nunca encontró en su tierra. Solo deseo agregar unas palabras para finalizar este escrito; "Te pido disculpas en nombre de todos los hijoputas que destruyeron tus sueños, y sí, hace muchos años que decidiste abandonar aquella pesadilla, dejaste de ser el maricón que fuiste para ellos y morirás o has muerto como un "Gay", t
ú lo mereces. He decidido mantener su nombre en el anonimato.



16/12/2012 23:06


Mensaje: Muy interesante, no lo he leído todo, pero me dio por poner el nombre de uno de los que se graduaron conmigo en el 1980,"Arturo Escobar Capote"...y ya te imaginaras que me llevé tremenda sorpresa, y me imagino que como él habrá un montón. Yo navegué en el "30 de Noviembre" cuando el viaje de instrucción, y siempre, mi intención fue desertar, pero por la edad, quizás, y la inmadurez, lo dejé para después. 


El último viaje que hice fue en el buque escuela "VIETNAM HEROICO", pero en uno de los puertos que estuvimos, y donde pensé quedarme (AMSTERDAN), en una borrachera descubrieron que yo era HOMOSEXUAL Por supuesto, ya te imaginaras que me llevaron preso hasta que llegamos a la Habana. Allí fui el primero que bajaron del barco y expulsado de todo y de todos, la historia es LAAARGA... Vine para acá en 1980 vía Mariel, porque como era GAY, pues me dieron la salida de inmediato... y aquí, tropiezo tras tropiezo, he podido sobrevivir. ¡No tengo interés ninguno en NADA!, pues aquí ya estoy DESABILITADO desde 2008. Fui diagnosticado HIV POS en 1985 y mi vida no ha sido nada agradable desde cierto punto de vista. Pero soy una persona muy POSITIVA EN TODO actualmente. Sinceramente, no tengo interés de nada a estas alturas y menos de complicarme la vida con nada ni con nadie. Ya te imaginaras que no todo el mundo me acepta como soy, solo te escribo para felicitarte por tu escrito y ya con paciencia iré leyendo y seguiré explorando a ver si "aparece" alguien más. En FACEBOOK tengo una página:



https://www.facebook.com/pages/Mariel-Cuba/289642137779246 


No le he prestado ningún interés, solo la puse a ver si aparecia alguien de mis tiempos, pero parece que NO, y creo que así es mejor ANYWAY… Actualmente vivo bastante tranquilo y apartado de todo y de todos, con una parte de mi familia que vino para este país desde el principio de aquello y me recibieron muy bien cuando lo del MARIEL... Todavia son muy buenos conmigo "a pesar de todo", bueno, la historia mía es algo COMPLICADA me imagino, pero trato de seguir. Ahora ya de retirado el internet es mi salud y cuestiones puramente "personales y privadas", aquí me he interesado en todo a lo que la vida ESPIRITUAL se refiere... NO SOY RELIGIOSO, pero si me gusta mucho todo lo referente a la espiritualidad y el misticismo, que en CUBA tanto me confundieron y me negaron, pero aquí si lo he podido indagar y en eso sigo, pero sin grupos ni nada de eso, solo at "my way", me gusta mucho todo lo que tiene que ver con YOGA-YING/YANG-FEN SHUI-KABBALA, y por supuesto, CRISTIANIDAD. SI CREO EN "JESUCRISTO", pero quizás a mi manera.




UN ABRAZO Y QUIZAS "APAREZCA" ALGUIEN MAS POR AHÍ.

Cuídate mucho y sobre todo, muchas BENDICIONES
(PROMOCION IX MARINA MERCANTE)
(Guardiamarina 1789)


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17/12/2012 2:40


SOLO UNA POST DATA A VER SI TE RECUERDAS DEL ALFEREZ HESTEIRA O ESTIERA, ALFEREZ FLORES, ALFEREZ RODRIGUEZ Y ALGUNOS GUARDIA MARINA COMO; SIMEON GOMEZ SOLER', JOSE MANUEL LOPEZ RIVERO, LUIS CARLOS ARTIGAS SANCHEZ, TIMOCHENKO FERNANDEZ MAILLO, JULIO ANTONIO CASTELLANOS LLIBRE, ILDEFONSO CANELA HERNANDEZ, OMAR PORTUONDO… 


Bueno, esos son los que más recuerdo, hasta los números de guardiamarinas los recuerdo... ¡¡¡¡QUE TIEMPOS!!!!




Esteban Casañas Lostal.

Monreal..Canadá.
2017-06-23


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