jueves, 23 de enero de 2020

ALEJANDRO ALONSO, EL MARINO DE LA RED “AVISPA”


ALEJANDRO ALONSO, EL MARINO DE LA RED “AVISPA”



Para una gran mayoría de cubanos residentes de la isla, aquella famosa “Red Avispa” detenidos en Estados Unidos el año 1998, solo contaba con cinco miembros, luego convertidos en “Los Cinco Héroes” y no es así. Esa banda de espías logro reunir en su seno a 27 miembros, 6 de los cuales lograron escapar al exterior de los EU. Entre los actos de “heroicidad” programados por ese grupo, se encontraban actos criminales como el cometido contra las avionetas del grupo “Hermanos al Rescate. Bueno, el tema que hoy les traigo no es un estudio sobre las actividades realizadas por ellos, solo me detendré en el aporte realizado por la marina mercante en su formación.

La marina mercante cubana ya contaba con otros supuestos “héroes” y fueron aquellos “quemados” por el agente Aspillaga cuando su deserción. Me refiero al Capitán José Meléndez, Capitán Antonio García Urquiola y otro del que no recuerdo su nombre. Una vez sacados de circulación, emprendieron ese recorrido por toda la isla muy similar a las giras que hacían los circos de antaño. No puede negarse que la marina, como una extensión del territorio cuyo pabellón enarbolaba, tenia de todo como en botica.

El cuarto héroe de la marina mercante cubana lo fue Alejandro Alonso, solo que no llego a disfrutar de ese status privilegiado. prefirió colaborar con las autoridades norteamericanas a cambio de una reducción de su pena. Del resto de los integrantes de ese grupo no se escuchó nada más, no eran héroes, no eran objetivos de interés y desde esos instantes, la famosa red se redujo dramáticamente a solo 5 integrantes,

¿Quién era Alejandro Alonso? En apariencias uno mas de la tonga, lo conocí siendo Segundo Oficial mientras estábamos pasando el curso de Primer Oficial en la Academia Naval de Baracoa. Alejandro pertenencia entonces a la Empresa de Navegacion Caribe y era una persona muy sociable, mentiría si digo lo contrario. Poseía una moto MZ con sidecar y en varias oportunidades me dio “botella” hasta la playa de Marianao. Uno de esos días, nos desviamos antes de llegar a la zona de la escuela de química en dirección al mar y fuimos a parar a una oficina o puesto de mando de las Tropas de Guardafronteras. El objetivo de aquella visita era tramitar el “carnet de pesca”, esa era la única entidad autorizada para otorgarlo. Con nosotros viajaba otro oficial de cubierta de apellido Concepción, conocido por todos como “Conchito”. Como era de esperar, mi solicitud fue rechazada por no pertenecer al partido comunista de Cuba. Poco importaba si yo era un verdadero aficionado a la pesca y que, en mi condición de oficial de la marina, ya contaba en mi curriculum haber visitado en aquellos tiempos alrededor de 40 países. Una vez finalizado los estudios nos separamos y nunca mas volvimos a coincidir.  Fue en el año 1998 cuando vuelvo a tener contacto con su existencia, fecha en la que forma parte de las noticias cuando es detenido con la red “Avispa”.

A continuación les ofrezco algunos datos rescatados en Internet.




-ALEJANDRO ALONSO.- (Nació en EEUU) Agente “Franklyn” de la DGI. Su objetivo era informar sobre las unidades militares de los EEUU e infiltrarse en el Movimiento Democracia. Condenado el 29 /enero/2000 a 7 años. FUE UNO DE LOS 6 QUE COOPERO CON LAS AUTORIDADES AL SER DETENIDO.

Alejandro Alonso (EEUU, 27 de noviembre de 1958), luego su familia se mudó para Cuba de nuevo.  Se confesó culpable de tratar de infiltrarse en otra base militar de EEUU y fue sentenciado a siete años de prisión. Según los fiscales, Alonso trabajaba bajo el nombre de ``Franklin, ‘‘y estaba encargado de vigilar y reportar sobre el Movimiento Democracia. Piloto de barcos, vivía en Miami y participaba en las demostraciones de la organización.

Después de su arresto se convirtió en informante de la fiscalía.  “Solo puedo decir que hice mal.  Me arrepiento.  Le pido perdón a la corte y al mundo entero”, dijo después de escuchar su sentencia por la jueza Joan Lenard, en una vista que duró 10 minutos.


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Culpables los cinco acusados de la Red Avispa

Ivette Leyva Martínez, Miami | 14/06/2001 6:12 pm


Los cinco miembros de la Red Avispa de espionaje cubano fueron hallados culpables de los 23 cargos que se les imputaban al término del juicio, que durante seis meses se les realizó en Miami.

El veredicto, emitido el viernes en la tarde, sorprendió a muchos entre la comunidad exiliada, pues la ausencia de cubanoamericanos en el jurado y los elogios al trabajo de la defensa en algunos medios de prensa levantaron dudas sobre la posibilidad de que los hombres fueran condenados.

Sin embargo, tras 103 audiencias judiciales y una semana de deliberaciones, los 12 miembros del jurados concluyeron que Gerardo Hernández, cabecilla de la red de espionaje, es culpable de: conspiración para actuar como un agente extranjero no registrado y defraudar a Estados Unidos. Conspiración para cometer espionaje. Conspiración para cometer asesinato (en el caso del derribo en 1996 de las avionetas de Hermanos al Rescate). Fraude de pasaporte. Identificación fraudulenta. Actuar como agente extranjero no registrado. Ayudar, instigar a los acusados René González y Antonio Guerrero, agentes extranjeros. Ayudar, instigar al acusado de espionaje (fugitivo) Juan Pablo Roque. Ayudar, instigar a Alejandro Alonso, Nilo Hernández y Linda Hernández, miembros de la Red Avispa que se declararon culpables con anterioridad.

Ramón Labaniño, sustituto de Hernández en su ausencia, ordenó a otros agentes infiltrar el Comando Sur del Pentágono, que radica en Miami, y supervisar una misión contra influyentes políticos cubanoamericanos. Fue encontrado culpable de: conspiración para actuar como un agente extranjero no registrado y defraudar a Estados Unidos. Conspiración para cometer espionaje. Fraude de pasaporte. Identificación fraudulenta. Falsa solicitud de pasaporte. Ayudar, instigar al acusado Antonio Guerrero, agente extranjero. Ayudar, instigar a Joseph Santos y Amarylis Silverio Santos, miembros de la Red Avispa, que se confesaron culpables con anterioridad.

Antonio Guerrero, ciudadano estadounidense, trabajó durante cinco años en la base naval de Boca Chica, en Cayo Hueso, desde donde reportó movimientos militares. Culpable de: conspiración para actuar como un agente extranjero no registrado y defraudar a Estados Unidos. Conspiración para cometer espionaje. Actuar como agente extranjero no registrado.

René González, ciudadano estadounidense, se infiltró en Hermanos al Rescate y el Movimiento Democracia y preparó sabotajes y operativos para desacreditar a ambas organizaciones de exiliados. Culpable de: conspiración para actuar como un agente extranjero no registrado y defraudar a Estados Unidos. Actuar como agente extranjero no registrado.

Fernando González (sin parentesco con René González), ordenó a otros agentes penetrar en las instalaciones del Comando Sur. Es culpable de: conspiración para actuar como un agente extranjero no registrado y defraudar a Estados Unidos. Identificación fraudulenta. Fraude de pasaporte. Ayudar, instigar al acusado Antonio Guerrero, agente extranjero. Actuar como agente extranjero no registrado.

Hernández, Labaniño y Guerrero enfrentan condenas a cadena perpetua y René y Fernando González, penas máximas de 10 años de cárcel. Las sentencias serán emitidas por separado los días 24, 25, 26 y 28 de septiembre y el 2 de octubre.

Durante los seis meses del proceso judicial, la fiscalía presentó unas 2.000 páginas de documentos decodificados de las comunicaciones de los hombres con sus jefes en La Habana, las falsas identidades que usaban tres de ellos y otros objetos –algunos rudimentarios pero efectivos– utilizados en el trabajo de espionaje.

Las evidencias mostraron que algunos intentaron infiltrarse, aunque sin éxito, en instalaciones militares estadounidenses. En cambio, lograron penetrar organizaciones de exiliados cubanos y tenían como tareas difundir informaciones falsas para desacreditarlas, fomentar divisiones internas, realizar actos de sabotaje contra Hermanos al Rescate y destruir la carrera política de líderes cubanoamericanos.

Abogados del condado Miami-Dade creen que el fallo del jurado puede ser la primera piedra en un proceso de encausamiento criminal contra Fidel Castro, por el derribo de las avionetas civiles de Hermanos al Rescate en 1996 y la muerte de sus cuatro pilotos.

El veredicto, en el cual se condena a Hernández por "conspiración para cometer asesinato" es el primer fallo legal que indica que los pilotos (tres de ellos ciudadanos estadounidenses) fueron asesinados. Hernández advirtió a dos de sus hombres, bajo órdenes de La Habana, que no volaran durante varios días de febrero de 1996, incluyendo el del derribo.

Uno de los momentos más emotivos del juicio fue cuando se escuchó la grabación de las de los pilotos atacantes, quienes con júbilo y expresiones groseras se vanagloriaban de destruir con misiles las dos avionetas.

Guy Lewis, fiscal interino del distrito sur de la Florida, declaró a la prensa: "Hubo una conspiración para cometer asesinato que había sido aprobada y ordenada a los más altos niveles del Gobierno cubano". Lewis declinó pronunciarse sobre si la administración Bush buscaría el procesamiento judicial del presidente.

El ex fiscal Kendall Coffey, quien sirvió bajo la administración Clinton, dijo por su parte: "El Gobierno pudo probar que el derribo fue asesinato. Ciudadanos en nuestra comunidad fueron asesinados... y eso no puede ser ignorado. El deber del Gobierno estadounidense es proceder a establecer la culpabilidad de otros".

El encausamiento de Fidel Castro es promovido por el líder de Hermanos al Rescate, José Basulto, la Fundación Nacional Cubano-Americana, y políticos como el congresista Lincoln Díaz-Balart.

Las posibilidades reales de que tal cosa ocurra actualmente parecen remotas, pues como jefe de Estado, Castro goza de inmunidad diplomática. Sin embargo, los pedidos del tribunal de justicia internacional de La Haya para encausar a Slobodan Milosevic, incluso cuando aún era presidente de la Federación Yugoslava podrían abrir el camino hacia la definición de un marco legal para el enjuiciamiento futuro, en la arena internacional, de jefes de Estado y Gobierno.

Los familiares de los pilotos derribados por la fuerza aérea cubana, recibieron con satisfacción el veredicto. Eva Barba, la anciana madre de Pablo Morales –el único de los hombres que no era ciudadano estadounidense–, elevó sus brazos al cielo y exclamó: "Gracias a Dios, esto es justicia". Pero no todos estaban complacidos. Maggie Khuly, hermana de Armando Alejandre, otra de las víctimas del derribo, dijo: "queremos más encausamientos criminales. Le hablamos de eso a la administración Clinton y le hablaremos a la actual administración de la misma cosa", indicó, en referencia a posibles acciones legales contra Castro.

Caroline Heck Miller, quien representó a la fiscalía durante el juicio, declaró: "Éste es un día de justicia, un día de reivindicación de nuestro sistema judicial".

La defensa reaccionó decepcionada ante el veredicto. Jack Blumenfeld, abogado de Guerrero, admitió que pensó que el juicio se "había vuelto en nuestro favor, pero creo que había una cantidad abrumadora de evidencia que el Gobierno tenía".

De hecho, uno de los jurados, David G. Burker, un gerente de sistemas de computación de 45 años, declaró a la prensa que el principal abogado defensor, Paul McKenna (cuyo cliente era Gerardo Hernández) "insultó nuestra inteligencia", con partes de su argumentación.

"No hay excepciones en la ley" que permitan conspiración para cometer espionaje "por una buena causa", como alegó la defensa al justificar las acciones de los acusados diciendo que buscaban proteger a Cuba de una posible invasión o de actos terroristas de la comunidad exiliada, afirmó Burker.

El hecho de que las acusaciones fueran de "conspiración para cometer espionaje" y no "espionaje" derrotaba los argumentos de los abogados defensores de que los hombres no pudieron recabar información dañina para Estados Unidos, pues el solo intento de realizar actividades de espionaje bastaba para condenar a los acusados, dijo Burker.

En Cuba, donde el juicio fue silenciado por la prensa oficial, la reacción al veredicto fue cautelosa y enigmática: "Responderemos en su momento sobre este caso", advirtió el canciller Felipe Pérez Roque ante las interrogantes de los corresponsales extranjeros acreditados en La Habana.


Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canada.
2020-01-23



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lunes, 13 de enero de 2020

FLY ROBIN FLY


FLY ROBIN FLY 


Motonave "Renato Guitart"

¡Coño! Pacomprar un disco tenía que gustarte mucho la música, no es como ahora que hasta lo puedes bajar pirateao de Internet. ¡Ni en sueños! Un disco de larga duración costaba en cualquier lugar de Europa entre doce y diecisiete dólares, mientras más sonara así era su precio. Había que pensarlo diez veces antes de meter la mano en el bolsillo, no en cualquiera, nosotros que ganábamos cuando aquello cinco dólares a la semana. ¡Quince dólares por un disco! Tres semanas de trabajo, bueno, para el que es enfermo a la música como yo, cualquier sacrificio es aceptable.


Tampoco era tanto el sacrificio, solo hacía falta que me sonara cuatro laguers. Estando sabroso yo me creía el hijo de Aristóteles Onassis, lo jodío era cuando se me pasaba la curda. ¡Ná! Tres días después de esa lucha entre el placer y el arrepentimiento, ponía el disco en cualquiera de aquellos reproductores portátiles que tenían los marinos que viajaron a Japón y me calmaba. Los socios movían las patas, se alegraban al ritmo de aquella música, pero su alegría solo duraba hasta nuestra llegada a La Habana. No existía forma humana de copiar un disco, al menos, que estuviera a nuestro alcance.


Después de tres janazos bien dados, mezcla de vinos y cervezas, pasé por una tienda dedicada a la venta de discos y en ese fatal instante lo tenían puesto. Fly Robin Fly”, no dice más ná, solo que suba o vuele hasta el cielo. Se repite de nuevo, Fly Robin Fly y así hasta la eternidad, hasta que se acaba el disco y los diecisiete dólares.


-¡Me lo llevo! Casi le grité a la empleada.


-¡Asere! ¿Tú estás loco? Son diecisiete fulas. Advirtió el socio de curdas ese día, estaba más claro que yo. -¿La jeva tuya tiene blúmers? Mira que descubrí un escondite en la plaza de los gitanos donde la caja de semanarios vale ciento cincuenta pesetas.


-¡Consorte! Si no los tiene, ¡mira!, que se ponga una hojita como hizo Eva para cubrirse el huequito. ¡No jodas! Guarina, el pollo del indio Hatuey, andaba con taparrabos y no exigía tanto. Y mira que ese indio era timbalúo, no es fácil venir remando desde las islas Mauricio pa’decirnos que los gallegos eran unos cabrones. ¡Fly Robin Fly!


-¡No, yo no! Cada loco con su tema, pero aterriza mi socio, ese hobby es más caro que la mariguana, es tremendo vicio.


Fly Robin Fly! Seguí tarareando mientras la empleada me envolvía el disco y luego lo introducía en una jabita con el nombre de la tienda.


Escapé que el barco entró por Bahía Honda. ¡Uffff! En La Habana había que entregarlo a la aduana y se lo llevaban para comprobar que no tuviera mensajes del enemigo. Los discos de larga duración estaban grabados a 33 RPM, la aduana los pasaba a 45, 73, 100 y a saber. Casi siempre los devolvían rayados y no protestes, ellos estaban protegiendo a la patria y a la revolución. ¡Escapé! Estaba feliz como nadie puede imaginar.





Entre cinco tripulantes alquilamos un taxi desde Bahía Honda hasta la playa de Marianao, como yo era el de mayor jerarquía, me cedieron el asiento delantero. La di el disco a uno de los que iban atrás y le dije, casi le ordené, que me lo aguantara, yo iba sobrecargado con mi equipaje. ¡Fly Robin Fly! Tarareaba mentalmente durante todo el trayecto.
Nos bajamos en la acera del restaurante Himalaya con la intención de tomar cualquiera de las guaguas que salían del paradero de La Playa.


-¿Y mi disco? Le pregunté al marino, el taxi había acabado de partir.


-¡Coño! Se quedó en la parte de atrás del asiento. Respondió y faltó muy poco para que me cagara en su madre. Traté de seguir con la vista el recorrido del auto y lo perdí en la densidad del tráfico, cuando aquello era algo intenso en una avenida como aquella. Crucé a la acera del frente y solo disponía de una opción, tenía que detener a cuanto “Chevy” transitara por la 5ta. Avenida. Yo sabía que retornaría en la rotonda del Coney Island y lo esperé. En aquellos tiempos la flotilla de taxis estaba compuesta por autos Chevy de la Chevrolet y Fords Falcon comprados en Argentina, ya los cubanos se habían encargado de pasarle la cuenta a los Alfa Romeo comprados en Italia. Paro uno, paro otro, uno más, hasta que adivino a la muchacha que nos había conducido desde Bahía Honda.


-¡Oye, Chama! ¡Dame el disco que se encuentra detrás de tu asiento! El auto iba repleto de guardiamarinas, posiblemente con destino a la academia naval del Mariel.


-¿De qué me hablas? Respondió el aludido.


-No te hagas el sueco, te hablo del disco que tienes detrás de tu cabeza. Afortunadamente no lo habían visto. –Mamasita, yo venía contigo desde Bahía Honda y lo olvidé. Le dije a la taxista, pude recuperarlo.


Fly Robin Fly! ¡Fly Robin Fly! No dice más na’queeso, ¡ahhh!, pero la música es sabrosa, rica, algo monótona, pero con un ritmo que invita a mover todo el esqueleto.


Se me ocurrió llevarlo a la boda de una cuñada que vivía en San Agustín, no recuerdo el número de la callecita, solo sé que estaba después de Las Palmitas. Aquella corta calle comenzaba en la avenida 51 y moría en la línea del tren. Después de la línea existía una cerca que limitaba los terrenos del Combinado del Vidrio, el marido de mi cuñada, el que se casó ese día, soplaba tubos en aquella fábrica. Una pila de veces trató de explicarme la esencia de su trabajo y yo me limitaba a decirle que era un “soplatubos”.


Recuerdo que mi socio Ríos llevó aquella “consola” con sonido estereofónico que había comprado de uso en Japón, era el equipo de guardia para todas las fiestas, tenía mejor servicio que cualquier ambulancia. ¡Oyeeee! Cuando aquel tareco comenzó a sonar con el disco que yo había comprado en España, toda la cuadra comenzó a bailar, ¡Fly Robin Fly! ¡Fly Robin Fly! Hasta Fernando, el marido de mi cuñada a partir de ese día, un chamaco amargado y cargado de traumas, él también bailó, tanto, que dudo se le haya parado el pito esa noche. No hay que alarmarse tampoco, llevaban viviendo juntos varios años, solo que aceleraron los trámites para disfrutar del derecho a las cajas de cerveza, el pastel y las cuatro mierdas que ofrecían el las tiendas a los que iniciaban una familia. Aquel matrimonio duró lo mismo que un merengue en la puerta de un colegio. ¡Fly Robin Fly! ¡Fly Robin Fly! Qué clase de borrachera.


¡Mira! Mi primo Enrique me endulza con la rumba de la compra de un cuarto en conexión con otro socio fuerte de él. ¿Qué les cuento? Lo vendí todo, refrigerador, ropa, zapatos y hasta los discos. Los tuve que soltar a precios de ganga, no se puede pedir mucho por ellos en una isla donde nadie tenía dinero. Así salieron los Rolling Stones, Paul Mauriat, Tom Jones, The Beatles y cuanta gente famosa formaba parte de mi exquisita y cara colección. Me tumbaron la plata, no les digo la cantidad, solo que en aquellos tiempos el peso cubano tenía algo de valor. ¡Ñooo! Ese ha sido uno de los peores momentos de mi vida, mucho peor que el dolor sufrido por una traición, y eso no ha faltado en la vida de un aventurero. Todo se esfumó y no pude encontrar al individuo.


Un día, mi hija me invita a disfrutar del carnaval de los “Gays” en Montreal, es un espectáculo que bien vale la pena disfrutarlo, único. Andando por la calle St. Catherine, una de las principales arterias turísticas de esta ciudad, escucho desde el interior de un bar las notas de aquella vieja canción, ¡Fly Robin Fly! ¡Fly Robin Fly! Traté de explicar a mi modo los recuerdos que me traían esa canción a mi hija y yerno, no creo hayan comprendido mucho, tampoco me importó.


Hoy la encuentro accidentalmente y la comparto con ustedes, no era tan malo nuestro gusto, ni el de los compositores de esa música tampoco. Por algo la llaman la época de oro o dorada de la música. Ella formó parte de mi juventud y también de nuestra historia. ¡Fly Robin Fly! ¡Fly Robin Fly!


                                            Esteban Casañas Lostal.
                                            Montreal..Canadá.
                                            2010-09-03






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jueves, 2 de enero de 2020

ENCUENTRO CON VIEJOS LOBOS MARINOS EN MIAMI



ENCUENTRO CON VIEJOS LOBOS MARINOS EN MIAMI




Hola Muchachos/as...

¿La Fiesta? Bueno, no pudiera comenzarse a comentar algo sobre ella sin dejar de mencionar el magnífico trabajo de sus anfitriones. Debemos agradecer de todo corazón la hospitalidad y cariño ofrecida por la familia de Presilla, todos fueron excelentes en el trato con los miembros del foro. La decoración de la casa con motivo del evento fue algo sorprendente. Todos los detalles muy bien pensados con la finalidad de hacernos pasar un largo rato muy agradable, no creo haya faltado nada, solo algunos de los miembros que no pudieron asistir. Más adelante traeremos algunas fotos de la celebración, incluyendo de un precioso pastel mandado a confeccionar.
En nombre de todos nosotros deseo expresar nuestro profundo agradecimiento a Presilla, su esposa, cuñada y la mamá de él, para todos ellos un fuerte abrazo. Más adelante profundizaré en detalles, solo unas líneas como adelanto de lo que fue el primer encuentro de los tripulantes del foro "Faro de Recalada".

Muchas gracias Presilla y familia, ustedes superaron nuestras expectativas.


Un abrazo..


Esteban




Pude hacer personalmente ese reconocimiento, pues todo fue muy lindo. Presilla y familia se lucieron como anfitriones.
También personalmente, nos sentimos muy bien en el grupo, a pesar de no haberlos conocido con anterioridad, lo que no impidió sentirnos como si nos hubiéramos conocido de siempre.
Por supuesto, las anécdotas de cada uno de los marinos presentes en ocasiones lograron mi asombro y admiración.
Verdaderamente, fue una experiencia extraordinaria sentirnos en familia durante esas horas inolvidables y esta sola reunión de celebración es un triunfo de Faro de Recalada que paga con creces la labor de sus foristas.


Hector Suzet




Muchas gracias a Presilla y familia por brindar su acogedora casa para la Junta de Arribada muy emocionante fue el reencuentro gracias a todos
Fundichely














































































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lunes, 23 de diciembre de 2019

FELIZ NAVIDAD


   FELIZ NAVIDAD






Hola amigos...

Quisiera desearles una "Feliz Navidad" y agradecerles también que una u otra vez hayan visitado esta página. Un dia como hoy y tal como me sucediera durante dos décadas de vida en el mar, las Navidades o fiestas por el Año Nuevo podía sorprendernos en cualquier océano, mar, golfo o atracados en un puerto a cientos de millas de nuestros seres queridos. Muchos de nosotros estamos jubilados y comprendemos la soledad que se experimenta en esos y otros instantes importantes en la vida de cualquier marino, hacia ellos va dirigido principalmente este saludo.

Para todos los que se encuentran acompañados de sus seres queridos, les deseamos de todo corazón que lo festejen con mucha alegría. Para los más desafortunados, los que tendrán dificultades para llevar una cena a su mesa, hacia ellos todos nuestros deseos porque un dia tengan un futuro mejor cargado de sueños y esperanzas.


Con todo mi amor..

                       Esteban


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lunes, 9 de diciembre de 2019

LOS MENSAJEROS


LOS MENSAJEROS





No he podido precisar en qué fecha se estableció el uso obligatorio de los equipos de comunicación VHF en la marina mundial. Si estoy convencido de que en la marina mercante cubana sucedió en la década de los 70 y tomo como referencia la instalación de ese equipo en la motonave “Jiguaní”. Este barco perteneciente a un lote conocido entre la marinería como “Los Gallegos”, fue construido en España en el año 1966 y arribó a la isla sin ese equipo. No fue hasta el año 1970 que se le instaló en Montreal-Canadá, cuando se le hicieron otras adaptaciones adicionales para que pudiera navegar por los Grandes Lagos. Se convirtió así en el primer buque cubano en realizar esas travesías que, luego repetimos en cinco oportunidades con destinos a Toronto, Hamilton y Port Weller.

Antes de que eso sucediera, las comunicaciones entre los buques cubanos con distintos puntos de la tierra donde debían recalar, se realizaban exclusivamente con el equipo de radiofonía o telegrafía. Fue el fin de una época donde aun se utilizaban las comunicaciones por banderas, lámparas de señales, pitos y campanas. Algo lejana quedaba aun la aparición de aquellos walky-talky de tamaños descomunales y antenas exageradas para la comunicación interna.

Debe suponerse entonces que, no existía el “Puesto de Mando Mambicuba” con sede en la Empresa de Navegacion Mambisa y que la comunicación entre el buque que arribaba y los Prácticos de La Habana, se establecía en las proximidades del Morro por izadas de banderas que poseían un código local. Una vez dentro del puerto, ¿cómo se mantenía comunicación entre las oficinas de la empresa armadora y el buque? Este es el tema de hoy que muchos no conocieron y algunos han olvidado.

Durante varios años, yo diría que a lo largo de la existencia de la flota, los marinos que se quedaban de vacaciones y una vez que ellas eran consumidas, fueron destinados a diferentes trabajos mientras esperaban por una plaza en los buques que arribaban o el suyo cuando se impuso las “tripulaciones fijas”. Los de buena suerte trabajarían como “integrados” en las naves surtas en puerto hasta que ellas partieran. Los de mala suerte podían ser destinados a trabajos agrícolas o a las nacientes microbrigadas de Alamar. Yo compartí esa mala suerte durante la construcción de los primeros edificios construidos por la marina mercante cerca del garaje de ese barrio.

Bueno, no avancemos mucho y retrocedamos un poquito en el almanaque. ¿Se acuerdan de Cordero? Estoy convencido de que solo lo recordaran los mas viejos en la flota. Era un flaco con pinta de gallego que trabajó durante largo tiempo en el Departamento de Personal, luego llegaría a ser uno de sus jefes. Pues en los finales de la década de los sesenta, Cordero tenía la responsabilidad de distribuir a todo ese personal flotante que esperaba ubicación en las naves disponibles en la bahía.

No contaba con oficina alguna, disponía de una especie de cajoncito o cubículo de aproximadamente 1.5 metros cuadrados, donde incluso, debía permanecer de pie para realizar su faena, aunque carecía de importancia porque la realizaba en cuestión de minutos. Tenía a mano una lista de los buques que solicitaban personal de refuerzo y otra con el personal disponible, fueran de maquinas o cubierta. Ese cajoncito se mantuvo largo tiempo en la acera de la esquina localizada en la calle San Pedro o Avenida del Puerto en su intersección con la calle Santa Clara, exactamente donde existió una piloto cervecera de mala muerte y hoy radica la iglesia ortodoxa.

Esa esquina fue el centro de encuentro de muchos amigos separados por las grandes navegaciones, razones por las que abundaron los abrazos, apretones de manos, piropos a las chicas que se dirigían a sus escuelas o trabajo y por supuesto, esa bulla tan característica entre cubanos, bañada por el denso humo dejado por las guaguas y camiones a su paso.

Los mas afortunados eran destinados a las labores de mensajeros, ellos eran los encargados de mantener comunicación entre los buques y las oficinas de la empresa. Bueno, también tenían sus desgracias, no olviden que la bahía era algo grande y los buques podían estar atracados en puntos distantes. No se les suministraba medio de transporte alguno, las ultimas bicicletas “Niagara” se habían importado en 1959 y ya ustedes conocen la inestabilidad que siempre mostró el transporte público.

Tampoco vamos a observarlos como víctimas de la situación imperante en su momento, ya saben ustedes de la pata que cojeamos los cubanos. Algunos de ellos eran verdaderos cabrones, solo llegaban con la demora aceptable las citaciones o comunicados urgentes. Las de poco interés eran recibidas generalmente a la hora de almuerzo a bordo de nuestras naves. Ya deben imaginarse, se presentaban sudados, sedientos, agitados, agotados y hambrientos, muy hambrientos. Y bueno, si se le ofrecía alimentos a una pila de inspectores descarados que también llegaban a la misma hora, ¿Por qué negársela a uno de esos cabrones?

Yo recuerdo que una vez me agarraron para ese trajín, solo que en sentido inverso, o sea, del buque a la empresa. Fui enrolado accidentalmente como Tercer Oficial a bordo del buque “Playa Larga”, cuando arribó de Chile después del golpe de Pinochet. ¿Qué les cuento? Cuando su Capitán, el brasileño, me envió por tercera vez con recaditos o papelitos, aproveché ese viaje para solicitar mi desenrolo en Cuadros y me enviaron para el buque “Victoria de Girón”, allí se encontraba Caminos de Primer Oficial. Nada, se equivocó el cangaceiro, parece que me vio cara de cartero o mensajero.

Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2019-12-09


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domingo, 8 de diciembre de 2019

HIPOACUSIA


HIPOACUSIA


Motonave "Aracelio Iglesias"


Ustedes no se imaginan la cara que puso aquel narrita cuando me vio descender del taxi con una caja que le resultaba muy familiar, cambió de la luz amarilla a la roja de un tirón y temblaba. Eso sí, nada de mala cara, porque el que se ponga a hablar mierda de los japoneses yo soy el primero que lo ataca. Muy educados, hablan bien bajito y desde que entras a cualquier tienda inician esa gimnástica continua del sube y baja la cabeza. Tienes que acostumbrarte y debes responderle, pero carajo, no tienen que jorobarse tantas veces, hay que perdonárselo, hay que perdonarlo, ellos no saben ná de las bisagras oxidadas o el desayuno flojo.

Con tremenda calma deposité el cajón en el piso de la tienda y me jorobé dos o tres veces. Por suerte, bueno, no se puede decir que la sea tampoco, ustedes saben que nosotros no botamos nada. La caja estaba intacta, las divisiones de poli espuma, las bolsitas plásticas, todo lo había conservado.

Nosotros los cubanos no botamos nada, la necesidad nos ha enseñado. Me saludó en japonés y yo le respondí en español, total, él no hablaba otra lengua, para qué iba a gastar las pocas balas que tenía de inglés, había que reservarlas. Entonces, con mucha calma de mi parte, saqué la factura y la garantía del equipo. Todo estaba escrito en japonés y lo único que yo entendía era la parte de la fecha que, por cierto, la garantía vencía al día siguiente y solo nos quedaban tres días para zarpar.

El socio lo leyó tranquilamente, ya se había calmado y recobrado su color amarillo natural. Llamó a una viejita que se acercó inmediatamente a nosotros y se repitió la ceremonia del sube y baja, le preguntó algo en su lengua, se dirigió a mí con lo que imaginé una pregunta y le respondí en español.

-¡Mire, mamasam! Tampoco sé qué le dije, pero me la jugué al canelo para darle un toque japonés a mi explicación, ella puso cuidadosa atención a mis palabras. -El asunto es que tiene un canal de salida medio jodido, exactamente el izquierdo. Me detuve y comencé a abrir la caja y colocar todos los componentes encima de un mostrador. Delante de ellos armé el equipo y les brindaba la oportunidad de comprobar que yo no era zurdo a la materia. Después, le señalé hacia uno de los audífonos que tenían en exhibición y me comprendieron, o sea, iban entendiendo perfectamente el español. Lo conecté donde decía AUX y le pedí de paso que lo conectara a la electricidad.

Allí mismo le soné un casete de Boney M, nada de copia, un casete verdadero que compré en un mercado de Singapur. ¡Ta bien! Era pirateado y me había costado un dólar, pero la grabación era de muy buena calidad. Me coloqué los audífonos y comprobé que seguía el defecto en el canal de salida izquierdo. Con mucha delicadeza se lo coloqué al narrita y estuvo escuchando un ratico, subía el volumen, lo bajaba, trasteaba el ecualizador, anulaba el volumen del lado derecho, luego el izquierdo. Los bombillitos del volumen se iban encendiendo en una disciplinada hilera, ¡coño!, como me gustaba eso, era una novedad. Después, las lucecitas del ecualizador funcionaban de mil maravillas.

Sin avisarle desconecté los audífonos y se observaba ese ir y venir vibrante del corazón de las bocinas. Muy lindas, por cierto, de color metálicas y con algunas salpicaduras de CocaCola que no pude limpiar. ¡Ná! La jodedera de los curdas que invitas al camarote y no tienen práctica para abrir las laticas de refresco, cosas del subdesarrollo. Yo cogí un encabronamiento del carajo, pero como también estaba medio curda se me pasó rápido. Estábamos celebrando la compra del equipo, no digo yo si merecía una celebración, que no es fácil sonarse el Océano Pacífico a golpes de manuelas para comprar un equipo con un poco de vergüenza. ¡Pa qué vean! Ese viaje escapamos, el que hace la ley también hace la trampa. Nos tocaba comprarnos ropa de frío y el arreglo era sencillo, el Sobrecargo del buque "Aracelio Iglesias" nos soltaba la pasta en vivo y directo, y nosotros lo tocábamos con unos cuantos varitos. ¡Claro! Había que conseguirse facturas que dijeran se habían comprado abrigos, botas, guantes, pantalones, gorra, medias, calzoncillo y camiseta. Con eso no había líos, entregábamos cualquiera. ¿quién se iba a poner a investigar? Todas estaban en japonés y Japón queda lejos, caballeros. Claro que me eché varios equipos, pero ahora no puedo estar haciéndoles el cuento y debo concentrarme.

El chama me dijo en japonés que no había líos, que todo estaba perfecto. Me colocó los audífonos y me puse a trastear todas las teclitas como hizo él. ¡Vaya! Pa que no fuera a pensar que yo era comemierda, hasta me encabroné un poquito para asustarlo. Ya saben ustedes, a ningún comerciante le conviene tener a un cliente disgustado dentro de su tienda. -¡Mire, mamasam! Póngase este tareco pa'que compruebe que yo no le miento. Y con la misma se lo coloqué en el güiro. ¡Claaaaro!, con mucha delicadeza, tampoco así, la narrita podía ser perfectamente mi abuela. ¡Pues, ná! Ni protestó la vieja, hasta tiró unos pasillitos inventados cuando escuchó algunas notas de Ma Baker.

Después que bailó un poquito al ritmo de los Boney y con algunos pasillitos de geisha bien educada, la temba se quitó los audífonos y me llevó para el fondo de la tienda. Allí tenía una hornillita encendida con una tetera encima y me brindó una tasa de té sin azúcar, se la pedí, pero se hizo la cabrona y tuve que tomarlo amargo.

-¡Vamos a ver, mijo! Me dijo en perfecto japonés. -¿Cuál es el bateo?

-¡Ná, abuelita! La rumba es que me he gastado más de la mitad de la plata de este viaje en ese equipo y no quiero llegar al patio con un canal fao a las mallas. Ya usted sabe, la plata que me dio el Sobre por la ropa de frío está incluida también. Pero bueno, no solo compré este equipo que va directo a mi gabinete. ¡Nooo! Que no es así de jamonete tampoco, el lío es que nosotros tenemos una libretica donde nos apuntan los equipos que entramos. ¡Osease! Me toca entrar una radio grabadora cada cuatro años. ¡Pero, coño, mi abuela!, uno tiene que luchar.

Entonces, y ahí es donde radica el bateo, yo compré un frío de uso para dárselo al aduanero y poder pasar mi mercancía sin líos. Pero tampoco, así como así, tengo que recuperarme del bache. Es decir, debo llevar otras cosas para vender y en eso entran otros equipos. Por ejemplo, hay que llevar otro frío pa lanzarlo, usted sabe, eso es pan caliente, allá solo lo venden a los vanguardias. ¿Y qué me dice del equipo de música que me pidió Julito el carnicero? Hay que cumplir con los clientes, y sobre todo, si son tan importantes como él. Abue, usted no se imagina lo difícil que está la carne en el patio. Se lo garantizo, Julito va a estar muy contento, le armé una columna espectacular. También va el tiví de mi vieja, usted no se imagina el daño que produce a la vista los blanco y negros que venden en el patio, y no a todo el mundo, hay que ser vanguardia también. De paso y para ser modesto, compré un aire acondicionado de medio palo para instalarlo en mi cuarto. Mi vieja, el sol da de frente a esa pared por la tarde y no hay quién eche un palito sin sufrir, porque la pared se mantiene caliente hasta la madrugada. ¿Me comprende? El lío es que ese equipo va directamente a mi casa, imagínate tú pagar con un frío para poder entrarlo y que llegue roto. ¡Ta bien! El frío es de medio palo, pero es de difusor, nada de hielito en el congelador.

-Tu caso es dramático, vamos a hacer una cosa, déjalo aquí y pasa a buscarlo mañana. La miré fijo a los ojos y le mostré toda la desconfianza del mundo, bueno, estaba justificado por la experiencia de los años y estuve a punto de decirle que me quedaría en la tienda mientras el técnico revisaba el equipo. Era lógica esa actitud tan absurda, acostumbrado como estaba a los hijoputas que trabajaban en los consolidados, no pensé encontrarme en Tokio y olvidé la honestidad tan brillante de todos los japoneses. Ella se enojó un poco y no tuve otra alternativa que aceptar y regresar al siguiente día.

-¡Domo arigato, domo arigato gozaimasu! Vaya, el gozaimasu lo encontré ahora en el diccionario y lo sueño por un asunto de alarde, ya saben ustedes como somos los cubanos. -¡Sayonara, sayonara! Agarré el cajón y me fui al carajo en un taxi, el barco estaba de salida. Armé el tareco nuevamente en el camarote y continuaba con la misma jodedera, pero ya no había arreglo, tenía que comérmelo con papitas fritas.

¡Muchachos! Quién les dice se da tremendo bateo en la marina mercante cubana por los setenta, creo que a finales. El lío es que le hacen unas audiometrías a varias gentes que trabajaban en máquina y descubren decenas de medio sordos y algunos casi ponchados. ¡Pa'qué fue aquello! Audiometría pa'to'el mundo, ustedes saben cómo funciona eso en Cuba, cuando la agarran con una cosa no paran hasta cagar. Vacas, vacas, vacas, col, col, col, col, trasplante de corazón, trasplante, trasplante, trasplante. Círculo infantil, círculo, circulo, marcha, marcha, marcha, trincheras, trinchera, trincheras. Así, hasta que se olvidan de una mierda y agarran otra hasta aburrirse. En la marina fue igual, pasaron por ese aparatico del hospital Fajardo a toda la gente de máquina. Decenas de maquinistas y engrasadores fueron removidos de sus plazas y cayeron de cabeza en cubierta o cámara, eso sí, sin indemnizar a nadie, esa gente se quedó sorda en nombre de la patria.

Pensé yo, bueno, ya acabaron con la gente de máquinas y se les quita la calentura, pero me equivoqué, la agarraron con los oficiales que trabajábamos en el puente. ¡Ojo! La gente de máquina se queda sorda porque estuvieron trabajando una pila de años sin protectores, no fue por culpa del imperialismo ni del bloqueo, que orejeras se vendían en el mundo entero. La rumba es que me incluyen en el chequeo anual una audiometría y caigo de jamón en el hospital Fajardo.

¡Miren, muchachos! Ni se imaginan el encabronamiento que agarré con aquella técnica que me hizo la prueba. La tipa no quiso ceder, era la última incorrupta que existía en la isla. ¡Nada! No aceptó absolutamente nada, ni blumer, ni pañuelos de cabeza, perfume, teteras, invitaciones al Conejito, Riviera, Capri, Habana Libre. Aquella hija de puta era la única pura que había en la isla y me la saqué como un premio de lotería.

El compañero padece de hipoacusia en el oído izquierdo, así puso la cabrona en mi historia clínica. ¡Imagínate tú! Yo no podía presentarme en la empresa con ese numerito, me iban a disparar inmediatamente del puente, tenía que inventar, inventar, eso es. Arranqué pa' la pinga aquella hoja de mi historia clínica y compré una botella de ron en camino a la casa.

Siempre aparece algo, eso es lo bueno de Cuba, pensaba mientras viajaba en la guagua. Resolví, como no voy a resolver en esa isla repleta de miserias, que carajo se pensó aquella técnica de mierda. No joda, va a poder en contra de todo un pueblo, ¡qué berraca! Si no anda por Miami debe estar en la isla cagándose en su madre.

-¡Oye, mi socio! El lío es que en este hospital no hay equipos para hacer una audiometría. Le dijo el otorrino de la Benéfica al médico amigo mío.

-¿Y eso qué importa? Pídele prestado cien pesos para ver si te escucha o no.

-¡Ño, esa es dura!

-¡No jodas! Aquí hemos resuelto casos peores. Ese día salí con mi historia clínica llenada correctamente y continué navegando. Todos los años posteriores yo engañaba a la técnica de turno, era muy fácil, te encontrabas sentado frente a ella y observabas todos sus movimientos en la operación del equipo.

-Doctor, el asunto es que ya no escucho el teléfono por el oído izquierdo y deseo saber hasta qué punto tengo dañado el derecho. Le respondí ante las preguntas normales por mi presencia en su consulta.

-¿Tienes antecedentes de sordos en la familia?

-No.

-¿Has estado sometido a ruidos muy fuertes?

-De los catorce años a los diecisiete estuve en largos períodos de cañonazos.

-De ruidos fuertes.

-De cañonazos.

-De ruidos fuertes.

-De cañonazos.

-De ruidos fuertes.

-¡Oiga! Ya le dije que no eran ruidos, fueron explosiones por cañonazos. No sé por qué, pero me dio la impresión de que había descubierto mi acento y no deseaba conocer las razones, insistía en dibujarlas, me cayó mal de gratis.

Se levantó y me reconoció la garganta, nariz y oído. Me remitió a otra clínica para realizarme una audiometría y en esta oportunidad no me interesaban los trucos, es que no existía la más remota posibilidad de realizarlos. Me encerraron en un cubículo de espalda a la técnica y aquella prueba fue bastante extensa, yo me comunicaba con ella por medio de un micrófono de acuerdo con sus instrucciones. Al finalizar me entregó una hoja donde aparecía dibujado todo un gráfico muy parecido al de los viejos barómetros o termógrafos.

-¿Cómo estoy? Le pregunté al final del ensayo, cubano al fin.

-Ya le dirá su médico, no estoy autorizada. Vi en su respuesta todo el profesionalismo que se respira en este país, todo es secreto o privado. Llegando a la casa saqué nuevamente un turno para la consulta del otorrino.

-¡No me explique nada! Me dijo el hombre cuando me senté frente a él y hojeaba aquellos resultados que me dio la técnica en audiometrías. –Usted tiene ponchado el oído izquierdo y el derecho con algunos problemas. ¿Tiene antecedentes de sordera en su familia? Era lógico que se haya olvidado de nuestro primer encuentro, ya había pasado más de veinte días.

-¡No! Durante mi juventud fui sometido a largas jornadas de cañonazos y nunca usé protectores.

-¿Y eso cómo fue?

-Yo era calificador de tiro antiaéreo y debía estar junto al cañón, solo que me quedaba al lado izquierdo, por eso se me afectó ese oído más que el derecho. Ahora bien, esa deficiencia auditiva solo fue detectada a los veinte tantos años.

-De acuerdo al chequeo que le he realizado, he podido comprobar que su tímpano exterior se encuentra en perfecto estado. O sea, el daño causado ha sido en su tímpano interior. ¿Qué le digo con esto? El daño es irreversible y no puedo operarlo, le voy a recetar una prótesis que lo ayudará. Llenó unos papeles y escribió la dirección de la clínica más próxima a mi casa. Yo lo observaba en toda esa maniobra y me reía pensando. Se creerá él que yo usaré ese tareco para escuchar los ronquidos de mi mujer. ¡No joda! Si hasta un poco de sordera es saludable en estos tiempos, dejas de escuchar tanta mierda que se habla, no solo entre los cubanos cuando nos reunimos, hablo de las porquerías que se escuchan por televisión, sobre todo, las manifestadas por muchos políticos actuales.

Le comentaba a una amiga sobre aquel bateo en la tienda de Tokio y la jodienda del canal de salida dañado en el equipo de música, aún no me había hecho la audiometría. Por eso no contesto al celular cuando estoy manejando, el problema es que yo soy derecho. De todas maneras, si de algo pueden estar convencidos, los ronquidos se los suena el médico, y ahora, hay que buscarle el lado positivo a esa semi sordera, siempre aparece algo, se los digo yo que soy cubano.

¡Ahhh! Ahora que me acuerdo, dice el médico que la prótesis es mandada a fabricar de acuerdo con las necesidades del paciente. Hasta eso me da risa, me viene a la mente un hermano que debía usarlas en Cuba, el pobre, finalmente dejó de usarlas, le molestaba a pesar de su sordera. Me molestaba a mí cuando estaba frente a él y escuchaba un piiiiiiiiiiiiii larguísimo. No hubo maneras de convencerlo, siempre prefirió cargar con su sordera. Pero allá era así, vacas, vacas, vacas, huevos, huevos, huevos, coles, coles, coles, círculos, círculos, círculos. Son repetitivos y poco originales, ni para vender condones sirven, lo mismo te toca el de un gallo que la talla de un burro. Y los ronquidos de la socia, que se los suene el médico.

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2008-03-18


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