miércoles, 2 de agosto de 2017

MI BARCO ( VI ) BUQUE ESCUELA “VIET NAM HEROICO”


MI BARCO ( VI ) BUQUE ESCUELA “VIET NAM HEROICO”



Buque escuela "Viet Nam Heroico"


La escuela estaba localizada inicialmente en unas edificaciones que pertenecieron a un club para militares del gobierno de Batista, se encontraban en estado de abandono y era una verdadera lástima, pero nada resultaba sorprendente en nuestro país. Jaimanitas sería nuestro punto de referencia en esos viajes diarios desde los distintos barrios de La Habana, coincidíamos en la guagua grandes grupos de nosotros y los viajes eran amenos, divertidos, siempre compitiendo en ese deporte nacional de conquistar a cualquier chica. Muchas caras conocidas de aquellas aventuras por los campos de la provincia se dieron cita allí, unos por escapar del tableteo de las piquetas y el olor a minio, otros por verdadera vocación de marinos. Había de todo, alumnos muy inteligentes y bien preparados, también los que fueron seleccionados por su incondicionalidad al sistema. En ese grupo se acomodaron los más “revolucionarios”, extremistas e intransigentes, los que pensaron aprobar por su militancia, fueron bien chivatos y peligrosos, aunque no resultaran un porcentaje elevado de todo el alumnado. Nuevas caras, relaciones, amigos que con el tiempo compartiríamos en los puentes de diferentes naves. No faltaron los que se destacaron como verdaderos hijoputas, los encuentros con ellos se derivaron en constantes batallas, todas producidas por el celo que siente aquel incapacitado en presencia de una persona competente, lo pude vivir en carne propia y no podía comprender ese rechazo de aquellos que compartieron conmigo la misma escuela. 


Nos bautizaron despectivamente como los “F1”, el autor de nuestro apodo, tomó como referencia ese ganado resultante de los experimentos realizados en la isla por el mayor inseminador existente en esos tiempos, Castro. Ni vaca, ni carne, ni leche, solo el nombre que aparecía diariamente en el periódico Granma. Ni marineros, ni oficiales, pensaría aquel cabrón y se equivocó. Los hubo extremadamente malos como personas y oficiales, pero existió otro grupo que se destacó mucho e hicieron historia en la marina mercante cubana. 


La felicidad nunca es total en casa del pobre, dice un viejo refrán. La proximidad de la escuela al mar, unos escasos cincuenta metros y el estar rodeada de pinos, nos regalaría una atmósfera agradable en un país sumamente caluroso. Como director tuvimos nada menos que a Roberto Arche Flores, ya le dediqué unas líneas cuando escribí de la motonave “Habana” donde se encontraba de Jefe de Máquinas. Grado que obtuvo empíricamente y avalado por sus métodos extremistas en defensa de su “revolución”. ¿Cómo pudo un individuo de tan bajo nivel educacional, cultural e intelectual ser nombrado director de esa escuela? No debe ser alarmante en un país, donde un socotroco guajiro llamado Guillermo García ocupó la cartera de Ministro de Transporte. Estábamos obligados a soportarlo si deseábamos lograr nuestro objetivo, no dejaban otra opción, “El Chavacán” era nuestro director.
La comida que ofrecían en el almuerzo era de regular a peor, pero al menos nos tiraban algo en las tripas para aguantar hasta las cinco de la tarde. “El Trucu” era el cocinero de la escuela y “Burro Triste” el electricista, ya les he dedicado algún trabajo.


El profesorado estaba constituido por oficiales de la marina mercante, unos tan brillantes como buena gente, otros, tan malos como algunos de los que luego se graduarían allí. El negro Pablo Armando era un excelente profesor de navegación, años más tarde sería mi garante para ingresar en la Academia del Mariel como profesor. Osvaldo Blanco impartía Carga y Estiba, excelente amigo que Dios tenga en la gloria. Siendo capitán del Playa Larga realizó una brillante maniobra para remolcarnos en el Pepito Tey desde las Islas Azores hasta Lisboa varios años después. Concepción cargaba sobre sus hombros las charreteras de Segundo Oficial, era el subdirector del centro y nos daría Estabilidad, tan buena persona que nosotros lo llamábamos “Pan de Gloria”. “Sapiche” es un negro graduado de la antigua URSS que daría clases de Control y Averías, allí nació su apodo cuando no supo el nombre correcto de los "espiches" utilizados para tapar huecos, después impartió Meteorología. Martínez era un enano bastante feíto de origen venezolano, Tercer Oficial, vivía en Cuba como refugiado político, era comunista y novio de una hija de Ramón Castro. Enseñaba Astronomía y había que hacer un esfuerzo muy grande para comprender esa asignatura tan abstracta explicada por un tartamudo, le decíamos “Popito cara de bola”. Castillo, un mulato con grados de Segundo Oficial nos dio Derecho y otras asignaturas, era noble y de hablar pausado como un personaje que aparecía en el programa “Aventuras” de la televisión en esos tiempos, lo bautizamos como “Alejito”. La nota discordante en el profesorado fue Octavio Céspedes Calaña, ¡coño, qué malo era ese tipo! Solo tenía grados de Tercer Oficial y las asignaturas por él impartidas eran las menos importantes. Su apodo asignado fue “Polavieja”, tomado como referencia de aquel español cuyo nombre fue Camilo García Polavieja, Capitán General de la isla de Cuba en los tiempos de la colonia. Se me olvidaba otro cabrón, un tal Carvajal que nadie sabe de dónde carajo salió. Este otro HP fue jefe disciplinario de la escuela, lo soltamos dándose golpes contra los mamparos, no pudo con nosotros. Aunque no lo crean, se intentó imponer los rigores de la academia naval. Solo que nosotros no éramos aquellos novatos guardiamarinas, estaban tratando con hombres cujeados por el mar.


Los comunistas y todos aquellos que han adoptado ese apellido o uno similar, se caracterizan por el mal gusto ante todo y su pésimo sentido del humor, nuestra escuela no escapaba de esa terrible influencia con un director como aquel. Sin embargo, nada, ni nadie ha podido destruir ese carácter tan alegre y chispeante que siempre ha identificado a los jóvenes cubanos y población en general. Cada mañana había un espectáculo diferente a la hora de la formación para entrar a las aulas. Todo el alumnado ladrando al mismo tiempo cuando llegaba “El Perro”, un alumno de la especialidad de máquinas que se distinguía por su servilismo, provocaba la ira del director. Otro día el bonche era con el padre de “Cebolla”, uno de los personajes más divertidos del centro y también muy destacado por su inteligencia. Al viejo lo apodaron “Toribio” y le gritaban obscenidades para provocarlo cuando traía a su hijo en el auto. Era un hombre con más de seis pies de estatura y unas trescientas libras que nadie sabía cómo colocar dentro de un pequeño auto Renault. Con mucha paciencia salía del auto y se agarraba las pelotas frente a nosotros, la carcajada era general. Arche se molestaba mucho con esos arranques nuestros y se sentía incompetente para poder detenerlos por muchas llamadas de atención que se hicieran en las reuniones del partido y la juventud.


El momento culminante de nuestras jodederas ocurría siempre después de almuerzo, nadie pudo explicar cómo “La China”, una loquita muy contenta de Santos Suárez, adivinó la dirección de la escuela y se aparecía con frecuencia casi diaria a divertirse con nosotros. La gente la encaramaban en una de las mesas exteriores para que bailara al compás de la música por todos tarareada. La China era una loca muy limpia que vestía con colores extravagantes y siempre llevaba una flor de Mar Pacífico en una de sus orejas. La vi muchas veces a bordo de las guaguas de mi barrio y a todos los pasajeros disfrutando con su existencia, era muy divertida. 


Buque escuela "Viet Nam Heroico"





El agregado es como los muertos, apestan a partir del tercer día. Agregado no digo para referirme a los recién graduados que son enrolados en viajes de prácticas, los cubanos le llaman así a los que obligados por las necesidades deben compartir la vivienda con otras personas, generalmente con los suegros. Las garantías ofrecidas por aquel sueño idílico llamado “revolución”, dispararon el crecimiento demográfico de su población en los primeros años de Luna de Miel con los Castro. Contrario a ese fenómeno social, la construcción de viviendas estuvo detenida casi en su totalidad hasta los años setenta. Aquellos seis millones de seres aumentaron drásticamente a una cifra muy superior que no puedo ofrecer, pero que en todo momento se vio obligada a concentrarse en los mismos espacios existentes. La presencia de un “agregado” siempre provoca problemas o es víctima de los que se consideran propietarios del lugar, aunque no lo sean realmente, título obtenido por derecho que solo otorga la antigüedad, apestan pronto y eso sucedió en casa de mi madre. Carga con esposa e hijos para donde vivía la suegra, su hija será muy bien recibida, pero las condiciones de vida en aquella casa eran comparables con las de cualquier infierno. Tres cuartos resultaban insuficientes para albergar a veintiuna personas y el comedor fue el espacio disponible para acomodar mi cama junto a dos cunitas de unos sobrinos y la camita de mi hijo en el pasillo. ¿Podrán tener una idea aproximada de cómo se vivía en esa situación? Lo dudo, las colas que se realizaban diariamente en la calle tenían una extensión bajo techo. Cola para comer, cocinar, bañarse, sentarse frente al televisor, y por supuesto, cero sexo. Debía dormir con pijamas por encontrarme en el pasillo hacia la cocina, velaba por el último que se acostara para hacer algo y cuando más entusiasmado me encontraba sonaba el despertador del primero que debía partir a su trabajo. Suena cómico, pero resulta desesperante cuando eres joven y tienes una esposa bonita. Si llegabas con dolor de barriga de la calle y otra pareja se encontraba metida en el baño, corrías el riesgo de cagarte los pantalones y debías comprenderlos, era el único lugar donde podían templar. Cuanto más le tocaran las puertas, menos lograrían llegar al orgasmo, terrible. Ese era el panorama que viví durante mis estudios y se extendió durante ocho o nueve años más. Tenía que sacrificarme si deseaba abandonar los trabajos de cubierta o renunciar, no existía otra opción.


¿Cómo lograba estudiar y sacar buenas notas? Durante las horas de clases era todo ojos y orejas, asistía con una sola libreta donde realizaba las anotaciones del día. Después, me levantaría a las cuatro de la mañana para pasar las notas a las libretas correspondientes a cada asignatura. A las seis de la mañana partía con un traguito de café para la escuela, donde entre otras cosas, nos ofrecían una leche preparada con un cereal importado del campo socialista, algo era algo.


Llegó el momento esperado por todos nosotros, nos embarcaron en el buque “Viet Nam Heroico”, lo habían adquirido de uso en Holanda y se encontraba en condiciones maravillosas. Su Capitán era el mulato Cortina, no recuerdo ahora el nombre de su Primer Oficial, pero era una persona conocida, me parece que era uno de los hermanos Cosme, pero no estoy muy seguro. 


Esa tarde embarcaron unos personajes de la seguridad del estado y desenrolaron a varios de los alumnos. Recuerdo entre ellos a Cuevas, quien hasta ese momento era el secretario general de la UJC. Bajaron también Yndamiro Restano, posterior “disidente” y actual comunista con residencia en Miami. Otro que cayó en desgracia fue Eloy Paneque Blanco, alias “Capitán Bayamo”, seudónimo que cargaba desde su participación en las guerrillas de la Sierra Maestra. Aquellas medidas misteriosas sorprendió a todo el alumnado, pero nadie estaba dispuesto a cuestionarlas por su lugar de origen. Partimos con destino a Rótterdam, Hamburgo y Amberes, desertó el primero de nosotros en Holanda y yo me mudé para su camarote. Le decían Nixon por su parecido con el presidente norteamericano, militaba también en la juventud comunista. Me encontraba ahora más entretenido, el camarote era de cuatro camas y estaba ocupado por Manuel Balsa, Luís Rocha, Eduardo Ríos y yo, todos pertenecíamos al mismo grupo de estudios de los tres existentes por cubierta.


La comida a bordo era excelente, el presupuesto asignado a ese buque era bastante elevado y satisfacía cómodamente nuestras necesidades, amén de las comisiones que se buscaban el capitán y sobrecargo. Los mayordomos eran Sinesio y “El Diente”, buenos personajes que ofrecieron una comida de muy buena calidad durante el tiempo que permanecimos a bordo. La vida de estudiantes a bordo de un buque como aquel, sin las drásticas y rigurosas regulaciones que normalmente imponen los militares a los guardiamarinas, nos permitían el lujo de ciertas diversiones en los tiempos libres. Cada semana teníamos un día de trabajo en la cubierta, actividad que resultaba refrescante a las presiones de tantas asignaturas impartidas con un ritmo acelerado. Nos divertíamos, pero no puede negarse que también se estudiaba mucho. Todos éramos mayores de edad y sabíamos a qué nos enfrentábamos, un fracaso en aquel intento significaría un regreso a las órdenes de cualquier contramaestre. Fuimos muy autodidactas y los más aventajados dedicábamos parte de nuestro tiempo libre para ayudar a los demás. Entre nosotros había un grupo numeroso que pertenecía a la Empresa de Navegación Caribe, sus barcos no salían al exterior en aquellos tiempos y si lo hicieron fue en muy contadas oportunidades. Las luchas intestinas dentro del personal de esa flota por salir a respirar al extranjero, tomaban otras dimensiones entre el personal de Navegación Mambisa. Las peleas aquí eran por ir a buscar un barco comprado y de esa manera disfrutar de las dietas que ofrecían. Dentro de ese grupo de Caribe se destacaron la mayoría de los estudiantes más verticales y extremistas que militaban en el partido y la juventud comunista, eran de temer.


Como nunca habían salido al exterior y bajo ese sistema no se confía en nadie, se orientó a los de Mambisa cargar con grupos de ellos para salir a la calle. Una especie de control casi policiaca porque si alguno decidía desertar, era lógico que lo hiciera embarrando al que continuara de viaje. ¡Vaya responsabilidad! En Hamburgo les dimos un tour por la calle St. Pauli, había que observar el rostro de aquellos guajiritos cuando chocan por primera vez con el capitalismo. Aquella callecita era recorrida continuamente cambiando de acera y devorando la majestuosidad de los cuerpos semidesnudos exhibidos dentro de aquellos ventanales. Los de Mambisa vistiendo sus trapos adquiridos en viajes anteriores, los de Caribe con sus uniformes grises y contando cada centavo restante en el bolsillo, repitiendo la historia de mi primer viaje.


Buque escuela "Viet Nam Heroico"



Arche nunca pudo ocultar su desprecio por la gente de cubierta, su interpretación de los ideales que defendía condenaba a la gente que trabajaba limpio en el puente de un barco. Ellos pertenecían a una clase que arrastraba prejuicios capitalistas y debía ser en todo momento destruida o al menos controlada. Siempre trató de imponerse sobre el mando que posee cualquier Capitán y era un ferviente impulsor de la división entre los que debían permanecer embarrados de grasa y los que manipulaban reglas paralelas. Era de esperar que hasta nuestro curso viajaran todos aquellos sentimientos muy suyos y que se experimentara cierta rivalidad entre el personal de ambas especialidades. Todo el mando político fue a descansar entre la gente de máquinas, donde se destacaron los peores extremistas del alumnado. Para el segundo viaje nos jodió como pudo, sin ningún tipo de explicación nos sacó de los camarotes que ocupábamos en la cubierta Nr. 1 y nos lanzó para la 01, muy próximas al castillo de proa. Es de pensar que allí es donde más violentamente se sienten las cabezadas del buque y la vida resulta un poco o demasiado molesta cuando se enfrenta un mal tiempo, Sin embargo y muy a pesar de sus intenciones, nosotros le encontramos la parte positiva a ese alejamiento. Estábamos más cerca de los accesos a la gambuza y todos los robos producidos en ella se realizaban con mayor facilidad. Pocas veces visitarían esa área del buque que llamamos “La Chusmita” y podíamos gozar de cierta libertad o independencia. El segundo viaje tuvo sus inicios en el puerto de Santander y allí desertó Jesús, un hijo célebre de la juventud comunista y para más casualidad, ocupaba la misma cama donde durmiera Nixon antes de su fuga, era como si esa cama estuviera dispuesta a ofrecer los últimos momentos de descanso a los “enemigos” de la revolución. Lo conocía desde niño y yo era amigo de su familia, accidentalmente llevé la noticia hasta unos vecinos de su casa y aquello se corrió como pólvora.


De vez en cuando subíamos a realizar guardias en el puente y ese poco tiempo lo dedicaba por entero a practicar con el sextante. En la medida que avanzaba en los conocimientos de esa profesión, así mismo iba creciendo mi amor por ella. Cada clase me servía para buscarle una explicación a una situación vivida con anterioridad y muchas veces me sentí calificado para juzgar las malas decisiones tomadas por quienes fueron mis capitanes u oficiales.


-¡Diente, no se te ocurra dejar esas cajas de cerveza aquí! Le dijo Sinesio una tarde antes de tocar la campana de la comida.


-¡Coño, Sinesio! Tú no dejas de ser desconfiado, esta gente van a ser los futuros oficiales de nuestra marina, han sido seleccionados. Le respondió sin poder ocultar mucho aquellos enormes dientes de conejo que lo hicieran acreedor de ese nombrete.


-¿Seleccionados? Son unos hijoputas, Diente, te lo digo yo. Los conozco de otros barcos y sé de la pata que cojean, no se te ocurra dejar la cerveza aquí.


-¡Estás paranoico, Sinesio! Solo faltan diez minutos para montar las mesas, vamos a servir las fuentes y no te rompas la cabeza. Entraron a la cocina, Sinesio recorrió con la vista cada rincón del comedor y siguió a su amigo.


-¡Te lo dije, coño! ¡Te lo dije, son unos hijoputas! Pero, no, tú sigues con ese mareo de que son seleccionados. Esa discusión se produjo unos minutos después, las cajas de cerveza habían desparecido como por arte de magia y andaban ocultas en el camarote de un tripulante. El sondeo realizado en todos nuestros camarotes fue infructuoso, esa misma tarde un selecto grupo de cubierta le pasaría la cuenta a esas cervezas. 


Pasando el rato.

Nicaro fue uno de esos puertos nacionales tocados por nosotros y Correa, aquel sobrecargo del eterno mocho de tabaco en la boca, se apareció sin la paga de nosotros. Andábamos pelados, recuerdo que la única persona con dinero a bordo era Popito Cara de Bola. Como era novio de la sobrina de Castro, no necesitaba gastar mucha plata en la isla, todo lo encontraría pagado a su paso. Fue nuestro banco prestamista, pero llegó el momento donde se agotaron sus recursos. En esa época y durante muchos años posteriores, era imposible hacer una extracción de lo que tuvieras ahorrado en una cuenta. Todo debía realizarse en el lugar donde la hubieras abierto, no existían conexiones dentro de la propia Habana, mucho menos existirían para un pueblo de campo. Sin embargo, podías recorrer los escasos lugares de diversión en ese pueblo y encontrabas a todos los alumnos bebiendo y compartiendo con las muchachas. Era lógico pensar que estaban vendiendo algo, nada caía del cielo y en esas pachangas participaban también algunos profesores. Blanco y yo estábamos empatados por Levisa y no recuerdo las veces que regresamos caminando hasta Nicaro y luego dormir en la lancha hasta la mañana siguiente que nos transportara en su primer viaje. La juventud es un divino tesoro que todos deben disfrutar para luego no tener que arrepentirse por lo que dejaron de hacer, nosotros la vivimos a nuestra manera. Hubo una fiesta en el caserío “La Pasa”, se encuentra a mitad de camino entre Nicaro y Levisa, allí estaban todos los alumnos compartiendo con aquellos mineros tan hospitalarios y solidarios. Bueno, unas veces no tanto y algo agresivos cuando penetrabas en sus territorios, que muchas veces tuve que partir espantado de un lugar a otro cuando me enteraba que andaban tras mi pista. “Las Morirás” eran algo mayorcitas y en franco proceso de deterioro dentro de su vida como mujeres de la más antigua profesión practicada por la humanidad. En uno de los bailes ofrecidos en el Círculo Social de Nicaro, las descubrí empatadas con algunos prietos compañeros de estudio, esa noche hice el amor en el portal de la iglesia del pueblo, yo sé que seré muy castigado en la hora final. Una loca desdentada fue hasta el muelle buscando al capitán Balsa y nos reímos de él, era la segunda vez que ligaba a una muchacha limitada en reír. Nada, parece que les ofrecía prótesis dental, así era él de loco.


Amaya, el chino Chau, Casañas, Ríos y Rocha

El viaje final fue realizado a Las Palmas de Gran Canarias, estábamos en exámenes finales y todo indicaba que yo me encontraba a la cabeza por la especialidad de cubierta. Mi promedio era superior a 98 puntos de 100 posibles en las calificaciones, muy difícil de superar y lento para caer cuando obtenía una puntuación inferior. Era seguido muy de cerca, pero con escasas posibilidades de superarme por Durrutí, un negrito que años más tarde fuera expulsado de la marina por un hurto producido en la carga del buque “Bahía de Cochinos”, muy inteligente el muchacho. Detrás de él y pisándole los talones se hallaba “Cebolla”, mi socio. En esa posición finalizamos después del extenso y difícil examen de navegación con trampas astronómicas que nos puso Pablo Armando. Ese examen lo hicimos con el buque atracado en los muelles de Regla.


La hora de la verdad, la graduación. Arche se negaba rotundamente a aceptar como finalistas a Cebolla y a mí, estábamos dentro del grupo de alumnos más rebeldes y jodedores. Una cruenta batalla se produjo solo minutos antes de entrar al teatro de lo que fuera el Ministerio de Marina Mercante, Puerto y Pesca. Los profesores se opusieron dignamente a las decisiones del “director” y no aceptaron ninguna de sus proposiciones para nominar a los primeros expedientes del curso en ambas especialidades. Como último recurso que sirviera para calmar su ira, le permitieron que nominara a un “primer expediente” de todo el curso. Fue leído el nombre de Lorenzo y nadie en el teatro lo aplaudió, solo unos cuantos de los que pertenecían a su cofradía, el alumnado en general sabía que aquello era el resultado de una farsa.


Después fuimos conducidos, los primeros expedientes, hasta las oficinas de Daniel Hung, quien en esos momentos actuaba como Viceministro de aquel ministerio condenado a morir. Un brindis y la entrega de un juego de plumas y bolígrafos. Una nota aparecida al día siguiente en el diario Granma y unas cortas vacaciones. 

Nota aparecida sobre nuestra graduación en el diario "Granma"


Yo era sumamente feliz, demasiado para vivir en un país como el nuestro. Soñaba mientras viajaba en la guagua para mi casa, deseaba mostrarle el diploma obtenido a mi hijo, pero de qué serviría, él era muy pequeño y no podía hablarle de sacrificios. La cola para el baño, el puesto en la mesa del comedor, las escasas butacas para ver el televisor. Dormir vestido, el último que se acuesta y te sorprende el despertador del primero en partir a trabajar. Eyaculas sin moverte, conteniendo cualquier suspiro, el olor a café te devuelve, no te mueves, la sábana está manchada de semen, luego habrá cola para lavarla. ¿Cuántos tipos de crepúsculos existen? Piensas antes de dar la respuesta. No sé, aquí nunca amanece, el sol no salen ni se pone, todo es tan oscuro. ¡Ya sé! Crepúsculo astronómico...







Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2010-03-20






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EL BROTHER


EL BROTHER
(Cuento infantil para tiempos de guerra)






-¡Coño, Brother, mira que jodiste!

-¡Atiendan acá, compañeros! Fue una de aquellas tantas asambleas convocadas con carácter "relámpago", y cuando eso sucedía, nos tomábamos muy en serio la reunión. Nadie hablaba, nadie bromeaba, todos permanecíamos en silencio. -Hemos recibido un mensaje de nuestra embajada con información muy valiosa sobre los movimientos de nuestros enemigos. Como ustedes saben, hace un tiempo, la C.I.A. reclutó a uno de nuestros marinos. Ahora el traidor se dedica a labores de captación y cualquiera de nosotros puede encontrarse entre sus objetivos. Se detuvo y le pidió un vaso de agua al camarero.

-¡Coño, Brother, mira que jodiste! Volví a manifestar o maldecir para mis adentros y miré a quienes me rodeaban, deseaba saber si podían escuchar mis pensamientos.

-¡Como les decía, compañeros! El Brother no descansa y se lanza nuevamente a la ofensiva en contra de la revolución cubana. Lo han visto aquí en Rotterdam, pero hace solo una semana, fue reportado por nuestros servicios de inteligencia en la zona rosa de Ámsterdam. Se detuvo nuevamente a beber agua y el camarero salió disparado a llenarle el vaso. ¿En el barrio de las putas de Ámsterdam? Que poco profesional este agente secreto, debió tomar sus medidas de precaución. Pensé, mientras el gordo se empinaba nuevamente el vaso e intercambiaba palabras con el Capitán del barco. ¿Cómo lo supo el tipo del G2 que trabajaba en la embajada? Seguro que también andaba de putas. Pensé y apagué mis pensamientos, miré a mi alrededor muy desconfiado.

-¡Compañeros! El partido ha orientado al sindicato de a bordo, la Unión de Jóvenes Comunistas, el comité de protección física y al mando de este buque, redoblar la vigilancia durante las guardias de portalón. Volvió a detenerse para cambiar algunas palabras con el Capitán del buque.

-¡Coño, Brother, mira que jodiste!

-Si el Brother se les acercara y les hiciera alguna proposición de traición a la revolución o la patria. ¡Ustedes! Como hijos dignos de los mambises y los rebeldes, deben estar listos para responder a esa provocación… Deben tener listas mentalmente cualquier tipo de informes que, despisten al enemigo de los planes de nuestra revolución… Se tomó otra pausa para intercambiar palabras con el secretario de la juventud. 

-O sea, viene el Brother, el puto Brother, el traidor Brother y le digo… ¿Qué coño le digo? Después lo pensaré, vamos a ver qué se me ocurre, realmente yo no sé nada.

-¡Compañeros! Las guardias se harán por parejas a partir de esta noche. Informó el secretario del partido y me puse a sacar cuentas inmediatamente, algo no cuadraba la caja. Éramos veinticinco tripulantes y descontando los que no podían hacer guardias de portalón, nos toca hacer guardias diariamente. Ya no me cae bien El Brother.


Motonave Habana, escenario de esta historia.

-¡Compañero secretario del partido! ¡Compañero secretario del partido!

-¡Ya, ya, ya! Que tampoco es necesario andar gritando por los pasillos. ¿Qué le sucede?

-¡Tengo una información muy importante! ¡He visto al Brother en la placita!

-¿Estaba comprando algo?

-No lo sé, estuvo parado a mi lado y sacó un fajo de dólares bien grueso.

-¡Compañero secretario del partido! ¡Compañero secretario del partido!

-¡Ya, ya, ya! Que tampoco es necesario andar gritando por los pasillos. ¿Qué le sucede?

-¡He visto al Brother en el barrio rosa!

-¿Qué hacía usted en ese barrio, camarada?

-Bueno, yo, yo, yo. ¡Mire, usted! Yo me encontraba hablando con una de las compañeras que allí trabajan.

-¿Y que hablaba con esa compañera?

-Pues, trataba de convencerla para que abandonara ese trabajo y se sumara a la revolución mundial que se está cocinando.

-¡Compañero secretario del partido! ¡Compañero secretario del partido!

-¡Ya, ya, ya! Que tampoco es necesario andar gritando por los pasillos. ¿Qué le sucede?

-¡He visto al Brother en la calle St. Pauli!

-¿En la calle St. Pauli? ¿Qué hacía?

-¡Miraba a las putas igual que yo¡ Sacó un fajo gordo de dólares y entró con una de ellas.

-¡Coño, tenemos al enemigo en Hamburgo! ¡Convoquen a una reunión relámpago! Tenemos que redoblar la vigilancia.

-¡Compañero secretario del partido! ¡Compañero secretario del partido!

-¡Ya, ya, ya! Que tampoco es necesario andar gritando por los pasillos. ¿Qué le sucede?

-¡He visto al Brother en la Vía Pre!

-¿En la Vía Pre? ¿Qué hacia ese traidor?

-No sé, parece que andaba de putas.

-Y usted, ¿Qué hacía en ese lugar?

-¡Nada, compañero secretario del partido! Trataba de recordar ese flagelo eliminado por la revolución.

-¡Tenemos al enemigo en Génova! Convoquen a una reunión relámpago, debemos reforzar la vigilancia.

-¡Compañero secretario del partido! ¡Compañero secretario del partido!

-¡Ya, ya, ya! Que tampoco es necesario andar gritando por los pasillos. ¿Qué le sucede?

-¡He visto al Brother caminando por Las Cortes!

-¿Por Las Cortes? ¿Esa no es la calle de las putas? ¿Qué hacías allí?

-Compañero secretario del partido, buscaba un blumersito para mi hija y me perdí.

-Bueno, convoquen a una reunión relámpago, tenemos al enemigo más activo de la historia en Bilbao y debemos redoblar la vigilancia.


El tiempo pasaba mientras El Brother era avistado en todos los puertos de Europa, no cabía dudas sobre el poder económico de la C.I.A., trataban de debilitarnos. Como me sentí perseguido por ese peligroso enemigo de la revolución, preferí cambiar de barco y me enrolé en uno que realizaba viajes para el Asia. Pude descansar de la constante amenaza de aquel caprichoso enemigo que, no nos dejaba visitar tranquilos aquellos famosos burdeles de Europa. Total, solo íbamos a mirar, no podíamos hacer otra cosa ganando cinco dólares a la semana. De la noche a la mañana, El Brother desapareció como un fantasma de nuestra historia y nos obligó a fabricar otros enemigos.


Dos décadas después, sin comerla ni beberla, me convertí en El Brother de los años noventa en Montreal. Yo era mucho más peligroso que aquel puto agente de la C.I.A. que nos condenaba a constante desvelos. Las guardias se reforzaron mucho más que las de aquellos años y la gente me temía. Yo creo que se cagaban cuando se cruzaban conmigo en la ciudad, huían despavoridos, gente que había navegado conmigo.


Bueno, aquel miedo no ha desaparecido aun, muchos de los que me conocieron, trabajaron conmigo y hasta quienes comieron de mi mano, tratan por todos los medios de mantenerse alejados de mí. ¡Que pendejos!








Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2017-02-19


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martes, 1 de agosto de 2017

MI BARCO ( V ) Motonave "Jiguaní"


MI BARCO ( V ) Motonave "Jiguaní"



Motonave "Jiguaní"

El ancho del camarote se correspondía con el largo de la camita personal, cuando abrías la puerta, ella quedaba a la derecha, fijada al mamparo del pasillo, también a los de proa y popa. En su lado izquierdo existía un pequeño gavetero con una tabla corrediza que servía de escritorio. Un poco más a la izquierda, un lavamanos que tenía fijo al mamparo un botiquín con espejo. Junto al mamparo del costado del buque y debajo de la portilla, una butaca para dos personas y a su izquierda, pero formando parte del mamparo de proa, la taquilla para guardar la ropa. Extremadamente confortable para mis propósitos, tendría privacidad a partir de ese momento y me podía masturbar sin el peligro de ser sorprendido o no debía esperar a que el compañero de camarote entrara de guardia para hacerlo. Los baños y área de duchas eran de uso común.


Wendell Lafita revisaba el inventario que minutos más tarde yo debería firmar, era quien ocupaba la plaza de sobrecargo en esos momentos. -¡Vamos a ver! Me dijo mientras señalaba cada uno de los objetos registrados en aquella hoja. -Dos toallas, dos sábanas, dos fundas, una frazada, un vaso de cristal, un termo, un chaleco salvavidas con su silbato y una silla. ¡Firma!


El primer oficial me cantó las reglas del juego e informó de paso a cuál brigada de guardia pertenecería, creo que caí junto a un negro alto muy noble llamado Roberto Barreras. El Capitán se encontraba ausente ese día, pero confiaba en las informaciones que ofrecerían los marineros al recién llegado, siempre ocurre así. Me cambié de ropa y fui para cubierta a presentarme ante el contramaestre. Néstor era un mulato claro de San Miguel del Padrón, los viajes posteriores tuve buenas relaciones con él y Pedro el pañolero. La tripulación de ese buque fue otra de las mejores encontradas en mis tiempos de timonel, muy solidarios y familiares, aunque claro, ya andaba en camino ese proceso de descomposición experimentada en la marina cubana.


Carlos García era su Capitán, la gente lo llamaba a escondidas “El Capitán Tareco”, no sé el origen de ese apodo, pero supongo sea por los complejos que vivía debido a su baja estatura. En los alerones del puente debía subirse a las bases de los repetidores de giro para poder observar cómodamente hacia proa. Era además el secretario del partido a bordo y eso nos provocó muchos contratiempos. Cuando le reclamabas algo de carácter político te aplicaba reglas administrativas y viceversa, nos tenía atados por los huevos con esa dualidad de cargos. Era amo, dueño y señor de aquella nave, dominando a todos sus hombres a su libre antojo con esa peligrosa amenaza de una mala evaluación política.
Como Primer Oficial se encontraba Cam, muy buena persona. Méndez era el Segundo Oficial y Felipito Montano ocuparía la plaza de Tercero. De agregados de cubierta teníamos a Luís R. del Valle y Guillermo Sánchez Oro, el enano más jodedor que he conocido en la marina. Enrolaron a varios guardiamarinas para realizar un viaje de instrucción, agregándole al ambiente un poco más de alegría el carácter de aquellos jóvenes. Villabrille, Enriquito, Hermes Cruz, Miguel Haidar, Rosquete y otros que no recuerdo, formarían esa escuadra de jodedores.


José Febles a la izquierda y Esteban Casañas a la derecha en su tiempo de timonel

Por cámara teníamos muy buen equipo y se comía bien. El gordo Godines iba de mayordomo, Desiderio de segundo cocinero y El Trucu como ayudante. La situación en la isla era insoportable y los barcos salían muy mal abastecidos. Sin embargo, la asignación de divisa para realizar compras en el extranjero se mantenía dentro de límites de tolerancia que podían satisfacer casi todas nuestras necesidades. Cuando pasamos por el Canal de Panamá, se abasteció al buque de aquellos productos que no fueron servidos en La Habana. Desde Cuba hasta el Canal la navegación consumía solamente tres días, no corrían la misma suerte los que partían a puntos más distantes como Europa. Aunque en esos casos los capitanes inteligentes hacían víveres teniendo en cuenta el viaje posterior y como la gambuza o neveras eran selladas, no se corría el riesgo de que se produjeran hurtos. 


El mercado del CAME hizo acto de presencia en nuestras naves con sus productos de pésima calidad y trajo como consecuencia que se fuera alterando nuestra dieta. Como ocurrió en todos esos países, la variedad era sumamente escasa, todo se producía siguiendo esas locas planificaciones anuales y quinquenales que conocimos de cerca. Así, podíamos dar un viaje a la redonda hasta cualquier punto de la tierra y veríamos como una constante matemática, un plato de postre donde desfilaban varias bolitas negras que nunca supimos de cuál fruta se trataba. Otro viaje sería de peras en almíbar, algo blindadas y que saltaban del plato cuando tratabas de cortarlas. Las carnes rusas enlatadas y el ají relleno búlgaro, que nadie pudo adivinar sobre el producto utilizado en su interior, fueron sustituyendo poco a poco los alimentos frescos que se ofrecían durante el almuerzo. Resultaba imposible evadir o escapar de los efectos destructivos de ese sistema que imperaba en nuestra isla, aunque nos mantuviéramos por el exterior durante períodos de tiempos prolongados, sus tentáculos llegaban a cualquiera de los puntos cardinales de la tierra. 


Hay cosas que se cuentan y puede resultar un chiste de mal gusto cuando las lees hoy día. Cuba andaba mareada en ese capricho del demente por producir 10 millones de toneladas de azúcar, sin embargo, regresamos uno de esos viajes desde Japón endulzando el café de las mañanas con sirope de las latas de cascos de toronja que se ofrecían en los postres.


El fantasma del enemigo de la humanidad y el acecho constante de los agentes de la famosa CIA resultaba una pesadilla para nosotros. Todo el que se nos acercara era un potencial enemigo mientras no se demostrara lo contrario o fuéramos autorizados. Las mujeres podían tener un micrófono en sus vaginas para grabar nuestras conversaciones y la CIA se encontraba tan desesperada que siempre trataría de captar a unos comemierdas como nosotros. Muy peligroso ese asunto de tener contactos con extranjeros, poco importaba el sexo o grado de desesperación por tener unas relaciones puramente sexuales o amorosas. El colmo de esa paranoia era aplicada también en las aduanas cuando revisaban nuestras pacotillas, los discos de acetato que comprábamos en el exterior quedaban retenidos. Los pasaban a diferentes velocidades en busca de mensajes secretos de la CIA y en el mayor de los casos los devolvían rayados luego de unos quince días de espera. ¡Claro! Tenían una lista negra de artistas prohibidos en Cuba, cuyos discos serían automáticamente decomisados cuando arribaban a la isla.


Hermes Cruz, Nestor, Venancio Galarraga, Esteban Casañas y Esmirdo Rodríguez

De Panamá hasta Shangai nos demoramos unos treinta y dos días. Dos o tres horas para refrescar la vista en nuestro paso por las islas Hawai a mitad del camino y luego continuar con esa paz infinita que ofrece el Océano Pacífico en verano. China fue una de las razones que ayudarían a destruir cualquier simpatía por lo que creía correcto en nuestro país, veía en su desgracia parte de nuestro futuro, nada de eso resultaba agradable a una persona con dos dedos de frente. Vale destacar que en medio de ese romance y maridaje con la URSS y todos sus parientes, las relaciones con Mao cruzaban malos momentos y debíamos medir nuestras opiniones, así fuimos advertidos. Todos vestían igual y nos observaban como seres llegados de otro planeta. Al menos podíamos andar por la calle, aunque el único lugar disponible para extranjeros era el Seaman Club, por supuesto, los chinos no podían entrar en él, mucha similitud con lo que estaba ocurriendo en Cuba. Regresé muchas veces en viajes posteriores y siempre me hago la misma pregunta, ¿dónde estaban todos esos productos que han satisfecho la demanda nacional e invadieron el mercado internacional? El cambio experimentado en China ha sido asombroso, saltaron de la más profunda miseria a convertirse en una potencia económica mundial.


Viet Nam fue la siguiente escala, fui testigo ocular de los efectos de una guerra sobre su población. Manzanas desaparecidas del mapa, miles de niños marcados por las bombas y huérfanos. Gente muy simpática y laboriosa que supo ganar mis simpatías al poco tiempo de estar entre ellos. Haber pasado por allí durante esa cruenta guerra, me convierte en una persona privilegiada. Las cámaras y los micrófonos no pueden mostrar las verdaderas dimensiones de una cicatriz, el pánico sentido con el sonar de las alarmas, el dolor de un pueblo que desea vivir en paz, ni las sonrisas de aquellos niños inocentes que perdieron a sus padres en medio de toda esa locura. Salí de China convertido en un ferviente anticomunista y de Viet Nam en ácido antiimperialista. Yo era anti-todo, inconforme y rebelde, libre de pensamientos, un verdadero peligro para vivir en nuestro país. La experiencia de ese viaje pudo satisfacer en algo mi curiosidad, pero sentía deseos de más, el mundo era mucho más grande y no podía conformarme con tan poco, regresamos cargados de carbón a granel.


Japón y Corea del Norte sería nuestra próxima derrota, un cambio brusco de lo sublime a lo ridículo. Tokio bello y deslumbrante, podía cautivar al visitante con el exceso de bombillos en sus calles y lo exquisitamente educada de su población. Corea resultaba una visión patética de las aberraciones sufridas por la inteligencia humana, un nefasto producto obtenido gracias a un descontrolado y exagerado culto a la personalidad. Sentí verdadera y sincera lástima por los coreanos, sin embargo, estábamos obligados a manifestar admiración por esa maligna obra llevada a cabo por su máximo líder Kim Il Sung, amiguito de nuestro demente tropical. De muy poco sirvió que me llevaran tres días de excursión a Pyongyang y me hospedaran en uno de sus mejores hoteles. El camarada Kim había nacido en un pesebre como el de Jesús y todo lo construido o creado fue gracias a su privilegiada inteligencia. Corea era un pueblo habitado por idiotas que fuera bendecido con el nacimiento de ese Dios supremo, pobre de ellos. Partí más anticomunista aún, pero chocaría en mi regreso a Cuba con parientes que solo consumían lo que le ofrecían en el Granma y por la televisión. Me decían gusano a boca de jarro cuando les contaba todo lo que habían visto estos ojos, increíble, nos estaban convirtiendo también en idiotas.


Esteban Casañas en maniobras

Afortunadamente Carlos García fue sustituido por Raúl Hernández Sayas, uno de los mejores capitanes de la flota con quien compartí suerte como timonel, pañolero y años después como Tercer Oficial. Se habían producido varios relevos y los oficiales disponibles a bordo fueron ascendiendo de cargo. Méndez llegó a Primer Oficial, luego relevado por Felipito, Del Valle se ocupó de la cartera de Segundo y Sánchez Oro como Tercero. La tripulación en término general se mantenía rotando entre sí, unos de vacaciones y otros a bordo. En aquellos tiempos las nóminas de los barcos eran fijas y eso resultaba beneficioso para la tripulación y la embarcación. La gente se encariñaba con su nave y mantenían esas relaciones familiares tan importantes en la vida de cualquier marino. El ambiente era tolerable, aunque bueno, nunca puede faltar una papa podrida dentro de un saco. 


Un viaje a Europa no venía mal para recordar viejos tiempos, solo que ahora enfrentaba a ese inquieto océano Atlántico con un barco de mayor porte que el Habana y aunque el mar no cree en esloras o mangas, la vida resulta más soportable encima de un caballo grande. Hamburgo, Rótterdam, Amberes, Cádiz y Ceuta resultó un viaje de placer que serviría para adquirir productos no existentes en la zona del Pacífico, donde siempre pensé que regresaría inmediatamente, pero me equivoqué.


El buque fue destinado para un viaje a Montreal donde lo prepararon para navegar por los Grandes Lagos, sería la primera nave cubana en hacerlo. Se le instalaron rolleteras especiales por donde pasar los cables de maniobras en las esclusas y un puntalito portátil y giratorio en la proa por donde descenderían dos hombres al muelle en plena marcha para que sirvieran como caberos. Como es de suponer, yo era uno de los de menor peso entre los miembros de cubierta y fui un candidato indiscutible para esa faena. La primera vez que me lanzaron desde la altura de la proa, fui tirándome pedos hasta el instante que pisé el muelle, después perdí el miedo. Esos viajes resultaban muy agotadores e improductivos, debes dormir en el salón con la ropa de faenas puesta por la proximidad entre las esclusas. Improductivos porque la duración de un viaje a la redonda hasta Cuba nos tomaba entre un mes o mes y medio, que llevándolo a nuestra paga significaban unos treinta dólares. A popa de la bodega Nr.5 se colocó un enorme tanque, después nos explicaron cuál sería su uso. En los servicios sanitarios colocaron tazas plásticas portátiles donde debíamos defecar y luego viajar con ella hasta ese sitio para verter su contenido en el tanque. Estaba terminantemente prohibido descargar las aguas albañales a los lagos. Deben imaginar las bromas que se producían al paso de cualquiera con aquellos depósitos.


Yo andaba amarrado en unas relaciones formales y preparando condiciones para contraer matrimonio con la madre de mis hijos. Debía dedicar uno solo de esos viajes para comprarle algo de ropa interior, otro para los zapatos y uno para algo de tela con el que se hiciera algún vestido. No podía olvidarme de mí tampoco, siempre hace falta alguna prenda aunque ya estaba bien vestido por mi tiempo navegado.


Uno de esos viajes me quedé de vacaciones y me casé, los problemas graves llegarían después, ¿dónde vivo?, esa es la primera pregunta que se hace un cubano. La oferta del ajuar entregado por el gobierno para construir una familia no pudo ser más ridícula. Una sábana, dos fundas, dos toallas, un pantalón de pésima calidad para mí y una camisa que nunca me pondría, dos calzoncillos matapasiones, ni qué decir de unos zapatos de modelo extraterrestre. Para mi novia la entrega fue muy parecida, incluyendo esos blúmers que le provocarían impotencia sexual a cualquier hombre común, todo lo regalamos.


Después de la Luna de Miel viene la de Hiel, no había dónde amarrar la chiva, todo continuaba cerrado. Por suerte, las reservaciones a los pocos restaurantes en servicio se hacían por teléfono, siempre que llamaras a esos números sonaba ocupado. Gracias a Dios mi padrino trabajaba en la compañía de teléfonos, ellos eran quienes en realidad intervenían esas líneas y se dedicaban a vender las reservaciones, fui muy afortunado. Nunca sentí tantos deseos de hacerme a la mar como en aquellos tiempos, contaba los días restantes de vacaciones y llamaba con frecuencia a Navegación Mambisa para conocer la posición del barco, poca cosa me ataba a ese país y comenzaba a sentir un terrible desprendimiento de mi tierra que hoy, me ha ayudado enormemente a vencer cualquier síntoma de nostalgia, no la extraño para nada ni me siento parte de ella, no me considero un patriota en el más cuerdo sentido de esa palabra.
Por fin me volví a enrolar y respiré nuevamente con un poco de tranquilidad, las consignas escuchadas diariamente me molestaban. Continuamos el ciclo de viajes a Canadá mientras dejaba en tierra un vientre inflamado, vivía entonces como agregado en casa de mi madre, quien en una de mis ausencias y temiendo por mi vida, permutó una linda casita construida por Pastorita Núñez en la calle San Juan Bosco de La Bien Aparecida. Fue tanto su miedo por un asalto con el solo propósito de robarme los trapos vestidos por mí, que fuimos a parar a un horrible apartamento situado en la esquina de la calle Reforma y Herrera en Luyanó. 


La vida fue tomando su curso normal, al menos para mí que mantenía cierta distancia de todo lo que ocurría en tierra, esas ausencias te ofrecían cierto clima de libertad, aunque no mucha tampoco.
Enrolaron a Marcio Valdés como Primer Oficial del buque, era un tipo alto y espigado como una vara de pescar, muy simpático y sociable con la marinería, muy inclinado al trago también. Las relaciones con el personal subalterno fueron excelentes y muy pronto se ganó la admiración, cariño y respeto de todos. Una recalada a Santiago de Cuba me proporcionó una amarga sorpresa que evité por todos los medios posibles, me seleccionaron para integrar las filas de la UJC, Unión de Jóvenes Comunistas. Deberán imaginar todas esas controversias producidas entre mi ser y su conciencia, yo no simpatizaba con nada de lo que estaba ocurriendo a mi lado y tenía una visión mucho más amplia que la media de toda la juventud cubana. Era ese ser privilegiado en contacto directo con otro mundo y con la posibilidad de poder establecer comparaciones, algo vedado a mis amigos. ¿Qué hago? ¿Qué hubieran hecho ustedes? Las respuestas que darán se ajustarán a los fines perseguidos para enjuiciarme, unas veces cargadas de prejuicios, y otras, alimentadas por esa compasión del que tratará de justificar una situación similar. Miras hacia todos lados y solo encuentras una pachanga, ese eterno carnaval donde la gente se muestra con caretas detrás de la conga. Nadie desea mostrar su verdadero rostro, tiene sus ventajas vivir oculto, ese es el deporte nacional. La doble personalidad es una de las características distintivas de los cubanos que muy pocos extranjeros pueden descubrir. Una cara ante la sociedad, y la otra en la intimidad de su gente de confianza que no siempre resultan sus familiares. ¿Por qué debía inmolarme yo? Resultaba más cómodo ajustarme la careta y vivir al ritmo de los demás, eso hice. Eran dueños de mi cuerpo con la exclusión de su cerebro, me mantenían atrapado y me conservaba libre. Si yo hubiera renunciado en aquel momento, no me encontraría hoy escribiendo estas líneas, no fui muy bruto que digamos, solo que actuaba inmoralmente en contra de mi conciencia, pero debe ser divertido cuando más de once millones de seres tienen el mismo comportamiento. Eso sí, no cargo sobre mi conciencia ningún acto del que pueda avergonzarme, no hay nadie que pueda señalarme como el autor de sus penas.
La vida transcurrió igual, solo alterada por esas reuniones y círculos de estudio para digerir toda la mierda que nos llegaba desde arriba. 


Cada tarde, Febles y yo ofrecíamos un espectáculo en la cubierta del buque, bueno, siempre que el tiempo lo permitía. Al terminar la faena, subíamos a pulso por los obenques del palo mayor o los de la mesana hasta las crucetas de los mismos. A pulso bajábamos también ante los gritos de nuestros compañeros, Febles era otro de los timoneles, muy laborioso y serio.


Una pausa en los viajes a Canadá para llevar azúcar donada “voluntariamente” a Chile después del terremoto ocurrido en el 72, no puedo precisar con exactitud. Neptuno me bautizó cuando crucé la línea del Ecuador y durante las celebraciones, alguien aprovechó para lanzarle desde la cubierta de botes un cubo de agua al Jefe de Máquinas. Era uno de los rusos más hijoputa parido en aquella tierra, Anatoli, Yuri, quién pudiera recordar su nombre entre tantos con los cuales navegué. El Segundo Maquinista era ruso también, pero todo lo contrario, era el ruso más chévere y jodedor que he conocido, se llamaba Víctor. Valparaíso fue uno de esos paraísos que no podíamos perder la oportunidad de descubrir, embriagados por los cantos de sirenas recién comenzados, nosotros les servimos de maniquíes utilizados de ejemplo a todo lo que podía lograr el proletariado. ¡Vengan pololas por aquí y por allá! Mi edad no estaba apta para consumir tantos discursos, lo mío era vivir y experimentar el sabor de otros besos, fue una experiencia bellísima. De Valparaíso saltamos para Arica y luego a Ilo en el Perú donde cargamos harina de pescado. Regresamos nuevamente a nuestras agotadoras andanzas canadienses, bajando se produce la sorpresa, el globo había explotado y recibí el mensaje a la altura de Miami. Todos lo celebraron en el barco, ya les dije que éramos una pequeña familia. Un traguito en este camarote, una cerveza por allá y arribada a La Habana con cuatro palos en la cabeza. Visita al hospital Hijas de Galicia a la diez de la noche ocultando la sublime embriaguez del que es padre por primera vez, ¿está lindo?, preguntó ella y no quise defraudarla, estaba feo con cojones.


Salí nuevamente cuando ya estaban instalados en la casa, otra vez Canadá. Le compré un coche cuna de uso, me costó $5.00 dólares canadienses y tuve que someterlo a una intensa sesión de manguera y detergente, le pinté las llantas a sus gomas y quedó como nuevo. Hubiera querido regalarle uno similar al que ofrecía mi nieto, era un coche espectacular con un precio superior a los $350.00 dólares canadienses, pero yo ganaba solamente cinco a la semana. Aún así, pasearlo por las calles de Luyanó y Santos Suárez constituía un verdadero espectáculo, ningún niño cubano podía tener uno similar al de mi hijo, un pequeño Cadillac. Ese coche lo usó después el hijo de Roberto Barreras y Candita. Se lo presté también a Manolito Balsa para su hija Alnair, luego lo recuperé y sometí a reparación general. Paseaba a mi hija Elenita y su prima Toani por todo el barrio. Cuando crecieron lo vendí a buen precio y no dudo que ande recorriendo algunas calles de La Habana.


Fondeados en Nuevitas, me encontraba encaramado en una guindola dándole mantenimiento a la chimenea del barco. 

-¡Flaco, baja de ahí! Sentí a mis espaldas y viré el rostro. Marcio me esperaba en la cubierta con dos cervezas en la mano -¡Qué bajes, te dije! Descendí por la escala de gato y me entregó una de las dos botellas. -¡Vamos a brindar! Chocó la suya contra la mía y se llevó la botella a la boca, lo imité.

-¿Y por qué brindamos?

-Porque mañana sales de viaje para La Habana.

-Pero es que yo no tengo vacaciones. Le respondí algo preocupado, Marcio no andaba bien de la cabeza y no había parado de beber desde que el buque arribó a ese puerto.

-Yo no te dije que ibas de vacaciones, te vas a estudiar.

-¿A estudiar?

-Me pidieron que seleccionara a un tripulante con verdadera vocación de marino para pasar un curso de oficiales y solo te encontré a ti.

-¿Para oficial?

-Procura aprobar y regresar con tu charretera, si no es así, olvídate de mí.


Viajaba en la guagua cargado de ilusiones, doce horas duraba el viaje hasta la capital. Atrás, parte de la historia de mi vida resumida en unos párrafos. El buque Jiguaní me regaló mucha de la experiencia ganada en mi vida de marino, puertos descubiertos, muestras del naciente extremismo desarrollado en nuestra isla, el recuerdo de una juventud entregada por entero a la construcción de otro país más justo. Fue la cuna de una de mis narraciones que considero entre mis clásicos, “Breve historia de un pantalón” me lanzó a esta nueva aventura, la de contarles algo de los tiempos que por desgracia nos tocó vivir.







Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2010-03-18




Algunos nombres que recuerdo de la tripulación correspondiente al año 1970

Parados y de izquierda a derecha..

1.-Miguel Haidar (en viaje de instrucción)
2.- Felipe Montano (Primer Oficial)
3.- Wendel Lafita. El sobrecargo (el negro)
4.- Obregón, un engrasador (El negro grueso)
5.-Hermes Cruz (en viaje de instrucción)
6.-Otro engrasador (el negro bajito)
7.-Eusebio (era engrasador y luego trabajó en el Dept. de Personal en Navegación Mambisa)
8.-Carlos García (el capitán y único con abrigo claro)
9.-Luís R. del Valle (agregado de cubierta) Ya falleció.
10.-Villabrille. (en viaje de instrucción)
11.-Otro engrasador (mulato a su lado)
12.-Besú (iba en viaje de instrucción también y llegó a Capitán)
13.-Rafael Marziota (Timonel, luego se dedicó al partido y dejó de navegar)
14.-Mendez (Segundo Oficial, llegó a Capitán y supervisor de la flota)
15.-Un camarero (el negro que está al lado de Mendez0
16.-Esmirdo Rodríguez (marinero de cubierta y con residencia en Miami)

Agachados y de izquierda a derecha...

1.-Sánchez (cuarto maquinista)
2.-Otro cuarto maquinista que no recuerdo su nombre (el mulato)
3.-Morejón (Engrasador)
4.-El Ayudante de máquinas.
5.- El tornero.
6.-Gonzalo Marcos Pérez (iba en viaje de instrucción, años más tarde llegó a capitán).
7.-Esteban Casañas (Timonel)


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PRIMER OFICIAL, LA DESCONFIANZA COMO GARANTIA.


PRIMER OFICIAL, LA DESCONFIANZA COMO GARANTIA.



Motonave "Bahía de Cienfuegos", escenario de muchas de mis historias.


“El Capitán es la suma de la tripulación”, nos expresó un día a un grupo de jóvenes el Capitán Julio Calderón Justiz a bordo del buque “Habana”. Me gustaron aquellas casi proféticas palabras en una etapa de mi vida donde era un gran soñador y había elegido como destino el rumbo de las aventuras. Siempre las tuve presente, no solo cuando fui un simple marinero, viajaron por mi mente durante esa otra etapa de oficial y aún hoy las mantengo frescas en mi memoria.


La figura del Capitán a bordo de un buque y a ojos del que no conoce esa profesión, resume el trabajo de muchos hombres bajo su mando. Solo él disfruta casi siempre del éxito de cualquier aventura marítima y se ignora a quienes verdaderamente la ejecutaron.


Tuve la oportunidad de navegar con excelentes capitanes en la marina mercante cubana, eso ocurrió a principios de mi ingreso en la flota. Hombres sumamente competentes, profesionales, valientes, honestos, y por encima de cualquier virtud personal, se destacaban por esa lucha constante en pos del bienestar de sus subordinados.


Tuve la desdicha de navegar con los peores capitanes que figuraron en las nóminas de la marina mercante cubana, eso sucedió a finales de mi vida como marino de aquel país. Incompetentes que ascendieron por su incondicionalidad al sistema y que militaban en el partido comunista. Negligentes, cobardes, ladrones, corruptos, faltos de ética. Por encima de cualquier defecto personal, se destacaba su desinterés por el bienestar de sus subordinados, a quienes entre otras cosas, eran capaces de robarle parte de los alimentos destinados a la travesía. A esta rara especie de capitanes yo los consideraba “choferes” de barcos, lo peor de esa situación era que el propio gobierno, representado por las máximas autoridades de nuestro giro, no lo ignoraba y procuraban siempre enrolar a un Primer Oficial competente con cada uno de ellos, esa fue mi labor en los últimos años en aquella marina mercante de la que al principio nos sentimos muy orgullosos. Modestia aparte y para explicar la estrofa anterior, nada ha sido invento o creación de mi mente, me lo hicieron saber en el Departamento de Cuadros de la Empresa de Navegación Mambisa. Allí, dentro de mi expediente, contaba con un rico aval para ser considerado uno de aquellos oficiales siempre listos para apagar un fuego. Mientras muchos colegas se encontraban de plantilla fija en buques de diferentes especialidades, yo pertenecía a ese pequeño equipo que realizaba relevos en buques porta contenedores, carga refrigerada, carga general y granos. Cambios bruscos que me obligaban en todo momento a un esfuerzo superior para estudiar profundamente el buque que ponían en mis manos.


Debo aclarar que todos los criterios expuestos en este trabajo, tratan de abarcar las experiencias vividas en esa flota antillana. Sin embargo, conociendo el grado de corrupción existente en el mundo actual y donde por supuesto, corren en primera línea los países del Tercer Mundo. Conociendo el desvergonzado rol de inescrupulosos armadores de buques con banderas de conveniencia y las tripulaciones multinacionales que cruzan los océanos diariamente. Como no existe constancia del nivel de preparación de esos hombres y sus experiencias, creo que este trabajo puede servir a miles de oficiales que arriben al cargo de Primer Oficial.


Siempre se menciona al Capitán como dije y se ignora el trabajo realizado por los hombres que forman parte de la tripulación. En nuestro caso y acudiendo a los últimos tiempos, el Capitán fue reducido por esos seres al nivel del simple burócrata cuya principal función era firmar papeles, sean de la carga, facturas, reparaciones, aduanales, etc.
¿Quién era verdaderamente el Primer Oficial? En el caso cubano era el verdadero artífice del éxito de aquella aventura marítima. Si nos remontamos al contenido del “Reglamento de la Marina Mercante” de aquellos tiempos, encontraremos que de acuerdo a su contenido, el buque se encontraba dividido en dos departamentos a saber, “Cubierta y Máquinas”. En la parte de cubierta se encontraba comprendido todo lo concerniente a los servicios prestado en “Cámara”.


El Primer Oficial era la máxima autoridad del departamento de cubierta con toda la marinería y oficialidad, pero su trabajo no se limitaba solo a la atención del hombre, que en mi criterio muy personal, era el más conflictivo de todas sus responsabilidades. Entre las numerosas obligaciones de este oficial se encontraban: Cargar y descargar el buque, reparaciones de su departamento, mantenimiento, supervisión del funcionamiento de la cámara, responsable del pasaje recibido a bordo, confección de las brigadas de guardia y para concluir, realizaba guardias de navegación en el puente en horarios fijos de 16:00 a 20:00 y de 04:00 a 08:00 con la responsabilidad de obtener las posiciones fijas del buque por medio de observaciones a las estrellas. En todo momento el reglamento vigente entonces, reconocía al Primer Oficial como sustituto del Capitán en caso de emergencia.


El haber comenzado desde marinero en la flota, pasando por las plazas de timonel y pañolero, me dotaron de una experiencia que no se adquiere en academia naval alguna. Esa fue otra de las ventajas en las cuales superaba a muchos de mis colegas, yo era capaz de subir a lo último de un palo o grúa sin dificultad y podía penetrar sin temor en cajas de cadenas, tanques de lastre, sentinas, etc. Cuando asumía ese cargo en cualquier buque, trataba de conocerlo al máximo y evitaba en todo momento me fueran a vender gato por liebre.


Teníamos setenta y dos horas para realizar las entregas del cargo. Sin embargo, en dos oportunidades, los salientes no regresaron nuevamente y me vi obligado al estudio profundo que les mencioné por encontrarse las naves en operaciones de carga. No hubo delación alguna o reclamo porque ambos eran conocidos míos, pero imaginen un instante llegar a un porta contenedor por primera vez y hallar que los planos de carga no estaban confeccionados.
¿Qué haría usted y qué le recomiendo? Conocía de la pata que cojeaban muchos de nuestros oficiales, ya sea por su mala fama ganada o porque habíamos compartido la misma escuela, algo que no se encuentra al alcance de un oficial con tripulación multinacional. Lo primero que yo haría después de todo ese protocolo, donde el saliente siempre va a mencionar las maravillas de ese buque para atraparte y no dejar espacio al arrepentimiento, era llevarme el libro de experiencias de estabilidad del astillero para la casa. Con tranquilidad iba estudiando los cálculos del buque y cuando al final lograba comprenderlos bien, tomaba el file de los cálculos de estabilidad realizado por los oficiales de ese barco en viajes anteriores. ¡Señores! No pueden imaginar cuántas barbaridades y barrabasadas encontré en esos documentos. Había un refrán de los marinos cubanos que tenían mucho acierto: “Dios era marino y no solo eso, era cubano”. 


Ya había aprendido a desconfiar de mi gente, los tiempos cambiaron mucho desde las primeras navegaciones. Aquellas tripulaciones estuvieron integradas por verdaderos hombres de mar, una especie de familia, lo he mencionado en diferentes ocasiones. Los últimos años fueron muy duros y aquella desconfianza se convirtió en una especie de coraza protectora que me salvó infinidad de oportunidades de una cárcel segura. No solo los barcos fueron tripulados por verdaderos depredadores entre los que no se distinguían marineros u oficialidad. Colgaba sobre nuestras cabezas una pesada guillotina muy bien engrasada y lista para ser disparada. La vida en el mar se convirtió en una lucha entre gatos y ratones que jugaban alrededor de una trampa tendida por la policía económica. Nunca podías imaginar cuándo caerían sobre el buque con la misión de realizar un inventario, eso te obligaba a un constante control de los materiales y pinturas en existencia, los ratones no tenían escrúpulos ni considerarían que eras un buen oficial, robar fue la palabra de orden y entre las víctimas se encontraban las propiedades del buque. En el caso cubano, mío y de otros como yo, la situación se complicaba mucho más cuando no militabas en el partido. Allá, las leyes tienen nombre y apellidos, no es la misma para todos. Solo para ponerles un ejemplo, yo tenía de vecino a un Primer Oficial de nombre Marcelo Canela, teníamos buenas relaciones. Encontrándose él a bordo del buque “Bahía de Puerto Padre” totalmente cargado de azúcar a granel, me dijo: “Los maquinistas de equivocaron en la manipulación de una válvula e inundaron la bodega número cuatro”. O sea, estaba respondiendo una pregunta que le hice sobre la avería a la carga sufrida en su buque y donde se perdieron unas tres mil quinientas toneladas métricas de azúcar. Luego, fue sancionado al pago de unos cuatrocientos pesos en moneda nacional.


-¡Compadre! No solo no bajaste a revisar las sentinas del buque como estaba establecido antes de iniciar la carga. Ni te asomaste a la boca de escotilla de esa bodega, desde allí se observa perfectamente si se ha colocado el platillo ciego de la bodega inundable. Por supuesto que se quedó callado, él pudo convencer al tribunal de inspectores que atendió el caso o, su partido abogó por él. ¿Qué hubiera ocurrido conmigo? Sin lugar a dudas hubiera sido condenado a prisión y acusado de paso como agente de la CIA, así funcionaban las cosas allá. Estos casos aislados de negligencia, dispararon todas mis alarmas y reforzaron mi desconfianza.


Motonave "Bahía de Puerto Padre", buque modelo San Mamés gemelo al "Bahía de Cienfuegos". Después de aquel accidente en su bodega cargada de azúcar, fue identificado por parte de los marinos cubanos como "El caramelo gigante".


Como les manifesté, los estudios de los cálculos de estabilidad los realizaba en mi casa, aquellos tres días destinados a recibir el cargo de cualquier buque, yo los gastaba inspeccionando cada recoveco que considerara de importancia. No podía involucrarme en un inventario profundo y debía someterme a lo que expresaban los papeles. Sin embargo, estaba convencido de que casi siempre mentían y los primeros días de navegación los empleaba en investigar qué era lo existente realmente. Por supuesto, cuando el faltante era alarmante, confeccionaba un acta que obligaba a firmar al contramaestre y luego entregaba copias al Capitán.


En esos recorridos por las cubiertas de diferentes buques, descubrí botes salvavidas sin avituallamientos, aún con los certificados extendidos en fechas recientes para que el buque saliera a navegar. Certificados firmados por inspectores cubanos que trabajaban para el Lloyd o el Buró Veritas, nada para asombrarse cuando te encontrabas en Cuba. Encontré botes salvavidas que no arriaban con todo el freno abierto, luego, hubo que aplicar mucha mandarria y calor para hacerlos bajar. No fueron pocos los buques en los que descubrí las sentinas de las bodegas obstruidas por basura fermentada, quién pudiera saber desde hacía cuanto tiempo. El que conoce de esta materia, sabe perfectamente que en caso de cualquier vía de agua en ese compartimento, podía significar en el peor de los casos el naufragio del buque.


En nuestro caso, un Primer Oficial no podía confiar en nadie, ni en su mejor amigo, palabra posteriormente sustituida por “socio”. Fueron muy escasos los amigos que tuve en esta etapa de mi vida, todos saben el significado que esa palabra encierra. El socio es muy variable y comparte contigo mientras no caes en desgracia, puede delatarte o no, todo depende de las circunstancias. Entonces, era una razón de mucho peso para no confiar. Cuando adoptaba esa actitud, no solo me protegía, que era mi principal interés. Salvaba de paso la vida de muchos hombres y al buque en su totalidad. Creo, que enfrentar la vida desde este ángulo, me salvó de muchas desagradables sorpresas. No solo dejaba de confiar en los míos, no me dejaba encandilar con la presencia de hombres de países súper desarrollados. Pueden estar muy bien preparados, pero no dejan de ser seres humanos susceptibles a cometer errores. Nuestra empresa contrató los servicios de una compañía en Bélgica para que confeccionara los planos de carga, las operaciones en Amberes es muy rápida y como les dije, cuando se procedía de esa manera, era por estar consciente de la incompetencia de muchos de los nuestros. Un día, se presentó un Capitán belga con un plano de carga confeccionado por él para iniciar las operaciones a la mañana siguiente. Yo le dije que debía esperar por mi aceptación, era tarde en la noche y me pasé toda la madrugada revisando aquella propuesta. Cuando amaneció y llegó hasta mi camarote, le entregué un plano confeccionado por mí y le expliqué los errores cometidos por él. De haberlo aceptado, hubiera corrido con la suerte antes mencionada, caería preso y sería acusado de agente de la CIA. El hombre en cuestión, había considerado cargar unas dos mil toneladas de leche en polvo con productos químicos en la misma bodega. Errores de esa gravedad encontré en Ámsterdam, Polonia, España y otros países. Solo un Primer Oficial que se da a respetar verdaderamente y sepa donde está parado, asume esa actitud.


Los primeros oficiales entrábamos de guardia diariamente de ocho de la mañana a cuatro de la tarde en el puerto de La Habana. Siempre tuve por norma antes de embarcar, revisar el calado de proa, centro y popa. Diariamente comprobaba el estado de arrufo o quebranto del buque, nadie me explicó que debía hacerlo, solo la experiencia vivida. Los segundos y terceros oficiales, salvo contadas excepciones, gastan sus guardias viendo películas o encerrados en los camarotes. Muy pocos se dedican por entero al cumplimiento de sus deberes como oficiales de guardia, hablo del caso cubano. En una oportunidad que arribé al puerto de Cienfuegos con 15 000 Tm. de trigo a granel, salí por el día a beber al hotel Jagua y al regresar en la tarde, aún con unos tragos de más, no falté a esa costumbre de comparar los calados. Nadie puede imaginar la cojonera que les formé al jefe de buque y al Tercer Oficial. No habían cambiado de bodega durante todo el día, el buque presentaba un quebranto aproximado al metro. Detuve las operaciones, solicité la presencia del administrador del muelle y llené varios tanques de lastre para disminuir el esfuerzo que se estaba sufriendo. Muy bien pudieron partir el buque a la mitad estando atracados, pero al parecer, ese era un asunto que solo le importaba al Primer Oficial. 



Esfuerzos de arrufo (arriba) y quebranto (abajo).



No crean que error como ese pueda ser cometido solamente por un oficial subordinado, en ese mismo buque, me refiero al “Bahía de Cienfuegos”, se exigía como condición para navegar en lastre (vacío), que se inundara la bodega Nr.4 con unas tres mil seiscientas toneladas de agua de mar. Antes de proceder a llenar esa bodega, era indispensable haber llenado todos los tanques de lastre para formar una especie de viga sólida en el casco. ¿Qué creen ustedes? Navegando por el estrecho de Malaca desde Malasia a Singapur, el Jefe de Máquinas le hace tal o más cual cuento al Capitán sobre la resistencia que estaba experimentando la máquina del buque y éste, sin consultar nada conmigo, ordenó deslastrar algunos de aquellos tanques. Por supuesto, los cojones tuvieron que escucharse en La Habana, aquel Capitán de nombre Arquímedes Montalbán, no partió al buque de milagro.


No fueron pocas las oportunidades en las cuales los maquinistas, actuando a su libre albedrío, trasegaban líquidos de un tanque a otro sin consultar con el Primer Oficial. Ante esa situación, el buque nunca llegaba con los calados calculados que en muchos puertos es indispensable mantener por ciertas limitaciones. Eso me obligó a confeccionar comunicados que entregaba y obligaba firmar al Jefe de Máquinas, donde le explicaba el ciclo del consumo de combustible con los números de los tanques. Después de esa firma, cualquier error caería por entero bajo su responsabilidad. Un caso muy famoso y del que ya hablé en uno de mis trabajos titulado “Mandado a matar”, es el referente a uno de esos deslastrados realizados sin contar conmigo en un tanque de proa. Al quitarle peso a la proa, ésta se levanta y se hunde a su vez la popa, es como si se tratara de un cachumbambé o balanza. Mi desconfianza me salvó otra vez de una prisión segura, conociendo el elemento que viajaba en ese buque “Bahía de Cienfuegos”, ordené colocar una escala de gato en la popa cuando navegábamos dentro de la bahía de Nuevitas. ¡Cuál no sería mi sorpresa! El buque se encontraba pasado de calados a popa por más de un metro. O sea, perderíamos la propela y pala del timón al pasar por el canal de “La Pasa”. Otra vez acusado de agente de la CIA y condenado a varios años de prisión. Eso me demostraba aún más que no debía confiar ni en el Capitán, absolutamente en nadie.


El daño que pueda provocar la marinería con sus negligencias, es infinitamente inferior al causado por el personal que vive en las cubiertas superiores de cualquier superestructura. Sin embargo, eso suele ocurrir también. Un buen Primer Oficial debe tener contacto con sus subordinados y supervisar con frecuencia el trabajo realizado por su contramaestre. Esto creará un reflejo condicionado y cierta desconfianza también en el subordinado. Es recomendable verificar en el terreno, aunque sea una vez por semana, el estado de las sondas de tanques y sentinas. Evitará cualquier tipo de engaño o falsedad en las cifras aportadas y ahorrará también varios dolores de cabeza. Una vez, cargando fertilizante químico en la antigua Alemania del Este, los calados del momento no me permitían cargar la cantidad de toneladas calculadas. Verifiqué aquellos cálculos en varias oportunidades y el resultado no variaba. Llamé al pañolero y le pedí que tomara las sondas en mi presencia. Nunca lograría embarcar aquel cargamento si no procedo de esa manera, el pañolero me estaba engañando y máquinas no había cumplido mi solicitud. Las sondas aportadas por él eran falsas y en los tanques de lastre permanecían varios cientos de toneladas que yo había pedido deslastrar. Son muchos los ejemplos que expondría, pero que harían interminable este trabajo. Sí hay algo de cierto, ocupando ese cargo no se debe confiar en absolutamente nadie.


Antiguamente, cuando di mis primeros viajes como oficial, los trabajos de las reparaciones en diques eran repartidos entre toda la oficialidad. Al final de mis días aquello era imposible, la indiferencia y muchas veces incompetencia de algunos colegas, era un impedimento para someterse a semejante riesgo.


El Primer Oficial debe imponer en todo momento su autoridad, no necesita ser déspota ni abusivo para que lo respeten. Sus órdenes deben ser claras, precisas y muy oportunas. Actuando de esa manera se ganará la admiración de los demás y no solo protegerá su persona, lo hará con el buque donde navegue y las vidas de todos los involucrados en la aventura marítima. “El Capitán es la suma de la tripulación” manifestó un día el Capitán Julio Calderón Justiz. Al pasar el tiempo, aquella operación matemática se transformó en una división. ¿Qué éramos entonces los primeros oficiales? Nos convertimos en la suma de todos los trabajos en el buque para que las nuevas generaciones de capitanes llenaran sus arcas y firmaran papelitos. ¡Hombre! No todos eran iguales, siempre hay excepciones.






Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá.
2011-09-25 


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