miércoles, 26 de marzo de 2025

EL HAMBRE MAS ALLÁ DEL HORIZONTE.

EL HAMBRE MAS ALLÁ DEL HORIZONTE.




 

En Altamar se escuchan los quejidos de cualquier estómago vacío y los efectos de esa angustia se multiplican cuando extiendes la mirada al horizonte, sufres la sensación de encontrarte en el espacio y que tu nave vuela, solo tienes como punto de referencia alguna estrella o planeta tomada al azar. Despiertas algo a la menor sacudida de alguna ola y vuelves a la realidad, créanme, es mucho peor. Es entonces cuando piensas en cada uno de los causantes de tus desgracias, el hambre -por ahora- y si estas en la cama no logras conciliar el sueño. Ahí están esas molestas tripas para recordarte su enojo y despierto comienzas a mentar madres a diestra y siniestra. Corren decenas, cientos y hasta miles de millas experimentando esta infinita agonía.

 

Yo pensé que al salir de Corea del Norte acabarían todos los problemas de ese viaje fatal, allí permanecimos más de un mes de duro invierno con la calefacción del barco rota y casi sin comida. Podía asegurarse que pasamos hambre y podía negarse también que esto sucediera, bueno, si comer era considerado a hacerlo como lo hacen los animales. Ya deben imaginar el discurso con el que siempre han querido dormirnos; “Hambre hay en Haití, Bangladesh o cualquier pais africano”. ¡Coño, hay que pasarla en el mar para saber de qué hablo! Nueve días después de nuestra salida, estábamos en Singapur con 40 grados sobre cero, el cambio experimentado en tan corto período de tiempo fue de 58 grados. Con el aire acondicionado del barco roto, aquella nave de acero se había convertido en un infierno.

 

Una vez que recalamos fondeamos en espera de instrucciones, habíamos recibido la orden de dirigirnos al puerto de Chittagong en Bangladesh para completar la carga, pero antes debíamos tomar combustible y avituallamiento para darle la vuelta al mundo. En esa espera nos sorprendió una semana, la agencia que nos atendía estaba dirigida por un búlgaro, pero ya nada del Campo Socialista existía. Por muchas llamadas que el Capitán le hiciera al agente por la radio, el hombre se negaba a suministrarnos comida y el pago de la tripulación hasta tanto Cuba no hiciera los depósitos bancarios para aquella operación. Llegó el momento esperado por toda la tripulación, se nos acabó el agua y el Capitán declaró arribada forzosa, motivo por el cual las autoridades nos pasaron a un fondeadero interior y nos suministraron agua, solo que en estas condiciones nosotros no podíamos abandonar el puerto. Nuestro Capitán solicitó los servicios de una lancha para presentar un Acta de Protesta ante la Capitanía del Puerto, siendo esta la única oportunidad en la cual parte de la tripulación pudo bajar a tierra, ya estábamos a finales del mes de Febrero y nosotros habíamos salido de Cuba en Octubre.

 

Después de escuchar decenas de súplicas, el agente búlgaro, quien también había sido Capitán en la marina de su país, se conmovió y le adelantó al nuestro unos $2000 US dólares para la compra de víveres. Esa cantidad para un barco con una tripulación de 36 hombres es insignificante, casi nada, pero al menos pudimos mitigar en algo nuestra hambre. Allí pasamos más de dos semanas esperando el dinero para avituallarnos y al final de este tiempo, solo llegó el dinero para el pago del agua y combustible. Se recibió además la orden de partir en esas condiciones, la Empresa de Navegación Mambisa o el Estado Cubano desoyeron o ignoraron los informes donde se hacía constar que nuestra gambuza estaba casi en cero de víveres y que tampoco llegó el dinero para el pago de la tripulación.

 

Partimos para Bangladesh con la promesa de que allí recibiríamos el dinero necesario para avituallar al buque, pero a nuestra arribada comprobamos que habíamos sido engañados una vez más. Al telegrafista le dio un infarto y fue trasladado a una clínica, se le asignó como acompañante al Comisario Político de a bordo. Yo tenía experiencia de esa zona y sabía que era una costumbre de algunos de sus habitantes llegar con canoas llenas de comida y animales, se abarloaban a nuestras naves y nos proponían una especie de trueque donde solicitaban cambiarlas por los cabos viejos del barco (sogas) y por los cables usados de las grúas.

 

-Podemos asegurar algo de comida para continuar viaje hasta Luanda. Le dije a la mañana siguiente a nuestra arribada al Capitán, ya habíamos recibido la orden de regresar a Cuba por Sudafrica con el propósito de cargar contenedores con armamentos del ejército cubano en Luanda, se estaban retirando de aquel pais que nos condujo a la ruina. Realmente se mataban dos pájaros de un tiro, se evitaba también el paso por el Canal de Suez y la posibilidad de enfrentar a uno de los tantos acreedores a los que Cuba les debía dinero.

 

-Eso no puede ser posible, todos los barcos tienen la orden de llevar para La Habana el dinero que se recaude de la venta de cabos y cables viejos, metales como cobre, etc. Me lo dijo con una pastosidad incómoda, realmente poco le importaba los inconvenientes que sufriera la tripulacion mientras el Sobrecargo Nerey le abasteciera periódicamente el refrigerador de su camarote. -¡Además! Yo no me meto en esos problemas sabiendo que la misma gente por la que podía hacer eso, serían los mismos capaces de delatarte al arribo a La Habana. En las palabras agregadas al final de esta estrofa, él tenía razón, y no me hubiera incomodado en dársela, pero desafortunadamente él recibía un salario para enfrentar estas situaciones y darle solución, no para darle la espalda como estaba haciendo en esos instantes.

 

Se vivían momentos críticos que no nos permitía salir de ese puerto hasta Luanda en Angola, sencillamente no había comida y en altamar esta es imposible de adquirir. Llamé al Secretario del Partido y le hablé de la situación, pero este tipo también tenía miedo meterse en estos negocios, Julián era tan vago, ladrón e inmoral como Nerey. Todavía hoy, decenas de años transcurridos desde aquellos eventos, me pregunto como tantos hombres pudieron dejarse seducir por esas ideas descabelladas del comunismo y cómo era posible que seres, capaces de enfrentar peligrosas galernas podían temblar ante la presencia de estos hijoputas.

 

-Podemos hacer víveres en Luanda. Me dijo el Capitán esquivando cualquier tipo de nueva propuesta.

 

-En Luanda no encontraremos comida y no sé si se ha enterado, las pocas provisiones que poseemos no nos alcanzan para enfrentar esa larga navegación.

 

-¿Por qué está tan seguro de que no encontraremos comida en Luanda? Insistió tratando de convencerme y evadir dar el paso que yo le proponía.

 

-Estoy más que seguro porque cuando la transportación de tropas que participarían en esa guerra, los soldados consumieron nuestros víveres y estuvimos navegando más de dos semanas pasando hambre hasta Islas Canarias. Estoy muy seguro porque yo permanecí un año y medio trabajando en ese pais y tengo una idea exacta de como funcionan las cosas allí. Les propuse al Capitán y al secretario del partido que me dejaran actuar, yo no era militante del Partido y no tenía nada que perder. Ellos aceptaron y minutos más tarde realicé una labor de exploración y proselitismo con la gente de a bordo. Al final todos me apoyarían, aunque debo aclarar que esto no me serviría de mucho, porque al esos mismos a los que les llenaría el estómago, serían los mismos que levantarían las manos en una asamblea para que me condenaran. Conocía muy bien el sabor de la traición en nuestros buques y razones sobraban para sentarme y reflexionar un poco. Esa misma gente por la que pondría en riesgo mi trabajo violando una de sus absurdas “ordenes”, se mantuvieron en silencio durante toda la travesía mientras pasaban hambre y observaban con envidia a “Pelito Lindo” zamparse un pollo entero en sus narices. ¿Se puede ser mas cobarde? Lo dudo.

 

Realicé aquellos trueques y llené la gambuza de comida, al menos la suficiente para llegar hasta Luanda. En la popa del barco armamos una jaula que se llenó con gallinas vivas, patos y pavos. Por la cubierta andaban más de ocho chivas (cabras) caminando, las cuales fueron sacrificadas una vez que levamos ancla. Las neveras se vieron abarrotadas de frutas, viandas y vegetales gracias a las gestiones que realicé junto al personal de cubierta. ¿A quién se le ocurre salir a navegar sin alimentos para su tripulación, vender los artículos antes mencionados y llevar el dinero para la isla? Ignoro hasta qué punto puede evaluarse como bueno a un Capitán que actúe de esa manera y a un partido indiferente a los problemas que sufre su gente, mientras actúa complacido y servil ante quienes los gobiernan política o administrativamente. No fue el único caso donde un individuo les resultaba simpatico a la tripulacion y era aceptado, mientras a sus espaldas se apertrechaban de comida y sometían a sus hombres a sacrificios innecesarios e injustificados. Para mí resultaban tan miserables como el peor de los hombres, yo no me dejaba seducir tan fácilmente. Desde aquellos tiempos la virilidad se fue evaporando en la isla, no podemos sentarnos a exigir hombría donde nosotros mismos la neutralizamos.   

 

Parece que no habían sido suficiente más de dos meses pasando hambre y sin paga para que la gente reclamara sus derechos. El miedo con el que se vivió y se vive no tiene límites ni explicaciones, todavía hoy no comprendo que ha sucedido con ese pueblo. Allá se quedó ingresado el telegrafista con su compañero, nosotros llegamos a Cuba y dos meses después, no les había llegado el dinero que cubrieran sus gastos y pasaje de regreso. Vivían de la caridad del agente que los atendía en Bangladesh, quien solo podía pagarles desayuno, almuerzo y comida.

 

Han transcurrido ocho años desde mi deserción en Canada y nada ha cambiado, más bien las cosas han empeorado para los marinos. Los he visto por Montreal escurridizos y con un miedo que les cala hasta los huesos, mal vestidos, haciendo interminables caminatas durante el invierno para ahorrarse el dinero del pasaje en una guagua. No tienen buenos abrigos, no son pocas las oportunidades en las que no les pagan. El contrabando para poder vivir continúa y en él se han visto envueltas personas que siempre fueron honradas, pero desgraciadamente, ser honrado en esa isla es cosa de idiotas, más bien de cobardes también. Por el miedo que siempre ha existido por reclamar lo más mínimo, lo que te pertenece, lo que es tuyo y trabajaste bien duro, son muchas más las razones por las que han perdido respeto o admiración.

 

Hoy los veo y a veces me preguntan si conozco a alguien para venderles sus tabacos, no sé si me dan pena, no sé si les tengo lástima, no sé si los detesto y no quisiera saber de ellos, no sé si se merezcan vivir como lo hacen, lo cierto es que no se puede vivir con tanto miedo.

 

Han pasado veintiséis primaveras desde que escribí estas líneas que se mantenían ocultas en mi computadora. Las flotas cubanas naufragaron y su ausencia se sintió también en este puerto. Las casas que vendían objetos de segunda mano desaparecieron para siempre de las calles Saint Catherine y Ontario, se ausentaron aquellos clientes cargados de necesidades que justificaran la renta de aquellos locales visitados también por el personal del Consulado Cubano en esos tiempos, porque la miseria también toco sus puertas. Nuestras aceras extrañan a muchos de aquellos barbudos empercudidos y mal vestidos. Algunos recorrían nuestras calles arrastrando chivichanas cargadas de tarecos que recogían en sus inexactos trayectos. En lo personal no los extraño, no puedo abrigar ese sentimiento hacia seres que me conocían y saltaban a la acera del frente cuando me veían como si se tratara del mismo demonio. No puedo sentir pena por ellos cuando no la han sentido por ninguno de los que abandonamos aquel infierno. Cada cual tiene lo que se merece y pagó su precio justo. Ya no temo ser despertado por el llanto de mis tripas, hace años que ellas no lloran.

 

 

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

1999-05-22

 

 

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2 comentarios:

  1. Estimado casañas ,el tiempo ha pasado y ellos siguen igual , cargando tabaquitos,con el riesgo de ser descubiertos ,cargando botellas de ron cubano, con ese mismo riesgo, temerosos de que los hechos palante, incapaces de protestar por sus derechos ,después de tanto tiempo en el exilio me he dado cuenta que lo mejor que hicimos fue largarnos de aquel tormento hoy como bien dices nuestra barrigas y la de nuestros hijos , ya no suenan ,y lo mejor es poder saludarnos sin el miedo que rodea a esta clase de gente un fuerte saludo. Tu hermano del mar .CASTAÑEDA

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    1. Hola mi hermano.... Muchísimas gracias por todos tus comentarios, los he leído todos, solo que no he estado muy bien que digamos y el poquito tiempo libre lo debo emplear en continuar esta cruzada, pero nunca olvido la participación de todos los que pasan por acá. Un fuerte abrazo y cuídate

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