lunes, 9 de septiembre de 2024

APRIETA EL CULO Y DALE A LOS PEDALES


APRIETA EL CULO Y DALE A LOS PEDALES








-¿Te enteraste que hay un marino preso en la cárcel de máxima seguridad situada en la calle Saint Jacques? Me disparó sin dar tiempo a quitarme el abrigo, el frío reinante era polar, se mantenía durante días por debajo de los treinta grados centígrados sin darnos esperanzas de alivio. Cuando el viento soplaba no sabías donde meterte en lo que esperabas el autobús, rachas de cincuenta bajo cero obligaban a esconder toda la cara y dejar solamente los ojos a merced de aquellas temperaturas. Su apartamento se encontraba a varias cuadras de la parada del metro y yo lo frecuentaba dos o tres veces a la semana. Siempre iba cargado con algo de comida y dinero para pagar entre otras cosas las llamadas que hacían los recién llegados para decirle a su familia que se encontraban bien. Les advertíamos que solo podían hablar tres minutos, pero siempre fue imposible cumplir esa norma. Orlando “El Viejo”, como era conocido por todos, era uno de aquellos buenos samaritanos que ofrecía su apartamento para recibir a marinos desertores. Fue enfermero de la Flota Cubana de Pesca, un tipo muy original, algo alocado, simpático y muy buen bailador. Estoy convencido de que son muy pocos, escasos, los que hoy levantan el teléfono para preguntarle cómo se encuentra.


-¿Un marino preso? ¡Hummm! Está muy raro eso, es el primer caso del que tengo noticias hayan detenido y mira que somos bastante. Le respondí mientras entraba al baño para orinar, tenía el rostro bien rojo, la gente en Cuba pensaban que era por la buena alimentación cuando observaban fotos de estos blancos rojizos. No podían imaginar que era debido al frío, la comida era una obsesión que limitaba cualquier otra interpretación.


-¿Qué te parece si vamos a verlo? Me preguntó en el comedor mientras preparaba un poco de café.



-¡Hoy, no! Ya me he soplado un frío del coño de su madre para llegar hasta aquí. ¿Te hace falta algo? ¿Ya la gente fue a consultar con algún agente que atienda sus casos? Los recién llegados permanecían en silencio y solo se limitaban al intercambio de palabras producido entre nosotros, estaban francamente asustados y yo los comprendía.


-Estamos algo flojos de jama y el Puri cayó con gripe, no tengo nada para darle, solo limonadas calientes.


-No te preocupes, dentro de un rato vamos hasta el mercado por alguna facturita y de paso compramos algo para la gripe. No lo hacía con mi dinero, hacía algo de tiempo que había perdido el trabajo. Muchos lugares cerraban las puertas en invierno y te mandaban al paro, por fortuna no quedabas desamparado. Disponía sin embargo de una pequeña cantidad, era el aporte de los miembros de la organización “Hermanos del Mar”. Nos agrupamos con la finalidad de ayudar a esos antiguos compañeros nuestros y aportábamos cinco dólares mensuales. No era tanto, diría que insuficiente, pero un granito de arena muy importante en aquellos tiempos y aliviaba un poco la situación. Durante el trayecto hacia el mercado acordamos ir a visitar a ese marino que se encontraba preso, no teníamos su nombre u otra información que nos ayudara. La prisión se encontraba algo apartada, aún así, decidimos asistirlo.


-No es fácil llegar a un país donde no conoces a nadie y que te metan en el tanque. ¡El pobre, vamos a tirarle un cabo! 


Esa mañana nos encontramos en la estación de Metro “Frontenac”, era la más próxima a su casa. Orlando era un tipo estrafalario a la hora de vestirse y en invierno se extremaba, sacaba de sus baúles todos esos trapos ya pasados de moda y que usaran quién sabe cuántos muertos de esta ciudad. Parecía un verdadero payaso, chorizo, pingüino, cualquier cosa menos un ser humano. Todo se le perdonaba por aquel carácter tan agradable que poseía y esa alma de ángel guardián con la que enfrentaba la vida, era muy querido por todos. La temperatura neta para esa mañana era de treinta y seis grados Celsius bajo cero, con el factor viento andaba muy cerca de los cincuenta.


Después del Metro tomamos un autobús y le pedimos al chofer que nos avisara en la parada de la prisión, antes de descender nos enroscamos la bufanda alrededor del rostro. A solo pocos metros de estar caminando, el vapor de nuestras respiraciones formó una capa de hielo sobre ella. Un cartel anunciaba la existencia de ese centro penitenciario y nos dirigimos hacia su puerta, tocamos el timbre y luego de varios segundos escuchamos una voz en francés por un pequeño intercomunicador.


-Sí, buenos días. Le respondí en su lengua. -¡Mire! El asunto es que deseamos visitar a un marino cubano que se encuentra detenido aquí.


-Lo lamento, hoy no es día de visitas.


-¿Y cuando hay visitas?


-Deben regresar mañana después de las dos de la tarde. No recuerdo exactamente el horario, sí que nuestro regreso se produjo en horas de la tarde porque al salir ya era de noche y en invierno oscurece a las cuatro de la tarde.


Toqué el timbre nuevamente, esta vez más confiado, solo que ese día se demoraron algo en responder y el frío pelaba. Orlando se mantenía callado, no hablaba nada de francés y menos aún inglés.


-Sí, buenas tardes, el asunto es que deseamos visitar a un cubano que se encuentra detenido en este centro. Le dije a esa voz que salía por una bocinita.


-¿Cómo se llama?


-Realmente no tengo idea.


-El problema es que hay dos cubanos detenidos en estos momentos.


-Entonces deseamos verlos a los dos.


-No se permite visitar a dos reclusos al mismo tiempo.


-Bueno, yo visitaré a uno y mi amigo lo hará con el otro. Se escuchó el sonido de una chicharra y la puerta se abrió. Nos esperaba una mujer vestida de policía que nos condujo por un pasillo hasta lo que sería la oficina de recepción, allí nos pidieron que sacáramos todo el contenido de los bolsillos y lo depositáramos en una pequeña bandeja plástica. Luego, nos pasó un detector de metales por todo el cuerpo y cuando la pesquisa hubo concluido, nos llenaron un formulario con todos los santos y señas, donde por supuesto, se incluía el número de seguro social, dirección, teléfono y razones de la visita. Afortunadamente yo había registrado la organización “Hermanos del Mar” en el Palacio de Justicia y nuestra historia fue aceptada, solo nos motivaba los deseos de ayudar a esos cubanos en desgracia.


El salón de las visitas se encontraba en otro piso y fuimos conducidos por otro agente. El saloncito estaba bastante limpio y el ambiente resultaba familiar. Detrás de unos cristales, se podía observar a uno de los guardias controlando diferentes áreas de la prisión por medio de pantallas. Un poco más allá, los reos jugaban ping pong o simplemente veían la televisión. Escuchamos cuando mencionaron dos nombres con apellidos en español muy mal pronunciados, minutos después aparecían por la puerta del saloncito. Uno de los cubanos era blanco y el otro negro, el blanco era bien flaco y tenía algunas caries, se estaba riendo y las mostraba sin complejos, se estuvo riendo durante esa y las posteriores visitas. El negro era bastante oscuro y bien fornido, su dentadura era excelentemente pareja y blanca. Su rostro me resultaba demasiado familiar, había sido alumno mío en la Academia Naval del Mariel. Uno y otro se sentaron en diferentes mesas, el blanquito en la de Orlando “El Viejo” y el negro conmigo. Aunque nos mantuvieran separados nada podía impedir una conversación entre los cuatro, por lo que las reglas establecidas eran para cumplir un puro formulismo.


-¡Vaya sorpresa! No podía imaginar que fueras tú el detenido llegamos hasta aquí sin saber de quién se trataba. Nos dimos las manos y observé que tenía un pulso y collar de Orula. ¡Qué casualidad!, pensé. Tampoco me apretó la mano en su saludo, ni el flaquito tampoco. No era la primera vez que eso me ocurría, así saludan las mujeres, los maricones, la mayoría de la gente del “ambiente” o guapos y casi todos los segurosos. No le puse mucha atención a ese detalle, pero de algo estaba convencido, solo trasmiten energía negativa. Lo normal entre los hombres es que se saluden efusivamente, más aún cuando se conocen y llevan tiempo sin verse, es solo un detalle de apreciación muy particular.


-¡Sí, compadre! Estos hijoputas me han metido en el tanque. Fue su primera manifestación.


-¡Ten cuidado como hablas! Hay cámaras y micrófonos que nos están grabando. Se supone que llegas a este país en busca de refugio y no debes expresarte de esa manera, ellos no son hijos de puta, sencillamente no te conocen ni saben quién eres tú. ¿Dónde fue que caíste preso?


-Desde que deserté en Saint John.


-Alguna caca debes tener encima para que procedan así, yo te recomiendo una cosa, si fuiste “clavista” o miembro de la seguridad, es mejor que lo declares en tus alegatos. Posiblemente te ayude a conseguir “refugio político”. Si lo ocultas, no dudes tú que ellos están enterados de quién eres. No olvides que la seguridad de Canadá está estrechamente conectada a la CIA y el FBI, así que te recomiendo seas diáfano en tus declaraciones. Lo tomas o lo dejas, ese es tu problema. Orlando era enfermero de la Flota Cubana, él y yo tenemos una organización integrada por marineros y dedicada a ayudar a los recién llegados, si necesitas algo nos lo dejas saber. Le extendió la mano para cumplir con la presentación. ¿Y tú, de dónde vienes? Le dije al flaquito que no dejaba de sonreír, aunque no hablaba. Tenía una gorra con el logo de la organización anticastrista “Alpha 66”.


-¿Yo? Quiero aplicar para el “refugio político”, estuve preso en La Habana por pertenecer a esa organización. Me respondió sin dejar de sonreír, lo hizo rápido, casi cumpliendo rigurosamente un libreto muy bien aprendido. Su rostro era el de un fiñe y me llamó la atención sus palabras, le calculé menos de veinte años y pronto dudé que una organización como “Alpha”, que contaba con escasos miembros dentro de la isla, depositara su confianza en un niño.


-¿Sabes una cosa? Te haces muy poco favor con estar usando esa gorra aquí, desafortunadamente acabas de arribar a un país con una sociedad habitada por personas con ideas izquierdistas. ¿Trabajabas o estudiabas en Cuba? Creo que lo sorprendí con aquella inesperada pregunta y detuvo su sonrisa.


-¡Trabajaba!


-¿Y que edad tienes? Se la hice a propósito, de su respuesta dependía que le creyera, pero su rostro era infantil y de acuerdo a las leyes cubanas no podía obtener un empleo si era menor de 18 años.


-En realidad yo llegué a Miami en una balsa donde murió mi abuelo. Me contestó y evadió la pregunta realizada.


-¿Cuándo fue eso?


-¡Coño, compadre! Te hablo del Mariel. Con aquella respuesta se tiró un poco más de mierda encima, corría el año 93 y el Mariel sucedió en el 80, hablamos de trece años atrás que si se le restaba a la apariencia de ese muchacho, arribaríamos a la imagen de un niño.


-Así que se murió tu abuelo en la balsa y estuviste preso por problemas políticos en Cuba. ¿Cómo llegaste hasta aquí? No te asustes por las pregunta que te haga, esas mismas deben realizarte las autoridades de Canadá, tómalas como un ensayo.


-¡Vine en bicicleta!


-En bicicleta, ¿desde dónde?


-¡En bicicleta desde Miami!


-¿Y para dónde ibas? Sonrió esta vez, pero no pudo ocultar su nerviosismo, él solo había caído en su propia trampa.


-¡Para Alaska! ¿Es territorio americano, no?


-Yo no tengo la menor duda de eso, Alaska es territorio norteamericano. Sí te digo una cosa, estás muy jodido en geografía. No tienes la más remota puta idea de los kilómetros que nos separan de Miami, tampoco sabes los que existen desde Montreal hasta Alaska, y lo peor, allá afuera está soplando casi cincuenta grados bajo cero y no creo que puedas convencer a las autoridades de este país sobre tus intenciones. ¡Ven acá, men! ¿Cómo te llamas? El negro permanecía en silencio, quizás más sorprendido que nosotros con aquel intercambio de palabras.


-Yo me llamo Roberto.


-Vamos a hacer una cosa, se nos está venciendo el tiempo de la visita, aquí les dejo mi número telefónico y cualquier cosa que necesiten nos pueden llamar. ¿Necesitan algo?


-¡Mira! No he podido contactar con mi esposa, hace falta que le des un timbrazo y le digas que estoy bien, que no se preocupe. Me dijo el negro.


-¿Dónde vive ella?


-En Alamar.


-¡Coño, mi mujer trabaja en el policlínico de la zona 5!


-La mía también, es probable que la conozca.


-No te preocupes, luego le sueno un timbrazo.


-¿Tú necesitas algo? Le pregunté al blanquito de la eterna sonrisa.


-¡Asere, necesito unas pilas para esta walkman!


-No te preocupes, te las traigo en la próxima visita. Nos despedimos cuando casi entra el guardia a anunciarnos el final de la visita. Bajamos acompañados hasta la oficinita donde nos devolvieron todas las pertenencias y al salir del centro penitenciario era de noche. El viento soplaba con fuerza y la cumulación de nieve en la acera dificultaba nuestra marcha, estuvimos largos minutos esperando a que pasara el próximo autobús. 


Regresamos varios días después y le llevamos una cajita con una docena de pilas doble “A” al muchachito sonriente para su walkman. Ese día, el negro me pidió que le enviara una carta a su esposa y me dijo que en el sobre abierto que me entregaba, había cien dólares para que se los hiciera llegar. Ya yo había hablado con su esposa y por medio del servicio three-way call, le había facilitado una llamada con su marido. Efectivamente, ella trabajaba en el policlínico con mi esposa y vivía cerca de la casa en Alamar. Al entrar a la oficinita de la prisión no nos permitieron entregarles algunos productos alimenticios y los retuvieron hasta nuestra salida.


-¿Cómo te llamas? Le pregunté a secas al muchachito que vino en bicicleta desde Miami y arribó a la frontera canadiense en short con treinta grados bajo cero.


-¡Me llamo Roberto! Respondió muy contento cuando le entregaba las baterías, no agregó apellidos. El negro habló muy poco, no le hacía muy feliz nuestra visita y tampoco me propuse obligarlo a que fuera sincero, no me importaba. Sí recuerdo que la tarde donde lo conecté con La Habana por teléfono, repitió el mismo “hijoputa” para referirse a las autoridades de Canadá.


-¡Compadre! Estás hablando a mi número telefónico y es de suponer que todos los teléfonos de esa prisión estén pinchados. Yo no tengo necesidad de buscarme problemas con las autoridades de este país, soy un refugiado político y no los considero “hijoputas”, te sugiero que moderes el vocabulario cuando vayas a referirte a ellos y hables conmigo utilizando mi número telefónico. Esa tarde, cuando nos disponíamos a retirarnos después de consumir el tiempo asignado, el negro recibió la visita de un latinoamericano que no le agradó encontrarnos allí.


Un día después, recibí la llamada de una abogada. Esa llamada fue recibida precisamente por Rafael Goicoechea, ayer escribí sobre él y manifesté que no se encontraba presente cuando la creación de la organización “Hermanos del Mar”. Todo parece indicar que voy recobrando la memoria, si yo visitaba la prisión con Orlando Martínez, alias “El Viejo”, y además de eso, vivía con Rafael Goicoechea, la organización “Hermanos del Mar” existía y no lo puse en conocimiento suyo porque ya lo tenía descubierto como posible agente de la inteligencia cubana y por su participación directa en la destrucción de la anterior organización creada por mí.


Se interesó en ese caso al escuchar mi conversación con la abogada y le dí como detalle “accidental” que, el negro usaba una pulsera y collar de “Orula”. La gente que ha escuchado o leído este detalle en varios de mis escritos, opinan, algunos de ellos, que es simple paranoia mía. Sin embargo, me aferro a la idea de que si los masones tenían una contraseña para comunicarse en caso de apuros, ¿por qué no podían tenerla los agentones de la seguridad cubana en el exterior? No ha sido un caso accidental que varios de esos chivatos conocidos en Montreal, coincidieran con las mismas prendas y santos. Inmediatamente se ofreció para visitar la prisión conmigo, ¡qué raro!, Rafael Goicoechea no mantenía relaciones con personas de la comunidad cubana en esta ciudad, todos eran de origen latinoamericano.


Una tarde fue conmigo a la prisión y su presencia fue dedicada por entero al negro “Cristóbal”, porque finalmente me enteré de su nombre. De reojo y como el que no quiere las cosas, seguí de muy cerca aquel contacto. Puedo asegurar que mucho más familiar que el establecido conmigo, persona que lo conocía desde su etapa estudiantil. Hablaron en un lenguaje casi Morse, donde las precauciones fueron extremas y opté por hacerme el desentendido, hubo mucha química entre ellos. Aquel encuentro sirvió para profundizar la desconfianza que sentí por el negro desde los instantes que me diera la mano.


Esa noche, la abogada repitió la llamada y me solicitó una entrevista. Ella tenía sus oficinas muy cerca del Palacio de Justicia, era de origen chileno y como es de suponer, fue suficiente razón para desconfiar de ella. El encuentro fue muy profesional y nos condujo inmediatamente al grano o núcleo de la situación.


-Si de verdad deseas ayudar a esos cubanos, solo se necesita tu firma para sacarlos de prisión. Dijo ella sin preámbulos.


-¿Cómo es eso?


-Muy sencillo, tú firmas y te haces responsable de las dos personas. Inmediatamente le dan la liberación y salen a vivir a tu casa o apartamento.


-¿Así de fácil?


-Así funcionan las leyes en este país.


-No, no me importa la parte jurídica. El asunto es que yo no sé quién es uno y no me explico por cuál motivo se encuentra detenido el otro.


-Es lógico que desconfíes, Robertico no desea colaborar con las autoridades. Sin embargo, he presentado un recurso para sacarlo de las rejas donde por supuesto, apareces tú. Yo creo que sería muy beneficioso si tratas de sacarle alguna información, nadie sabe quién es y mientras no desee decirlo, no se tendrá acceso a su pasado en los archivos existentes para cada ciudadano que ingresa a este país o a los Estados Unidos.


-¡Muy curioso! Si la libertad de ellos depende exclusivamente de mi firma, puede estar convencida de que la daría por verlos en la calle. ¡Ojo! Necesito conversar con él para leerle las reglas del juego.


-Mañana tiene visita y considero que sería una magnífica oportunidad para que trates de aclarar algunas cosas.


-Mañana paso por la prisión.


-¡Escucha bien, chamaco! Le tienes rota la computadora a la policía, inmigración, la CIA, el FBI, hasta tu abogada se encuentra media loca con tus mentiras. ¿Sabes una cosa? Con mi firma puedes salir de esta prisión inmediatamente, irías para mi casa hasta que se resuelva tu situación. Ya le manifesté a tu abogada mi disposición a colaborar, solo exigen a cambio saber quién carajo eres. Si así lo deseas, me haces una nota con la dirección de tu casa para mandar a pedir tu inscripción de nacimiento y otros documentos exigidos en este país. Hazle una nota a tu familia autorizando a mi hijo solicitar o portar esos documentos. ¿Qué te parece? El tipo no dejaba de sonreír y ya comenzaba a caerme mal, lo interpretaba como un gesto o acto de cinismo, pero no podía dar muestras de desesperación, tenía que mantenerme más sereno que él. Eso sí, no daría mi firma hasta saber en presencia de quién carajo estaba. Tomó un papel y bolígrafo que le ofrecí y escribió algo, luego me lo regresó y partí.
Aquel mediodía asistí a la oficina de Inmigración que funcionaba como Corte, no recuerdo exactamente si se encontraba al final de la avenida Papineau y muy cerca de Saint Catherine, por allí andaba.


-¿Qué haces aquí? Le pregunté a Pedro Martori, un viejo conocido que habían logrado convertir en enemigo mío. Martori, como todos lo conocen, pertenece a ese grupo de buenos samaritanos que ayudó a mucha gente en Montreal, entre ellos me encuentro yo. No eran muchos los que ayudaban en esa época, fueron contados con los dedos dentro de una comunidad que no lograba sobrepasar las dos centenas. Hablemos de Máximo Morales, El Viejo Orlando, Pedro Martori y el homosexual Manuel. Cada uno de ellos merece el privilegio de un monumento moral, estoy convencido de que serán muy pocos los que recordarán la ayuda recibida de esas personas.


-¡Vine a firmar para sacar en libertad a unos cubanos que están presos! No me sorprendió su respuesta, lo conocía perfectamente y teníamos las mismas debilidades, ayudar al prójimo.


-Martori, ¡no firmes ni pinga! He llegado hasta aquí por la misma razón, también iba a firmar, pero me cansé de ser comemierda.


-¡Coño! ¿Qué me quieres decir con eso?


-¡Qué no firmes, mi hermano! He mandado a investigar a ese chamaco en La Habana y resulta que es un delincuente. Anoche mismo me llamó mi hijo para advertirme que no lo hiciera a solicitud de su hermana y cuñada. Resulta que el chamaco es delincuente y estuvo preso en el Combinado del Este por delitos comunes, nunca ha estado vinculado a problemas políticos, todo eso que cuenta es mentira.


-¿Y el negro, qué me cuentas del negro?


-¡Martori! Ese negro no es sincero, apesta, me huele mal, creo que es chiva.


-¿Tú crees?


-¡Compadre! En esta ciudad al último que le mentiría es a ti. ¡Mira! Por ahí viene su abogada.


-Entonces, ¿van a firmar por la liberación de esos muchachos? Preguntó ella cuando se acercó a nosotros.


-¿Sabe una cosa, abogada? Que aprieten el culo y le den a los pedales.


-¿Qué dijo?


-No me haga caso, es un refrán cubano.


-¿No va a firmar?


-Por supuesto que no, pregúntele a Martori. ¡Voy quemando!


Varios años después, encontré a Cristóbal en la cola de los vuelos a Cuba del aeropuerto Mirabel. No me saludó, al salir de la prisión se borró, tampoco me asombró, no era el primero que asumía esa posición, así somos los cubanos. Estoy convencido de que muy pocos levantan el teléfono para llamar a Orlando “El Viejo”, cuando menos para preguntar por su salud.









  Esteban Casañas Lostal.
  Montreal..Canadá.                            
  2011-01-19





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martes, 14 de mayo de 2024


TRAPITOS SUCIOS

 

SINGLADURA Nr.28

 

 

TRAPITOS SUCIOS, el libro de Esteban Casañas Lostal

 

Una vez que salimos del Manco de Lepanto y de Unamuno y ese extraordinario número de grandes escritores de la lengua española. atravesamos los nombres del último siglo y por medio del mismo nos encontramos con que las posibilidades de escribir y publicar vienen gradualmente haciéndose más fácil y más accesibles a muchos cuyas economías, niveles educación y acceso a la imprenta nunca habían alcanzado. Los que ayer fueron lo que pudiéramos llamar "brillantes", y aquellos que tuvieron al Papa o al Rey como sus benefactores, aunque solo fueran lamebotas con talento -de los que siempre abundan en todas las sociedades y épocas- encontraron las vías necesarias para publicar sus trabajos. Indudablemente que eso mismo permitió el alto grado y buena calidad de nuestra literatura hispana, pero también, aún sin que nadie lo pensara, una sociedad cerrada con acceso limitado a un cierto número de "literatos". Y surgieron las definiciones de lo que podía considerarse "literatura."

 

Y como los que podían comprar libros generalmente eran aquellos señores de la alta sociedad, pues nadie podía dormir en un simple cuarto, tenía que dormir en la alcoba; nadie podía limpiarse la nariz con la manga de la camisa a menos que se llamara "Luis" y fuera rey. ¡Oh, y sálvete dios de comerte un muslo de pollo frito agarrando el hueco entre los dedos!

 

Y, por favor, no sean cochinos: No se chupen los dedos, ni se monden los dientes en público. Ser plebeyo es pecado. Lo más que puede aspirar una joven plebeya es a ser una extraordinaria belleza y que algún mozo rico o príncipe se acostara con ella y después la tirara por una cloaca. Pero el mundo gira.

 

El que nace con su propio genio creador, crea, inventa, fabrica, construye, aunque no tenga más que sus manos un poco de barro sacado del patio del vecino. Salieron escritores como José Hernández, Ricardo Güiraldés, Manuel González Zeledón, entre muchos, que escribieron las cosas tal como son, al natural, sin otro adorno que su extrema crudeza, como es la vida.

"¡Eso no es literatura!"

Gritaron los más "leídos y escribidos".

 

¿Cómo vamos a llamar literatura a "Martin Fierro" o a "Don Segundo Sombra"?, o a la negra que cocinaba cacao y dejaba a los chicos de barrio raspar la cazuela y comerse esas ricas raspitas ticas, que bien pudieran ser cubanas o de cualquier otro rincón de nuestro continente pobre... Muchos han tenido que esperar mucho después de muerto para que le dediquen un "te quiero" de amante abandonado.

 

Sin embargo, a Ernest Hemmingway le dieron un Premio Nobel "De Literatura", nada menos.

 

Ahora, ¿dónde encajo yo a Esteban Casañas Lostal?

 

Porque, aquí lo tengo en azul, negro, blanco y rojo con un montón de presillas en la tendedera del patio del barrio viejo...

Y no, por cierto, el "Barrio Viejo" del tango de Gardel. La suerte que le pintó a la cubierta del libro un límpido océano verde donde lavar sus TRAPITOS SUCIOS.

 

Ahora, díganme, queridos lectores; ¿es, este libro de Esteban clasificable como Literatura, Historia, tragicomedia o un simpático conjunto, o como él, Esteban es un poco afrancesado, un "potpurrí" habanero? Defínalo usted como le plazca, pero haciendo una paráfrasis del ayer, de aquello que decía; "No te mueras sin ir a España", me atrevo a sugerir, No te mueras sin leer este curioso librito, (Solo 313 páginas)...

 

Y lo más curioso es que el título es perfecto: “TRAPITOS SUCIOS”. ¡Caballeros, que lengua!

 

No voy ni a tomar café a la esquina con Esteban. ¡Qué hombre más chismoso, chicas!

 

 

 

Con Don Gilberto en uno de nuestros encuentros en Miami, el día que le regalé mi libro

 

 

¿Y saben qué? Cuando Esteban estuvo en Miami recientemente, si placer gocé al conocer personalmente a un escritor y colega marinero, que he venido admirando por años a la distancia, tiene la delicadeza de regalarme un ejemplar (Fíjense que ni trató de vendérmelo, ¡Que buen hombre, mi mamá decía que el inglés que da manteca es un buen inglés!) Empecé a ojearlo. Cuando llegué a la página 18, ya me encontré con el Reparto Párraga, la Ruta 4 de Ómnibus, el Campeón cubano de boxeo Luis Manuel Rodríguez, memorias de su niñez y de parte de mis actividades, aunque yo no estoy en el libro. Memoria extraordinaria, hechos que tantos y tantos hemos protagonizado y Esteban los graba con toda realidad. No se le escapa una cucaracha loca debajo del tren ni una hembra en la barra o en el muelle. ¡Qué tipo!

 

Yo acostumbro a leer un libro de una o dos sentadas; este no. Me lo estoy bebiendo como me gusta el licor, sorbito a sorbito... así, claro, gasto menos en la cantina y me dura más la deliciosa lectura de este librito, TRAPITOS SUCIOS, que para los puristas, no es literatura, para "connoisseurs" no es historia, pero para mí, que tengo un doctorado en Filosofía y Letras Castellanas, y que como traductor tengo en mi haber más de tres mil libros en varios idiomas, es el alma de muchos hombres y mujeres que hemos atravesado los mares, de los millones que sobre la faz del planeta vivimos en el barrio, en el solar, en la favela y en la carbonera…

Y un poquito de Dios también para completar.

 

Mis recomendaciones "Voluntarias", que nadie me las ha pedido ni las espera. Si usted es un purista, y debo confesar que hace muchos años atrás, yo lo era, si lo es, no se moleste con este "mamotreto". Ahora, si usted es un ser humano con una dosis de amor y realismo en su corazón, hágase un favor, salga corriendo, tómelo en sus manos, acomódese en un sillón, el puente, en la arena de la playa o en los brazos de sus amantes y lea:

 

TRAPITOS SUCIOS,

el libro de Esteban Casañas Lostal.

Luego me dice.

 

 

Gilberto Rodríguez

Miami.Fla..USA

2010-02-22

 

 

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Mi estimado Almirante.-

 

¡Vaya sorpresa que me regala como desayuno! No sé por dónde comenzar estas líneas que solo llevarán ese agradecimiento infinito del amigo. Creo, haya sido su crítica a mi modesta obra, por llamarla de alguna manera, la más real y sincera recibida hasta estos instantes. No han sido pocas las veces en las cuales mis detractores me atacan por este flanco, "Esteban no es escritor". Mi modestia no me permite contradecirlos, solo que existe una gran diferencia entre sus alegatos y lo que siempre he manifestado en público sin ser solicitado. No soy escritor, respeto mucho esa profesión de la que viven miles de seres humanos, me inclino por considerarme un "trovador" que arranca pétalos de las vidas de los demás para crear flores. Me diferencio, eso sí, de muchos "trovadores" como yo. Me inclino por la vida de los que siempre han sido olvidados, me alimento con esas voces que gritan desde sus tumbas por un segundo de recuerdo. Ellos constituyen ese enorme ejército de fantasmas que me persigue constantemente suplicándome una palabra, una frase, párrafo, oración. Necesitan algo que diga alguna vez habitaron en esta tierra y han sido condenados injustamente al olvido, soledad que no se tolera desde el más allá.

 

Mis héroes no visten lujosos uniformes de gala, andan muchas veces en harapos, tienen el blúmer roto y te piden apagar la luz en un encuentro fortuito y amoroso. Vagan casi a diario con las tripas pegadas al espinazo, una jabita debajo del sobaco y una libreta en el bolsillo que les dice cuándo y cuánto deben comer. Esa es la gente que he seleccionado para todos mis trabajos, los que gastaron las suelas de sus zapatos en las calles de esa Habana prostituida y enajenada.

 

Nunca he sentido pretensiones de literato, creo haberme lanzado a esta aventura con un propósito muy diferente. Quiero que cuando ya no me encuentre presente, un día, esas locuras lleguen a manos de mis nietos, solo deseo decirles quién fui y por qué nacieron aquí. Ese día los estaré mirando desde algún lugar que no será exactamente el cielo, andaré vagando como ánima inquieta que no se conforma con los placeres celestiales inmerecidos. Ese día acudiré y estaré al lado de ellos, no solo a su lado, entraré dentro de sus mentes y formaré parte de sus neuronas. ¿No crees que sea el mejor premio recibido por un abuelo? ¿Cuántos no son borrados detrás de la última palada de tierra? Quiero que mis enemigos sean felices también, no es una obra de arte, no es literatura, es simplemente mi legado, una colección de recuerdos que dejo a mis nietos sin otras pretensiones que esa.

 

¿Por qué "Trapitos Sucios"? Por el mismo significado que tiene en nuestras vidas, yo los saco a lavar y los cuelgo en esa tendedera junto al mar. Trato de ser fiel a mi testimonio, sin ocultar mucho. Pongo en manos de mis detractores todos los pecados cometidos, errores, infidelidades, promiscuidad, pero dejo también algo de esa estela de amor que siempre acompaña mi vida. Al hacer todo esto que muchos pudieran considerar falta de pudor o descaro, dejo desarmado a mis enemigos para el próximo ataque y solo pueden valerse de lo que he escrito al desnudo. Es cierto, el lenguaje cruel que muchas veces utilizo es solo eso, el resultado de toda la maldad impuesta sobre nosotros, algo aberrante, pero dulce cuando te sientas con mis personajes en el portal de sus hogares a disfrutar una tacita de café aguado.

 

No sé cómo terminaré estas líneas para enviarte todo el agradecimiento que existe en el mundo, me alegra que ese libro haya sido leído con ojos de ángel y ojalá, esta crítica tuya llegue a mis nietos cuando ya no estemos.

 

Muchas gracias y ese fuerte abrazo que nos dimos en Miami.

 

 

 

Esteban Casañas Lostal

Montreal..Canadá

Feb 22, 2010-02-22

 

 

"Y si tenéis por rey a un déspota, deberéis destronarlo, pero comprobad que el trono que erigiera en vuestro interior ha sido antes destruido".

Jalil Gibrán.

 

 

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sábado, 11 de mayo de 2024

TAL COMO ERES... FELIZ DÍA DE LAS MADRES


  TAL COMO ERES

FELIZ DÍA DE LAS MADRES







 Si hubieras sido Reina, yo sería tu heredero,
 me perdería en tu castillo, fuera propiedad de la corona,
 nunca supiera de tu existencia, ni tú de mi paradero,
 aprendería muchas cosas, cenaría con mil cubiertos,
 manejaría el florete y el sable, casi no seríamos hijo y madre,
 y el tiempo se perdería, entre reverencias reales,
 no sabes cuanto lo sentiría, como me dolería, no poderte dar un beso.

 Si hubieras sido una artista muy famosa y bella,
 tus senos pudieran estar en millones asegurados,
 quizás fueran artificiales, de esos que llaman siliconas,
 cuanto dolor sentiría, que no me hubieras amamantado por esas frivolidades.

 Si hubieras sido una mujer rica e importante, nos veríamos pocas veces,
 viajaríamos en limusinas o en aviones particulares,
 nunca me sentarías en tus piernas, para no arruinar tu carísima ropa,
 ni me dejarías besarte para cuidar tu maquillaje,
 hablaríamos por celulares, te mandaría rosas por computadora,
 y en la medida que pase el tiempo, dejarías de ser mi madre.

 Te prefiero así, guajira, india, morena, blanca y hasta negra como el azabache,
 que comparta mis sueños y me regale su alegría,
 que siempre esté a mi lado, en las malas y las buenas,
 cuando tenga fiebre, cuando pueda estar preso y que nunca se avergüence.
 Así te quiero, modesta, humilde, sencilla, bonita o fea,
 siempre dispuesta a defenderme, que no use tantos coloretes,
 que tenga un rostro para besar y esté dispuesta a alimentarme con su leche.
 Así vales más que una Reina, en este palacio de solo cuatro paredes,
 por eso te quiero tanto madre, te prefiero tal y como eres.





Esteban Casañas Lostal.
Montreal..Canadá
13-5-2000





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lunes, 8 de abril de 2024

UN BREVE PASEO POR PYONGYANG



 

UN BREVE PASEO POR PYONGYANG


Motonave "Jiguaní", escenario de esta historia.
 

 Imagine there's no heaven.

It's easy if you try


John Lennon


¡Imaginen! Porque de eso se requiere mucho en estos viajes por el tiempo. Si desean ganarse un boleto deben tener mucha imaginación o simplemente creer que solo se trata de un sueño. Bueno, más bien una pesadilla en este caso que hoy les traigo.

 

Imaginen que llegan a la Terminal de Ómnibus de La Habana y compran un boleto para viajar con destino al pueblo de Aguada de Pasajeros, antigua capital del “Choripán”. El viaje lo realizarán en aquellas atrevidas guaguas checas nacidas cerca de los montes Cárpatos y bien distante de cualquier puerto marino. Curioso, ellos tenían barcos. Para que sus imaginaciones sean mas exactas, piensen por un instante que viajan dentro de un pepino con seis ruedas y ventanillas, eso es todo.

 

¿Ya se montaron en esa máquina del tiempo? Ahora regresen a tierra nuevamente y lancen su ancla en el fondeadero del puerto de Hungnam- República Popular Democrática de Corea  (RPDC, en coreano: 조선민주주의인민공화국). ¡Señores, acaban de arribar al infierno!

 

-Puente, aquí Proa. Grillete número 4 ahogado y llamando de proa.

 

-Proa, firme la cadena y retira maniobra hasta nuevo aviso. Segundo Oficial, diríjase a la escala real para recibir a las autoridades y condúzcalos al salón del Capitán.

 

-¡Oká, puente! Firme la cadena y me dirijo a la escala real a esperar por las autoridades.

 

-¡Atencion a la tripulación! Deben dirigirse a sus camarotes y permanecer en ellos hasta que se les realice el sondeo. Fue la voz del Capitán.

 

Transcurriría mas de una hora desde que lanzamos el ancla hasta que un soldado coreano acompañado por un perro Pastor Alemán penetraran en mi camarote. El animal detuvo su mirada cuando se cruzó con la mía y lo comprendí, se excusaba por la penosa labor que realizaba. Olfateó con vagancia y le comunicó a su amo que no había nada importante dentro de aquellas cuatro paredes. Otro individuo, el que controlaba las labores del perrero, se paró casi militarmente a unos centímetros de mi buró y abrió la gaveta superior, pero su vista se desvió hacia un tocadiscos Sanyo que había comprado en Tokio y yo mantenía sobre el buró para escuchar algunos de los discos falsificados comprados en Hong Kong. Volvió a cerrar la gaveta sin mirar su contenido, yo no le quitaba la vista de encima, me mantuve muy atento al movimiento de sus manos. La gente preñada de necesidades son hábiles prestidigitadores y estos tenían mucha similitud a los guarda-fronteras de la isla, cargan consigo cuatro varas de hambre y necesitan de todo. Ya había tenido amargas experiencias en La Habana por ser demasiado confiado, no se podía creer en ninguno de ellos, solo los perros eran honrados. Unos años mas tarde vi la repetición de esta película en Bulgaria, Rumania y la Unión Soviética, todos tenían el mismo modus operandi. No cabía la menor duda de que se habían graduado en la misma escuela, tenían el mismo estilo y rostro.

 

-Atencion a toda la tripulacion, ocupando puestos de maniobra. Se les informa que una vez atracados nadie puede bajar a tierra y los oficiales de guardia deben portar su pasaporte cuando bajen a observar los calados. Esta vez fue la voz del Primer Oficial Luis R. del Valle.

 

No cabía una sola gota de tristeza en aquel sucio muelle donde reinaba el color negro, no escaparon los charcos de agua oscura y tal vez pestilentes que no servían para reflejar nada, ni al cielo. La gente vestía igual, la mayoria con uniformes de color azul prusia, otros de gris y verde olivo los militares que velaban sus movimientos. Unos jóvenes y quizás activistas políticos, se encargaban de colocar enormes bocinas de corneta muy próximas a nuestra superestructura. Minutos más tarde nuestra paz era destruida por una repulsiva y estridente música que se escuchaba en dosis de himnos, aplausos, consignas, etc. Aquella indecente bulla lograba penetrar cada rincón de nuestra superestructura y neutralizaba cada intento por escuchar algo diferente en nuestros camarotes.

 

La vida se transformó en pocas horas en un verdadero y monótono calvario solo interrumpido por las largas pitadas de una locomotora a vapor, la encargada de mover los vagones de carga en la medida que se iba embarcando la mercancía traída. No se nos permitía darle mantenimiento al casco del buque, también estaba prohibido pescar, tal vez fuera para evitar que se midiera la profundidad de sus aguas. Aquel encierro en un pais que solo contaba con un canal de televisión, el que trasmitía a determinadas horas del día y la mayor parte de ese tiempo era dedicado a la figura del “Gran Líder” Kim Il Sung, luego convertido en el “Presidente Eterno”, era lógico que deteriorara el estado de ánimo de cualquier tripulación. Muy cercano al puerto existía una elevación donde se observaba lo que sería un emplazamiento de cañones antiaéreos, batería que siempre mantuvo el mismo ángulo de elevación en sus cañones y nunca realizó zafarrancho de ataque aéreo del eterno enemigo imperialista. Esa calma y rígida inmovilidad la supieron guardar durante muchos años, pude comprobarlo quince años mas tarde.

 

Como nos portábamos bien, eso pienso, nos permitieron bajar a un terrenito muy cercano al muelle de carga para jugar pelota. Mas adelante, transcurrirían unos diez días desde nuestra llegada, se nos permitió ir hasta el Seaman Club. Este se encontraba a solo unos doscientos metros del buque y siempre dentro de las instalaciones portuarias. Se nos advirtió bien claro que bajo ningún concepto podíamos salir a la calle. ¡Vaya hermanitos que nos echábamos! Por nada del mundo coreano alguno podía acercarse a nosotros o tratar de establecer conversación. No podían hacerlo por varias razones; Solo hablaban su lengua, eran fuertemente vigilados y entre ellos, como sucedía en Cuba y todo el campo socialista, debían tener infiltrado algún chivato. Ese miedo o pánico silencioso sentido por ellos, era el mismo que ha existido en la isla desde 1959.

 

Los buques aun no contaban con aparatos de videocaseteras y las películas que se ofrecían a la tripulación, eran proyectadas mediante el uso de aquellos aparatos rusos que hacían mas ruido que un tractor. Las películas suministradas no superaban las cinco o siete para esos largos viajes, recuerdo que el operador de aquel tareco ruso era un engrasador del partido llamado Lorenzo, un mulato bajo de estatura y con huellas de un terrible acné juvenil. Era un individuo para temer o mantener alejado, como que las experiencias con seres bautizados o inscriptos con ese nombre no fueron muy agradables que digamos posteriormente. Ya habíamos repetido aquellas pocas y aburridas películas, casi todas rusas y la mente de cualquier joven trabaja febrilmente en busca de algún entretenimiento en medio de aquella horrible prisión. Fue así como un día y mientras la locomotora de vapor con su caballo alado pegado en la parte delantera y un cuadro del gran líder en el centro de la cabina. Además de estar decorada con varias banderitas rojas, las que muy alegres revoleteaban al compás del viento y los himnos que se escuchaban de las enormes bocinas. Mientras aquel enorme tareco pasaba junto al portalón, se me ocurrió la brillante idea de hacerle señas al operador de la locomotora para que sonara el pito y que les cuento, aquel viejo artefacto sería de marcha muy lenta, pero el pito le funcionaba muy bien, nos estremeció a todos. Pudimos observar el rostro de satisfacción de aquel posible militante coreano y la solicitud no se hacía esperar mucho cada vez que pasaba junto a nosotros. Muchas veces pitaba sin nosotros pedírselo y saltábamos asustados por la inesperada sorpresa. Créanme que le agarré el gusto a esas ya familiares pitadas y se me fue la mano, yo le hacía la misma señal al operador de madrugada y el tipo, además de comprender nuestra solicitud, pitaba muy emocionado, como tratando de cumplir una tarea de su partido. La gente cuando se encuentra estresada es de sueño muy liviano y para que contarles, el Primer Oficial me llamó la atención y se me jodió el entretenimiento.

 

-Casañas, ya no eres timonel, perteneces a la oficialidad de este buque y no acabas de dar ese salto que necesitas para tener éxito en tu profesión. No puedes ser cowboy y continuar pensando como indio, muchos de ellos se aprovecharán de esta debilidad tuya y la explotarán. Luego, cuando mas los necesites, te traicionarán y comprenderás de una vez el tiempo que perdiste. Del Valle aprovechó la oportunidad de llamarme la atención por mi jodedera con el pito de la locomotora para decirme unas palabras que tuvieron vigencia durante los años que me mantuve de oficial. No sabe cuánto se lo agradecí, nadie imagina el dolor que se siente al ser traicionado por los suyos, los mismos que trabajaron codo a codo contigo y por quienes te propusiste ser su defensor. Tuve que rectificar mi postura y situarme en el lado que había elegido cuando estudié, ya no era indio y me perjudicaba continuar pensando y actuar como tal.

 

No valía la pena bajar al Seaman Club, no tenía nada que sirviera de distracción y la cerveza era pésima, todo era muy caro y las posibilidades de hacer pacotilla eran nulas. Solo sirvió de atracción, pero por un solo día, haber descubierto una bebida coreana que tenía una culebrita dentro de la botella. ¡Nada extraordinario y que provocara desvelos! El mismo truco de la Guayabita del Pinar, luego probé esa bebida y no valía la pena gastar un solo centavo en ella. No recuerdo en qué gastamos el poquito dinero que nos dieron, como tuvimos asignado este puerto de carga, recuerdo que nos adelantaron parte de la plata en Hong Kong, que no era mucha tampoco, recuerden que ganábamos $5.00 dólares a la semana.

 

Hasta Hungnam llegó un día el embajador cubano y las autoridades políticas locales le organizaron un banquete para no sé cuántas personas en el restaurante del Seaman Club. La chicharronería tiene el mismo mecanismo de funcionamiento en todos los países comunistas y Corea, aunque aislado, no dejaba de ser la misma porquería. Fui uno de los invitados al mencionado evento junto a parte del mando y la gente de las tres letras, ya les mencioné que yo pertenencia a la UJC por obra y gracia del Espíritu Santo. Si digo lo contrario sería un malagradecido, la cena estuvo estupenda y abundó la bebida, allí probé el trago de la culebra. En la mencionada cena el embajador les solicitó permiso a las autoridades locales para llevar a un pequeño grupo de la tripulacion a una excursión por la capital del país, Pyongyan. No creo hayan sido muchos los marinos que disfrutaran de ese privilegio antes o después de nuestra visita. Estamos hablando de un pais herméticamente cerrado a los extranjeros.

 

Imaginen ahora que viajan en el vagón de un tren dedicado exclusivamente a extranjeros, solo estaba ocupado por nuestro grupo y fuertemente custodiado. Por el pasillo no cruzó un solo pasajero coreano durante todo el trayecto realizado en horas de la noche, no se veía absolutamente nada hacia el exterior, solo algún bombillito perdido en la negrura de aquella absoluta oscuridad, como si se tratara de una luciérnaga siempre volando en dirección contraria a la nuestra. La cabina estaba dispuesta para dos personas y además del asiento con una mesita, donde había dos botellas de agua con gas, si no me equivoco tenían el nombre de Zaida y un termo con Té verde sin azúcar, sobre nuestras cabezas existían dos camitas tendidas con sabanas muy limpias. A menudo abrían la puerta con cualquier pretexto y se excusaban en coreano, debo imaginar que se tratara de eso.

 

Llegamos a la estación de Pyongyang al amanecer y tampoco pudimos ver mucho de la ciudad por esta vía. Una vez en un amplio salón de la terminal dedicada al uso de exclusivo de extranjeros, se nos presentó un funcionario cubano de la embajada y de paso nos hizo saber que el coreano que lo acompañaba sería nuestro traductor durante los tres días que duraría aquel tour. Después del protocolar Té de bienvenida fuimos conducidos en un microbús hasta el hotel donde nos hospedaríamos, que resultó ser el Hotel Pyongyang, si no me equivoco, el mejor de los pocos existentes en aquellos tiempos.

 

Hotel "Pyongyang" donde estuvimos hospedados, el mejor de aquella época.


El lobby del hotel se encontraba totalmente vacío, aparentemente nosotros seríamos los únicos extranjeros que se hospedarían en él. Nos pidieron, eso nos lo dijo el traductor, que nos pusiéramos de acuerdo entre nosotros para elegir al compañero de habitación, nos hospedarían a dos en cada una de ellas. Sentados en el lobby y disfrutando de un Té verde sin azúcar de bienvenida, Cancio, quien ocupaba la plaza de Segundo Maquinista, me propone compartir la misma habitación y no lo rechacé, era buena persona. Cancio vivía en el poblado de Casablanca y en aquellos instantes atravesaba una situación emocional bastante delicada por problemas matrimoniales. En el buró nos dieron la llave de la habitación y nos informaron que dentro de unos minutos nos ofrecerían el desayuno antes de partir al punto inicial de aquel tour, imagino que aburridamente estudiado y planificado. Apenas intercambiamos palabras cuando entramos a una confortable, pulcra y bien decorada habitación. Observamos entre las dos camas un cuadro a relieve del Gran Líder con suficiente espacio para albergar un micrófono, la paranoia de espionaje no contemplaba todavía la existencia de cámaras, pudieron existir en ese país, no lo dudo, solo que no éramos tampoco objetivos de interés.  Una vez fuera de la habitación, Cancio y yo acordamos hablar solamente de temas sin importancia cuando nos encontráramos dentro. Estábamos muertos de hambre y el desayuno, muy al estilo coreano, fue abundante, variado y aceptable. Nuestra primera visita, planificada para esa mañana sería al Museo de la Revolución Coreana.

 

El monumental museo se encontraba presidido por una estatua del “Gran Líder” Kim Il Sung con una altura de 22 metros. A cada lado del inmaculado monumento hay figuras de personas representando la lucha contra los japoneses (Corea fue colonia de Japón durante unos 35 años) a la derecha del Presidente Kim Il Sung y contra los americanos (durante la Guerra de Corea) a su izquierda. Hay más de 200 esculturas formando los grupos escultóricos situados a cada lado de la estatua del líder, cada persona con una altura media de cinco metros de altura y se extienden más de 200 metros.


Gigantesca estatua de Kim Il Sung en la fachada del Museo de la Revolución Coreana en Mansudae, Pyongyang.


El gigantesco Museo de la Revolución Coreana tiene nada menos que 4.5 kilómetros de superficie total y créanme, es agotador recorrerlo totalmente en un solo día. Al tratar de hacerlo, ser atropellan imágenes, sonidos y representaciones animadas de batallas importantes. Lo mas destacado de ese museo es el profundo culto a la personalidad contenido en su interior, todo lo allí expuesto, al menos el 90%, son creaciones del gran líder, incluyendo no se sabe cuantos cientos de libros escritos por él. Luego de recorrer casi todos sus espacios guardando un silencio sepulcral, solo roto por las detonaciones producidas en las representaciones animadas de alguna batalla dirigida por el Gran Líder, finalizas el recorrido mas confundido de lo que estabas antes de entrar. Te surge o martilla en la mente una pregunta que no eres capaz de formular al traductor; ¿Solo un hombre fue dotado de inteligencia en este desdichado pais? La respuesta que me darían ya la imaginaba; ¡Si!, todos los demás eran simples carneros privados de mente y condenados a obedecer y amar a su líder por encima de todas las cosas.

 

Viajábamos de regreso al hotel extendiendo en el microbús el mismo silencio guardado en aquel monumental museo, no de la revolución coreana, mas bien de Kim Il Sung. Almorzamos y nos dieron una hora de descanso antes de partir a un punto algo alejado de la ciudad. La próxima visita fue a una supuesta granja agrícola, donde entre otras cosas, se empeñaron en mostrarnos las condiciones de vida de los campesinos en aquel paraíso socialista. Solo maravillas y cifras de super producciones por años se escuchaban, y como era de esperar, nos pasaron a un saloncito, donde nos mostrarían algunos productos logrados en la granja por las recomendaciones del Gran Líder. Pensaron ellos, imagino, que nosotros éramos tan tontos como su gente y nos tragaríamos así de fácil todo lo que nos decían. No les pasaba por la mente a los guías de cada sitio visitado que esas películas las veíamos diariamente en el Noticiero Nacional de Televisión, espacio dentro de la isla donde nunca faltaba nada, se sobre cumplían todas las metas y los productos eran de excelente calidad. Para culminar nos llevaron a la casita de un granjero para mostrarnos su interior y allí estaban aquellos elegidos con esa sonrisa eterna que no muestra alegría.

 

-¡Pinta, pinta! Me dijo bajito Morejón cuando estuvimos cerca del televisor expuesto en el mobiliario de aquella confortable vivienda. Como por arte de magia y sin ponernos de acuerdo, todos decidimos utilizar el argot de nuestro bajo mundo para dejar perdidos a los traductores y guías.

 

-¡Asere! ¿Qué pinto? Estoy botao. Fue mi respuesta cuando le hice un examen visual al televisor.

 

-¡De verdura que no estas en na! Pinta que no tiene tomacorrientes cerca y tampoco cable de antena.

 

-¡Coño, Cirilo Villaverde! Estos narritas son la trampa para marearte, se ve que tenemos buena escuela.

 

Esa tarde cenamos opíparamente y al salir del restaurante le pregunté al traductor si podía caminar por la calle. Antes de responderme me sometió a un pequeño interrogatorio donde a veces el mismo respondía sus preguntas, se apartó de nosotros por unos minutos y lo observé consultando con otro de los tantos empleados del hotel, posiblemente un seguroso. Regreso y me respondió afirmativamente, entonces invité a Cancio a estirar un poco las piernas. Saliendo del hotel éramos seguidos por un individuo, despues de andar unos cien metros nos seguían dos y cuando divisé a otros que nos esperaban en el trayecto por andar, decidimos regresar nuevamente al hotel para evitar que movilizaran a una caravana de agentones. ¡Coño, y eso que éramos hermanitos!

 

El desayuno fue bien fuerte y bien recibido, lógico que así fuera cuando no existía la posibilidad de merendar algo antes de ir a la cama. ¡Oh! Antes de que se me olvide, aun habiendo cerrado la puerta de la habitación con su pestillo, ellos la abrieron de madrugada y entraron a inspeccionar. Imagino que le pasaría a cualquier pareja que se encontrara haciendo eso, buen susto ante un acto sorprendente e inesperado. Pero, bueno, solo se trata de una imaginación o suposición, el hotel se encontraba totalmente vacío. Continúo preguntándome en que gastaban las horas esa gran empleomanía existente.

 

El Guía nos comunicó en el lobby que hoy visitaríamos uno de los lugares más sagrados en Corea del Norte, el sitio donde naciera el “Gran Líder” Kim Il Sung, quien naciera el 15 de abril de 1912 en Mangyongdae, Pyongyang, Corea del Norte. Alertado quizás por sus superiores o tal vez desde la misma embajada cubana sobre el carácter jodedor de nuestra gente, el traductor nos hizo algunas advertencias sobre el comportamiento que debíamos mantener en aquel santuario donde naciera el líder coreano por obra y gracia del espíritu santo. Cualquier infracción sería severamente castigada, ya deben imaginar el aire angelical que nos acompañaría durante el largo recorrido.


Mangyongdae, sitio donde se encuentra el pesebre en el que naciera el niño Kim.

En un capítulo reciente manifesté que los chinos eran especialistas en el arte de falsificar o copiar todo, los coreanos, no. Tal parece que ese arte no es dominado por todos los asiáticos y en el caso coreano era frenado cualquier intento por la ideología “Juche” promulgada por el “Gran Líder”, donde se expresaba en uno de sus capítulos; “Lograr el desarrollo económico del país sin ningún tipo de dependencia con el exterior” (Tal vez escrito con otras palabras). Tal fue el grado de desarrollo e independencia lograda que, aun en esos años se fabricaban aquellos camioncitos rusos que rodaron en Cuba, me refiero a los GAZ-63, pero fabricados artesanalmente y con los techos de la cabina sostenidos por algunos puntos visibles de soldadura. ¡Eso, sí, mostrando con orgullo al caballo alado de Chullima y la imagen del “Gran Líder”! Sin embargo, creo que todo el éxito en el campo de la falsificación, lo emplearon en la fabricación de aquel santuario donde nació el “Gran Líder”. Si la virgen María hubiera tenido algo rasgados los ojos, pueden estar convencidos de que la hubieran declarado la “Gran Madre o la Madre Eterna” del Gran Líder y de la Patria, porque hasta esos extremos llega el fanatismo, ceguera y culto a la personalidad profesada en Corea del Norte hacia el “Presidente Eterno”.

 

Nació en un pesebre igualito que el niño Jesús y no se te ocurra decir nada. Ya sabes la suerte que podías correr y no te cuento del ciudadano común coreano, quien cualquier acto de rebeldía era suficiente motivo para condenar hasta dos o tres generaciones de su familia. Yo solo observaba en silencio los rostros de los militantes que formaban parte del grupo y les hacia mentalmente la misma pregunta a todos; ¿Es esta la mierda que ustedes desean para nuestro pais?

 

-¿Por qué se encuentra cercado ese árbol? Alguien le preguntó a la guía que nos acompañaba.

 

-Porque en ese árbol, la madre del venerable Gran Líder, el camarada Presidente Eterno Kim Il Sung, columpiaba a nuestro guía cuando era un niño. No era solo escuchar aquella alucinante explicación sobre la cerquita que rodeaba a un árbol común y corriente, se trataba del tono celestial usado por la guía para referirse a una deidad divina que iluminaba a millones de almas y era capaz de conducirlas al suicidio para elevar su alma hasta la luz infinita. ¡Para cagarse, queridos amigos! Me perdonan, pero no puedo expresarlo de otra manera, cualquiera se encabrona ante disparates de este calibre y aun hoy, cumplidos 51 años de aquel recorrido, me hierve la sangre al recordar que en la isla existieron parientes que no me creyeron lo que yo les contaba.

 

-¿Por qué se encuentra cercado ese pedazo de césped? Quiero pensar que no fui yo quien le hizo la pregunta a la consagrada guía de aquel sagrado monasterio coreano.

 

-Porque cuando niño, nuestro Gran Líder peleó con otro niño japonés en ese lugar. Si nuestro gran animador y comentarista Armando Calderón nos hubiera acompañado en aquel recorrido, estoy convencido de que lo hubieran fusilado y en ausencia de sus generaciones familiares, quizás nosotros pagaríamos por ellos. ¡Que tronco de disparate! Despues de recorrer en su totalidad aquel sagrado recinto, regresamos, gracias a Dios, al hotel. Ya tenía deseos de regresar al buque, estaba cansado de escuchar tantas soberbias estupideces, necesitaba escuchar el disco de Tom Jones comprado en Hong Kong o el de The Beatles. ¡Ojalá que a Orlando del Río le quedara al menos un trago de ron en el camarote para digerir todo esto!

 

Después de la opulenta cena, esta vez fue un banquete ofrecido por la embajada cubana en Pyongyang y a la que asistieron varios miembros del cuerpo diplomático, nos anunciaron que asistiríamos al Pyongyang Grand Theatre. No nos quedaba muy lejos, creo que solo debíamos cruzar una amplia avenida al frente del hotel por donde no transitaban autos, tampoco bicicletas o personas a pie. Imagino nos encontrábamos en lo que en la isla se conoce como “zona congelada” (y no por el frio).


Pyongyang Grand Theatre, donde disfrutamos la opera "La Florista"

Nunca en mi vida había sentido tanta pena o vergüenza, por la mente no me hubiera pasado que mi presencia sería usada para humillar a personas que nacieron en ese país. Nosotros seguíamos a un guía o acomodador de aquel gran teatro que llegó hasta la primera fila y con solo una señal le ordenó a un grupo de personas que se levantaran y abandonaran sus asientos. Ellos obedecieron mansamente la orden recibida y no se atrevieron a mirarnos el rostro. ¡Que pena! ¡Que dolor! ¡Que humillación! Años mas tarde esa misma situación la vivió un amigo mío, al que obligaron a entregar la habitación donde disfrutaba su Luna de Miel en el Hotel Habana Libre para darle entrada a una persona de la “Comunidad Cubana en el Exterior”. Mi amigo se reveló y lo amenazaron los miembros de la Seguridad del Estado. Al menos sobrevivían rasgos de rebeldía en nuestra gente, un tiempo mas tarde, no tanto, aquellos síntomas de hombría fueron asesinados.

 

Estoy confundido ahora y no recuerdo exactamente cual que el titulo de aquella maravillosa obra. Es que asistí a dos y ambas eran ellas, una fue en China y la otra en Corea. Sus títulos fueron “La Linterna Roja” y “La Florista”, creo que esta última fue la coreana. Se trataba de un drama muy bien explotado para manipular los sentimientos humanos y durante su ejecución, los coreanos sentados a nuestra espalda o lados lloraban a moco suelto. Era indudable que nos encontrábamos rodeados de victimas a las que ya les habían vaciado el cerebro. Durante el intermedio de aquella magnifica opera fuimos conducidos a un salón destinado exclusivamente a extranjeros, donde nos ofrecieron un Té de cortesía.

 

-¿Ustedes no lloran ante las manifestaciones de dolor mostradas en esa ópera? Preguntó el traductor a cada uno de nosotros individualmente, ¡claro!, cumpliendo órdenes de sus superiores. Las respuestas fueron muy variadas y en dependencia del nivel educacional o cultural de las personas. La mía fue muy parca, no deseaba extenderme mucho en un tema que me molestó desde el momento que levantaron a los coreanos para sentarnos a nosotros. “Yo solo lloro ante mis muertos”. Curiosamente esa misma respuesta la di quince años mas tarde atracados en el mismo puerto y gobernando el hijo de Kim Il Sung.

 

Al día siguiente y después de desayunar nos pasearon primero por algunas partes seleccionadas de la capital. Nuestro primer punto de contacto fue la estatua del caballo alado de Chullima y más tarde, abundante de un esmerado orgullo, nos fueron mostrando una ciudad donde predominaba una arquitectura aburrida y monótona. Muy limpia, pero parecida a lo que sería después el barrio de Alamar en La Habana y copia de barrios similares en Bulgaria, Unión Soviética, Rumania, etc. Dos horas más tarde recorreríamos un extraordinario zoológico solo concebido en la mente del “Gran Líder”, conteniendo en sus jaulas a animales con historias muy curiosas e interesantes. Por ejemplo, la guía nos mostró a un elefante que le regaló el Tío Ho Chi Min al sobrino coreano. Nos contó ella con esa voz divina y angelical poseída por todas, que aquel elefante había sido “Héroe en la Guerra de Dien Bien Phu”. Parece que el animal conservaba, muy a pesar de los años transcurridos desde aquella batalla (1954) y nuestra visita al zoológico, aquella vitalidad sexual de su juventud. En los precisos momentos en los que la guía nos hablaba sobre expediente guerillero del elefante vietnamita, el animal intentaba treparse encima de una joven elefanta en celo y de sus entrepiernas salía un pedazo de tronco o poste eléctrico. Nosotros nos reímos y ella, pobrecita, se sonrojó.


Se dice que los elefantes en el zoológico son uno de sus principales atractivos, todos los elefantes son descendientes de una familia de un "elefante héroe" obsequiada a Kim Il-sung por Hồ Chí Minh en 1959. (Nota tomada de Wikipedia)

 

-Este cocodrilo fue un regalo especial del líder cubano Fidel Castro Ruz a nuestro Gran Líder Kim Il Sung. Nos expresó con toda la solemnidad del mundo y le ahorré hacer el ridículo ante nosotros.

 

-…Y combatió en Playa Girón zampándose de una vez a diez mercenarios…

 

-¿Qué dijo usted? Pregunto ella con mucho interés.

 

-¡Nada! Disculpe, solo pensaba en voz alta. Después nos llevó hasta una jaula donde se exhibía a un papagayo que, según ella, tenía unos 80 años y hablaba 20 idiomas. Le dijimos unas cuantas malas palabras nuestras y el animal las repitió para demostrarnos que dominaba el español. Cuando terminamos de recorrer aquel magnifico zoológico diseñado por el Gran Líder, regresamos al hotel para bañarnos, comer y prepararnos para el regreso nocturno al puerto de Hungnam.

 

Una vez en el barco le conté a los amigos mas cercanos y confiables sobre aquella experiencia. Creo haber orado para que esa pesadilla no llegara a la isla, solo que mi mensaje no fue descifrado o no pudo escucharse. Resultaba increíble al nivel de fanatismo, miedo, fe perdida y esperanzas evaporadas a las que condujeran con esa diabólica ideología al pueblo coreano. Todo era un globo mal inflado que aun hoy se encuentra blindado resultando imposible pinchar, el daño actual es mucho mas grave, los seres de ese pais deben actuar como individuos de mentes vacías y voluntades huecas que solo responden al llamado de sus amos.

 

Kim Il Sung fue un producto elaborado en la Unión Soviética y desde allí le fabricaron o inflaron una historia para imponerlo en Corea y les sirviera a sus intereses. El tal Kim nunca combatió, como dicen algunos libros de historia en la guerra contra los japoneses. Todo es una película muy parecida a la rodada en el Caribe y según se comenta, fabricada por la CIA. El tipo que reposa en el seboruco de Santa Ifigenia tampoco combatió en guerrita alguna y la única vez que pudo sumarse un poquito de gloria, el auto en que viajaba se perdió cuando se dirigía al Cuartel Moncada por no poseer GPS. Una vez en el poder el del lado de acá, se dedicó -como Kim- a la eliminación de todos sus opositores y disidentes. No puede negarse que se formaron en escuelas parecidas y después le pasaron el balón a su familia como si se tratara de una corona heredada.

 

Regresé a Corea del Norte durante el gobierno del incompetente y déspota Kim Jong Il. La situación había empeorado al extremo de que murieran mas de dos millones de coreanos por hambre. Todo se mantuvo en silencio hasta que la situación fue insostenible y obligó al dictador a mendigar alimentos. Sin embargo, existió oro para enchapar la estatua de su padre, oro que se vieron obligados a retirar ante el enojo y reclamos de China por malgastar la ayuda que se le estaba brindando.


Gigantescas estatuas de Kim Il Sung y Kim Jong Il en la fachada del Museo de la Revolución Coreana en Mansudae, Pyongyang.

 

Hoy pueden verse documentales de una Corea que muestra rascacielos, la gente mejor vestida y una marcada diferencia de clases entre los que tienen el “privilegio” de vivir en la capital y los del interior del pais. La estatua con unos 22 metros de altura que adorna el Museo de la Revolución Coreana fue modernizada y acompañada con una estatua de su sucesor e hijo. Ese pueblo necesita que el museo cuente con tres estatuas para que finalmente puedan un día aplicarles un ajuste de cuentas en nombre de todos los muertos producidos por esos asesinos y su criminal ideología.

 

Imagino que desciendo del pepino con ruedas en el que viajé parado desde el pueblo de Amarillas hasta La Habana, ese fue el precio pagado por ir a visitar a una noviecita en 1967. Imagino que me bajo hoy de esa incómoda guagua en la que he viajado más de medio siglo a refrescar malos recuerdos, me tomé una breve pausa para ver un eclipse total de sol. El próximo ocurrirá cuando yo me encuentre en otra dimensión y nadie recuerde nada, como le ha sucedido al pueblo coreano y al cubano.

 

Imagine there's no heaven.

It's easy if you try♫…

 

You may say I'm a dreamer

But I'm not the only one.

I hope someday you'll join us

And the world will be as one♫…

 

 

 

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá

2024-04-08

 

 

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