sábado, 15 de agosto de 2026

PABLO ARMANDO, UN RUBIO DE ESPEJUELITOS


PABLO ARMANDO, UN RUBIO DE ESPEJUELITOS.

 

Buque  escuela "Viet Nam Heroico"
 

 

Llegó a nosotros cuando aún nos encontrábamos estudiando en una edificación existente en Jaimanitas la cual, durante aquellos tempranos años de “roboilución”, ya se encontraba en estado de semi abandono y franco deterioro. Ya era un reconocido Primer Oficial, quien, por obra y gracia del sistema, debía subordinarse a un individuo, que además de repulsivo y peligroso con potestad de condenar a cualquier alumno en un proceso inquisitorio, era también un destacado inculto y falto de preparación técnica que se desempeñaba como “director” con minúsculas. Me refiero a Roberto Arche Flores (héroe nacional del trabajo con carácter vitalicio)

 

Pablo Armando era uno de los oficiales mas decentes hasta ese momento conocido, pausado al halar y con un control de su volumen como pocos. Creo haya sido el mejor de todos los profesores que impartieron clases en el curso de los famosos “F-1”, nos dio clases de Navegación de Estima, Costera, Electrónica y Condiciones Especiales. Sin haber estudiado pedagogía, poseía ese don de trasmitir y hacer comprender con facilidad su asignatura, enriqueciendo cada tema con aportes de su rica experiencia. Disfruté muchísimo sus clases y era en esas horas ojos y oídos que no se apartaban de sus explicaciones, cálculos, dibujos o prácticas sobre las cartas náuticas. Esta asignatura se comporta como el padre o la madre que te extiende los brazos para enseñarte a caminar, el compás de punta seca, la regla paralela y el transportador de ángulos, son como unas muletas necesarias para marchar después durante cientos y miles de millas. Pablo Armando fue ese gran escultor que ayudó a transformar viejas rocas adaptadas a la piqueta, rasqueta y cepillos metálicos en navegantes, refinando aquellas duras manos para que fueran capaces de manipular instrumentos dispuestos para los que deseaban dominar el arte de navegar, porque entre otras cosas, eso es la navegación, ciencia y arte.

 

Gracias a él y a otros profesores, culminé aquel Curso con los conocimientos necesarios para ocupar desde mi primer viaje a bordo del buque “Jiguaní” la plaza de Tercer Oficial, sin pasar por la de Agregado de Cubierta. Una vez graduados no coincidí con él en ningún buque donde me tocara navegar.

 

Un día del año 1976 y agotado de tantas navegaciones, mi amigo Eduardo Ríos y yo decidimos averiguar o ya lo sabíamos que, se estaban solicitando oficiales de la Marina Mercante para desempeñarse como profesores en la Academia Naval del Mariel. Después del trámite exigido para entrar al centro y una vez vencida aquella elevación que separa a la Academia del poblado del Mariel, nos encontramos con Pablo Armando junto al casamata que existía junto al edificio donde radicaba la biblioteca. Luego del saludo le manifestamos nuestras intensiones y el mismo nos condujo ante Gordillo, quien ocupaba la plaza de Jefe de Catedra de Navegación.

 

-Aquí le presento a dos personas que pueden ocupar las plazas de Profesores de Navegación, los conozco perfectamente porque les di clases de esa asignatura, cualquier duda puede mandarme a buscar. Apenas tuvimos que hablar y comenzamos al día siguiente el período de preparación.

 

No digo yo si Pablo Armando era un rubio con espejuelitos, siendo Primer Oficial les impartía clases a los Capitanes. Un tiempo después y no recuerdo la razón, el hombre se ausentó y nos preocupamos, averiguamos su dirección y allí estábamos Ríos y yo conversando con él, salpicados por la brisa del mar con su sabor a salitre. Vivía agregado con su esposa chilena en el apartamento de algún pariente en el Malecón habanero y ya comenzaba a sentirse molesto con su situación. Creo que la Academia de Ciencias le ofreció un empleo vinculado con nuestra profesión y Pablo renunció a todo para hacerle frente a ese nuevo desafío de la vida, pero ahora contando con un techo donde alojar a su esposa y criatura con pocos meses de nacida. La marina mercante perdió de esa manera a uno de los mejores Primer Oficial que conocí en aquella época, mientras tanto, muchos mediocres eran premiados con autos, apartamentos, cursos en el exterior, etc.

 

¡Ohhhhhhh, se me olvidaba! Pablo Armando no era rubio, pertenecía a la raza negra, era un negro. Solo que así identificaban entonces a las personas inteligentes en la isla, eran rubios de espejuelitos.

 

Esteban Casañas Lostal.

Montreal..Canadá.

2026-08-15

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